«¡¿Acaso, Kagome se cree la mujer maravilla?! ¡Ya van dos veces que ese idiota intenta matarla! Relajate Karin, despeja tu mente»
—Asique se volvieron a encontrar con el hermano mayor de Inuyasha mientras yo estaba en la aldea —reflexiono Karin todo lo que Miroku le habia dicho mientras que este la ayudaba con el manejo de sus poderes a través de la meditación.
—¿Aun no conoces a Sesshomaru?
—No tuve la desgracia de toparme con ese maldito —contesto ella con los ojos cerrados—. No puedo creer que Sesshomaru se alió con Naraku para obtener a Colmillo de Acero y es por esa razón, que Inuyasha lanzo a mi hermana por el pozo quintándole los fragmentos para que no pueda volver y me dejo a mi aquí varada usando mi punto débil diciéndome que "me necesita y que confiaba en mi para cubrirle la espalda".
Miroku dejo de meditar para mirar a la chica sentada a su lado.
—Que Inuyasha confié en ti y haya pedido tu ayuda, es porque tal vez, si te ve como una hermana mayor en quien confiar.
Karin abrió los ojos y miro a su acompañante.
—¡Por supuesto! Si el hermano que tiene es un bastardo. En mi opinión, esa familia no tiene una relación sana.
El joven monje sonrió, esa chica sí que tenía una personalidad inusual.
—¿Ustedes son estúpidos? Si ven un lobo gigante tienen que darse media vuelta y correr —declaro Karin mientras le ponía un ungüento en la espalda de Inuyasha para que la herida no se infectara—. Eso paso porque yo no estaba con ustedes. Tendrían que haberme avisado que iban a ir a esa cueva —miro con el ceño fruncido a Miroku—, y tu Shippo no tienes que quedarte solo por mas demonio zorro que sea, aun eres un niño —dijo viendo como el niño asentía en silencio.
Suspiro a este paso tendría que tener un ojo en cada segundo sobre Miroku e Inuyasha, ya que con la ayuda de la anciana Kaede ambos habían ido a la misteriosa cueva donde tiempo atrás Kikyo cuidaba de un bandido.
—Estoy bien, mis heridas son insignificantes que no siento dolor —revelo Inuyasha mientras que Karin presiona a propósito una de las heridas de su espalda—. ¡Tks! ¡Ten cuidado!
—¿Decías? —Karin lo miro arqueando una ceja—. Aunque tengas una curación rápida están heridas son profundas. ¡Ugg! ¡Tu hermano es una bestia como pudo hacerte esto! —exclamo furiosa viendo las heridas.
—¿Quieres relajarte? Estoy bien.
La azabache frunció el ceño mirándolo.
—Aun estas muy débil, Inuyasha, deberías preocuparte por curar tus heridas —dijo Miroku mirando como la Karin y la anciana Kaede cuidaba las heridas de Inuayasha.
—Él tiene razón —coincidió Kaede con el joven monje—. Además, sabes la clase de enemigo que es Naraku y por esa razón decidiste que Kagome regresara al otro lado del pozo.
Karin bufo.
—Exacto, decidiste que Kagome regresara y que yo me quedara para ayudarte. ¡Por lo que tienes que hacerme caso cuando se trata de tu salud, porque por una razón me dedique a estudiar medicina! —menciono ella irritada.
—Yo tampoco quiero morir en el intento, asique necesito que recuperes tu energía lo más rápido posible, Inuyasha —manifestó Miroku haciendo que Inuyasha se separar de ambas mujeres y se sentó para mirar a este.
—¡No seas pesimista, Miroku! Por eso, quiero salir de inmediato a combatir.
—Inuyasha, por favor, el descaso sana el cuerpo —dijo el con serenidad—. ¡Cuántas veces tengo que decírtelo para que entiendas, tonto, tonto! —perdió su paciencia mientras le pisaba la espalda varias veces al chico mitad demonio.
—¡Miroku maldito! Lo acabo de curar —se quejó Karin cruzando los brazos como si fuera una niña molesta.
—No hagas eso su herida se puede abrir —advirtió la anciana Kaede.
En la noche, Karin se encontraba custodiando la cabaña en la que Inuyasha junto con Shippo estaban encerrados. Ese momento se encontraba confundida ya que no sabía si sentirse preocupada por estar varada en la Era Feudal. Tenía obligaciones que cumplir en su trabajo, familia y amigos que estarían preocupados, pero al mismo tiempo no quería abandonar a Inuyasha, Miroku y a Shippo.
Miro el cielo nocturno y suspiro mientras se frotaba las cienes.
—¿Extrañas a tu familia? —pregunto Miroku sentándose a su lado,
—Sí, pero a la vez tengo una mezcla de sentimientos —admitió Karin—. ¿Y tú? ¿Cómo está el agujero de tu mano? —pregunto sabiendo que los insectos venenosos que había absorbido le había causado un cierto dolor.
El chico la miro confundido por la pregunta, hacía tiempo que alguien se preocupaba o preguntaba el cómo se encontraba.
—Supongo que bien.
Karin frunció el ceño ante la respuesta.
—¿Enserio? Nadie puede ser tan relajado y tú también tienes preocupaciones —declaro ella—. Tienes un agujero en tu mano, Miroku. Está bien mostrarse preocupado y tener miedo puedes hablar de eso conmigo; si estuviera en tu lugar también tendría miedo.
—Eres muy perceptiva, señorita Karin.
—Te dije que puedes llamarme, Karin.
—Aprendí a convivir con el miedo desde niño —confeso Miroku serio—, acepté hace tiempo el posible hecho de ser absorbido por el agujero de mi mano al igual que mi padre.
Antes lo dicho, Karin agarro una de las manos de Miroku para darle apoyo.
—Ey, ten más confianza —dijo intentando levantar su ánimo—. Vamos a derrotar a Naraku, ya que teniendo a esta chica en el grupo tienen la victoria asegurada —bromeo mostrándose arrogante.
La declaración de la azabache hizo que Miroku tuviera que reprimir una risa, la seguridad en sus palabras era algo relajante de escuchar.
—¿Sabes lo que me haría sentir mejor y con más confianza? —insinuó Miroku sonriendo.
—¿Qué? —Karin arqueo una ceja sonriente.
—Un abrazo.
—Bien, te daré uno de mis mejores abrazos, pero si tu mano se sobrepasa monje no desaparecerás a causa del agujero en tu mano, ¿Escuchaste? —amenazo ella viendo al chico asentir silencioso.
La azabache no dudo en abrazar al joven monje porque sabía que podría ser reconfortante para él. Aunque conocía a Miroku en un periodo corto de tiempo, presentía que era una persona de confianza y que, aunque se mostrara siempre sereno y despreocupado coqueteando con otras mujeres también era un ser humano que oculta sus preocupaciones y miedos.
En la madrugada tanto Karin como Miroku y la anciana Kaede se encontraba sentados en frente de la cabaña formando una barrera de invisibilidad para ocultar sus presencias y la de Inuyasha. El monje le había explicado a la azabache brevemente en cómo ayudar en la formación de la barrera haciendo que tuviera mucha motivación para seguir aprendiendo a manejar sus poderes.
De pronto, el viento comenzó a notarse.
—No me gusta este viento —admitió Miroku.
Karin sintió un escalofrió en su nuca y tuvo la necesidad de mirar específicamente en una dirección.
—¿Es posible que la presencia de ese Royakan se esté acercando? —pregunto ella confundida.
—Así es —contesto Miroku—. Mucho cuidado, anciana Kaede —le advirtió.
En ese momento, una horda de lobos apareció en el cielo haciendo que Karin quedara desconcertada y congelada en su lugar; pero suspiro de alivio que cuando los lobos se acercaron fueron repelidos por la barrera. Sin embargo, no podía quedarse tranquila cuando en frente de ella se encontraba un lobo mutante del tamaño de un edificio.
—¡Inuyasha! ¿Dónde estás? —dijo Royakan.
«Mientras mantengamos este campo de energía, ningún monstruo podrá saber dónde se encuentra Inuyasha». Pensó Kaede.
«¿Qué le habrá sucedido? Se ve diferente a la última vez». Miroku miraba al gigante lobo con seriedad. «¿Le habrá incrustado otro fragmento de la perla?».
«¡Quiero volver a casa!». Sollozo Karin de forma mental mientras veía a la mutación genética golpear constantemente la barrera.
En todo el disturbio, Miroku intercepto una lanza dirigiéndose en dirección donde se encontraba la mujer mayor. Por otro lado, Karin se encontraba al lado de Miroku por lo que se encontraba muy lejos de la mujer para intentar protegerla.
—¡Anciana Kaede! —grito Miroku.
—¡No se mueva! —ordeno Kaede.
—Tengo que hacerlo —dijo Miroku desviando la lanza con su bastón, al mismo tiempo, que la barrera desaparecía.
«Kami, soy yo de nuevo. Sé que te abandone hace años, pero si eres tan benevolente te ruego que nos protejas y te prometo que voy a orar todas las mañanas, aunque ni yo me creo esa última».
Al desaparecer la barrera, lo primero que hizo Royakan fue destruir la cabaña donde se encontraba Inuyasha haciendo que el corazón de Karin se acelerara. No paso mucho tiempo hasta que vio al chico mitad demonio con el Colmillo de Acero desenvainado haciendo que suspirara de alivio.
—Gracias por sacarme de ese lugar, Royakan —agradeció Inuyasha con una sonrisa soberbia—. Esos tres —miro en la dirección donde se encontraba Karin, Miroku y Kaede— me encerraron y ya no soportaba más.
Karin lo fulmino.
—¡Idiota, Kaede y yo te curamos! —reclamo esta irritada—. ¡Y yo que me preocupo por ti, que perdida de tiempo!
—El agradecimiento no es su virtud —declaro Miroku.
—Su paciencia tampoco —coincidió Karin con el monje.
Ambos se miraron y agarraron sus respectivas armas para ayudar al desagradecido hibrido que se encontraba peleando con Royakan.
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¡Hasta el próximo capitulo!
