06/03/2018

No logré dormir bien anoche, a consecuencia de ello, ahora sentía que se me cerraban los ojos por sí solo, pero no podía darme el lujo de ni siquiera tomar una siesta ya que era consciente de que debía entregar algunas de las ediciones hoy a las tres de la tarde. Ediciones que, por estar pensando en Hanagaki Takemichi, no pude terminar de realizar.

Necesitaba concentrarme en hacer mi trabajo correctamente, pero mientras estaba sentado en mi escritorio, no podía dejar de mirar cada cinco segundos aquella cajita donde volví a guardar la fotografía que me estaba llamando a verla una y otra vez.

Mi mente solo podía pensar en Hanagaki Takemichi, tal vez si tuviera que editar su foto podría trabajar con más dedicación, pero, ¿qué digo? No sería capaz de hacer ningún cambio a su imagen porque todo en él era perfecto, no había nada que mejorar como a las modelos a las cuales le debía reducir la cintura para que los vestidos les quedara perfecto o hacerles resaltar sus ojos de colores.

Hanagaki Takemichi era perfecto por sí solo.

—¡Deja de pensar en él!—me regañé a mí mismo mientras cerraba con algo de molestia la tapa de su computador.

Agradeciendo que tuviera un computador portátil, decidí cambiar mi lugar de trabajo a la mesa del comedor para poder trabajar más concentrado mientras comía algo rápido e improvisado. Estaba tan acostumbrado a ir a la cafetería donde trabaja Kenchin que ya no tenía alimentos en mi propia casa, tal vez debería ser un poco más responsable con el tema de mi alimentación…pero eso será problema del Mikey del mañana.

El silencio me desmotivaba, así que quería conectar la música desde mi computador al parlante, pero antes de que se lograra, escuché un golpe en la muralla que me causó un susto de casi muerte. Miré confundido a todos lados, observando cómo Luna estaba desconcertada por el sonido, pero al final no provenía de ningún lugar dentro de mi departamento sino del vecino, en este caso...Takemichi.

Bueno, no sabía exactamente si era él quien vivía en el departamento continuo, pero esperaba que así fuera porque tal vez existía una probabilidad de volverse a ver, hablar más y volverse más cercano…

Tuve que agradecer que justo recibiera una llamada para finalmente despertar de mis pensamientos sobre Hanagaki Takemichi, uno más de todos lo que he tenido desde anoche.

—¿Qué pasa, Kenchin?—respondí a mi amigo en el otro lado de la línea mientras dejaba el altavoz para poder avanzar algo mientras escuchaba lo que él tuviera que decir.

Tuve que ir a dejar algunas cosas a la cafetería, pero no tengo que trabajar. ¿Puedo ir a visitarte?

—No tengo ningún problema—debía terminar con el trabajo que tenía, pero también necesitaba distraerme y esta es la oportunidad que pedía—, pero debes traerme algo de comida.

Lo pensé antes. Estoy abajo.

Al cortar la llamada suspiré cansado. Tuve que ir a ponerme una chaqueta sobre la ropa de andar en casa para no parecer tan demacrado ante las personas que me encontrara en el camino-o si es que Takemichi me veía-.

Salí y caminé despacio por el pasillo solo para observar con dedicación la cerrada puerta del departamento 82. Mis pasos se hacían cada vez más lentos por la esperanza de que saliera el bello muchacho que estuvo en mi mente desde ayer.

—¿Qué haces?—me cuestioné y dándome un inofensivo golpe en la cara para despertar de mi embobamiento.

Caminé rápidamente hasta la escalera para bajar hasta la recepción, feliz de encontrarme con Draken sentado en uno de los sillones de la entrada mientras jugaba con su celular. Al verme me saludó con la mano moviendo tentadoramente las bolsas de comida.

Realmente era mi salvación.

[ . . . ]

—¿Estamos hablando del mismo niño de hace unos años?—asentí.— Pensé que lo habías superado luego de hacer lo posible por encontrarlo…

Pero no intenté todo.

Nos sentamos en la mesa para servirnos unos pasteles con un café que había traído desde su trabajo mientras yo continuaba en la edición de fotografías, decidí contarle sobre mi encuentro con Hanagaki Takemichi, o sea, igual necesitaba contarle a alguien sobre esta situación para saber lo que opinaban al respecto y nada mejor que amigos que te conocen a la perfección.

Pensé que lo había superado, ni siquiera había visto la foto que había mantenido oculta por tanto tiempo y no fue hasta ayer que recordé su existencia. Estaba mal.

—Ni siquiera sé si es él quien vive al lado, solo lo vi en el pasillo.

—Entonces, ¿Qué esperas para ir a verle? Eres un vecino, no suena raro ir a presentarse y ofrecer tu ayuda por si necesita algo.

Honestamente, sonaba un plan prudente y maduro, sigo siendo un adulto que no está haciendo nada raro, solo se estaba presentado como un buen vecino. Pero, ¿por qué lo sentía como si fuera a hablar por primera vez con la persona que me gusta? Bueno, puede que hable con una persona que "solía" gustarme, entre comillas, porque aun sentí algunas cosas cuando lo vi.

—Piensa algo mientras voy al baño y luego me lo comentas, podría ayudarte a hacer un diálogo para que vayas a hablar con él—dijo Kenchin mientras se levantaba y se estiraba antes de retirarse—. Y Mikey, por favor cambia esos cuadros que me hacen acordar a las fotos de la casa de una abuela.

Me di vuelta para ver los tres pequeños cuadros de imágenes de flores que venían con el departamento y la verdad que si daba un aire de vieja. Me parece bien cambiarlos a futuro.

En el silencio del lugar, a la espera de que Draken saliera del baño, seguí trabajando hasta que el timbre de mi departamento sonó y me asusté un poco ya que el señor Kim-el recepcionista- me tiene que avisar antes de que llegue alguien de visita, ni siquiera dejaba a pasar a Kenchin tan fácilmente. La idea de que era Mitsuya estaba descartada ya que tiene un horario de trabajo que difícilmente podría llegar a mi departamento a estas horas.

Estaba confundido, pero el timbre nuevamente volvió a sonar haciéndome despertar de mi desconcentrado cerebro. Me levanté a abrir la puerta, sólo para encontrarme sorpresivamente con el mismísimo muchacho que tan en las nubes me tenía.

—Hola, soy el nuevo vecino, Hanagaki Takemichi—su voz era suave, tenía unos ojos increíblemente brillantes y tenía una actitud tímida. Aún era el mismo chico perfecto que conocí esa vez—. La verdad es que venía a molestar un poco, pues necesito un poco de aceite y el supermercado queda algo lejos, ¿Usted sería tan amable de darme un poco?

Cuando creí que la idea de ir a pedir azúcar al vecino era una mala idea, él viene a desmentir ese plan.

14/05/2016

Entré a la habitación después de golpear varias veces sin obtener alguna respuesta. Me encontré con el hombre sentado en la silla de su escritorio haciendo no sé qué cosa, pero supongo que no se había dado cuenta de mi presencia ya que estaba dándome la espalda.

Se había sacado el saco para quedarse con la blanca camisa con la corbata negra acorde a sus pantalones y zapatos; cerré la puerta tras de mí y, aunque hizo un ruido, él ni siquiera se volteó a verme, seguía inserto en lo que fuera que estuviera haciendo sobre el escritorio.

Me acerqué lo suficiente para poder poner mis manos sobre sus hombros y apoyar mi cabeza en la suya. No se volteo en ningún momento a verme, pero ni siquiera pude llamar su atención porque seguía concentrado en escribir en una libreta. Logré ver un poco antes que la cerrara y se alejara de mi toque para darse una vuelta en su silla para observarme a la cara.

—No quiero ir a ver a los invitados, ¿Me perdonas? —Solo sonreí para tomarle su mano.— No estoy en condiciones de ir a ver a todas esas personas, perdóname por dejarte a cargo de esta situación...

—Está bien, mi madre está tratando con los invitados y yo estoy aquí para tratarte a ti.

No pudo evitar sonreír como de costumbre, no era una mueca sincera pero no podía exigirle mucho luego de lo que está pasando. Me tomó desprevenido y con un poco de fuerza me atrajo hacia su cuerpo para darme un abrazo, uno que yo no necesitaba pero estaba seguro que él sí.

Era una posición incómoda para mí, además de que el pesado traje que utilizaba hacía esta experiencia un poco más molesta pero no quería arruinar este momento donde se notaba lo vulnerable que estaba. Me removí un poco hasta poder verlo a la cara nuevamente pero sin soltarme de su agarre, apoyé ambas manos en sus hombros para separarme un poco y tener un mayor alcance a su mirada.

— ¿Qué estabas escribiendo? —pregunté curioso sobre esa libreta que tenía sobre el escritorio y sus raros escritos que nunca había visto.

—Desde que me diagnosticaron agorafobia he decidido plasmar algunos pensamientos en diferentes libretas—me respondió mientras me dejaba libre de sus brazos para tomar la libreta que anteriormente utilizaba. La abrió dejándome ver la primera plana donde tenía escrito su nombre—. Esta es relativamente nueva, no la había utilizado pero mi mamá...—suspiró—mi mamá me la regaló hace dos años atrás.

Era claro que la mamá de Kisaki estaba dispuesta a apoyarlo en todo lo que deseaba porque se sentía responsable de su agorafobia. Según él, nunca había sentido algún resentimiento por ello, pero su relación con ella no era muy buena y ahora que había fallecido no sabía cómo iba a actuar él con el paso de los días, porque por ahora se encontraba tranquilo, pero sin su única compañía presente, no sabía si se iba a sentir con el mismo ánimo o confianza.

Tomé asiento en la orilla de su cama mientras él pasaba las páginas de su libreta mirando con nostalgia los escritos. Levantó su mirada mientras me entregaba una sonrisa sincera.

—Mi mamá trabajó día y noche para pagar mis estudios, las terapias y al final desistí a todo porque era demasiado rencoroso como para perdonarla.

Jamás he aprendido a apoyar a una persona cuando esta se abre emocionalmente frente a mí, me asusté cuando unas lágrimas cayeron por sus mejillas y me miró sorprendido de su acto involuntario. Lo único que pude hacer fue levantarme de mi lugar para agacharme frente suyo para secar esas gotas salinas que bajaban de a poco por su rostro.

—Yo...jamás le di las gracias por todo lo que hizo por mí y ni siquiera puedo ir a su funeral a decirle cuánto la quiero, cuanto la voy a extrañar.

Los padres de Kisaki se habían divorciado, la mujer fue quien se quedó con la custodia. Ella nunca pudo superar el hecho de que su amado esposo la haya dejado por otra mujer, pero intentó jamás mostrar su débil actitud frente a su hijo y eso la llevó a cometer el peor error de su vida.

Según me contaba mi mamá, un día en el parque, Kisaki estaba jugando de lo más bien con su amigo mientras su madre-quien los estaba supervisando-tuvo que contestar una llamada por parte de su ex esposo y se alejó lo más posible para tener su "tranquila" conversación.

Mala fue su suerte que Kisaki tuviera que escuchar las palabras horribles de la mujer en la discusión que tenía con quien era su padre y tuvo un ataque de pánico donde sentía que se iba a morir en cualquier momento, llegó hasta el punto de quedar inconsciente. Pero su madre no lo ayudó, fue otra mujer quien a los minutos después lo llevó al hospital.

A pesar de las advertencias que había recibido su madre en el centro clínico luego de haber encontrado a su hijo, no cuidó a Kisaki. Las discusiones sobre su divorcio eran tan seguidas que ya ni lo ocultaba a su hijo y creía que esos ataques que le daba eran solo berrinches por querer ver a su padre.

Nunca lo ayudó, en las calles le gritaba y lo dejaba llorando a pesar de que todo el mundo la solía señalar como una mala madre. Cuando lo diagnosticaron de agorafobia y le indicaron los motivos del origen, ella se dio cuenta que era una responsable directa del problema de su hijo.

Desde ese día, ella ha estado compensando de distintas maneras a Kisaki para que la perdonara. Bueno, cuando él era un niño no le importaba tanto pero cuando pasaron los años, él rechazó todo lo que viniera de ella.

Pero a pesar de todo el odio que Kisaki sentía, él amaba a su madre y dependía solamente de ella para vivir. Ahora, con la muerte de ella, los sentimientos de que él jamás logró expresarle estaban saliendo a flote.

—Estoy seguro que ella sabe cuánto la quieres.

[ . . . ]

Hanma había bajado al primer piso para ayudar a su madre a despedir a los invitados, yo le debía mucho a su familia luego de todo el apoyo que me han entregado desde que falleció mi madre, pero al final, era el idiota del pelo de escoba-como le decía- era quien más ha estado conmigo en estos tiempos difíciles.

El sentimiento de no ir al funeral de mi madre me hizo acordar a una situación similar que había pasado hace unos años atrás, justamente para el funeral de Kazutora.

De uno de los cajones de mi escritorio saqué un antiguo celular, mi antiguo celular. Le puse el cargador y luego de unos minutos pude volver a prenderlo, tenía que mantenerlo lo mejor cuidado, era mi tesoro más preciado

No recordaba que el fondo de pantalla era Kazutora conmigo en la sala de mi casa, pero recuerdo que fue una fotografía que había tomado mi mamá como recuerdo de mi primer amigo.

—Hice todo lo que pude para no olvidarte, Tora...

Me tembló un poco la mano al momento de acercarme al icono de los mensajes, pensaba revisarlos una vez más, pero se escuchaban pasos por la escalera por lo que, como pude, guardé el celular en el cajón y regresé a la cama, como si nada hubiera pasado y aun me mantuviera acostado.

Prometí no contarle a nadie sobre el tema y, si ese era el deseo de Kazutora, así lo cumpliré.