Una extraña sensación
Disclaimer: Todo pertenece a George R. r. Martin.
Este es un regalo para Trici en el buzón de regalos del foro Alas negras, palabras negras. Dijiste que el slass siempre era bienvenido y recordé que hace tiempo escribías mucho de estos dos. Espero que te siga gustando la pareja y que te guste el regalo.
()()()()()()()()()()()()()
Duncan no es una persona especialmente observadora. Ya se lo decía su maestro. Él es Duncan el tocho. Nunca ha tenido problemas en reconocerlo. No obstante, hasta él se ha dado cuenta de que Egg está diferente. Su cara ha perdido todo rastro de la infantilidad, aunque en sus ojos sigue brillando esa mezcla de inocencia y picardía que siempre lo ha caracterizado. También está más alto y algo más robusto, además de que una sombra de barba ha comenzado a aparecer en su rostro. Ciertamente, Egg ya se ha convertido en un hombre. Hasta Dunc el tocho lo ha notado y su señor padre se ha debido de percatar también porque los ha mandado llamar a la corte. Es hora de que Egg deje de ser un escudero y vuelva a ser un príncipe.
Duncan siente una especie de vacío en su interior cuando piensa que quizá el viaje hacia la capital sea el último que los dos hagan juntos. Después de eso tendrá que marcharse solo y la idea lo incomoda. Está demasiado acostumbrado a viajar con Egg. Lo va a echar muchísimo de menos.
Al menos ese sentimiento sí que lo tiene claro porque el otro no. El otro no lo invade cuando piensa en el futuro, sino cuando está con Egg. Es algo difícil de explicar. Siente un hormigueo extraño en el estómago y de repente se encuentra siendo más torpe de lo habitual, sobre todo cuando Egg está muy cerca o lo toca. Antes eso era tan natural como respirar, pero ahora es como si no supiera cómo comportarse cerca de él.
El chico siempre ha sido muy listo, demasiado incluso, y Dunc está seguro de que se ha dado cuenta. Debe de ser por eso que últimamente no para de mirarlo. Lo está poniendo muy nervioso. Al final no puede más y una noche en la que están descansando en la habitación de una posada inquiere:
–¿Qué pasa? ¿Por qué me miras tanto?
Sus palabras han sonado un poco bruscas, pero Egg no le da importancia. Está acostumbrado.
–Me gusta mirarte. ¿No puedo hacerlo a caso? –contesta el chico en tono burlón.
–No, es molesto.
–¿Entonces no puedo mirarte nunca?
A Duncan no le engaña su tono inocente. Sabe que está jugando con él.
–Puedes mirarme cuando sea necesario, cuando quieras algo, por ejemplo.
–Ah, pero es que ahora quiero algo.
–Y ¿qué quieres?
–Un beso.
Duncan se queda tan sorprendido que no sabe qué decir. De todos modos Egg no parece esperar respuesta. Se acerca a él y posa sus labios sobre los suyos. Ahí está de nuevo el hormigueo en el estómago, pero esta vez le resulta más cálido, más placentero. Se acerca a Egg y le devuelve el beso. Sigue sin saber del todo qué es esa sensación, pero desde luego ha descubierto que le gusta.
