La repentina preocupación de Kirche por Saito me cogió por sorpresa, especialmente si tomamos en cuenta la rivalidad entre ella y Louise. Le respondí que si, que pronto volverá a estar al cien por cien. La germana se alegró enormemente y me agradeció que lo ayudara en el duelo, para luego despedirse sensualmente. Me encuentro sentado en la biblioteca, revisando un libro sobre familiares y runas. "Jamás entenderé a las mujeres". Tras un buen rato buscando incesantemente, no encontré ningún conjunto de símbolos como el que Shalquoir tiene en el vientre.
–Tan difícil no puede ser…
Me rasqué la frente. Después de quince minutos, coloqué el libro en su estante correspondiente y saqué un ejemplar todavía mas antiguo sobre el mismo tema. "Tal vez no sea tan preciso como el otro, pero quién sabe. Las runas llevan grabándose seis mil años en los familiares al fin y al cabo". Me senté de nuevo en el mismo lugar. La biblioteca estaba prácticamente vacía. Suspiré tras pensar en algo y cerré los ojos para evadirme del mundo. "Debería pasar el día con mi familiar como el resto de estudiantes de segundo curso, y no aquí dentro. Además, Shalquoir habla muy bien y nuestro 'contrato de igualdad' pese a ser su amo me parece excelente". Treinta minutos después, cuando la hora de comer estaba por llegar, salí de la biblioteca decepcionado. "Nada. Tal vez preguntarle cosas sobre ella directamente sea lo mejor. Dejaremos las runas para luego".
La comida se sucedió sin altercados. Louise y yo nos sentamos juntos y, tratando de no centrar la atención en el tema Saito, especialmente por la cantidad de oídos inquietos que nos rodeaban, hablamos sobre profesores, Tristain y Guiche. Al parecer, el chico es el hijo menor de una familia noble secundaria, pero ello no impide que esté orgulloso de sus raíces. No es una mala persona. Sin embargo, su actitud de casanova, unido a un enorme carisma y cierto atractivo, provoca que muchas jóvenes caigan rendidas a sus pies. Este lo aprovecha a su favor al igual que Kirche, pero de una forma mas comedida que la germana. Tras despedirnos, divisé a Siesta recogiendo los cubiertos y platos y le pregunté si sobrara algo de pollo. Esta se sorprendió pero, tras reconocerme, asintió amablemente. Le pedí que me prepara un plato para Shalquoir. Ella inquirió, incrédula, si no comiera con el resto de familiares en el patio antes. Yo respondí que mi familiar es demasiado 'humana', algo que la hizo reír. De camino a las cocinas, me volvió a preguntar por Saito. Le expliqué su situación y que en dos días debería volver al ruedo. Ahora mismo, estoy revisando con calma todo lo que he traído de Romalia mientras Shalquoir come tranquilamente sobre la mesa de mi cuarto.
–Mmm… Definitivamente debo ir a la capital cuanto antes.
–"Tengo que felicitar a los cocineros por este manjar".
Dijo felizmente Shalquoir al aire. "Me pregunto si podrá hacer eso". Sonreí tras pensarlo bien. "Un momento". Me incorporé después de cerrar un baúl y la miré.
–Shalquoir.
–"¿Si?"
–¿Puedes comunicarte telepáticamente con otra gente?
La gata movió la cola sin dejar de comer.
–"Puedo".
Su concisa respuesta provocó un silencio incómodo. Alcé una ceja. Como si leyera mis pensamientos, continuó.
–"Pero prefiero no hacerlo. Por fortuna, ser una gata tiene sus ventajas. Por ejemplo, no saludar a gente indeseable aunque los conozcas. En base a mi experiencia, y pese a que los humanos gobiernan el mundo, muy pocos de ellos merecen la pena".
Me senté a su lado.
–Entonces soy afortunado al poder escuchar tu voz, ¿Cierto?
Ella se detuvo, me miró y se relamió.
–"Lo eres, querido. Al menos por ahora".
Me reí.
–Pues yo no estoy de acuerdo con tu afirmación. Considero que existe muchísima gente ahí fuera con grandes ideas y opiniones que merecen ser escuchadas.
–"El poder corrompe. Y los humanos son fáciles de corromper, Alessandro. Incluido tú".
Finalizó secamente. Abrí los ojos como platos.
–¿Y-Yo?
–"Si. Imagina que apareciera una criatura que te ofreciera la capacidad de curar cualquier enfermedad o provocarla. Inicialmente lo verías como algo positivo, ya que podrías ayudar a quien lo necesite. Ahora bien, una vez tus habilidades sean conocidas, mucha gente solicitará que los socorras. Mientras tanto, otros buscarán provocarte, engañarte o incluso amenazarte de muerte para que causes enfermedades. Tú te negarás y lucharás contra ellos pacíficamente pero, ¿Hasta que punto? Llegará un momento en que, viéndote superado, maldecirás a tus enemigos utilizando tus poderes. Poco a poco, estos te corromperán y, si nadie te detiene, la gente te temerá. Nadie podrá desafiarte. Entonces, cuando te quedes sólo, pensarás que jamás debiste aceptar ese poder".
Shalquoir hablaba con tal firmeza y seguridad que cada frase que decía, cada palabra, me atravesaba como una flecha. "Tenía que mencionar precisamente el tema de las enfermedades". Después del shock inicial, advertí un cambio de tono en algunas partes de su discurso. "Es como si…" Tras unos segundos, me recompuse poco a poco.
–Cre-Creo que nos hemos desviado del tema principal.
Ella recuperó su pose habitual. Sus ojos, mucho mas afables, regresaron a los restos de pollo.
–"Oh, no me hagas caso, querido. Sólo soy una gata charlatana a la que le encanta la comida humana".
Por mi bien, regresé a la tarea que estaba realizando. Abrí otro baúl y, decepcionado, suspiré tras contemplar su contenido. "La mayoría de materiales no han sobrevivido al viaje." Saqué varios tarros y cajas prácticamente herméticos pero que desprendían un olor no muy agradable.
–"¿Sabías que algunos animales tenemos un olfato superior al humano?"
Parpadeé varias veces y caí en la cuenta rápidamente de que todavía estaba comiendo.
–Lo siento.
–"Ya he terminado".
En cuanto eché un vistazo a la mesa, esta solo tenía el plato y los restos del pollo. Shalquoir se había movido a la cama y estaba limpiándose y relamiéndose sobre esta. Yo continué con lo mío. Pasados unos minutos de separar lo útil de lo desperdiciado, me senté junto a mi familiar.
–Listo. El Día de Nada solicitaré un caballo para desplazarme a la ciudad. ¿Quieres acompañarme?
Ella, sin mirarme, comenzó a rascarse la cabeza.
–"Prefiero quedarme en la comodidad de nuestro hogar. Los caballos se mueven demasiado. No me lo tengas en cuenta."
–No, tranquila.
Me quedé observándola. "Por culpa del duelo entre Guiche y Saito, apenas he podido pasar tiempo con ella hasta ahora".
–Shalquoir, ¿Qué te gusta hacer? Además de dormir, comer y relajarte.
Ella se colocó en una posición mas cómoda, escondiendo las patas bajo su peludo cuerpo, y me miró a los ojos.
–"¿Acaso existen otros placeres?"
Inquirió altaneramente. Yo me reí ligeramente.
–Supongo que para una gata parlanchina no, desde luego.
Shalquoir respondió echándose de lado y estirándose. En el instante que su barriga quedó al descubierto, aproveché para observar con detenimiento las runas. "Debería preguntarle al profesor Colbert sobre este asunto".
–"Si me relajo lo suficiente, tal vez te cuente algún secreto".
Su voz me sacó de mis pensamientos. Entendiendo a medias a que se refiere, la acaricié en el costado con cuidado. Tras unos segundos, ella empezó a ronronear. Cerró los ojos poco a poco.
–"Me reitero. Tienes un tacto muy suave, querido".
–Gracias, supongo.
–"Para una gata, que su compañero posea tal habilidad es una bendición. Mas de una estudiante de esta academia estaría de acuerdo".
Finalizó bromeando. Yo me quedé de piedra. La imagen de cierta persona apareció en mi mente. "¡Ahora no!". Después de un pequeño silencio, carraspeé y decidí hablar.
–¿N-No te agrada la compañía de otros familiares?
Cambié de tema. Ella movió la cola.
–"La de algunos si. Son mucho mas agradables que sus maestros. Por ejemplo, ¿Has visto a la dragona de la chiquilla diminuta de tu clase?"
Supuse quién se refería y rodé los ojos. "Que precisamente tú hables de tamaño…"
–Si. Se llama Sylphid, creo recordar.
–"Su raza es… Fascinante. Criaturas tan extraordinarias tienden a alejarse de los humanos por seguridad. La entiendo muy bien".
Su respuesta me sacó una mueca de incredulidad.
–Los dragones son criaturas extraordinarias, desde luego. Sin embargo, no entiendo a que te refieres con "tienden a alejarse de los humanos". Muchos son adiestrados para servir en ejércitos o como monturas de personas importantes.
En ese momento, imágenes de Giulio y yo montando sobre Azzurro me vinieron a la mente. Sonreí felizmente recordando lo bien que me sentó volar por primera y única vez en mi vida. "Vittorio siempre dice que nos parecemos mucho. Físicamente somos como el sol y la luna. En cuanto a personalidad, con el tiempo entendí sus palabras. Ambos hemos sufrido a nuestra manera, pero siempre seguimos adelante no importa cuantas dificultades encontremos por el camino. Nos hemos ayudado continuamente". Eché un vistazo rápido a Storm Ruler. "Al fin y al cabo. No habría aprendido a manejar una espada si no fuera por él y algún que otro soldado".
–"Te encanta perderte en tus pensamientos, ¿Cierto?"
–¿Eh?
Cuando desperté, estaba acariciando la nada. Ella se había colocado sobre sus patas traseras y me miraba fijamente. Me rasqué la nuca y sonreí avergonzado.
–L-Lo siento. Hablar de dragones me trae buenos recuerdos.
–"Comprendo".
Dando por finalizada la conversación, se acurrucó con cuidado, enroscándose en si misma.
–"Si sales deja la puerta arrimada. No me gusta saltar por la ventana cuando tengo que hacer mis necesidades".
Miré al techo y suspiré.
–Si, majestad.
Hoy me he despertado mas temprano de lo habitual. Mientras me aseo, la imagen de cierto familiar aparece en mi mente. "Saito despertará pronto. A priori, el ungüento no debería dejar secuelas si se aplica correctamente. Como mucho, molestias musculares en la zona afectada durante un tiempo". Ayer no sucedió nada interesante. Asistí a clase y por fin disfruté de la asignatura de pociones. El profesor Colbert es un maestro excelente, aunque únicamente repasamos cosas dadas el curso pasado. Shalquoir apareció después de la comida para pedir… Exigir su parte. Salí del baño y, tras secarme, me vestí mientras me miraba al espejo. "La barba me hace parecer mas adulto". Suspiré.
–"Tienes cuerpo de luchador, querido".
Su adormilada voz me sorprendió.
–Buenos días, Shalquoir.
Ella se estiró encima de la cama.
–"¿Has dormido bien?"
–Relativamente. Regresar al horario escolar es mas costoso de lo que pensé.
–"Los nobles y sus problemas".
Respondió tras sentarse sobre sus patas traseras. Yo la miré y sonreí melancólicamente.
–Ojalá esos fueran mis únicos problemas. Te veo luego, ¿Vale?
Me dirigí a la puerta. Ella saltó de la cama al suelo y alzó el rabo.
–"Me despiertas temprano por la mañana, me alimentas a base de restos y apenas pasas tiempo conmigo. ¿Qué clase de maestro eres?"
Refunfuñó con cierto cinismo. Yo me reí.
–Hoy pediré lo mejor que tengan en el menú nada mas sentarme, ¿Te parece bien, querida?
Abrí la puerta y Shalquoir salió delante de mi con cierta agitación.
–"Si dudas entre carne y pescado, elige siempre el pescado. Ya sabes, cosas de gatos".
Tras decir eso, cruzó la esquina.
Llegué al comedor de los primeros. Saludé a Siesta con cierta discreción y ella me devolvió el gesto con una leve sonrisa. Una vez fueron entrando el resto de alumnos, me fijé en cierta joven de cabello plateado. "Chiara… La próxima vez no te dejaré con la palabra en la boca. Lo prometo". Mientras aguardaba a que todos estuvieran sentados para acompañar los salmos, un par de figuras bastante destacables cruzaron el espacio entre la puerta y las mesas. Sonreí aliviado. "Menos mal". Louise imitó mi gesto una vez se aproximaron. Saito, visiblemente hambriento, no se dio cuenta todavía. Una vez la chiquilla de pelo rosado se sentó a mi lado, este se percató.
–Buenos días, Alessandro.
–Buenos días, Louise.
Dirigí mi mirada hacia el chico. Él me observó como si fuera un espíritu. De la nada, se acercó y me tendió una mano. Abrí los ojos sorprendido y estos se encontraron con los suyos.
–Quiero agradecerte todo lo que has hecho por mi hasta ahora.
Saito sonrió con sinceridad. Tras salir de mi asombro, estaba a punto de apretarla cuando otra mano se posó en la cabeza del familiar y lo obligó a hacer una reverencia. "Que fuerza tiene…"
–¿¡Acaso no has aprendido nada del duelo!? ¡Muestra mas respeto, idiota!
Su pequeña riña, más que causarme malestar, me sacó una risita. Ellos me miraron atónitos. La mayoría de alumnos cercanos contemplaban la escena expectantes. Un rubor apareció en el rostro de Louise y esta volvió a sentarse rápidamente. Saito, el cual tenía una silla libre a su lado, se quedó de pie.
–¿Te vas a sentar de una vez o prefieres comer en el suelo?
Dijo la joven tristaniana utilizando un tono terrorífico. "Alguien se ha levantado con el pie izquierdo". El familiar tragó saliva y obedeció. Yo, que los observaba todavía, suspiré.
–Bienvenido de nuevo, Saito.
De camino al aula, la presencia de Saito me llamó mucho la atención. Louise me explicó que el director le permitió desayunar, comer y cenar junto al resto de estudiantes dada su condición de humano. A su vez, el chico asistiría con nosotros a clase para comprender el funcionamiento de nuestro mundo, excepto si su maestra le ordena otra tarea. Evidentemente, ella utilizó un tono lleno de orgullo y desdén para referirse a él como su subordinado. Este suspiró tras su explicación. Yo me limité a asentir. "Si para que Louise se preocupe por él y lo trate bien Saito necesita recibir una paliza, temo lo peor. Tengo que encontrar la manera de quedarme a solas con él para interro… preguntarle acerca de su hogar". Ese pensamiento me hizo rodar los ojos. "Acabo de sonar como un inquisidor". Ya en el aula, me senté junto a mi compañera de pupitre habitual: Tabitha. Esta me recibió alzando la cabeza y colocándose las gafas.
–Buenos días.
–Hola.
Y con esas palabras nos metimos en nuestros asuntos. "No sé si actúa así por timidez o es una persona callada". Me encogí de hombros. "Tampoco es asunto mío". Louise se situó en una zona mucho mas centrada de lo habitual junto a Saito. Chevreuse se colocó en el atril nada mas llegar. Llamó la atención de los presentes con un par de palmas.
–Buenos días, alumnos. La Ceremonia de Invocación es un evento importante en la vida de cualquier mago. Me congratula saber que todos han logrado convocar un familiar correctamente.
Una vez terminó de hablar, se fijó en Saito y abrió la boca un poco sorprendida. "Me pregunto cuántas veces veré ese gesto a lo largo del tiempo que estudie aquí". En cuestión de segundos, recuperó la sonrisa y escribió las palabras Fuego, Agua, Tierra y Aire en el encerado.
–Fuego, Agua, Tierra y Aire. En la primera clase del curso, repasamos un poco las propiedades mas básicas de la Tierra a través de sencillos encantamientos. Hoy aprenderán que si combinamos o mejoramos en el uso de un elemento, el efecto será mas poderoso y tendrá propiedades diferentes. Los niveles de magia se dividen en cuatro según la cantidad de elementos a combinar. Bien. ¿Quién puede decirme como se llaman esos niveles?
–Yo misma.
Una chica rubia sentada justo detrás de Louise y Saito alzó la mano. "Creo que he oído su nombre antes, pero no sabría decir cuando ni donde".
–Adelante.
La estudiante obedeció y, tras levantarse, se pasó una mano por el cabello de forma altanera mientras sonreía. Entrecerré los ojos. "¿Por qué me recuerda a Guiche?" El mencionado se sentara algo alejado de su lugar habitual en el centro del aula. De cuando en vez, ya desde el desayuno, lanzaba miradas de odio a Saito.
–Si el mago controla únicamente un elemento, está en el nivel Básico. Con dos elementos sería Lineal. Si combina tres, Triangular. Y, finalmente, los pocos que logran cierta maestría con cuatro son llamados Circulares.
–Correcto.
La alumna se sentó complacida. Yo me recosté en el asiento. "Debo ponerme a practicar cuanto antes, sino…" Cerré los ojos tratando de no pensar en mi enfermedad. "Ahora que domino varios hechizos lineales combinando Agua y Aire, tal vez sea hora de mejorar el manejo de la Tierra. En cuanto al Fuego… Ludwig tenía razón. No es mi elemento, desde luego. Eso sin contar que me cuesta lo mío mejorar". Sacudí ligeramente la cabeza.
–Mañana no tenemos clase…
Susurré. Chevreuse había estado hablando mientras yo divagaba.
–La mayoría de ustedes deberían estar todavía en el nivel Básico, con algunas excepciones…
–Profesora Chevreuse.
La inesperada voz de cierta germana me hizo voltear la cabeza. La profesora inquirió con la mirada.
–¿Si?
–En esta clase hay una estudiante que todavía no logra manejar mínimamente ninguno, teniendo un porcentaje de éxito de cero.
Mientras hablaba, su mirada se dirigía cruelmente hacia Louise. Finalizando la frase con una mueca de superioridad, el resto de jóvenes, incluida Tabitha, la cual levantó la vista de su libro, observamos a la tristaniana. "Técnicamente sí es capaz de manejar un elemento". Me reí con mi propio pensamiento. La joven ni se inmutó. La profesora sonrió como si nada, pero seguramente recordara lo sucedido el primer día de clase.
–Hay tiempo de sobra para que mejoren sus habilidades. Pero para lograrlo deben esforzarse al máximo. Confío en que algunos de ustedes alcanzarán el nivel Circular cuando lleguen a mi edad.
Ese comentario me sentó como una flecha en la rodilla. "Yo no tengo tanto tiempo, profesora". Tragué saliva y me impacienté.
Una vez terminó la clase, aprovechamos el descanso para dar una vuelta por el patio. Desde un primer momento, Saito, situado a mi lado, no dejaba de observar a Louise y aguantarse la risa. Mientras paseábamos por un pasillo, decidí hablar.
–Saito, ¿Estás bien?
El chico me miró y sonrió de oreja a oreja. Se metió las manos en los bolsillos de su prenda superior.
–Mejor que nunca. Escucha esto. ¡Louise!
La tristaniana, que caminaba delante de nosotros, se volteó con un gesto de seriedad en el rostro.
–¿Si?
–Creo que por fin entiendo de donde viene tu apodo: Louise 'La Cero'.
Hizo una pausa. Abrí los ojos como platos ante el tono utilizado en un tema tan delicado para la chica. "¿Qué pretendes, Saito?" Este alzó la mano derecha.
–Llevo aquí unos días y no conocía la razón. De hecho, parecía que todos se burlaban de ti al llamarte por ese sobrenombre.
–Saito.
–Cero atributos. Ningún hechizo bien realizado. Y, pese a todo, eres una noble.
–Saito…
Un extraño nerviosismo se apoderó de mi. Louise, que bajara la cabeza después de que Saito mencionara su apodo, tenía los puños apretados. Yo intentaba en vano detener al familiar, especialmente porque ya me he llevado una patada, un grito y algún improperio por parte de la chiquilla sin haberla provocado. De la nada, Saito se arrodillo rápidamente, manteniendo la sonrisa en el rostro y juntando las manos. Louise alzó las cejas y lo miró a los ojos.
–¡Ama, este humilde familiar ha compuesto una canción para ti!
–¿U-Una canción?
Observé a la joven.
–Adelante. Canta.
Respondió ella bastante mas tranquila de lo que esperaba.
–¡Será un placer!
Saito se incorporó e hizo aspavientos con los brazos.
–¡Lou, Lou, Louise La Cero! ¡La única maga que no puede hacer magia! ¡Qué inútil! Pero eso no tiene importancia, porque ella sólo es una niña de papá.
Abrí la boca aterrado mientras lanzaba miradas a Louise de cuando en vez. "Oh, Fundador…" Me alejé un poco de esta temblando de miedo. El familiar humano se rió a carcajadas tras finalizar su recital. La tristaniana cerró los ojos.
–¿¡Có-Cómo es posible que este fa-familiar di-diga algo semejante sobre su ama!?
–Saito…
El chico me sonrió. Una vez comprendió la situación, se fijó en Louise.
–¿Eh? ¿De verdad te ha molestado? Yo no…
–¡Por cada cero que salga de tu boca te quedarás sin comer durante un día entero!
Profirió la joven violentamente. Incluso con los pasos que he dado, el aura de mi compañera me sobrecogió. Saito, cuyo ánimo cambió repentinamente, movió las manos y las juntó en forma de oración.
–¡Lo siento mucho, en serio! ¡Se me fue de las manos! ¡No me dejes sin comida, por favor!
–Louise…
La chiquilla me miró directamente a los ojos y sentí como si me estuviera dando un ataque crónico.
–¡Como se te ocurra defenderlo en esta ocasión te vas a enterar, Alessandro!
–¡N-No por favor!
Le rogué mientras recordaba el puntapié que me propinó antes del duelo entre su familiar y Guiche. "Esta mujer da mas miedo que cualquier persona que haya conocido en mi vida. Incluso mas que el padre de Francesca". Saito trató de lanzarse a los pies de Louise, pero ella lo apartó con las manos.
–¡To-Todo menos eso, ama!
–¡He dicho que no! ¡No habrá excepciones!
Lo empujó finalmente, dejándolo en mitad del pasillo. De repente, se volteó y fue en dirección a la torre principal.
–¡Volvamos a clase, Alessandro!
–¡Si, señora!
Respondí y me puse firme como si me hubieran dado una orden. Suspiré una vez se alejó. Caminé rápidamente para colocarme a su lado, pero entonces sentí una mano sujetarme del tobillo. Traté de zafarme.
–Alessandro, no puedes dejarme aquí.
–Lo siento, Saito, pero tú te lo has buscado.
–Pe-Pero tú eres mi protector…
Sintiéndome como un caballero que abandona a su hombre de armas mas fiel, me separé de él.
–Yo jamás provocaría así a una mujer como Louise. Quiero vivir un poco más antes de…
Me detuve a tiempo. "Menos mal". Caminé en dirección a la tristaniana sin mirar atrás.
Cuando cayó la noche, Shalquoir y yo salíamos de mi cuarto en silencio tras una pequeña charla que mantuvimos durante la cena. Ella me pidió que le dejara la puerta arrimada mientras iba a hacer sus necesidades. Decidí acompañarla para tomar un poco el aire. "Tristain es mucho mas frío que Romalia, pero ya no estamos en invierno y llevo toda la tarde leyendo sobre magia Lineal. Tengo ganas de mover las piernas". Una vez perdí de vista a mi familiar, la cual aceleró repentinamente una vez cruzó la esquina de nuestro piso, escuché a alguien estornudar junto a la puerta del dormitorio.
–Que frío hace…
–Esa voz…
Susurré. Bajé el primer escalón y me encontré a Saito de espaldas junto a una cesta de ropa sucia. Estaba lavando una pieza en la fuente situada al lado de la torre.
–¿Desde cuando la ropa interior femenina tiene tantos flecos?
En cuanto escuché ese comentario, abrí los ojos como platos. "No me digas que esas son…" Desvié la mirada avergonzado y procuré hacer como que la cesta no estaba ahí. Me recompuse. "Es mi momento de hablar a solas con él. Céntrate, Alessandro". Me aclaré la garganta.
–Buenas noches, Saito.
El chico volteó el cuerpo repentinamente. Se sorprendió.
–¿Alessandro? ¿Qué haces aquí?
–Shalquoir necesitaba salir y yo he decidido acompañarla, pero la he perdido de vista.
–Entiendo.
Caminé hasta situarme a su lado y me senté en el borde de la fuente. De repente, el estómago del familiar rugió. Este dejó la ropa interior de Louise en el otro extremo de la fuente.
–Maldita sea…
–No me digas que Louise te ha dejado sin cenar.
Saito asintió. "Durante la comida, no se me pasó por la cabeza sacarle el tema a Louise por mi propia seguridad, así que temí lo peor. No llegué a creer que sería tan cruel". Suspiré.
–Si hubiera sobrado algo de lo que le conseguí a Shalquoir te lo daría, pero…
Él bajó la cabeza derrotado.
–No importa. Agradezco el gesto, de verdad.
Recogió otra pieza de ropa, un pijama, y se molestó nada mas ver su diseño.
–¿¡Pero cuanta ropa extravagante tiene esta chica!?
No pude evitar reírme levemente.
–Me trata como a un esclavo…
–Es lógico.
Saito alzó la vista y me dedicó una mirada inquisitiva.
–Verás, para una cierta cantidad de magos, tanto jóvenes como adultos, los familiares no son mas que un sirviente. Un animalillo que te hace compañía con alguna habilidad especial. Exceptuando casos como el de Tabitha, la chica de pelo azul, o incluso mi padre, cuyo familiar era un caballo, no se les tiene en tanta estima.
Sonreí tras recordar a Bucéfalo, el caballo de mi difunto padre. "La primera vez que monté… Jamás olvidaré ese momento". El chico cerró los ojos.
–Es decir, no soy mas que un animalillo que servirá a Louise durante el resto de su vida.
–N-No pretendía que sonara así, pero… Si. En resumidas cuentas, así te ve ella.
–Vaya…
Me encogí de hombros e hice un gesto de disculpa con la boca. "Al menos cuando hablas. Desmayado se preocupa más". Aproveché un momento de silencio para pensar como aproximarme a él y preguntarle cosas sobre su vida y su… Mundo. "Alessandro, no hables de más y todo irá bien". Sonreí de forma agradable.
–Al menos, tu caso es especial.
Saito terminó de lavar el pijama y me miró.
–¿Especial?
–Por supuesto. No todos los días se convoca a un familiar humano.
Él colocó un dedo en el mentón.
–Mmm… Es cierto. El resto de familiares que he visto hasta ahora son animales o criaturas extrañas.
–Y por ello todo el mundo te mira con curiosidad. Es más, a mi me sorprendió que pudieras hablar nuestro idioma. Recuerdo que, durante la Ceremonia de Invocación, de tu boca salían palabras en una lengua que nunca antes había escuchado.
Saito revisó cuanta ropa sucia queda y sacó otra… "Maldita sea". Miré al cielo nocturno disimuladamente esperando su respuesta.
–Ah, eso… Louise lanzó un conjuro mientras discutíamos cuando desperté en su habitación. Este causó una explosión y ambos acabamos cubiertos de ceniza en la cara y la ropa. De la nada, pude entenderla como si hablara japonés. De hecho, para mi todos habláis japonés.
–¿Ja-Japonés?
–Si. Es el idioma de mi país: Japón.
–¿¡Japón!?
El chico asintió con total normalidad. Abrí los ojos como platos y me sujeté a la fuente para no caer en ella. Traté de mantener la calma. "Respira, Alessandro. La cosa va bien". Me ensimismé en mis pensamientos. "¡No! ¡Nada va bien! ¡Ni siquiera en la Biblioteca Papal había información sobre gente procedente de otro mundo!" Cerré los ojos. "Tampoco pude revisar tantos manuscritos como me hubiera gustado. Vittorio me lo impidió por motivos evidentes. Una lástima… Además, ¿Louise lanzó un hechizo que salió bien? ¿Acaso la magia del Vacío funciona únicamente sobre familiares humanos? No, eso no tiene sentido. Louise invocó a Saito correctamente… Si no contamos la explosión, claro. Ella puede hacer magia. Lo sé porque la magia del Vacío existe…" Me estremecí.
–¿Alessandro?
"Si digo eso en alto, todo el mundo se reiría de mi". Respiré profundamente. "Saito procede de otro mundo y ahora, gracias a un hechizo del Vacío, entiende nuestro idioma y nosotros el suyo. Fascinante". Le lancé al chico una penetrante mirada llena de curiosidad. "Gandálfr, prepárate porque voy a saber todo sobre ti".
–Alessandro, ¿Estás bien?
–¡Si si! Estoy perfectamente.
Me puse tenso. Él siguió con su labor como si nada. Pasamos un rato en silencio mientras yo me recomponía poco a poco de este momento.
–Saito, ¿Qué puedes contarme sobre tu mundo? Como comprenderás, nunca he conocido a alguien procedente de… ¿Japón?
El chico asintió y dejó de lavar la ropa de Louise temporalmente. Se sentó junto a las piezas que estaban secando. Sonrió melancólicamente.
–Japón es mi hogar. Concretamente Tokyo, la capital. Es una ciudad enorme, llena de gente de todo tipo. En ella es imposible aburrirse.
–¿Cuántos habitantes tiene?
–Mmm… Unos diez millones.
–¿¡Diez… Qué!?
Su respuesta provocó que perdiera el equilibrio y casi cayera, por suerte, hacia el lado contrario que la última vez. Saito se sobresaltó.
–¿Seguro que estás bien?
–S-Si, es que… Esa cantidad… Dudo siquiera que Tristain y Romalia lleguen a tener tantos habitantes en conjunto.
Tragué saliva. Empecé a contar con los dedos.
–La ciudad mas poblada de Halkeginia es la capital de Gallia: Lutèce. Sin embargo, no creo que alcancé una décima parte de la población de tu acabas de mencionar.
–Mi mundo no era tan diferente al vuestro hace siglos. Japón, al ser un conjunto de islas, tiene una cultura e historia propias.
Asentí como un niño al que le explican algo interesante. "Similar a Albion".
–Entiendo… ¿Siglos dices?
–Si. De hecho, en mi mundo existen unos cinco continentes. Cada uno con sus razas, religiones, culturas y países.
–¿Cinco? Aquí sólo se conocen dos por ahora: Halkeginia y Tierra Santa. El primero se divide en cinco reinos o imperios importantes: Gallia, Germania, Romalia, Tristain y Albion; y algunos países menores del este, como, por ejemplo, Laveria. De Tierra Santa, por el contrario, se sabe muy poco. Romalia, mi país de origen, poseé territorios allí y se realizan viajes continuamente a través del Mar Interior. Sin embargo, apenas se habla del tema, ya que sólo unas pocas familias tienen acceso a los bienes comerciados o botines de guerra.
Finalicé gesticulando. "Entre ellas la mía… Si todavía fuera un Fontana de Cittadella". Saito asintió e hizo un gesto como si se hubiera dado cuenta de algo.
–En mi mundo existe un continente que, por lo que he podido ver hasta ahora, se parece al vuestro. Se llama Europa.
–¿Euro-pa?
El chico continuó mientras miraba fijamente la fuente.
–Según lo que he estudiado, Europa lleva expandiendo su cultura por todo el mundo desde hace milenios. Las civilizaciones se sucedieron. Los occidentales, como los llamaba mi profesor de historia del instituto, se consideraban social, económica y militarmente superiores al resto. Por ello, a través de la religión, las fuerza o el comercio, ocuparon territorios por todo el mundo, llegando incluso a nuestro país.
–¿La religión?
Saito asintió levemente. Suspiré debido a mis opiniones con respecto a ese asunto.
–Aquí ocurre algo similar. Los países guerrean cada cierto tiempo según los intereses de los gobernantes. Sin ir mas lejos, hace unos veinte años, una serie de rebeliones ocurrieron en unas islas cercanas a la Península Ausona, la Romalia continental. Sin embargo, como toda Halkeginia comparte panteón, los enfrentamientos suelen darse por asuntos económicos o riñas familiares.
–En mi país sucedía lo mismo hace siglos. Al final, no somos tan diferentes.
Sus ojos azules se encontraron con los míos y ambos sonreímos. "Tienes razón, Gandálfr. Es curioso que una de las primeras personas que me alegro de haber conocido aquí sea un familiar legendario procedente de otro mundo. Similar al nuestro, si, pero distinto a su vez. La gente no se equivoca. Soy un tipo extraño". Saito continuó con su labor mientras yo observaba el cielo nocturno. "Toda la información que puedo obtener de ese mundo, dado que los archivos papales están varios kilómetros al sur, proviene de él. Necesito saber más". Una nueva duda surgió en mi cabeza.
–Has mencionado que eras estudiante. En Halkeginia, la gente común no suele tener el capital suficiente como para permitirse la educación superior. La mayoría de ciudadanos aprende a contar, escribir una carta y leer las noticias o decretos reales. No hablemos ya de campesinos. Muy pocos llegan al nivel de cultura de los nobles o hijos de mercaderes ricos. Y, sin embargo, parece que tenemos la misma edad, ¿Acaso eres noble? Tu falta de protocolo me hace pensar que no, pero…
Su estómago volvió a rugir. Él suspiró una vez dejó a secar un camisón rosado.
–No lo soy, tranquilo. En mi mundo, al menos en Japón, la educación básica es obligatoria y pública. Es decir, todos podemos y debemos estudiar hasta una edad. Después de eso, cada uno elige su camino. La mayoría siguen estudiando en institutos y universidades privadas para encontrar un futuro mejor.
Abrí los ojos como platos. Cada palabra que salía de su boca me dejaba mas asombrado. "Una educación igualitaria hasta la universidad. Fascinante".
–Un futuro mejor…
Susurré. Saito profirió un sonido de aprobación con la boca, ignorando la razón de mi comentario.
–Si. Mi caso es particular. Acabé la educación obligatoria hace un par de años. Conseguí acceder a un instituto de mi zona por los pelos, pero pronto me di cuenta de que no quería seguir ese camino…
Hizo una pausa. Suspiró.
–Mientras buscaba trabajo, un portal se abrió delante de mi y me atrapó. Y aquí estoy, lavando la ropa interior de una niña malcriada en un mundo medieval fantástico.
Su comentario sobre Louise me sacó una risita. "¿Mundo medieval fantástico? Un momento… ¿¡Acaba de decir que el portal lo atrapó!?" Tragué saliva y me gestó cambio. Me acerqué a él sin remordimientos.
–El portal… ¿Te atrapó?
El chico se sorprendió de mi movimiento, pero no le dio importancia. Se limitó a asentir.
–Bueno, técnicamente yo lo toqué primero. Entonces, este me atrapó, me desmayé y acabé despertando en el patio frente a todos vosotros.
–Fascinante…
"Con que así funciona. El familiar toca el portal y lo atraviesa… ¿Acaso eso sucede siempre? ¿O únicamente con los familiares legendarios? Preguntas y mas preguntas". Saito desvió la mirada hacia el infinito.
–Algo que me sorprendió fue que nadie, además de mi, se percató de la presencia del portal. Es como si, para ellos, este no estuviera ahí.
Entrecerré los ojos.
–Un portal es algo inusual, desde luego.
–Y en mi mundo ni siquiera existe la magia.
Esa afirmación hizo que resbalara, cayéndome de espaldas contra la hierba del patio y emitiendo un quejido. Saito se sobresaltó.
–¿Estás bi…?
Me incorporé sobre las rodillas y lo sujeté por los hombros. Él se asustó.
–¿¡Có-Cómo que no existe la magia!?
Alcé la voz.
–N-No, no existe. Al menos que yo sepa. Nunca he visto a nadie manejar los elementos como lo hacéis aquí. Trucos baratos si, pero, ¿Crear un soldado de bronce a partir de una flor? Jamás.
Me separé lentamente del chico y me volteé. Me levanté y abrí los brazos.
–Oh, Fundador… ¡Esto es maravilloso!
El estómago de Saito rugió de nuevo, mucho mas fuerte que antes. "Que provenga de otro mundo es aceptable sin otras pruebas. Que su mundo sea similar y a la vez diferente es lógico. Pero, ¿¡Qué no exista la magia!? Necesito…" Evidentemente, pronto me di cuenta de la situación: es de noche, estamos los dos sólos en el patio y acabo de gritar emocionado. Me ruboricé enormemente y me senté junto a la fuente. No podía mirarlo a la cara.
–L-Lo siento… En ocasiones me emociono hablando.
–Tra-Tranquilo.
–¿Q-Qué hacen aquí fuera a estas horas?
Inquirió una suave voz procedente de nuestra derecha.
