"Dicen que en toda relación siempre hay uno que ama de más"
La habitación se siente demasiado grande cuando aquella frase hace eco en la cabeza de Kate. Aunque la iluminación es bastante débil puede ver una silueta moviéndose hasta acomodarse bajo su mentón. Ella respira profundamente, acaricia la nuca cálida de su amante y hunde los dedos en su cabello.
Mientras cierra los ojos y toca las cicatrices en su espalda le ruega a su mente que descanse por hoy, anhela poder apagarla con un interruptor imaginario.
Kate sabe que lleva bastante tiempo evitando asuntos que tarde o temprano tendrá que enfrentar. Posponiendo una tormenta inevitable que arrasará con su pequeño y efímero paraíso, construido entre sábanas, caricias y pizza. Pero espera que no sea hoy, ni mañana, nunca.
Clint besa su hombro entre sueños y ella lo abraza con más fuerza, aprisionándolo contra su pecho, sintiéndose egoísta.
Sería mentir decir que no lo consideró atractivo cuando lo conoció y comenzaron a trabajar juntos. Aunque al inicio todo empezó como un sentimiento de genuina admiración, Kate se sorprendió a sí misma en más de una ocasión viéndolo con otros ojos, con los ojos de una adolescente fantaseando con su ídolo.
Se imaginaba cómo podían sentirse sus labios sobre los suyos, cómo sus muslos podrían estremecerse ante su tacto. Pero él estaba casado y tenía una familia. Lo supo el día que Clint habló con ellos por teléfono en casa de su tía, delante suyo. Él los amaba, y ella no era capaz de interponerse en aquel amor.
Las cosas cambiaron año y medio después cuando su mentor se separó de Laura. Y aunque las esperanzas de reconciliarse no se perdieron hasta el final, un posible divorcio era más que inminente, para desdicha de Clint.
Kate trató de animarlo las veces que hablaron por teléfono. En aquellos días, las llamadas se hicieron cada vez más frecuentes, hablaban de recetas de cocina y misiones ultra secretas, de series de Netflix y la idea de una nueva flecha especial, de cómo dos personas en un matrimonio feliz pueden convertirse en perfectos extraños sin darse cuenta, de cómo una madre podría terminar involucrándose con una organización criminal.
Clint se molestó demasiadas veces con ella por crearle perfiles en páginas de citas, Kate sólo quería animarlo y conseguirle compañía, al menos hasta que ella pudiera tomarse unas vacaciones y verlo personalmente.
Ese día llegó un verano después.
Para entonces, Kate daba aquellos sentimientos infantiles más que superados. Estaba convencida de eso cuando viajó por un día entero para visitar a Clint, cuando le dio un abrazo que duró casi cinco minutos al reencontrarse, cuando se sentaron en la sala y lloraron entre recuerdos, batidos y películas, cuando confesaron que la vida había sido dura con ellos en ese último año.
Kate se dio cuenta que se equivocaba cuando lo besó; luego de varios segundos en su regazo mientras Clint reía con una comedia de Adam Sandler, observando sus labios, anhelando su proximidad. Se sintió tan íntimo, tan húmedo y torpe.
Cuando el contacto se rompió ella comprendió que había cometido un error, lo pudo ver en los ojos de Clint. Se fue en medio de la noche a su hotel a llorar por haber sido tan estúpida e impulsiva, para variar. Suplicando que al amanecer ninguno recordara lo que había pasado.
Fue en realidad una semana lo que tardaron en fingir amnesia. Diez días más para besarse nuevamente, pasados de copas en un bar, y luego otra vez, y otra vez. La culpa poco a poco fue desapareciendo, así como el temor a lo que podrían decir los demás, así como el anhelo que tenía Clint de aún poder recuperar a su ex-esposa.
Fue una tarde, después de entrenar juntos que hicieron el amor por primera vez. Ninguno lo planeó, pero ahí estaban acostados sobre la alfombra, observándose avergonzados.
Tal vez fue el calor de la batalla quien causó que el fuego se encendiera entre ellos al punto de no poder controlarlo, pero ninguno hizo un intento por apagarlo; fue finalmente cuando se apaciguó que Kate supo que habían llegado demasiado lejos.
Después de todo, no tenían mucho en común más allá de los arcos y las flechas, sus personalidades no coincidían, ni sus edades, él estaba saliendo de un matrimonio y ella… ella sentía que estaba terminando de romper un hogar, una familia.
Apenas se vistió, la joven Bishop intentó escabullirse mientras pensaba en las posibilidades de mudarse de planeta, de galaxia si fuera posible.
Clint, en cambio, le pidió por primera vez que se quedara a dormir con él esa noche. Y pasó lo mismo la noche siguiente, y la siguiente…
Kate no estaba segura de cómo llamar a lo que sea que ambos tenían esos últimos seis meses, pero estaba convencida que nunca había sentido algo así. Se encontraba deseando sus abrazos por la espalda mientras lavaba los platos, los susurros en su oído cuando tenían sexo en la escalera, su risa cuando contaba un chiste terrible, cómo tomaba su mano cuando iban al parque con Lucky. Se encontraba deseando todo de él.
De pronto, también comenzó a tomar importancia de cosas que jamás pensó que llegarían a importarle, o molestarle, aunque no quería admitirlo. Sentía un hincón en el pecho al oír la forma tan familiar y cercana en la que aún se hablaban Clint y Laura, fingía no prestar atención cuando él mentía sobre su ubicación para no decir que había estado viviendo con ella los últimos meses, miraba a otro lado cuando él buscaba en su celular fotos antiguas en su granja, con su ex-esposa e hijos.
Aún así, todo parecía ser demasiado perfecto, demasiado real, cuando estaba en sus brazos.
Fue ella la que le dijo "te amo" primero, sin darse cuenta, mientras comían palomitas en el sofá, deseó tan fuerte que Clint no la haya oído que al parecer funcionó, pues él no le respondió.
Lo hizo otra vez un mes después, volviendo a la cama poco antes del amanecer, luego de levantarse para cerrar las persianas y así dormir un poco más sin ser interrumpidos por la luz del sol. Apenas se recuesta abraza a Clint y él acomoda su cabeza sobre su pecho, acariciando su abdomen. Ella suspira y entonces lo dice.
Clint tampoco responde esta vez.
Y Kate no puede evitar cuestionarse si todo lo que están sacrificando por estar juntos, todo lo que ella ha sacrificado, valdrá la pena.
¿Cuál sería el precio de esa felicidad?
¿Y si todo este tiempo solo tuvieron una aventura de la que no volverían a hablar jamás? ¿Y si nada fue real?
—Dicen que en toda relación siempre hay uno que ama de más —Piensa Kate, y por primera vez siente mucho miedo. Miedo de haber entregado demasiado y que quizá ya no haya vuelta atrás, que quizá en unos meses, cuando la pasión se acabe, él le diga que todo fue un error del que está arrepentido, que aún ama a su esposa y quiere volver con su familia.
En la oscuridad, Clint cambia de posición inconscientemente y la sorprende colocándola sobre él con suavidad.
—¿Ya amaneció? —Pregunta en un susurro adormilado y con la garganta rasposa, quizá no debió comer tanto helado antes de acostarse.
—No aún, Hawkeye —responde ella.
Kate escucha sus ronquidos apenas unos segundos después y ríe para sí misma. Recuerda que él solía decir que siempre tenía problemas para dormir, sobre todo desde la muerte de Natasha, también recuerda que todas las noches que han estado juntos él ha tenido el sueño más profundo que haya visto jamás. Se dan tanta paz el uno al otro, demasiada como para no ser real.
Y entonces sabe que pase lo que pase siempre será real para ella, y eso la tranquiliza… al menos por ahora.
Se aferra a Clint tan fuerte como puede y cierra los ojos, tratando de guardar en su memoria cada pequeño detalle de la habitación, de su piel, de su olor.
Kate se duerme con ese último recuerdo y poco después Clint despierta para apreciar lo bonita que se ve.
—También te amo —le dice, por primera vez, y vuelve a dormir con ella en sus brazos.
.
.
.
Honestamente no recuerdo cuando fue la última vez que escribí para un fandom pero sé que fue hace mucho. Mil disculpas por los errores que quizá encontraron y que en los próximos días revisaré, pero no podía quitarme a estos dos de la cabeza. Les agradezco muchísimo su lectura si llegaron hasta aquí
