Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
.: Dos :.
—¿A dónde vamos?
Estoy mareada mientras él me jala detrás de sí. Hemos estado caminando desde hace una eternidad y entre más nos alejamos de la bodega, más cansada me empiezo a sentir. Mi energía se drena rápidamente.
—Sígueme el paso —ordena.
—Tengo sueño.
Estoy demasiado cansada para entender por completo qué está pasando. Mi cuerpo se siente pesado, la fatiga me pesa más conforme mi energía se drena.
Me tropiezo con una grieta en la banqueta y lo oigo maldecir.
—Estás borracha —comprende cuando me carga en sus brazos. El movimiento es tan repentino y rápido que me hace sentir náuseas.
—¿Qué me delató?
—No huelo alcohol en ti —dice, y me acurruco en su aroma.
Es como acurrucarme para una siesta en el bosque.
—¿Qué? —pregunta, ladeando la cabeza más cerca de la mía.
—Quiero comerte completo —murmuro otra vez, enterrando mi cara en su hombro.
Su carcajada suena oscura y perversa.
—Oh, Pequeña.
Me gusta cuando me dice así, y me apoyo más en él para hacérselo saber.
Una de sus manos está ardiendo debajo de mis muslos, y más que otra cosa quiero dejarlo arder en mí por completo.
—Apenas vas vestida —dice, como si se diera cuenta en el mismo momento. Me río.
—Tal vez estoy esperando a que un gran lobo malo me devore por completo.
Gruñe.
—Si lo que buscabas era un lobo, tal vez debí haberte dejado en esa fiesta.
No sé qué significa eso, pero al mencionar la fiesta mi mente empieza a aclararse.
—¡Tanya! —Intento sentarme en sus brazos, pero su agarre me aprieta con más fuerza.
—Tu Tanya está a salvo —me asegura—. Más a salvo de lo que estás tú en este momento.
Mi mente está demasiado brumosa para entender la profundidad de esa amenaza.
—¿Planeas devorarme? —pregunto, echándome hacia atrás en sus brazos. Capto su cara bajo la luna plateada mientras baja la vista hacia mí.
—Sí ofreces un gran festín —musita.
No puedo evitar mi risita.
—¿Estoy a salvo contigo?
No sé por qué lo pregunto. Si estuviera sobria, probablemente lo sabría, no hay nada seguro en él y una parte de mí lo presiente por muy intoxicada que esté.
Sus brazos se aprietan más a mi alrededor, pero no responde.
…
Debí quedarme dormida en sus brazos porque cuando despierto estoy en una cama que no reconozco.
Me siento, me duele el cuerpo y me late la cabeza, exigiendo hidratación. Me doy cuenta de que tengo una resaca mientras admiro la suave manta tejida que está apilada sobre mí. Sigo completamente vestida y en una habitación que no conozco.
La cabaña es rústica, simple en su decoración. Estoy en una pequeña cama que está cuidadosamente metida en la esquina de la casa de una sola habitación. Las paredes están hechas de troncos, y hay una estufa de leña ardiendo gentilmente junto a la pequeña cocineta. Hay tres puertas, me levanto con cuidado de la cama y me dirijo a la que está más cercana a mí. Es un baño pequeño, escaso en lo que ofrece, pero parece que sí tiene agua corriente, así que al menos eso ya es algo. La siguiente puerta lleva a un armario que está más que nada lleno de cobijas.
Tengo frío a pesar del fuego que arde a unos pies de mí y saco una cobija para echármela a los hombros. Cuando está bien puesta, investigo el resto del cuarto.
Tengo recuerdos borrosos de la noche anterior y no estoy del todo segura qué sucedió ya casi al final de la noche.
Recuerdo que estaba bailando con Rose y Tanya, que los hombres nos coqueteaban y nos reíamos de sus intentos. Recuerdo a Tanya susurrándome al oído y sus labios en los míos.
Ante este recuerdo se me atora el aliento, mis dedos suben para tocar mi boca. Nunca me habría creído capaz de semejante osadía. Amo a Tanya, pero nunca he intentado llevar más allá las cosas con ella. Temo demasiado perder nuestra amistad. Es lo más importante en el mundo para mí. ¿Lo habré jodido todo?
Me quito la cobija en cuanto tengo ese pensamiento y me voy directo a la puerta. Necesito salir de aquí; necesito encontrar a Tanya. Necesito disculparme con ella.
Se me revuelve el estómago por la preocupación. ¿Cómo pude haberme ido sin ella anoche? Nunca hago eso. Ella debe estar preocupada por mí.
Abro de golpe la puerta de la cabaña y durante un momento me quedo pasmada.
Por el rústico interior, sabía que probablemente la cabaña estaba en un lugar remoto, pero no estaba esperando esto. Hay un pequeño valle rodeando la cabaña y a unos cuarenta y cinco metros de distancia hay árboles, tan densos que no me permiten ver.
Doy un paso afuera, analizando mis alrededores. ¿Dónde demonios estoy y cómo llegué aquí?
—Oh, qué bien, ya estás despierta.
La voz envía estremecimientos por mi espalda y un profundo instinto me dice que corra y no mire atrás.
Trago con fuerza y me doy la vuelta, el miedo se apodera de mí cuando poso la mirada en el hombre que apenas puedo recordar de la noche anterior.
Es más alto de lo que recuerdo, casi increíblemente alto. Los ángulos de su cara también están más definidos, como si estuvieran tallados en piedra, y sus ojos… oh, Dios, sus ojos. Pecado líquido.
¿No aluciné eso?
—¿Quién eres? —Mi voz suena suave, asustada, y desearía poder reunir un poco de la valentía que tenía anoche.
Su sonrisa está llena de picardía y secretos.
—Ven conmigo, Pequeña. Tenemos asuntos que discutir.
Se mete a la cabaña sin responder y vacilo. No hay un sendero, no hay indicación clara de dónde estoy o a dónde ir. Por todo lo que sé, podríamos estar a cien millas de cualquier otra persona, y estoy descalza en un disfraz de Caperucita roja.
Dándome cuenta de la derrota, tomo una respiración para estabilizarme y lo sigo adentro.
