Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
.: Seis :.
Nunca en mi vida había golpeado a alguien, no de ninguna manera que contara de verdad, pero mis manos se extienden hacia él antes de poder detenerme. Mis palmas chocan con su pecho con tanta fuerza que retrocede un paso y, durante un momento, creo que ambos estamos sorprendidos por mi arrebato.
—¡Vete al carajo! —grito, la serenidad que he reunido se evapora de mí—. Dime por qué estoy aquí, ¡o déjame ir a casa! —Estiro las manos para empujarlo otra vez, pero esta vez ya lo está esperando y en vez de eso captura mis manos sobre su pecho. Está cálido, como si hubiera estado parado bajo el sol, pero no sudoroso. Me distrae.
—Esto es inesperado —dice, se ve divertido, aunque todavía un poco sorprendido. Gruño e intento arrancar mis manos de su agarre, pero sus manos se aprietan alrededor de mis muñecas.
—Suéltame —bufo.
—No, creo que no lo haré —musita—. Estás en deuda conmigo y así es cómo me lo cobraré. —Sus dedos son largos, diosa, sí que son largos, y rodean con facilidad mis delgadas muñecas. Sus pulgares presionan ligeramente mi antebrazo y ¿cómo es posible que pueda sentir eso a través de todo mi cuerpo, especialmente en ese lugar donde de pronto me encuentro empapada?
—¿Qué es lo que te debo? —exijo saber.
—Te salvé la vida.
Me río.
—Espantaste a un pervertido. Yo hago eso todos los días. No te debo ni mierda.
Sus dedos se flexionan a mi alrededor cuando lucho por soltarme de su agarre. Mis ojos suben por su cuerpo, mirándolo con enojo. Es tan malditamente alto que es casi imposible mirarlo a la cara.
—Así no es cómo se hacen las cosas en mi mundo.
—No estábamos en tu mundo —señalo—. Estábamos en el mío, y en mi mundo, violaste varias leyes.
Se ve sorprendido por el argumento y una pequeña sonrisa se extiende sobre su cara.
—Un argumento bien hecho —concede—. Pero —me aprieta otra vez y juro que hace palpitar mi cuerpo— ahora estamos en mi mundo y jugaremos con mis reglas.
Se acerca un paso a mí, y estoy siendo tan arrinconada por él que no puedo respirar. Nunca he querido tanto solo… montarme en alguien antes. Mi cuerpo está dolorido por él.
—Bien. Dime las reglas para poder jugar.
Su sonrisa es pecaminosa y cuando me aprieta otra vez, sus manos se mueven para acariciar mis antebrazos.
—Oh, Pequeña. Cómo esperaba que preguntaras eso.
