"N-N-No es posible…"
–¿¡U-Un humano!?
"No, no hay ninguna duda".
–Pa-Parece un plebeyo.
–Si, tiene que ser un plebeyo.
Varios alumnos hicieron un corrillo para contemplar al familiar que había invocado Louise 'La Cero'. Esta se encontraba en shock. Su cuerpo temblaba de pies a cabeza. Yo me aproximé lentamente al lugar donde permanecía petrificada, pero mantuve la distancia.
–Mmm… Esto es inusual.
Comentó el profesor Colbert mientras acariciaba su barbilla. De cerca pude admirar mejor al joven plebeyo, si resulta ser uno, claro. Abrí los ojos como platos. "Sus rasgos, su vestimenta, sus zapatos… Nunca he visto nada así. Me pregunto si será lo que llevan los siervos en algún lugar aislado de un país remoto". El chico permaneció inconsciente durante casi un minuto. Tras esto, abrió poco a poco los ojos.
–¿Quién eres tú?
Inquirió una muy seria Louise. "Vale, no debo hacer conjeturas tan repentinas, pero puede que este chico no sea ninguno de los tres familiares legendarios restantes, especialmente porque el contrato no ha sido sellado todavía. En cuanto vea las runas…" Me impacienté.
–Al parecer no entiendes mi idioma, ¿Verdad?
El chico se sentó en el suelo y observó sus alrededores. Sus ojos me indicaban que no comprendía nada de lo que estaba sucediendo.
–¡Vaya vaya, que tenemos aquí!
Mencionó entre risas Kirche. Se encogió de hombros de forma provocativa.
–¡No hay duda, un plebeyo es lo mas adecuado para ti, Louise 'La Cero'!
La mayoría de mis compañeros, una vez asimilaron lo sucedido, empezaron a soltar carcajadas. Louise se molestó ante esto y miró a la pelirroja. Yo permanecía en silencio, penetrando con mis ojos al joven familiar.
–¡Só-Sólo he cometido un pequeño error!
–¡Siempre sobrepasas nuestras expectativas, Louise!
Dijo Malicorne.
–?
–¡Tú cállate!
No entendí ni una palabra de lo que dijo "¿Qué idioma es ese?" Louise lo reprimió chillando, provocando que hasta yo me asustara. "Menudos pulmones". Se volteó hacia nuestro profesor.
–¡Señor Colbert, por favor! ¿Puedo repetir el ritual?
–No es posible, señorita Louise.
La joven de cabello rosado retrocedió un paso.
–¿P-Por qué?
El profesor Colbert bajó la mirada.
–Verá, la Ceremonia de Invocación es un acto sagrado que decide la unión entre un mago y su familiar eterno. Repetirlo es una deshonra para la academia y sus compañeros. Le guste o no, el destino ha hablado. Ese joven es su sirviente.
"No creo que invocar un ser humano sea algo malo. Es decir, aparentemente ni habla ni comprende nuestro idioma, lo cual es un problema. Sin embargo ¿Qué mejor que un joven como siervo para tareas del hogar? Además, cuando las runas se graben en su piel, adquirirá alguna habilidad especial. Eso me lleva a pensar que…" Miré de reojo a mi familiar. La gata se encontraba sentada sobre sus patas traseras observando fíjamente lo sucedido. "Es como si entendiera todo lo que está pasando. Debería ponerle un nombre llegado el momento". Louise empezó una pequeña discusión con Colbert. El familiar humano aprovechó esto para gatear en mi dirección. Se detuvo a un par de pasos de donde me encontraba. Alzó la vista y nos miramos a los ojos. "¡Demasiado sospechoso!" Mi compañera sujetó la capucha de su extraña prenda superior.
–¡Pe-Pero yo nunca he escuchado que nadie invocara a un plebeyo como familiar!
La observé durante un momento. "Si tu supieras, Louise". Los demás rieron de nuevo. Aunque no todos. Una persona no lo hizo: Tabitha. Ella se limitaba a contemplar lo sucedido en silencio, resguardada bajo la sombra de su dragón, moviendo sus pupilas de Louise al familiar y a… Mi. Retrocedí un par de pasos.
–Lo siento mucho, señorita Louise. No hay excepciones. Finalice el ritual y acabemos con esto.
–Está bien…
Sentenció decepcionada. Dio un par de toques con su varita en la espalda del plebeyo. Este se volteó y la miró aterrado. Gateó de espaldas, casualmente en mi dirección.
–?
–¡Vamos Louise!
–¡Acaba ya, Vallière!
Caminó hasta situarse junto a su familiar. Yo les dejé espacio.
–Deberías estar agradecido, plebeyo. Los tuyos no suelen recibir algo así de parte de un noble en toda su vida.
Dicho esto, se sentó sobre sus rodillas y agarró al sirviente por el cuello.
–¡?!
Deduje que se estaba quejando.
–¡Quédate quieto!
Louise se ruborizó ligeramente y cerró los ojos. Yo hice una mueca. "¿En serio tienes que besarlo en la boca? Con colocar los labios en la frente es suficiente". Una vez finalizado el ritual, la tristaniana se separó incorporándose, regresando al gesto serio que tenía cuando invocó al chico.
–Bien hecho, señorita Louise.
–¡?!
De repente, un extraño vapor empezó a salir del cuerpo del familiar. Este balbuceaba tratando de comprender que sucedía.
–Tranquilo, solo será un instante. Las runas están siendo grabadas.
Para este momento, la mayoría de alumnos superaran la sorpresa inicial de que Louise 'La Cero' convocara a un humano, por lo que se encontraban charlando tranquilamente. Sólo yo estaba plenamente consciente de la importancia de este hecho. El chico se agarró con fuerza la muñeca izquierda.
–¡?!
Las runas se grabaron correctamente. Cuando el fulgor finalizó, en mi rostro se formó un gesto de sorpresa fácilmente perceptible.
–N-No es posible…
Susurré. No podía levantar la mirada. Empecé a temblar. Traté de parecer lo menos sospechoso posible, pero era complicado. "Gandálfr… Con que es cierto. ¡Un momento! Si Giulio fue invocado por Vittorio y este afirma ser un usuario del Vacío, lo mismo que dicen los libros de la sección privada de la Biblioteca Papal, ¿Acaso Louise también…?" La observé atónito.
–Se ha desmayado…
Mencionó la chiquilla.
–No habrá podido soportar el dolor. Despertará en unas horas.
Respondió el profesor Colbert. Unos segundos después, se situó en el centro del corrillo de alumnos.
–La Ceremonia de Invocación ha finalizado. Felicidades. Ahora tienen un compañero de vida que los servirá hasta su muerte. Cuiden bien de ellos. No olviden que son seres vivos. Eso es todo por hoy.
Sonrió y se despidió. La mayoría de mis compañeros se pusieron en camino hacia el aula donde tendría lugar nuestra siguiente clase mientras charlaban, aunque todavía faltaba un rato para que esta empezara. El familiar plebeyo se encontraba a mis pies. Pude ver claramente el dorso de su mano. "No hay duda, es uno de los cuatro". Tragué saliva.
–Oye, chico nuevo ¿Podrías ayudarme?
La voz un tanto estridente de Louise me sacó de mis pensamientos. Alcé la vista.
–¿Y-Yo?
– Pues claro. ¿Quién mas es el 'chico nuevo'? El resto se han ido ya.
Era cierto. Únicamente nosotros tres permanecíamos parados. Me espabilé.
–Con un simple hechizo de aire debería bastar.
Comenté. Louise se ruborizó y desvió la mirada.
–N-No se me da muy bien realizar conjuros elementales…
"Con que si que eres usuaria del Vacío. Asombroso". Suspiré aliviado.
–Está bien.
Desenvainé la espada y pronuncié el encantamiento. Una ráfaga de aire envolvió el cuerpo del joven y lo elevó.
–Acompáñame a mi cuarto. Lo dejaré allí.
Ese tono constante de superioridad que tiene a la hora de dar órdenes es irritante. "Yo no soy tu sirviente. Además, ¿Cómo que dejarlo allí? No es un objeto".
De camino a la habitación de Louise, me pregunté que haría a partir de ahora. "Lo primero es enviar una carta a Vittorio informándole sobre lo sucedido. Él probablemente querrá que siga de cerca los pasos que den la chica y su familiar de la forma menos sospechosa posible. Conociéndome, eso es algo difícil de lograr. Me emociono con cualquier cosa. Bueno, primero me acercaré a mi irritante compañera. Louise 'La Cero'. Si, claro". Entramos a su cuarto. La gata, mi familiar, nos siguiera todo el camino en silencio.
–Déjalo ahí, junto a la cama.
Me indicó.
–¿No crees que sería mejor posarlo sobre esta?
La chiquilla se volteó.
–¿Qué dices? ¡Es un plebeyo! Dormirá en el suelo.
Hice un gesto de desaprobación.
–Es un ser humano, ¿Sabes?
–Y tú un impertinente.
Me espetó. Mi familiar maulló en ese momento, como dándole la razón. "Resiste, Alessandro. Todo sea por el conocimiento". Sonreí falsamente.
–Vale, lo dejaré en el suelo.
–Bien.
Deshice el conjuro con cuidado. Observé al pobre chico un instante y suspiré. "Parece tan… Normal. Supongo que hasta lo maravilloso se oculta en lo mundano".
–Listo.
–Volvamos a clase.
Asentí tras incorporarme. Envaine mi catalizador y salimos de su cuarto. Caminamos un rato en silencio. Nos lanzábamos miradas de vez en cuando. Yo sorprendido todavía de que esta chiquilla pueda ser una usuaria del Vacío; ella por mi aspecto, seguramente.
–¿Te llamabas Alessandro, cierto?
Su pregunta me cogió desprevenido. Mas bien el tono tranquilo en el que la pronunció.
–Si. Louise, ¿Verdad?
Traté de sonar lo mas incrédulo posible. Ella asintió.
–¿Por qué utilizas una espada como catalizador? Creí que eso era de nobles de épocas pasadas.
Esbocé una media sonrisa.
–Digamos que ella me escogió a mi.
–¿Te escogió?
Asentí.
–Si. No soy un fiel creyente del destino, pero hay cosas que suceden por ciertos motivos.
Comenté. Se detuvo un momento, provocando que yo la imitara.
–Eres un tipo muy extraño.
Me reí abiertamente, algo que la cogió por sorpresa.
–No eres la primera ni serás la última persona que me dice eso.
El resto del camino lo pasamos en silencio. "No soy la persona mas sociable del mundo, aunque si se me respeta, yo respeto. No se me da demasiado bien tratar con la gente, sobre todo cuando empiezo a hablar sobre algo que me interesa y no me detengo". Miré a mi compañera. "Louise no parece mala chica, pero su tono de voz habitual, unido a esa actitud tan altiva…" Llegamos al aula en cuestión de minutos. El profesor de elemento Viento nos recriminó la tardanza, pero la justificación le pareció aceptable, sobre todo porque Louise estaba metida en el caso. "Esta chica parece tener inmunidad diplomática o algo". Tabitha, mi compañera de pupitre, me observó mientras me dirigía hacia el asiento, pero pronto metió sus ojos de nuevo en un libro.
Las clases se sucedieron sin altercados en esta ocasión. Le comenté a Louise, tratando de no parecer sospechoso, que me informara del estado de su familiar por si este empeoraba, algo improbable. De hecho, me senté a comer con ella inconscientemente y mantuvimos una conversación sobre diferentes temas. Me contó que es la tercera hija del Duque de La Vallière. Deduje que no acostumbra a hablar de forma natural con sus compañeros porque ciertas contestaciones que me daba eran de persona solitaria y antipática. Es mas, me espetó que odia a Kirche con toda su alma cuando esta se sentó a unos asientos de distancia. "La rivalidad familiar va mas allá de rencillas ancestrales con estas dos. Andaré con ojo". Por mi parte, oculté toda la información personal que pude. Le conté que soy de Cittadella, al sur de Romalia, que tengo un hermano y que mi familia es de la baja nobleza pero hizo todo lo posible por concederme la mejor educación posible. Mentí a medias.
Esa misma noche, me dirigía a mi cuarto en silencio junto a mi familiar, a la cual todavía no le he puesto nombre.
–Mmm… Me pregunto que nombre encajaría contigo, pequeña.
La gata era muy interesante. Su mirada es la de un ser inteligente, consciente del mundo que la rodea. De hecho, es como si escondiera algo. Actúa como un animal, con comportamientos altivos, eso si. Entramos en mi habitación tranquilamente.
–"Con que este es tu… Hogar".
Me volteé y eché la mano a la empuñadura de la espada.
–¿¡Quién ha dicho eso!?
–"Aquí abajo, querido".
Bajé la cabeza y mis ojos se encontraron con los de mi familiar. "No me digas que…"
–"Por fin puedo presentarme como es debido".
Tragué saliva. Todavía en guardia, la observé de arriba abajo.
–¿M-Me estás hablando telepáticamente?
–"Creí que eras mas espabilado".
Pestañeé varias veces. "Es asombroso". Me agaché a su lado. Ella bostezó.
–"Mi nombre es Shalquoir. Encantada".
Hizo una especie de reverencia. "Vale, Alessandro, cálmate. Esto es real. Tu familiar puede hablar telepáticamente".
–Y-Yo soy Alessandro. Es un placer.
–"Lo sé. Tienes buenos modales. Me gusta".
Caminó lentamente hasta el borde de la cama, dio un salto y se colocó a los pies de esta. Acomodó su pequeño aunque peludo cuerpo en una postura de relajo. Yo no le quitaba los ojos de encima. No alcancé a ver las runas, las cuales estaban grabadas en el estómago de… Shalquoir. "Al menos me ha ahorrado el tener que escoger su nombre. Soy horrible en esas cuestiones. Mi espada se llama Storm Ruler gracias a Donatello. Yo quería bautizarla como Thunderfang".
–"¿Te vas a quedar ahí pasmado sin decir nada? Por lo que he observado hasta ahora, pareces un joven perspicaz y muy curioso. Aunque te falta discreción".
Comentó locuazmente. Parpadeé varias veces. Segundos después de asimilar lo que acaba de decir, ya mas tranquilo, coloqué la espada sobre una mesa y me senté a su lado.
–No sé ni por donde empezar.
–"¿Quieres ver mis runas, verdad? A los humanos os encanta catalogar".
Rió al final, lo cual me provocó un escalofrío. "Su voz suena apacible, pero es como si supiera demasiado. Como si me conociera a la perfección. Sus ojos azules son diferentes a los que he visto en cualquier animal. Andaré con cuidado". Sonreí.
–Me gustaría, si.
Ella se echó de lado. Temerosamente, levante su pelaje, vigilando siempre sus movimientos.
–"No voy a hacerte nada".
Sentenció. Alcancé a ver las runas y en mi rostro se formó un gesto de incertidumbre.
–Que extraño…
–"¿Qué sucede?"
–Nunca he visto unas runas como estas.
Mi familiar bostezó de nuevo. Satisfecho a medias, acaricié con cuidado el cuerpo de Shalquoir. A ella pareció gustarle esto último.
–"Tienes un tacto muy suave…"
Cerró los ojos. Yo sonreí. "Tal vez esté equivocado. ¿Y si es una gata con la capacidad de hablar y punto?"
–Mañana después de clase intentaré encontrar información sobre…
De repente, escuché un grito procedente del patio. Me incorporé rápidamente. Shalquoir no le dio importancia y volvió a su postura inicial. Cuando llegué a la ventana, contemplé una escena, cuanto menos, curiosa: el familiar humano de Louise se encontraba levitando a varios metros de altura. Abrí el cerrojo y pude oír claramente varias voces.
–¡Un familiar que escapa de su ama! ¡Solo podía pasarte a ti, Vallière!
–¿Te gustan las vista del cielo nocturno, plebeyo?
"Kirche y Guiche. Llevo aquí dos días y son las voces que mas he escuchado. Louise debe estar con ellos". El familiar de aspecto y vestimenta extraña se quedó congelado en cuanto alzó la cabeza.
–¡E-Esto no puede ser real!
Gritó "¿¡Ha-Habla nuestro idioma!? ¿Desde cuándo? ¿Acaso lo ocultó inicialmente por algún motivo? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Debo…" Tras unos instantes asimilando la situación, cerré la ventana.
–"Yo de ti no lo haría".
Me quedé petrificado ante las palabras de mi familiar. Ella se encontraba en la puerta, mirándome fijamente a los ojos.
–"Si sales corriendo a hablar con la niña irritante y su compañero levantarás sospechas. Bueno, más de las que ya has levantado".
Comentó Shalquoir de forma acertada. "Un momento ¿Cómo lo sabe? ¿Lo habrá dicho al azar?" Coloqué un dedo delante de la boca. "Mañana enviaré una carta a Romalia y lo último que quiero es precisamente eso". Admití mi error.
–Tienes razón.
–"La tengo. Ahora, vamos a dormir".
Asentí por inercia, pero todavía debo escribir la misiva.
–Dame unos minutos.
Me sostuvo la mirada durante unos segundos. Sin decir mas, regresó a los pies de la cama y se acurrucó. Yo volví a echar un vistazo por la ventana. "Se han ido ya". Suspiré. "Tengo que ir poco a poco con este asunto". Me senté en la silla, coloqué una hoja sobre la mesa y entinté mi pluma favorita, la cual era de grifo. "Vittorio me la regaló poco antes de que empezara mis estudios en la academia de Romalia". Esbocé una sonrisa. "Vittorio, Giulio… Os echo de menos. No, no sólo a ellos. Donatello, amigo. Incluso… Incluso… No, ella no volverá a mis brazos". Sacudí la cabeza y me puse a escribir.
Tardé mas de lo que esperaba. Una vez rematé, dejé secar la tinta y me dirigí a cambiarme.
–"Recuerda apagar la vela".
–Si. Tranquila.
Me puse el pijama. Una vez cumplida su… ¿Orden? Me metí dentro de las sábanas. Sentí como ella se movía hacia una posición mas cómoda para ambos. "En la carta relaté lo sucedido en la Ceremonia de Invocación y mandé saludos a mis mejores amigos. Mi relación con Vittorio no acabó como quería antes de marcharme, pero agradecerá lo que estoy haciendo aquí". Sonreí.
–Buenas noches, Shalquoir.
–"Nunca pensé que terminaría siendo la familiar de alguien como tú. Desprendes un olor a muerte de lo mas interesante, Alessandro de Cittadella".
Abrí los ojos como platos al escuchar sus palabras. Me incorporé y la miré fijamente con temor.
–¿Q-Qué acabas de decir?
Ella alzó la cabeza y nuestros ojos se encontraron.
–"Te he dado las buenas noches".
Movió la cola. Dudé sobre que responder a eso.
–¿Qui-Quién eres tú?
–"Una gata llamada Shalquoir".
Comentó tranquila. De repente, sentí como todo el cuerpo me pesaba. "N-No, ahora no, por favor". Me recosté lentamente en la cama, apoyando la cabeza en la almohada. Empecé a retorcerme de dolor.
–"Es una pena".
Fue lo último que escuché de mi familiar esa noche.
Me desperté relajado. El dolor durara sólo unos minutos. Permanecí en vela durante una hora antes de coger el sueño. En mi cabeza resonaban todo el rato las palabras de mi familiar "¿Quién eres, Shalquoir? ¿Qué es una pena? ¿Conoces mi condición? ¿Cómo?" Me estiré y la contemplé profundamente dormida, al menos en apariencia. Salí de la cama con cuidado de no molestarla. "Al fin y al cabo, hoy no hay clase para los de segundo curso. Tenemos todo el día para pasarlo junto a nuestro nuevo compañero de vida y aprender cosas del otro". Me di un baño en agua tibia, me vestí y suspiré.
–"Buenos días, querido".
Escuché la voz de Shalquoir en mi cabeza. Su tono adormilado me pareció adorable. Casi olvido por un momento su forma de desearme las buenas noches ayer.
–Buenos días.
Dije lacónicamente. Até la espada-catalizador a mi cinturón y me dirigí a la puerta.
–"Que falta de cortesía".
Parpadeé.
–¿Eh?
Volteé la cabeza. Ella se estiró un par de veces y saltó al suelo desde la cama.
–"Se supone que debes esperarme. Hoy es nuestro primer día juntos".
–Lo sé.
–"Que susceptibles sois los humanos".
Fruncí el ceño. Iba a buscar una confrontación, especialmente por lo que me afecta hablar de mi enfermedad, pero decidí calmarme. Apreté el puño.
–Va-Vamos a desayunar.
–"Como gustes".
Llegamos a las puertas del comedor después de enviar la carta a Vittorio. Pasé todo el camino pensando en lo que ha sucedido esta noche. "Primero está lo del familiar de Louise, que al parecer habla nuestro idioma. Segundo, mi propio familiar. Hay cosas que no debería saber y, sin embargo, se lo toma como algo mundano. No es una gata cualquiera". Shalquoir estaba a punto de seguirme dentro cuando me detuve, provocando que ella me imitara. La encaré. Mas bien, nos miramos a los ojos.
–Lo siento. Tú te quedas aquí.
Ladeó la cabeza.
–"Oh, es cierto. Los humanos y sus aires de grandeza".
Suspiré y coloqué las manos en la cintura.
–No lo hagas mas difícil.
Respondí cansado. Ella se lamió una pata.
–"Si quieres que seamos compañeros debes tratarme como tal. No soy menos que tú. Tampoco más".
Sentenció. Yo alcé la vista.
–Estoy de acuerdo con eso último. Sin embargo, dame un respiro. Pasaremos la mañana juntos en el patio.
Bostezó y empezó a caminar hacia la salida.
–"Estaré esperando con ansias. Disfruta de tu desayuno".
–Gracias.
Susurré.
Entré en el lugar y sopesé la idea de dirigirme a mi esquina de siempre. "Por una vez me apetece hablar con la gente. O al menos intentarlo". Para mi fortuna, divisé una cabellera rosada en mitad de la fila y a un chico vestido de forma extraña junto a ella. "Perfecto". La mayoría de alumnos los observaban fijamente. Me acercaré con total normalidad. "Al fin y al cabo, ayer hablamos un buen rato antes y después de clases. Incluso comimos juntos".
–Saca mi silla, rápido. Eres muy descortés.
El chico dudó, contemplando con ojos golosos el copioso desayuno. "No lo culpo en absoluto. Que buen aspecto tiene todo". Asintió y obedeció.
–¿Hoy celebráis algo? ¡Menudo banquete!
Pude escuchar su voz cuando me encontraba a escasos metros de ambos. "Habla nuestro idioma perfectamente". Vi una silla libre al lado de Louise, la cual miraba rabiosa al joven.
–Lo siento, no he comido desde ayer y…
Ella le hizo un gesto con el dedo para que mirara al suelo. Un plato se encontraba allí. "No pretenderá que…" Decidí irrumpir.
-Buenos días, Louise.
Sonreí. Ambos se voltearon en mi dirección.
–Alessandro.
Respondió la tristaniana. Dirigí la mirada hacia su familiar.
–Con que tú eres el famoso familiar humano.
Él me observó de arriba abajo, quedándose sorprendido con la espada.
–M-Me llamo Hiraga Saito.
"Que nombre mas extraño". Le sonreí. Louise, bastante molesta, golpeó su cabeza con fuerza.
–¡No seas irrespetuoso con un noble!
El chico, de nombre Hiraga Saito, se acarició la zona afectada y miró a mi compañera enfadado. "Esto no va bien". Alcé la mano derecha a modo de despreocupación.
–Tranquila, no ha sido irrespetuoso. Es un placer conocerte, Hiraga Saito. Mi nombre es Alessandro.
Coloqué esa misma mano en el pecho. Que estemos conversando tan abiertamente ha provocado que varios alumnos, especialmente los que nos rodean, asistan a la charla como espectadores. Mi contestación tranquilizó al joven y provocó una leve sonrisa en su rostro.
–¿Podríais hablar en otro momento, no?
Inquirió una cada vez más irritada Louise. Nosotros nos miramos y, conociendo lo poco que conocemos de su carácter, decidimos dejarlo ahí. Iba a sentarme, pero entonces Saito hizo lo mismo, provocando que nuestras caderas chocaran.
–L-Lo siento.
–No imp…
Mi respuesta se vio interrumpida por una furiosa jovencita. Abrí la boca para pronunciar un sonido de terror y le indiqué temblorosamente con el dedo al chico que se volteara. Este lo hizo y se asustó.
–Sólo los nobles pueden sentarse en esta mesa. Tú comerás en el suelo.
–¿¡Qué!?
–Louise ¿No estás yendo demasiado lejos?
Otra mirada asesina. Escuché risas a nuestro alrededor. Saito suspiró y se sentó en el suelo en cuanto comprendió la situación, especialmente por su seguridad. Yo ocupé el lugar vacío junto a mi compañera. "No puede tratarlo como un animal cualquiera. Luego hablaré con ella". Tras unos salmos de agradecimiento por la comida, los cuales ni me molesté en acompañar, comenzó el desayuno. "Creo en el Fundador, pero después de ver aquellas imágenes en el espejo, mi fe y confianza en sus historias se han tambaleado. Además, la comida no aparecé por arte de magia". Pasaban los minutos y yo, tratando de no parecer sospechoso, observé a Saito en varias ocasiones. Las runas de Gandálfr se grabaran en su mano correctamente. "Increíble. Con Giulio me sorprendí bastante, pero asistir directamente a la invocación de un familiar legendario es otra cosa". En una ocasión, aproveché que Louise estaba distraída para tenderle una manzana a su familiar. La muy irresponsable solo le permitiera comer un trozo de pan. Le guiñé un ojo e hice un gesto de silencio. Él me miró asombrado, agradeciéndolo como pudo.
Terminamos de comer y salimos al patio. La mayoría de los alumnos de segundo curso se encontraban allí aprovechando el buen tiempo, acompañados de sus familiares.
–Tienes suerte. Normalmente no se permite a los familiares estar en el comedor durante las comidas. El director me consiguió un permiso especial para ti.
–Vaya, gracias…
Respondió un hambriento Saito. Louise lo miró mal.
–"Por fin habéis acabado, querido".
Escuché decir a una voz en mi cabeza. Volteé esta hacia un lado y allí se encontraba Shalquoir, apoyada en un escalón.
–Veo que has estado ocupada.
Mi respuesta provocó que Saito y Louise me miraran.
–¿Qué?
Preguntó ella.
–Se lo decía a mi familiar.
Sonreí y señalé hacia la indicada. La chica asintió con total normalidad, pero el joven se agachó junto a Shalquoir.
–Que gatita tan bonita. Hola, soy Saito.
Saludó con la mano. Ella alzó la cabeza y maulló.
–¿No vas a responder, 'querida'?
Bromeé con el apodo que ella misma me ha puesto.
–¿Responder? Es sólo un gato.
–Algunos familiares adquieren el don del habla, idiota.
Contestó Louise, molesta. "No hacía falta insultarlo". Rodé los ojos. Esperamos unos segundos para ver que sucedía, pero Shalquoir permanecía acostada como si nada.
–Y luego yo soy el descortés… Perdonadla, se habrá quedado muda. Se llama Shalquoir.
–Si tú lo dices…
–¿Puedes tratarlo con mas respeto? Es tu superior, plebeyo.
Comentó irritada cierta joven. Saito y yo nos miramos. Suspiré y le hice un gesto con la mano para que no se preocupara. "No es que no respete el protocolo, pero Louise es demasiado estricta con el chico. Al fin y al cabo, lo arrastró hasta aquí con el hechizo de invocación, forzándolo a ser su sirviente. Eso me lleva a cuestionarme la magia del Vacío. ¿Acaso el conjuro funcionó por ser uno de los familiares legendarios? Si todo el mundo, incluso ella misma, afirma que no tiene aptitudes para la magia convencional, es probable que mi teoría sea cierta". Coloqué el dedo índice de la mano derecha en el mentón mientras hacía conjeturas. Bajamos las escaleras y nos dirigimos hacia uno de los laterales del patio. Shalquoir caminaba a mi lado, ansiosa por ver si podría comer algo pronto. No ha dicho una sola palabra desde que me saludó antes. Allí se encontraban los alumnos de segundo curso descansando, tomando té y charlando tranquilamente. Varios sirvientes escoltaban el evento.
–¿Por qué se han reunido ahí?
Preguntó Saito.
–Te lo dije ayer. Hoy los alumnos de segundo curso no tenemos clase, sino que aprovecharemos el día para conocer a nuestro familiar.
El chico ladeó la cabeza.
–No sé yo si…
–Vaya vaya, que tenemos aquí.
Su frase se vio interrumpida por una voz que reconocí al instante. Nuestra mirada se dirigió hacia el origen de esta. Sin embargo, la atención se centro en la criatura que estaba acariciando.
–¡Oh dios mío!
Gritó Saito. Retrocedí un poco debido al susto, chocando contra Louise. Esta casi cae al suelo, pero consiguió mantenerse en pie. Kirche se rió.
–¿Es la primera vez que ves una salamandra ígnea?
–¡Ponle una correa o algo! ¿¡No!?
La voluptuosa joven negó con la mano.
–Tranquilo, no te hará nada sino se lo ordeno. Ella me es fiel. No huirá, como otros, ¿Verdad, Flame?
Me disculpé con la tristaniana. La germana acarició al ser bajo la barbilla y este entrecerró los ojos. La chica se puso en pie y nos miró uno por uno mientras sonreía orgullosa.
–¡Ocúpate de tus propios asuntos, Von Zerbst!
Ella rió de nuevo.
–Tranquila, Vallière. Solo quería charlar un rato.
–¿¡Y si a nosotros no nos apetece, qué!?
Silencio. Pude ver saltar las chispas. "Creo que ya está bien de rencillas familiares por ahora". Me interpuse entre ambas y alcé ambas manos.
–Haya paz.
Louise pareció apaciguar su ira poco a poco. "Que susceptible es". Kirche, por su lado, me observaba de tal forma que me incomodé.
–No deberías juntarte con gente como ella, cariño.
Me guiñó un ojo.
–¿Ca-Cariño?
Titubeé mientras me ruborizaba. "Eso es, Alessandro. Déjate intimidar por los atributos de una mujer". Retrocedí.
–"No te culpes, querido. Eres un hombre al fin y al cabo".
Escuché decir con saña a Shalquoir telepáticamente. Me recompuse como pude de ambos comentarios y negué con la cabeza.
–Vas a tener que disculparme, pero yo elijo a mis amistades.
Contesté seguro de mi mismo mientras la miraba a los ojos. Todo lo seguro que puedo estar contando que su enorme busto se sitúa bajo estos. Ella se sorprendió con mi respuesta. "Supongo que no esperaba algo así". Sin embargo, sonrió de nuevo poco después.
–Ya veo.
Sentenció. Louise y Saito contemplaban la escena. Él permanecía nervioso, observando a la salamandra de vez en cuando; ella, por su parte, esbozó una media sonrisa ante mi comentario.
–Y dime, Louise. ¿De verdad quieres que nos creamos que hiciste el hechizo? ¿No será que, aprovechando la explosión, cogiste al primer plebeyo que pasaba por el lugar?
La mencionada volvió a enfadarse. Miré mal a la pelirroja. "Esta vez no voy a interponerme. Eres una imbécil, Kirche Von Zerbst… Bueno, en verdad no la culpo. Ella piensa que Louise es negada para la magia. Si conociera la verdad". Me aparté.
–¡Te equivocas! Yo realicé el conjuro correctamente y él respondió a mi llamada.
Saito bajó la cabeza. "Me pregunto como funcionará el encantamiento desde el punto de vista de los familiares. ¿El portal los absorbe directamente o se les da la oportunidad de negarse? Preguntas y mas preguntas. Llevo aquí dos días y apenas he encontrado respuestas para nada. Mi enfermedad me atacó la pasada noche; Gandálfr apareció ante mis ojos; Shalquoir; los atributos de Kirche… ¡No, espera! ¿¡Po-Por qué estoy pensando en eso!?" Me ruboricé enormemente. Para mi fortuna, casi nadie se percató. Mi familiar me miraba con curiosidad.
–Bueno, supongo que un plebeyo es lo mas adecuado para ti, Louise 'La Cero'.
El comentario y la posterior risa de superioridad de Kirche me devolvieron a la realidad. La voluptuosa chica caminó hasta un asiento vacío junto a su salamandra. Louise apretó los puños y la contemplaba furiosa.
–¿¡Quién se cree que es!? ¡Imbécil!
Se volteó hacia nosotros.
–¡Tú! ¡Ve y tráenos algo de té!
Señaló a Saito. Su tono de voz nos dejó medio sordos. El plebeyo retrocedió asustado y yo suspiré. "Mis oídos van a acabar muy dañados de tanto juntarme con esta chica". Alcé los brazos comprensivamente.
–Lou-Louise, no hace falta que le grites.
Ella me asesinó con la mirada.
–¡Deja de defenderlo! ¿Acaso es tu amigo o algo?
–"Que niña mas irritante".
"Fundador, dame paciencia. Todo sea por el conocimiento". Saito salió rápidamente en busca del té por su propio bien. Louise me indicó con el dedo una mesa libre. Yo respiré profundamente. Finalmente, los tres nos pusimos en camino. Permanecimos en silencio todo el trayecto.
Una vez sentados, la chica suspiró, todavía molesta.
–¡Maldita Von Zerbst!
–Louise, llevo aquí dos días y…
Iba a decir una de mis magistrales frases, explicándome fatal, por supuesto, cuando Shalquoir subió a la mesa desde mis piernas y se sentó sobre las patas traseras. Nosotros dos la miramos atónitos.
–¿Alessandro?
–¿S-Shalquoir?
–"Estoy hambrienta".
Acaricié mi frente una vez admití la situación en la que nos encontrábamos.
–Está bien. Pediré un poco de pastel pero, por favor, baja de la mesa.
Ella entrecerró los ojos.
–"Creí que dejara bien clara mi posición. No soy menos que tú".
Contestó severamente. Su tono me cogió por sorpresa, pero no me amedrenté.
–¿En que mundo un gato come sobre la mesa?
–"Mmm… Que falta de cortesía".
–¿Qué está pasando?
Preguntó una todavía sorprendida Louise. Yo suspiré y Shalquoir empezó a lamerse las patas traseras, ocupando mas espacio todavía.
–Tiene hambre.
–¿Cómo lo sabes?
–Me lo acaba de decir.
Ella abrió mas la boca.
–¿S-Se comunica telepáticamente contigo?
Asentí cansado. En ese momento, mi familiar decidió que mis piernas eran un mejor lugar de reposo que la mesa. Yo alcé los brazos sorprendido.
–"Aquí estoy bien".
Cerró los ojos y se acurrucó. Escuché una risita procedente de Louise.
–La verdad, es una gata preciosa.
Yo suspiré y esbocé una sonrisa.
–Si, si que lo es.
Miré bien a Shalquoir y procedí a acariciarla. Ella empezó a ronronear.
Pedimos un trozo de pastel cada uno, el mío con intención de dárselo a mi familiar. Conversamos sobre la rivalidad de Louise con Kirche y comprendí algunas cosas. Al parecer, la germana es bastante libertina, invitando a estudiantes de segundo y tercer curso a su cuarto casi todas las noches. La forma en la que la tristaniana hablaba de ella me dio a entender que le tenía algo de envidia, especialmente en cuanto a su cuerpo. "No la culpo. A mi me pasa lo mismo cuando veo a hombres como Giulio o Andrea, apuestos y encantadores por naturaleza. Francesca decía que yo también soy encantador pero… En fin. No merece la pena".
Saito no aparecía por ningún lado y ya habían pasado quince minutos desde que Louise lo mandara a por el té. La chica se impacientó hasta tal punto que acabó de comer rápidamente y fue a buscarlo. Yo, por mi parte, alimenté a Shalquoir, la cual devoró la porción de pastel con ganas, agradeciendo la espera. Al ver que ninguna de mis dos nuevas amistades regresaba, pensé que podía haber pasado algo.
–¿Estarán bien?
–"Probablemente, la niña irritante haya encontrado al siervo y lo esté castigando sin motivo aparente. Si yo fuera su familiar, no dudaría en darle una lección".
Sentenció decidida. "Dudo bastante sobre lo segundo que ha dicho, puesto que un familiar no puede hacerle daño directamente a su amo, al menos de forma física. En cuanto a lo primero…" Tragué saliva. Sujeté a Shalquoir y la bajé al suelo con cuidado.
–Se acabó el descanso.
Estiró su pequeño cuerpo y levantó la cola. Sin decir mas, nos pusimos en camino. Pronto divisé un corrillo de alumnos en uno de los laterales del patio. "Louise, Saito, espero que no estéis dando una escena".
–Fíjate, al parecer el plebeyo tiene agallas.
–Guiche ¿Vas a dejarte insultar así?
"¿Guiche? ¿Guiche el idiota?" Me abrí paso algo sorprendido hasta que pude ver claramente lo que sucedía. Saito se encontraba en una postura triunfal, sonriendo orgulloso. Mi compañero de clase, claramente irritado, estaba sentado en el suelo, con una marca roja en el rostro.
–La verdad, el plebeyo tiene razón. Tú te lo has buscado Guiche.
Comentó riendo Malicorne. Guiche enrojeció y se levantó.
–Tú… ¿Acaso no conoces como comportarte delante de un superior?
Apretó el puño. Saito giró la cabeza.
–Desafortunadamente, en mi mundo no existe tal protocolo.
Abrí los ojos como platos "¿¡Mi mundo!? ¿¡Acaso procede de…!? No, es completamente imposible. Que existan otros mundos… Bueno, a decir verdad… Esa vestimenta, su falta de protocolo, el idioma que utilizó ayer… Está claro que no es un elfo. Sus orejas y rasgos lo delatarían. Si el chico viene de otro mundo hay mucho que investigar. Nunca he leído nada sobre el tema. ¿Tendrá que ver con la magia del Vacío? Giulio es romaliano. Él mismo me lo dijo. ¿Quién eres, Saito?" Guiche sonrió con malicia y alzó su varita una vez asimiló la situación.
–¡Muy bien! En ese caso te reto a un duelo.
