Cuando salió al salón del Patriarca, Sísifo y Sage estaban esperándolo.
- Aspros se retiró a continuar con su guardia. ¿La niña ya se durmió El Cid? ¿Qué piensas hacer con ella?
- No lo sé Patriarca, claramente no puede quedarse aquí, no sería correcto. Aun no entiendo que fue lo que le paso por la cabeza para emprender semejante viaje hasta aquí. Mañana buscare un hogar para ella en Rodorio… me costará convencerla, pero tendrá que entender que es la mejor opción. Ella esta convencida que quiere quedarse aquí en el Santuario… dice que podría ayudar en ciertas cosas y que sería útil aquí.
- ¿Y tú crees que no? Tal vez si pueda ser útil…
- Sísifo… es una niña y si es muy inteligente, y claramente ha podido lograr viajar tan lejos sola, pero no creo que esté interesada en ser una guerrera. Estará mejor fuera de aquí. Además, si algo llegara a pasarme…
- Si algo llegara a pasarte ella estará triste viva o no aquí. Y tal vez tenga razón. En el Santuario no todo es entrenar y nada más, hay muchas cosas que podría ayudarnos. Por lo que vi habla perfecto griego. Y es muy hábil si llego aquí sola y sin dinero. Además, cuando la señorita Athena llegue al Santuario, tener a alguien contemporánea… tal vez sea beneficioso. ¿No lo cree así Patriarca?
- Puede ser Sísifo, no es algo fácil. Pero si creo que es algo que no vamos a decidir hoy. Y la opinión de El Cid es muy importante ya que es casi familia para él. Así que vayamos a descansar y mañana lo charlaremos tranquilos Caballeros.
- Si Patriarca. Hasta mañana.
Ambos caballeros se dirigieron a sus templos en silencio. El Cid estaba confundido por lo que había dicho Sísifo… él estaba convencido que no era buena idea que Nira se quedara en el Santuario, pero al parecer Sísifo y el Patriarca pensaban lo contrario. ¿Qué sería lo correcto? Esperaba que la noche ayudara a acomodar sus ideas.
- Hasta mañana El Cid, lamento si me entrometí más de la cuenta en este asunto. – el caballero de Sagitario se despidió de su amigo. – Solo creí que tal vez mi opinión te ayudaba a decidirte. Tal vez no sea mala idea que este aquí contigo, para ella y para ti. ¡Piénsalo y descansa! – lo palmeo en la espalda y se dirigió a su templo.
El Cid llego a su habitación, se sentó en la cama y saco de debajo de esta una caja con un montón de cartas. Todas escritas por Nira o su padre. Algunas en español, otras en griego, otras mitad y mitad. Y se dio cuenta que en todas ellas se repetía un pedido: "llévame contigo El Cid, llévame a ese lugar tan mágico, amaría conocerlo al fin. No quiero vivir una vida aburrida aquí, quiero conocer, quiero vivir…" Suspiro y volvió a acostarse. No durmió, pensó y volvió a pensar. Nira había recorrido 3 países para encontrarlo, sola, sin dinero, sin saber a dónde ir. Todo por estar con él, allí, con él. Él era lo único que le quedaba. Tal vez no sería tan malo que estuviera en el Santuario un tiempo… tal vez…
Habían pasado ya 2 semanas desde que Nira llego al Santuario. Al final El Cid y el Patriarca habían aceptado que se quedara allí. Por lo menos por un tiempo, hasta encontrar una mejor opción para ella. La única condición propuesta por el Patriarca era que no debía interferir en los deberes diarios ni en las misiones de El Cid o de ningún otro caballero, y que debía ayudar con las tareas que se le asignen. Llevaron sus cosas a la casa de Capricornio donde viviría con El Cid. Conoció además al resto de los habitantes de las 12 casas, al regente de Tauro, Hasgard, con su imponente presencia y sonrisa amistosa; Aspros de Géminis, quien la había encontrado esa noche; Manigoldo de Cáncer, con quien intercambio algunas palabras, aunque le pareció un hombre muy extraño pudo ver que también era muy divertido; Sísifo, su vecino en Sagitario, un muchacho muy guapo y de mirada muy cálida; y al caballero de Piscis Lugonis, un hombre muy bello y de porte muy serio, no intercambiaron palabras, solo le advirtió mantenerse alejada del jardín de rosas. Aries, Leo, Libra, Virgo, Escorpio y Acuario estaban vacíos. También conoció a dos aspirantes a caballeros, Kardia que aspiraba a custodiar el 8vo templo, pero que, pese a entrenar en las inmediaciones del Santuario, no vivía en las 12 casas aún; y un joven 2 años mayor que ella, Albafica, que vivía junto con el señor Lugonis en el 12vo templo, también muy serio y esquivo...y bello, muy bello.
Luego iría conociendo al resto de los habitantes del santuario, doncellas, escuderos, y al resto de los caballeros de Plata, de Bronce, y a los que estaban entrenando para convertirse en uno. El Santuario era vida constante, movimiento, ruido, alegría, risas, llantos… todo junto. Nira estaba fascinada, era todo lo que esperaba y más.
Al principio sus tareas se resumían en conseguir víveres para el templo de Capricornio y mantenerlo limpio y ordenado. El Cid y el resto de los caballeros le fueron enseñando las zonas del Santuario y como entrar y salir de el de manera fácil y segura. También le enseñaron los lugares peligrosos a los que no debía acercarse. El Cid además era muy estricto y le repetía una y otra vez que no molestara al resto de los caballeros si no era por algo importante. Al principio no se acercaban mucho a ella, pero luego fueron ganando confianza y entablando una relación con la mayoría de ellos. Aspros no se molestaba en querer acercarse a la niña, la saludaba de lejos y cada vez que ella se acercaba a él la ignoraba. No creía correcto tener a una niña dando vueltas en el Santuario. Por otro lado, el señor Lugonis y su discípulo tampoco se acercaban a ella "los moradores de la 12va casa son muy especiales, deberías evitar molestarlos, y ten cuidado de no meterte en el jardín de rosas, es peligroso" le había dicho El Cid. Nira no quería molestar… le había llamado mucho la atención el niño que vivía allí, solo quería hacer amigos.
Nira era una muchacha inquieta, alegre, siempre buscando nuevas cosas por ver y aprender, siempre buscando hacer nuevos amigos (así se había acercado a Kardia y habían entablado una amistad). Pero a la vez era tranquila, y muy responsable y cautelosa.
Las semanas pasaron y, pese a que muchos no querían aceptarlo, Nira había traído una nueva vida a las 12 casas. Se respiraba una energía más relajada y alegre… incluso El Cid se notaba más alegre y sereno. Al final había sido buena idea haberla dejado quedarse.
