Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


.: Nueve :.

Ella amaba con un amor que era más que amor.

Su madre y su abuela, y todas las mujeres sabias que conocía se lo habían advertido. Tu amor es posesivo; te devorará por completo.

Ella no les creyó, y todavía más, no le importó. Ella era más que los miedos y supersticiones de esas viejas mujeres. Ella era poder y les demostraría que se equivocaban.

Se reunieron bajo la luz de la luna llena. Nunca era tiempo suficiente para ella, pero era todo el tiempo que podían robar.

Él le trajo vino de miel dulce que vertía el sabor del sol del verano sobre la lengua de ella y ella le llevó amuletos para mantenerlo a salvo, para protegerlo en la batalla.

Pasaron horas perdidos en una pasión tan profunda y salvaje que le robaba la vida a cada ser vivo que los rodeaba, y cuando la luna cayó y el sol empezó a salir, se recostaron en la estela de su devastador amor y se deleitaron con su poder.

Los meses se convirtieron en años y los dos amantes siguieron su aventura. Era peligroso, amenazaba no solo sus vidas, sino la paz en el mundo que los rodeaba, pero ellos siguieron escabulléndose, ignorando las consecuencias. No tomaron otros amantes ya que ambos eran devotos a su amor prohibido.

Ella iba a él en cada luna llena y cuando el cuerpo de él rodeaba el suyo, anclándola a una magia mucho más antigua que cualquiera de ellos dos, él le susurraba promesas dulces al oído.

Si fuera libre, podríamos estar juntos. Si me liberas, no habría nada que nos detuviera. Te amo, ¿acaso no lo sabes? Te amo más que a mi propio nombre.

Una y otra vez, él vertía sus palabras endulzadas en ella hasta que ella estuvo tan llena de ellas, que no había espacio para nada más. Se quedaron, enterrándose y creciendo en ella, igual que la semilla que él había dejado en ella.

Cada mes que se reunían, él le pedía noticias, y con ojos llorosos, ella le decía que no sabía cómo soltar las cadenas de su lealtad. Parecía que estaban condenados a ser amantes desventurados, permitiéndoles una noche juntos bajo la luna llena.

Su vientre creció, su cuerpo cambió, y con ese crecimiento, nació un conocimiento nuevo en ella. El conocimiento inherente en una mujer que solo se sabe cuando se preparan para un hijo. Ella sabía, con una certeza que no podía nombrar y que no se atrevía a cuestionar, que la respuesta para los problemas de su amante había estado con ella todo este tiempo.

Llegó la siguiente luna llena y ella se dirigió hacia su amado con el vientre tan hinchado con su hijo que su avance era lento. Ella dolía y le pesaba cada parte de su cuerpo, pero su corazón… su corazón estaba hecho de luz con el conocimiento de que pronto vería a su amante y que pronto podría contarle las buenas noticias.

Se encontraron en el valle y ahí su amante le cantó a su vientre hinchado canciones de cuna de antaño mientras ella le apartaba su hermoso cabello de su atractivo rostro. Ella ansiaba contarle las noticias, pero primero, primero tendrían este momento.

¿Qué noticias tienes? —preguntó su amante, besando la curva de su vientre antes de sentarse. Alzó la vista hacia ella y sus ojos plateados captaron la luna llena, haciéndolos brillar.

Sé cómo liberarte —murmuró—. Mi Amado, puedo hacerlo.

Ella miró su rostro, el shock seguido de la alegría.

¿Puedes de verdad?

Le rodeó la cara con las manos, acercándolo a ella para depositar un delicado beso en sus labios llenos.

Puedo. Para la siguiente luna, habrás sido liberado.

Él le preguntó cómo planeaba hacerlo, pero ella solo sonrió y sostuvo a su amor en sus manos, adorándolo. Cuando llegó el momento de partir, lo dejó con una promesa susurrada al oído.

Serás libre, mi Amor. Serás mío, para siempre.

Tres días después, dio a luz a una hija. Era una cosita pequeñita y la mujer supo al mirarla que sería igual de encantadora que su padre y tres veces más astuta.

Tú —dijo la mujer, llevándose a la bebé al pecho—. Eres la llave para liberar a tu padre. Eres a la que he estado esperando.