«Creo que tendré que ir a un psicólogo después de lo que he presenciado». Pensó Karin con preocupación mientras caminaba junto a Inuyasha, Kagome y Shippo.
Los últimos días vividos en la Era Feudal con su hermana fueron una locura muy intensa, una peor que otra. Ya que había decido que por unos pocos días los acompañaría en su búsqueda con los fragmentos para luego volver a la aldea y avanzar con su entrenamiento.
La primera aventura loca que vivió y que casi le causa una crisis mental fue que conocieron a una niña llamada Nazuna que había mostrado cierto desdén hacían Inuyasha y Shippo. Al llevarla al templo donde vivía, un amable monje los recibió y algunas de sus dudas por el comportamiento de la chica fueron despejadas cuando él monje les había explicado que los padres de Nazuna fueron asesinados por un monstruo cabeza de araña. Al saber ese hecho sintió pena por lo que había vivido la niña y le recordó la situación similar que había vivido Shippo.
Lo peor de ese día fue que habían atacado el templo donde se estaban hospedando, en dicho disturbio había conocida al famoso "anciano Myoga" y, por último, lo más importante había descubierto que Inuyasha se convertía en humano en las noches de luna nueva. Obviamente este hallazgo provoco que su hermana le reclamara a Inuyasha por no haber tenido la confianza de revelar su secreto, lo que ocasiono una pelea.
Luego Inuyasha había decidido en buscar el equipaje que su linda hermanita Kagome se había olvidado en el templo donde también estaban los fragmentos que habían recolectado anteriormente. No estaba de acuerdo que este fuera solo y como hermana mayor decidió acompañarlo, lo que causo que tanto Kagome como Inuyasha no le gustaran esa decisión y que Shippo se mostrara preocupado. Sin embargo, nadie objeto sabiendo su carácter testarudo.
En ese momento recordó la charla privada que había tenido con Inuyasha cuando los dos iban hacían el templo.
—¿También vas a reclamarme por haber guardado este secreto? —pregunto Inuyasha mientras evitara mirar el rostro de Karin.
La azabache miro a su acompañante que se encontraba silenciosamente incómodo y evitaba mirarla a los ojos.
—No —contesto ella haciendo que Inuyasha la mirara sorprendido—. Tienes razón, has vivido solo por mucho tiempo y estas en todo tu derecho de guardar un importante secreto como este.
—¿Lo aceptas así de fácil? —Inuyasha miro con sospecha a la chica, no creyendo que se mostrara a si de tranquila.
Karin soltó una suave risa.
—No soy Kagome, Inuyasha. No voy cuestionarte y tampoco juzgo tu desconfianza hacia otros —declaro con sinceridad—. Aún tenemos tiempo de ganarnos tu confianza, solo quiero recordarte que ya no estás solo.
Ante lo dicho, Inuyasha no supo que decir y Karin al ver que este se encontraban en silencio dio la charla por terminada.
Luego haber tenido esa charla privada, al llegar al templo descubrieron que el monstruo cabeza de araña se había hecho pasar por el monje que los había hospedado; y lo peor de todo es que había intentado de robar los fragmentos.
Hubo disturbios aquí, gritos allá, drama por doquier pero finalmente hubo un final feliz.
Esa era la primera crisis que había tenido y que aún lo seguía procesando.
La segunda locura que vivió fue en la aldea y lo estresante de todo es que su hermanita estaba involucrada como siempre. Aun recordaba claramente como Kagome había sido secuestrada por una bruja. ¡¿Por qué el universo se divertía haciéndola preocupar?! A este paso envejecería mucho más rápido y en sus veintes se quedaría calva.
En resumen, su hermana fue secuestrada por la una bruja llamada Urasue con la intensión de resucitar a la famosa "Kikyo" que tanto habían mencionado anteriormente. Cuando vio el alma de Kagome salirse de su cuerpo, casi le agarra un ataque y por impulso intento clavarle una flecha a la bruja en el medio de la cara aunque para su decepcion fallo.
Sin embargo, se había creado un drama digno de película donde Inuyasha se encontraba desconcertado al ver Kikyo y en donde esta se convirtió en una psicópata lanzadora de flecha que intentaba lastimar al pobre chico mitad demonio. Aunque quería proteger a Inuyasha no podía enfrentarse a una poderosa sacerdotisa como ella; ya que aún no tenía un control total de sus poderes.
Finamente después de todo una odisea, Kagome recupero sus almas, pero la Kikyo zombie se alejó de la zona para no morir nuevamente, aunque en teoría ya estaba muerta y para empeorar la situación Inuyasha la siguió.
Moraleja de ese día: con los muertos no se juega.
El extraño cuarteto que se encontraba en la búsqueda de los fragmentos caminaba tranquilamente por el sendero de una montaña. Karin aún se encontraba sumida pensando en cómo mejorar el control de sus poderes para proteger a su hermana y no darle tanto trabajo a Inuyasha; hasta que repentinamente salió de sus pensamientos viendo como un extraño monstruo se llevaba a Inuyasha y a Shippo cuesta abajo.
—¡¿Pero qué carajos?! —exclamo Karin mirando caer a Inuyasha y Shippo por el sendero de la montaña.
—¡Inuyasha! —grito Kagome con preocupación.
—Ey, Kagome porque... ¿eh? —Karin miro con incredulidad como otro monje se llevaba a su hermana junto con la bicicleta de esta—. ¡¿Alguien me quiere explicar como un monje de esta época sabe usar una bicicleta?!
Sin quedarse de brazos cruzados aprovechando que aun podía divisar la silueta del sujeto, corrió en esa dirección para recuperar a su hermana y los fragmentos que tenía esta; porque ya daba por sentado que cualquier ser que se cruzaba buscaban los fragmentos de Shikon.
«¡Maldición! Tengo que hacer más ejercicio». Pensó Karin frustrada notando la falta de aire.
Lo que paso después fue sorpréndete, cuando el sujeto se detuvo por un instante y con su mano derecha provoco una extraña ráfaga de viento. En ese momento, su hermana aprovecho escapando del extraño, pero por una extraña razón decidió seguirlo ahora más tranquila sabiendo que Kagome ahora estaba a salvo.
Dedujo en ese momento que si el tipo dejo a ir a Kagome fue porque: uno, no quería ser perseguido o, dos, obtuvo los fragmentos. Optaba por la segunda opción porque era mucho más lógica.
Luego de un rato de seguir al misterioso monje, lo encontró entrando a una aldea y fue en ese momento que se acercó a él y lo sujeto por el hombro.
—¡Oye tú! —Karin lo miro de forma amenazante.
El monje miro a Karin con sorpresa.
—Bendita sea esos ojos azules preciosa —halago este haciendo que la joven azabache lo mirara desconcertada—. Me llamo Miroku, estoy a tus servicios.
—Ey, no intentes ganarte mi corazón con palabras bonitas, monje, no funcionara —declaro Karin mirándolo con desconfianza—. Ahora debo suponer que le robaste los fragmentos a mi hermana menor.
Miroku la miro seriamente.
—Estas equivocada, hermosa señorita.
—Ya no mientas —pidió Karin—, por alguna extraña razón también puedo sentir los fragmentos de esa perla y tu monje conquistador los tienes colgado en tu cuello —señalo con obviedad.
—¿Y qué piensas hacer al respecto? —Miroku la miro con una sonrisa.
—¡Karin! —se escuchó la voz de Inuyasha y Kagome a la distancia.
Karin le devolvió la sonrisa a Miroku.
—Nada, mis refuerzos vienen en camino.
«¿Cómo llegamos de estar en una pelea a estar los cuatros sentados?». Pensó Karin recordando todo el alboroto que tanto Inuyasha como Miroku habían ocasionado en la aldea.
—La razón por la que estoy reuniendo los fragmentos es para destruir al monstruo que tanto he buscado —explico Miroku—. El nombre de ese monstruo es Naraku, el cual es una amenaza.
—¿Naraku? —Kagome lo miro con atención a todo lo que decía.
—Este agujero que tengo en la mano derecha —dijo Miroku mostrando su mano—, fue una maldición que me hizo Naraku.
«¿Maldición? Tengo un presentimiento que nos estamos metiendo en la boca del lobo». Pensó Karin con preocupación.
—¿Y qué clase de monstruo es Naraku? —pregunto Kagome.
—Posee una presencia maligna y se come a las personas —contesto Miroku al mismo tiempo que Karin ponía cara de horror al escuchar lo último—, y esa es la única información que tengo.
—Je pense que je vais aller me cacher à la maison (Creo que me iré a esconder en casa) —comento Karin inconscientemente haciendo que Miroku e Inuyasha la miraran extrañados mientras que Kagome fruncía el ceño mientras que Shippo miraba toda la escena divertido arriba de un árbol—. Disculpen, ustedes prosigan e ignoren las estupideces que hago—se disculpó viendo que la habían escuchado.
—Prosiga monje Miroku —pidió Kagome.
—La última pelea con Naraku fue hace más de cincuenta años cuando mi abuelo era joven. A través de la historia han transcurrido cientos de años donde se llevaron a cabo más peleas con Naraku —relato el seriamente—. Y cada vez que aparece toma la apariencia de alguna persona.
—¿Se transforma en otras personas? —Kagome se encontraba confundida.
—Dicen que la última vez que apareció en este mundo, se transformó en una mujer con un hermoso cuerpo —siguió relatando Miroku—. Mi abuelo tenía un asombroso poder espiritual, pero desafortunadamente...
—Era atrevido con las mujeres, ¿no? —revelo Karin—. Parce que ça ne me surprend pas (Porque no me sorprende).
—Tiene sentido —concordó Kagome con su hermana mayor.
—Eres hermosa e inteligente —dijo Miroku mirando a Karin.
—Lo sé—contesto ella con arrogancia al mismo tiempo que Kagome la miraba con negación.
—Siguiendo con la historia, Naraku le hizo un agujero a la mano derecha de mi abuelo y sus palabras fueron: "He puesto un agujero en tu mano y serás absorbido por él, te advierto que tus descendientes tendrán la misma maldición a menos que me destruyas. Esa tragedia será la que erradicará a tu familia." —termino relatando mientras miraba su mano.
—Que perra —informo Karin.
—¡Cállate Karin! —susurro Kagome.
—El agujero ha crecido con los años y su fuerza se ha incrementado constantemente, sino logro derrotar a Naraku; lo más seguro es que sea absorbido por él.
—¿Te refieres a que morirás a causa del agujero?
Karin se palmeo la frente por el poco tacto que a veces solía tener su hermanita.
—No hermana, lo que pasa es que Miroku desaparecerá y luego reencarnará en un animal —comento ella con sarcasmo.
—¡No uses tu sarcasmo conmigo!
—¡Entonces no seas tan directa!
Ambas hermanas dejaron de pelear cuando Miroku intervino:
—Si ese es mi destino con gusto lo aceptare, sin embargo, no puedo permitir que Naraku siga con vida —informo con determinación—. La perla de Shikon que había desaparecido hace cincuenta años, ha vuelto aparecer y se rompió en mil fragmentos —dicho esto Karin le lanzo una mirada a Kagome y está la ignoro—. Asique Naraku comenzara a reunirlos para convertirse en unos de los demonios más poderosos y eso es porque hace cincuenta años; él se aprovechó de las circunstancias para adueñarse de esa perla matando a la sacerdotisa que la protegía.
Lo dicho por Miroku había provocado que Inuyasha se alterara haciendo que Karin se sobresaltara sorprendida. Teniendo en cuenta que Kikyo era quien protegía la perla e Inuyasha la conocía, suponía que se relacionaba con su pasado.
—¡Mencionaste que toma las apariencias de las personas! ¡¿No sabes que apariencia tiene ahora?! —pregunto Inuyasha agarrando bruscamente las ropas de Miroku.
—Si lo supiera, ya le hubiera dado su merecido a ese tonto desde hace mucho —respondió Miroku molesto.
—Muy bien, muchachos, cálmense —intervino Karin intentando separarlos.
En ese momento, Kagome había sugerido repentinamente a Miroku que se uniera al grupo para reunir juntos los fragmentos, pero este término rechazo la oferta.
—Lo siento mucho, pero no suelo involucrarme con las personas es algo que me desagrada.
—Que lastima, ya que me empezabas a caer bien —comento Karin—. Además, viendo que pareces mayor que Inuyasha y Kagome podrías vigilarlos en los momentos que no esté —susurro esto ultima más para sí misma.
—¿Acaso se preocupa por mí, señorita Karin? —insinuó Miroku.
—Posiblemente, eres una pobre alma en desgracia y mi sensible corazón no lo resiste —dijo Karin con cierto drama exagerado mientras que veía como su hermana e Inuyasha veían todo en silencio.
—Si es así quisiere pedirle un pequeño favor —Miroku agarro las manos de Karin.
—¿A sí? ¿Cuál sería ese pequeño favor? —arqueo Karin una ceja mirándolo curiosa.
—¿Podría tener un hermoso hijo conmigo?
—¡¿Qué?! —exclamo Kagome incrédula.
—¡Sueltas sus manos monjes libidinoso! —reclamo Inuyasha al escuchar las intenciones de Miroku.
—Está bien.
Kagome e Inuyasha miraron a la azabache con incredulidad mientras Miroku también se encontraba sorprendido esperando que lo rechazaran.
—¿Es enserio? —pregunto Miroku incrédulo.
—¡Claro! Pero primero debes saber que, si voy a tener un hijo contigo, hay que casarnos y quero una boda muy costosa para causar envidia en las aldeanas y, por cierto, me gustan los niños asique no quiero uno, quiero diez. ¿Lo tomas o lo dejas? —dijo Karin sonriendo divertida, obviamente que no lo decía enserio, pero era divertido ver las caras de sorpresa de los demás.
—¡¿Qué dices hermana?!
—¡¿Estás loca?!
Miroku al ver la sonrisa de Karin entendió que no lo estaba diciendo enserio y viendo el escándalo que causaban Inuyasha y Kagome, quiso seguirle un poco más el juego.
—¿Diez hijos? Perfecto, me gustan las familias numerosas.
«Creo que encontré a un buen aliado.»
¿Y que les pareció? ¿Algún Reviews?
¡Hasta el próximo capitulo!
