Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
.: Siete :.
—¿Qué sabes sobre Folk?
Lo miro desde el otro lado de la pequeña mesa de la cocina con una taza entre mis manos. En cuanto él nos regresó adentro —y en cuanto dejé de tener un ataque al corazón pensando que me arrastraba hacia la cama— me preparé una taza de té. Necesitaba algo más en esta pequeña habitación en qué concentrarme aparte de él.
—¿Te refieres a las hadas? —pregunto.
Su hermoso rostro se torna sombrío.
—Ese es un nombre sucio —escupe, haciéndome retroceder a causa de la sorpresa—. Una degradación de los de mi clase. —Bufa y topo la taza sobre la mesa.
—Bien, entendido. Pero eso es de lo que estás hablando, ¿cierto? Como los duendes o los antiguos.
Los ojos de Edward se alzan hacia los míos y su sonrisa está de regreso, haciéndolo verse más seductor de lo que cualquier mortal podría verse.
—Conoces nuestras historias. Bien.
Ni siquiera sé qué decir de eso.
—Bien, ¿y qué eres?
Afortunadamente se ve divertido por mi pregunta y ladea ligeramente la cabeza.
—Ya te lo dije, puedes llamarme Edward.
Bufo.
—Lo sé, pero o sea… ¿eres un incubo? ¿O un selkie* o algo así? —Mi mente se acelera desesperadamente para categorizarlo, pero él es tan algo más—. ¿Y cómo le digo a tu gente?
Sus labios se retuercen.
—Nuestro nombre no puede ser pronunciado por una lengua, sin importar qué tan inteligente sea —dice, bajando sus ojos a mi boca. Batallo para mantenerme quieta y no retorcerme en mi asiento.
—¿Cómo es que un nombre no puede ser pronunciado por una lengua? —pregunto.
Me dedica una sonrisa críptica.
—En cuanto a lo que soy, específicamente… tengo muchos nombres. En el viejo país, nos llamaban álfur, pero en tu lengua supongo que la palabra elfo es la más apropiada.
Lo miro.
—Creí que los elfos eran pequeños.
Alza una ceja y me siento tonta por ese pensamiento.
—Bieeen —digo, extendiendo la palabra—. Así que eres un elfo. —Hago una pausa, mirándolo con ojos entrecerrados—. Sabes, ahora que lo pienso, tienes una vibra vagamente parecida a la de Legolas. —Excepto que Edward tiene cabello rojo y más corto que es, supongo, largo para el estándar masculino de los humanos, y ojos líquidos que me causan palpitaciones de pecho. Sin mencionar que desde que lo conozco lleva puestos jeans oscuros y camisas negras. Incluso sus zapatos parecen que son el calzado de elección de un hombre de negocios. No, se ve moderno, sofisticado a pesar de su descontrolado cabello, y endemoniadamente peligroso.
Edward pone los ojos en blanco y me hace querer reír a pesar de la situación en la que estoy.
—Tolkien era un hombre que entendía demasiado —murmura. Me pregunto a qué se refiere. ¿Conoció a Tolkien? Esa idea envía mi corazón en picada, pero antes de poder preguntarle, Edward continúa—: Folk es una especie muy vieja —dice, recargándose en su silla—. Somos mucho más antiguos que los humanos y tenemos magia más desarrollada y un mayor entendimiento del mundo. —Sonríe—. A veces, lo admito, en nuestro propio detrimento. —Golpetea sus largos dedos sobre la mesa y todo en lo que puedo pensar es en lo mucho que quiero sentirlos en mí otra vez. Es un pensamiento enfermizo ya que antes solo me agarró para mantenerme quieta—. Cuando tienes la capacidad de vivir durante siglos, el tiempo ya no significa nada; se vuele obsoleto. —Hace una pausa, sus gruesas cejas se fruncen. Me pregunto qué vidas ha vivido, cuánto tiempo ha vagado en este mundo. ¿Qué horrores es incapaz de sobrevivir? La pesadez de su rostro se aclara y parpadea, mirándome, su sonrisita de suficiencia regresa a sus tentadores labios—. Así es como muchas veces nacen las travesuras. Somos… personas caprichosas, y sin un liderazgo fuerte, tendemos a meternos en problemas. —Ante esto, su sonrisa se torna en una de maldad—. Pero como dije, vivimos mucho tiempo y los monarcas rara vez cambian. Es grandioso para la estabilidad, sí, pero terrible si le sirves a un tirano.
Frunzo el ceño, inclinándome hacia él.
—¿Quién es tu monarca?
Me mira.
—Un ser muy viejo —dice después de un momento.
—¿Es un tirano?
Edward frunce el ceño.
—Hay algunos que creen que lo es —dice con cuidado. Bufo.
—Bien, todavía no veo cómo entro yo en esto —señalo. Sus ojos se enfocan en mí y asiente.
—Hace mucho tiempo, en el Viejo País, existió una bruja muy poderosa —dice, con la cabeza ligeramente ladeada—. Su amante estaba atado a juramentos de lealtad. Ese tipo de magia es inquebrantable y antigua. —Sus ojos se mueven hacia mí—. Es el tipo de magia que enlaza a mi gente. —Me mira un largo momento antes de continuar—. Ella era poderosa y estaba desesperada, y armó un plan. Creó un hechizo para liberarlo. Aprendió cómo quebrar lo inquebrantable, cómo terminar lo interminable. Esta bruja reescribió la realidad misma.
Lo miro, hipnotizada por su historia.
—¿Qué sucedió?
Edward se encoge de hombros.
—No lo sabemos. Nadie sabe si funcionó, y si es que funcionó, qué hizo en realidad su hechizo. Ese tipo de magia está oculta para los Folk.
Frunzo el ceño.
—¿Y es por eso por lo que me necesitas?
Edward ladea la cabeza al analizarme.
—Hueles a magia antigua —dice lentamente—. Tienes en ti la fuerza para encontrar su hechizo.
Lo miro boquiabierta.
—Pero apenas soy una bruja. Hago tés y enciendo velas y hablo con plantas. ¡No ando por ahí reescribiendo la realidad!
Sacude la cabeza.
—Como te dije, hueles a poder. —Se inclina hacia mí sobre la mesa y me congelo—. Creo que estás a la altura de la tarea.
Trago.
—¿Y si no lo estoy?
Me mira durante un largo momento antes de encogerse de hombros.
—Si no podemos obtener el hechizo para el siguiente Samhain*, entonces te liberaré.
Lo miro boquiabierta.
—¿Un año? —reclamo—. ¿Quieres mantenerme prisionera por un año?
La sonrisa que cruza su pecaminoso rostro hace que se me atore literalmente el aliento.
—Oh, pero piensa en lo mucho que podríamos divertirnos, Pequeña. —Sus palabras son miel envenenada y casi de inmediato me veo ahogada en ellas.
—No te diré que sí —murmuro débilmente.
Sonríe, se levanta de la mesa y la rodea para llegar a mi lado. Se agacha con una mano en la silla detrás de mí, la otra en la mesa de modo que me está acorralando.
—Oh, creo que puedo persuadirte —murmura, baja más la cabeza, tiene la mirada en mi boca—. Los elfos no pueden mentir, así que créeme cuando te prometo que soy capaz y estoy bastante dispuesto a darte todo tipo de placeres impuros. —Sus ojos se mueven hacia los míos y esa maldita sonrisa suya me detiene el aliento por completo—. Solo tienes que pedirlo.
*En la mitología celta y nórdica, las selkies o selkie folk, que significa «gente de las focas», son seres mitológicos con el poder del teriomorfismo, cambiando de forma de foca a humano al mudar su piel.
*Samhainn o Samaín es la festividad de origen celta más importante del período pagano en Europa hasta su conversión al cristianismo, en la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre servía como celebración del final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año Nuevo Celta», que comenzaba con la estación oscura.
