Tras una noche de recuperación de horas de sueño perdidas, me desperté completamente descansado. Al ser el segundo Día de Nada del curso, he aprovechado para levantarme mas tarde de lo habitual. "El desayuno se sirve mas tarde hoy, por lo que aún tengo tiempo a prepararme". Ayer, antes de dormir, recapitulé sobre lo sucedido desde que comenzó el año escolar. "La aparición de Saito durante la Ceremonia de Invocación ha causado un enorme revuelo en mi vida. En ocasiones me pregunto si Vittorio, dado que es usuario del Vacío, predijo de alguna forma que el chico sería convocado por Louise, puesto que ella, al pertenecer a la familia Vallière, tiene sangre real corriendo por sus venas. ¿Y si me envió aquí debido a ello? ¿Acaso Lífprasir y Mjöovitnir han sido convocados en Albion y Gallia y sólo quedaba Gandálfr por hacer acto de presencia? No, eso no tiene sentido. Vittorio me dejó bien claro que si alguien invocaba a uno de los familiares legendarios se lo hiciera saber, por lo que esa posibilidad queda descartada. Existe muy poca información sobre la magia del Vacío pese a lo yo haya podido leer en mi vida del asunto". Tras incorporarme, lo primero que entró en mi campo visual fue la pequeña figura de Shalquoir, la cual dormía plácidamente a los pies de la cama en el extremo contrario a mi. "Luego tenemos a mi propio familiar. El profesor Colbert todavía no me ha informado de si ha encontrado algo en la sección prohibida de la biblioteca. Yo no soy usuario del Vacío. Por lo tanto, Shalquoir no debería destacar mas allá del hecho de que puede comunicarse telepáticamente, conoce parte de mi pasado por algún motivo y esconde demasiado bajo esa apariencia tranquila. Si, todo normal". Cerré los ojos y me estiré. Salí de la cama y me rasqué la barba. "Debería afeitarme". Caminé hasta el cuarto de baño y me miré al espejo. "Tampoco tengo mal aspecto. Aparento mas edad, pero eso nunca ha sido un problema". Recordé que en menos de dos semanas se celebrará el Día del Familiar. "Decidido. Viajaré a la ciudad la tarde anterior para afeitarme y recortar un poco el cabello". La mera idea de cabalgar durante seis horas provocó un enorme rechazo en mi. "Dudo que aquí haya un barbero, aunque…" Salí del baño tras lavarme la cara. "No pierdo nada por preguntarle a Siesta". Eché un vistazo por la ventana del dormitorio. Suspiré. "¿Cuánto tiempo mas durará el mal tiempo?" El cielo continuaba opacado por incontables nubles de tormenta. Me cambié de ropa y, por primera vez desde que estoy aquí, decidí no utilizar el uniforme de la academia. En su lugar, y aún manteniendo la camisa blanca, me puse un chaleco romaliano bordado de color azul oscuro decorado con lirios, flor característica del sur de Romalia. Para las piernas, unos pantalones marrón oscuro servirán. Decidí utilizar el segundo par de botas de viaje que ordené empaquetar a los sirvientes de la residencia papal junto a otro calzado veraniego o hecho para situaciones especiales. Un par de brazales para ajustar las mangas de la camisa remataban el conjunto. Ajusté a Storm Ruler al cinturón, decorado este con el emblema de los Serevare. Me preparé para partir y entonces me di cuenta de que Shalquoir había despertado. Se estiró sobre la cama.
–Buenos días, dormilona.
Ella bostezó.
–"Cuando el clima no acompaña, es de mal gusto madrugar. Además, mira quién fue a hablar. No me extrañaría que la sirvienta te estuviera esperando al otro lado de la puerta. Procura no emitir sonidos extraños esta vez, ¿Si?"
Sentí su comentario como un gancho de derecha.
–Dame un respiro. Estaba adormilado y no me esperaba su presencia.
–"Que instinto de supervivencia tan poco desarrollado. Bueno, ve a desayunar y recuerda traerme algo a mi también. O, mejor aún, envía a la chiquilla. ¿Quién podría resistir tus encantos así vestido?"
Decidí no darle importancia a sus inoportunos comentarios. "En cierto modo echaba de menos su palabrería. Me reconforta saber que nuestra relación ha vuelto a la normalidad". Sonreí.
–Nos vemos luego, Shalquoir.
–"Buen provecho, querido".
Caminé hasta la puerta y la abrí. Crucé el umbral y la dejé arrimada por si mi familiar necesita hacer sus necesidades o le apetece dar un paseo. En esta ocasión, Siesta no se hallaba en el pasillo. En su lugar, divisé una cabellera rojiza al fondo del mismo. La joven se volteó al escuchar el ruido producido por mis pasos. Llevaba puesto el uniforme de la academia como si estuviéramos en un día lectivo. Algo la sorprendió.
–Vaya vaya, mira quien ha decidido cambiar su indumentaria. Estás irreconocible, chico que habla con las espadas.
Sonrió. Pese a que todavía me molesta un poco su actitud y el apodo que me ha puesto, le devolví el gesto. "Me pregunto si es mala con los nombres o simplemente le gusta burlarse de mi". Caminé hasta donde se encontraba y me situé a su lado.
–Gracias. Creí que una joven como tú elegiría otro tipo de vestimenta en el Día de Nada.
Ella alzó una ceja.
–¿Estás insinuando que el uniforme me sienta mal?
Gracias a que todavía mantenía parte de la sonrisa, no me dejé convencer por su deplorable actuación.
–Yo jamás le faltaría al respeto de esa manera a una mujer. Me han educado como a un caballero, señorita Von Zerbst.
Kirche rió levemente. Se dio media vuelta y me miró.
–Supongo que tendrás hambre, ¿Cierto? ¿Acompañaríais a esta hermosa joven a desayunar, caballero?
Preguntó como si ya conociera la respuesta. Sin embargo, la invitación si que me cogió por sorpresa. Tardé unos segundos en reaccionar. La germana, que emprendió el rumbo escaleras abajo, parecía disgustada.
–Está bien. Tomaré tu silencio como un no.
–¡Espera!
Se detuvo. La adelante por su derecha.
–Supongo que rechazar la invitación de una hermosa joven es de mala educación, ¿Me equivoco?
Como ella había hecho conmigo, ni me molesté en mirarla. Escuché el sonido de sus tacones contra los escalones. Pasamos el resto del camino hasta la entrada del dormitorio en silencio, caminando prácticamente en paralelo. Una vez llegamos a nuestro destino, aguardamos a que la tormenta amainara lo suficiente como para no empaparnos.
–Odio la lluvia. Me deja el cabello en un estado deplorable. Y el frío me cala hasta los huesos.
Se quejó mi compañera. Entonces, se me ocurrió la misma idea que el día anterior. Desenvainé mi catalizador. Kirche se sorprendió y retrocedió un paso. Dirigí mi mirada hacia ella.
–Si permaneces a mi lado tal vez logres mantener tu cabello en perfectas condiciones.
La germana entrecerró los ojos. Pronto comprendió a que me refería y sonrió pícaramente.
–Recuerdo que hace escasos días me comentaste que eres negado para la magia.
Sus palabras, aún hirientes, no me sentaron mal. Me encogí de hombros y coloqué mi cuerpo hacia el patio.
–Tú misma.
Pronuncié el encantamiento y la lluvia comenzó a alejarse de la hoja de Storm Ruler, creando una especie de sombrilla invisible a mi alrededor. En cuanto emprendí la marcha hacia la torre principal, sentí un cuerpo situarse justo detrás de mi. Su cercanía provocó que me ruborizara. Concretamente el leve roce de sus pechos contra mi espalda y brazo derecho.
–Romaliano, si no caminas, el hechizo se disipará y nos empaparemos.
Respiré profundamente y obedecí.
En lugar de desayunar juntos, Kirche y yo nos separamos nada mas llegar al comedor. La presencia de Louise y Saito en la puerta de este provocó que la tristaniana nos observará detenidamente, atravesándonos, al menos a mi, con la mirada. La germana se despidió educadamente y me agradeció por el servicio. Se sentó junto a Tabitha. Las dos, o mejor dicho, ella comenzó a hablar alegremente mientras su interlocutora leía un libro, como siempre. A Louise le faltaron segundos para interrogarme una vez nos sentamos a desayunar. Tuve que explicarle con pelos y señales que nuestro encuentro había sido fortuito. Saito se apiadó de mi con la mirada. "No entiendo por qué le molesta que Kirche y yo hablemos. Incluso que podamos llegar a ser amigos. Ella nunca se me ha insinuado como sí hizo con Saito. Y en caso de que así fuera, ¿Qué le importa? Alguien debería explicarle que ese control que intenta ejercer sobre el resto es increíblemente irritante". Tras un copioso desayuno y un agradable saludo por parte de Siesta, la cual me informó de que se encargaría personalmente de llevar un plato de comida a Shalquoir, algo que agradecí, salimos del comedor.
–¿Cuánto tiempo más va a seguir lloviendo?
–Que pregunta tan estúpida. Estamos en primavera. Es completamente normal que llueva.
Respondió la joven sin reparo.
–Según tengo entendido, las primaveras y otoños tristanianos acostumbran a tener semanas de tormentas y lluvias torrenciales ininterrumpidas.
Añadí yo, buscando aliviar la tensión que Louise había creado entre nosotros nada mas verme junto a Kirche.
–Pues que aburrimiento.
–Buenos días, jóvenes.
Dijo una voz detrás de nosotros. Nos volteamos al unísono y allí estaba el profesor Colbert sonriendo apaciblemente, como siempre. Le devolví el gesto.
–Profesor Colbert, ¿Podemos ayudarle?
Inquirió Louise. El hombre asintió y me miró a los ojos.
–Necesito hablar con el señorito Alessandro un momento. Es sobre ese asunto que usted sabe.
Me indicó. Abrí los párpados y me emocioné, aunque contuve mi gozo.
–¿Ha encontrado algo?
–Más o menos. Acompáñeme, por favor.
Observé a la estudiante y su familiar.
–Si me disculpáis.
–Hasta luego.
–Adiós.
Se despidieron. Caminé hasta situarme junto al profesor.
–Hablaremos en mi laboratorio. Ya sabe, las paredes tienen oídos.
–E-Entiendo.
Su comentario me puso en alerta. "¿Qué habrá descubierto, profesor? Espero que no sea algo malo". Nos dirigimos sin perder tiempo a su laboratorio, situado en el segundo piso de la torre.
La información que compartió conmigo el profesor Colbert estaba siendo difícil de digerir. Eso sin tener en cuenta que me haya contado todo lo que ha descubierto, lo cual pongo en duda. "Así que ha habido otras 'Shalquoir' a lo largo de la historia que siempre han sido familiares de hechiceros relacionados con el Agua o la magia curativa. Las runas no mienten y los símbolos eran los mismos en, al menos, cuatro ocasiones mas. Eso me lleva a preguntarme lo siguiente. ¿Acaso eran otras 'Shalquoir' o…?" Me detuve frente a la puerta de mi cuarto. "La gata sabe demasiado por motivos que no alcanzo a comprender todavía. Y ella no parece dispuesta a compartirlos. Debo caminar con pies de plomo o podría volver a no dirigirme la palabra. Sin embargo, dejar este asunto de lado…" Suspiré tras pensar con calma mis actuaciones futuras con respecto a mi familiar.
–Tenía que sucederme precisamente a mi.
Susurré. Bajé la manilla.
Al día siguiente, Siesta me visitó minutos antes del desayuno. Me saludó educadamente y me entregó una carta sellada con el escudo de los Serevare. Le agradecí por su excelente trabajo, aunque me preocupa un poco que su diligencia no pase desapercibida para el resto de alumnos o del servicio. Después de una exigente mañana de clases en la que los profesores han empezado a impartir materia de verdad, me senté en la silla de mi escritorio y comencé a leer con calma la misiva. "Que letra tan impoluta tiene Vittorio". Su cariñoso saludo está acompañado de palabras de agradecimiento por mi información y cierta preocupación por mi situación, sobre todo en el ámbito social. "Debería hablar con otros alumnos. Ya no solo para, como dice él, no levantar sospechas, sino por el temperamento de Louise y el control que ejerce sobre Saito. Kirche no parece tan estúpida como inicialmente creí y Tabitha, la otra alumna con la que he mantenido mas contacto, es mas bien parca en palabras". Por último, la carta informa de que Giulio se encuentra actualmente en Albion actuando como diplomático papal. Esto generó algunas dudas en mi cabeza. "¿En Albion? ¿Ahora? Creí que permanecería en Germania hasta el verano. Me pregunto que estará sucediendo en la isla". Enrosqué la misiva y la guardé en uno de los cajones del escritorio. De otro cajón extraje un papel en blanco. Mojé la pluma en el tintero.
–Los acontecimientos sucedidos a raíz del enfrentamiento con el conde Mott me han generado muchas dudas. Debo avisar a Vittorio, en el improbable caso de que no sea consciente de la situación, de que existe una facción a escala continental que planea unificar Halkeginia derramando sangre inocente si es necesario.
Comencé a escribir.
–Añadiré también las nuevas sobre Gandálfr y Derfflinger.
Tras varios minutos en los que ni un solo ruido además del ejercido por la pluma sobre el papél se escuchó en el habitáculo, finalicé mi escrito. Lo dejé a secar sobre la mesa para poder enviarlo cuanto antes. Shalquoir había salido poco antes de que yo regresara de las clases.
Nueve días después, y tras una apacible mañana, me encontraba subiendo las escaleras del dormitorio en dirección al cuarto de Louise. Había decidido entrenar junto a Saito y Derfflinger para mejorar mis habilidades ya no solo con la espada, sino practicando algunos hechizos lineales. La última semana había sido tranquila. Saito no volvió a actuar como un idiota descerebrado y las aguas se calmaron lo suficiente como para hacerme creer que mi vida de estudiante era completamente normal. No hubo achaques de salud ni acontecimientos extraños. Shalquoir y yo hemos quedado en empezar a practicar un número para el examen del Día del Familiar con la esperanza de destacar lo suficiente como para no quedar en último lugar. Combinaremos mi habilidad con el Agua junto a su, según dice ella, extraordinaria agilidad, la cual no he tenido el placer de contemplar a día de hoy. La mera idea de enfrentar a un familiar legendario y su arma predilecta provocaba una emoción inusual en mi. "Sé que no tengo ninguna posibilidad de vencer, pero ser aconsejado por la mismísima Derfflinger es un verdadero honor". Una vez alcancé mi objetivo, llamé repetidas veces a la puerta.
–¿Si? ¿Quién es?
Una voz femenina respondió a mi llamada.
–Soy Alessandro. ¿Podemos hablar un momento?
La madera se movió a los pocos segundos. Louise se encontraba al otro lado con su semblante habitual.
–Adelante.
Obedecí y ella se apartó. Por desgracia, no había nadie mas en el cuarto. Me dirigí a la tristaniana.
–¿Dónde está Saito?
–Así que lo buscabas a él. Le he ordenado que vaya a entrenar con la espada.
La joven se sentó en la silla junto al escritorio.
–He intentado enseñarle modales y a actuar de acorde al protocolo, pero no ha dado resultado. Por lo tanto, practicará con la espada día si día también hasta que llegue el examen.
Me explicó con cierto cansancio en su tono de voz. Tras comprender a qué se refiere, desvié la mirada. "Pobre chico. Conociéndola, seguramente lo hará entrenar durante horas sin descanso. Aunque, para mi, esta situación es beneficiosa". Me recoloqué la capa.
–De hecho, había venido a proponerle exactamente eso: entrenar juntos.
Louise alzó las cejas.
–¿En serio? Que conveniente. Muy bien. Lo encontrarás en el patio trasero, donde apenas hay estudiantes presentes para ver lo ridículo que puede llegar a ser.
–Louise…
Traté de hacerla entrar en razón. "Me pregunto si algún día dejará de tratarlo como a un vulgar perro callejero". Ella, en su lugar, abrió uno de los cajones del escritorio, ignorándome completamente.
–Además, entrenando contigo tal vez aprenda algo de protocolo. Desde que le advertiste la semana pasada no ha vuelto a cometer ninguna estupidez mayúscula.
Suspiré. "Sintiéndolo mucho no voy a actuar como un mentor. Especialmente de alguien que podría costarme la cabeza". Me volteé y procedí a salir del habitáculo.
–No prometo nada. Nos vemos luego, Louise.
–Hasta luego.
Se despidió la joven.
El patio estaba lleno de alumnos de segundo año practicando junto a sus familiares para el examen del Día del Familiar. La mayoría se ejercitaban bien compenetrados. Me detuve un instante antes de cruzar por el paseo cubierto que separa ambos espacios. Suspiré. "Y yo aún no he empezado siquiera a pensar en qué orden realizaremos los ejercicios nosotros". Me rasqué la nuca y continué con mi camino. Eché un vistazo al patio trasero y, para mi sorpresa, Saito no estaba practicando junto a Derfflinger, sino que se encontraba sentado con la espalda apoyada en la pequeña capilla dedicada al Fundador. Lo que mas llamó mi atención, sin embargo, era el objeto situado junto a él. "¿Qué hace todavía con esa espada?" Caminé hasta su posición. El familiar se percató de mi presencia a medio camino. Se incorporó y me saludó con la mano.
–¡Alessandro!
Yo no abrí la boca hasta que me encontré a escasos metros de él.
–Buenas tardes, Saito.
–¿Dando un paseo?
Negué con la mano.
–Hoy no. Te estaba buscando.
–¿A mi?
Se señaló a si mismo mientras abría los ojos en un gesto de sorpresa.
–Si. He hablado con Louise hace un momento. Me ha dicho que estabas aquí, entrenando.
El familiar emitió un gruñido a modo de respuesta. Desvió la mirada algo molesto.
–La muy idiota me ha dicho que, como no tengo ningún protocolo, lo mejor que puedo hacer es practicar con la espada hasta el agotamiento. Ah, y que ya se le ocurrirá algo el día del examen ese para que no haga el ridículo.
El rostro que se me ha debido de quedar a raíz de su respuesta debe ser, cuanto menos, burlesco. "Fundador, quiero creer que algún día se respetarán el uno a la otra. No pido tanto, ¿No?" Asimilé su situación y pensé bien qué decir a continuación. Pasé por su lado y me situé frente a Derfflinger y la espada dorada.
–Con respecto a lo segundo nada puedo hacer. Louise es inteligente. Confía un poco en ella.
Me agaché y, con cuidado, procedí a sujetar a la espada legendaria en mis manos. Me incorporé y, tras lanzar una mirada llena de orgullo al objeto, me volteé. Se la ofrecí. Saito me observaba dubitativo.
–En cambio, no me vendría nada mal un compañero de entrenamiento para mantenerme en forma. ¿Qué me dices?
Sonreí mientras aguardaba una respuesta. El familiar sopesó la idea. Tras un rápido vistazo a su espada legítima, terminó por asentir.
–Vale. Supongo que tiene mas gracia si puedo practicar con alguien.
–Gracias.
Insistí en mi ofrecimiento. En su lugar, el chico pasó por mi lado, dejándome anonadado, y recogió la maldita espada de Kirche. La sacó de la bellamente decorada vaina, dejando esta en su lugar original. Lo encaré.
–Saito, ¿Qué estás haciendo?
El mencionado ladeó la cabeza.
–Coger mi arma.
Antes de responder algún improperio, me detuve y observé con detenimiento el dorso de su mano izquierda. Las runas no emitían ningún brillo. "Tal vez se deba a que no está en una situación de peligro y yo me equivoque, pero…" Traté de sonar lo mas razonable posible.
–Utiliza a Derfflinger, por favor. Creo que dejarnos aconsejar por una espada con propiedades mágicas resultará extremadamente útil.
Saito ni lo pensó y denegó la oferta con la mano.
–Ni de broma. Sinceramente, Derff me cae bien, pero no creo que vaya a serme útil en combate hasta que la repare. Y Louise no está dispuesta a gastar mas dinero en mi.
Hizo una pausa y continuó tras observar de nuevo la espada legendaria.
–Además, no ha dicho una sola palabra en todo el día.
Escuché sus argumentos y, aunque con mis conocimientos sobre el asunto suenan estúpidos, admití que su punto de vista no era del todo erróneo. Me llamó la atención el apodo que le ha puesto a su compañera. "Me temo que no verá el verdadero valor de Derfflinger hasta que la empuñe en un enfrentamiento real. Al menos, si se comunican de cuando en vez y la espada lo convence, puede que eso ocurra mas pronto que tarde". Una idea algo enrevesada pasó por mi mente en cuanto iba a continuar con mis fútiles intentos de razonamiento. "Un momento, tal vez yo podría…" Tomé una decisión. Acepté sus excusas y sonreí.
–Muy bien.
Caminé hasta la pared de la capilla y dejé a Derfflinger apoyada con cuidado contra esta.
–Si no quiere aprender por las buenas…
Mencioné en voz baja. "Lo hará por las malas". En cuanto me incorporé de nuevo, procedí a desabrocharme la capa. La dejé en uno de los bancos situados bajo la fila de árboles que rodean casi la totalidad de los muros de la academia. Me remangué la camisa. Respiré profundamente. "Jamás llegué a creer que me enfrentaría a un familiar legendario. Mucho menos a dos y, en concreto, a Gandálfr. Allá vamos". Saqué a Storm Ruler de la funda y la empuñé con fuerza.
–En posición.
Saito entendió a que me refería y se situó a unos metros de mi. Busqué un lugar mas abierto, alejado de paredes o árboles, y me preparé.
–No nos excederemos. En cuanto uno pierda el equilibrio o sea desarmado, se acabó, ¿Entendido?
–Bien.
Respondió enérgicamente. "Es un verdadero honor desafiarte, Gandálfr". Alcé mi espada y mis ojos se clavaron en los suyos.
–¡Una cosa!
Sus palabras me desconcentraron en cuanto estaba a punto de dar la señal para comenzar.
–¿Si?
–¿Vas a atacarme con magia?
En lugar de responder inmediatamente, sopesé una posibilidad existente gracias a la situación. "Creo que estoy jugando con fuego haciendo esto, pero quiero ver de lo que eres capaz, Saito". Sonreí con cierta soberbia y me relajé a propósito.
–¿Acaso crees que necesito lanzar hechizos para salir victorioso? Tranquilo, lucharemos en igualdad de condiciones. Así, si alguien ve como te derroto, no pensará que ha sido por utilizar la magia, sino por mi habilidad con la espada.
Mi declaración de intenciones no pasó desapercibida. Inicialmente, el chico se había quedado de piedra. Pronto, ese orgullo inusitado que posee salió a la luz. Enarcó las cejas.
–No te des tantos aires, Alessandro. Ya he derrotado a uno de vosotros antes.
Continué con mi falso alarde de superioridad.
–No creas que yo te lo pondré tan sencillo como Guiche. Además, no acostumbro a ocultarme tras autómatas metálicos mientras combato. Ahora, en guardia.
Saito tragó saliva y sujetó la espada dorada con ambas manos. Yo me coloqué en la posición habitual que suelo utilizar. "Puede que Storm Ruler no sea muy alargada ni ancha, pero se defiende bien de los golpes fuertes y eso me permite responder con rapidez. Si las runas se activan estaré en problemas, pero no debo rendirme antes de comenzar. Buscaré sus puntos débiles y acabaré con esto cuanto antes. No sería buena idea que me diera un achaque precisamente ahora". Respiré profundamente un par de veces y me preparé.
–¡Adelante!
El chico comenzó cargando hacia delante y se preparó para golpear sin cuidado, lo cual me permitió adivinar el movimiento que iba a realizar con cierta facilidad. Esquivé el tajo retrocediendo y el familiar, sin ningún tipo de habilidad, dejó que el peso de la espada controlara su cuerpo mas de lo debido y perdió el equilibrio. Eché un vistazo rápido al dorso de la mano donde tiene grabadas las runas y estas no brillaban. Ni siquiera una tenue luz.
–¡Con ataques como ese no lograras nada, Saito!
–¡Cállate!
Intentó acertar con un nuevo tajo, pero el resultado fue el mismo. En esta ocasión contraataqué y golpeé su espalda con la parte plana del filo, provocando que casi se precipitara contra la hierba del patio. "Supongo que, de cuando en vez, no viene mal divertirse a costa de los demás". Asimilé lo que acababa de pensar. "¿Qué estoy diciendo? Yo no soy así". Sacudí mi cabeza y me centré de nuevo en el combate. El chico parecía molesto.
–¡Ahora te vas a enterar!
Su tercer ataque fue bloqueado violentamente por uno mío. Nuestros rostros estaban a escasos centímetros del otro, dejando clara la diferencia de estatura que existe. Sonreí de nuevo.
–Lo siento mucho, pero esto se acaba aquí.
Con un rápido movimiento de muñeca, alejé su espada y lo embestí con el pomo de mi catalizador, golpeando de lleno en su pecho y haciendo que este cayera al suelo sobre sus posaderas en un instante. Saito emitió un quejido de dolor, provocado mas por la caída que por el leve impacto de mi arma. Relajé mi postura y regresé a mi gesto afable habitual. Viendo que no reaccionaba, me preocupé
–¿Te has hecho daño de verdad?
Inquirí. El familiar, lejos de responder, observó con detenimiento su arma, la cual yacía en el suelo a su lado, para luego centrar su atención en sus manos. No dijo una sola palabra durante un buen rato.
–Está claro que mi victoria contra el idiota de Guiche fue un golpe de suerte.
El chico se incorporó. Su vista estaba clavada en el suelo bajo sus pies. Apretaba los puños con rabia.
–El conde Mott y sus soldados me humillaron. Y ahora tú también. Yo no sé manejar una espada y tampoco tengo demasiado interés en aprender. Sé que mi deber aquí es ser el guardián de Louise, pero yo no he escogido ese trabajo. Dime, Alessandro, ¿Por qué nadie me comprende?
Explicó con cierta rabia en su tono de voz. Nuestros ojos se encontraron en cuanto me hizo una pregunta que, a día de hoy, no podría responder con total seguridad. En su lugar, decidí ensimismarme durante un momento para pensar con detenimiento qué decir a continuación. "Tal vez haya cometido un error actuando como un prepotente, aunque todo se tratara de una pésima actuación. He herido su orgullo. Bien hecho, Alessandro". Suspiré y envainé a Storm Ruler.
–Lo siento, Saito. No pretendía humillarte de esta manera. Durante un momento creí que tus runas se activarían al igual que en el combate contra Guiche y tendría que darlo todo para intentar derrotarte.
El familiar, desconcertado, no reaccionó como yo esperaba.
–¿Y tú cómo sabes eso?
Su pregunta me descolocó completamente. "¿¡Qué!?" Tragué saliva y respondí precipitadamente.
–Pu-Pues… Tu-Tus runas brillaron intensamente en cuanto empuñaste mi espada en el duelo contra Guiche. Es probable que si utilizas un arma de verdad como Derfflinger estas vuelvan a hacerlo.
Mi explicación pareció complacerlo lo suficiente como para que no hiciera mas preguntas que pudieran acorralarme. Saito colocó un dedo en el mentón y observó con detenimiento el lugar donde yo dejara previamente a su compañera. Ya mas tranquilo, decidí acompañar mis palabras con una pequeña reflexión.
–Saito, entiendo tu posición, pero Louise es tu maestra. Tu deber como familiar es protegerla en situaciones de peligro. Comprendo que, en ocasiones, existan roces, especialmente con alguien de tal carácter, pero haz un esfuerzo.
Recogí del suelo la espada dorada.
–Una última cosa. Deja de utilizar este filo. Como obra de arte es de exquisita manufactura, pero como arma es demasiado impráctica.
–Alessandro tiene razón.
Comentó una voz procedente de mi espalda. Me volteé y el familiar me imitó. Ambos nos sorprendimos con la repentina presencia de Louise. La tristaniana se aproximó a nosotros.
–Estás embobado con esa maldita espada que te regaló Von Zerbst. Aún encima, y conociendo mi relación con ella, tú la sigues utilizando como si nada. Espero que hayas aprendido la lección tras una humillación como la que acabamos de presenciar.
Sus palabras provocaron que echara un vistazo a mi alrededor. Varios alumnos de segundo curso y algunos familiares contemplaban la escena desde la distancia. "Me pregunto en qué momento habrán llegado ahí. Al menos no he salido derrotado, como Guiche, ni me estoy retorciendo de dolor en el suelo". La mayoría regresaron a lo que el Fundador sepa que estuvieran haciendo. El joven volvió con Derfflinger a la espalda.
–Louise, la idea que te comenté por la mañana no parece tan mala llegado este punto, ¿No crees?
Le espetó Saito a su maestra. La chiquilla, lejos de responder como una persona civilizada y por motivos que desconozco, lo golpeó en la cabeza violentamente, lo cual me hizo abrir los ojos como platos.
–¡Deja de decir estupideces! ¡Ahora, muévete! Bastante tengo con que se rían de mi por no saber conjurar hechizos como para que ahora tú seas humillado en público.
Louise colocó una mano en la oreja derecha del chico y tiro de esta con una fuerza inusitada. El familiar emitió un quejido de dolor.
–¡A-Au! ¡Espera, Louise, no hace falta que…! ¡Au!
–¡Cállate y camina!
Ni siquiera se despidieron. Yo me quedé paralizado, observando a la pareja de moda de la academia. "Me pregunto qué idea puede provocar tal respuesta". Suspiré y sonreí.
–Supongo que algunas cosas nunca cambian.
–Buenas tardes, mi señor.
La voz de cierta sirvienta con una habilidad para el sigilo digna de un asesino me hizo retroceder asustado. Coloqué una mano en el pecho y sentí mi corazón palpitar violentamente contra este en cuestión de segundos. Ella permanecía indiferente a escasos metros de mi.
–¡Siesta, no me asustes de esa manera!
La joven se percató de su error y se disculpó con una reverencia.
–¡L-Lo lamento! Creí que me habíais escuchado acercarme.
Se explicó torpemente. Me tranquilicé finalmente y negué con la cabeza.
–Con Louise chillando así me temo que prestar atención a mis alrededores es una ardua tarea.
Caminé hasta el banco donde había posado mi capa y la recogí.
–Siesta, ayúdame a colocarme correctamente la capa, por favor.
–Ahora mismo.
Realicé el mismo movimiento que cada mañana y, mientras ella se aseguraba de que no quedara nada fuera de lugar, yo uní ambas partes en el broche con el emblema de la academia. Le agradecí con la mano. Por último, devolví las mangas de la camisa a su lugar original.
–He estado observando vuestro duelo con Saito. Felicidades por la victoria, mi señor.
Siesta esbozó una media sonrisa. "Soy perfectamente consciente de su afinidad hacia Saito, por lo que entiendo que su alegría no sea exorbitada. Además, ni siquiera era un duelo como tal". Mientras me aseguraba de que no hubiera nada mal colocado, eché un vistazo al patio. La mayoría de alumnos presentes cuando apareció Louise permanecían allí, practicando números de circo junto a sus familiares para el examen que tendrá lugar en pocos días: la salamandra ígnea de Kirche lanzaba llamas por la boca, alcanzando estas varios metros de altitud; el búho de Malicorne volaba en la dirección que su amo le ordenaba cambiar cada pocos segundos; Guiche acariciaba orgulloso la barbilla de su topo gigante… Todos excepto Tabitha, la cual permanecía junto a Kirche leyendo un libro, como siempre. Por un momento llegué a pensar que no había preparado nada todavía, pero luego recordé que su familiar es un dragón de viento, lo cual, de por si, ya es impresionante. Barajé diferentes posibilidades de lo que podría suceder con respecto a mi y Shalquoir si no empezamos a practicar cuanto antes. "Necesito sacar una nota decente mas allá de cualquier tipo de espectáculo que lleguemos a dar. Sin embargo, lo único que me ha demostrado mi familiar hasta ahora es tener una lengua viperina y una habilidad retórica digna de un filósofo". La sirvienta permanecía a mi lado, aguardando a que le diera una orden.
–Mi señor, no pretendo entrometerme en vuestros asuntos, pero tengo cierta curiosidad. ¿Qué habéis planeado vos y la señorita Shalquoir para el día del examen?
La forma en la que mencionó el nombre de mi familiar, con tanto respeto, me sorprendió. "Parece que Shalquoir se ha dignado a hablar con otra persona. Curioso". Respondí algo abatido.
–He decidido dejar ese asunto en sus manos. Sin embargo, el tiempo pasa y mi familiar no parece tener intención alguna de ponerse a practicar un supuesto número que ella misma ha propuesto. Como comprenderás, la idea no me convence del todo.
–La señorita parece una… Criatura confiable, si me permitís decirlo. Seguramente habrá pensado en algo para que los dos queden en buena posición delante su majestad, el séquito real y el resto de la academia.
Sus palabras me hicieron recordar que la reina asistiría al evento.
–Es cierto. La reina Henrietta asistirá al examen. Lo había olvidado.
Me llevé una mano al rostro y maldije para mi. La plebeya intervino de nuevo.
–Este año será distinto a los anteriores. La presencia de su majestad se debe a que, como ha ascendido al trono hace medio año, debe demostrar que, pese a ser una adolescente, será una reina digna, por lo que asistir a acontecimientos como este es un primer paso. Al menos eso es lo que dicen el resto de señoritos y señoritas nacidos en Tristain.
Realizó una reverencia a modo de excusa por si había hablado demasiado. No le di importancia al hecho, sino que agradecí su explicación. "Con total sinceridad, no me gustaría estar en su posición. Aunque no sé si la mía es mucho mejor". Suspiré.
