Gregory manejando el vehículo paró en un semáforo en rojo y se dio el tiempo de mirar a Freddy, a pesar de que su rostro no decía mucho, se nota pensativo, tan pensativo que ni siquiera reacciona a estímulos auditivos del exterior. Eso le preocupó un poco y agarró su hombro.
—Freddy.
—Dime, Superstar —dijo en un tono que le confirmó que el animatrónico estaba en un tipo de trance.
—¿Todo bien?
—Sí, perfectamente, aún funciono correctamente.
—No hablo de eso, estás pensando en algo ¿no es así?
—Oh... Yo solo pensaba en...
—¿Si? —preguntó animándole a hablar mientras el semáforo marcó verde y volvió su vista al camino.
—Extraño un poco el dar conciertos a niños...
—Es normal, estás programado para eso.
—Lo sé, solamente extraño eso —dijo aún más afligido que antes. Gregory estuvo en silencio unos cuantos minutos hasta que volvió a hablar.
—Tal vez puedas.
—¿En serio? —dijo de inmediato emocionado, a Gregory le pareció adorable.
—Sí, tengo una idea —contestó viendo que en una casa cercana se desarrolla una fiesta infantil.
Gregory manejó hasta estar cerca de la casa, todo fue un golpe de suerte, casa y patio grandes, muchos niños y unos padres que no le ponían atención a los últimos. Un escenario perfecto para que un animatrónico aleatorio apareciera para dar un concierto aún más aleatorio.
Freddy y él se colaron en la fiesta, llamando la atención de los niños que quedaron en un pequeño silencio, hasta que volvió la locura, aún Freddy es conocido por los infantes y ellos se emocionaron al verlo. El animatrónico cantó a acapella con su voz robótica, causando un alboroto, Gregory se quedó vigilando hacia la casa por si venía alguien de improviso.
El adolescente por un momento volteó a ver a su ¿pareja? cantando para los niños, se veía bastante feliz, sonrió contento de haber cumplido un capricho de él. De repente escuchó el sonido de una puerta abriéndose sobresaltando al chico, no sabe cuánto tiempo pasó, pero al parecer se dieron cuenta de que estaban allí.
—Debemos irnos —anunció acercándose a Freddy.
—¿Ya? Me gustaría quedarme un rato más —dijo en un tono triste, como un niño al que le quitan su juguete favorito.
—No podemos, nos atraparan.
Freddy cabizbajo se despidió de los niños brevemente mientras los adultos de la casa se acercaron a la escena, Gregory tomó la mano del animatrónico y llevándolo hasta el vehículo, Freddy se subió en la parte trasera y Gregory comenzó a manejar. Huyendo de la escena.
El adolescente manejó hasta llegar a un lugar donde no transita tanta gente, y alejado de dónde estaban antes, quería pasar desapercibido. Suspiró, relajándose luego de la tensión del momento, estacionó el vehículo y se estiró.
—Gracias, Gregory.
—No hay de qué.
