Bellalphine Black: JAJAJAJA seamos francos, ese es el método de Voldemort. En la historia original, Voldemort quiso ser docente, los profesores somos capacitados en pedagogía y psicología infantil.

JessyRiddleFriki-Black: JAJAJ imposible que no lo aprueben. Sí, tenemos más de Lily en el futuro.

Sakura7893: Sí, ese es justo el dilema que se plantea: ¿qué es más importante, el trabajo o su hijo? Voldemort le tiene paciencia al mocoso, pero (spoiler) se va a hartar. Eso sí, Voldemort no ama a Harry; Tom Marvolo Riddle entra en el prototipo de psicópata, ellos son incapaces de amar (la psicopatía es un desequilibrio químico cerebral que altera las zonas del cerebro que se encargan de las emociones, como la culpa). Voldemort ve en Harry una responsabilidad, por eso ha hecho todo, porque él es una persona responsable, no por sentimentalismo. Es cierto que le cogió agrado a su hijo, se podría decir que lo aprecia hasta cierto punto, pero nada más.

AMATISTE: ¿Qué hubo, desaparecida?

Tast Cullen: Gracias. Es interesante comprender los análisis de Voldemort.

Quería aclarar algo para todos: en un inicio, en el Libro 1, Harry menciona que su padre solo lo había abrazado una vez en toda su vida, sin embargo, mientras más se alarga la historia, mayor tacto vemos entre Harry y Voldemort. Esto es así porque Voldemort está compensando la cantidad de tiempo que pasa sin su hijo; él sabe que el contacto físico es vital en el crecimiento emocional de una persona, dado que Harry antes contaba con su presencia todo el tiempo, hablaba con él, lo acompañaba y demás cosas, Harry no requería de contacto físico para afianzar esta seguridad hacia su padre, pero al pasar meses lejos, con apenas contacto escrito y un montón de sucesos ocurriendo, Voldemort se fuerza a tocar a su hijo (lo que a él le desagrada) para brindarle esta seguridad que antes proporcionaba solo con su presencia.

Para los que están pensando que Voldemort es mejor papá que muchos, la causa de esto es que él es un docente, y un profesor (uno con vocación y no solo un título universitario) es ampliamente estudiado en la pedagogía y en la psicología, contando con herramientas para enseñar e instruir, pero también para ser visto por su alumno como una persona de confianza.

0oOo0

Papá no ignoró mi castigo de plano, pero papi era hipócrita, así que ordenándome ir con Rabastan a comprarle un chocolate en Hosmegade, de todos los lugares, me permitió tener unos minutos con Neville. Hogwarts jamás cerró, Mcgonagall se hizo cargo de la escuela y un auror sustituyó al profesor Lockhart en el cargo de profesor de defensa. Aun difunto, al profesor se le impusieron los cargos de acceso carnal violento, violación y un montón más. A los alumnos agredidos se les atendió psicológicamente en Hogwarts, o eso dijo papá.

—¡Harry!

Fui fácil de notar en la multitud de alumnos, yo usaba una camisa amarillo chillón. Neville corrió hasta mí tirando de su baúl; él engordó, su ropa de la escuela estaba apretada.

—Neville —lo saludé.

Mi amigo se detuvo frente a mí e hizo el deje de abrazarme, pero retrocedió. No lo abracé de vuelta, esa muestra de cariño era extraña de dar y recibir, incluso con papá. Elena me abrazaba cada vez que me veía, pero era diferente, ella era una mujer, se suponía que eran tiernas y abrazaban a sus amigos.

—¿Dónde está mi sobrino? —preguntó Rabastan.

—Lo vi con una chica de séptimo año.

—Magnífico.

Me reí de su tono satisfecho.

—¿Cómo les terminó de ir?

—Horrible, no hacen más que llevarnos con esos psicólogos y mi abuela ha estado visitándome.

Por su forma de expresarse, el gesto de la anciana le hizo más mal que bien.

—¿Neville puede venir con nosotros, Rabastan?

—No, joven señor. Sin embargo, su padre dijo que hablaría con la matriarca Longbottom para que ustedes puedan verse este verano.

—¡Tío! —el grito de Alec nos hizo voltear a verlo. ¿Era mi impresión o Alec estaba más alto? —. Joven señor, buenos días... hola marmota.

¿Marmota?

—Cállate.

Rabastan alzó una ceja, cuestionando silenciosamente tal cercanía.

—El tren partirá pronto, vete Longbottom.

—¿Tienes quién te acompañe en el viaje? —de decirme que no, le ordenaría a Rabastan que nos llevara hasta la casa de Neville, o que al menos desde el ministerio lo recogieran.

—Luna —respondió él de inmediato, se le salió una sonrisa —. Es mi novia ahora.

¡Oe!

—Genial —exclamé impactado.

—¿Tú te vienes con nosotros? —solicitó saber Rabastan.

—No —la respuesta de Alec me sorprendió —, hay unos chicos que me invitaron a jugar a las cartas, apostaremos dulces.

Oh... Alec tenía amigos.

—Está bien. Adiós niños.

—Adiós tío, joven señor.

—¡Chao Harry!... adiós, señor Lestrange.

0oOo0

Montañas de reuniones se vislumbraban en mi horizonte. ¿Y si remplazaba a Lucius en el lugar del ministro por unos años? Legalmente, yo no era nadie, Gran Bretaña no era una dictadura; por lo mismo, existían límites que yo no podía romper. Acabar con todo un sistema legislativo era estúpido, las leyes eran necesarias para que el país funcionase por su cuenta, pero con tanto robo de dinero, torcidos entre los políticos que beneficiaban unos pocos bolsillos, fraudes y corrupción, no se lograría hacer nada.

Y yo no planeaba quedar en ridículo solo porque unas mierdas encorbatadas querían irse de vacaciones a París cada año.

—Mi señor, su hijo.

Harry ingresó de la mano con Rabastan.

—Gracias, vuelve a lo tuyo.

—Sí mi señor, permiso. Joven señor —asintió a Harry.

—Hasta luego —mi hijo se despidió educadamente antes de acercarse y dejar en la mesa una barra de chocolate amargo. Estábamos en la oficina del ministro, Lucius atendía una reunión por mí en lo que yo revisaba estos papeles —. Papi, ¿estás ocupado?

Lo miré, casi hago un comentario burlesco, pero Harry lucía en shock. Joder, ¡¿ahora qué?!

—Un poco, nené. ¿Te sientes bien?

—Me siento... triste. Lo siento.

Charla emocional. En mi infancia no existía eso, cerrábamos el pico y llorábamos a escondidas, mostrando el rostro más duro al resto del mundo; la tristeza nos la bajábamos con tangos y whisky, de adultos al menos, porque de niños lloriqueábamos y esperábamos no ser escuchados.

Mandar a Harry a llorar a una esquina no era una opción para mí. El niño no se merecía una infancia de mierda y unos traumas que durasen media vida.

—No te disculpes por estar triste. ¿Por qué lo estás?

—Hoy vi a Neville y él... tiene una novia.

—¿Y eso te afecta?

Si Harry me decía que le gustaba Neville, ahí sí yo perdería la cabeza.

—No, pero... Alec no quiso venir con nosotros, unos chicos lo invitaron a jugar cartas en el expreso de Hogwarts. Y Neville se fue con Luna, su novia.

Oh. Alec con amigos, Neville con novia.

—¿Te sientes solo?

—Sí.

Suspiré y apunté al reloj de la pared.

—Quédate un rato mirándolo y dime cuantas veces avanzó el minutero.

Harry frunció el ceño y confuso me obedeció. A los 30 segundos se quejó, él no tenía paciencia.

—Avanzará un minuto cada minuto, esto no tiene sentido.

—Claro que lo tiene, es un reloj. ¿El minutero avanza?

—Obvio.

—¿Cuánto por minuto?

—Un paso... o un golpe, no sé cómo se diga.

—Y si dejas de mirarlo, ¿el minutero no avanza?

—¿A qué quieres llegar?

Señalé con ímpetu el reloj.

—Responde.

—¡Claro que avanza! ¡Es un reloj, es su trabajo!

Le pasaría el grito por esta ocasión.

—Así sucede con las personas, nené: avanzan. Tú no eres el centro del universo; si dejas de existir, solo para dos personas serás irremplazable: tu madre y yo, y Pimpón. El resto se lamentarán un par de semanas y seguirán con sus vidas —vi con cierto afecto su rostro confuso. Por eso no quise que tuviera amigos, para que él no experimentara ese dolor —. Concéntrate en ti, avanza tú, mejora tú.

—Pero no me gusta estar solito.

«Solito», Harry no había comprendido su inmensa soledad hasta que no fue a Hogwarts. Quizás hice mal al enviarlo... no. Harry necesitaba darse esos estrellones contra la realidad.

—Estar solo es lo mejor que te puede ocurrir. Si controlas tu soledad, controlarás lo que sea.

—Yo no quiero controlar nada —se quejó apretando los puños — Quiero alguien para jugar.

Esas ansias de un compañero de juegos se le quitaría en unos años, ¿qué haría yo mientras tanto?

—Recoge tus cosas, saldremos un rato.

El trabajo esperaría, quitarme a ese niño de encima y solucionar su crisis no.

0oOo0

Papá nos llevó al castillo y desde allí llamó a Boris, mi antiguo profesor de pociones. El hombre estaba tal como yo lo recordaba, alto y con pinta de científico loco, pero con más arrugas.

—Mi lord —nos saludó educadamente. Boris no era un mortífago o un simpatizante con las políticas de papá, simplemente era un profesor de niños ricos.

—Buenos días, maestro —y papá sabía que estaba ante un genio absoluto, al menos en docencia —. Volveremos a necesitar de sus servicios.

Se refería a mis clases.

—¿Dos horas diarias?

—Tres. ¿Cuándo podemos empezar?

—En este instante, mi Lord. ¿El mismo contrato de la última vez?

—Sí, lo redactaré. ¿La cifra cambia?

—No. 60 galeones la hora.

—Perfecto. Harry, guíalo a la sala de pociones. Cuando acabes vuelve al ministerio.

Asentí pasmado. Papá se deshizo de mí. Le fue muy simple, a 60 galeones la hora.

Boris era educado, dulce al explicar; me sacaba sonrisas. Por tres horas, entre él y la poción de «brebaje bocazas», me distrajeron de lo que ocurría a mi alrededor. Esa poción era graciosísima y Boris, relajadamente, tomó un sorbo para comprobar su efectividad asegurada ya con el color y la espesura. Verlo graznar como un pato y declararle una guerra a su esposa debido a su suegra entrometida fue cómico, yo me reí hasta que él se despidió de mí, dejándome solo de nuevo.

No lo hice por malicia, cuando me acordé ya estaba en mi cama: no fui al ministerio. Papá se enojaría conmigo, pero no encontré fuerzas para levantarme; preferí cerrar los ojos y olvidarme del regaño que me esperaría al darse cuenta papá.

0oOo0

Derroqué a Lucius, tenía que hacerlo. Me autonombré dictador y me volví el centro del poder sin destituir las organizaciones del orden ya existentes. Yo podría mandar sin impedimentos y continuar existiendo en Inglaterra el debido proceso al que atenerse. Yo seguiría colocando mis decisiones bajo votación, pero ahora poseía mayor control del país.

Mis contactos internacionales vaticinaron que noviembre sería la fecha indicada para acabar con la tecnología muggle, no septiembre; después de eso, mataría a la reina británica, mientras tanto debía entrevistarme con ella en su palacio para charlar de lo sucedido. La reina Isabel II era muy inteligente, previno lo que le ocurriría en un futuro no tan lejano, aun así, ella se mantuvo firme. Era una gran mujer.

Me olvidé de Harry por completo, fue al aparecerme en el castillo que noté que él no venía tras de mí.

—¡Pimpón!

El elfo tardó en aparecer, haciéndolo con su delantal manchado en salsa. Él era quien preparaba las comidas de Harry y, por consiguiente, las mías.

—Bienvenido a casa, amo.

—¿Dónde estabas? —le cuestioné.

—Preparando la cena, amo. Costillas de cordero.

Sonaba delicioso, mas tendría que dejarlo de lado momentáneamente.

—¿Y Harry?

—El amito subió a su habitación. Creo que no se siente bien, amo; ha dormido todo el día.

—¿Le comprobaste la temperatura?

—Sí, en términos normales. ¿Desea que lo despierte, amo?

—No, lo hago yo.

Subí la escalera de la torre sur deshaciéndome de mi ropa externa, quedando en medias, pantalones y camisa. Harry roncaba en su inmensa cama rodeada de juguetes esparcidos por el suelo; esa mañana lo oí jugar antes del desayuno. Su vida era perfecta, un poco turbia por los bordes, excelente en lo demás: tutores, educadores, juegos, un padre medianamente presente, un elfo atento a sus caprichos y necesidades. ¿Qué era lo que tenía tan apagado a ese saco pesado de risas?

Me acosté con él en el lado libre de la cama y cerré los ojos. Lo lamentaba por las costillas de cordero, pero quería que Harry me viera ahí al despertar. Lo hizo de madrugada, casi me lo pierdo, excepto que yo no dormía correctamente estando acompañado, era una cosa que tenía que resolver.

—¿Papá?

—En carne y hueso —me burlé con somnolencia. Afuera llovía y Harry se removía, debió despertarlo el frío. Convoqué una colcha que nos cubriera, la de la cama estaba bajo nosotros.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó con suavidad haciéndose una bola y robándome gran parte de la colcha.

—Quería hablar contigo.

—Se me olvidó ir, lo siento.

—No es por eso. ¿Me puedo acercar a ti?

—¿Hum?

—Quiero que me des un abrazo.

Harry tardó unos segundos en contestar.

—¿Quién eres? ¿Dónde está mi papá? —sonó realmente asustado.

—Soy yo, mocoso maleducado —dije en broma estirando mi mano y jalándolo cerca de mí. Teniéndolo cerca, besé su frente; ese gesto se me hacía repetitivo, lo hice más veces con él en estos dos años que cuando era un niño, quizá porque antes lo tenía todo el tiempo, ahora solo unos meses al año. Harry crecía lejos de mí, cada vez me parecía menos sano que un padre no reconociese a su hijo y no estuviese ahí para sus problemas.

—¿Qué te pasa?

—Me estoy sintiendo muy mal —eso no era mentira.

—¿Te duele la tripa?

—No. ¿Y mi abrazo?

Harry lo ejecutó con vacilación, rodeando mi pecho con su brazo. Yo le devolví el gesto ignorando esa punzada de alerta que mi cerebro activaba cada vez que alguien se me acercaba tanto.

—¿Te sientes triste?

—Culpable.

—... ¿por qué has matado gente?

—Eso no me importa en lo más mínimo —bufé —. Me siento culpable porque creí que te hacía un bien, pero me parece que te hice un mal.

—¿Un mal? ¿Tú a mí?

—Yo crecí en la miseria absoluta, material y emocional. Mi madre usó amortentia con mi padre, eso me atrofió emocionalmente, es un desequilibrio químico que no es hereditario.

—¿Yo no lo tengo?

—Ni un gramo, nené. Quise educarte bien, incluso dentro de este castillo del horror. Me aseguré de que recibieses cariño y afecto, que rieras y que se te tratara con candor, seguro de que, si recibías más malicia que la que ya te mostraban los mortífagos y los presos, te volverías un ser tan jodido de la cabeza como yo.

—Tú no estás loco.

—Soy un psicópata, es una forma de decir que estoy loco (sin ánimo de ofender a los psicópatas). Tú no, eres un niño dulce, ahí fue donde te hice daño.

—¿Por qué?

Traté de mirarlo, pero la oscuridad no me colaboró.

—Te permití emociones, te otorgué una debilidad. Neville y Alec te dañaron y no puedo ir y matarlos frente a ti porque lo que hicieron no es incorrecto, solo hirieron sin querer tus sentimientos. No sé cómo resolverlo y no tengo tiempo para hallar una solución... lo siento Harry.

El niño se aferró a mí, incapaz por un rato de pronunciar palabra.

—¿Sentir emociones es malo?

—Te hace vulnerable.

—¿Y cómo voy a hacer para tener amigos?

Solté el aire. ¿Qué decirle?

—Yo seré tu amigo.

Sorpresivamente, Harry se rio.

—Papi, eres mi papá.

Claro, en su mente las cosas no se mezclaban.

—¿Qué harás en 100 años?

—¿100 años?

—Neville y Alec estarán muertos o pronto a estarlo, igual Barty, Rabastan, Bella, todos ellos, solo quedáremos tú y yo.

—No sé si quiera vivir tanto tiempo, pero tampoco quiero dejarte solo.

—No pienses en eso, lo decidirás dentro de 100 años.

—Sí... ¿estaré viejo y arrugado?

Sonreí.

—No. Te obligaré a correr y a nadar, no engordarás ni un gramo y tendrás la energía de un caballo.

—¿Aun teniendo 100 años tú me dirás que comer?

—Si veo que te alimentas con golosinas, sí —y pellizqué su mejilla —. Te sentaré en mis piernas y te meteré el broccoli a fuerzas en la boca.

Harry se rio.

—Y aun si tengo 100 años, ¿tú me cuidarás?

—Claro que sí —le aseguré con seriedad —. Siempre podrás contar conmigo, estaré ahí para ti cada vez que me necesites.

—Gracias papá.

0oOo0

Al despertar en el amanecer, encontré a papi en mi escritorio devorando unas costillas.

—¿Qué estás haciendo?

—Tengo un hambre alucinante. ¿Quieres? Es de la cena, ambos nos la saltamos.

—Sí.

Tras levantarme, me dirigí a papá y ocupé de asiento una de sus piernas. Con las manos tomé las costillas y las probé, estaban exquisitas y tibias. Papá comió su ración tendiéndome la única cuchara en el plato, la que mutuamente empelamos para comer el puré. Fue el mejor desayuno de mi vida.

—Hoy trabajaré todo el día, trataré de llegar a la cena. Si no estoy aquí, espérame en mi alcoba.

—¿Dormirás otra vez conmigo? —me animé.

—Sí. Te despertaré para que me cuestes lo que hiciste hoy. En la mañana estarás con Boris, almorzarás con Elena y dormirás la siesta con ella, en tu cuarto, no en el harem. En la tarde me vas a hacer un favor.

—¿Yo?

—Ajá. Hay una caja con un listón negro escondida en el castillo, búscala y me muestras cuando la encuentres.

—¿Qué hay en la caja?

—Es una sorpresa —susurró misteriosamente previo a empezar a reír —. Te encantará, nené. Ah, y vas a hacer otra cosa: no me importa dónde esté yo cuando la halles, tú vas y me buscas, así interrumpas una reunión.

—Pero estarás ocupado.

No se debía molestar cuando los adultos hablaban, eso decía papá.

—Se supone que dirijo este país con mano de hierro, pero ¿no puedo parar una reunión por atender a mi hijo? Y una mierda...

—Mala palabra.

—Al carajo —se corrigió —. Somos unos putos dictadores, tú y yo, mocoso, así que haremos lo que queramos, cuándo queramos y cómo queramos. ¿Preguntas?

Negué risueño.

—Nos meteremos en problemas.

—Bah.

—Dices que hay que respetar a los mayores.

—Respetarme a mí y ser educado con los demás. Tú acércate y deja que yo lleve las riendas; si ves que no me importa, a ti menos te va a importar. ¿Estamos?

—Estamos. ¿Y qué haré en la mañana? Boris llega a las nueve.

—¿No tienes una empresita por ahí? Ya he visto tres cartas con pedidos. Vamos, atiende a esos clientes.

Me reí con fuerza. Al parecer mi castigo se había olvidado.

0oOo0

Mi amo me mandó a llamar a la 1 de la tarde. Me revisé en el espejo cuatro veces antes de acudir, guiada por el elfo de mi amo, quien me aguardaba en su alcoba, jugueteando con un barco de madera.

—Hola Elena.

—Amo —le hice una reverencia, muy contenta de estar ahí.

—¿Sigues durmiendo la siesta?

—Generalmente, amo —me erguí y le sonreí. Él me trató bien en cada ocasión, era gentil y generoso, era un buen amo. Mi vida con él estaría asegurada luego de que lograra hacerme su favorita. En esos meses él poco me visitó, ¿acaso me estaba descartando?

—¿La dormirías conmigo luego de almorzar?

—¡Por supuesto!

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Tan amable como siempre, la presencia de Elena era agradable. Con ella me sentía a salvo, querido y bien tratado. Tras nuestro delicioso almuerzo, mi esclava me acomodó las almohadas, me ayudó a acostarme y se acostó junto a mí. Por inercia sujeté el pie de Ismael, con quien aún dormía. De mi viejo amigo no me despegaría pronto, eso sí no.

—¿Cómo ha estado el Harem?

—Excelente, amo. Nos entretenemos con jueguitos de mesa y bordado. Yo hice este vestido.

Me detallé su traje, era azul claro y parecía de lana.

—Es precioso —señalé —. Tus trabajos son siempre estupendos.

Era la verdad, pero decir palabras tan gentiles a las esclavas las emocionaba. Sentí los labios de Elena sobre los míos antes de fundirme en mi descanso. Dormir era agradable, me gustaba hacerlo, en especial con compañía: la cama se tibiaba y unos brazos suaves me arrullaban. Papá me dijo que, si quería abrazos, fuera al harem, pero el harem era raro, me hacía sentir incómodo. Y yo siempre decía lo mismo de ese lugar, pero no encontraba otra forma para describirlo.

—Te quedarás conmigo en las tardes —susurré sin saber si Elena me oiría.

—¿Hum?

—Quiero que vengas a verme en las tardes para la siesta.

Papá dijo que mis amigos continuarían su vida si yo no estaba, pero eso no aplicaba a Elena, ¿verdad? Después de todo, ella era mi esclava.

0oOo0

—¿Vienes a burlarte de mí?

Le sonreí al andrajoso Dumbledore. Estaba encerrado en una celda de máxima seguridad, algo obligatorio considerando sus amplios alcances mágicos.

—No necesariamente. Vengo a contarte las novedades, ahora soy un dictador.

—Era de esperarse.

—La nueva directora de Hogwarts es Mcgonagall, conseguiremos un docente para defensa contra las artes oscuras y con el flujo de niños nuevos, me temo que necesitaremos más profesores. Se va a acabar la rivalidad de las casas.

—Es útil.

—Es una basura. Te haré llegar el periódico cuando se explique qué es lo que estamos haciendo en la escuela. Por ahora, diviértete con los dementores.

—Espera —me detuvo. Yo me quería marchar, Askaban era horrorosa —. ¿Y Fawkes?

—¿Tu fénix? Bien, se quedó en la escuela, ya no es un pichón, está grandecito. No podrá visitarte, sino se tomará como intento de fuga, pero es un animal listo, sabe lo que ocurrió.

—Correcto. ¿Qué hay de nuestro trato?

—Sigue vigente. Guardo tu secreto y tú el mío.

Asintió y se volvió a sentar en su catre, dando por terminaba nuestra conversación.

—Te buscaste esto tú solo —recriminé.

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El castillo de papá era inmenso, no tanto como Hogwarts, pero fácilmente uno se podría perder. En un inicio consideré pedirle ayuda a Elena, pero la mandé al Harem; buscaría yo solo la caja con el listón negro de la que habló papá. Primero fui a su oficina, su habitación y su baño, pero no hallé nada. La sala del trono y la cocina no ocultaban la caja. Mi siguiente opción fueron los calabozos, pero estaban vacíos, las salas de experimentos y la zona de torturas no estaban siendo usadas y, por una vez, estaban limpios y, lástima, sin la caja.

En ese proceso me topé con la rata, que parecía ser la única persona en el castillo, lo que me asustó; yo no quería estar cerca de alguien como el profesor Lockhart. Hui a la torre norte, que contaba con almacenes de libros, antiguos uniformes, huesos y un cuarto repleto de cajas. Quizás era ahí.

Ninguna tenía listón negro, pero como yo no conocía ese sitio, me puse de curioso a abrir una de las cajas. Lo que encontré fueron periódicos viejos con titulares de guerra. Muertos, secuestrados, desmembrados, actos sin duda alguna de los mortífagos.

Aburrido.

Casi me fui a seguir buscando la caja, pero me topé por accidente con la fecha de la publicación: 28 de octubre de 1981. El 31 de octubre de 1981 fue la fecha de mi rapto. 29 de octubre, 30, 31... la portada hablaba de un dilema político de esa época, ni una mención... bah.

—Que tonto —susurré devolviendo el periódico a la caja y sacando el que le seguía en la fila.

1 de noviembre de 1981.

Harry Riddle, hijo de quienes-ustedes-saben y Lily Potter, fue secuestrado por su padre.

Allí estaba mi foto de bebé que me mostró Rabastan; él debió guardar una copia de este periódico. Y al lado de esta se encontraba la foto de mi madre, la señora Potter. No fue una fotografía tomada tras la paliza que le dio papá, pues ella estaba muy bonita; las letras bajo la foto me explicaron que se trataba de su primer día de trabajo como aurora.

Dupliqué el periódico con cuidado, devolví el original y me senté en el suelo sucio con la copia que construí con mi magia. Dejé que las hojas internas se desparramaran y se deshicieran en polvo; hice lo mismo con el papel que sostuve en las manos, convertí todo en polvo hasta que quedó solo la foto de mi madre.

Doblé el papel, lo metí en el bolsillo frontal de mi enterizo, cerré este con el botón, me levanté y continué mi camino. Esa caja no se encontraría sola.