Era un hermoso día primaveral, así que Lugonis creyó que sería bueno hacer un cambio en el entrenamiento de Albafica, y hacer un poco de actividad física cerca de la costa del Santuario. Esto sorprendió un poco al muchacho, que acepto gustoso. Pese a que amaba entrenar con su maestro en el jardín de rosas del 12vo templo, a veces se hacía bastante monótono. El señor Lugonis apenas abandonaba el recinto y solo era si el Patriarca le encomendaba alguna misión, lo cierto es que pese a haber vivido 13 años allí en el Santuario, conocía poco de él.
Se dirigieron a la costa desde la cual podía verse y oírse el mar y el viento en los árboles, era un lugar bastante alejado así que estaban solos. Era majestuoso.
Luego del ritual diario al que ambos se sometían, y de comprobar que su alumno había tolerado bien su sangre, comenzaron a practicar técnicas de defensa y ataque corporal.
- Es importante que aprendas otras técnicas de lucha Albafica, no solo a atacar con las rosas a distancia.
- Si Maestro! – Albafica era muy ágil, pero sonaba agitado.
- ¿Te encuentras bien? Suenas cansado.
- Es solo que no estoy acostumbrado a entrenar bajo el sol. Pero estoy bien Maestro. Sigamos.
Siguieron por unas horas más hasta que ambos estaban exhaustos y se sentaron en la costa a ver el mar.
- Bien hecho Albafica, has mejorado bastante. Tienes mucha fuerza física además de tu cosmos. Es importante que un guerrero sea lo más completo posible, así, podrás defenderte en cualquier circunstancia.
- Si, lo sé Maestro. Gracias. Puedo preguntarle por qué vinimos a entrenar en las afueras de las 12 casas. No es común en usted.
- Jajaja, claro que si puedes Albafica. Solo quería un cambio de ambiente, y el día era ideal para eso, ¿no lo crees? Como no haríamos entrenamiento a distancia, no había riesgo… aunque esta zona está bastante alejada y es muy solitaria. Bueno, voy a retirarme, el Patriarca quería hablar conmigo así que iré a ver que necesita. Tú puedes quedarte un poco más si lo deseas, solo ten cuidado. Nos vemos luego para la cena Albafica.
Lugonis se marchó dejando a su alumno observando el vasto mar. Las olas que iban y venían, y el sol que pintaba su superficie de un amarillo intenso. Se levanto y comenzó a recorrer, nunca tenía esta oportunidad y no iba a desaprovecharla. Vivía la mayoría del tiempo confinado al templo de Piscis, y no es que no amara pasar tiempo con su maestro, solo que a veces quería poder salir y disfrutar de la vida como el resto. "Tú no eres como el resto, no lo olvides. El camino de Piscis, o el camino de la Humanidad." Él ya había hecho su elección, y debía aceptarlo.
No se dio cuenta del largo trecho que había recorrido hasta que llego a una zona más alejada, donde había unas rocas y un acantilado. Se acerco a un árbol con una amplia sombra para poder descansar y retomar el regreso al Santuario, pero se sorprendió al ver que ya había alguien allí. Quiso regresar sobre sus pasos para no ser visto pero…
- ¡Ah, eres tú Albafica! Me asustaste, no creí encontrar a nadie por aquí. – la joven estaba sentada con un papel sobre sus rodillas y un lápiz de grafito en una mano. Nira, la "hermana menor" de El Cid. La nueva habitante de las 12 casas. La había visto de cerca la primera vez que la conoció, un poco menor que el, cabellos color plata, ojos de un naranja intenso, y una gran sonrisa. El dia que la conocio ella le había tendido la mano para saludarlo, pero el la evitó. Luego la había visto de lejos yendo y viniendo de la recamara del Patriarca, a veces sola, con El Cid o con alguna doncella.
- No tienes que preocuparte, me retirare y te dejare con lo que estabas haciendo. – Albafica se dio la vuelta dispuesto a irse.
- No! – La joven se levantó y se acercó a el – Por favor no te vayas Albafica. Tu presencia no me molesta en lo absoluto. Además…
- Además…?
- Además podrías ayudarme a regresar a las 12 casas. Sali hace unas horas a buscar un lugar donde poder sentarme a dibujar en silencio, pero… creo que me aleje mucho y no se bien como regresar. Tal vez puedas acompañarme.
- No pareces perdida, te noto muy relajada haciendo tu dibujo. ¿Qué hubieras hecho si yo no hubiese aparecido por aquí?
- Bueno… cumplí mi objetivo o no? Encontré un lugar solitario y silencioso donde dibujar ¡No iba a desaprovecharlo! Además, tal vez mi intuición me decía que un salvador aparecería a rescatarme. – le guiñó el ojo izquierdo al decir esto, el ojo con esa extraña marca que había llamado la atención de Albafica apenas la conoció. No pudo evitar soltar una leve sonrisa. La niña tenía carácter y era muy ocurrente.
- Tú ganas. – suspiró - Regresare ahora, puedes seguirme si quieres, pero no te acerques más de la cuenta.
- ¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Podríamos quedarnos un momento mas no crees? Además, tú también viniste a este sitio en busca de algo, y mi dibujo aún no está listo. – Le mostro el dibujo a medio terminar, una réplica hermosa de la vista frente a ellos - Deja que lo termine y luego regresaremos. Además, el atardecer desde aquí debe verse hermoso, no podemos desaprovecharlo.
Volvió a suspirar… debía darle la razón. El paisaje invitaba a sentarse a disfrutarlo, y la vista prometía un hermoso ocaso. No podía desperdiciar su día fuera del templo. Así que se sentó a un lado del árbol.
- De acuerdo, pero procura mantener el silencio y la distancia. Nos iremos apenas comience a anochecer. No quiero tener problemas con mi maestro o El Cid.
- Hecho! Y por mi hermano no te preocupes… está ocupado haciendo una investigación sobre su próxima misión junto con Sísifo.
Así pasaron unos minutos, tal vez una hora. En silencio. Lo único que se oía era el ruido del mar y del grafito sobre la hoja mientras Nira dibujaba. Su maestro le había contado un poco como había llegado al Santuario, que había viajado 4 meses sola desde muy lejos buscando a El Cid. El no conocía más que el Santuario y al maestro Lugonis. ¿Cómo sería recorrer el mundo por sí solo? ¿Acaso el mundo era como el Santuario o Rodorio? No podía saberlo, y tal vez nunca lo supiera. Un contacto con el exterior significaba un contacto con otros… y él no podía permitirse eso. Paso el tiempo pensando en eso, en su infancia al lado de su maestro, en su entrenamiento, en el ritual de sangre y su futuro como santo. "El camino de Piscis o…"
- Oye, Albafica. ¿Quieres una manzana?
Se giro a verla. – Gracias – no iba a negar que tenia hambre, y la fruta se veía deliciosa.
- Kardia me dijo donde conseguir las mejores manzanas. Y es cierto, son deliciosas y super jugosas.
- Gracias Nira. – Kardia, el inquieto y rebelde aprendiz para la armadura de Escorpio.
La joven sonrió, era la primera vez que la llamaba por su nombre… a decir verdad, era la primera vez que intercambiaba más de 2 palabras con él. – Mira, ya terminé mi dibujo. ¿Quieres verlo?
Le extendió el papel, Albafica lo tomo y lo miro sorprendido de lo realista y detallista del dibujo. Había logrado captar perfectamente cada parte del lugar, las luces y sombras, le transmitía la misma paz que el sitio real.
- Vaya, tienes talento. Es muy bonito, te felicito Nira.
La joven volvió a sonreírle, y esta vez Albafica le devolvió la sonrisa. Se quedaron unos instantes viéndose a los ojos, celeste y naranja chocaban... Y más silencio.
- Mira! Ya está poniéndose el sol, Albafica. Ves, no tuvimos que esperar tanto.
Albafica giro su mirada al mar. Era realmente maravillosa la vista, en el horizonte podía verse el Sol poniéndose y tiñendo de naranja la superficie del mar, naranja y celeste. Nira se había puesto de pie en el borde del acantilado, Albafica, aun con el dibujo en la mano se posiciono al lado de ella. Se quedaron un rato más en silencio mientras miraban ponerse el Sol.
- Creo que ya fue demasiado, debemos regresar antes que anochezca Nira. Toma – le extendió el papel, y al tomarlo, Nira rozo la mano de Albafica, quien rápidamente la escondió detrás suyo.
- Lo siento… si, regresemos. – la actitud de Albafica le llamo la atención, pero supuso que la cercanía lo hacía sentir incomodo. Tomo sus cosas y emprendieron el regreso.
Nira se sorprendió de lo lejos que estaban, y de lo fácil que se ubicaba Albafica, ya que le había dicho que nunca había estado en este lugar.
- Vaya, ¡sí que te ubicas bien y tienes buena memoria! Yo no tendría idea de hacia dónde ir. Fue una suerte haberte encontrado.
- ¿Cómo hiciste entonces para llegar sola al Santuario desde tan lejos? Tengo entendido que viajaste muchos meses sola…
- Creo que fue suerte… Como la que tuve hoy. – le sonrió al decir esto. Albafica le devolvió una tímida sonrisa.
Luego de caminar un largo rato vislumbraron las 12 casas, el camino transcurrió la mayor parte en silencio. Cada vez que Nira se acercaba un poco a él, Albafica se alejaba más y bajaba el rostro. Nira no entendía el por qué, supuso que no estaba acostumbrado a tratar con niñas…
No encontraron a Sísifo o El Cid en Sagitario, así que supusieron que se encontrarían con el Patriarca.
- Bueno, hemos llegado. Gracias por acompañarme Albafica. ¿Fue muy divertido, no crees?
- Si, eso creo. Fue algo… diferente… gracias a ti por la compañía. Nos vemos luego – Albafica se dio la vuelta dispuesto a seguir su camino hacia Piscis.
- Espera! Toma, para ti. – Nira le extendió el dibujo que había realizado.
Albafica la miro sorprendido – Te lo agradezco Nira, pero no puedo aceptarlo, es tuyo.
- Claro que puedes, es un regalo. Me gustaría que lo aceptaras. Además, si no fuera por ti aun seguiría en el acantilado perdida…
Albafica la miro un segundo, tomo el dibujo y bajo la mirada avergonzado. – Gracias, es realmente hermoso.
Nira le sonrió. Albafica era muy tímido y se notaba que no estaba acostumbrado a tratar con gente.
- Bueno, me retiro al 12vo templo. Hasta luego Nira. – Y se marchó de allí.
Cuando llego a su templo su maestro lo estaba esperando para cenar. Dejo el dibujo que le había dado Nira en su cuarto, junto a la cama. Sonrió.
Mientras cenaban Lugonis noto algo diferente en su alumno.
- ¿Pasaste una tarde interesante Albafica? Creí que llegarías más temprano.
- Lo siento maestro, creo que se me paso el tiempo sin darme cuenta.
- No estoy retándote Albafica, al contrario. Hay muchos lugares muy lindos en el Santuario para pasar el rato.
- Si, gracias maestro. Me retiro a descansar. Con permiso.
Albafica se retiro a su habitación, se acostó y observo el techo de su alcoba pensando en lo que había sucedido esa tarde. Nunca había mantenido una conversación tan larga con alguien que no fuera su maestro. Se giro y observo el dibujo. Sonrió, ya había perdido la cuenta de las veces que había sonreído ese día. Sí que había sido una tarde interesante.
