Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
.: Ocho :.
—¿Cómo se supone que debo encontrar un hechizo que está perdido en el tiempo? —Mi voz suena débil, temblorosa mientras intento respirar a través de la intensa lujuria que zumba en mis venas. La sonrisa perversa de Edward se extiende un poco más al apartarse de mí.
—Se dice que una bruja con suficiente poder podrá invocarla —dice, cruza a zancadas la habitación, alejándose de mí. Respiro profundo en cuanto me da la espalda.
—¿Quieres que invoque a una antigua bruja todopoderosa? —pregunto.
Me mira.
—Sí.
El sonido que hago es casi cómico y podría igualarse al rebuzno de un burro. Excepto que todo lo que hay detrás de ese sonido es pánico puro.
—Bien, uno, yo no invoco cosas, para nada. Esa es una receta para mierdas muy malas. —Lo miro enojada—. Dos, incluso si invocara cosas, ¡no puedo simplemente elegir a quién invocar! ¿Sabes la clase de práctica que se requiere para ser tan selectiva? ¡Ni siquiera puedo imaginar qué tanto tendría que entrenar para rastrear a alguien tan poderosa! —Estoy chillando y está impulsado por el pánico.
—Pero eres una bruja —dice, entrecerrando ligeramente los ojos.
—Diosa mía, eres un jodido imbécil. —Me inclino hacia enfrente, mi cara cae en mis manos. No me importa lo impertinente que estoy siendo; no me importa si me mata por eso. Es mejor que me mate ahora que pasar el resto de mi vida persiguiendo un fantasma con el que no quiero hablar.
—Para invocar solo se requiere el hechizo adecuado, ¿no?
Alzo la cara de mis manos, mirándolo enojada.
—Si crees que sabes tanto, ¿por qué no lo haces tú?
—No usamos la magia de la misma manera. Los elfos no necesitan hechizos; nosotros somos magia. —Su tono suena arrogante; pretencioso incluso, y pongo los ojos en blanco.
—Tan llenos de magia que ni siquiera puedes superar la simple maldición de una bruja —murmuro. Me frunce el ceño—. No es tan simple como un hechizo —digo, apoyándome en la silla—. Para invocar a alguien específico, tengo que tener algo de la persona, algo que cree una atadura.
Frunce el ceño, apoyándose en la encimera.
—Sí, es por eso que te he traído aquí.
Lo miro.
—¿A qué te refieres?
Suspira.
—No sabemos nada de cosas que le pertenecieran, pero conocemos la tierra que trabajaba. Esta cabaña está erguida sobre la tierra donde ella nació.
Miro a mi alrededor. ¿Dónde demonios estoy?
—Así que, me sacaste de mi casa, me trajiste a un lugar completamente foráneo, no me dijiste por qué y ahora esperas que yo… ¿qué? ¿Que adivine por arte de magia tu plan?
Mi tono es condescendiente y entorna la mirada.
—Te traje aquí para que pudieras limpiarte del tóxico mundo humano con el que te rodeabas y para que pudieras empezar a aprender el ritmo de este mundo; el mundo verdadero.
—Es una tontería. —Se ve sorprendido y me levanto de la mesa—. La magia me llama todo el maldito tiempo. Paso más tiempo filtrándola que escuchándola. Sin saber qué es lo que se supone que debo estar escuchando, habría seguido ignorándolo hasta que me contaras la verdad —digo, lo miro con dureza y cruzo los brazos sobre el pecho. Él frunce el ceño.
—Muy bien —sisea—. Ilumíname.
Me aparto de él y me muerdo el labio al mirar la habitación. La verdad es que la magia siempre está punzando para mí, llamándome. Es la canción de una sirena que canta directamente para mi alma.
A veces solo es cuestión de enfocarme en ella en vez de ignorarla.
Mis ojos se cierran de un revoloteo, pero en el momento que lo hacen, me veo abrumada, ahogada por la energía que emana de Edward. Es una magia profunda, antigua y oscura que sabe a cerezas amargas y musgo. Combinado con su aroma a moras y pinos, mi cabeza está tan llena del bosque que no puedo pensar o sentir nada más allá de eso. Edward me está agobiando, me llena, me domina absolutamente en cada posible manera excepto de forma física.
Jadeo, inhalando de golpe al abrir los ojos, y tropiezo hacia enfrente. Me giro hacia Edward, que me mira con ojos oscuros y de depredador. Oh, Diosa.
No podré resistirlo si hace movimiento alguno por tomarme justo ahora. Lo dejaría, al demonio con mi enojo y moral feminista; lo dejaría devorarme, si tan solo él hiciera el intento.
Sin embargo, no se mueve, ni siquiera respira. Se queda ahí parado, como una estatua, a la espera.
Respiro profundo.
—Quédate aquí. Tengo que salir. —Mi voz suena débil y traiciona mi incertidumbre y ansiedad. No puedo explicarle por qué necesito el espacio, aunque sospecho que ya lo sabe.
Ensancha la nariz y, por un momento, creo que va a detenerme. Se va a parar justo ahí, mirándome de esa manera, y en cualquier momento me devorará por completo.
Pero luego su cuerpo se mueve, rodando a través de la tensión. Veo la columna de su garganta moverse cuando traga y se gira sobre sus talones, moviéndose alrededor de la cabaña para darme espacio. Paso junto a él lo más rápido que puedo y en cuanto estoy afuera, caigo sobre la tierra, el suave pasto me traga por completo. Mi cuerpo se sacude mientras el residuo de su presencia sigue invadiéndome.
Tardo un minuto, pero eventualmente puedo componerme otra vez. Me quedo en el suelo, cierro los ojos mientras respiro profundamente y me concentro en la magia que me rodea una vez más.
Llega lentamente, la magia. Fluctúa hacia mí como la marea y trae consigo fragmentos de conocimiento, susurros que vienen a través de las épocas. Cosas que en su mayor parte se mantienen desconocidas.
La magia se filtra en mí, y entre más me quedo en ella, más profundo caigo en su abrazo. Siento el trance apoderarse de mi cuerpo, y ahora que sé qué es lo que busco, es mucho más fácil enfocarme en ello.
Caigo, y caigo, y caigo. A través del tiempo y el espacio, a través de mundos conocidos y desconocidos. Caigo en el todo y al mismo tiempo todo se convierte en mí.
