–¿Un duelo?

–Si. Voy a ponerte en tu lugar. Primero porque, además de ser un plebeyo maleducado, eres un familiar. Y segundo por hacer llorar a dos bellas damas.

"Esto se está saliendo de control". Me impacienté.

–Yo no vi que se fueran llorando. Mas bien, te dieron tu merecido.

Mis compañeros se rieron, provocando aún mas al rubio irritante. "Al parecer, además de idiota, mujeriego". Sonreí.

–Te estaré esperando frente a la capilla en una hora. Si no vienes, te tacharé de cobarde el resto de tu existencia.

Agitó su capa y salió andando rápidamente del lugar. Saito rió. Una vez establecido el enfrentamiento, el corrillo de alumnos se disipó, comentando qué les parecía el duelo. "No negaré que ver a Guiche siendo aplastado verbalmente de esa forma ha sido reconfortante, pero me pregunto que hará Gandálfr contra un mago, especialmente desarmado". Me acerqué al chico que proclama proceder de otro mundo. "Espero que podamos hablar de una vez por todas".

–Saito.

–Oh, eres tú… ¿A-Alessandro?

Sonreí.

–El mismo. Louise te…

Mi gesto de felicidad se vio truncado al ver a un demonio de pelo rosado aproximándose a nuestra posición echando humo. Retrocedí temeroso. Saito me miró con curiosidad. De repente, Louise lo golpeó violentamente en la cabeza.

–¡Tú, maldito idiota! ¿¡Qué crees que estás haciendo!?

Agarró su muñeca y lo sacó del lugar poco menos que arrastrándolo. "He de decir que es gracioso ver como una joven de tan pequeño tamaño logra hazañas así". Shalquoir, la cual maulló para que advirtiera su presencia, y yo los seguimos.

–"¿Me he perdido algo?"

Suena adormilada. "Ojalá ser un gato para olvidarme de las preocupaciones terrenales".

–Lo mas interesante no. El 'grandioso' Guiche de Gramont ha desafiado a Saito a un duelo. Se verán las caras en una hora delante de la capilla.

–"Que vulgares sois los humanos".

Me reí.

–Tienes toda la razón.

Louise y Saito se detuvieron a la sombra de un árbol.

–¿¡Cómo se te ocurre aceptar un duelo contra un mago!? ¡Te va a aplastar!

–¡Me haces daño!

Él se soltó del agarre. Louise se veía superada.

-Iremos a hablar con Guiche en un rato para que puedas disculparte. Con suerte te perdonará si suplicas lo suficiente.

-Me niego.

En ese momento conseguimos alcanzarlos.

–No voy a disculparme con un idiota como ese.

–¿Es que no lo entiendes? ¡Un plebeyo jamás le ganará a un noble!

Chilló Louise.

–Con un poco de suerte, sólo sufrirás magulladuras.

Saito negó y se volteó hacia mi. Pude ver una impresionante decisión en sus ojos.

–Alessandro, ¿Dónde queda la capilla?

Señalé.

–En el patio trasero del ala izquierda.

–¡Alessandro!

Me gritó Louise. Saito iba a salir del lugar cuando lo agarré del hombro, lo cual sorprendió a ambos. "Siento si voy a parecer increíblemente sospechoso por lo que está a punto de suceder, pero no permitiré que Gandálfr salga malherido por su estupidez". Respiré profundamente. "Afortunadamente, tengo un plan. Bueno, si puede llamarse así". Lo miré a los ojos.

–Escucha, Saito.

El chico se detuvo.

–Guiche es un idiota redomado y me encantaría que le dieras su merecido, pero Louise tiene parte de razón. Es un mago y tú estás indefenso.

–¿¡Parte!? ¡Tengo toda la…

–A no ser…

La interrumpí antes de que siguiera berreando con un movimiento de mano. Los tres nos miramos a los ojos. Les mostré la espada-catalizador. "Si, lo admito, soy consciente de que si le entrego mi arma y activa sus poderes como Gandálfr derrotará a Guiche. Sobre todo porque un estudiante de segundo año de una academia de magia no debería superar el nivel lineal. Esto provocaría sospechas en Louise y el propio Saito, ya que no tengo un motivo real para ayudarlo de tal forma, y mas si actúo confiando en su victoria, algo bastante improbable a ojos de los jóvenes nobles… Vale, tal vez no sea tan buena idea". Me arrepentí al instante de mi plan, pero es demasiado tarde. "De perdidos al río".

–¡No, me niego! Saito no va a luchar y arriesgarse a salir malherido.

–Louise, ¿Qué nivel de magia crees que tiene Guiche?

Pregunté ignorando su reacción. Esto la irritó bastante, pero se contuvo.

–S-Su mejor hechizo es de invocación, pero nunca lo he visto combinar dos elementos.

"Vaya, es perspicaz. Acordarse de los conjuros mas potentes de tus oponentes te da una gran ventaja a la hora de combatir". Emití un sonido de aprobación.

–Es decir, todavía no ha llegado al nivel lineal. Bien, eso aumenta tus posibilidades, Saito.

–"Querido, tu falta de discreción me está poniendo enferma. Luego vendrán las preguntas y te sentirás acorralado".

Comentó pesadamente Shalquoir. Contra todo pronóstico, yo sonreí. "Quiero ver a Gandálfr en acción. Si las leyendas son ciertas, el espectáculo está garantizado".

–Puede.

Susurré. El chico nos observaba sorprendido. Justo cuando Louise iba a quejarse de nuevo, su familiar se dirigió hacia el patio de la capilla.

–¿¡A dónde crees que vas!?

–A esperar que llegue la hora del 'duelo'.

Comentó tan tranquilo, entrecomillando la última palabra.

–¿Pretendes luchar desarmado?

Pregunté. Saito se volteó una vez mas y me miró a los ojos mientras sonreía con sinceridad.

–Agradezco la ayuda, pero debo enfrentarme sólo a mis problemas.

Me quedé en el sitio. "Vaya. Asombroso. No sé si es por el efecto de las runas, pero el chico tiene agallas". Louise iba a hablar, pero interpuse una mano delante suya. Nuestros ojos se encontraron y le hice un gesto de que aguantara un poco mas. Saito se fue decidido. Una vez las cosas parecieron calmarse, cierta chica me propinó una patada en la canilla.

-¡Ah!

Me agaché dolorido y acaricié la zona. Shalquoir nos observaba con curiosidad.

–¡Te lo mereces por entrometido!

Bufé.

-E-Es cierto, soy un entrometido, pero sólo quería ayudar. Saito tenía la idea de enfrentarse a él desde que lo desafió y lo sabes.

Me defendí. Ella, después de lanzarme otra mirada cargada de molestia, suspiró.

–Es un cabezota, un maleducado, un idiota, un…

–Tu familiar.

–¿Eh?

Me incorporé lentamente y le sonreí.

–Es tu familiar, Louise.

Dije mas tranquilo, todavía doliéndome del puntapié. Ella pensó por un momento y bajó la cabeza. Sentí como si el aire a su alrededor hubiera cambiado.

–¿Po-Por qué no podía ser un familiar normal? ¿Por qué no me sale nada bien?

Susurró entristecida.

–Louise…

–"Alessandro, será mejor que nos vayamos".

Me sorprendí por el tono empleado de Shalquoir. La miré atónito y luego regrese la vista a Louise. Estaba conteniendo las lágrimas. "Shalquoir tiene razón. Todavía no hay suficiente confianza entre nosotros como para que sea yo quien la consuele". Asentí al comentario de mi familiar y me volteé, listo para encaminarme hacia la capilla. Ella se estiró y alzó la cabeza. Sin embargo, para sorpresa de ambas, me detuve al dar un par de pasos.

–Louise, te prometo que no dejaré que le suceda nada malo. Si Guiche se excede con él, intervendré en el duelo. Tienes mi palabra.

Sentencié. Ahora si, nos pusimos en camino con decisión.

Una vez cruzamos parte del patio, Shalquoir levantó la cola.

–"Eres todo un caballero, querido. Tal vez tu estilo no esté tan mal".

Suspiré esbozando una sonrisa.

–Mas bien un idiota desafortunado, además de excesivamente sospechoso. A la hora de enfrentar los problemas, siempre busco la solución mas cabal. Para mi desgracia, las cosas no acostumbran a salir bien. Me he visto envuelto en peleas y discusiones cuando mi fin era evitarlas. No aprendo nunca.

La gata rió levemente.

–"Vas a ayudar a un desconocido por motivos que no alcanzo a comprender. Los humanos sois criaturas de lo mas interesante. Apenas he estado aquí durante un día y, con total sinceridad, me alegro de ser tu familiar".

Pestañeé varias veces y me detuve a observarla. Me ruboricé.

–Va-Vaya, gracias.

–"Tampoco tienes mucha competencia que digamos. La tristaniana es irritante. La pelirroja es todo busto y nada de cerebro. Y el rubio… Sin comentarios".

Sentenció cansada. Yo bajé la cabeza decepcionado y seguí caminando. "Es decir, soy el mejor de lo peor. Algo es algo, supongo". Suspiré.

–"No estés triste. Tienes un olor de lo mas peculiar. Casi nadie en esta escuela desprende uno que pueda igualarte".

Ese comentario provocó que me detuviera de nuevo y me centrara. "Otra vez hace referencia a mi condición hablando de olores". Fruncí el ceño. Antes de contestar, sin embargo, sopesé la última frase. "¿Casi nadie puede igualarme? ¿A qué se refiere? ¿Acaso otra persona está enferma? Además, ¿Cómo demonios lo sabe?" Apreté los dientes.

–Shalquoir, no te comprendo.

–"¿Qué quieres saber?"

Retrocedí un par de pasos. Sus perlas azuladas se clavaron en mis ojos marrones. "¿Qué es esta sensación?"

–¿Qui-Quién eres?

–"Ya te lo he dicho. Una gata llamada Shalquoir".

Apreté los puños. Me aseguré de que no hubiera nadie cerca.

–Esa respuesta no me vale.

–"Tú me acabas de preguntar quién soy y yo me he limitado a decir la verdad. Si no estás conforme con ello, es tu problema".

Contestó de forma altanera. Enfurecí.

–¡Ya basta!

Alcé la voz. No acostumbro a hacerlo, pero me saca de quicio. "Odio hablar de mi condición, especialmente si la persona me trata con lástima, algo que Giulio y Vittorio hacen continuamente después de que me dé un ataque". Moví el brazo violentamente.

–Tú no eres un simple gato, sino un familiar con la capacidad de comunicarte telepáticamente. Hasta ahí no tengo problema. Ahora bien, ¿Qué es todo eso del olor que desprendo? ¿Qué es una pena? ¡Explícate!

Ella ladeó la cabeza con desdén y me miró molesta. Silencio.

–"En primer lugar, no me hables en ese tono, niño".

Su voz, mas ronca que antes, me sobrecogió. Resonó en mi cabeza como si esta fuera un enorme salón. Tragué saliva.

–"En segundo lugar, exiges demasiado a cambio de nada".

Me he quedado mudo. Siento como me pesa todo el cuerpo.

–"Escúchame, Alessandro de Cittadella. Cuando te dirijas a mi, lo harás con respeto. No olvides ni por un momento que me considero tu igual".

La sensación desapareció de repente. Ella, sin decir mas, salió del lugar caminando orgullosa, como si no hubiera pasado nada. Hinqué la rodilla mientras la observaba "¿Q-Qué acaba de suceder? ¿Qué eres en realidad, Shalquoir? ¿Por qué conoces mi condición?" Respiré profundamente varias veces. "Vale. Céntrate, Alessandro. El duelo será en cuarenta y cinco minutos y he prometido que cuidaría de Saito. Después de eso, iré a la biblioteca a investigar sobre las runas de Shalquoir". Me incorporé. "Maldita sea".

Tras un par de minutos, me puse en marcha. "Mi cabeza está a punto de estallar". Sentí una presencia cerca y giré mi cuerpo. Mi sorpresa fue enorme al ver al dragón que invocara Tabitha a apenas unos metros de distancia. Me contemplaba con curiosidad.

–Hola, amiguito.

Sonreí amablemente. Él no se inmutó. Traté de aproximarme y, por suerte, no hizo nada para detenerme.

–¿Sabes? Me recuerdas a otro dragón que conocí hace unos meses. Se llama Azzurro. Ambos sois criaturas majestuosas.

Ante mi cumplido, el ser bajó la cabeza y entrecerró los ojos.

–¿Puedo?

Levanté la mano y, con mucho cuidado, la coloqué en su… ¿Mejilla? Se dejó acariciar sin problema. De hecho, profirió un sonido a modo de agradecimiento, similar a los que emitía Azzurro en situaciones así.

–Tu maestra es afortunada. Ojalá yo…

De repente, el dragón se percató de algo y alzó la cabeza de nuevo, tomándome por sorpresa. Se volteó y, entonces, pude ver una pequeña figura a escasos metros de nosotros. Es Tabitha, mi compañera de pupitre. Sonreí de nuevo.

–Tu familiar está muy bien educado.

Ella no respondió inmediatamente, sino que se acercó y se situó a la sombra del dragón.

–Educada.

Susurró sin desviar la mirada de mis ojos en ningún momento. Su gesto inexpresivo hace que sea difícil de leer. "Es la segunda vez que escucho su voz. Suena como una niña pero, si de verdad es la mejor de la clase, eso quiere decir que esconde un gran poder. O que es muy inteligente. O las dos cosas". Parpadeé.

–¿Eh?

–Es hembra. Se llama Sylphid.

Asentí mientras dejaba de elucubrar ideas.

–Ya veo. Encantado de conocerte, Sylphid. Soy Alessandro.

Puse la mano derecha en el pecho. Ella abrió la boca y emitió un sonido de aprobación. Tabitha nos observaba a ambos en silencio. Su mirada se volvió a fijar en mi. Ajustó sus gafas.

–Le gustas.

Su respuesta provocó un gesto de sorpresa en mi rostro, el cual contrastaba con el suyo. Sonreí de nuevo.

–El sentimiento es mutuo. Los dragones me parecen seres fantásticos. Me atrevería a decir que ellos son el mejor amigo del hombre y no el perro.

Reí. Ella ni se inmutó. Entonces, recordé el enfrentamiento entre Saito y Guiche.

–Se me ha hecho tarde. Debo irme.

Tabitha ni se inmutó.

–Adiós.

Con eso se despidió la pequeña chica de pelo azul. Sylphid emitió otro sonido. "Que persona mas intrigante". Me volteé y empecé la caminata hasta el patio de delante de la capilla. Una cuestión me vino a la cabeza "¿Dónde habrá ido Shalquoir? Tendré que hablar con ella mas adelante y… ¿Disculparme? ¿Debería hacer eso?" Suspiré.

Llegué a mi destino cuando todavía quedaban treinta minutos para el duelo. Aproveché ese tiempo y me dirigí a la capilla buscando un respiro. "Como ya he mencionado, no soy el devoto mas creyente del mundo, especialmente porque ver al fundador asesinando elfos como un fanático no es algo fácil de digerir, sobre todo después de años de aprender las enseñanzas de la Iglesia Romaliana. Estos pensamientos son considerados herejía, así que nadie debe enterarse nunca de que los tengo. Ni siquiera ser amigo del Papa me salvaría de ser lapidado, ahorcado, quemado vivo…" Me estremecí. Entré al recinto y tuve la intención de no santiguarme. Lo hice por respeto. Me senté en uno de los últimos bancos de la pequeña capilla y suspiré. Me encerré en mis pensamientos. "Recapitulemos lo sucedido estos días y busquemos soluciones: primero tenemos a Louise y su familiar humano, Saito. Estoy seguro de que ya he levantado suficientes sospechas entre algunas personas, como el profesor Colbert, por ejemplo. Malditos seamos yo y mi lengua. Debo permanecer cerca de ellos aparentando querer una amistad, lo cual no es del todo mentira. Ella es irritante pero no parece mala chica. Él, bueno… Apenas hemos hablado; luego tenemos el asunto Shalquoir. Iré a la biblioteca después del duelo a revisar manuales de runas. Una gata parlanchina que, por algún motivo, conoce mi condición y lee a las personas como libros abiertos. Además, esa discusión de antes… En fin; mi enfermedad también me ha dado el primer aviso. Aún no hemos tenido clase de alquimia, pero espero avanzar lo suficiente este año como para que el porcentaje de acierto con las pociones sea mayor que el de la academia romaliana. Vía hechizos la cosa está mas complicada. Todavía no domino ninguno triangular. Debería practicar los Días de Nada aprovechando que no hay clase". Los minutos pasaban y yo seguía encerrado en mi mismo.

–Emm… ¿Estás bien?

Escuché una voz procedente del pasillo entre bancos. Alcé la vista y contemplé a una chica de cabello ceniciento, corto. Sus ojos verdes provocaron que, durante un momento, viera la imagen de una persona que mi corazón se resistía a olvidar. Abrí la boca anonadado y alcé la mano derecha. Ella agarró con fuerza su bastón. Ese gesto me hizo despertar.

–Pe-Perdona, estaba absorto en mis pensamientos.

Sonreí como pude. La joven se tranquilizó. Por primera vez, la observé de arriba abajo. Es mas baja que yo, pero no al nivel de Tabitha o Louise. Ciertamente bien hecha. Sus rasgos me resultan familiares. Lleva puesta una capa marrón, por lo que acaba de empezar sus estudios mágicos oficiales en la Academia.

–Me llamo Alessandro. Encantado.

Ella sonrió de vuelta y se sentó a mi lado.

–¿Romaliano? Yo soy Chiara. Chiara Scola de Aquileia. Un placer.

En el instante que tardé en procesar su apellido y el acento romaliano con el que pronunció la frase, retrocedí medio metro en el banco. Chiara se sobresaltó un poco. "N-No puede ser. ¿Una chica romaliana? ¿¡Aquí!? ¡Y además procede de la familia mas importante del país! Fundador, en ocasiones creo que te gusta ponerme trabas continuamente". Recuperé el aliento como pude.

–Di-Disculpa, es que no esperaba encontrarme a una compatriota tan lejos de casa. Mucho menos una Scola de Aquileia.

Ella rió de forma agradable. Apoyó su bastón de gran tamaño en el banco y me miró a los ojos.

–No tienes por qué actuar diferente conmigo. Al fin y al cabo, ambos somos estudiantes. En cualquier caso, soy yo la que debería tratarte con mas respeto por estar un curso por encima.

Su comentario provocó una leve sonrisa de tranquilidad en mi. "Parece agradable. Recuerdo que mi madre a veces hablaba sobre los Scola, especialmente cuando los llamaba 'bastardos de pelo ceniciento'. Nunca tuve el placer de conocer a nadie de esa familia personalmente".

–No es necesario. Somos dos extranjeros aquí. Mejor actuar como iguales, ¿Cierto?

Ella asintió tras sopesarlo.

–Estoy de acuerdo.

Silencio. "No sé como abordar a esta joven. Lógicamente no voy a contarle nada de mi verdadera familia… Bueno, mi antigua familia. Tal vez pueda convencerla de que procedo de la baja nobleza sureña como hice con Louise". Pensé con cuidado mi pregunta.

–No quiero sonar entrometido, pero, ¿Puedo preguntar que hace una Scola de Aquileia en la Academia Mágica de Tristain?

Ella me observó de arriba abajo con un gesto de curiosidad.

–Puedes.

Fue su única respuesta. Tardé unos segundos en darme cuenta de la broma. Ambos nos reímos.

–Lo siento. Es que estoy algo nerviosa.

–¿Nerviosa?

–Si. Ve-Verás, nunca he…

Hizo una pausa. Respiró profundamente.

–Nunca he realizado hechizos hasta ahora, solo leído teoría de la magia. Llevo aquí tres días y el único encantamiento que pronuncié no salió demasiado bien. Dentro de un rato tenemos otra clase y temo lo peor.

Se ruborizó levemente y giró la cabeza. Yo sonreí recordando que mi situación no era muy diferente a la suya cuando empecé. Me costó lo mío y, gracias sobre todo a Ludwig, logré un nivel decente en el tiempo adecuado. Suspiré.

–Te entiendo. Yo estaba igual que tú al principio.

–¿E-En serio?

–Si. Entrené día tras día hasta lograr realizar hechizos básicos correctamente. Luego de eso, intenté mejorar poco a poco. De hecho, mi primer año lo cursé en la academia de Romal…

Me callé de repente. "Alessandro, nunca aprenderás. Ahora ella se preguntará por qué me transferí aquí". Mi falta de palabras la tomó por sorpresa.

–¿Estudiaste en la capital?

Asentí pesadamente.

–¿Entonces que…?

Viendo que iba a preguntar algo que no quiero responder, me incorporé rápidamente, provocando que se sobresalte. "Siempre utilizo el mismo truco. El día que alguien lo descubra estoy perdido".

–Vas a tener que disculparme, Chiara. Prometí a unos amigos que los ayudaría en una cuestión de vital importancia.

Me excusé. "En verdad no miento. Si Saito se enfrenta a Guiche desarmado va a terminar hecho trizas. Tengo que convencerlo de que utilice a Storm Ruler, sino…" Recogí mi catalizador y pasé por su lado. Le sonreí.

–Hablaremos en otro momento. Ha sido un placer.

–A-Adios.

Salí de la capilla. "Menos mal…" Justo cuando iba a relajarme unos instantes, vi a un corrillo de estudiantes en el patio frente a mi. Alumnos de todos los cursos rodeaban a dos personas.

–¿¡Ya es la hora!?

Aceleré el paso y, disculpándome de camino, llegué a la primera fila. Saito se encontraba bastante tranquilo, con las manos en los bolsillos de su prenda superior. Guiche, por su parte, tenía alzada la varita-rosa con orgullo. Di un vistazo rápido. "Louise no está".

–Veo que has decidido presentarte, plebeyo. Eres valiente.

–¿Quién huiría de alguien como tú?

–¡Un momento!

Se escuchó decir a una voz estridente. Suspiré aliviado. "Menos mal que ha venido". Louise se abrió paso entre los alumnos y se acercó a Guiche. Saito y este la observaban con curiosidad.

–Guiche, esto es un error. Además, los duelos sin supervisión están prohibidos.

Sopesé su afirmación. "Interesante. Una regla con la que estoy de acuerdo. En Romalia no era así y gente como Andrea abusaba todas las semanas de estudiantes poco duchos con la magia". El rubio sonrió orgulloso.

–Los duelos entre alumnos si. Pero él es un plebeyo.

–¡E-Eso es porque nunca antes había sucedido algo así!

Louise se angustió. "Definitivamente aprecia al chico, aunque sea un poco". Guiche sonrió de nuevo y la miró pícaramente.

–Louise ¿Acaso…

Hizo una pausa dramática. "Este tipo me saca de quicio".

–…Podría ser que este plebeyo ha conmovido tu corazón?

La chica abrió la boca y se quedó en silencio durante un par de segundos. Un rubor apareció en su rostro, solo para preceder a un fruncimiento de ceño bastante pronunciado. "No me gustaría ser Guiche ahora mismo". Desvié la mirada.

–¿¡Q-Qué estás diciendo? ¿¡Cómo iba yo a…!?

Sacudió la cabeza para eliminar cualquier pizca de vergüenza.

–¡No me voy a quedar sentada mientras le dan una paliza a mi familiar!

Saito entrecerró los ojos y sonrió lacónicamente.

–¿Pa-Paliza?

Lo miré. "No me digas que no ha pensando en ninguna estrategia para enfrentarse a un mago". Me acaricié la sien. "Maldita sea". El rubio apartó a Louise.

–Louise, sintiéndolo mucho, ¡El duelo ya ha comenzado!

Un pétalo salió de la varita-flor de Guiche y, nada mas tocar el suelo, un halo de luz apareció mientras se deshacía. De este surgió un autómata de bronce con forma de valquiria armada. Entrecerré los ojos "No está mal. Incluso yo tendría que pensar cómo abordar un enfrentamiento así de buenas a primeras". Saito retrocedió asustado. "Yo también dudaría si fuera la primera vez que veo algo similar".

–Mi nombre es Guiche, 'El Bronce'. Por ello, la valquiria de bronce será tu oponente.

Tras el comentario lleno de orgullo de mi compañero, el constructo salió disparado hacia Saito. Sin darle apenas tiempo a reaccionar, el chico recibió un puñetazo en el estómago. Dos segundos después, cayó sobre sus rodillas y echó las manos al lugar dañado. Yo agarré con fuerza la empuñadura de Storm Ruler.

–E-Eso ha sido un golpe bajo…

Mencionó un abatido Saito tras toser un par de veces. Guiche sonrió mientras lo observaba con desprecio.

–¿No te parece obvio que un noble hechicero utilice su magia para combatir?

Apreté los dientes. "Tienes parte de razón, idiota. Pero tu estilo es demasiado pasivo y cobarde. Si yo estuviera en el lugar del plebeyo verías lo que es bueno… Excepto si me diera un ataque". Sacudí la cabeza. "Alessandro, no seas pesimista". Louise se aproximó a Saito una vez la valquiria retrocedió hasta su posición inicial. Se agachó junto a su familiar bastante preocupada.

–¿Lo entiendes ahora? Un sirviente jamás vencerá a un noble.

–A-Apártate, por favor…

Respondió con decisión el chico. Se incorporó lentamente. "Creo que tendré que actuar pronto".

–Eres resistente. La próxima iré con todo.

–Me has pillado con la guardia baja…

–¡Ríndete de una vez, idiota!

Chilló Louise. Los demás cuchicheaban y miraban con curiosidad el duelo. Entre ellos pude contemplar a Chiara, la cual sostenía su bastón con nerviosismo. La noticia de la invocación de Saito ha debido correr como la pólvora. "Que un noble y un familiar humano se enfrenten no es algo que se dé todos los días".

–Me niego. No importa si es un noble, un hechicero o un adolescente. Me irrita, al igual que la mayoría de los presentes.

Dijo un molesto Saito. Esbocé una sonrisa y suspiré. "Este chico es increíble. Me recuerda a mi, sólo que él no piensa antes de actuar… Bueno, en ocasiones yo tampoco lo hago".

–¡Deja de decir tonterías!

–La verdad, sería una pena destrozar el juguete de Louise. Si te disculpas ahora tal vez te perdone.

Sonrió Guiche con orgullo. Para sorpresa de los mas implicados en el duelo, Saito imitó su gesto.

–Apenas me has hecho daño. Tu muñeco es patético y tú un idiota engreído.

Esa última frase molestó enormemente a Guiche, y con razón. Casi se me escapa una risita. "Saito, tú y yo nos vamos a llevar muy bien. Por fin alguien que le dice a gente engreída lo que no quieren escuchar".

–¿Ah si? ¡A ver que te parece esto!

Durante casi cinco minutos, la valquiria apalizó a Saito. Este continuaba levantándose una y otra vez mientras el resto de alumnos disfrutaban del espectáculo, algunos de ellos tan sorprendidos de la tenacidad del chico como yo. Un golpe final lanzó al familiar por los aires. Louise colocó sus manos en posición de orar y se agachó a su lado. Estaba conteniendo las lágrimas.

–D-Déjalo ya. No puedes derrotarlo…

Saito hizo el amago de levantarse, pero cada vez le costaba mas. "¿Acaso su resistencia se ha fortalecido debido a las runas?" Decidí tomar la iniciativa una vez vi lo dañado que se encontraba el joven.

–¡Guiche, por favor, detente!

–No te entrometas, Loui…

–¡Ya basta!

Alcé la voz y caminé hasta donde se encontraba la pareja mas curiosa que he conocido. El resto de alumnos dirigieron su mirada hacia mi, incluidos los implicados en el enfrentamiento. Silencio. Me situé delante de Saito. Agarré con fuerza la empuñadura de Storm Ruler.

–¿Cómo te atreves a entrometerte en un duelo ajeno? ¿Acaso no tienes honor?

Apreté los dientes.

–¿Y tú? ¿Lo tienes? Menudo noble estás hecho escondiéndote detrás de ese autómata.

Él se molestó.

–¿¡Q-Qué has dicho!?

Una mano se posó en mi hombro. Giré la cabeza y vi a Saito en pie, sujetándose el estómago con la otra. Apenas podía mantenerse derecho. Louise me observaba indecisa.

–N-No te metas.

–No puedes con él. No en estas condiciones.

Susurré sin miramientos. Saito bajó la cabeza. "Sabes tan bien como yo que tengo razón. Por mucho que sea Gandálfr, jamás vencerá a un noble estando desarmado".

–Tienes suerte de que los duelos entre nobles sin supervisión estén prohibidos, romaliano.

Sonreí y lo encaré.

–Yo no pretendo enfrentarme a ti. Sólo quiero igualar la balanza.

Guiche y Louise se sorprendieron con mi comentario. Saqué mi catalizador de la vaina y lo clavé en el suelo. El murmullo se acrecentó entre los estudiantes. Me volteé y sujeté a Saito por los hombros. Él entreabrió su dañada boca.

–Escucha, si quieres tener la mas mínima posibilidad de darle su merecido a ese idiota, coge mi espada.

–¡E-Espera!

Louise se incorporó y me miró a los ojos. Una lágrima cayera por su mejilla izquierda.

–Él no puede hacer magia.

Sonreí con confianza.

–Es cierto, pero una espada es una espada.

–¿Podemos continuar con el duelo o vais a seguir divagando?

Comentó Guiche. Dirigí mi mirada hacia el.

–Tengo algo que proponerte, Guiche de Gramont.

El chico dudó por un momento, pero acabó asintiendo tras comprender el tono de mis palabras.

–Te escucho, romaliano.

–Ya que la valquiria lucha por ti, el familiar portara mi espada. Es lo justo. ¿Qué ganarías derrotando a un plebeyo desarmado?

Se hizo el silencio durante un rato. "Me la he jugado a un único cartucho. Shalquoir, a la cual llevo sin ver desde que discutimos, tiene razón. Actúo de forma sospechosa, pero no me queda otra. Dejar que Gandálfr muera podría acarrear consecuencias, especialmente tras enviarle la carta a Vittorio. Si Guiche acepta respiraré tranquilo. Sino lo hace…" Me impaciente y empecé a sudar.

–No comprendo por qué lo ayudas, pero está bien.

Respiré profundamente. Agarré la muñeca de Saito y la dirigí hacia Storm Ruler.

–Acaba con él.

Sentencié. Louise se interpuso entre la mano del chico y mi catalizador.

–¡No lo hagas! Si la coges, Guiche no se contendrá… ¡Es una orden!

La situación se está complicando. "Soy consciente de que, probablemente, el único que conoce el secreto de las runas de Gandálfr sea yo, por ello actúo de forma tan confiada con respecto al duelo. Comprendo la preocupación de Louise y los comentarios despectivos hacia su compañero por parte de los demás, pero es imposible que un mago de nivel básico como Guiche derrote a un familiar legendario si este va armado. Al menos si lo que se cuenta es cierto".

–Louise…

Saito empezó a hablar.

–No puedo regresar a mi mundo. Por lo tanto, no me queda otra que vivir aquí, ¿Cierto?

Abrí los ojos como platos. "Otra vez la misma cantinela. Lo ha dicho de forma tal que parece real ¿De verdad existen otros mundos? Tú y yo vamos a charlar largo y tendido después del duelo, Gandálfr".

–¿Q-Qué pretendes conseguir con esto?

Preguntó una angustiada Louise. Saito la apartó y yo la sujeté por los hombros. Ella se agitó un poco. El chico nos miró a los ojos con decisión.

–Puede que duerma en el suelo, que mi comida sea miserable y que nunca llegue a encajar con vosotros, pero…

Hizo una pausa y cogió a Storm Ruler. "Un momento. Louise, ¿Lo haces dormir en el suelo? Pobreci… ¡Ahora no hay tiempo para esto!" Las runas de su mano comenzaron a brillar una vez empuñó la espada.

–¡Yo no pienso agachar la cabeza ante nadie!

El público vitoreó la decisión del familiar.

–¡Idiota!

Chilló Louise. Yo la solté pero ella no se movió. Estaba temblando. "En el fondo lo aprecias. Es tu compañero de vida, Louise". Sonreí. Saito agarró de tal forma a Storm Ruler que parecía un experto espadachín. "Puede que no sea la espada mas larga, pero sus cortes y estocadas golpean como el relámpago, incluso descargada. Adelante, Gandálfr. Demuéstrame de que eres capaz". En su rostro podía verse un gesto de sorpresa. Es como si el cansancio y las heridas hubieran dejado de afectarle por como se mueve.

-¡Acaba con él!

Sentenció Guiche. La valquiria se lanzó al ataque.