2º Capítulo: Nuestros inicios
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-¿Estás seguro de esto, Dragón? Mira que de lejos se nota que Lucius no me aprecia para nada.
Estaban en una plaza alejada de la casa de los tíos de Harry. Se sentaron en una banca y Draco apoyaba la cabeza en las piernas de su novio que acariciaba sus cabellos con delicadeza como si pudiera quebrar esos hilos de oro que ahora se escurrían entre sus dedos.
Draco recordaba cómo se habían conocido.
Desde el primer momento que lo vio, algo en él se prendió y le dijo que aquel bello ángel tenía que ser su amigo. Siempre se caracterizó por ser egoísta. No le gustaba compartir nada, ni sus padres, ni sus juguetes, ni sus amigos. Todo eso porque siempre fue criado como lo que era. Un hijo único.
Harry y él se conocieron en la tienda de túnicas de madame Malking y se quedaron hechizados mirando al otro. El morenito le había contado que era huérfano y que vivía con sus tíos muggle. Mientras que el rubio lo reconoció al instante. Era Harry Potter.
Desde pequeño su madre siempre le contó las fabulosas historias que hablan de un niño. Un pequeño niño de un año que fue capaz de destruir el mal a manos del más temido de los magos oscuros, un niño que se transformó en su héroe y al que poco a poco comenzó a idolatrar.
Desde ese día, el día en que sus miradas se cruzaron, no pudieron volver a separarse.
Harry no conocía nada del mundo mágico y Draco era un pequeño aristócrata que conocía todo de la magia. Lo sabía de relatos o libros. Poco de lo que había afuera había sido visto por sus propios ojos. Nunca nadie lo dejó solo.
Narcisa lo protegía hasta del aire.
Lucius lo protegía de su más grande peligro. Lord Voldemort. Por él estaba de su lado. Por él mataba y dañaba. Por él haría lo que fuera y Lucius sabía que, por él, mataría hasta al hijo del que fue su amante y al que, hasta el día de hoy, seguía amando en secreto.
Draco creyó que lo mejor sería que nadie supiera de su linda amistad. Podrían decir que lo influenciaba y él no quería darle problemas a su ídolo, pero de más está decir que esas pequeñas disputas en los pasillos del castillo eran una verdadera diversión para ambos niños.
Un día las cosas se dieron vuelta. Estaba terminando el segundo año de Hogwarts y Harry se había enfrentado a un recuerdo de Voldemort, que estuvo a un paso de quitarle la vida.
Fue en ese momento en que Draco se dio cuenta de la verdad. El dolor que sintió cuando lo encontró inconsciente en la enfermería; la angustia que lo embargaba cada vez que trataba de saber de él, pero la maldita comadreja y la sangre sucia, no le daban un tiempo de tranquilidad a SU Harry. Sí, porque Harry era suyo. Y así se lo hizo saber.
Entró a la enfermería, cuándo nadie estaba en el interior y se aproximó a la cama de Harry. Lo miró y supo que con un simple movimiento lo podría despertar, pero se quedó mirándolo por unos segundos. Sus ojos cerrados le impedían disfrutar de sus hermosos ojos verdes. Su piel pálida a la luz de la luna, le daba un efecto casi místico. Todo en Harry le gustaba y estiró una mano para correr el rebelde cabello que se posaba sobre su rostro y se enredaba con sus pestañas.
El movimiento repentino alertó a Harry y rápidamente se levantó deteniendo el avance de la mano mientras la sujetaba por la muñeca. Trató de enfocar, pero se le hacía difícil sin sus lentes.
-Tranquilo, Harry. Soy yo.
La voz firme de Draco, emitida en un suave murmullo, lo calmó al instante.
-Draco ¿Qué haces aquí?
-Necesitaba saber si estabas bien.
Se sentó a su lado y Harry se acomodó mejor en la cabecera de la cama. Había echado de menos a Draco y sabía perfectamente que la razón de su desaparición por tantos días se debía a la estancia de Ron y Hermione en la enfermería. Sabía que mientras ellos estuvieran, Draco no pisaría el lugar, por lo que sólo tendría que esperar.
-Estoy bien Dra…
Las palabras murieron en su garganta y sus ojos se abrieron al máximo de su capacidad. Draco, su amigo, su confidente, su defensor… lo estaba besando. ¡Oh, buen Merlín! Que beso tan increíble. Cerró los ojos y se dedicó a disfrutar. Sólo tenía doce años y creía que podría morir y ser feliz al haber sentido todo lo que estaba sintiendo en ese momento.
Draco no sabía si lo que había hecho estuvo bien, pero quería hacerle saber lo mucho que lo quería y lo preocupado que estuvo de él cuando no pudo encontrar razones de su estado de salud.
Los labios de Harry le sabían a gloria y quería que su morenito también lo sintiera. Deslizó su lengua por los labios de Harry y cuando tuvo la oportunidad la metió dentro de su pequeña boca y con ella empezó a "tantear el terreno".
Harry ahogó un gemido en la boca de su amigo. Eso era muy diferente a lo que había sentido antes. Diferente, pero definitivamente mejor.
Sus lenguas jugaban en la boca del otro y la saliva escurría por sus barbillas, perdiéndose en sus pechos. Estuvieron así hasta que el poco aire que aun les quedaba, les dejara continuar con su reconocimiento.
Draco separó su boca de la de Harry y un hilo de saliva aun conectaban sus bocas. Juntó sus frentes y se miraron directamente a los ojos. No dijeron nada sólo se contemplaban y no supieron como volvieron a unir sus labio.
Esta vez Harry también participó del beso y en un impulso involuntario pasó sus brazos alrededor del cuello de Draco.
Cuando se separaron, Draco ya lo entendía todo.
-Creo que me gustas.
Harry les sonrió y en vez de hablar lo volvió a besar.
Ese día empezaron a ser novios y en tercero su relación se hizo más fuerte.
Draco vigilaba cada uno de los pasos de Harry. Ya que un maniático asesino iba tras sus huesitos y se dijo a si mismo que dejaría de ser un Malfoy, si dejaba que Sirius Black lastimara a su novio.
Todo pasó a ser un malentendido. Una nueva trampa puesta por los mortífagos y ahora contaba con la ayuda de Sirius para proteger a su novio.
-¿En qué piensas, Draco?
El rubio miró hacia arriba y pudo ver los hermosos ojos de su amor, brillando por la luz de la luna. Igual al día que se habían confesado.
-Nada, Harry, sólo recordaba el día que volví a la vida.
-¿He?
Harry lo miró dudoso y Draco utilizó ese descuido. Se levantó de su cómoda postura para besarlo hambrientamente.
Su relación no había pasado de los besos, pero para ellos era suficiente por el momento. O por lo menos eso pensaba Harry, que había sido criado diferente a su novio. Draco por su parte había visto demasiado y deseaba su cuerpo como un hombre.
-Sobre lo que me preguntaste. No te preocupes. Mi padre no te haría nada. Además, estaremos en un torneo de Quidditch, rodeado de gente y no podría lastimarte, aunque quisiera.
-Lo que no quita que lo trate luego de que le digas la verdad.
-No te preocupes por eso, pequeño.
-¡No me digas pequeño!
-¿Por qué? Eres más pequeño que yo -le dijo parándose delante de él, acto que Harry repitió al instante y que era precisamente lo que estaba buscando Draco, para abrazarlo por la cintura y acercarlo a su cuerpo-. Mira, eres más pequeño, pero eso me encanta.
-Draco.
Su nombre pronunciado con amor. Un amor tan infinito como el que él mismo le tenía.
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Continuará...
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N/A: los cambios serán mínimos de la historia original, sobre todo ortográficos y de redacción que me molestaban al leerlo, pero la base del fic es el mismo.
