Freddy disfrutaba cada vez que Gregory se veía emocionado por algo, la mayoría de las veces era por cosas relacionadas a libros, ese chico ama leer cada cosa que se le cruce por delante y tiene la suerte de que existan bibliotecas a cada lugar que van. Gregory lee cada libro que saca de la biblioteca y luego de terminarlos vuelve al lugar para devolverlos.

Un día como cualquier otro, Gregory se encuentra leyendo un libro de cosas bastantes complicadas, es así desde niño, un chico bastante prodigio e inteligente. Mientras tanto Freddy está sentado a su lado, ambos en la parte de atrás del vehículo.

Freddy sabe que cuando su pequeño Superstar está inmerso en un libro es imposible entablar una conversación con él, por lo que se queda inmóvil esperando el momento en que él le de alguna instrucción.

—Freddy —le llamó luego de unas horas.

—Dime.

—¿Podrías pasarme mi agua? —Freddy estiró su brazo metálico hasta la botella y se la pasó a Gregory—, gracias.

Gregory bebió y siguió leyendo, Freddy se dedicó a observarlo, a mirar como los ojos del adolescente viajan por aquellas hojas, leyendo atento, emocionado, se le nota en su expresión tan tensa que no puede ni siquiera articular una sonrisa. El chico dio una pausa y notó la mirada del animatrónico sobre él, se sonrojó al recordar la reciente confesión del otro día.

—No me mires así... me pone nervioso —admitió.

—Oh... Lo lamento, Gregory —dijo volteando su mirada hacia el lado contrario, tratando de distraerse con las calles y los demás autos transitando por el lugar.

—Terminé este libro, será mejor que lo devuelva y luego busque algo de comer.

—Te acompaño —dijo de inmediato, queriendo protegerlo.

—No hace falta —dijo Gregory a punto de abrir la puerta.

—Insisto... Quiero acompañarte. —Gregory suspiró.

—Está bien. —Sonrió.

Freddy se colocó, con ayuda de Gregory, unos pantalones y una chaqueta con capucha, buscando tapar un poco el hecho de que no es un humano. Está atardeciendo y sería más difícil que otras personas se den cuenta de ello.

Gregory y Freddy partieron hacia la biblioteca que está a un par de cuadras, entraron al establecimiento y el adolescente se encargó de devolver el libro, por mientras Freddy se dedicó a ojear el lugar, no todos los días eras un animatrónico con total libertad de ir a la biblioteca cercana.

El adolescente buscó a su acompañante hasta encontrarlo ojeando una de las estanterías, específicamente está en la sección de novelas románticas. Gregory se rio sin hacer ningún sonido con la idea de no despistar al animatrónico, se veía tierno allí mirando los nombres de cada libro, podría jurar que vio sus orejas moverse detrás de la tela. No supo cuánto tiempo estuvo observando, sin embargo, de repente el animatrónico volteó y lo descubrió mirándole a escondidas. Salió de su escondite y se dirigió hacia Freddy, avergonzado con un tenue sonrojo en sus mejillas.

—¿Que sucede, Superstar? —preguntó con calma—, ¿ya devolviste ese libro?

—Sí, ya lo devolví. ¿Que estás mirando?¿Quieres leer alguno?

—¿Puedo? —preguntó Freddy esperanzado.

—¡Claro! Yo lo pediré junto con el mío.

Freddy parecía niño con juguete nuevo, observaba el libro con demasiada curiosidad mientras caminaban, su otra mano estuvo libre para que Gregory la tomara y lo guiara hasta el vehículo. Evitando varias veces que chocara contra cualquier cosa en la calle.