05/03/2018
Mis energías se estaban agotando, los ojos me ardían luego de pasar tantas horas expuestos al brillo de mi computadora y empezaba a sentirme mareado por la falta de alimento. Me levanté de la silla del escritorio para estirarme un poco, mi espalda estaba sufriendo las repercusiones de haber estado encorvado desde que comencé a trabajar a las 10 de la mañana; ahora, mirando de reojo la hora en el reloj de la muralla, he pasado casi diez horas trabajando en un par de fotos y aún quedaba editar muchas pares más.
Supongo que es un buen horario para alimentar a mi gata e ir a visitar a Kenchin a la cafetería para ver que de bueno había en el menú hoy, algo que me de energía para seguir trabajando durante la noche; me gustaba mi trabajo, aunque prefiera sacar fotografías antes de quedarme en casa editándolas, pero aun así, he aprendido a amar todo lo que conlleva esta profesión.
Pero aunque no es mi obligación hacer las ediciones porque tenemos a personas especializadas en el tema, voluntariamente he decidido tomar estos pedidos porque hace más de un año que estoy ahorrando dinero para cambiarme a un edificio de departamentos que queda más cerca del centro de la ciudad porque ya estoy agotado de conducir una hora para ir a hacer las comprar de cosas básicas o que todo lugar quede lejos de donde vivo.
Y estoy seguro que Mitsuya estaba agotado de hacer las compras por mí.
—Quedó perfecto este ángulo. Bien hecho— me halague a mí mismo al observar, una última vez, las recientes fotografías que le había sacado a la modelo de vestidos de novias. No sé si la mujer se veía hermosa con aquel vestido cola de sirena resaltaba su figura, o estaba sacando mi lado más narcisista al creer que hice un trabajo excelente.
Me coloqué una chaqueta sobre la playera que usaba como pijama y me dejé los pantalones del conjunto, al final no es como si me importara salir con esta imagen poco decente, de por sí mis oscuras ojeras bajo mis ojos no daban una buena imagen y mi cabello ya estaba grasoso, aunque la tintura negra junto a la oscuridad de la noche no permitía que esto se notara.
Caminé hasta la cocina para servirle la comida a mi amada gata negra y tomar las llaves de la encimera para finalmente ir en dirección a la cafetería para aquella acabar con aquella extraña sensación de vacío en el estómago, la cual no podía asegurar que era por la fatiga, pero esperaba que fuera aquello porque no esperaba pasar las siguientes diez horas trabajando con aquel malestar.
—Nos vemos en un rato, Luna—me despedí de mi única compañera que solo estaba concentrada en su cuenco de comida.
A la salida de mi departamento se encontraba una señora hablando con mi vecina de la izquierda, pues el departamento de la derecha estaba desocupado…o eso creo, debido a que justo había un caballero con unas cajas entrando al lugar que hace poco estaba vacío.
Solo moví la cabeza en señal de saludo y pasé de largo a los ascensores. Nunca he entablado una conversación con quienes comparto piso, pero solo podía pensar en que otros vecinos aburridos se mudaban al lado.
[ . . . ]
Tomé asiento en una de las mesas más cercana al mostrador, viendo como mi amigo hablaba con un chico sentado en uno de los muebles cercanos a la ventana. Me sorprendía ver a Kenchin con una sonrisa, no falsa, mientras atendía a aquella persona, nunca hablaba más de lo necesario con alguien y menos cuando suelo llegar al lugar, soy su excusa para no seguir intercambiando palabras con los clientes.
Pero ahora puedo asegurar que mi amigo debe tener alguna especie de interés en ese tipo sacado de una película romántica cliché, era como el protagonista que viene a una cafetería a leer sus libros. Cada día me sorprenden más los gustos de Kenchin, pero no lo puedo criticar por ello, solo burlarme.
Y cuando parecía haber terminado de conversar con el extraño, caminó hacia mí con una sonrisa que fue borrando a medida que se me acercaba, volviendo a su realidad de mesero cuando me entregó el menú para tomar mi pedido.
— ¿Quién es tu novio? ¿Me lo vas a presentar? —le pregunté con burla mientras tomaba la carta de comida.— Eres el único mesero que queda, no puedes dejar a un cliente esperando tanto tiempo. Mal ahí, no te daré propina.
—Nunca me das propina y además, van a ser las 9 de la noche, a esta hora solo quedan algunos clientes y tú eres el único que ha llegado—respondió molesto mientras limpiaba la mesa—. Además, si tanto te molesta, puedes ir a buscar una cafetería al centro.
—Ese es un golpe bajo. Ese chico te flechó…deberías invitarlo a salir—continué molestando mientras le entregaba el tríptico de vuelta—. Ahora tráeme un café y unas donas.
No me dijo nada, pero estaba seguro que si no fuera porque aún había muchos clientes, me hubiera dado un golpe por ser un piedrita en su zapato. Me dio una mirada de clara molestia antes de retirarse para ir por mi comida y yo aproveché el ángulo de vista para observar al nuevo ligue de Draken y, aunque suena un poco acosador, tomé mi celular para tomarle una foto al extraño para mandarla al grupo que compartimos con la descripción de "El nuevo novio de Draken".
El chico fácilmente podría ser un protagonista de un libro de romance, su perfil era casi perfecto, cabello rubio iba a juego con su piel era pálida, lo que resaltaba, aún más, sus ojos esmeralda bajo aquellos lentes claramente falsos.
No sé qué extraña estética tenía el hombre, pero era claramente atrayente con aquel libro en mano…Photoshoot.
¿Por qué siento que lo he leído antes?
— ¡Mikey!
Mierda, Kenchin ya vio la foto, me va a matar o lo van a despedir por gritarle a los clientes.
O tal vez ambos.
[ . . . ]
Me apoyé en el espejo de fondo del ascensor mientras tiraba la cabeza hacia atrás observando la luz del techo. No pasé mucho tiempo fuera, incluso, ni siquiera terminé de comer todas las donas que había pedido, pero mientras me subía al ascensor sentí que el tiempo se había detenido por un momento y no fue porque en el segundo piso se bajó un hombre, sentía que todo estaba corriendo más lento para solo vivir a unas cuadras de la cafetería o para subir al cuarto piso.
Pero sentía que algo me impedía llegar a terminar mi trabajo, incluso nuevamente sentí un vacío en el estómago a pesar de que terminé comiendo hasta mi máximo.
—Seguro es una bajada de azúcar…—intenté convencerme.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron y puse un pie afuera, entendí que mi cuerpo me estaba preparando para no desmayarme en este momento. No podía creer lo que veía, podía asegurar que lo que estaba observando no era real, era una ilusión de haber descansado poco y de haber comido mucha azúcar.
Ese cabello negro, esa mirada azulada que me dedicó en ese momento junto a su sonrisa me fueron tan familiar que no podía ser real. El vacío que antes sentía en el estómago fue reemplazado con una sensación que reconocí como el revoloteo de las mariposas, además de que aumentó mi ritmo cardiaco y por momentos sentí que volví a los 15 años.
Esto debía ser una broma, una cámara oculta o simplemente yo soy un desgraciado por tener una suerte de puta madre.
—Hol…
Pasé de largo al muchacho que estaba apoyado en la muralla frente al anterior departamento vacío, sé que me quiso saludar en forma de respeto, pero tenía que confirmar algo antes de siquiera intentar intercambiar alguna palabra con él.
Intenté entrar al departamento, pero la mano me temblaba mucho como para acertar a la cerradura y podía sentir su mirada sobre mí. Mi vista estaba nublada por la extraña sensación, así que aunque lo haya intentado ver de reojo, solo podía ver borroso.
Él…Él…
Todo nervioso y confundido, entré a mi hogar cerrando la puerta antes de ir corriendo a mi habitación. Entré tirando todo sobre la cama asustando a Luna en el proceso, pero importando muy poco, porque solo necesitaba llegar a mi escritorio para buscar, entre uno de mis cajones, una pequeña caja con mis cosas preciadas.
Quería averiguar si se trataba de la misma persona, pero al mismo tiempo quería que no lo fuera… ¿Qué haría si se trataba de él? O sea, es muy probable que sea él porque tengo memoria fotográfica-aunque suene chistoso-pero… ¿Existe una posibilidad de que lo esté confundiendo?
Había un 99,9 por ciento de probabilidades de que sea él, pero en lo más profundo deseaba que fuera aquel 0,1 que decía que no era.
Respiré profundo para calmarme. Las manos aún me temblaban, había pasado mucho tiempo desde que revisé aquella caja con reliquias, porque sabía que ahí estaría aquella fotografía…pero ahora necesitaba verla.
Saqué la tapa de la caja dejándola a un lado, enfocándome solamente en sacar una foto de tamaño carnet que se encontraba dada vuelta en la cima del resto de cosas. Sobre pensaba mucho en qué hacer pero las palpitaciones internas eran tan fuertes que cegaban mi razonamiento también, por lo que decidí actuar antes de dudar nuevamente.
Porque esta puede que sea la oportunidad que perdí hace algunos años.
Decidido, voltee la foto para descubrir que era él, exactamente era el mismo…
—Hanagaki Takemichi…
21/10/2015
— ¡Estreno de departamento! —Gritó Draken mientras levantaba otra botella de cerveza en forma de celebración— ¿Podemos hacer escándalo?
—La vecina ya me advirtió que no podía meter bulla, pero creo que ya es un poco tarde… —dije imitando su acción con la cerveza y obteniendo risas por parte de mis amigos quienes ya llevaban un par de latas consumidas.
Finalmente, luego de años, podía celebrar el estreno de mi departamento, de mi lugar…luego de soportar las crueles palabras de mis padres criticando mis decisiones en la vida y tener que aguantar frases como "Mi techo, mis reglas", finalmente pude conseguirme mi propio espacio para empezar mi vida como se debe.
Aunque la verdad, no deseaba festejar hoy.
Tomé asiento en el sillón, al lado de Mitsuya quien estaba encargado de colocar música en su celular conectado a un parlante. Me sentí ajeno a la situación pues veía reír a ambos y, aunque tenía la intención hacerlo, los recuerdos de la sesión fotográfica de hace una semana aún me mantenían en las nubes.
—¿Podemos hablar de algo? —puede que jamás me haya escuchado tan serio, tal vez por ello me miraban confundidos ambos, pero decidieron bajarle a la música mientras tomaban una posición cómoda para escucharme.
Tomé un poco de cerveza, tal vez no ayudaría a la resequedad que tenía en la boca por el nerviosismo de confesar lo que diría, pero necesitaba contarlo porque tenía que liberar el pesar de mi interior. Cerré los ojos y suspiré.
— Creo que me enamoré de una persona que no debía…
—Vaya, esperaba algo peor—comentó Mitsuya riendo mientras tomaba de su lata nuevamente—. ¿Cómo eso de que no debías? ¿Es una de tus clientes?
En parte lo era, el trabajo tenía estrictamente prohibido salir con usuarios que tuvieran un contrato ligado a la agencia, pero aquella persona no era exactamente esa clase de clientes.
—No es…
—Es un hombre, ¿verdad?—dijo seguro Draken—, no dijo mujer…dijo una persona. Es un hombre, ¿verdad? —asentí.—Pero eso no es nada del otro mundo, eso no es enamorarse de una persona que no debías. Deja de ser tan dramático, nosotros te queremos igual…no de esa manera.
—Es que no me preocupa que sea hombre, la verdad es que ni siquiera era un cliente mío. Fue cuando hice un reemplazo y…ahí conocí a esa persona que me persigue hasta en los sueños. No fue hace mucho, hace una semana…es que era un niño, no me refiero al sexo, me refiero a su edad.
—Oh, pero… ¿Qué tan niño era? Como para saber si debo hacer la denuncia—dijo entre bromas el de cabellos lila, recibiendo un golpe por parte de la lata que le tiró Draken.
—Estaba por salir de la escuela, unos 17 o 18…Es que lo vi y su mirada me hizo enamorarme, él estaba nervioso y se reía por ello—dije recordando aquellos cortos minutos donde lo tuve frente a mí—. Fue cuando acepté el reemplazo para sacar las fotografías que iba en su anuario, recuerdo que muchas de las chicas de ahí intentaron hacer las lindas conmigo pero yo solo podía mirarlo a él y ahora…hasta ahora aún pienso en él. Siento que me gusta…pero era un niño.
—Bueno, puede que sí, pero no es una gran diferencia de edad…solo son 3 años—dijo el de cabello rubio trenzado mientras jugaba con una servilleta—, uno no elige de quien enamorarse. Al final solo tu corazón es el que manda, tu mente es la que te limita…pero si es que puedes y lo intentas, los resultados pueden ser muy buenos. Todo está en intentarlo.
Mitsuya intentó complementar lo que había dicho Draken, pero las cervezas le habían pasado la cuenta y no logró decir nada sin que se le enredaba la lengua, causando las risas entre todos. En cierto modo, me sentía más calmado, pero algo me limitaba y no era mi mente como decía Kenchin.
[ . . . ]
Pedí un par de días libres en la agencia y me dispuse a comprar un pasaje de bus para ir a otra ciudad solamente para buscarlo, lo iba a intentar aun con aquel sentimiento extraño que me decía que no debería.
Fui a su escuela esperando encontrarlo a la salida, pero solo fueron 2 horas desperdiciadas ya que él no salió en ningún momento. De regreso a mi casa intenté buscarlo en redes sociales porque conocía su nombre, Hanagaki Takemichi, pero tampoco tenía buenos resultados.
Lo seguí intentando los días siguientes, pero había asumido que él había desaparecido de la faz de la Tierra o que simplemente no existía y fue una creación de mi imaginación, siendo esta última opción convincente, pues alguien tan maravilloso como él no podía ser real.
Decidí rendirme, al menos me quedaré con el recuerdo de su sonrisa, sus ojos azules que expresaban nerviosismo y esa perfecta foto suya que dejé guardada en mi computador y una impresa en mi caja de cosas preciadas.
