Me desperté cuando los primeros rayos de luz solar atravesaron las cortinas. Después de incorporarme y desperezarme, fui consciente de que hoy empezaba el segundo curso en la nueva academia.

-La primera clase es sobre el elemento Tierra.

Recordé. "Espero que este año mi enfermedad se comporte y no me cree muchos problemas". Comencé a vestirme. El uniforme de este lugar es distinto al de Romalia. Aquí las capas son largas y de diferentes colores, mientras que en mi hogar llegan solo a la mitad de la espalda y las distinciones entre cursos se demuestran según el broche. Suspiré tras pensar en algo. "Debo decir que he tenido suerte pese a que, en ocasiones, me he excedido. Los ataques serios son mínimos. No me he acostumbrado a mi maldición y nunca lo haré, pero al menos me controlo bastante cuando empiezo a quedarme sin aire o noto ese maldito dolor de huesos". Una vez preparado, me miré al espejo y sonreí. "Me ha crecido un poco la barba durante el viaje y el negro me favorece. He tenido suerte con el color de la capa. Tal vez sea hora de cambiar de aspecto. Allá vamos". Salí del cuarto y me dirigí al comedor.

El viaje desde Romalia había sido demasiado largo. Todavía siento molestias en el cuerpo. Tras llegar a mi destino, me senté cerca de la entrada, en el mismo lugar que anoche. Hoy preferí dejar la espada en ristre. Mientras desayunaba en silencio, me fijé en varios compañeros que destacaban por encima de los demás, al menos físicamente: a un par de sillas de distancia se encontraba un joven rubio con la camisa algo desabrochada. Desprendía un aire de superioridad difícil de soportar. Estaba hablando con una chica cuyo pelo, del mismo color que el de su amigo, consistía en una serie de tirabuzones.

–Tengo ganas de volver a clase.

–Y yo de que pasemos tiempo juntos, ¡Oh, Montmorency, la mas bella de las rosas!

–Siempre estás igual, Guiche.

–Eso es porque mi amor no conoce límites.

"Perfecto, un casanova". Una serie de imágenes aparecieron en mi mente. "Me recuerda un poco a Andrea. Espero que no acabe siendo un matón como él, aunque lo dudo. Andrea jamás se juntaría con gente… ¿Cómo nos llamaba? Ah, si: despreciables". El chico situado al lado del tal Guiche era gordo, rubio y de mejillas sonrosadas. De ahí mi suposición. Unos asientos mas allá había una joven cuyo código de vestimenta probablemente rompería alguna regla en muchas instituciones. De tez morena, pelirroja, grandes atributos… Un corrillo de alumnos de segundo y tercer curso la rodeaban. Cada uno de sus movimientos estaba lleno de sensualidad. "Con que tú eres la reina del lugar ¿Cierto?"

–¿Puedo recoger el plato, señor?

Una dulce voz me sacó de mis pensamientos. Dirigí la mirada hacia el origen de esta y mis ojos se encontraron con los de una sirvienta. Cabello negro, pupilas azules. "Las mujeres de aquí son muy diferentes a las romalianas".

–Si, gracias.

Le sonreí. Mis palabras provocaron un gesto de sorpresa en la chica. Ella se sacudió un poco la cabeza y recogió rápidamente los restos de mi desayuno.

–Gracias a usted.

Hizo una reverencia y se retiró. "Hora de mi primera clase en este lugar". Me incorporé, ajusté el cinturón y salí del comedor.

De camino al aula casi me pierdo. El mapa que viene dentro del libro es bastante impreciso con respecto a los pisos de cada torre. He tenido que preguntarle a un chico para que me guiara. Al ser de mi grupo no hubo problema. Se presentó como Pélisson. Cuando llegamos al destino, la profesora estaba esperando fuera. Una mujer entrada en años. Corpulenta, de sonrisa amable. Me aproximé a ella para comentarle mi situación.

–Disculpe. Mi nombre es Alessandro y soy…

–Ah, usted es el nuevo alumno del que nos informó el director.

Asentí un poco sorprendido debido a su contestación.

–Si.

–Bien, acompáñeme. Pero antes…

Se aseguró de que todos los alumnos entraran delante de nosotros.

–¿Puedo preguntar por qué va armado con una espada?

"Comprensible".

–Es mi catalizador. Sé que suena poco veraz, pero créame, por favor.

Se tomó unos segundos para responder, sin perder la sonrisa en ningún momento. "Recuerdo al profesor de Agua de la academia de Romalia. El primer día prácticamente no me dejó asistir a clase porque creía que iba a asesinar a algún compañero". Esbocé una media sonrisa.

–Está bien, adelante.

Suspiré aliviado. Una vez entramos al aula, me situé a su lado junto al estrado.

–Buenos días, alumnos. Primero de todo les felicito por haber pasado a segundo curso.

Echó un vistazo rápido a la clase y yo hice lo propio. El espacio era amplio y luminoso. Cada fila de pupitres estaba conformada por varias parejas de estos, separados entre si por una serie de escaleras de madera. Entre los jóvenes destacaban los que ya mencioné en el desayuno y una chica de cabello azulado que estaba sentada en la primera fila. Mi guía, Pélisson, se encontraba junto a la radiante pelirroja.

–Este año tendrán un nuevo compañero procedente de Romalia.

Dirigió su mirada hacia mi. Yo asentí con seriedad.

–Mi nombre es Alessandro. Es un honor conoceros.

Sonreí levemente e hice una reverencia a la romaliana. Un murmullo se formó entre los jóvenes. Alcé la cabeza y la profesora me indicó que tomara asiento. Dudé por un momento. Finalmente, me decidí y caminé hasta la primera fila. Allí se encontraba la joven de pelo azul. En apenas dos segundos, levantó la mirada, me observó de arriba abajo y continuó su lectura como si nada. "Curioso". Me senté a su lado.

–Mi nombre es Chevreuse. Yo seré su profesora sobre la magia relacionada con la Tierra, mi atributo predilecto, este año. Me apodan Chevreuse 'La Arcilla'.

La chica de mi lado seguía metida en su libro pese a las palabras de la profesora "¿Estará atendiendo?" Una leve sonrisa se formó en mi rostro. "Me recuerda a Donatello".

–Muy bien. Repasemos un poco. ¿Cuáles son los elementos principales de la magia?

Sin dudarlo un segundo, un joven alzó su varita, la cual tenía forma de rosa. "El tipo rubio del comedor. Creo que su nombre era Guiche". Realizó un gesto de orgullo tras levantarse.

–Fuego, Agua, Tierra y Aire.

Hizo una reverencia.

–De hecho, al igual que usted, mi atributo predilecto es la Tierra. Soy Guiche de Gramont, 'El Bronce'. Téngalo en mente, por favor.

Se colocó la varita-rosa en la boca. Rodé los ojos.

–Correcto. Es un placer conocerlo, señorito Gramont. Como ya sabrán, la magia del elemento Tierra es la base para la creación de todo tipo de cosas.

Metió una mano en su capa y sacó una bolsa. De ella surgieron tres piedras.

–Para que lo entiendan mejor quiero que aprendan un hechizo básico.

Tras esto, procedió a recitar el encantamiento. Las pequeñas piedras se volvieron de otro material. La mayoría de mis compañeros se sorprendieron mucho.

–¿¡E-Eso es oro!?

Dijo la bronceada pelirroja con un marcado acento germano.

–No. Es latón.

Mencionó la profesora agradablemente. Chevreuse sonrió y volvió su vista al frente. Retiró el latón y volvió a colocar tres piedras sobre su mesa.

–¿Y bien? ¿Quién se anima a intentarlo?

Dio un vistazo rápido al aula y se fijó en alguien.

–¿Qué tal usted? La joven de cabello rosado de la última fila.

Un pequeño revuelo empezó a formarse entre los alumnos. "¿Cabello rosado?" Mi mirada se dirigió hacia donde indicaba la profesora. Sentada en solitario, sin ningún alumno que la rodeara, había una jovencita cuyo largo cabello destacaba por poseer un tono rosado. Era ciertamente bajita, aunque no tanto como la chiquilla de mi costado.

-¿Cómo se llama?

Tras unos segundos en los que el murmullo se acrecentaba, esta se levantó.

–Louise. Louise de la Vallière.

"¿Vallière? Ese apellido me suena".

–Ehh… Esto… Profesora.

El chico regordete del desayuno habló mientras levantaba su mano.

–¿Si?

–Creo que sería mas prudente si no le dejara realizar el encantamiento.

La mayoría de mis compañeros asintieron. Yo me quedé de piedra "¿¡Qué!?"

–¡Es demasiado peligroso!

Dijo una asustada germana. Un gesto de sorpresa, similar al mío, se formó en el rostro de la profesora. Tras esto, se rió para si.

–¿Peligroso? ¿Cómo puede ser peligroso un encantamiento tan simple?

Asentí. "Exactamente ¿Qué podría hacer esa chiquilla? ¿Convertir las piedras en arenisca?" La joven dio un ligero golpe en la mesa.

–¡Lo haré! ¡Por favor, deme una oportunidad!

Comentó molesta.

–Muy bien. Adelante, jovencita.

Llena de orgullo, la indicada bajó las escaleras. De repente, la chiquilla de mi costado se incorporó sin decir nada y recogió su bastón. Salió y cerró la puerta del aula tras de si. Nadie pareció darle importancia a esto. "¿Q-Qué sucede en esta escuela?" Alcé la vista de nuevo y observé como la mayoría de alumnos, especialmente los de las primeras filas, se resguardaban detrás de las mesas.

–¡Vallière, detente!

La germana habló en un tono de desesperación y se levantó de su lugar.

–¡Silencio, Von Zerbst!

Con esto, procedió a sacar su varita y mirar las piedras. "Von Zerbst, Von Zerbst… ¡Ah, claro! ¿Cómo no había caído? ¡Estamos en Tristain! Los Vallière son la segunda familia mas importante del país. Así que esta es una de sus herederas… Interesante. Por otro lado está la germana de apellido Von Zerbst. Creo recordar que viven cerca de la frontera y siempre han rivalizado con los nobles tristanianos". Suspiré. "Perfecto, una confrontación entre familias dentro de mi clase…"

–Piense con fuerza el tipo de material que desea obtener mientras realiza el encantamiento.

Mencionó Chevreuse. El murmullo continuaba en las mesas. La joven maga apunto hacia los pequeños restos rocosos. Pronunció el conjuro. "Mmm, por ahora va bien…" Justo cuando iba a lograrlo, la potencia del hechizo se salió de control y todo acabó en una explosión que me cogió desprevenido, provocando que chocara contra el escalón de la separación entre filas.

Me incorporé como pude cuando el humo se disipó. Lo primero que vi fue a la chiquilla con la ropa medio destrozada. Un gesto de incredulidad se formó en su rostro. Von Zerbst, muy molesta, gesticuló enfadada.

–¡Te lo avisé!

–Parece que he cometido un pequeño error.

–¿Pe-Pequeño?

Guiche, el casanova, apareció de la nada en mitad del aula. Su ropa, impoluta. "Me pregunto si habrá ido a esconderse de la explosión". Me rasqué la zona afectada por el golpe.

–¡Tu porcentaje de éxito al realizar un hechizo sigue siendo cero!

Le recriminó el rubio "¿¡Cero!?"

–¡Que podíamos esperar de Louise 'La Cero'!

Sentenció Von Zerbst. "¿Louise 'La Cero'? Menudo apodo… Bueno, yo no debería hablar tan alto". La joven se sacudió un poco el hollín y miró a la profesora con un gesto de indiferencia.

–No ha sido para tanto.

Y se encogió de hombros "¿¡Q-Qué acaba de pasar!?" En ese instante, la chiquilla de cabello azulado regresó al aula como si nada. Levantó la vista para ver que aconteciera y volvió a sentarse a mi lado, continuando con su lectura. Mi rostro era una combinación de sorpresa e incredulidad. "Ha provocado una explosión en vez de transformar unas piedras en otro material… ¿Estoy soñando? Y no sólo eso, sino que la gente era consciente de ello". Vallière pareció percatarse de lo algo. Se tapó con una mano el lateral de la falda del uniforme mientras se ruborizaba y corrió hasta la puerta.

–¡Siempre haces lo mismo, Vallière!

La profesora se recuperó poco después. Cierta pelirroja se aseguró de recordarle lo sucedido. Entonces, Chevreuse, todavía atontada, preguntó si esto era habitual, algo que también pasó por mi cabeza. Malicorne, el rubio corpulento, respondió por todos. El resto de la clase continuó como si no hubiera pasado nada. La tal Louise 'La Cero' volvió a la media hora con un uniforme nuevo. Evidentemente, la maestra habló con ella para decirle que fuera a la oficina del director. La indicada se sentó abatida en su lugar y prefirió no mediar palabra la hora restante. Yo no podía creer lo que acababa de pasar. De hecho, una vez terminó la clase, le pregunté a mi compañera de pupitre si de verdad Louise siempre fallaba. Ella, sin levantar la mirada, asintió educadamente.

Después de una rápida visita a la biblioteca para ver el lugar, di una vuelta por el patio delantero, el mas grande de todos, situado tras acceder al recinto por la puerta principal. "Pronto tendré que ir a la capital a comprar una serie de materiales y objetos útiles, pero montar varias horas a caballo no me apetece demasiado". Parece que todas las academias de magia funcionan igual. Mañana realizaremos la invocación del ente que nos acompañará el resto de nuestras vidas. "Nunca me ha entusiasmado la idea de vincular por la fuerza a una criatura para que me sirva. Pero tener, o haber tenido, un familiar es algo fundamental para cualquier mago. En uno de los libros que encontré, decía que el poder del ser es equivalente al de su futuro maestro. Sin embargo, existen hechiceros reconocidos cuyos familiares son gatos, perros o búhos comunes, al menos desde fuera. Al ser estudiantes de segundo curso, todavía nos falta mucho por aprender. Ninguno debería dominar hechizos triangulares, por lo que si alguien invocara un dragón, o una criatura de poder similar, esa persona destacaría muchísimo. Por supuesto, mi curiosidad con respecto a este tema, al menos desde hace unos meses, tiene que ver con los familiares legendarios. Giulio es uno de los cuatro. La mano derecha de Brimir: Vindálfr ¿Y si alguno de mis nuevos compañeros invocara a Gandálfr, Lífprasir o Mjöovitnir? Informaré a Vittorio si eso sucede y esperaré con ansias su respuesta". Iba tan ensimismado que no vi acercarse al profesor Colbert, el hombre calvo que conocí ayer durante la cena. Había tenido clase con él después de con Chevreuse.

–¿Eras Alessandro, cierto?

–¿Eh? ¡Oh! Es usted, profesor.

–¿Absorto en tus pensamientos?

Asentí algo avergonzado. Por su tono no era la primera vez que lo preguntaba.

–Algo así. El asunto del familiar me tiene en ascuas.

Dije visiblemente nervioso. Él se rió.

–¿Ah si? Bueno, es lógico. Si me permites darte un consejo créeme, no es para tanto.

–¿De verdad?

El hombre asintió.

–¿Se te da bien la magia de evocación?

Pensé durante unos segundos.

–Decentemente.

–Entonces no tendrás problema. Ahora, dime ¿Qué te preocupa del asunto?

Me hizo un gesto para que nos sentáramos un momento a la sombra. "No debo juzgar tan a la ligera puesto que he conocido únicamente a dos, pero Colbert podría ser, en mi opinión, uno de los mejores profesores de la academia. Solo llevo un día aquí y me ha hecho sentir como un alumno mas, no como 'el nuevo'". Suspiré.

–Verá, no me agrada la idea de forzar a un ente a servirme el resto de mi vida.

Él se quedó pensativo.

–Mmm… Curioso. En los quince años que llevo dando clase aquí, nadie se había planteado algo así.

Pensé con cuidado las siguientes palabras que saldrían de mi boca. "Aunque parece alguien de confianza, soy consciente de que ciertas ideas que tengo no son bienvenidas en algunos lugares". Me rasqué la nuca.

–Realmente, lo que despierta mi curiosidad es que alguien invoque un familiar especial.

–¿Un familiar especial?

Asentí. "Mejor dejar de lado el asunto de mi disconformidad".

–¿A qué te refieres?

–Ya sabe, dragones, grifos, bestias extrañas…

La última palabra provocó un gesto de sorpresa en su rostro. "Mierda. Debo detenerme".

–¿Bestias extrañas?

–Si.

Me limité a decir. A juzgar por su penetrante mirada, mi respuesta no era la que esperaba. Preferí dejar morir la conversación. Me incorporé.

–Sintiéndolo mucho, profesor, me están esperando…

–Entiendo.

Colbert me imitó. "No sé si mi mentira habrá funcionado. Eso parece, puesto que su rostro volvió a tener el habitual gesto de tranquilidad con el que lo conocí".

–Nos vemos mañana a primera hora. Buenas tardes.

Se despidió con la mano. Yo correspondí esbozando una forzada sonrisa.

–Hasta mañana, señor.

Suspiré de nuevo. "Menos mal".

Entré en el edificio principal para dirigirme al comedor. De camino, me encontré con los rubios que mas han destacado en mi grupo hasta ahora. Guiche estaba molesto todavía por lo sucedido con Louise 'La Cero', lo cual no impedía que se mofara de ella. De casualidad, la mencionada se cruzó con ambos en la puerta de nuestro destino.

–Mira quién es, ¡Louise 'La Cero'!

Ella se detuvo al escucharlo. Fue entonces que se percató de su presencia. Yo permanecía a unos pasos de distancia, apoyado en la pared como si nada.

–¿Te han expulsado ya o siguen creyendo que vales para algo?

–Tampoco hace falta decirlo así, ¿No?

Malicorne interrumpió. La joven de cabello rosado pasó por su vera con parsimonia. "Guiche de Gramont, tú y yo no nos llevaremos bien".

–No me han hecho nada.

–¿¡Cómo!?

Louise respondió sin voltearse.

–La culpa recayó en la profesora por permitirme hacer magia a pesar de las advertencias de los alumnos.

Guiche y Malicorne se miraron incrédulos "¿¡P-Por permitirle hacer magia!? ¿Q-Qué clase de estudiante de segundo año de una academia respondería algo así? Me pregunto si, en verdad, habrá conseguido evitar el castigo por ser hija de una de las familias mas importantes de Tristain". Los rubios se rieron a carcajadas poco después.

–¡He tenido un mal día, eso es todo!

Mencionó una avergonzada chica.

–¡Siempre te pasa igual! ¿No crees que deberías tener un apodo decente a estas alturas?

Sentenció Guiche mientras se ahogaba de la risa. Ella salió del lugar y pasó por mi lado. En un pestañeo, me miró a los ojos y acerté a ver un par de lágrimas en sus cuencas. "Pobrecilla". Permanecí un momento en silencio. "Me recuerda a mi cuando empecé a practicar con Ludwig. Ella al menos produce explosiones. Yo no era capaz siquiera de controlar un chorro de agua. De no ser por mi espada-catalizador…" La observé un momento y sonreí.

–Mi fiel compañera.

–¿Perdón?

Escuché decir a una voz con un pronunciado acento germano. "Maldita sea. Yo y mis defectos". Alcé la vista y mis ojos se encontraron con una perla color miel, ya que la otra estaba oculta tras un mechón de cabello rojizo. Me sorprendí de la cercanía de la joven.

–¿Disculpa?

–¿Me acabas de llamar "Mi fiel compañera"?

Pestañeé varias veces. Von Zerbst, la bronceada chica de mi clase.

–¡Ah, no no! Se lo decía a mi catalizador. Perdona.

Sonreí un poco nervioso. Ella hizo un gesto de sorpresa y se alejó un par de pasos.

–¿Hablas con tu… Espada?

Sólo en ese momento, mientras pensaba en que responder, me percaté de la presencia de la chica de pelo azul con la que comparto pupitre. Se encontraba leyendo detrás de Von Zerbst. "Me pregunto si son amigas o algo. Por lo que he observado hasta ahora nunca lo diría. Además ¿Se pasa con los ojos metidos en un libro continuamente? Vale, acabo de sonar como un hipócrita".

–¿Hola? ¿Estás ahí?

–¿Eh? ¡Ah, lo siento! E-Es que soy muy despistado. No acostumbro a hacerlo, no.

Respondí rápidamente. Ella rió para si. Un leve rubor se formó en mi rostro. De la nada, la chica de pelo azul cerró su libro y nos miró a ambos.

–Tengo hambre.

Dijo en un susurro. Von Zerbst pareció acordarse de algo y se volteó hacia ella.

–¡La comida, cierto!

Se giró de nuevo, con un gesto de felicidad en el rostro.

–Ya nos veremos, chico que habla con las espadas.

Sentenció juguetona. Iba a quejarme, pero decidí dejarlo pasar. Ellas se fueron a sus lugares comentando algo que no logré escuchar. Suspiré y esbocé una media sonrisa. Me puse en camino. "Supongo que hablar con espadas es de lo menos extraño que he hecho".

A las 9:00 del día siguiente, todos los alumnos de segundo curso nos encontrábamos presentes en el patio trasero. Cuando llegué al lugar, el profesor Colbert, encargado de evaluar esta prueba y vigilar que nada malo sucediera, asintió. Sonreí ante el gesto. Me dirigí al fondo del grupo para observar tranquilamente lo que cada uno invocaba. "Gandálfr, Lífprasir, Mjöovitnir…" Esas tres palabras ocupaban mis pensamientos.

–Buenos días, alumnos. Ha llegado el momento. Hoy realizaran la Ceremonia de Invocación.

Nos miró uno por uno.

–Si bien es cierto que se considera un examen, no se preocupen por la nota. No suspenderán por invocar un ratón.

Comentó tratando de aliviar la tensión.

–Realmente, la importancia de la Ceremonia de Invocación reside en su significado. Un familiar es un compañero de vida, un sirviente eterno que todo mago posee o ha poseído. Como nobles, este es el primer paso a dar si quieren destacar en un futuro.

Un murmullo empezó a formarse en el grupo de alumnos.

–Ahora ¡Comencemos!

Colbert sacó de su bandolera una hoja llena de nombres. Fue llamando uno por uno en orden… "¿Aleatorio? Por nombre no porque yo sería de los primeros".

–Estoy muy nerviosa.

–¡Anda que yo!

Comentarios como esos se escuchaban en todas partes. En cuanto a mi, debo decir que siento un cosquilleo en el estómago. "Sigo manteniendo mi postura con respecto al tema. No quiero subyugar a un ente aunque este consiga habilidades especiales a cambio".

La mayoría de mis compañeros invocaron criaturas nada destacables. Gatos, perros, conejos… Uno de ellos logró hacer aparecer un cuco, un ser sobrenatural compuesto por un cuerpo circular flotante con un gran ojo en su centro. "Interesante".

–Señorita Tabitha, por favor.

Es el turno de la chica de pelo azul. "Tabitha… Me pregunto cuales serán sus apellidos". Rodé los ojos. "Y lo digo yo…" La joven pronunció el conjuro en un tono apenas audible. Para sorpresa de todos, un enorme agujero se abrió en el cielo y de el surgió un dragón azul de pequeño tamaño. La imagen de cierto joven de cabello rubio apareció en mi mente. "Me recuerda a Azzurro".

–¡A-Asombroso!

–Felicidades.

–Por algo es la mejor de la clase…

Ante ese comentario, mis ojos se abrieron de par en par "¿L-La mejor de la clase?" La observé mientras cerraba el contrato con su familiar. "Con lo bien que se me da a mi la magia práctica y me tenía que sentar junto a alguien como ella… ¡No! No debo pensar esas cosas". Sacudí la cabeza.

–Es su turno, señorito Guiche.

Tabitha estaba siendo felicitada por su amiga Von Zerbst, cuando el rubio mas estúpido del lugar dio un paso al frente.

–¡Si, profesor Colbert!

Caminó hasta él lleno de orgullo.

–Permítame mostrarle a un familiar cuyo nombre quedará grabado en la historia de esta academia, al igual que el mío.

–Por favor, realice el encantamiento de una vez. Aún quedan unos pocos alumnos después de usted.

Suspiré. "Al fin alguien que le dice las cosas como son". Guiche titubeó, pero se recompuso rápidamente, recuperando su postura de superioridad tan característica.

–S-Si… ¡Por favor, oh gran Brimir, concédeme a un sirviente digno de mi, Guiche 'El Bronce'!

"Llevo dos días aquí y no lo soporto mas". Un temblor empezó a producirse en ese instante.

–¡Responde a mi sagrada invocación!

Empecé a mirar en todas direcciones. Tragué saliva. "Puede que sea un idiota. Pero un idiota poderoso es preocupante". Un pequeño montículo de tierra se formó delante de Guiche.

–Aquí está.

Sonrió orgulloso. Sin embargo, su alegría se vio truncada ante el ser que asomó por el agujero: un topo gigante.

–¿Eh?

Tuve que aguantarme la risa, al igual que muchos de mis compañeros. Otros no pudieron soportarlo. "Evidentemente la culpa no es del pobre animal, puesto que un topo es, ciertamente, útil. Pero pagaría muchos ecus por volver a ver esa cara en otra ocasión".

Los alumnos restantes fueron realizando el hechizo, convocando búhos, serpientes, etc.… Al final, yo me encontraba entre los tres últimos. Las otras dos personas eran Von Zerbst y Vallière.

–Señorito Alessandro, cuando quiera.

Me limité a asentir. Muy pocos compañeros prestaban atención a estas alturas. Se encontraban charlando entre si sobre sus familiares y los de los demás, algo que agradecí. Respiré profundamente.

–Suerte.

Me susurró el profesor Colbert. "Vale, no pienses en que vas a fracasar. Esto no es difícil, sólo un trámite". Desenvainé mi espada-catalizador y la apunté hacia el cielo. "Allá vamos".

–¡O-Oh, Fundador, responde a mi sagrada invocación!

Debo admitir que no he preparado el juramento demasiado, pero lo importante es el encantamiento en si. Pronuncié este y, pasados unos segundos, de mi espada surgieron unos relámpagos que convergieron en un punto concreto, a dos metros de altura. Tuve que sujetar con ambas manos el catalizador obligado por la vibración. Un portal se abrió. Su tono morado me cogió por sorpresa. "Algo va mal". Sin embargo, esta solo fue en aumento tras ver lo que surgió del mismo.

–¿Un gato?

–¿Tanta parafernalia para un simple gato?

Escuché decir a un par de alumnas. Lo primero que hice fue suspirar aliviado en cuanto todo pasó. Envaine a mi fiel compañera y, por primera vez, mis ojos se encontraron con los del familiar. Dos perlas azules me observaban fíjamente. El animal es peludo y de tamaño adulto. Dudé por un instante. "Algo en su mirada me resulta… Intrigante".

–Por favor, complete el ritual.

La voz del profesor Colbert me sacó de mis pensamientos.

–S-Si.

Me agaché junto al gato.

–Lo siento. Esto va a doler.

Lo sostuve con cuidado en mis brazos y le di un beso en la cabeza. Pude observar que es una gata pese a que tenga tanto pelo. "Los sirvientes van a acabar hasta el gorro de limpiar". Las runas se grabaron sin problema en el estómago del animal. Para mi sorpresa, nuevamente, ella ni se inmutó. Saltó de mi agarre y empezó a lamerse las patas como si nada. "Esto es… Inaudito. He leído en varios libros que los familiares sienten un dolor punzante en la zona donde se graban las runas". Me dirigí hacia mi lugar tras lanzar una mirada a Colbert. Este sonrió y asintió. Mi nueva compañera me siguió el paso con el rabo y la cabeza alzados.

–Es un placer conocerte, pequeña. Soy Alessandro.

Comenté.

Von Zerbst, cuyo nombre es Kirche, convocó a una salamandra de fuego, un animal procedente de las montañas del este de Germania. "Impresionante".

–Felicidades, señorita Kirche.

Dijo Colbert. La nombrada se incorporó con una seductora sonrisa en el rostro.

–Es un familiar que calza a la perfección con mi apodo, Kirche 'La Ardiente'.

"Que apodo mas… Curioso". Guiche observaba a los entes mas poderosos con un gesto que mezclaba decepción y envidia. Su topo no era lo que esperaba, pero creo que, si no actúa como un idiota, le sacará todo el jugo.

–Bueno, creo que ya están todos ¿No?

Dio un rápido vistazo al grupo de alumnos.

–No, aún falta la señorita Vallière, la cual ha prometido que convocaría al familiar mas hermoso, poderoso y elegante de la historia.

Kirche soltó una risita tras terminar la frase. "Louise 'La Cero', ¿Eh? Me pregunto de qué será capaz con su explosivo poder". La mencionada agachó un poco la cabeza, pero empezó a caminar decidida hacia el centro del grupo.

–Cuando quiera, señorita Louise.

Un murmullo comenzó a escucharse entre los estudiantes. La mayoría eran comentarios despectivos o quejas sobre la chica. Esta tragó saliva y suspiró. El profesor Colbert la observaba con curiosidad. "Algo que me ha llamado la atención es que su mirada y la mía, al menos a la hora de contemplar escenas como estas, son similares". Esbocé una media sonrisa.

–Después de la muestra de vanidad de ayer, estoy segura de que invocarás algo nunca antes visto ¿Me equivoco, Louise?

Preguntó una provocadora Kirche. "Si Guiche es el idiota por excelencia, ella es su pareja de baile. Creo que procuraré no juntarme con ninguno". Louise sostenía la varita mientras su mano temblaba. La alzó.

–¡A-A mi sirviente que está en algún lugar de los confines del universo!

Algunos alumnos se rieron con sus palabras.

–¡Al sagrado, hermoso y, por mucho, más poderoso familiar…!

Hizo una pausa.

–¡Yo te convoco desde lo mas profundo de mi corazón! ¡Responde a mi llamada!

Agitó la varita. Una enorme explosión surgió de esta. Para mi fortuna, me encontraba algo lejos. Todavía recuerdo el impacto que sufrí ayer. Tosí varias veces. Mi familiar se había ocultado tras de mi. Abrí los ojos. Escuché quejas de muchos compañeros. Sin embargo, mi atención se vio atraída hacia lo que la joven de pelo rosado convocara.

–Eso es…