Disclaimer: ninguno de los personajes aquí mencionados me pertenece. Todos ellos son obra de J. K. Rowling, yo solo los utilizo para llamar a mi inspiración y despejar la mente. Esta historia no tiene fin lucrativo alguno.
Consideraciones: la historia irá del presente al pasado, pero en cada caso eso estará avisado. Además, es una reversión de la historia de J. K. desde el libro (o película) número siete. Habrá una gran cantidad de cambios que se alejarán totalmente de la historia original.
Advertencias: aparecerán palabras malsonantes, insultos, situaciones de violencia/tortura/asesinato, así como posibles escenas explícitas de relaciones sexuales. Por favor, tengan en cuenta todo esto antes de leer.
CAPÍTULO I
-PASADO-
Draco estaba escondido entre los arbustos del patio del castillo. Había logrado escabullirse de su pareja de baile, Pansy Parkinson, justo cuando ella se ponía demasiado melosa y besucona. El joven Malfoy no estaba realmente interesado en ella, pero tampoco podía permitirse asistir solo al Baile de Navidad, de lo contrario sería la burla de sus compañeros. Además, supuso que es lo que se esperaba de él, tener una compañera de Slytherin y sangrepura. Incluso cuando esas ideas sonaban a basura para él, estaba tan acostumbrado a oírlas que comenzó a repetirlas solo para encajar.
Su padre se pasó la mitad de su vida dándole largos sermones sobre la importancia de la pureza de la sangre, de las antiguas familias de magos y de las tradiciones de los Malfoy. Nada de eso le importaba realmente; él solo quería tener amigos reales con los que pasar el rato hablando de cosas interesantes, como las chicas, y que se ayudaran a hacer los deberes. Contrario a ello, Crabbe y Goyle eran todo lo contrario: dos masas de músculo sin cerebro, equipadas para molestar a cualquiera que se cruzara en su camino. A pesar de eso había dos personas que realmente se acercaban a lo que él consideraba amigos: Blaise Zabbini y Theo Nott. Ninguno de ellos era del agrado de su padre, pues estaba enemistado con sus familias.
Por otro lado estaba Pansy Parkinson, una joven guapísima e inteligente pero que, al igual que él, había sido enseñada para otros objetivos. Ellos incluían asegurarse un lugar en la alta sociedad mágica al hallar un joven sangrepura con quien casarse. Eso no entraba para nada en los planes de Draco, quien apenas estaba comenzando a interesarse en alguna pareja. Si su padre supiera que a veces no podía evitar sentirse atraído por Cedric Diggory entonces estaría muerto.
Desde su vista detrás del arbusto había visto todo tipo de cosas, y a muchas preferiría olvidarlas, como el manoseo entre Fleur Delacour y Roger Davies. Sin embargo, después de un rato estuvo lo suficientemente aburrido y salió de allí en dirección a los baños del segundo piso. Llegó a ellos sin ser interceptado por Pansy, lo que le aseguraba, tal vez, un escondite por lo que restaba de la noche. Ingresó a un cubículo, pero apenas cinco minutos después oyó pasos de tacones. Maldijo interiormente y espió de quien se trataba abriendo solo un poco la puerta. Se sorprendió de ver a Hermione Granger allí.
La chica llevaba un vestido azul muy bonito, y su pelo estaba irreconocible con aquel elegante peinado. Draco sabía que la chica había asistido con el jugador de quidditch, Viktor Krum, aunque desconocía cómo había logrado aquello. Decidió quitarse el aburrimiento, así que salió de allí muy sigilosamente mientras la Gryffindor estaba de espaldas a él.
—¡GRANGER! —gritó, pero lo que sucedió a continuación no se lo esperaba. Ella se giró con una gran velocidad y le asestó un golpe en la garganta, lo que lo dejó sin respiración.
—¿Qué rayos pensabas, Malfoy? Me diste un susto de muerte —se quejó ella. El joven había caído de rodillas mientras intentaba dar bocanadas de aire. La chica sí que sabía defenderse —. Anapneo —dijo Hermione mientras apuntaba su varita a Draco.
—¿¡Pero qué ocurre contigo, Granger!? ¡CASI ME MATAS! —la acusó el rubio.
—¡Lo siento! Tú casi me matas del susto —se defendió ella.
—Estás realmente loca. ¿Qué haces en el baño de hombres? —preguntó extrañado, pero inmediatamente abrió los ojos con burla — ¿Has venido a esperar a Viktor Krum, no es así? Qué suerte que no me quedé dentro del cubículo o hubiera tenido que ver un mal espectáculo —apenas terminó aquella oración la cara de Draco recibió un cachetazo —¡Por Merlín!, ¿qué demonios te sucede a ti?, ¿estás decidida a agredirme?
—No vuelvas a insinuar nada sobre lo que no tienes idea —el tono de Hermione era amenazador —. Simplemente me he equivocado de baño en el apuro por esconderme.
—Yo también me estoy escondiendo —dijo Draco —. De la insoportable de Pansy, mira —señaló su boca, mientras se acercaba a ella haciendo un gesto de un pico de pato —, ya me ha irritado los labios. No puedo quitármela de encima, pero bueno, ¿quién puede culparla, no? Soy muy guapo —dijo, mientras se observaba en el espejo acomodándose la túnica. Hermione lo observó entre extrañada y divertida —¿Lo ves? Ni siquiera tú puedes resistirte a mirarme.
—Es que tienes algo aquí, rubio engreído —Hermione señaló su propio cuello. Draco giró la cabeza para tener una mejor vista del suyo y notó que tenía un pequeño chupetón.
—Y tú tienes algo aquí —dijo el muchacho al mismo tiempo que tomaba a Hermione del rostro y le plantaba un beso en los labios. La castaña se quedó en shock, y cuando pudo reaccionar ya se encontraba aplastada entre la pared y el cuerpo de Draco Malfoy. La besó lentamente, con tranquilidad, y ella respondió de la misma manera. Fue Draco quien finalmente se alejó de ella, que estaba totalmente aturdida —. Sí, definitivamente tenías algo. Pero me pertenecía a mí y no al tonto de Krum – el Slytherin le sonrió arrogantemente antes de marcharse.
El primogénito de los Malfoy logró llegar a su cuarto sin ser interceptado por Pansy, quien seguramente estaba furiosa. Mientras el muchacho se preparaba para dormir no logró quitarse de su mente el hecho de que Hermione realmente había rechazado a Viktor Krum. Probablemente la mitad de las mujeres presentes en el baile aquella noche habrían querido ocupar su lugar, sin embargo ella no estaba interesada en intercambiar saliva con el búlgaro. Aunque no había tenido problema alguno en responder a su beso. Era una chica totalmente intrigante.
Draco oyó los reclamos de Parkinson por dos semanas luego del evento, así que comenzó a buscar lugares donde refugiarse. Había uno que, con seguridad, la chica no visita: la biblioteca. Fue allí donde el Slytherin descubrió que la situación entre el jugador de quidditch y la amiga de Harry Potter estaba realmente tensa. Viktor se sentaba a dos mesas de distancia de Hermione, lanzándole miradas constantemente mientras ella estaba muy entretenida con los libros. Las admiradoras del búlgaro pretendían hablar en voz baja, pero en realidad parecían un grupo de banshees gritonas.
—¿Podrían, por favor, guardar silencio? —les había pedido Draco una vez. Ellas lo miraron malhumoradas y se trasladaron a otras mesas; aunque eso no evitó que continuaran cuchicheando al menos el sonido era más lejano. El joven Malfoy las miró enojado y antes de regresar su atención al libro entre sus manos notó que Hermione lo observaba atentamente. La chica retiró su mirada rápidamente pero Draco la miró por unos momentos más. El asunto del beso parecía haber sido olvidado totalmente, algo que el rubio no sabía si le molestaba o lo tranquilizaba. Hermione nunca había pasado desapercibida para él, mientras otros solo se fijaban en que era una sabelotodo mandona, Draco en realidad admiraba su inteligencia y su destreza mental para resolver los problemas. Era algo que le atraía, incluso cuando se pasaba el día insultándola. Se dijo que en otra vida quizá ellos podrían ser más cercanos y debatir sobre pociones o hechizos de encantamientos e, incluso, volver a besarla.
Tras dos meses desde el baile Pansy finalmente había olvidado su escapada, hasta que llegó el maldito día de San Valentín. Entonces Draco decidió que se pasaría el día estudiando. Al llegar a la biblioteca notó que estaba vacía; en realidad daba esa impresión porque las admiradoras de Krum habían desaparecido y el silencio por fin era total. Tras una hora leyendo Quidditch a través de los tiempos oyó un cuchicheo a la distancia, y al levantar la mirada vio que Viktor estaba sentado junto a Hermione mientras hablaban intensamente. El jugador se mostraba persistente pero la chica parecía realmente incómoda mientras negaba repetidamente con la cabeza. Draco diría luego que lo que hizo a continuación fue un instinto, algo que sintió en su pecho y que simplemente se dejó llevar.
—Granger, ¿me ayudas a terminar mi tarea de pociones? —la joven lo miró totalmente sorprendida, tanto que había abierto la boca y parecía un pez boqueando mientras intentaba dar una respuesta. Viktor y Draco se miraron por unos momentos con mala cara, hasta que el búlgaro se levantó y se fue de la biblioteca caminando toscamente.
—Gra... gracias —susurró Hermione.
—¿Es algo insistente, verdad? —preguntó Draco.
—Sí, eso creo.
—¿Estás bien?
—Supongo —dijo la chica —, ¿por qué de repente te interesa? —preguntó con desconfianza.
—Olvídalo, Granger. Solo intentaba ayudar —dijo Draco de mala gana mientras regresaba a su lugar.
Una semana después el joven estaba nuevamente leyendo en la biblioteca, que se había convertido en su lugar favorito y a veces frecuentaba también con Nott. El chico era una buena compañía para Draco, hablaba solo lo necesario y siempre decía cosas interesantes. Sin embargo, aquel día estaba solo. Oyó que alguien ocupó un espacio en la misma mesa que estaba él, pero estaba demasiado concentrado para levantar la vista. Entonces alguien carraspeó, pero eso tampoco llamó su atención. Finalmente un trozo de pergamino apareció frente a él, dejado sobre el libro que leía por una pequeña mano salpicada con algunas pecas.
Lo siento.
HG.
Draco no necesitaba pensar mucho en quién era HG, pero igualmente arrugó su cara. La vio sentada unos metros a su izquierda, con el rostro sonrojado y ojos de cachorro. Años más tarde le diría que esa fue su perdición.
—¿Qué quieres, Granger? —dijo Malfoy intentado ser indiferente y tosco.
—Lamento haber sido descortés.
—De acuerdo, ya está, son aguas pasadas.
—De acuerdo. Realmente aprecio que hayas hecho que Viktor se fuera —dijo la chica —, creo que esta vez captó la situación. No me ha vuelto a hablar.
—Que bien por ti —dijo Draco intentando sonar aburrido, aunque internamente se regocijó ante la posibilidad de haber espantado al grandulón.
—Sí, y también te traje esto —dijo la Gryffindor acercando una pequeña caja que contenía calderos de chocolate.
—Gracias, Granger. El asunto ya está olvidado, no deberías molestarte —le dijo de forma cortante.
—Está bien —susurró la chica —. Adiós.
Malfoy se quedó allí viendo como ella se marchaba hacia otra mesa y comenzaba a ordenar sus pergaminos y plumas. Finalmente el chico decidió mudarse hacia donde se encontraba Granger.
—Tal vez podemos hacer la tarea juntos —le dijo —. Si estás de acuerdo —Hermione solo asintió, parecía cohibida, pero rápidamente comenzaron a hablar de los deberes, intercambiaron notas e ideas y se olvidaron de todo lo demás.
El curso continuó, al igual que el Torneo de los Tres Magos, y Hermione y Draco siguieron reuniéndose en la biblioteca casi todos los días para estudiar. El chico comenzó a soportar que ella hablara con cariño de Potter y Weasley, así como Hermione aprendió a reírse de la arrogancia de Malfoy. Simplemente nació una amistad, para nada peculiar, pero que funcionaba para ellos. En varias ocasiones habían tenido que pretender que solo estaban cerca por mera coincidencia, aunque no sabía durante cuánto tiempo eso iba a funcionar. Algunas tardes se unía a ellos Theo Nott, un chico que Hermione catalogaba como "definitivamente el más agradable de Slytherin", algo que hacía refunfuñar a Draco. Unos días antes de la última prueba del Torneo, Malfoy simplemente sorprendió a la chica con una pregunta.
—Granger, ¿no crees que deberíamos hablar?
—Creo que es lo que estuvimos haciendo toda la tarde, Malfoy. Y de verdad no puedo estar de acuerdo contigo, la forma en que se trata a los elfos domésticos no es...
—No me refiero a eso —la cortó el muchacho —. Más bien es sobre algo que pasó hace un tiempo.
—¿Quieres decir al golpe que te di el año pasado?
—Sí.
—Bueno, no digo que esté bien, Malfoy... Pero te lo merecías, estabas siendo un cretino respecto a Buckbeak.
—No, Granger, definitivamente no refiero al ave —Draco suspiró cansado —. Hablo del Baile de Navidad y ya sabes...
—Oh
—Me refiero a nuestro beso —dijo el chico.
