Gregory una vez más lee un libro, últimamente se siente tan irritado que llegó un punto en el que Freddy teme un poco hablarle de la nada. El chico se siente culpable por supuesto, pero no puede evitar ese comportamiento, tanta frustración y estrés está arruinando su psiquis. Y mientras lee el libro no deja de pensar en su futuro, está en esa edad y por supuesto será el tema principal de su vida, el mayor problema de ello es que no tiene padres, ni apoyo económico, solo es un vagabundo cualquiera que tiene la suerte de poseer un vehículo y que un animatrónico lo acompañe a todas partes. Pero, aunque sepa que no tiene ni la más mínima posibilidad de poder estudiar algo, quiere creer que puede hacerlo, es su mayor anhelo en este momento.

Se acomodó dándose cuenta que tenía el cuello algo torcido y dejó el libro a un lado volviendo a la realidad, sus anhelos son tan grandes que le comen la cabeza.

—Freddy.

—¿Si?

—¿Podemos jugar a algo? Necesito distraerme. —Freddy rodeo con su brazo los hombros del chico.

—Entonces, ¿Está bien para ti jugar juegos de niños? —preguntó siguiendo la lógica de Gregory. Una vez le dijo que ya no era un niño como para jugar como uno.

—Está bien, quiero jugar —dijo un poco molesto consigo mismo por decir esa tontería sin pensar ese día.

—Juguemos.

El oso le sonrió y se acomodó en el vehículo, Gregory también y le ofreció sus palmas, Freddy puso sus manos extendidas sobre las de él. Gregory movió sus manos, como si quisiera atacarlo desprevenido, en un rápido movimiento volteó su mano buscando golpear al animatrónico y ganar ese juego, pero Freddy fue más veloz y quitó la mano a tiempo. Siguieron así, jugando y turnándose entre ellos, ganando puntos hasta llegar a diez. Freddy ganó con facilidad y Gregory suspiró.

—¿Estás bien, Gregory?

—Lo estoy, lo siento, solo pensaba... —dijo en un tono bajo.

—¿En qué?

—En mi futuro, supongo... Aunque no creo tener uno, ya sabes, cosas de la sociedad humana. —Rio tratando de eliminar la tensión del momento—. Para un vagabundo como yo, no hay oportunidad.

—Pero... Debe haber alguna forma... —Freddy toma la mano de Gregory en señal de apoyo.

—Si hubiera alguna forma, debe ser bastante difícil.

—Lo conseguirás, Superstar, eres muy inteligente y maravilloso —dijo Freddy sonriéndole.

El adolescente, sonrojado, bajó la cabeza tratando de que no se notara el tono rosa en sus mejillas, pero no podía luchar contra el escáner de Freddy, enseguida se dio cuenta de su acelerada frecuencia cardíaca.

—¿Te encuentras bien?

—Sabes que estoy bien, Freddy —dijo con el ceño fruncido y apenado.

—De acuerdo, lo siento —respondió riendo—, quería que te distraigas un poco.

—Que forma tan vil de distraer a alguien —dijo cruzándose de brazos, Freddy posó su mano con cuidado en la mejilla de Gregory.

—¿Te parece que soy vil y cruel?

—Claro que no —susurró tomando su mano y pegándola aún más a su mejilla—. Eres mi único apoyo y compañía.

—Pienso lo mismo de ti, te quiero mucho, mi Superstar —dijo en un tono suave y grave, como si le acariciara el oído con la melodía de su voz.

—Yo también te quiero... —respondió con la voz temblorosa, ese oso le ponía nervioso.

Se olvidaría por un rato de su futuro, y disfrutaría de su presente al lado de Freddy.