Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


.: Cinco :.

Es difícil seguir la noción del tiempo. Los días no parecen tener un inicio o un fin definitivo, como si el tiempo no existiera en realidad en este espacio. Me estresa hasta que entiendo que no puedo escaparme de ello, luego una especie de paz se apodera de mí; una aceptación que me permite soltar cosas como el tiempo. De todas formas, nunca he sido fan del modelo lineal del tiempo, y es una especie de bendición estar libre de él.

Así que en vez de eso, solo es.

A pesar de mis frustraciones al encontrarme atrapada en esta cabaña remota y encantada, descubro que lentamente mi conexión con la tierra, y en respuesta con mi propio sentido de la magia, se vuelve cada día más profunda. Paso días descalza en las hierbas altas y no puedo recordar la última vez que me sentí tan anclada. Son como unas extrañas vacaciones a la fuerza que no sabía que necesitaba.

Encuentro un ritmo en la cabaña. Me despierto en la mañana, paso tiempo en pensamiento meditativo mientras camino sin rumbo por la barranca, inspeccionando todas las plantas. Me tomo el tiempo de hablar con todas, igual que haría en casa. Después de eso, desayuno, usualmente afuera donde puedo seguir comunicándome con la naturaleza. A veces aparecen libros nuevos en las repisas que hay dentro, y los reviso todos. La mayoría son viejas guías de herbolaria que captan tan profundamente mi atención que es difícil decir exactamente cuánto tiempo paso leyéndolas. A veces paso el tiempo preparando pociones y tés. Pequeñas cosas medicinales que me mantienen enfocada y conectada.

Empieza a sentirse como una vida muy encantadora y empiezo a olvidar mi vieja vida concreta en Brooklyn.

Luego aparece Edward.

Lo sé de inmediato en cuanto él está en la barranca. La energía cambia, las plantas se estremecen con la conmoción de su poder. Se levanta una brisa, alzándome los mechones del cabello de la cara, haciéndolos danzar a mi alrededor. Alzo la vista del libro que está en mi regazo, mis ojos se entrecierran ante el brillante sol, y ahí está él, tan impresionante y sobrenatural como lo recuerdo.

¿Se ha vuelto más hermoso?

Verlo directamente es casi doloroso.

—Hola, Pequeña.

Su voz es una invitación perversa y un deseo oscuro se arrastra a través de mí.

Cierro con gentileza el libro que tengo en mi regazo y me pongo de pie. La ropa de la cabaña es lo único de lo que no parece haber un abastecimiento mágico. Me las he arreglado para encontrar un pantalón y una camisa sencilla, y eso es lo que uso la mayoría de los días si no estoy tomando baños de sol desnuda.

—Edward. —El nombre se siente más seductor porque le pertenece a él. Sé que ni siquiera es su verdadero nombre, pero no importa. Probablemente nunca más voy a poder conocer a un Edward sin que mi cuerpo se tense con un recuerdo delicioso o sospechoso.

Sus ojos bajan por mi cuerpo y tengo que mirarme para asegurarme de que sigo vestida. A veces no me molesto en hacerlo.

Cuando veo la tela cubriéndome, alzo la vista hacia él.

—Esa ropa no te queda bien —dice, su rostro forma un puchero por el que matarían los supermodelos. Entorno los ojos hacia él.

—Perdón, no empaqué para una situación de secuestro extendido cuando salí de fiesta —espeto.

Sus ojos se alzan hacia los míos y esa sonrisa perversa está de regreso.

—Qué boca tienes. —Suspira—. Lo que me gustaría hacer con esa boca.

Suena amenazador, pero mi cuerpo responde a sus palabras, inclinándose ligeramente hacia él sin mi permiso.

—¿Viniste para llevarme finalmente a casa? —le exijo.

Se ve divertido.

—No, estoy aquí para ver tu progreso.

Lo miro.

—¿Qué significa eso?

Avanza hacia mí, y su zancada es tan larga que queda frente a mí en un solo movimiento. Estoy a milímetros de su cuerpo, la esencia de pino y moras dulces me inunda. Quiero comérmelo completito.

Se inclina hacia mí, su cabeza se agacha tan cerca de mí que tengo que estirar el cuello para alzar la vista hacia él. Es tan íntima la posición en la que él nos ha puesto, y mi corazón trastabilla cuando baja su cara hacia la mía. Sus ojos líquidos me miran mientras ladea la cabeza hasta quedar junto a la mía. Inhala en mi cuello, y a pesar de que no nos estamos tocando, lo siento a través de todo mi cuerpo. Mis pezones se endurecen y más abajo todo se tensa.

—Tu poder está creciendo, Pequeña. —Me ronronea al oído. Mis rodillas casi ceden—. Pero todavía no terminas. —Inhala otra vez, y en esta ocasión suelta un gemidito—. ¿Alguien te ha dicho que hueles a madreselva y flores de valeriana? —Inhala otra vez—. Pero debajo de eso, es un rico ámbar y milenrama. —Respira y su camisa roza la mía—. Hueles a magia antigua, Pequeña.

Mi cuerpo está temblando, incapaz de soportar este asalto. Él exhala, se siente frío y me cosquillea el cuello. Como ser besada por el viento.

—¿Es por esto que estoy aquí? —susurro con voz tensa—. ¿Para envejecer de alguna manera a tu gusto? ¿Para qué propósito? No puede ser algo tan simple como el sexo —exijo saber, mi voz se vuelve más fuerte con cada palabra. Edward se aparta de mí y me dedica una sonrisa lobuna.

—¿No puede? —pregunta—. ¿Sería tan malo desear tu cuerpo cuando claramente él desea el mío? —Huele otra vez el aire y, oh diosa, ¿puede oler lo excitada que estoy?

—Sí —espeto con voz débil—. Porque sigo siendo tu rehén. No permitiré que esto se convierta en una mierda de síndrome de Estocolmo.

Me lanza una sonrisita rápida y para mi alivio y arrepentimiento, retrocede un paso.

—Tan tentadora como eres, Pequeña, hay algo más que quiero de ti.

Lo miro, esperando a que llegue al punto.

—¿Sí? —lo animo cuando permanece callado.

—¿Todavía no lo has descubierto? —pregunta y suena desconcertado de verdad. Estoy lista para patearlo.

—Um no, todavía no. No me has dicho nada.

Edward frunce el ceño.

—Si no lo sabes, entonces no estás lista. —Suelta un pequeño bufido—. Regresaré después para ver tu progreso.

Oh, demonios no. Avanzo un paso hacia él, no estoy exactamente segura de qué pretendo hacer, pero sé que ya no aguantaré más de sus mierdas.