Sakura... ¿qué es una Sakura?

Disclaimer: Bueno pues este es mi primer intento de One-Shot.

Con total honestidad, díganme su opinión, por favor. Lo apreciaría muchísimo.

El género es fantasía y está basado ligeramente en la película de El Mundo Secreto de Arrietty de estudio Ghibli y la novela de Mary Norton The Borrowers. Retomé a grandes rasgos lo que me gustó de la historia y le di un giro.


Sasuke nunca fue como la mayoría de los niños. Él jamás se creyó el cuento de la cigüeña que deja a los bebés en el umbral de la puerta de los padres, o del barrigón bondadoso de blanca barba que da obsequios a los niños que se "portan bien" en navidad; o del ratón de los dientes que te recompensa por poner las piezas de dentadura que vas perdiendo, y que, por alguna razón, sólo recoge si están bajo la almohada mientras duermes. O, lo peor de todos, los cuentos de hadas con magia y seres voladores.

No, Sasuke nunca fue de esos niños y no soportaba que le mintieran de esa manera. Se congratulaba en ser alguien que usaba la ciencia, y que, desde los 5 años, sabía cuando sus papás mentían o decían la verdad.

Por eso, una mañana, cuando el jardín de su madre brillaba con los rayos del sol que apenas se levantaba, y vio de refilón un borrón de color rosa, su primer pensamiento fue hacia las flores que tan devotamente su madre plantaba cada primavera. Aunque no hubiera ninguna de ese color en esa zona del jardín.

La segunda vez que lo vio, estaba seguro que eran las flores del árbol de cerezo que comenzaban a brotar y que el viento arrancaba de las ramas y esparcía por el jardín, aunque este estuviera del otro lado de la casa.

«Los vientos a veces son fuertes, pueden traer los pétalos hasta aquí», pensó, aunque con un poco menos de convicción que la primera vez.

Para la tercera ocasión, el borrón no dejaba de moverse, saltando de un lado a otro, como un grillo, o un ratoncillo demasiado animado, así que quizá fuera eso, sentenció, decido a no dejar volar su imaginación hacia fantasías sin sentido. Sí, un ratón era una explicación tan buena como cualquier otra, pero... ¿rosa?

Después de una semana de avistamientos, o "ilusiones ópticas" (como le gustaba llamarlo), Sasuke no podía soportarlo más. A los 13 años, se consideraba alguien maduro y sensato. Pensaba en ser un hombre de ciencia. Tal vez un físico o un paleontólogo; amaba los dinosaurios desde que podía recordar, conocía todos y cada uno de los elementos de la tabla periódica y podía recitar sin temor a equivocarse el número, la masa, y la configuración electrónica de los mismos.

En pocas palabras, no había algo que él no pudiera resolver con el poder del conocimiento puro y exacto.

O eso creía.

Esa mañana armado con una redecilla pegada a una varita, en una improvisada cazamariposas que le valió dos días de burlas por parte de Itachi al llamarlo como una caricatura boba de antropoides marinos, decidió subirse al roble frente a la ventana de su cuarto con binoculares en mano. Si le llamaban, podría brincar rápidamente de regreso y pretender leer o estudiar algo en su microscopio.

Esperó lo que le pareció una eternidad hasta que sucedió. A penas un destallo a simple vista, pero con los binoculares por fin pudo verlo. Quiero decir, de verdad verlo. ERA UNA PERSONA, como en el cuento de Pulgarcito que su mamá le leía a los 4 años. Una persona diminuta. UN NIÑO, como él. Bueno, no exactamente como él, este niño no era más grande que un ratón. Al menos en el tamaño no había errado. Pero... ¿qué era? Estaba 100% seguro de estar despierto. Bueno, quizá un 99% seguro. Siempre habría que dejar una posibilidad para las variables.

Sasuke, como buen científico, empezó a hacer hipótesis; ¿una especie no reconocida y nunca antes vista de...?

¡¿DE QUÉ?!

Definitivamente no era un ratón. Y tampoco era un grillo. ¿Sería algo así como un Gregorio Samsa, pero al revés? Sasuke nunca había estado más confundido.

Bajando del árbol lo más silenciosamente que pudo, se ocultó detrás del tronco y se agazapó. Tenía mejor vista que desde arriba.

Definitivamente era una persona. Un niño, con dos piernas, dos brazos y cabello de color rosa. Estaba cortando el tallo de una flor.

¿Qué rayos estaba pasando? ¿Acaso su casa había sido construida sobre un vertedero de desechos radioactivos?

—Creo que me estoy volviendo loco. Sí, eso debe ser—, dijo en voz alta sin darse cuenta, asustando al pequeño niño que antes había estado tan absorto en su tarea para notarlo, pero que ahora, temblaba de pies a cabeza viéndolo directamente a los ojos.

Desde donde estaba, Sasuke no podía distinguir sus facciones, pero estaba seguro de que estaba aterrado. Como un venado (a escala) frente a las luces de un camión.

En un parpadeo, la pequeña creatura había desaparecido, fundiéndose con el pasto y las flores del jardín.

Por muchas noches, Sasuke no pudo dormir. Retiró múltiples libros sobre insectos y animales diminutos de la biblioteca de su padre. Y consultó todos los artículos que pudo encontrar sobre la radioactividad y sus efectos a largo plazo.

Nada tenía sentido.

Hasta que de pronto, le llegó una epifanía. No importaba que fuera, era evidente que no había constancia de la existencia de algo así... aún.

Él debía hacerlo.

Era su deber con la comunidad científica registrar cada avistamiento. Tomar fotos, y de ser posible, capturar al ejemplar. Podía escribir un artículo, comenzar a hacerse un nombre. Si esto resultaba, podría llegar a ganar premios y reconocimientos. Ya podía verlo: "Uchiha Sasuke, el científico más joven en ganar un premio Nobel".

Y con eso estuvo decidido, capturaría a.… lo que sea que eso fuera y lo estudiaría.

Por semanas, Sasuke esperó con ansias un segundo encuentro, pero este simplemente no sucedía. Cambió varias veces de posición. Se ocultó de todas las formas que se le ocurrieron, colocó terrones de azúcar, trozos de galletas y chocolates por toda la casa en pequeñas trampas improvisadas que le arrancaban sustos a su madre y que lo metieron en problemas por la cantidad de hormigas y otras alimañas del jardín que se colaron dentro de la casa atraídas por los dulces. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la creatura no se dignaba a aparecer.

Finalmente, Sasuke comenzó a dudar de lo que había visto, y hasta de su sanidad. Para cuando se convenció que probablemente necesitara visitar un psiquiatra, volvió a verle.

Estaba ahí, en su propio cuarto, sobre la caja de los pañuelos, dirigiéndole una mirada colmada de una furia cegadora que sólo podía compararse a la de su madre cuando él o Itachi se quedaban despiertos hasta las tantas de la madrugada o regresaban a casa cubiertos en barro después de jugar a ser ninjas en el bosque.

—Déjame en paz. No sé quién te crees que eres, pero no te permitiré echarme de aquí. Esta es MÍ casa. He vivido aquí desde antes que llegaras tú y no me iré— le soltó el pequeño ser sin demasiada ceremonia. ¡PUEDE HABLAR! —, claro que puedo, y sé perfectamente lo que haces, "niño genio"— fue entonces cuando Sasuke se dio cuenta. No era un niño, como él. Era una niña, una niña muy pequeña. Además, ahora que podía verla de cerca, sus facciones eran perfectas, surreales, como de hada... La duda lo invadió, ¿lo sería?

Imposible. Las hadas no existen repitió en su mente una y otra vez como un mantra. Debía estar soñando otra vez.

—Para de una vez; soy real—, y con eso, sacó una flecha del carcaj que llevaba en la espalda y se la arrojó con el arco que no había notado llevaba consigo.

Sasuke sólo atino a cubrirse el rostro haciendo que la flecha le rebotara en la mano. Como un mosquito tratando de picarle.

—¡Oye! — se quejó bajito mientras se rascaba la muñeca. Ella sólo rodó los ojos— De acuerdo, eres real te creo, pero... ¿Qué eres? — preguntó aún con la voz y la mirada cargadas de duda.

—Pensaba que eras un genio, o, al menos, eso dice la señora que se parece a ti— negó categóricamente con la cabeza.

Sasuke entrecerró los ojos.

—Soy una Sakura, claro. ¿Es que acaso no es evidente? — la observó desde el cabello rosado, el vestido rojo y las botas hechas de diminutas hojas secas.

¿Una Sakura? Llevaba días dándole vueltas a todos los libros de biología de los que pudo hacerse. Conocía de cubierta a cubierta el contenido de El origen de las especies. No había explicación lógica de lo que estaba viendo y de lo que ella le decía.

«¿Qué rayos era una Sakura? Era acaso el pétalo de una flor de Sakura, o el "espíritu" de un árbol de Sakura, ¿eso era lo que quería decirle?» Él no se consideraba una persona espiritual, no creía en aquello que no pudiera probar. Tal vez esta era la prueba de que Dios existía y tenía un sentido del humor bastante retorcido.

— No soy el espíritu de nada, ¡YO SOY UNA SAKURA!

Volvió a observarla sin decir una palabra. Al parecer no hacía falta, porque, o ella podía leerle el pensamiento o él hablaba en voz alta sin darse cuenta.

—En realidad no eres tan listo, ¿verdad? — Sasuke volvió a fruncir el cejo claramente ofendido.

—Recapitulemos, ¿quieres? Eres una Sakura, o sea, tu especie se llama Sakura, ¿no?

—¡No! Bueno sí. No lo sé. Soy una Sakura porque me llamo Sakura, y porque soy la única que existe. ¿Entiendes? Lo que no se nombra no existe, por lo que yo misma me he puesto Sakura.

—Eso no tiene sentido.

—Claro que lo tiene. ¿Tú qué eres?

—Yo soy un humano. Es decir, de la especie humana y me llamo Sasuke. Mi especie sigue una larga línea evolutiva de miles de millones de años cuyos orígenes se remontan a los más profundos océanos. Y mi nombre es Sasuke por el abuelo de un amigo de mi padre. ¿Ves?, es diferente.

Ella permaneció en silencio un tiempo, como sopesando la información que acababa de recibir.

— ¿Qué es un oce-á-no? — preguntó Sakura por fin después de un rato.

— El océano es una masa de agua que compone gran parte de la hidrósfera de un cuerpo celeste— recitó sin titubear.

Sakura volvió a considerarlo un momento y luego preguntó — ¿Qué es masa?, ¿qué es hidrósfera?, y ¿qué es cuerpo celeste?

Sasuke suspiró al tiempo que comenzó a frotarse las sienes. No había forma en que pudiera explicarle la evolución a un ser que ni siquiera sabía dónde estaba parada.

—Te lo explicaré después. Primero, dime, ¿dónde están tus padres?, ¿cómo puedes ser la única de tu especie?, ¿cómo naciste? — Sasuke sentía el bullir de las preguntas en su cabeza, como un panal de abejas alebrestado. Necesitaba respuestas.

En cambio, Sakura sintió cada una de esas preguntas como puñales atravesándola; llevaba demasiado tiempo pensando en eso, y la realidad era que no tenía ni la más remota idea.

Sasuke pudo ver sus hombros caer un poco.

¿Cómo alguien no podría saber de dónde vino? A menos que...

— No lo sabes, ¿verdad? No sabes dónde están tus padres — eso último no era una pregunta.

Ella sólo negó con la cabeza.

—En realidad, no sé si tengo padres. Estos meses he visto como la mujer que se parece a ti los arropa para dormir y les da besos en la frente, a ti y al muchacho del cabello largo— Sasuke sintió sus orejas calentarse.

—Susurra para sí misma cuando cocina que espera te guste lo que ha preparado, y se preocupa cuando el señor más alto regresa más tarde de lo que acostumbra. Yo... no puedo recordar haber tenido algo de eso alguna vez —, su voz fue haciéndose más pequeña hasta que se convirtió en un susurro casi ininteligible. Casi podía estar seguro de que estaba llorando.

Después de un rato en silencio, Sakura volvió a cuadrar los hombros y prosiguió como si nada hubiera pasado.

—Hace algún tiempo desperté sola en el hueco de aquel árbol de flores rosas, y he estado sola desde entonces. No he visto a nadie que se parezca a mí. Nunca. Hasta que llegaron ustedes. Me nombré Sakura porque fue lo primero que vino a mi mente cuando vi mi reflejo en el agua de un charco— podía darse cuenta lo mucho que quería darle sentido a su existencia y que él le entendiera. Probablemente nunca le hubiera dicho esto a nadie antes.

Sasuke sintió pena. Pero no supo que decir. Nunca había sido bueno para hacer sentir mejor a las personas. En su defensa, la ciencia debía ser objetiva y no dejarse llevar por corazonadas, o emotividad. Así que el consuelo, no era algo que pudiera decir practicara periódicamente.

—Tengo dos piernas y dos brazos; manos, pies, ojos, boca y nariz. Puedo ver lo mucho que me parezco a ustedes, pero aun así no logro entender, ¿por qué es que son tan grandes? — casi se hecha a reír con eso.

—No es que yo sea muy alto, es que tú eres muy pequeña— vio su rostro llenarse de duda. No le creía.

—Bueno, eso no puedes saberlo, puede que haya muchas personas como yo. Puede que yo no sea la única, y en realidad todos esté escondidos. Yo he sido muy cobarde, lo más lejos que he llegado es al río que está atrás de aquellos árboles— dijo señalando el lado oeste del jardín.

—¡Espera! — exclamó emocionada— ¿es eso a lo que llamas oce-no?

—OCÉANO, y no, eso apenas es un riachuelo y no está demasiado lejos. Así que en realidad no has salido de la propiedad-, los hombros de Sakura volvieron a hundirse. Era evidente que para ella eso había sido lo más lejos que había llegado, y además también parecía que se había sentido orgullosa por ello.

—Además, no sé cómo decirte esto... He estado en algunas ciudades, a mamá le gusta mucho salir de vacaciones a conocer nuevos lugares, y bueno, no podría decirte que lo sé todo, pero si puedo asegurarte que nunca había conocido a alguien como tú— Sakura le interrumpió.

—Pero eso no quiere decir que no haya más personas como yo, ¿no?

— Sí y no. Déjame explicártelo de forma sencilla. En el mundo hay aproximadamente 7.8 billones de habitantes. La persona viva más baja del mundo aún sería muy alta para ti. En pocas palabras, no sé de alguien que se parezca a ti— la respiración de Sakura se aceleró —; leo artículos científicos desde los 6 años, conozco cada tratado sobre evolución, especies, biología, como para poder decirte con absoluta certeza que nunca había escuchado o leído algo sobre ti o alguien como tú.

—Pero, yo... eso no puede ser posible... no puede ser posible— Sakura echó a correr entre sollozos, bajando con destreza por un pequeño hilo, y perdiéndose entre la oscuridad detrás de su mesa de noche.

—¡Espera! —, gritó más fuerte de lo que pretendía haciendo que su voz rebotara en la habitación. De pronto él también se sintió solo. No podía mentirle, su mera existencia suponía una afrenta a los científicos más prodigiosos del área. Pero, por otro lado, no quería hacerla llorar. Debía ser un sentimiento abrumador el saberse sola en algo más que una casa y un pequeño bosque en los suburbios de una ciudad no tan importante. Dudaba que supiera eso último, y él no sería quién se lo diría.

Se dejó caer sobre su almohada derrotado. La cabeza comenzaba a darle vueltas. ¿De verdad había tenido una conversación con un ser que parecía salido de un cuento de hadas? Una parte de él (una muy pequeña parte de él) aún pensaba que podría tratarse de un sueño.

— ¡Eso!, ¡un cuento de hadas! — se incorporó de violentamente. ¿Sería buena idea mostrarle a Sakura esas historias? No había una sola prueba de que esas criaturas no fueran otra cosa que un invento salido de la imaginación hiperactiva de un escritor fantasioso.

Tomó el edredón con fuerza entre sus manos. No había nada que pudiera hacer esa noche ya; si su mamá lo encontraba despierto le iría muy mal.

Sin más cerró los ojos y por primera vez en 13 años de existencia, Sasuke soñó.


Los siguientes tres días no volvió a verla, pero tampoco la buscó.

No quería admitir que estuviera preocupado, pero lo estaba. Ella se había ido bastante triste. Cuando despertó después de aquella conversación, una pequeña (pero significativa) parte de su mente seguía considerando todo como un sueño, pero algo, que él se empeñaba en no llamar corazonada, le decía que no era el caso. Sakura era real, y aunque su mera existencia suponía un conflicto con lo ya establecido en el mundo, no podía negar lo que habían visto sus propios ojos.

Finalmente, mientras estudiaba, o intentaba estudiar un tratado de física cuántica, ahí estaba ella, sentada sobre un rollo de Scotch tape, con la mejilla sobre su rodilla derecha.

¿Debía decirle algo? Ni siquiera parecía mirarlo.

No queriendo intervenir con su tren de pensamiento, Sasuke continuó con lo suyo y la dejó con lo que fuera que le estuviera pasando por la cabeza. Sabía que aún necesitaba tiempo para procesar todo lo que habían conversado.

Pasaron un tiempo en silencio hasta que Sakura por fin se decidió a hablar.

—¿Entonces de verdad crees que no hay otras personas como yo? —, preguntó en un susurro a penas ininteligible.

Sasuke no quería decirle que 'no', que en realidad no lo creía, pero sabía que era algo demasiado duro de escuchar y ya antes habían llegado a esa conclusión.

—Lo que yo crea no es importante. ¿Ves todos esos libros que están sobre la mesa de noche? — preguntó señalando con el bolígrafo sin levantar la vista aún de los papeles que tenía enfrente, por lo que no vio su reacción, pero asumió que sabía a los que se refería —, son libros de todo cuando he podido encontrar que pueda tener un dato, una teoría, una referencia a algo más... pero hasta ahora ha sido infructuoso.

No hacía falta que volteara a verla, la escuchó comenzar a respirar de forma acelerada.

— Dime la verdad, ¿hay algo en tu mundo que pueda explicar de dónde vengo si no tengo padres? —, entonces levantó la mirada. Bajo la luz de la lampara de noche que utilizaba para leer mejor, Sakura parecía brillar. En realidad, sí podía llegar a pensar en ella como un hada; un hada perdida, sin alas para volar, y sin un sitio al que ir. La tristeza que vio en ese pequeño rostro fue suficiente para hacerle un nudo en la garganta, por lo que sólo negó despacio con la cabeza.

—Pero no te angusties— prosiguió rápidamente—, te prometo que no dejaré de buscar. Leeré cada libro pesado y polvoriento que encuentre, iré en bicicleta todos los días a la biblioteca, solicitaré permiso en la universidad más cercana para buscar en su archivo digital. No te preocupes, como hombre de ciencia, no me rendiré hasta encontrar una explicación satisfactoria.

Sasuke extendió su mano, pudo ver su vacilación, pero antes de que pudiera retirarla, Sakura abrazó su pulgar y silenciosamente le dio las gracias.

En el transcurso de los días ellos se veían en su habitación o algunas veces bajo el árbol de cerezo del jardín trasero, había mucho pasto que le servía a Sasuke de manta cuando se acostaba a leer y Sakura se acostaba con él a escuchar sus rumiaciones sobre su procedencia mientras ella hacía más flechas.


Una mañana mientras desayunaban solos él e Itachi, decidió preguntarle.

—Nii-san, ¿de dónde crees que vienen todos esos cuentos de hadas y viejas leyendas sobre brujas y duendes? — preguntó lo más casual que pudo, moviendo con sus palillos la comida que aún tenía en el cuenco casi de forma ausente. No eran temas que le hubieran interesado antes por lo que tal vez le parecería muy raro a Itachi, pero esperaba que no le hiciera demasiadas preguntas.

—Primordialmente de eventos que no podían explicar. Quizás gente muy pequeña, o con deformidades; delirios por enfermedades, o inventos de personas con problemas mentales. A las mujeres, por ejemplo, se les acusaba de brujas por una infinidad de cosas tan absurdas como el color de sus ojos o su cabello— Sasuke no lo miró, simplemente se quedó callado, no era la respuesta que buscaba.

—¿Por qué?, ¿has visto algo que tu querida ciencia no pueda explicar? — preguntó él de regreso sin levantar la vista de su libro. Mientras Sasuke era una persona muy "cuadrada" (como usualmente le molestaba), Itachi en cambio era una persona sensible que se había decantado por la literatura y las artes.

Sasuke no pudo decir nada. Era un mentiroso terrible, nunca había tenido la necesidad de mentir o aprender a hacerlo puesto que la verdad era él motor de su vida.

Confundido por el extraño silencio, puesto que no era normal en Sasuke no tener respuesta o una opinión sobre cualquier tema, Itachi terminó por levantar la vista y observó con detenimiento el perfil preocupado de su hermano menor. Podía ver claramente los engranes de la mente de Sasuke trabajar.

«¿Podía confiar en su hermano, ¿verdad?», las últimas semanas habían sido la experiencia más extraordinaria que había vivido en sus pocos años de vida. Pasaba todo el tiempo que podía con Sakura, ella no tenía que robar más las sobras de las comidas porque comía lo que él, y tampoco tenía que irse a su escondite si no quería. Él le había acondicionado una vieja caja de madera en la que su mamá guardaba su tejido, uno de sus tantos hobbies que había terminado como los anteriores; abandonado. Muchas veces ella se quedaba a dormir cuando era demasiado tarde para salir al patio. Sobre todo, mientras estuviera Nami, la gata de su madre, fuera. Era evidente que confiaba en él, y él confiaba en su hermano, ¿debía decirle o lo tacharía de loco?

Nunca habían hablado sobre contarle a alguien más. Aunque ella de muy buena gana había contestado todas sus preguntas sobre su dieta, sus costumbres, poderes (que no existían), y todo lo que pudo ocurrírsele, jamás discutieron sobre buscar a alguien más. Olvidados habían quedado los sueños de Sasuke de ganar fama y fortuna, o un premio nobel, con su "descubrimiento". Desde que se había convertido en su amiga, no podía pensar en hacerle daño y exponerla al mundo científico implicaba que miles le ojos la vieran y la examinaran. Se negaba en redondo a hacer a Sakura pasar por todo eso. Además, un extraño instinto se había encendido en él. Ella era suya... es decir, su amiga. Y era su deber protegerla.

—Sasuke, sea lo que sea, si en realidad te molesta sabes que puedes...

—Tengo una amiga hada. Quiero decir, encontré a una niña pequeña, no más grande que la palma de mi mano. Parece un hada, aunque no tiene alas y tampoco es mágica, en el estricto sentido de la palabra, aunque si la ves de noche, a veces puedo jurar que brilla, y es muy bonita— al decir esto último las mejillas se colorearon de un ligero tono rosa, Itachi entornó los ojos, y Sasuke prosiguió su perorata—, además es mi amiga— No se atrevía a levantar la vista por si veía en los ojos de su hermano algo que no le gustaría.

Lo escuchó cerrar su libro y bajar sus palillos.

Sin poder resistirlo más Sasuke levantó los ojos. Itachi lo observaba detenidamente. Sin decir una palabra se inclinó sobre la la mesa y le colocó la mano en la frente.

—No, no parece que tengas temperatura. Y hace mucho tiempo no te enfermas—murmuró no prestando mucha atención a su cara de shock.

Una furia casi cegadora lo inundó por un breve segundo haciendo que se levantara rápidamente y golpeara la mesa con las dos manos.

—No estoy enfermo. Lo que te digo es real y la verdad. Pero si esa es toda la respuesta que puedo esperar de ti...

Hizo un movimiento para irse, pero Itachi le detuvo.

—No hace falta que te pongas así. Creo que puedes darte cuenta que lo que dices es algo difícil de... procesar. Pero, dime, ¿dónde está tu amiga? — preguntó mirando de reojo para todos lados.

Sasuke finalmente respiró profundamente, y se calmó.

—Sakura no está aquí ahora. No le dije que pensaba hablar contigo, debo preguntarle primero si puedes verla. Te mantendré informado— aún sin ver a Itachi a los ojos caminó hacia la puerta de la cocina.

—Gracias, Nii-san.

Itachi sólo sonrió. Aún no sabía de qué había ido todo eso, pero su hermanito menor merecía el beneficio de la duda.


Más tarde esa noche, mientras Sakura tallaba una flor en el lomo de su arco, apoyada en el resquicio de la ventana dónde podía bañarse con la luz de la luna, Sasuke sacó el tema.

—Le he contado a mi hermano sobre ti— la observó por un minuto esperando una respuesta, pero Sakura siguió con su labor—, no lo tomó mal. Al principio dudó un poco sobre si creerme, pero finalmente terminó por hacerlo. Me ha dicho que quiere verte— ya estaba dicho. La vio detenerse abruptamente.

—¿Por qué lo hiciste?, ¿crees que él pueda ayudarme? — preguntó Sakura con un hilo de voz.

—Si te soy sincero, no sé por qué lo hice. Itachi no es investigador, ni se dedica a la ciencia.

—Pero, si él también anda todo el tiempo con la nariz metida en un libro, como tú— le interrumpió ella.

—Sí, pero su área de estudio es la Literatura y créeme, ahí no hay nada que pueda sernos de ayuda.

Sakura volvió a bajar la vista, y prosiguió su tallado dónde lo había dejado.

—Honestamente, no sé si es buena idea. Yo confío en ti, pero no sé si puedo confiar en él.

—TE ASEGURO QUE SÍ— intervino él —, es mi hermano y siempre ha estado ahí para mí, estoy completamente seguro que él también lo estará para ti.

—No lo sé, Sasuke, no me siento convencida.

—Por favor, él es importante para mí, y más allá de que pueda ayudarnos, me gustaría que te conociera.

Desde que Sasuke se había empeñado en encontrarla, y a partir de la primera conversación que tuvieron confió en él. No sabía explicarlo, era un sentimiento extraño, pero desde el mismo momento en que él la había visto, y le había dirigido la palabra, ella se sentía completa. Había pasado años hablando con los grillos, y las cochinillas que no podían y muchas veces no querían contestarle. Sasuke era su amigo, su único amigo. No sabría qué sería de ella en caso que él ya no quisiera dirigirle la palabra. Odiaría pelearse con él. No podía perderlo. Aceptó con una sonrisa y no dijo nada más, pero su corazón le decía que potencialmente podía ser una muy mala idea.

Acordaron que ella llegaría la noche del día siguiente y se presentaría ante Itachi, pero esa noche no llegó. Sakura no se atrevió, y Sasuke simplemente cerró la ventana de su cuarto en una clara muestra de enojo y decepción. ¡Lo había hecho ver como un mentiroso!

Y por el tiempo que duró su enojo, no se acercó a esa parte del jardín, no le dejó comida, ni dulces, e intentó no pensar en ella. En caso de dudar en su resolución, Sasuke sacudía la cabeza y se obligaba a seguir caminando. Su tozudez lo mantuvo alejado de Sakura por tres largos días.

Hasta que una fuerte tormenta azotó la ciudad. No paró de llover durante dos días seguidos, y su determinación flaqueó.

Ella podía conseguir alimento, estaba seguro. Pero tal vez un mapache la había encontrado, una rata, O NAMI, la malhumorada gata de su madre; al final ella estaba sola, y aunque era fuerte no tenía una familia o alguien que la auxiliara.

¿Y si se había inundado su escondite?

Sintió su pulso acelerarse. Había sido tan egoísta.

Su flor de cerezo.

Saltando de forma casi irreflexiva de la cama y sin pensar demasiado, corrió escaleras abajo, se colocó sus botas para lluvia frente armario de la entrada y el impermeable negro de Itachi. Con una mano en la manija de la puerta, a punto de salir por ella su madre lo detuvo.

— ¿Se puede saber a dónde vas? Es demasiado tarde, y está cayendo un diluvio afuera— Sasuke no pronunció una palabra, su mano aún no soltaba la manija. Mikoto prosiguió—, la llaman la peor temporada de los últimos años. Puede caerte la rama de un árbol. ¡O EL ÁRBOL COMPLETO! Tendremos que llamar una grúa cuando termine de llover. La tormenta ha bloqueado ya el camino de la entrada. Dos árboles fueron arrancados de raíz como si fueran simples flores— Sasuke palideció —, NO SALDRÁS A NINGÚN LADO—.

Sasuke apretó el puño. Por un breve instante consideró abrir la puerta y salir a toda prisa. Pero finalmente dejó caer la mano y dio dos pasos hacia atrás.

—Lo que sea por lo que pienses vale la pena salir así, seguramente estará ahí por la mañana.

«O tal vez no», pensó Sasuke sombríamente.

Cerrando la puerta con llave, Mikoto le dio un beso en la frente antes de subir de nueva cuenta las escaleras hacia su habitación.

—Sakura— susurró Sasuke pesadumbre apretando los nudillos alrededor de la lámpara de mano.

De pronto se le ocurrió.

Podía intentar salir por la ventana de la cocina, no había nada que la bloqueara, y no era demasiado complicado abrirla, sólo tendría que ser muy cuidadoso y no hacer ruido. Si lo sorprendían, se metería en bastantes problemas, pero Sakura bien valía el regaño.

Se quitó de nuevo las botas y subió las escaleras dando pisotadas para que su madre lo escuchara entrar a su habitación. Bajó de nueva cuenta muy despacio y con mucho sigilo se dirigió a la cocina.

Como había previsto, la ventana no fue gran problema, su mayor conflicto residía en encontrar el escondite de Sakura. Sabía que estaba en algún árbol cercano del patio trasero, quizá el árbol de cerezo donde se hacían sus reuniones, o alguno de los maples que bordeaban el jardín.

Corrió como desesperado, el hueco del árbol de cerezo desbordaba agua, no había manera que ella pudiera estar ahí. Se asomó en cada madriguera, escondrijo, y surco que pudo encontrar en la tierra o los troncos. Gritaba su nombre con angustia esperando hacerse oír por sobre el ruido incesante de la lluvia y el viento que aullaba con fuerza y azotaba las ramas de los árboles.

No sabía exactamente cuánto había pasado, pero sabía que el tiempo se le acababa. Dejó caer su linterna con frustración, estaba a punto de darse por vencido cuando, a la distancia, pudo vislumbrar una lucecilla parpadeante. El corazón le latía con ferocidad contra las costillas, recogió la linterna ahora cubierta de lodo y se aventuró hacia aquel punto. El pulso le dificultaba tragar y la lluvia (ahora más tenue) todavía le complicaba ver por dónde iba.

Resbaló unas cuantas veces, y tropezó otras más, pero Sasuke no se detuvo hasta que llegó al que pensaba era el origen de la luz; una cueva no demasiado alta y un poco estrecha, con apenas espacio para él, pero tan oscura como la boca de un lobo.

Encendiendo nuevamente la linterna, siguió el camino que lo adentraba en ella. Paso a paso sentía la cueva empequeñecerse, cuando un movimiento súbito lo detuvo. Un destello amarillo, tan rápido como un relámpago que le pasó por enfrente y le impidió seguir avanzando. «Tal vez una pequeña ave que había encontrado refugio de las inclemencias del tiempo», pensó.

De pronto, comenzó a sentir piquetes en las manos, como pequeñas espinas que aparecían del aire. Comenzó a rascarse hasta que sintió como una de esas espinas sobresalía de uno de sus nudillos, pero no la arrancó, pensando en quitarlas en casa con una pinza. Decepcionado por no haber encontrado nada en la cueva, ni rastros de Sakura o la luz que lo había guiado hasta ahí decidió volver. Quizá estuviera por amanecer, y aún tenía que encontrar la manera de colarse de regreso sin que lo escucharan.

El camino de regreso fue aún más complicado, estaba más lejos de lo que creía. Mucho más lejos del límite de propiedad. Repitiendo como una oración dentro de sí, que Sakura estaría bien, era fuerte, independiente, y... Volvió a fruncir el cejo. Todo era su culpa, no debía haberla obligado a conocer a Itachi.

La casa estaba silenciosa cuando entró. No parecía que hubieran notado su ausencia. Escondiendo la prueba del delito (las botas, el impermeable y su ropa mojada) en el baño de su habitación, se cambió como autómata, sin ver muy bien sus acciones y se acostó. Apunto de apagar la lámpara de noche a un lado de cama notó su mano; las "espinas" que él había sentido en la cueva, no eran otra cosa que flechas, como las de Sakura, algo diferentes, pero del mismo tamaño. Las retiró con los dedos, cuidando no romperlas, y las estudió con detenimiento. Eran mucho más puntiagudas que las de Sakura y el emplumado era color amarillo.

Sintió una corriente de electricidad por el cuerpo: había más personas como Sakura.

Ese destello amarillo debía haber sido uno de ellos, ahora podía verlo. Ahora más que nunca debía encontrar a Sakura. Debía decirle qué no estaba sola y... Se iría.

No, no podía permitirlo, Sakura debía quedarse con él. No podía compartirla, se la llevarían lejos. El temor comenzaba a hacer mella en su corazón. Quizá pudiera hacer una fórmula para hacerse pequeño como ella, o hacerla a ella de su tamaño. ¡Sí!, de esa manera podría enseñarle el mundo; Sakura lo amaría.

Pero... No podía hacerle eso. Recordaba con demasiada claridad su rostro al creer que estaba sola en el mundo. Deseaba saber su procedencia, conocer más personas como ella. Sasuke sabía que, aunque eran amigos, y se querían (o al menos lo mucho que él la quería a ella), ella no pertenecía a su mundo ni él al suyo. Sin embargo, no podía decirle sin antes comprobar que fueran amigables; podían lastimarla físicamente si eran salvajes.

Decidido, depositó las flechas en el cajón de su mesa de noche, y apagó la luz. No le diría nada hasta comprobar que no hubiera ningún peligro.


La mañana siguiente amaneció sin rastros de nubes por ningún lado. El cielo azul se extendía de extremo a extremo y el sol comenzaba a secar la tierra. Afuera, su padre hablaba con unos trabajadores para que retiraran el árbol caído, dentro Sasuke sentía que se volvía loco. No podía quedarse así. Repartió trozos de dulces y galletas por toda la casa acompañadas de pequeñas notas pidiendo disculpas. Deseaba ella pudiera verlas y entendiera que no estaba molesto, y que, por el contrario, lo sentía mucho.

Con la almohada en el rostro no pudo verla llegar. Pero ahí estaba, viéndolo desde la misma caja de pañuelos de dónde lo enfrentó la primera vez. Por días, estuvo tentada a volver a buscarlo, pero estaba convencida que él no quería verle. Con toda esa lluvia, ni siquiera había podido cruzar el jardín. Fueron los días más solitarios de los que tenía memoria. Se había aficionado a sus conversaciones, sus risas, sus datos curiosos, no quería admitirlo, pero estaba convencida que se había enamorado. Sabía que era una locura, ¿estaba él condenado a llevarla en su bolsillo a donde quiera que fuese? ¿Cómo le cocinaría o haría un bento si no podía cortar siquiera una rebanada de tomate?

Suspiró. Qué desastre.

Sasuke se incorporó abruptamente, ahí estaba, todos estos días, toda su preocupación y enojo se evaporaron en cuanto puso los ojos en ella.

Extendió su mano y ella dio un pequeño salto.

—Lo siento mucho, no debí obligarte a ver a Itachi. No lo haré nunca más. Sólo, no vuelvas a desaparecer así, por favor. No podría soportarlo— la voz se le cortó en la última sílaba. Nunca antes había deseado ser más grande como en ese justo momento. Escucharlo de esa manera le rompió el corazón y no deseaba otra cosa que abrazarlo.

Así que lo hizo, abrazó su pulgar con todas sus fuerzas y le prometió entre lágrimas que no volvería a desaparecer.

Sasuke consideró decirle en ese momento sobre su hallazgo, estaba seguro se pondría muy contenta, pero... apenas había vuelto a recuperarla. La resolución que había tomado esa noche sobre decirle flaqueó al tenerla cerca. La amaba. Llevaba el largo cabello rosa suelto y sus ojos verdes brillaban con las pequeñas lágrimas no derramadas. Era preciosa.

Cuadró los hombros, suspiró y lo que salió de sus labios fue...


¿Fin?

Como pudieron darse cuenta este Sasuke está muy fuera de personaje, sólo espero que no sea demasiado raro.

Díganme, ¿les gusta la película?, ¿la han visto? Desde que salió, la amé muchísimo y lloro mares cuando la veo. A principios del año pasado volví a verla y no dejaba de pensar en Sakura como Arrietty, pero a mi manera. Sakura es tan linda que es difícil no imaginarla como un hada (que yo sé que Arrietty no es un hada, pero yo quería que mi Sakura lo fuera, aunque aquí lo dejé un poco ambiguo).

Esto en realidad era muchísimo más corto, pero de pronto todo empezó a cobrar vida, y mutó tanto que se me hizo imposible darle el final que tenía planeado.

En fin, de corazón espero que fuera de su agrado y si no, que al menos los haya entretenido un rato.

Muchas gracias por leerme, y por sus comentarios, si llegaran a tener alguno.

xox