SANGRE DRACONIANA
Disclaimer: Este one shot participa en el concurso "Sonnet at Midnight" organizado por la página de Facebook "Sasusaku Eternice Moi."
Nota de Autor: Los personajes de esta historia pertenecen a Naruto y por extensión obvia a su creador, Masashi Kishimoto. También está inspirada, por lo que usa elementos, en el juego de rol Dragones y Calabozos (D&D).
*Notas de Autor: Los dragones se dividen en dos tipos: metálicos y cromáticos. Los primeros pertenecen al grupo de los dragones buenos, que buscan justicia y sabiduría y la aprecian en otras especies; y los segundos pertenecen al grupo de los dragones malos, generalmente egoístas y malintencionados.
Todo a nuestro alrededor era puro caos. Peleábamos con enemigos que nos superaban en número pero no nos importaba porque sabíamos que podíamos ganar. Teníamos a los Dioses de nuestro lado, y ellos nos bendecían con valor para derrotarlos y traer justicia a nuestras tierras, a nuestros hogares y a los poblados cercanos.
Una explosión retumbó en el cielo, las llamas formaban una bola de fuego mortífero, pero lo que me quitó el aire de los pulmones fue verlos caer del cielo a una velocidad de vértigo mientras el Dragón Rojo se alzaba triunfal.
̶ ¡Sasuke! –grité.
Era cerca del atardecer, nos encontrábamos apostados en las copas de los árboles, en el linde del bosque, esperando para lanzar nuestro ataque. Las tropas de RedEye estaban camino a Gambiton y debíamos frenarlos antes de que llegasen a la villa.
̶ Sakura, cuando te diga, comienza la distracción –dijo Sasuke en un lenguaje no verbal. A pesar de su semblante lleno de confianza, sabía que para él esto era una prueba muy difícil. ̶ ¡Ahora! –me alentó con una señal.
Comencé a concentrarme en una Evocación mientras movía mis manos y enfocaba a un gigante que se encontraba a unos cincuenta metros de nosotros, en el centro del batallón. Unos enormes granizos mágicos comenzaron a caer, golpeándolo en la cabeza junto con las bestias que tenía a su alrededor, cuyos cráneos resultaron aplastados bajo el peso del hielo.
El próximo hechizo fue de tipo eléctrico. De las yemas de mis dedos empecé a producir chispas de electricidad que envié hacia otro gigante que se encontraba más atrás, en una secuencia que parecía una lluvia de rayos, que también cayeron sobre sus compañeros, chamuscando sus cuerpos. Mis ataques fueron lo suficientemente rápidos para frenar la comitiva que no sabían desde donde estaban siendo golpeados. Sasuke aprovechó para infiltrarse entre las tropas y atacar con su espada mágica. Se movía con rapidez, cortando a todas las criaturas que podía, sin detenerse a medida que caían a sus pies. Parecía una fuerza imparable.
Yo seguí invocando hechizos, algunos de largo alcance, otros de corto; incluso tenía entrenamiento con espada porque –aunque no la prefería –Garlokantha me había entrenado en todo tipo de combates. Cerca de mí había un grupo de vampiros, dispuestos en formación de ataque. Realicé un hechizo de distracción y tiré un objeto, que al romperse en uno de sus escudos, una luz deslumbrante como el día comenzó a derretir sus rostros en medio de alaridos y chillidos ensordecedores. La carne se desprendía de sus huesos como manteca, las armaduras se incendiaban y caían en llamas al suelo, convirtiendo la zona en un fogón. Para entonces, los demás soldados empezaban a entender lo que sucedía y habíamos perdido el factor sorpresa.
̶ ¡Sasuke, necesitamos ayuda, no podremos seguir conteniéndolos solos por mucho más tiempo! –grité por encima de los aullidos.
̶ ¡Ya lo sé, Sakura, pero algo debe haber retrasado a mis compañeros! –contestó mientras hundía su espada en una bestia y su armadura volvía a salpicarse de sangre. Para ese entonces, ya tenía el flequillo húmedo, y yo no estaba mejor que él. Intenté no pensar en ello.
Un virote pasó rozando mi rostro, lo que hizo que por instinto me diera vuelta a ver mi espalda. Un hombre rata había intentado atacarme en pleno vuelo, pero la flecha lo había detenido: se clavó en medio de su frente haciendo que cayera con dureza encima de uno de sus pares, dejándolo inconsciente, por lo que aproveché a clavar mi espada en su garganta.
Volví la mirada hacia el lugar de donde había venido el virote pero no fue necesario buscar mucho, una semielfa de cabellos castaños con una armadura de bandas metálicas y una ballesta seguía disparando a diestro y siniestro desde una posición retrasada, mientras una elfa de cabellos rubios atacaba con una especie de mangual con cadena larga emulando un látigo, pero con una hoz en su extremo. Esa elfa decapitaba a todo lo que se le atravesaba en el camino y mantenía a las alimañas alejadas. Por supuesto, estaba lista para desenvainar las espadas dobles que llevaba a sus costados.
Los otros tres paladines que se introdujeron tenían empuñadas sus diferentes espadas y peleaban con la misma destreza que había demostrado tener Sasuke. Uno de ellos, el rubio elfo, se acercó a él y comenzaron a combatir espalda con espalda. La sincronización era exacta, lo que demostraba años de entrenamiento juntos. Los otros dos no se quedaban lejos. El elfo de cabellos como piña peleaba con una espada de dos hojas como si fuera una extensión de sus brazos, lo que le permitía derrotar a dos enemigos prácticamente a la vez. El otro semielfo de cabellos castaños largos y ojos ciegos balanceaba su cimitarra con un refinamiento cercano a una danza. Podía ver por qué Sasuke los había llamado: estaba seguro de sus habilidades en el campo de batalla.
Con el refuerzo a nuestro lado, seguimos peleando hasta diezmar al batallón, cuando nos dimos cuenta de que algo no encajaba porque contenerlos no había resultado muy difícil.
̶ ¡Ey, Sasuke, esto no está bien! ¡No creo que RedEye solo tenga a estas bestias debiluchas para lanzar un ataque a Esmeltaran como me dijiste en tu carta! –gritó el rubio, y con un movimiento clavó su espada en medio del cráneo de una de ellas, haciendo volar la mitad de este.
̶ ¿Estás pensando lo mismo que yo, imbécil? –con un movimiento de su espada, medio torso de una bestia se separó como si hubiese cortado papel.
̶ ¡Presumido! –escupió el rubio con un mohín.
̶ Ya, Naruto, sabes que soy mejor que tú –se burlaba Sasauke, pero le tendió su brazo en el saludo de los paladines. El elfo rubio, el tal Naruto, siguió refunfuñando, pero aceptó el saludo. Golpearon sus hombros en un encuentro fraterno.
Todos nos acercamos a ellos, los otros seguían saludando a Sasuke mientras yo me quedaba atrás observándolos. Realmente eran… amigos.
̶ Ella es Sakura, la hechicera de la que les hablé. Sakura, ellos son Naruto, Shikamaru, Tenten, Neji e Ino. Ellos son mi escuadrón de misiones. –Todos ellos asintieron a medida que Sasuke decía sus nombres. La que me resultó más impresionante en su belleza fue la elfa rubia, la tal Ino. A pesar de no ser muy alta, se notaba un cuerpo trabajado bajo su armadura de láminas, y su cabello rubio casi platinado caía en una trenza atada con cueros hasta su cintura.
̶ Como dijo Naruto, debemos ubicar al Maestro, Sasuke. No podemos quedarnos aquí mucho tiempo –habló el cara de aburrimiento perpetuo, el tal Shikamaru.
̶ ¿Al "Maestro? –pregunté a mi vez.
̶ ¿No le contaste a quién intentamos derrotar, Sasuke? Tan típico de ti, no compartir toda la información. Mira Sakura… -pero Naruto fue interrumpido por un puñetazo en el estómago, regalo de Sasuke, que lo dejó apoyado en una rodilla.
̶ No necesita saberlo, así que cállate –le advertió. Los demás miraron con cara de disgusto a Naruto, pero también observé que no miraban con buena cara la decisión de Sasuke. A su vez, me miraron como disculpándose por no poder decirme ellos mismos. Sasuke estuvo a punto de decir algo, cuando una especie de niebla comenzó a acercarse a nosotros. Nos colocamos en posición defensiva, mientras yo trataba de realizar un hechizo que nos pudiera defender de los posibles efectos de la niebla, cuando de repente escuchamos una risa estrambótica seguida de un rugido estruendoso. El rugido de un dragón.
̶ ¡Prepárense! –gritó Tenten, a la vez que sacaba una alabarda de su espalda. No la había notado, ya que se suponía que debía tener una aljaba para los virotes de la ballesta, pero al parecer estaba escondida detrás de esta. Bueno, debo admitir, eso era inesperado. Tiró la aljaba vacía y se posicionó igual que los demás. La tal Ino sacó sus espadas dobles.
̶ ¡Los paladines de la Orden de Torm están aquí para detenerme! Es muy conmovedor de su parte que se tomaran el trabajo de venir, pero les advierto que no saldrán vivos de este claro. Sus cabezas serán mías para adornar mis aposentos cuando esto termine –una figura vestida con una capa larga hasta los pies, de color azul noche casi negra, y una capucha en la cabeza se acercaba caminando a nosotros con tranquilidad. Podía ver que movía sus manos, seguro para lanzar un hechizo, por lo que yo también moví mis manos y lancé una especie de escudo para todos. No duraría mucho, pero lograría repeler el daño.
̶ ¿Así que tienes una mascota en tus filas, joven discípulo? ¿Es que ya no quieres aprender magia y convertirte en un Paladín Mago igual que tu hermano? Qué lástima, tenías potencial para ello, pero decidiste ir en mi contra. Juntos podríamos haber sido los mejores. ¿Acaso eso no ansiabas? ¿Ser mejor que tu hermano y que todos tus compañeros de escuadrón? Yo podría haberte llevado a la cima de tu potencial, pero ya ves… Tendré que matarte, a ti, a tus compañeros y a tu mascota. Aunque podría divertirme con ella primero, ja, ja, ja –su risa no tenía humor, solo había muerte en su tono.
De repente, varios portales se abrieron y de ellos aparecieron dos elementales, uno de fuego y uno de viento. Desde otro, un incorpóreo se hizo presente y voló con rapidez hacia el cuerpo de Tenten, quien se tomó la cabeza tratando de evitar la posesión, pero era demasiado fuerte. Empezó a atacar a Ino con su alabarda, quien no tuvo más opción que defenderse. Desde los portales abiertos siguieron apareciendo otros demonios, por lo que pronto nos vimos envueltos en batallas encarnizadas por nuestras vidas.
El rugido que habíamos escuchado cuando el Mago se hizo presente estalló en nuestras cabezas con más potencia. El Dragón Rojo comenzó a escupir llamas hacia nosotros en un intento de matarnos más rápido. Garlokantha, que se había mantenido cerca para no alertar a nuestro enemigo de su presencia, salió de entre las nubes a velocidad vertiginosa y se estrelló contra el costado del Dragón Rojo. Eso hizo que el Dragón chillara de furia y lanzara una bola de fuego hacia ella, que inmediatamente esquivó.
̶ ¡Tiempo sin vernos, Garlokantha! ¡No me digas que estás aquí para defender a esas pequeñas basuras, ¿o sí?! Siempre tan devota de criaturas débiles –dijo con sorna el Dragón.
̶ Y qué me dices tú, Abeloth. ¿Acaso no estás defendiendo a una criatura débil también? ¿O es que crees que por ser un Archimago podrá ganar esta batalla? ¿Cuándo dejaste de ser inteligente para volverte solo codicioso? –la pulla tuvo efecto: Abeloth, el Dragón Rojo, rugió con fuerza y lanzó una bocanada de fuego, pero como Garlokantha lo esperaba, lo esquivó y golpeó a su rival con la cola. Aprovechando el golpe, ella misma envió un aliento de fuego que le dio en medio de la espalda. Abeloth perdió altura culpa del ataque, algo que lo obligó a usar el poder de sus alas para realizar una maniobra complicada que le permitiera no solo evitar chocar contra el suelo, sino también retomar el vuelo con rapidez hasta la altura de Garlokantha.
̶ ¡ME LAS PAGARÁS! –rugió. Así otra pelea encarnizada comenzaba en los cielos.
Fue después de varios días de estar inconsciente que conocí a Sakura. Ella me había encontrado moribundo en Caravassar. Había intentado detener a mi Maestro en su búsqueda de poder como mi misión para con mi Dios, Torm, y mi Templo. Al principio pensé que era una semielfa muy dulce, con sus cabellos rosados, sus ojos verdes como las joyas de esmeraldas y sus orejas puntiagudas como las mías. Me había tratado con delicadeza hasta que pude recuperarme y curarme yo mismo; el descanso había sido reparador. Pero pasado unos días luego de que me recuperara, empezó a preguntar por lo sucedido en aquella ciudadela. No estaba preparado para hablar con nadie de mi mayor decepción, por lo que me limité a contarle que tenía como misión detener a un Archimago muy poderoso y que muchos de mis compañeros habían dado su vida para proteger a la población; habían sido compañeros honorables.
Pronto ella se ofreció a ayudarme. Por supuesto, me negué rotundamente, pero me lanzó una mirada mortífera que no admitía que la trataran como a una debilucha.
̶ "Yo también poseo magia, y soy muy buena. Además, durante los días que pasaste inconsciente estuve recolectando información. Ese Archimago no estaba solo cuando causó todo ese caos en Caravassar, se dice que estaba aliado con un dragón rojo, algo poco común, ya que los dragones son criaturas muy inteligentes…" –me estaba contando algo que yo ya sabía.
̶ Primero que eso ya lo sé. Estuve ahí, niña. Segundo, ¿adónde quieres llegar? Podrás ser muy buena en el empleo de la magia, pero nadie está al nivel de esta persona –dijo secamente.
̶ Mi nombre es Sakura, ¡Sakura! No niña. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Además, no puedo decirte mi punto, tengo que mostrártelo, sino no me creerías –y empezó a guiarme hacia la profundidad del bosque de Tezhyr. Pasadas unas horas, nos detuvimos. Me di cuenta que habíamos llegado porque estábamos en frente de lo que parecía el inicio de una cueva.
̶ ¿Qué es este lugar exactamente? –pregunté con suspicacia. No quería creer en lo que estaba pensando.
̶ Ten paciencia, ya la verás –me sonrió. Había un brillo extraño en su mirada. De repente, me fije en el collar que sostenía entre sus manos. A decir verdad, no le había prestado mucha atención, era una piedra de color dorada brillante con una forma extraña. Pero ahora que la veía mejor, no era una piedra: era una escama de color dorada. No podía ser…
̶ ¡Garlokantha! ¡Aquí está Sasuke, el Paladín del que te conté! –gritó hacia uno de los pasillos de la cueva. Luego se dirigió hacia mí con vos normal. –No te preocupes, Garlokantha no te hará daño. Ella quiere conocerte, ver que eres tan bueno como le dije que eras. Quiere… queremos ayudar en tu causa –eso último lo dijo algo dubitativa.
̶ Ajám… –resoplé. En el tiempo que había pasado con Sakura, un sentimiento que no podía descifrar, todavía, se había apoderado de él. La idea de que Sakura se expusiera al peligro que significaba luchar contra su Maestro era simplemente inconcebible.
Pero para su desgracia, Sakura iba incluida en el paquete; Garlokantha, la dragona dorada, no lo habría escuchado desde un principio si no fuera por ella, con quien tenía una relación profunda, cosa que le parecía extraño e incomprensible a pesar de haberlas visto interactuar juntas.
No eran simples "conocidas", ni siquiera simples amigas. Garlokantha trataba a Sakura como a su cría para cuidar y Sakura la trataba como si fuese su Maestra, aunque tampoco había palabras para describir como ella la trataba. El vínculo que tenían era especial, forjado de años de vivir juntas, de entrenar juntas, de aprender juntas. Garlokantha había enseñado a Sakura desde temprana edad a controlar su magia, por lo que a sus 16 años, era una hechicera formidable además de muy inteligente. La dragona estaba orgullosa de lo poderosa que era Sakura; la había preparado para que pudiera enfrentar al mundo con valor y sabiduría.
̶ ¿Cuánto tiempo crees que tarde Garlokantha en detectar la cueva donde se encuentra el Mago? –preguntó Sasuke esa mañana que se disponían a ponerle fin a la destrucción que su Maestro estaba ocasionando por todo Amn y Tezhyr. Aún así, no estaba muy seguro de haber hecho lo correcto al traer a Sakura con ellos, ya que seguía creyendo que debía haber hecho más para convencer a la dragona de que no la dejara participar. Había visto de primera mano lo impresionante que era en una demostración fugaz de su poder, pero cuando se dio cuenta que estaban cerca de empezar una batalla a muerte con RedEye, ese sentimiento que lo había estado molestando los últimos días se apoderó de él con mayor intensidad. Ahora ya era tarde.
̶ No te preocupes, Garlokantha volverá pronto. Nos dijo que esperemos aquí y seamos pa-cien-tes. Aunque esta es la cuarta vez que preguntas desde que se fue. ¿Acaso no deberías poner más en práctica lo que te enseñó antes de venir? –dijo mientras hacía un mohín con la boca. También era una molestia formidable cuando quería.
̶ Ya.
Al cabo de una hora más o menos, Garlokantha regresó de su incursión.
̶ Como lo sospechaba, se encuentran en la que alguna vez fue la guarida de un gran dragón de bronce, Trollushanthallor, y su familia. También vi a distintas clases de bestias apostadas en las cavernas cerca de aquí, a unas tres horas a pie, listas para dirigirse a su próximo destino. Planean atacar Esmeltaran, y a su paso a Gambiton, cuando caiga la noche, pero solo lo lograran si se mueven ahora. El viaje es largo.
̶ Gracias, Garlo –le dijo Sakura con suavidad mientras palmeaba con ternura su cuello coronado con crestas gemelas. La dragona tenía un semblante sagaz, adornado con púas flexibles que parecían bigotes, y cuernos nasales que se extendían hacia atrás, que quedaba reducido al de un gato doméstico en su satisfacción cada vez que Sakura le acariciaba el cuello. Mientras tanto, yo mandaba un mensaje a mis compañeros paladines. Contaba con un águila mensajera para estos momentos. ̶ Listo, nos reuniremos con ellos en las afueras de Gambiton. En marcha –apremié.
̶ Eres impaciente, joven paladín. Debes aprender a atemperarte antes de una batalla. Pero en esto tienes razón: no podemos perder tiempo cuando la paz está en juego. Suban, los llevaré de nuevo. Iremos por encima de las nubes esta vez. No debemos ser vistos –señaló Garlokantha. Sakura y yo asentimos; luego de eso, estábamos volando sobre las nubes una vez más.
Sasuke y yo peleábamos contra su Maestro, que hasta el momento no se había quitado la capucha, por lo que no podía distinguir su rostro. Lo único que podía ver era un brillo rojo debajo de la tela que cubría su cabeza y ensombrecía sus rasgos. Los demás intentaban derrotar a los elementales y a los demonios que habían salido de los portales. Era una suerte de que abrir un portal requiriese de mucho poder y luego de mucha una concentración constante para mantenerlos abiertos, más si eran varios portales a la vez. Ni siquiera yo podía abrir tres portales y mantenerlos por un lapso más amplio de unos pocos segundos cuando estaba concentrada en lanzar hechizos y esquivar obstáculos. Había tenido varios entrenamientos de ese estilo con Garlokantha en los últimos años, después de que ella considerara que estaba lista para un verdadero desafío. Por otro lado, Ino seguía peleando con Tenten, quien estaba poseída por el incorpóreo. Había visto varias veces por el rabillo del ojo que la elfa tocaba algo en su pecho mientras una luz cegadora emergía de ella. Pero lo que sea que había estado intentando hacer no había funcionado, ya que Tenten seguía intentando golpearla con la alabarda cada vez con más furia.
Concentré el poder de un hechizo en mi puño y golpee el suelo agrietándolo para que el Mago perdiera el equilibrio pero no tuve suerte. Saltó con rapidez, y como en un acto sincronizado, el Dragón Rojo bajó lo suficiente hacia él dándole la oportunidad de subir a su lomo. El Dragón nos lanzó una bola de fuego en ese instante, y yo, que había estado esperando la ocasión, lancé un aliento de fuego de dragón. Sasuke se colocó a mi lado, protegido por su escudo de acero.
̶ ¡Mejor considérense muertos, porque nunca podrán ganarme! ¡Yo seré el amo y señor de todos los Reinos! –gritó el megalómano. Pero había desenfundado una espada, lo que quería decir que su poder se estaba agotando. Podría ser que…
̶ ¡Sasuke, arriba! –le gritó Garlokantha, bajando lo suficiente para que Sasuke pudiese colocarse en su lomo de la misma manera.
̶ ¡Sakura! ¡Ayuda a los demás! –gritó Sasuke. –Yo me encargo de esta escoria –dijo para sus adentros, pero Garlokantha ya estaba ascendiendo en pleno vuelo.
Sakura veía como los dragones se atacaban el uno al otro, mientras Sasuke y el Mago se batían a duelo de espadas en sus lomos. Era una cosa impresionante de ver, no todos tenían las habilidades de combate para poder durar tanto sin tan poca estabilidad y a varios metros de altura. Era una cosa de locos de ver. Aunque no tardó en desviar su mirada porque un demonio se acercaba ella con las fauces abiertas, llenas de lo que parecía una baba supurante y venenosa. Blandió su propia espada, al mismo tiempo que creaba una lanza de hielo, y clavaba ambas en esas fauces asquerosas. La cabeza del demonio explotó y su cuerpo quedó inerte. Terminó el trabajo cortándolo en dos.
Lo siguiente que hizo fue observar a los otros paladines. Neji, Naruto y Shikamaru peleaban con los elementales, aunque de vez en cuando, un portal pequeño se abría y aparecían varios demonios pequeños que complicaban el combate. Era una cosa seria que los elementales fueran de fuego y viento porque podían actuar como complementos el uno del otro. Mientras el elemental de viento rugía como un tornado para quitarles visibilidad –y los lanzaba a gran velocidad contra el suelo luego de hacerlos volar por los aires –el elemental de fuego aprovechaba ese rugir para lanzar llamas que podían llegar a tener más alcance del que hubieran tenido de haber estado solo. Los paladines se cubrían con sus escudos, o se corrían en un intento de esquivar las llamaradas mientras trataban de matar a los pequeños demonios que los perseguían.
Por otro lado, Tenten empezaba a notarse exhausta y en el rostro de Ino se podía ver el sufrimiento de hacerle daño a su compañera. También otros demonios se acercaban a querer dañar a Ino, pero los mantenía alejados sin problemas. Decidí que tenía que ayudar a derrotar a los elementales. Fue una decisión muy dura.
Comencé a acercarme a los tres paladines que tenían más problemas mientras lanzaba un hechizo de agua hacia el elemental de fuego. La criatura comenzó a chillar como si estuviera poseída y en su furia comenzó a atacar con más vehemencia. Volví a convocar una granizada para que golpeara al elemental –y así acabar con él –pero en ese preciso momento, el elemental de viento lanzó una ráfaga contra mí y me hizo volar seis metros de altura. Controlé el impacto de la caída invocando viento a mi vez para usarlo como un remolino en mis pies, lo que me ayudó a mantenerme de pie. Los paladines se encargaban de los demonios que seguían llegando.
Yo misma abrí un portal y convoqué a un elemental de agua, al que le di forma de ola que se estrelló contra el elemental de fuego. Ambos dos quedaron reducidos a la nada misma en ese preciso momento. Uno menos, falta otro. Me dirigía hacia el remolino que tenía delante de mí, pensando en lo que podía hacerle efecto. Lancé un rayo de energía pero eso no pareció hacerle nada. De hecho, había empeorado la situación, ya que ahora el elemental de viento podía lanzar mi rayo en mi contra. O en contra de los Paladines.
̶ ¡Cuidado! –grité a todo pulmón, pero fue demasiado tarde. El rayo impactó de lleno en el pecho de Shikamaru. El impacto fue tan fuerte que lo lanzó despedido hacia atrás al mismo tiempo que quebraba su pechera. Su cuerpo quedó inerte en el piso, su pecho chamuscado con sangre y remanentes de chispas.
̶ ¡Shikamaru! –gritaron Naruto y Neji. Yo miraba la escena con lágrimas en los ojos. Lo había hecho mal, lo había hecho mal, y por mi culpa… La rabia se apoderó de mí y lancé un hechizo de hielo una vez más, mucho más poderoso que cualquiera hasta ahora. El elemental parecía reírse, satisfecho de lo que había logrado, pero de repente se quedó tieso y se congeló en su lugar. Había hecho que recogiera el agua que había quedado de mi propio elemental, por lo que fue fácil congelar los residuos de agua dentro de su torbellino. Naruto y Neji encajaron sus espadas, que también parecían mágicas, y destrozaron al elemental.
̶ ¡Trataré de curarlo, no dejen que los demonios se acerquen a nosotros! –les grité mientras me acercaba al cuerpo de Shikamaru. No quería pensar en un cuerpo, pero es que estaba tan quito. Naruto y Neji no discutieron y por eso, cuando los demonios menores comenzaron a rodearnos, ellos se encargaron de generar una barrera ofensiva/defensiva. Coloqué mis manos encima de su pecho, primero para tratar de quitar lo que quedaba del rayo, y luego tomé un ungüento de la bolsa atada a mi muslo derecho. Empecé a frotarlo mientras realizaba un hechizo curativo, pero no sucedía nada. La herida no se estaba cerrando. Naruto me miró, le dijo algo a Neji que no logré escuchar y se colocó enfrente mío, también colocando sus manos encima del pecho de Shikamaru. "Por Torm" murmuró, pero nada sucedió. Puso sus manos encima de los ojos de Shikamaru y los cerró con suavidad.
̶ Se ha ido, Sakura. No llores, a él no le gustaría. Murió defendiendo una causa justa –me dijo con suavidad, pero yo no lo escuchaba. Una rabia crecía dentro de mí sin control.
Arriba en los cielos, Sasuke y Garlokantha no estaban mejor. Sasuke había comenzado a cansarse y Garlokantha tenía un costado herido producto de un aliento de fuego, mientras que Abeloth tenía una de sus alas corroídas por un aliento de ácido de la dragona que había comenzado a intercambiar aliento de fuego con aliento de ácido, y este último había dado en la parte trasera del ala. Si bien dañar un ala había sido un movimiento que le permitió ventaja por un rato, todavía continuaba dando batalla. A veces los dragones se lanzaban a pelear cara a cara, algo que hacía más Abeloth, que aprovechaba no solo para dañar con sus garras o su cola a Garlokantha, sino también para darle tiempo a su "aliado" para abrir portales debajo que siguieran facilitando el ataque al resto de los paladines. La segunda oleada fue inmisericorde: atacaron donde se encontraba Ino peleando sola contra Tenten. Tratamos de llegar hasta ella, pero eran demasiados, ya que esta vez, el Archimago había tenido tiempo de abrir nuevamente varios portales de los que salieron varios demonios mayores y dos elementales más, uno de fuego y otro de tierra.
Sasuke, al ver que debía detener la apertura de los portales, lanzó su escudo en un afán de distraer a su Maestro, cosa que logró no sin antes lograr su cometido: destaparle la cara. El escudo había pasado tan cerca de su rostro que había roto un costado de la capucha, haciendo que esta se volara y dejara al descubierto su verdadero semblante. O casi todo.
RedEye, su Maestro, tenía el cabello blanco y siempre llevaba una máscara que le cubría la mitad inferior de la cara porque, según él mismo, había resultado herido en el ataque de un grupo de orcos a su poblado, donde su padre había muerto tratando de defender a las mujeres y niños junto a los demás hombres. Los paladines habían estado cerca, pero los orcos habían atacado también a un grupo de nobles por lo que se dirigieron en su rescate, dejando a la aldea desvalida. Fue una masacre según el relato. Lo que había notado Sasuke cuando su Maestro le contaba su historia era que cuando llegaba a la parte de los paladines, su ojo izquierdo parecía tornarse rojo de ira. Al principio era solo un destello pero más tarde comprendió que para ese entonces, había empezado a practicar magia sacrílega, por lo que había pagado un precio por tener poder en ese ojo de manera permanente.
̶ ¿Este es tu propósito, Kakashi? ¿Matar a todos los paladines para vengar la muerte de tu padre? Sabes que murió ayudando a su gente, que los paladines tenían otras órdenes que cumplir. ¡Yo mismo vi los archivos! –gritó Sasuke para que su Maestro lo escuchara.
̶ ¿Estás seguro que viste todos los archivos? ¿Acaso sabes quienes lideraban esa cuadrilla de paladines? No, seguro que no lo sabes. ¡Tus padres! Incluso tu hermano, con solo quince años participó de esa misión. Todos prefirieron cumplir las órdenes, siempre tan diligentes. A ninguno le importó el poblado lleno de niños al lado de un grupo de nobles, vagos, llenos de oro. ¿¡Dónde está el buen código del Paladín, ese que habla de siempre defender a los indefensos!? ¿¡De defender las causas justas!? Solo quedamos cinco niños y dos mujeres vivos en la villa. Nos encontraron vagando entre los cadáveres de nuestras familias y amigos. De mi padre... ̶ su ojo izquierdo se encendió y lanzó un rayo hacia mí. Garlokantha se movió para evitar que el ataque me diera, pero Abeloth lanzó en ese momento un aliento de fuego que se juntó con el rayo. Fue en ese momento que sentimos que la explosión nos consumía.
Todo a nuestro alrededor era puro caos. Peleábamos con enemigos que nos superaban en número pero no nos importaba porque sabíamos que podíamos ganar. Teníamos a los Dioses de nuestro lado, y ellos nos bendecían con valor para derrotarlos y traer justicia a nuestras tierras, a nuestros hogares y a los poblados cercanos.
Una explosión retumbó en el cielo, las llamas formaban una bola de fuego mortífero, pero lo que me quitó el aire de los pulmones fue verlos caer del cielo a una velocidad de vértigo mientras el Dragón Rojo se alzaba triunfal.
̶ ¡Sasuke! –grité. ̶ ¡NO!¡Garlokanthaa! –volví a gritar. Luego de eso, no sentía mi cuerpo. Los vi caer y chocar contra el suelo en una nube de fuego y tierra, y escuchar el chillido de victoria tanto del Dragón Rojo como del Mago. No podía prestar atención a mí alrededor, desde donde sentía vagamente a Naruto soltar imprecaciones junto a Neji, e Ino golpeando a sus oponentes poderosamente. De todos modos, la que parecía que ya no podía negar lo inevitable era ella: Tenten no iba a salir de la posesión, el incorpóreo era demasiado fuerte, por lo que dejó de atacarla para cansarla y comenzó a atacarla con vehemencia. Un minuto después, con lágrimas en los ojos, tenía su espada entrando en medio del corazón de Tenten, y a esta escupiendo sangre con una sonrisa en el rostro. La miraba como si le agradeciese por sacarla de ese terror. El incorpóreo se desvaneció, como si fuera de un cuerpo no tuviese manera de sobrevivir. Era demasiado triste tener que matar a un compañero para poder derrotar a un enemigo.
Yo intentaba seguir disparando hechizos tras hechizos para poder acercarme a Sasuke y Garlokantha, cuando en un momento, por el rabillo del ojo hacía mi derecha, distingo la figura de un hombre mayor de cabellos entrecanos, vestido de campesino, con lo que parecían siete pequeñas aves de un color amarillo dorado muy brillante bailando con suavidad a su alrededor. El hombre me dedicó una mirada profunda, con determinación, y me sonrió con un poco de pesar. Alzó uno de sus brazos, como dando una orden, y los pajaritos comenzaron a volar hacia el cielo cada vez más alto. Increíblemente, los pajaritos se convirtieron en majestuosos dragones dorados, que rugieron potentemente declarando su llegada.
̶ ¡NO! ¡NADIE INTERFERIRÁ EN MIS PLANES! ¡NADIE! ¡NI SIQUIERA EL COCHINO DIOS DE LOS DRAGONES METÁLICOS!* ¿QUÉ ESPERAS, ABELOTH? ¡LLAMA A TIAMAT! ¡LLÁMALA! –empezó a vociferar el Mago. El Dragón Rojo no toleraba que le dieran órdenes, pero había dejado pasar a este idiota porque vio potencial en su plan. Debería haber sabido que no importaba si eran elfos o humanos, o cualquier otra mezcla o tamaño, estas criaturas eran estúpidas. Pero los elfos eran más arrogantes porque vivían más que el resto, aunque este apenas había vivido. Comenzó a sacudirse para que el Mago cayera de su lomo.
̶ ¿QUÉ HACES, ABELOTH! ¡ACASO PRETENDES TRAICIONARME? ¡COMETES UN GRAVE ERROR, SABES QUE A MI LADO TENDRÁS TODAS LAS RIQUEZAS QUE CONSIGAMOS DE LAS CIUDADELAS QUE DESTRUYAMOS! ¡JOYAS Y ORO, TODO SERÁ PARA TI! –siguió vociferando desesperado por su situación.
̶ No tienes escapatoria, Abeloth. Tus crímenes son muchos, y nosotros, en nombre de Bahamut, Dios de los Dragones Metálicos, haremos justicia –dijo uno de los dragones dorados.
̶ Pagarás por haber herido a uno de los nuestros también, Abeloth –habló otro.
̶ También pagarás por haberte aliado a un ser corrompido por el odio y la venganza, y haber matado a personas justas –siguió con la declaración el siguiente.
̶ Que a donde vayas, Abeloth, tengan misericordia por tu alma –rezó un cuarto.
̶ Ataquemos de una vez, antes de que intente escapar. No es más que un cobarde –clamó el quinto.
̶ ¡Justicia! –gritó el sexto.
̶ ¡Ataquen! –gritó el séptimo. Y de pronto, el Mago caía en picada, luego de que los siete dragones atacaron con todo su arsenal de garras, colas y alientos de fuego y ácido al solitario Abeloth. Porque Tiamat no ayudaba a los Dragones Cromáticos* que fallaban en elegir sus batallas. Era egoísta y solo apreciaba el poder, y para tener su favor, tenías que probar tu poder. Abeloth había fallado y por eso había caído.
Sakura no podía creer lo que estaba presenciando, pero incluso en la sorpresa, tenía un solo impulso: llegar a Garlokantha y a Sasuke, y asegurarse de que ambos estaban bien. Siguió corriendo hacia ellos, los monstruos no la seguían. De alguno forma, una fuerza extraña los mantenía apartados de ella; los paladines aprovechaban la pequeña ventaja para pelear con lo último de sus fuerzas. Ganarían. Tenían a Torm de su lado y ella… ella tenía a Bahamut del suyo.
Cuando llegó a donde estaba Garlokantha y Sasuke su mente no podía entender lo que veía: Garlokantha estaba tirada de costado, con las patas como abrazando su propio cuerpo junto con su ala derecha. Se movió apenas para dejar ver lo que tenía entre sus garras. Era el cuerpo de Sasuke, al que había protegido en la caída.
̶ ¡Sasuke! ¡Garlokantha! –gritó. Sasuke se desprendió de las garras de Garlo a la vez que tosía sonoramente. Tenía un brazo roto y seguro un par de costillas más. ̶ Dime que estás bien, por favor, Sasuke –trataba de palparlo, pero no me animaba. A pesar de que ya había cuidado una vez de él, en ese momento había estado inconsciente. Hoy estaba muy consciente, malherido, pero consciente.
̶ Garlo… cof… kantha. Revísala a ella, cof –dijo entre quejidos. Todas mis alarmas saltaron. Garlokantha respiraba con dificultad, pero no podía ser de otra manera ya que habían caído del cielo en medio de una explosión. Me acerqué a su cabeza para poder hablarle sin tener que gritar.
̶ ¿Qué sucede, Garlo? Dime que te duele y te curaré –tomé su cabeza con suavidad, comencé a acariciarla como a ella le gustaba… pero solo salió un resuello de su boca. Más abajo en su cuello tenía una abertura desde donde manaba sangre caliente y espesa. Estaba formando un charco gigante con cada minuto que estaba ahí. Empecé a conjurar un hechizo de curación, pero no funcionaba, la herida no se estaba cerrando. No otra vez, no. No. No Garlo. No.
̶ Pequeña, cof, cof, rosada, cof –empezó Garlo.
̶ ¡No hables! Tengo que curarte. Sasuke, ¡ayúdame, por favor! –le rogué. Sasuke desvió mi mirada.
̶ No me queda nada de poder curativo. La imposición de manos tiene un límite… y yo llegué al mío. Ya no tengo nada –cuando levantó su mirada, tenía los ojos brillosos. No, esto no podía significar el fin, no de Garlo.
̶ No temas, pequeña, cof, cof. Ahora tienes… amigos con lo que… no estarás sola. Sigue practicando como te enseñé y te convertirás en una mujer extraordinaria, cof, cof –cada palabra que pronunciaba dolía. ̶ Cuídala, Sasuke. Ese sentimiento que tienes por mi niña, cof, cof, escúchalo. Hónralo, y me estarás honrando a mí –miró de forma suspicaz a Sasuke, que se tornó rojo como un tomate, y una interrogante aparecía en su cara. ̶ Tengo muchos años, Paladín. Sé cuándo dos personas se aman. No tengan miedo y vivan su amor con plenitud. Cof, cof… eres un buen hombre, paladín. Te dejo en tus… manos… mi mayor… tesoro –y con su último aliento, Garlokantha se despedía de su amada niña, aquella criatura que había salvado de unos padres que no aceptaban que su hija era especial.
Esa noche se decidió por fin a dar el paso decisivo. Se había transformado en una anciana y se la había llevado a su cueva mientras dormía. En sus sueños, la niña se abrazó a su cuerpo, como si su inconsciente le dijera que ahora estaba a salvo. Durmió por un día entero.
Primero la había llevado lejos, a las cuevas de una montaña. Por supuesto que se había llevado a la niña con unas ropas y mantas para protegerla del frío. La había dejado durmiendo y había vuelto a la aldea al otro día para ver qué hacían sus padres. Los muy bastardos no solo no denunciaron la desaparición de su hija, sino que tomaron sus pocas pertenencias y se fueron de la aldea, según ellos, "para buscar riquezas". Más tarde en el tiempo se había enterado que los padres de Sakura habían muerto en unas cuevas cercanas a las Antípodas Oscuras. Unos drows habían atacado su campamento y los habían reducido a pedazos. Garlokantha no quería pensar mal sobre personas tan cruelmente asesinadas, pero no podía evitarlo. Había visto de primera mano, por una temporada entera, como golpeaban a Sakura, obligándola a no usar magia. Nunca lo hacían en la casa, siempre la llevaban al bosque, lo suficientemente profundo para que nadie los escuche pero no lo suficiente para que alguna criatura los atacara. Garlokantha había querido atacarlos muchas veces, pero no quería asustar a la niña, y por eso había optado por robarla.
Al principio, Sakura no hacía preguntas. Solo se dedicaba a mirarla con ojos fijos muy abiertos. No se perdía ningún movimiento. Ella sabía que la niña era inteligente, por lo que no tardó en contarle quién y qué era, y Sakura lo había aceptado con total naturalidad. Incluso cuando creció, no preguntó. Supo que ella entendía lo suficiente para saber que no era amada y que no valía la pena sufrir por ellos. A pesar de eso, le explicó lo que había pasado con sus padres con tranquilidad; ella lloró mucho esa noche. Tenía un corazón de oro que amaba más allá del dolor. Por eso, empezó a entrenarla, a enseñarle a cómo ser fuerte. ¡Y vaya que lo era! Era la criatura más fuerte que había conocido en toda su vida. Era un tesoro.
Pero ahora tenía que abandonar ese tesoro. No quería, pero debía aceptar los designios de la vida y la muerte. Por suerte, no la dejaba sola. Y ella… ella siempre protegería a su niña en espíritu…
Sakura no podía concebir un mundo en donde no estuviera ella y Garlokantha. Había sido su madre en todos los aspectos, a pesar de que la mayoría de las veces que cambiaba de forma más parecía una abuela que una madre. Siempre creyó que lo hacía a propósito, para no apegarse tanto a ella, pero en el fondo sabía que no lo había logrado. Garlokantha la protegía de maneras que a veces rayaban lo exagerado. Los primeros tiempos, había tratado de cuidarla como si de un cristal se tratara, como si fuese a romperse con facilidad. Más tarde había entendido que hacer eso no era adecuado, por lo que comenzó a enseñarle todo lo que sabía. El vínculo que se había formado entre ellas no tenía igual en la historia.
Los Dragones Dorados, luego de terminar con Abeloth, se posaron alrededor de ellos para brindar honor a su hermana y para acompañar a la semielfa que tanto lloraba por su pérdida abrazada al cuello de quien la crio. Su Dios Bahamut se mantuvo en el linde del bosque, en el mismo lugar donde había decidido aparecer, esperando el momento adecuado para marcharse. Aunque ningún Dios había sentido tanta curiosidad por el vínculo entre la niña con la dragona, sabía que la niña tenía sangre de dragón, pero se preguntaba si sus antepasados no compartían casualmente, y ella por extensión, sangre con Garlokantha. Eso podría explicar por qué el vínculo era tan perfecto. Algunos misterios eran mejor dejarlos dormidos.
Los paladines cerca de ellos seguían peleando con los demonios, y como los portales no habían vuelto a abrirse, estaban cerca de terminar. Era bueno saber que ya no necesitaban de su ayuda. Hizo un chasquido con sus dedos. Los siete majestuosos Dragones Dorados se alzaron en una sincronía entrenada y volvieron a sus formas de canarios amarillo dorado. Hizo un segundo chasquido con sus dedos y el cuerpo de Garlokantha comenzó a desaparecer en una lluvia de brillos dorados. Sakura empezó a mirar para todos lados, hasta que recordó al hombre en el linde del bosque. Cuando se fijó, el hombre le dio un asentimiento con la cabeza y se fue hacia la profundidad del bosque donde desapareció.
̶ ¿Qué ves? –le preguntó Sasuke extrañado. No se sorprendía que él no pudiera ver a Bahamut. Había podido ver a los dragones, pero no al Dios. Era un honor para ella.
̶ Nada –contestó compungida. ̶ ¿Dónde está el Mago? –preguntó de repente. Todos lo habían visto caer, pero no sabían si estaba muerto o solo muy malherido.
̶ Ayúdame, iremos hacia donde cayó –le contestó Sasuke. Sakura advirtió que el tobillo de Sasuke no se encontraba bien. Colocó su brazo bueno encima de su cuello y lo ayudó a caminar. No tardaron en encontrar al bastardo.
Parecía que no se había salvado tampoco del ataque de los siete dragones, por lo que su cuerpo yacía como una muñeca rota en muchas partes y ángulos antinaturales. Era algo bastante crudo de ver. Un momento más tarde, los demás paladines se acercaron. Todos estábamos exhaustos.
̶ Por un lado, hubiera preferido matarlo. Pero supongo que se merece haber muerto como una sabandija –dijo Naruto.
̶ Ten cuidado con lo que deseas. Recuerda, debemos honrar los mandatos de justicia de Torm, no cobrar venganza –le dijo Neji seriamente.
̶ Ya lo sé, pero… uff tendré que rezarle más a Torm para que me ayude a no desviarme de nuestro camino –dijo Naruto con un mohín triste.
̶ Eso, Naruto, es lo más inteligente que has dicho en… siempre –dijo Sasuke con una sonrisa torcida. Todos, a pesar de estar cansados, a pesar de las pérdidas, nos reímos. Naruto comenzó a quejarse de que le vivían tomando el pelo, y a amenazar a todos que una vez terminaran con el papeleo e informes a su Templo, quería jugar a un juego de apuestas. Los demás se miraron entre ellos y se rieron.
Unas semanas después…
Habíamos terminado con los funerales. No solo con los de Tenten y Shikamaru, que por cierto tuvieron despedidas ceremoniales de acuerdo a su rango, sino también de las personas que habían muerto en manos de RedEye.
Sasuke todavía se negaba a hablar mucho acerca de su Maestro, pero por lo menos me había contado qué era lo que lo había motivado a matar a tantos paladines. Había sido una historia trágica, pero no justificaba ni de lejos todo el daño que había causado.
Ino y Neji habían salido en una nueva misión, ahora como nuevos compañeros. A pesar de que Tenten y Shikamaru habían sido sus más fieles compañeros, como Naruto lo era con Sasuke, ellos eran agentes de la justicia y no podían permitirse un duelo muy largo. Así que habían decidido quedarse juntos para poder afrontar la perdida y honrar sus nombres.
En cuanto a mí, me estaba adaptando de a poco a mi vida con Sasuke. Me había mudado con él a una casita de bosque cerca de Eshpurta, donde él podía entrar en contacto con los paladines de su Templo y a la vez, podíamos tener días tranquilos y de descanso. Había decidido dejar la cueva y mi casita donde había crecido con Garlokantha. No porque quisiera olvidarla, sino porque necesitaba rehacer mi vida lejos de aquellos lugares que amaba pero que ahora me traían tanto dolor. Así que ahora tenía un nuevo pasatiempo con Naruto y Sasuke.
̶ ¿Están preparados? –pregunté, mirándolos a los dos mientras se ponían en guardia. ̶ ¡Ya! –y comenzamos a entrenar. Era un buen ejercicio para mí, dos contra uno, y para los tres en general. Porque ahora yo también participaría de las misiones. No solo con Sasuke habíamos avanzado de manera romántica para conformar una familia, ahora era parte de su equipo con Naruto y los tres nos cuidábamos mutuamente. La vida, de momento, volvía a ser dulce.
FIN.
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO! *w*
