Hola, feliz navidad.

Olvidé saludar en el capítulo anterior y decirles que publicaré lunes y viernes. En esta entrega se van a abordar varios temas: el primero es el abuso a los niños y no solo a las niñas como en el anterior; Harry va a ser puesto en situaciones que suelen ser romantizadas o normalizadas en los hombres, algo que él intenta hacer para adaptarse, pero no logra, enseñando la forma en cómo los niños varones pueden ser violados ante una sociedad cómplice que, por tratar de hacer un «bien», genera un daño. Va a tocarse el tema de ser hijo de padres divorciados, que es lo más similar que encontré para describir la relación de Lily y Voldemort.

Con Harry se van a explorar temas filosóficos y un tanto existencialistas como la soledad y el lugar de cada persona en el mundo. Vamos a tener puntos de vista de más personajes, lo que dará una mayor comprensión a lo que ocurre en la mente de otras personas, así como de la situación política del país. Tema aparte, aquí tendremos dos misterios más. ¿Quién me dice cuáles son? 😉.

Ah, y se explorará el lugar del padre soltero en la sociedad y la forma en cómo los padres y madres se sacrifican por sus hijos.

JessyRiddleFriki-Black: Y yo a ustedes. ¿Qué tal el uso de más de un punto de vista?

Tast Cullen: Muchas gracias. ¿Qué opina del comportamiento de Voldemort? Me gustaría mucho conocer su opinión.

Sakura7893: Qbo, una vieja conocida de la casa (Qbo es una forma informal y un tantico grosera de saludar). Pues no espere más que aquí lo tiene.

PD: Esta nota es para personas que leen la historia en un idioma diferente al español.

El castellano (otra forma de llamar al español), es un idioma muy complejo y un poquito diferente a algunos idiomas, como el inglés, porque nosotros tenemos una simplificación (o complicación para quienes aprenden el idioma) en la rama de los pronombres. Basándome en el inglés, yo sé que se maneja el «your», «his», «her» y el «our», entre otros. El problema es que ustedes los de habla inglesa (y otros idiomas que se identifiquen con este método) manejan para primeras personas, terceras personas y segundas personas diferentes tipos de «su»; por ejemplo, su casa, su auto, su esposa, todo se escribe diferente si hablamos de usted, de él o de ella. Y nosotros en español tenemos uno solo que nos sirve para usted, él, ella y eso (el pronombre destinado a animales que se encuentra en el inglés, que de hecho en español no existe).

¿Por qué esta explicación? En español casi no se usan los pronombres básicos de yo, tú, él y los demás, nosotros tenemos más métodos para identificar a quién nos referimos al narrar (lo que hace más complicado al idioma porque le agrega demasiadas variaciones de pronombres y verbos, pero para los nativos nos lo simplifica. Lo sé, es raro, pero no por nada es de los idiomas más complejos de aprender), y yo me di cuenta, porque manejo más o menos el inglés, que la traducción para otras lenguas estaba siendo errónea porque para los idiomas que se apoyan mucho en los pronombres básicos (llamémoslos así) mis textos resultan ambiguos.

Esto es una especie de disculpa al respecto y una explicación para que no crean que les estoy brindando textos repletos de errores, es solo que esta situación se me escapa de las manos. Traté de mejorarlo agregando pronombres y siendo muy específica respecto a quién o qué me estoy refiriendo, pero aún hay partes donde se confunden los pronombres y bueno, ya ahí ya yo no puedo hacer nada.

Gracias por leer hasta aquí. Si alguien tiene una confusión, puede preguntar. Yo respondo en cualquier idioma (para algo hay Translate Google).

0oOo0

—¿Y si no es un error? —consideré, muy perturbado por ello.

—James, tiene que serlo, tú-sabes-quien debe de haberlo planeado todo —insistió Sirius sin molestarse en bajar la voz. Lily miró alrededor, pero no hubo una agresión por hablar mal de ese tipejo. Era increíble, pero Voldemort no atacaba a los que íbamos en su contra, nos dejaba ser libremente, sin cancelaciones o intimidación.

Por supuesto, ¿para qué lo necesitaba él? La gente estaba tan asustada que no eran capaces de hacerle frente. El ministro era Lucius Malfoy, ese fue el único cambio, el resto permanecimos en nuestros puestos, pero todos sabíamos que habíamos perdido la guerra. Dumbledore, nuestra esperanza, fue directico a Askaban y no podíamos culpar a Voldemort porque las pruebas eran irrefutables.

Nuestro faro de moral malversó dinero que se dirigía a la protección de los niños, los cuales fueron violados sin que nos enteráramos. No, eso ya no era Voldemort, era el error de un hombre que nosotros elevamos a un líder, a casi un dios.

Miré a Lily al oír su suave jadeo. Ella observaba impactada al vacío, así que seguí sus ojos, topándome con Harry de la mano de nuestro dictador.

No solo Lily lloró la perdida de Harry, los merodeadores, bueno, los que quedábamos, también. Al principio, yo apoyé la idea de que Lily abortara, ¿qué podía salir de Voldemort? Pero ella se negó, amenazando con irse de la Orden. Por ser mi esposa, estuve a su lado ayudándole con el vómito y las náuseas, sobándole los pies hinchados, masajeando su creciente barriga con aceite de naranja para las estrías y sosteniendo su mano en el dolor del alumbramiento. Harry trajo desdicha a Lily desde el principio hasta el fin: fueron 16 horas de difícil trabajo de parto, pero al final ahí estaba ese niño.

Yo lo recordaba perfectamente, después de las enfermeras fui la primera persona que lo cargó. Pequeñito, con la piel arrugada e irremediablemente similar a su padre, vi en él a Voldemort y se lo entregué a Lily, quien, en una muestra de humanidad que abofeteó a un país entero, lo amó desde el principio. Cuando volvimos a casa, empecé a interactuar más con Harry, un día pillé a Remus haciéndole ruiditos para que se riera, Sirius lo mecía y en una visita un mes después de su nacimiento, la Orden se pasó de mano en mano a Harry. Molly lo acunó y lo arrulló, Moody no lo quiso tocar, Dumbledore lo sostuvo viéndolo con extrañeza y Arthur le habló del futuro:

«Tú tienes que ser una buena persona, tienes que ser mejor que tu padre.»

Llegué a amar a ese niño risueño que me perseguía a todas partes llamándome por mi seudónimo, o lo que lograba pronunciar. Ahora ese niño iba de la mano de su progenitor por un pasillo abierto del ministerio, irremediablemente destinado a acercarse a nuestra posición. Harry no dormía a solas o sin luz, comía pudin cada tarde y necesitaba de su mantita, ¿quién le dio el pudín o le llevó su mantita? ¿Quién lo acompañó por las noches? ¿Qué le dieron de comer? ¿Le cambiaron el pañal seguido o lo descuidaron? ¿Lo trataban bien?

Severus habló con Lily a la mañana siguiente de lo que sucedió; a ella le importó poco su violación y el salvajismo con el que fue golpeada, mi esposa solo tenía mente para Harry. Uno a uno, los miembros de la Orden nos introdujimos al pensadero y vimos el recuerdo de Snape.

Rabastan Lestrange, en su traje de mortífago, alimentando a Harry con un tetero, Bellatrix Lestrange y Voldemort los observaban. Supe de inmediato que el futuro de Harry estaba marcado, que sería un niño caprichoso, un joven cruel y un adulto despiadado, un mortífago. Al parecer, me equivoqué.

—... y entonces la princesa cae en el hoyo. Y como tenía el rostro lleno de chocolate, las hormigas llegaron y empezaron a comérsela y entonces...

—¿Qué tiene que ver esto con tu sueño? —el balbuceo de Harry fue interrumpido por Voldemort.

Alcanzamos a oír la respuesta en lo que ellos se alejaban. Voldemort nos notó, sus ojos se posaron en nosotros de pasada; Harry no nos vio.

—Pues que anoche el postre era de chocolate y creí que iba a soñar con eso, pero no fue así —sonó como si lo hubieran embaucado.

Quise reírme del rostro de exasperación de Voldemort, hasta que recordé que era Voldemort.

—Harry... —vaciló Sirius —. Se ve saludable, ¿verdad?

—Pues está gordito, pero... sí.

Los dos vimos con timidez a Lily. Ella lo seguía con los ojos, la tristeza tatuada en su rostro.

—Se ve feliz, eso es... estupendo. Estaré en la oficina —comentó levantándose y tomando su bolso.

Sirius hizo un gesto de rabia y desesperación.

—Pobre mujer —soltó en voz baja.

Alguna vez consideramos llevar a cabo una misión de rescate para Harry; jamás se efectuó. Si lo hiciéramos ahorita, no serviría de nada porque Harry no iba a hablar con Lily. Él le tenía demasiado miedo y apego a su padre.

0oOo0

El ministerio era un lugar bonito, lleno de movimiento y de gente vestida elegantemente. Yo no dejaba de ver embobado a los papelitos con forma de aves que sobrevolaban los aires.

—¿Aquí hacen competencias de pájaros de papel? —pregunté a papá.

—No, nené. Digamos que estás en la cafetería y yo en mi oficina y necesito decirte que vengas, ¿cómo lo hago?

—¿Mandando a alguien?

Papá asintió.

—Es una opción, pero es más rápido si escribes lo que quieres y se lo mandas a la persona que debe leerlo. Por eso hay tantos papeles volando.

—Oh —alargué la vocal, entendiendo el cometido.

Papá me respondió de igual forma, pero con otra vocal.

—Ah.

—Eh —continué el juego. Papá se rio. Un señor se nos quedó mirando con la boca abierta, pero con una mirada de papá aceleró el paso —. ¿Cuál es tu oficina?

—No tengo.

—¿No?

—Nop.

—¿Y a dónde vamos?

—A la oficina del ministro.

No entendí, pero no pregunté, estaba feliz de andar por ahí de la mano de papá. Papito me dijo que empacara para todo el día, así que traje lo más importante: un cuaderno, colores, lápices, dos sándwiches hechos por Pimpón, una rana de chocolate, mi yoyo y un libro con cuentos que siempre me gustaron. Lástima que yo no creía que los usara, mis manos aún me punzaban y las tenía medio atrofiadas debido a todo el tiempo que las tuve ayer agarrándose al palo de escoba; y papi le dijo a Pimpón que no me sanara.

«Tienes que aprender lo que significa consecuencia.»

La oficina del ministro quedaba en unos pisos debajo de nuestra posición y, en lugar de usar unas escaleras, nos metimos en el ascensor, una máquina cuyo funcionamiento me explicó papá en el proceso de usarla. Estar ahí encerrado en una habitación metálica que se movía me asustó.

—Mejor las escaleras —rogué saliendo como un loco de esa habitación móvil.

Papá rodó los ojos.

—Es un método perfectamente seguro —negué con un puchero —. Bueno, bueno, ven —me extendió su mano y la sujeté con fuerza.

Seguimos caminando hasta la inmensa oficina del ministro. Una señorita muy guapa se sentaba en una mesa en la sala de espera; la oficina contaba con dos habitaciones, una más pequeña y una grande, según veía a través de la puerta abierta. La mujer se levantó y nos saludó con un «buenos días», comentándonos que el ministro ya se encontraba adentro, información innecesaria, pues Lucius salió a recibirnos.

—Mi señor —se inclinó respetuosamente ante papá —. Joven señor, buenos días.

—Buenos días, señor Malfoy.

Sin embargo, papá no me dejó entrar con él.

—Ahí —me señaló una de las sillas frente a la secretaria —. Pondrás tu trasero en ese mueble y no te levantarás.

—¿Y si tengo que ir al baño?

—Para eso conoces el hechizo de vaciado de vejiga —hice una mueca, papá apuntó con más hincapié a la silla de invitados —. Tu trasero ahí.

—Sí señor —murmuré obedeciendo. Papá sonrió al ver mi cara de aburrimiento y la forma en cómo me escurrí sobre la mesa, usándola de apoyo para mi cráneo. Luego, él se dirigió a la secretaria —. Vigílelo, está castigado y no puede deambular.

—Sí, señor oscuro.

¿Todos tenían que decirle así o ella era mortífaga? Al analizarla, decidí que no era mortífaga, pues lucía muy torpe alrededor de papá.

Me quedé solito y aburrido, viéndola teclear en una máquina de escribir, redactar cartas y mover carpetas, robándome miradas ocasionales, desviando sus ojos de mí al ser capturada. No supe de qué hablaba papá con el señor Malfoy y no me interesaba porque un pensamiento recorría mi mente. ¿Cómo atendería mis pedidos sin estar en el castillo? ¿Sería que papá me dejaba interrumpirlo y preguntarle?

De equivocarme, me regañarían frente a todo el mundo, pero si los pedidos se demoraban... yo tenía poquitos clientes, no iba a perderlos.

—¡Papito!

0oOo0

—Ay, este niño —me quejé.

—¿Puedo preguntar por qué lo trajo, mi señor?

Miré con pereza a Lucius. El tema del que hablábamos, los impuestos y la recesión económica que atravesaba Inglaterra Mágica, de lo que yo no era responsable, era mil veces más importante que lo que quisiera Harry.

—Se escapó de la casa para ir a volar una escoba. ¡Ahora no puedo, Harry! —el niño no me respondió. No me importaba dejar a alguien esperando, pero Harry podría sentirse mal porque yo lo cortase así y él ya venía presentando síntomas de depresión infantil; lo descubrí sondeando sus emociones mientras dormía. No debí dejarlo tanto tiempo solo, él era frágil. Más me valía que él confiara en mí o a Harry le podría pasar lo que al mocoso Longbottom: no hablar cuando algo lo atacó —. ¡Ven!

El niño no tardó en correr a la oficina con su gran sonrisa. No tuve que verlo para notar el fastidio de Lucius.

—Hola papá.

Lo llamé con mi mano y, descruzando las piernas, lo acomodé allí, lo que a él lo hacía feliz. Era molesto, pero Harry se calmaba. Aunque ya estaba grande para eso, ¿no?

—Estoy trabajando, apenas termine te atenderé. Prosigue, Lucius.

—Sí, mi señor.

El niño recostó su cabeza en mi pecho, cosa a la que me terminé acostumbrando; y escuché el resto del informe de Lucius. La crisis se dio debido a lo estancado que se hallaba la sociedad del país: todos comprábamos nuestras materias primas de los muggles, incluso la comida; y las familias que no podían permitírselo cultivaban en la parte trasera de sus casas como si fueran campesinos.

Campesinos... ahí estaba la solución.

Dejé de oír a mi mortífago. Durante el nacismo, ese cuento de terror con el que nos acostaban en el orfanato, el pueblo alemán vivió con comodidades porque quienes manufacturaban los artículos de primera necesidad en tiempos de guerra: armas, uniformes y demás, eran los judíos presos en los campos de concentración, no el pueblo alemán, al contrario, a ellos se les dotaba de todo lo que se le robaba al pueblo judío. En Inglaterra, por ejemplo, las mujeres y los hombres que no ejercieron como soldados comían raciones y trabajaban exclusivamente creando artículos de guerra y cultivando patatas y zanahorias para sobrevivir.

(No busco atentar contra el pueblo alemán, esto solo es un pasaje triste de la historia.)

—Ya sé que vamos a hacer. Es todo, Lucius. Levántate —palmeé el brazo de Harry. Este puso los pies en el suelo y se retiró de mi cuerpo.

—Mi señor, debemos hablar de algo más —intentó el hombre.

—¿Qué?

—Los muggles, mi señor. Las desapariciones son demasiadas y en varios países, ellos están asustados.

Sonreí.

—Así los queremos. Tranquilo, acabará antes de que Hogwarts abra sus puertas.

—¿Yo iré este año a Hogwarts?

—Ya miraremos, niño. Adiós Lucius.

—Adiós mi señor, joven señor.

—Chao señor Malfoy —el niño sujetó mi mano, ahora lo hacía cada vez que había gente. En realidad, eso no me molestaba; con las personas conociendo su rostro, yo prefería confirmar con mi tacto que él iba seguro —. ¿Para dónde vamos?

Lancé un tempus. 8:21 a.m. Salimos de la oficina, yo tenía cita en la cafetería.

—A las nueve inicia un debate entre Arthur Weasley y Dolores Umbridge respecto a la implementación de objetos muggles en el mundo de los magos.

—¿De qué lado estás? ¿El de la señora?

—No, por raro que parezca apoyo al señor Weasley, el hombre con el que nos vamos a reunir.

Harry frunció el ceño e hizo la pregunta que todos quisieron decirme en el momento que declaré mi apoyo al hombre pelirrojo.

—¿Tienes fiebre?

—No —sonreí y lo miré. Desde abajo, Harry ladeó su cabecita.

—¿Por qué apoyas a los muggles?

—No los estoy apoyado. Aunque no lo creas, esto nos beneficia.

—¿Cómo?

—Oye nuestra conversación y dímelo tú. Si aciertas, comerás pastel de crema como cena.

—Siempre hay pastel en el postre.

—No nené, no como postre, sino como cena.

Harry brincó emocionado.

—¡¿Toda la cena de puro pastel?! —su chillido atrajo atención no deseada.

Le sonreí y volví a sujetar su mano.

—Solo si adivinas, si no, tendrás broccoli y pescado guisado en leche.

Él hizo un ruidito de desagrado.

Para darle paz mental a ese mocoso, y yo obtener un ratico de silencio, tomamos las escaleras en lugar del ascensor que tanto asustó a Harry. Hacer que los objetos muggles sirvieran a los magos... me recordaba a mi anterior pensamiento: Hitler. Mujeres alemanas enjoyadas en plena guerra con el oro de los judíos; esta vez los rusos apoyaban y no eran una dificultad y los Estados Unidos, al menos la parte mágica, no eran una piedra en el zapato. Ellos mismos tenían una guerra civil de la cual encargarse, no se meterían en nuestros asuntos.

Los muggles secuestrados, unos 800, los distribuimos en diferentes sótanos para trabajar en un proyecto educativo que escribí casi dos décadas atrás. Si mi teoría funcionaba, en unos cuatro años tendríamos los primeros sirvientes muggles ofreciendo sus servicios en los periódicos mágicos, mientras tanto los servicios de los muggles quedarían reservados para las familias sangre pura.

El problema con la economía era el acceso a productos y alimentación. Las pocas cosas que se vendían eran eternas, demoraban tanto en volverse a vender que no era rentable, los pocos negocios que subsistían eran los de los dulces y los que instaban al consumismo, como la literatura, la ropa y los artículos femeninos, pero incluso estos últimos tardaban bastante en volver a ser adquiridos. Una prueba era la esclava de mi hijo, el maquillaje que se adquirió para ella llevaba un año de uso y aún no se requería de más, contrario a cómo funcionaba en el mundo muggle.

¿Cómo generar consumismo, reactivación económica y solvencia de dinero?

—Buenos días, señor oscuro.

Arthur Weasley era un hombre hecho y derecho, firme en sus convicciones de la Luz. Con respeto, pero sin una reverencia castrante, era un buen ejemplo de lo que se requería en un diplomático.

—Buenos días señor Weasley.

—¿Es el papá de Ron?

—¿Te enseñé yo a ser tan irrespetuoso? —critiqué a Harry. Mi hijo se sonrojó y le sonrió con timidez al hombre.

—Buenos días señor Weasley.

—Buenos días, Harry —él se mostró amable —. Sí, Ron es mi hijo. Tengo entendido que ustedes no son amigos.

—Nop.

—Por favor tome asiento, señor Weasley —señalé a la silla de la cafetería de la que él se levantó para saludarnos. El lugar estaba medianamente vacío. Harry ocupó el puesto junto a mí; las sillas de metal eran grandes, él quedó con los pies colgando y con mucho espacio.

—¿Él escuchará nuestra conversación? —curioseó el señor Weasley.

—Harry quiere saber por qué causa, motivo, razón o circunstancia estoy haciéndole barra a usted —me burlé.

Harry se rio.

—Bueno, hijo, si lo averiguas, ¿me lo dices? —susurró malamente el hombre, buscando ser gracioso.

—Sí, señor Weasley.

Y Harry se reía de lo que fuese. Ay, ese hijo mío.

(Hacer barra es un término usado para hablar de animar a un equipo deportivo, Voldemort lo dijo de forma burlesca.)

0oOo0

—El debate presentará las siguientes interrogantes —observé al papá de Ron sacar de su portafolio de cuero desvanecido un pergamino doblado.

—No las he leído. ¿Con qué inician?

Aunque se trataba de un traidor a la sangre, papá usó su tono de negocios. Una estampa rarísima, el líder de la Oscuridad junto a un importante miembro de la Luz. Los que pasaban lo notaban y los miraban con los ojos como platos.

—«¿Son beneficiosos los inventos muggles?» Tengo algunos argumentos al respecto, si le interesan oírlos.

—Por supuesto.

El papá de Ron se apresuró a sacar una agenda, en la cual había varios párrafos anotados en tinta azul.

—Los muggles no dejan de ser humanos, igual que nosotros. Sus inventos son producto del ingenio y la inteligencia humana y todos deberíamos tener acceso a ellos. Que sean un pueblo diferente al nuestro no significa que lo que produzcan sea malo o negativo...

—Cambie esas palabras —lo interrumpió papá. El señor Weasley lo miró esperando una explicación. Él no era un mortífago, obviamente —. Los muggles crearon la bomba atómica.

—Oh —con torpeza, él buscó una pluma. Papá lo aguardó apaciblemente —. Entonces... que sean un pueblo diferente al nuestro no significa que lo que produzcan sea poco beneficioso. Ellos han logrado facilitarse la vida con ingeniosos aparatos como los televisores, radios y computadores, con los cuales el registro de información y la transmisión de la misma se ha incrementado.

—Excelente. ¿Por qué no añade que tienen bases de datos en contabilidad que nos superan?

—Sí, sí —animado, se apresuró a copiarlo en letra diminuta para que cupiese en el espacio ya ocupado por sus demás argumentos. Papá estiró la mano y tomó el pergamino con las preguntas.

No insistí en leerlo por mi cuenta, papá lo hizo de modo que los tres lo escuchamos.

—«¿Qué dificultades han traído para los muggles sus creaciones?». ¿Qué anotó, señor Weasley?

—Muchos de sus inventos se ligan a la guerra.

—La guerra es la amante del progreso, no importa en que sociedad. ¿O es qué no desarrollamos nosotros pociones que carcomen carne?

El señor asintió con timidez.

—¿Qué se le ocurre a usted?

—La radiación en Chernóbil, la contaminación, los desastres nucleares, las bombas, hay mucho de dónde escoger, pero nosotros no estamos buscando que nuestro mundo sea idéntico al de los muggles, simplemente apropiarnos de algunos de sus elementos. Nosotros también hemos simplificado nuestra vida: no necesitamos buses que contaminen porque tenemos las apariciones y los trasladores, tampoco necesitamos pistolas o tanques de guerra, nosotros combatimos con soldados entrenados en hechizos.

—Esperando que no haya guerra —susurró el señor Weasley.

—Somos humanos, la guerra está en nuestra naturaleza. ¿Qué sigue?

—Alimentación.

—Es un punto en el que no debatiré, los muggles, en su gran mayoría, comen basura.

Me desconecté del asunto. ¡Qué temas tan aburridos! O quizá mi percepción se daba debido a que venía escuchando esos debates desde que yo tenía uso de razón: lo que los muggles pueden y no pueden. ¿Qué querría papá de los muggles? ¿Qué tecnología poseían los muggles que él quisiese?

Aunque lo traté de pensar, me recorrió un escalofrío y me golpeó un ligero temor.

... igual, no necesitaba pensar en los muggles. Papá los exterminaría y ya estaba.

—¿Harry? —miré a papá.

—¿Hmp?

—¿Se te ocurre una idea de por qué apoyo al señor Weasley?

El susodicho me sonrió.

—No.

Papá alzó una ceja. ¿Cuándo aprendería yo a hacer eso?

—¿Por qué?

0oOo0

—Am, pues no sé.

La respuesta vaga de Harry no me valía. Su mente me reconocía a tal grado que, si lo hacía con cuidado, Harry no se percataba de mi intromisión.

Miedo, instintivo y oscuro... horror.

Pasé saliva y le sonreí a Harry saliendo de su mente.

—Bueno, piensa en algo o cenarás broccoli, nené.

Escuché la explicación de Harry con el señor Weasley respecto a mi mención de su cena. Esos segundos me sirvieron para controlar mi lenguaje corporal. Harry estaba condicionado para tener un miedo irracional dirigido a los muggles, todo por mi culpa. Yo no era de arrepentirme de las cosas, pero de eso sí me daba golpes de pecho. Y mientras más creciese Harry, menos oportunidades tendría yo de eliminar ese comando que deposité en su psique en un intento de esconderle a mi hijo lo que le hice.

Lástima que esos sentimientos tan fuertes no fuesen simples de eliminar, ni siquiera cuando ocurrió, siendo Harry un bebecito de seis años con un par de clases de oclumancia. No, no lo logré porque había posibilidad de daño, posibilidad que continuaba ahí, latente.

Tendría que contarle algún día. Uno pronto.

0oOo0

La aburrida conferencia inició y yo seguía sin una sola idea de qué buscaba papá al apoyar al señor Weasley. Las sillas estaban contadas, así que papá transfiguró una para mí a su lado. La mujer que fungiría como moderadora alzó una ceja.

—¿Él nos acompañará?

—Sí, madame Bones. Harry está castigado y tendrá que seguirme el próximo mes a donde sea que yo vaya.

Sonreí. Era para nada un castigo.

Las personas ya se estaban sentando en el centro de reuniones, así lo llamó el señor Weasley. Nosotros nos ubicábamos en unas mesas delanteras, la oposición en la otra mesa, la mujer que nos hablaba se hallaba en un puesto alto al frente; el resto se sentaba en las mismas mesas, pero atrasito, lo que me habría gustado a mí, ya que el piso estaba diseñado para que esas mesas quedasen más altas. ¡Qué gracioso!

—¿Qué hiciste, Harry? —me preguntó directamente la señora.

Me ruboricé y miré al suelo.

—Cuéntale —me motivó papá con maldad.

—Me escapé de mi casa.

Madame Bones, como la llamó papá, alzó las cejas.

—¿Por qué?

—Es que quería volar mi escoba, pero papá dijo que no y en casa estaban los mortífagos, así que si volaba por ahí me iban a ver y se irían de chismosos con papá —dije con fastidio.

Papi rio entre dientes, igual que un par de personas más. Seguro que mi enojo les era adorable, pero es que era terrible. ¡Yo solo quería jugar!

—Harry, que forma de acomodar los hechos. Así no fue como pasó —se burló papá.

—¿No lo dejan volar en casa? —la pregunta de la señora fue hecha para papito.

—Sí, él tiene sus escobas y su cancha de Quidditch, lo que él no cuenta es que no era que no tuviese permiso, él podía volar, pero no tan alto —me recordó con tono de regaño. Hice un puchero.

—Pero es que la Saeta de Fuego sube muchísimo y...

—¿Saeta de Fuego? —esa voz vino de nuestras espaldas.

Miré y era el auror Black sentado junto al señor Potter.

—¿Los aurores vienen? —pedí a papá.

—Son nobles —luego él se dirigió al auror —. Sí, le conseguí a Harry la Saeta de Fuego.

—¡Pero sale hasta diciembre! ¿No hubo que hacerle unas modificaciones? —le preguntó él al esposo de mi madre.

—Sí, porque es demasiado peligrosa —contestó con calma.

—Lo es —contestó papá —. Creo que van a sacar dos modelos, uno para público general y otro solo para jugadores profesionales. A Harry le adquirí el prototipo de la profesional, pero ¿cómo carajos iba a imaginar yo que esa mierda llega hasta la estratosfera?

—Usaste una mala palabra —le señalé. Papá me sonrió.

—¡¿En serio sube tanto?!

—No lo podíamos ni ver desde el suelo.

—¡Ay ya quiero que salga!

Emocionado, el auror Black no parecía tan agresivo. El señor Potter no se rio con él o hizo ademan de incluirse en la conversación, él se dedicó a mirarme. Cuando lo atrapé, me sonrió, pero yo aparté los ojos con timidez y metí la mano en mi bolso terciado sacando mi yoyo, dispuesto a jugar lo que durase el debate, aunque mis manos protestaran.

0oOo0

El jefe de aurores fue muy enfático:

«Vayan y oigan y me traen un informe de las intenciones del Innombrable. Yo no creo en tanta puta colaboración.»

Pero ahora, en lugar de escuchar los argumentos de Umbridge y anotar las contestaciones de Arthur y el cabrón ese, solo se repetía en mi mente la burla de Harry.

Usaste una mala palabra.

Voldemort podría fingir que le dio la mejor educación del mundo a Harry, decir mil mentiras para hacernos creer que el niño tuvo una buena infancia, pero, al final, el comportamiento de Harry era quien confirmaría o desmentiría lo que dijese Voldemort. Y hasta la fecha, sí, Voldemort, sin tapujos, nos mostró que no temía agredir a Harry, pero también lo trataba... como a un niño. Todos esperábamos que Harry fuese un soldado, que su infancia fuese miserable, mas las evidencias indicaban que el pequeño recibió una crianza adecuada, pasando por alto los desnudos y torturas ajenas a las que se había adaptado. Y, considerando todas las circunstancias, visualizar actos indecorosos era ligero en comparación con lo que nos imaginábamos que Voldemort le haría al niño que representaba su mayor humillación.

¿Por qué? ¿Por qué criarlo bien? ¿Por qué un comportamiento tan contradictorio con lo demás que él, Voldemort, demostraba?

Él era un jodido psicópata, era frío y despiadado, ¿por qué criar bien a Harry y hacernos dudar de si se trataba de un buen o mal sujeto? Obvio, yo sabía que él era una porquería andante, pero... crio a un hijo, lo crio bien, eso decía mucho de una persona. Se reía con él, sabía que bromas hacerle, le seguía la cuerda, no usaba vocabulario malsonante de forma continua frente a Harry...

Ojalá él se hubiese portado mal con el niño; me dolía pensar algo así, sin embargo, de ese modo yo podría odiarlo completamente en vez de sentir ese fuerte deseo de preguntarle al Innombrable si Harry aún comía su pudín por las tardes.