Un buen descubrimiento
En retrospectiva, Samatoki no estaba seguro de cómo habían terminado así.
Había sido una noche normal, con problemas causados por gusanos cualquiera que merecían ser aplastados y que se habían llevado su merecida lección. Ese habría sido el fin si Jyuto no hubiese jodido con reclamos de que dichos gusanos no tenían ningún valor y de que arrestarlos era una pérdida de tiempo y de que algo así solo le traía mucho trabajo y pocos beneficios.
A pesar de eso, Jyuto había hecho su parte y Samatoki era el único que no había terminado la noche en una celda; pero, luego, Jyuto se había quejado más.
—¿Cuándo vas a aprender a elegir el momento adecuado para actuar? Al menos no hagas algo así en un lugar lleno de testigos...
—Hablas como todo un policía corrupto —se había burlado Samatoki mientras llevaba un cigarrillo a su boca—. Como si tú no hicieras estupideces como meterte en más problemas de los que puedes salir solo. ¿ U olvidas cuántas veces has necesitado mi ayuda?
—Es diferente —había intentado negar Jyuto y técnicamente lo era, mas solo porque Samatoki nunca había terminado de cara al suelo, ni en verdadero peligro—. Y lo que estoy diciendo es que...
—Ya cállate de una vez.
Pero claro que Jyuto no se había callado ni dado su brazo a torcer. Eso podía ser irritante o a veces divertido, pues Jyuto no bajaba la cabeza, ni obedecía y sí devolvía cualquier golpe con ganas.
Ja, ese conejo era demasiado entretenido para ignorarlo y eso explicaba por qué Samatoki no lo había dejado en paz, mas no el resto.
No que importara.
Aun sin recordar cómo habían pasado de estar a punto de sacar sus micrófonos en un callejón a dejar todas sus prendas en el suelo de un hotel barato, Samatoki podía decir que estaba más que satisfecho con el resultado.
Cualquier contienda era aburrida sin no se tenía un buen oponente, al fin de cuentas, y pasar la noche con alguien que no daba tanto como recibía era igual, pero Jyuto no se dejaba hacer ni en una pelea ni en la cama.
El solo descubrir que besaba como si quisiera devorar en vez de ser devorado había sido un detonante para ir más lejos, buscando más y encontrando no resistencia, sino el mismo tipo de impulso en respuesta y por eso mismo detenerse no había pasado en ningún momento por la mente de Samatoki.
De hecho, seguía sin hacerlo luego de más de una ronda y todo era culpa de Jyuto quien, aun bajo él y con sus piernas abiertas, parecía decidido a desafiarlo, como si quisiese hacerlo correrse primero y quizás lo había conseguido al menos una vez, pero no era como si alguien estuviese llevando cuenta de victorias o derrotas. Samatoki ni siquiera creía poder hacerlo; Jyuto mismo era una distracción en todo sentido, porque además era más que honesto cuando se trataba de placer.
Quizás debería haberlo esperado, pues había sido testigo de que una buena comida con ingredientes normales podía hacerlo parecer un glotón incluso si su figura daba la impresión de que no era de comer mucho y un par de veces lo había escuchado suspirar con gusto al recibir una taza de café de su parte.
Y esa boca que solía escupir palabras ácidas, insultos, versos que dejaban a más de uno de rodillas y sarcasmos ocultos bajo palabras educadas cuando quería fingir no ser un policía corrupto con un temperamento explosivo, no había hecho más que expresar abiertamente lo mucho que estaba disfrutando todo y provocándolo sin parar.
Maldito conejo. ¿Quién le había dado permiso de ser tan jodidamente excitante?
Incluso ahora, cuando Jyuto estaba sus labios entreabiertos, respirando todavía agitadamente sin haber terminado de recuperarse de su último orgasmo y por eso mismo era incapaz de de pronunciar palabra alguna, seguía siéndolo.
¿Por qué?
No era como si Jyuto estuviese provocándolo activamente, pues estaba inmóvil salvo por el sube y baja de su pecho según exhalaba e inhalaba, tenía sus ojos cerrados y había cubierto su frente con un brazo, aunque más parecía que su brazo había caído ahí, carente de fuerza pese a que minutos antes había estado usándolo para aferrarse a él e instarlo a ir más rápido.
Él solo estaba ahí, sin sus defensas, ni sus anteojos, ni ese asfixiante traje que no se quitaba ni en pleno verano, luciendo demasiado relajado a pesar de que todavía lo estaba apretando en su interior. Aunque tal vez eso era culpa de Samatoki por no sacarla y dar por terminada esta sesión de ejercicio nocturno.
¿Pero qué más daba si ni siquiera estaban llevando la cuenta y habían pagado por una noche completa en vez de solo por unas horas (cosa que sin duda había sido una buena idea)?
No había ninguna necesidad de detenerse a pensar o a buscar una explicación a estas alturas.
Cuando Samatoki se movió, solo queriendo salir de él por unos segundos para reemplazar el condón, Jyuto lo apretó más y Samatoki presionó sus labios para no soltar ningún sonido, consciente de que algo así solo haría que los labios de Jyuto se curvaran en burla.
Darle la satisfacción de reaccionar cuando era obvio que esta vez Jyuto lo había hecho de adrede era algo que no planeaba hacer, aun si su erección ya delataba el efecto que Jyuto tenía en él.
Fallar en su propósito original al descubrir la caja ya vacía le trajo una ola de irritación que desapareció casi de inmediato, pues el que Jyuto no cerrase sus piernas en el poco tiempo que a él le tomó deshacerse del último condón usado (y la caja) le recordó que no era como si Jyuto ya hubiese perdido su interés. Realmente en la cama era mucho más honesto de lo que se esperaría de un policía corrupto.
Tras cubrir su miembro con lubricante (que por suerte no se había acabado), Samatoki volvió con una sonrisa, cubriendo a Jyuto con su cuerpo e inclinándose sobre él como si fuese a besarlo. Jyuto ni siquiera se movió en un falso intento de apartarse.
—Ya no quedan condones. No importa, ¿cierto?
—¿Qué...? —Finalmente Jyuto dejó caer a un lado el brazo con el que había estado cubriendo su frente y abrió sus ojos, parpadeando un par de veces antes de fruncir el ceño—. ¿Qué crees que soy?
Samatoki se contuvo de reír ante esa victoria, porque Jyuto no estaba resistiendo ni diciendo no.
—¿Un conejo en celo?
—Tú eres la bestia en celo.
Aunque Jyuto intentó patearlo al decir eso, eso solo le dio la oportunidad de atrapar su pierna y entrar en él desde un nuevo ángulo, lo cual llevó a que Jyuto jadeara, lo apretara tan jodidamente bien como todas las veces anteriores y que Samatoki mismo no pudiese mantenerse en silencio.
¿Y qué más daba?
Perderse (de nuevo) en Jyuto era mejor que preocuparse por algo así, más aun cuando decidió cambiar de posición y atrajo a Jyuto hacia él antes de sentarse. Fue un buen descanso para sus rodillas y la oportunidad de llegar a un punto más profundo, arrancándole un nuevo gemido a Jyuto.
Aunque Jyuto se aferró a sus hombros, aparentemente de manera inconsciente, no necesitó ningún incentivo para poner de su parte y moverse por su cuenta. Ni siquiera se quejó de que Samatoki aprovechase la cercanía para morder uno de sus hombros o cuando agarró su cintura con más fuerza para evitar perder la profundidad de sus movimientos, pese a que sí frunció un poco el ceño, como si estuviese llegando a ese punto en el que las sensaciones pasaban a ser demasiado, casi dolorosas.
Y aun así lo siguió aceptando.
No podía ser mejor.
De haber podido, Samatoki habría soltado una carcajada llena de exaltación, más tuvo que conformarse con llevar sus labios (y dientes) a los de Jyuto en algo que no contaba como un beso.
Solo era una lástima estar también al borde de su propio límite físico, pero bueno, ya era hora de darle a Jyuto un descanso.
Con eso en mente, Samatoki movió su mano derecha para cerrarla alrededor del miembro de Jyuto. De inmediato, Jyuto movió su cabeza de un lado para otro y tembló, estrechándolo al mismo tiempo de tal forma que Samatoki a duras penas se contuvo de maldecir en voz alta.
Aun así, Jyuto no intentó apartar su mano y sí se dejó ir tras solo un par de caricias y Samatoki lo siguió sin siquiera estar seguro de qué lo llevó a una nueva cima de la que cayó literalmente, terminando acostado sobre la cama con todo el peso de Jyuto sobre él.
Jyuto no era liviano, pese a ser delgado; aun así, Samatoki solo se movió lo suficiente para salir de él, sin siquiera hacer un intento para quitárselo de encima.
De hecho...
—Jyuto. —Lo llamó apenas pudo recobrar el aliento para hablar.
Por unos segundos, Jyuto no pronunció palabra alguna y Samatoki llegó a creer que Jyuto había caído profundamente dormido y tendría que darle al menos un par de palmadas para despertarlo, mas finalmente Jyuto escupió una respuesta.
—¿Qué?
¿Estaba molesto o solo con su garganta más irritada que si hubiese pasado la noche en alguna batalla? Preguntándose eso, Samatoki alzó una mano para enredar sus dedos en el cabello de Jyuto en algo que casi era una caricia. Podía lidiar con cualquiera de esas dos posibilidades, pero para eso mismo tenía que dejar algo claro de una vez.
—Mañana no se te ocurra irte solo. Vamos a ir primero a mi apartamento.
Jyuto solo movió su cabeza en lo que pareció ser un intento de reacomodarse para verlo que vino acompañado de un suspiro que sonó más agotado que irritado. Pese a eso, Jyuto contestó con firmeza y sus ojos verdes, ahora visibles y enfocados en los suyos, mostraron una pizca de recelo.
—¿Ah? No soy tu chofer. No esperes que siempre te lleve a donde quieras.
Samatoki chasqueó su lengua, impaciente. Era predecible que Jyuto no aceptara mansamente, pero al menos debería ser capaz de entender lo que Samatoki estaba diciendo. Realmente era un idiota a pesar de ser inteligente.
—Y yo que iba a ofrecerte café.
Parpadeando, la expresión de Jyuto se suavizó y poco después dio la primera indicación de que iba a ceder gracias a ese simple cebo, mas no sin antes oponer falsa reticencia.
—Ni pienses que eso va a ser suficiente.
—¿Vienes o no?
—¿Tengo otra opción?
—No.
El que Jyuto no pusiera más peros dejaba claro que Samatoki había conseguido lo que buscaba, al menos en parte, pues Jyuto no parecía haber comprendido el motivo de la invitación. A pesar de eso estaba dándole un sí con demasiada facilidad, lo cual no era malo, pues no era como si Samatoki quisiese pasar horas intentando convencerlo, pero más le valía a ese conejo no ser igual de fácil con otros.
No que pareciese que fuese así, mas tenía que aprovechar que Jyuto entraría como todo un conejo indefenso a su apartamento dentro de unas horas para llevarlo a su cama y dejarle claro que ese era su lugar correcto y que, además, Samatoki no planeaba dejarlo ir.
Jyuto seguramente sí lo entendería así y si no, bueno, Samatoki se lo demostraría hasta que lo hiciera. No era como si repetir una noche así fuese un sacrificio cuando justo pretendía hacerlo una parte permanente de sus días.
