09/03/2018
Faltaba poco para cerrar la biblioteca, pero las personas no dejaban de entrar. Casualmente, cuando yo tengo planes, todo el mundo en la universidad se vuelve responsable; menos mal que hoy era mamá quien pasaba por Mana y Luna, no creo que hubiera alcanzado a llegar a tiempo.
Más tarde tenía que ir al departamento de Mikey, no entendía el repentino cambio de planes, hace una semana se supone que habíamos acordado juntarnos el próximo sábado, pero el exagerado de nuestro amigo quería reunirse tan rápido como fuera posible, ni siquiera era considerado con mi exceso de trabajo que tuve este mes.
Increíblemente ha pasado un mes desde que tuve que tomar el lugar de la Señora Jung-la bibliotecaria-debido a que se encontraba con licencia médica hasta unos días más.
Ella solía trabajar en el mesón y yo era como su asistente, pero ahora he tomado el control de ambos puestos y, aunque me ha tocado atender a mucha gente que viene constantemente, hay un chico en específico que viene la mayor parte del tiempo que lo he visto en otras partes, como por ejemplo, en la misma academia a la que asisto.
Nunca he intercambiado palabras con él, bueno, solo cuando viene a utilizar un computador y yo estoy encargado de esa zona. Gracias a eso conozco su nombre, incluso hemos ido en el mismo bus y compartimos el mismo horario de clases en la academia, aunque seamos de clases distintas.
La verdad, me causaba curiosidad el verlo todos los días llegar, conseguir un computador y quedarse en uno de los escritorios hasta la hora que debe irse a la academia.
Y hoy no era la excepción, aunque parecía diferente a las veces anteriores a las cuales viene, llegué a dudar de que estuviera haciendo algún trabajo para sus clases. Estaba tan concentrado viéndolo que entré en pánico cuando se levantó de su lugar para caminar hacia mí.
Oh mierda, no debería mirar así a las personas.
—Disculpa, vengo a preguntar por dos cosas—no me salieron las palabras, solo pude asentir con la cabeza esperando sus preguntas—. ¿Hay alguna sección de diarios antiguos?
Su pregunta me desconcertó un poco, era la primera vez desde que estoy trabajando en este puesto (incluso como asistente) que escuchaba preguntar por algo como un diario antiguo. Lo primero que se me cruzó por la cabeza fue un trabajo de esos que los niños pequeños hacen, como cuando se usan diarios para collage, pero dudo que tenga que hacer uno.
—Si no mal recuerdo, hay unos pocos en la sección de revistas en el fondo, pero no vas a encontrar algo muy viejo, tal vez algo de hace dos años atrás como máximo. —Mostró una mueca de disconformidad ante mi respuesta, parece que no era lo que esperaba pero... ¿Para qué buscar diarios físicos si puede buscar una noticia específica en internet? — ¿Necesitas algo más?
—Qué vergüenza pedirte esto, pero...—con las mejillas levemente rosadas hizo un gesto para que me acercara un poco, dudé un poco, pero aun así me acerqué aunque el corazón por poco se me saliera del pecho al aspirar su dulce perfume y con su dulce voz en susurro cerca de mi oreja preguntó. — ¿Tienes 'Honeymoon' de Sun&Moon?
Era eso.
Era extraño que en la biblioteca de la universidad se encontrara algún libro de esa clase, igual se encuentran pero era la primera vez que escuchaba a alguien pedirlo. No sé para que lo necesitara, sentía curiosidad por ello, pero solo pude darle la referencia de donde se encontraba para recibir una sonrisa de su parte antes de irse y perderse entre los estantes.
Hakkai…
[ . . . ]
Quedaba media hora para que el reloj marcara las diez de la noche, o sea, el horario en que mi turno llegaba a su fin. Ya no quedaban casi clientes, solo quedaba un par de parejas, pero el resto del recinto ya estaba limpio con las sillas sobre las mesas, listo para ser cerrado.
Me acerqué al mostrador para tomar mi celular mientras esperaba, tenía que mandarles un mensaje a sus amigos para avisarle que llegaría tarde por culpa de los que llegan cerca de la hora de cierre. Durante la semana, Mikey nos ha exigido juntarnos porque debía decirnos algo importante, algo que no quería decir por mensaje porque era el rey del drama, así que tuvimos que buscar un horario donde los tres podíamos reunirnos.
Al inicio pensé que podríamos hacer una pequeña fiesta, porque necesitaba unas cervezas y una sesión de videojuegos con ellos para relajarme luego de una semana llena de trabajo, pero tal vez no sería así porque, si soy honesto, desde la última vez que lo fui a visitar tenía una actitud muy extraña que no pudo explicarme en ese momento.
—Te veo muy feliz—dijo Yuzuha desde el otro lado del mostrador mientras se tomaba su cabello en una moña—, ¿Vas a salir con alguien esta noche?
—Tengo una junta con unos amigos, ¿Qué tal tú?
—Tengo una cita con mi cama. Mañana tengo que estar aquí temprano...—dijo entre bostezos por el cansancio. —Pensé que ibas a salir con ese chico que viene siempre, estoy segura que el café de aquí no es tan delicioso como para venir todos los días. Creo que le interesas.
Y otra vez ese tema. Mikey también estaba seguro de que estaba en algo con ese cliente que ni siquiera sé cómo se llama. Que hablara con él no significa que me interesa, bueno, puede que me interese pero no de una forma romántica, puede que como un…amigo.
Hace una semana que él viene constantemente a la cafetería y tomaba una de las mesas más cercanas a los ventanales, pedía siempre un café con leche con medialunas rellenas mientras se quedaba ahí por un par de horas mientras leía el libro del día, porque todos los días traía uno diferente; por eso fue que empecé a hablarle, porque me sorprendía que pudiera leerse tantas páginas en unas horas.
Puedo admitir que de igual manera me parecía alguien lindo tras esa imagen intelectual que tenía, pero mi lado más curioso mantiene su atención en aquella marca de quemadura que sobre su frente y algunas heridas que tenía en sus manos; pero para no incomodar, intentaba enfocarme en sus ojos mientras asentía a todo lo que me decía, porque él tenía conversaciones con temas que hacía resaltar su inteligencia y yo no entendía nada de lo que decía.
Prefería verlo como un amigo y solo optar por ello, porque es complicado gustarle a alguien cuando no tienes nada que ofrecerle; él era bonito e inteligente, yo no tenía ninguna de las dos.
[ . . . ]
Ayudé a Yuzuha a cerrar el local, tenía que ser un caballero y buen amigo después de todo. Me despedí de ella porque hoy tomamos caminos diferentes, habitualmente solíamos ir juntos al mismo paradero del bus, pero tenía que ir en dirección contrario hacia el departamento de Mikey. Agradecí que su edificio quedara cerca, porque después de una semana llena de trabajo no tenía muchos ánimos de caminar.
Tal vez tengo que terminar de arreglar mi motocicleta.
Me detuve en la esquina para dejar pasar un par de autos, así que mientras esperaba, enviaba otro mensaje al grupo para avisar que iba en camino porque luego me nombran irresponsable por no llegar a tiempo.
La noche no estaba tan helada como para el frío que sentía. Sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo que me hizo esconder el cuello dentro de la sudadera que llevaba.
Tal vez me voy a enfermar.
—Tu...—giré mi cabeza en dirección a donde escuchaba aquella reconocida, encontrándome con la sorprendida expresión del chico sin nombre de la cafetería—Hola.
—Hola...tu—inconscientemente sonreí, el chico apareció entre la oscuridad de la noche como un rayo de sol al amanecer, sus ojos esmeralda eran tan brillantes que así lo hacía parecer; aunque un tosido falso me hizo dar cuenta que no estaba solo, al lado del rubio había un chico pelinegro que me miraba con el ceño fruncido—y tú.
El ambiente pasó a ser incómodo, ¿Qué debía decirle a alguien que no conozco y encuentro en la calle? El chico de cabellos negros no parecía para nada agradable, quería irse tan pronto como pudiera, tomando del brazo al muchacho que me miraba confundido o, mejor dicho, con la intensión de decirme algo pero que no podía.
—Deberíamos irnos, Inupi.
El llamado del hombre lo hizo despertar de su ensoñación, bajó su cabeza y me hizo un movimiento con ella en señal de despedida, antes de seguir caminando con el pelinegro, dando la vuelta en la esquina perdiéndose de mi vista.
¿Qué fue eso exactamente? El chico pelinegro que acompañaba al chico intelectual-¿Inupi?-de la cafetería me era familiar, pero algo había de raro en su mirada que me hacía sentir inseguro…más de lo que solía ser todos los días. ¿Existe algún motivo por el cual no logre ser agradable para las personas?
Guardé mi celular en los bolsillos de mi sudadera y seguí mi camino hacia el departamento de Mikey intentando no pensar en lo que acaba de suceder porque me empezaba a crear una imagen errónea de lo que ellos tuvieron que haber pensado de mí, ¿Me vi muy idiota? ¿Estaba mal parado? ¿Ellos se estarán riendo de mí a mis espaldas?
No pienses en eso...no pienses en eso...no pienses en eso...
20/12/2009
Sentía que iba a devolver el poco y nada de comida que me quedaba en el estómago con los nervios que sentía. Era la primera vez que decidía hacer ejercicio en público, pero aún no estaba confiado de hacerlo y peor si no estaba acompañado. ¿Cómo podía tener la misma confianza como los de esas personas que se atreven a correr solas a través del parque?
Siento que he elegido una mala época para venir a dar vueltas corriendo al parque. Tengo que hacer ejercicio pero con la navidad cerca y año nuevo sería complicado mantener el peso, aunque solo necesite un poco de actividad física para volver a estar en forma.
— ¿Estás bien? —Me volteé asustando ante la voz que se escuchaba cerca. Fue ahí cuando mi mirada se cruzó con la de un chico de una gran y hermosa sonrisa— ¿Estás bien?
No sabía si era yo el que había escuchado de nuevo su pregunta, tampoco sé si es que había pasado mucho tiempo mirándolo, pero no podía sacar mi mirada de su deslumbrante sonrisa. No sé quién era o porqué me estaba hablando, pero sentía una tranquilidad al verlo y su voz aun sonaba en mi cabeza.
— ¿Quién eres? —pregunté luego de haberme quedado embobado por unos segundos, aunque no sabía si se habrá visto así. Tuve que haber parecido un idiota, pero a él le causó gracia eso.
Espero.
—Te vi sentado aquí en el pasto, en el centro del parque con tus brazos rodeando sus piernas mientras mirabas a la nada. Pensé que te pasaba algo—dijo mientras se sentaba a mi lado copiando mi posición—. Me llamo Keisuke, Baji Keisuke.
Había algo en su sonrisa que me encantaba, puede sonar como una locura, pero mientras más lo miraba, más confianza me transmitía. No deseaba quitar mi mirada sobre él; y, dentro de un impulso de idiotez, quería tocar su cabello negro que se veía lo suficientemente suave.
— ¿Y cómo te llamas?
— ¿Yo? —Él asintió mientras reía—Soy Kazutora Hanemiya.
Ante un largo silencio, miré nuevamente al frente sintiéndome avergonzado porque podía sentir como él me observaba con esa sonrisa.
—Kazutora...—me asusté cuando pasó con delicadeza su dedo por mi mejilla. Lo miré confundido, pero él me seguía observando atentamente causando que un escalofrío recorriera mi cuerpo—Tora…
Era alguien atrayente, pero daba miedo…
