Sakura7893: Jajajaja cuidado la pillan.

JessyRiddleFriki-Black: Harry sabe que es el bien y que es el mal, entre las precauciones de Voldemort y los cuidados de Pimpón, la psique del niño permanece casi intacta.

AMATISTE: Sí, ya no hay juego de Quidditch para Harry. ¿Qué había pensado que era el regalo?

Tast Cullen: Gracias. Sí, lo que pasa es que una cosa es Voldemort con su hijo y otra cosa como es él con el resto del mundo.

0oOo0

Vivir con Barty fue super divertido. Para empezar, a él no le importaba a qué horas yo despertaba, igual siempre me tenía listo el desayuno caliente. En las mañanas yo podía nadar a mis anchas o vaguear por ahí en esa isla, la cual conocí mejor montando a Sabrina, una yegua manchada. Tras estar completamente seguro que yo no me caería y me rompería el cuello en un paseo, el mortífago no opuso resistencia a que yo me alejase por mi cuenta del chalet.

—Recuerde, si va al mar, no supere los 100 metros, que es el límite del fidelius.

—Barty, esa agua es muy fría —le respondí, dando por sentado que yo jamás de los jamases tocaría un mar británico: ¡era como nadar en hielo!

Sabrina no era ningún riesgo, trotaba ligero y, por más que le soltase la rienda, no enloquecía y echaba a correr igual que una desquiciada, contrario al caballo de Barty, que en realidad era de papá. Cabrito era el nombre, lo llamaron así porque de bebé embestía a las personas con su cabeza, igual que una cabra; ya de adulto, el caballo era espectacular, pero requería de un adulto con mano firme para montarlo. Barty trató un par de veces, pero desistió.

—Su padre es muy fuerte, joven señor. A mí se me cansan las manos.

Así que Barty quedó vagando por ahí en el día. Sin elfos domésticos, era nuestro trabajo encargarnos de todo: limpieza, cocina, ropa sucia... sin embargo, con magia, las labores domésticas eran simples: blandir varita por aquí, palabras graciosas por allá y gualá, todo listo.

Por lo que sí, Barty contaba con mucho tiempo libre. Mi amigo resultó ser especialmente imaginativo a la hora de ocuparse, buscando animales en el monte, piedras graciosas en la costa y demás objetos curiosos que pudiesen llamar la atención de un niño. Yo sabía que Barty había pasado un tiempo en Askaban antes de descubrirse que era un mortífago; solo tres semanas un por alboroto en vía pública. Tres semanas bajo la exposición de los dementores no debían de ser suficiente para sumar a una persona en la locura, así que asumí que ese comportamiento aniñado era propio de Barty y no solo una fachada que usaba para jugar conmigo.

Un día, tras casi completar dos semanas en la isla, apenas viendo a papá, Barty me sorprendió amasando lodo en la mesa del patio trasero.

—Lodo —musité la verlo. Montar a caballo era un deporte muy curioso, daba la apariencia de que uno como jinete no hacía la gran cosa, pero yo salía sudado y con dolor de espalda por estar en una posición tan rígida. Debería empezar a sentarme mejor.

—No es lodo, joven señor, es arcilla.

—¿Cuál es la diferencia?

—... buen punto. En fin —sonrió y me la enseñó —. Estudié esto en mi juventud, se llama cerámica, fue la rama del arte que escogí como heredero de un sangre pura noble. ¿No le llama la atención? Sé que no ha escogido nada.

—Papá dice que yo no tengo por qué preocuparme —comenté sentándome frente a él, viendo la masilla gris.

Barty sonrió y asintió.

—Debo admitir que ser heredero es muy agotador, todos esperan que seamos mini adultos. Yo elegí la cerámica porque podía quitarme el anillo del heredero por un par de horas.

Miré mi dedo, ahí estaba el eternamente inamovible anillo.

—¿Me lo puedo quitar?

—Solo si mete las manos en la masa. Ese anillo es muy valioso, no hay que dejarlo por ahí de forma continua.

Asentí y lentamente retiré mi anillo, guardándolo en el bolsillo frontal de mi overol, junto a la foto de mi madre. La cargaba allí cada día, inquieto de que Barty la encontrase por error.

La masilla estaba fría debido a su humedad, era suave y me recordaba la baba con la que fabricaba mis animalitos de Hogwarts; lástima que mi empresa se fue al carajo. Papá me dijo que contrató un elfo para mantener viva la empresa, pero ya no era lo mismo, ni siquiera era yo quien se encargaba de fabricar los juguetes, por lo que di por perdidos todos mis esfuerzos de estos últimos meses.

—¿Qué puedes hacer con arcilla?

—Lo que sea. ¿Por qué no fabrica una taza? Le mostraré.

Si se juntaba suficiente arcilla y se moldeaba con calma, las formas más interesantes surgían. Yo hice un tazón para comer cereal que quedó rarito, pero era mi primer intento. El tazón de Barty, por otro lado, era fabuloso, incluso contaba con decoración que mi amigo le hizo por medio de las púas de un tenedor.

Al terminar, me lavé las manos, lo que resultó una tarea compleja por culpa del barro, y luego puse mi anillo de vuelta a su sitio; cerré el bolsillo sin dar más de un vistazo a la foto en su interior. Barty permaneció en su puesto, juntando barro, mas no logré atinar que creaba.

0oOo0

Se tardó 14 días, pero Severus logró informarse de lo que ocurría con Harry.

—Tu hijo fue sacado del castillo y aislado con Barty Crouch Jr. a modo de protección. Desconozco su paradero.

—¿Fue todo lo que pudiste conseguir? —gruñó Sirius.

Sin el director Dumbledore, las reuniones de la orden eran menos concurridas, quedábamos pocos miembros, la mayoría tomaron la decisión de los Longbottom y buscaron congraciarse con el nuevo gobernante.

—El señor oscuro no me quiso contar más, pero me dio esta memoria para ti.

Mi viejo amigo me tendió un frasco de pociones con un líquido plateado.

—¿Qué es? —pedí recibiendo el objeto.

—Lo que ocurrió la noche del 5 de junio, es el por qué Harry fue aislado. A mí no me lo quiso decir.

Fui la primera en entrar. Aparecí dentro de una habitación oscura, sorprendiéndome al oír una blasfemia y ser encendidas las luces. Era la alcoba de mi violador, quien dormía en pijamas grises, como una persona normal, no como el monstruo que era. No tuve que moverme, los hechos ocurrían y me llevaban con ellos.

Vi el dormitorio de mi hijo y a él profundamente dormido con un peluche; fue solo un vistazo, Voldemort cerró la puerta de nuevo y bañó a esta con cinco hechizos de seguridad para luego bajar por unas largas escaleras de las que prácticamente se tiró. James y Sirius tuvieron razón, esa habilidad no era por hechizos, el cabrón tenía muy buen estado físico. Al salir, aplicó el doble de hechizos en la puerta que conducía a lo que sin duda era una torre.

¡Arriba! ¡Intruso!

Con sus gritos, Barty Crouch Jr. y Rabastan Lestrange, quienes dormían en el suelo como niños chiquitos, se levantaron con el 100% de las energías.

¿Dónde, mi señor?

Al este. Despierten a la rata y a los otros, protejan el castillo y la entrada a la torre. Suelten a los perros.

Sin importarles lo helada de la noche, ellos se levantaron y fueron por los demás; no alcancé a ver a los otros mortífagos, yo permanecí al lado de Voldemort, o al menos de su recuerdo. Por al menos cuatro horas buscaron al intruso sin hallarlo junto a esas fieras que llamaban perros, pero no se toparon con Burn. No obstante, el hombre no pudo entrar más allá del punto de aparición, lo que ya era bastante, más de lo que había logrado al Orden del Fénix en todos sus años. Al final si dieron con él a varias millas del castillo, orientados por unas raras serpientes y los perros, pero fue muy tarde, se les escabulló con la aparición.

Al salir del recuerdo, la orden me miró expectante.

—Burn intentó matar a Harry.

Un auror iba detrás de mi hijo. Mi decisión respecto a ser docente en Hogwarts acababa de ser tomada. Era un sí.

0oOo0

Fue curioso como dejé de ser egoísta para conmigo y me centré más en ese niño. Con la práctica, fui adquiriendo un horario medianamente estable en el ministerio, empecé a llegar al castillo tipo 7 de la noche, justo para cenar si siguiese viviendo con Harry, por lo que cenaba yo solo. En otra ocasión, hubiese sacado una de las chicas del harem o habría ido a torturar a alguien, incluso me podría relajar a leer, pero no, tenía que ir a la casa de campo en la que aislé a Harry para que el niño no se entristeciera por mi ausencia.

Viéndolo así, yo sonaba como un padre terrible. No supe si era cosa mía o de todos los padres, pero a veces enserio mi hijo me agotaba y quería un rato para mí, uno en el que pudiese relajarme sin sacrificar horas de sueño, mas rara vez lograba mi objetivo. Aunque al final de cuentas, no era tan horrible ir a saludar al mocoso: él era la única persona que al verme llegar sonreía y se emocionaba.

Lo que le dije a Harry era cierto, solamente su madre, y quizá yo, lo lloraríamos si él moría. De morir yo, solamente Harry me sufriría a cabalidad.

—¡Papá!

—Hola... —me interrumpí al ser fuertemente tironeado por Harry.

—¡Mira lo que hice, mira lo que hice!

Esperé a que me mostrara lo que había hecho, luego le preguntaría por sus pies descalzos y el por qué no tuviese una camiseta puesta.

—Buenas noches, mi señor —me saludó mi siervo al salir nosotros al patio trasero iluminado con magia.

—Buenas noches, Barty.

—Mira —me señaló la mesa untada hasta el cansancio en arcilla —. Una taza para cereal.

Ah sí, allí había un cuenco horriblemente fabricado, con muy poca arcilla en los bordes y con grietas.

—Muy bonito —le sonreí —. Hay que esperar a que seque para cocinarlo y pintarlo.

—¡¿Puedo pintarlo?! —a su chillido emocionado solo pude responder con una afirmación.

—¡Por supuesto! ¿Y por qué andas medio desnudo?

Harry se sonrojó.

—Me están doliendo los pies cuando me coloco los zapatos.

—Tráelos, debe ser que te creció el pie.

—Sí, papi.

Al irse, yo me ubiqué frente al tazón ese y me senté.

—Qué cosa tan espantosa —le admití a Barty, quien rio.

—Es su primer intento, mi señor.

—Lo sé. Cuando lo meta en el horno lo más probable es que se rompa en mil pedazos.

—Ah sí, debe de tener aire adentro.

(Para que la arcilla se convierta en cerámica hay que cocinarla en un horno especial; si lo que sea que se vaya a cocinar queda con burbujas de aire dentro, explota.)

Alcé una ceja.

—¿Y tú qué estás haciendo?

—El antiguo escudo de los mortífagos.

Eso sí era interesante. Me levanté para verlo mejor; aún le faltaba, pero ahí estaba la forma de serpiente sobre un escudo clásico.

—¿Quién te lo mostró?

Ese escudo era viejo, solo lo conocían los padres de los actuales mortífagos.

—Rabastan.

—Papi.

Solucioné el lio de Harry; era lo que yo me temía, al niño le crecieron los pies. Se suponía que sus zapatos debían crecer con él, pero los tenía desde los ocho años, así que el hechizo de crecimiento debió finalizar.

—¿Alguno de tus zapatos te queda bueno? —dije mirándole los pies. Harry apoyó la planta de su mugriento pie a la suela del zapato, dejando claro que los dedos le sobresalían ligeramente.

—Ah-ah.

—Con palabras niño —rodé los ojos.

—No —contestó risueño.

—Te llevaré al castillo el domingo, así un zapatero y un costurero...

—¡No! —me interrumpió con tono suplicante —. Me gustó estar descalzo. ¿Me puedo quedar así todo el verano?

Cuando yo era niño, no tenía zapatos sin agujeros, los pies se me congelaban y las burlas eran sin descanso. ¿Y él quería andar como un mono en la selva?

—Necesitas zapatos Harry, te protegerán los pies. ¿No te duelen? Estas acostumbrado a estar calzado.

—Al principio sí, pero ya se me pasó.

Me reí.

—Ay niño, ¿qué haré contigo? —puse el codo en la mesa y apoyé mi cabeza en mi puño. Yo me había vuelto a sentar y él se quedaba de pie frente a mí —. Está bien, Tarzán.

—¿Quién es Tarzán?

—¡¿No sabes quién es Tarzán?! —mi tono exagerado de angustia le causó gracia a Barty.

—No.

—Tráeme papel y pluma, debo escribir una lista de libros para que leas, empezando por las historietas de Tarzán.

—Sí papá.

Al escabullirse con prisa a cumplir mi orden, nos dejó a solas para reírnos.

—Usted sí le tiene paciencia, mi señor.

—Tú también.

—Sí, pero... —sonrió tensamente —. Jamás lo esperamos de usted.

Alcé una ceja y me encogí de hombros, no dispuesto a justificarme ante él.

Harry volvió pronto con una hoja de pergamino y su estilográfica de oro. De una vez comprobé el estado de este objeto tan costoso, cerciorándome que Harry la cuidó muy bien en esos dos años de estudio.

—Ponte los zapatos mientras escribo, no se vale solo mirarlos por fuera.

—Sí papá.

Le anoté a Tarzán, también las Crónicas de Narnia y Alicia en el País de las Maravillas, con eso Harry tendría para entretenerse un buen rato, por lo menos el verano.

Fijándome en la dificultad para introducir los pies en su calzado, a mi lista de pendientes debía agregar una cita obligatoria con el zapatero: Harry se me estaba poniendo grande. ¿Sería necesario un modista? Examiné a mi hijo con cuidado, no pasando por alto que lucía más delgado y bronceado, un síntoma de pasar sus vacaciones haciendo ejercicio al aire libre. ¿Y si lo dejaba ser y esperaba a ver cómo terminaba el verano? ¿Quién decía que él no me fuese a dar una sorpresa?

—Quítatelos, ya no son tu número —determiné. Barty no se inmiscuyó en nuestro asunto, él continuó con su arcilla.

—¿Me crecieron mucho los pies?

—Eso me temo. ¿Quieres ir con un zapatero el domingo o enserio pasas descalzo el verano?

Mi hijo no se lo pensó mucho.

—Descalzo.

—Muy bien —sonreí, pero luego fruncí el ceño —. ¿Dónde está tu colgante?

—¿Mi qué? Ah, ¿te refieres al de la calavera?

—Sí.

Harry sacó el susodicho colgante de su bolsillo izquierdo. Conseguir el medallón fue difícil, era la mejor protección que existía en el mundo y fue fabricado por Mayas; yo lo usé por muchos años, tiempo en el que lo estudié, creando un segundo colgante que, por algún motivo que aún no comprendía, no tenía la misma potencia. El colgante que sostenía Harry era capaz de suprimir lo que fuese, incluyendo la maldición asesina, el mío no, pero cuando llegó la hora de enviarle a Harry una protección, no lo dudé y le entregué el más poderoso.

Mi vida corría más peligro sin él, pero Harry estaría a salvo de lo que fuese, cumpliendo yo así mi labor de padre.

—Es que como no tengo camisa, al andar me rebotaba y golpeaba, así que me lo quité. Este lugar es seguro, ¿cierto?

—No es motivo para relajarse, Harry —¿qué le decía? Ordenarle que no se lo quitara era buscar que él desconfiase de la seguridad de la isla todo el verano, por otra parte, que no lo usase tenía su riesgo. Jacob Burn se coló en mi castillo, eso me bastaba para saber que el sujeto era de cuidado —. ¿Por qué no tienes tu camisa puesta? —pedí desviándome del tema central para darme tiempo de pensar.

Harry se sonrojó y Barty se rio.

—Es que tengo calor.

—Eso no fue lo que me dijo a mí, joven señor —se burló mi mortífago.

Los miré con diversión. Harry lucía abochornado.

—Di la verdad, nené.

—Pues... es que me gustó andar sin camisa en Colombia, pero en el castillo me daba pena con los mortífagos, así que dije que aquí me la podía quitar porque estaba a solas con Barty.

—¿Y con él no te sientes incómodo?

Harry negó.

—Es como de la familia, igual que un tío.

Mi mortífago alzó las cejas, muy contento con el lugar que ocupaba en la mente de Harry.

—Está bien, Tarzán —mi hijo hizo una mueca —. ¿Y la cena?

Barty se atoró con su saliva.

—Sabía que había olvidado algo.

0oOo0

—Un poco más, Harry.

Vertí un tercer chorrito de leche sobre el puré de calabaza.

Tal vez ya no pasaba tanto tiempo con papá, pero en sus visitas él se entregaba del todo a mí, lo que compensaba los días sin él. No supe por qué esta soledad era más tolerable que en el castillo, aunque yo suponía que aquí no estaba solo, Barty se encontraba en cada momento disponible para mí y eso era más de lo que tenía en casa.

—Mi señor, no era necesario —le dijo por enésima vez Barty, asombrado de ver a su jefe cocinar la cena.

—Bobadas. Quiero ver ese escudo terminado lo más pronto posible y aquí no hay elfos domésticos.

—¿Te quedarás a dormir conmigo, papá?

—Claro —comentó animadamente —. Quiero montar a Cabrito mañana.

—Bien pueda —musitó Barty.

—¿Cómo dices? —pero no sonó amenazante, sino curioso. Papá dejó de batir el puré y me puso el cucharón de madera en la boca, permitiéndome probar el resultado.

—Quedó rico.

—Su caballo está loco, mi señor. Es imposible de montar.

—Hay que hacer flexiones de pecho de vez en cuando —se burló papá probando él también el puré. Papi no tomaba de la cuchara, sino que retiraba un poco del puré con sus dedos y se llevaba esto a la boca —. Así está bien. Pon los platos en la mesa, Harry.

—Sí papá.

Sentados los tres a la mesa, casi parecíamos una familia. Oí a Barty suspirar de la impresión, pues las habilidades culinarias de papá lo sorprendieron.

¿Una familia de tres era mejor que una de dos? Aunque para eso necesitábamos de una mujer, ¿no? Pero mi madre no era bienvenida en esta mesa, la única forma de que papá la dejase sentarse tan cerca de mí era si él antes le había arrancado los ojos y cortado las manos. No, lo mejor era que la señora Potter permaneciese lejos.

—¡Harry! —papá me hizo brincar en mi puesto —. Te estoy llamando, niño —frunció el ceño.

—Lo siento.

—¿Has usado la piscina?

—Sí, todas las mañanas.

—Muy bien. ¿Y has leído estas vacaciones?

—Poco. Más que todo he estado afuera con Sabrina.

Pensé que a papá no le gustaría saber que estaba dejando mis estudios de lado, pero él sonrió.

—Genial. Juega lo más que puedas, nené, porque este año irás a Hogwarts.

—¡¿Enserio?!

—Sí.

—¡Sí!

Ante la mueca fastidiada de papá y la risa de Barty, bajé los brazos que había subido de la emoción.

—Creí que no querías ir —dijo papi.

—Pues... no lo sé. Allá siempre pasan cosas malas, pero me gustan las pociones y las clases. A veces paso tardes enteras revisando los cuadros y eso es divertido.

Papá lucía algo tenso, ¿por qué?

—Quiero que entiendas que puedes salirte de Hogwarts en el momento que desees, Harry. No estás obligado a ir a esa escuela y si lo que quieres es seguir estudiando, se puede considerar otro colegio.

¿Eh? Barty también lució extrañado.

—¿De qué estás hablando?

—Este año escolar va a haber muchos más alumnos de los que los docentes pueden manejar, así que se contratarán más profesores y habrá varios grupos para la misma clase. Obvio, esto a ti no te afecta, solo a los de primer año. Aun así, para aligerar la carga docente, existirán dos profesores para cada asignatura obligatoria: dos maestros en pociones, dos en transfiguraciones, dos en encantamiento y así con el resto, salvo los electivos.

—Vaya, eso es fantástico. ¿Quién será el nuevo docente de Defensa?

—El docente que trabajará con los alumnos de cuarto a séptimo año, será Barty.

—¿Yo?

—Sí. Te quiero ahí para proteger a Harry.

—Sí, mi señor —la sonrisa de Barty no cabía en su rostro, pero papá no dejaba de mirarme —. ¿Con quién más trabajaré? ¿Quién será mi compañero en el cargo?

—Por motivos políticos, quise escoger a un auror de la luz para que el público no se sienta agredido al ser dos mortífagos los docentes de la misma asignatura. Sin embargo, ese no fue el único motivo por el que elegí a esta persona como docente.

—¿Qué es lo quieres decir? ¿Por qué estás nervioso?

Papá jamás estaba nervioso.

—Tu seguridad es lo más importante, Harry, por eso se hizo esta elección. Yo necesitaba a alguien que te pudiese defender y que tuviese la disposición de protegerte, alguien que sea capaz de dar la vida por ti. La docente de primero a tercer año de Defensa será la aurora Lily Potter, tu madre.