¡Hola! Me paso por aquí para saludar y hacer una breve charla. En la otra página donde publico la historia me hicieron un comentario de lo más curioso, similar al que alguna vez me hicieron en el Libro 2, pero que jamás respondí. Anexaré ambos comentarios porque creo que aquí también se podría presentar esa misma opinión:

Archive Of Our Own: Hola mi. Encanta tu historia es muy linda 3

Sabes debería de hacer de harry y un personaje gay ya siento que si lo colocas con una mujer no quedaría bien por lo que a vivido y visto con las violaciones a las mujeres y eso, ademas de que es algo que confía mucho riddle y que se menciona en cada cap y con eso puedes crear más situaciones... Solo digo es una sugerencia pero la verdad me gusta tu historia :)

Fanfiction: ... y quisiera saber si aqui abra algo de Drarry o Harco? sería interesante

Jamás contesté el comentario que me preguntaba por una posible pareja entre Harry y Draco porque recuerdo que en su momento me molestó bastante. No es algo ni contra la pareja de Harry y Draco, la autora del comentario o por el hecho de que sean homosexuales, sino porque al leerlo yo recuerdo que pensé:

«¿Cómo hijueputas me enamoraría yo del mocoso idiota que destruyó mi familia?» (Colocándome en el lugar de Draco).

Yo comprendo que a muchos les gusta este tipo de historias (de enemigos a amantes); yo en lo personal las suelo detestar porque creo que muchas de estas historias, justificando la creación de la pareja en la trama, usan muchos elementos de violencia de forma romántica, siendo un mal ejemplo para los lectores jóvenes que idealizan estas situaciones. En el caso de Harry S. Riddle, considero que una relación entre Draco y Harry es imposible porque Harry detesta al rubio y para este Harry representa una persona desagradable, alguien que tiene el poder y el renombre que Draco quiere, pero que no lo usa; esto sin mencionar lo sucedido con Margaux y las otras dos hermanas de Draco que Narcissa deberá dar a luz para satisfacer los mandatos de Voldemort, sin mencionar también la culpabilidad de ser uno de los causantes de este rapto de niñas.

En lo tocante al siguiente comentario, añadiré mi respuesta, donde traté de ser lo más sincera posible:

Hola, gracias por su comentario.

Bueno, ya me han planteado escribir a Harry como homosexual, pero no he querido hacerlo por tres motivos:

El primero es que el personaje no fue escrito en un inicio (refiriéndome a mis propios borradores) como homosexual; de haber sido así, yo habría planteado escenas de esta índole, idénticas a las pequeñas pistas que se han estado sembrando a lo largo de las anteriores entregas que culminan en esta. Básicamente, pequeños elementos que dan forma a un eje central y que toman lógica con el paso de la historia. Careciendo de esto desde un inicio, temo que podría forzarse la añadidura de una posible homosexualidad en Harry.

El segundo motivo es que mi historia busca evidenciar el abuso psicológico y emocional en niños varones, a modo de lección, ejemplificando lo que ocurre en la mente de un niño cuando es sometido a una sexualización temprana, algo que se suele ver mucho en nuestra sociedad con los clásicos ¿tiene novia? dirigidos a niños de primaria o las típicas actitudes machistas que enseñan que "los niños no lloran" y demás, como ha sucedido con Harry, quien sintiéndose incómodo, acepta lo dicho por los mortífagos y su padre de que esos encuentros con Elena son normales y algo que deben hacerlo feliz, aunque él mismo no se sienta feliz, sino confuso.

El tercer motivo es que yo no pertenezco a la comunidad LGBTIQ. A la hora de escribir yo estoy en la obligación de dar el mayor realismo y coherencia a las situaciones y actitudes de mis personajes; yo comprendo el acoso a las mujeres porque yo misma soy mujer, la vulneración del hombre en la sociedad porque lo he visto de cerca y las malas enseñanzas en las escuelas y hogares porque soy docente. Todos estos elementos, que comprendo en carne propia o de primera mano, los puedo entender y puedo hablar de ellos de forma respetuosa, tratando de transmitir una realidad, sin embargo, mi cercanía con la comunidad LGBTIQ no es tan amplia, tengo muy pocos conocidos homosexuales o lesbianas y ninguna persona que yo conozca es transexual, así que no me siento con la autoridad de hablar al respecto.

Ya he hecho comentarios en la historia que en este mundo de Harry Potter, en especial en las esferas sangre pura, la homofobia impera, hasta el punto que Alec calló a Neville cuando él intentaba hablar al respecto. Francamente, creo que el mismo Harry ni sabe lo que es la homosexualidad, él ha estado aislado de todo esto gracias a que permaneció toda su vida con personas sangre pura. Si yo cambiase la orientación sexual de Harry, tendría que hablar del acoso, la discriminación y la reacción de Voldemort, más la propia confusión y autoaceptación de Harry, temas que no me creo en la capacidad de escribir correctamente.

Añadiendo un argumento personal, este tipo de plataformas ya están repletas de historias con parejas homosexuales mal escritas y que convierten en burla a todo un movimiento social que, de hecho, no es de mi agrado, pero que respeto lo suficiente para no dañarlos con ese tipo de contenido.

Ahora, incluso si todo esto ya mencionado no existiese, yo no haría a Harry homosexual. A mi humilde parecer, la orientación sexual nace con las personas, es algo que se da en cada uno y no importa que suceda a lo largo de la vida de un ser humano, la orientación no cambia. Si yo pusiese que Harry, que ha pasado por traumas casi comparables con una violación (porque sí, exponer a niños al sexo es psicológicamente lo mismo que violarlos), es homosexual, se podría entender que Harry es homosexual porque tiene un trauma con las mujeres; sería igual que si yo dijese que una mujer adulta es lesbiana porque de niña fue violada. Una cosa no tiene relación con la otra porque para que haya un interés sexual tiene que haber atracción:

Una persona de 30 años, ejemplificando, no "descubre" que es homosexual, lo que hizo fue que lo aceptó, porque si es homosexual, toda su vida sintió atracción por personas de su mismo sexo. Ejemplo, a los gays les excita el cuerpo masculino, igual que a una mujer heterosexual, esos impulsos siempre están ahí (entendiendo siempre partiendo desde la pubertad), tal vez no expresados, pero sí en los pensamientos privados.

Así que, por motivos de literarios y personales, me abstendré de cambiarle la orientación sexual a Harry.

Quedo gustosa de leer su contestación.

Y allí finaliza mi respuesta. Yo igual quisiera saber su opinión al hecho. En una de mis historias, Fichas de Dominó, abordé a un personaje bisexual adolescente porque me pareció más simple de hacerlo; él, Jason, es un muchacho rebelde, bebedor y líder de una pandilla (más contexto en la historia), su personalidad para nada sensible me facilitó su autodescubrimiento, añadiendo a la trama la aceptación de su hermano, que es un homofóbico declarado, quien ama profundamente a Jason y lo apoyó, incluso (y diciéndolo abiertamente) declarando que le daba asco, pero aclarando que él, Jason, iba primero.

Igual quedo pendiente de su comentarios (también del capítulo 😊).

0oOo0

Se acabó el verano, era el primero de septiembre y no hablé con Harry respecto su pánico con los muggles.

Suspiré.

Voldy, eres un maldito cobarde, me insulté mentalmente empleando el despreciable apodo que Dumbledore, Ojoloco y el propio Harry emplearon en contadas ocasiones. Mi hijo no sabía que el mote me ofendía, solo me contó que lo oyó una vez en el ministerio de boca del «señor con cicatrices y pata de palo cuyo nombre olvidé, papito». Me burlé con una mueca del mocoso y finalicé mi andar a su habitación.

Harry volvió al castillo para despedirse y empacar para Hogwarts. Su habitación lucía algo desolada debido a las dos mudanzas, a la isla y a la escuela. Mi hijo no estaba ahí.

—Harry —lo llamé.

—En el baño.

Su voz sonó como si él estuviese cargando mucho peso, estaba en el inodoro.

—Toma tu tiempo.

Estúpida frase paternalista, yo parecía sacado de una telenovela muggle de los años 60. Ugh.

Sobre la cama de Harry reposaba su nuevo pantalón, quizás su primer pantalón fuera del uniforme: él empezó a dejar caer la parte superior de su overol al darse cuenta que por el sol del verano inglés obtendría un bronceado desigual y creí curioso agregar pantalones en su vestuario. Mi niño creció y cambió en estos meses; semanas enteras montando a caballo y nadando hicieron añicos su bella grasita de bebé, rellenando los espacios faltantes con músculo. No era que él luciera como un fisicoculturista, pero ya parecía un muchacho, no un niño.

Era extraño, pero estaba orgulloso del guapo hombre en el que se estaba convirtiendo mi hijo.

Bueno, grandecito en tamaño, pero seguí tirando su ropa al suelo. El overol con el que llegó, en el que casi ni entraba, reposaba junto a la cesta que el diligente de Pimpón dejó para la ropa; ahora ese elfo estaba demasiado ocupado con las 12 bebés que ya reposaban en el harem. 12 vaginas que crecerían aguardando a que en el post florecimiento de su adolescencia yo las tomara.

Me agaché y tomé el overol. Harry era tan descuidado que seguro se dejaba algo en los bolsillos.

—¡No! —mi sorpresa fue mayúscula al ver a mi hijo en ropa interior rapándome su overol —. No esculques mis cosas.

—No lo estoy esculcando, revisaba que no se te quedara nada. No me vuelvas a quitar algo así de las manos, niño.

—Lo siento —masculló viendo a su trajecito azul —. Yo... ¿me dejas a solas?

Entrecerré los ojos. Ahora que lo pensaba, Harry no dejaba su ropa fuera del cesto.

—¿Por qué tiraste esto al suelo?

—Me equivoqué, iba a la canasta.

—Mírame mientras me mientes —me burlé.

Harry arrugó su rostro y me miró.

—Lo siento —derrotado, me tendió el overol.

¿Qué ocultaba allí Harry?

—¿Me lo quieres enseñar?

Siendo Harry un adolescente, el dialogo era un método más efectivo que el autoritarismo. Mi autoridad ya estaba establecida sobre él, así funcionaba una crianza correcta, ahora debía complementársele con confianza mutua.

—No.

—¿Es un secreto muy malo? ¿La carta de alguna muchacha?

—No.

No le saqué ni un sonrojo, debía de ser un asunto muy serio.

—Tíralo al cesto para que desaparezca —le tendí su ropa. Harry miró la prenda, el cesto, a mí y al suelo.

—Lo lavarán en Hogwarts.

Ok, era un asunto super serio si él no quería ni que Pimpón y los elfos supiesen que ocultaba.

—¿Qué hay aquí?

—... una foto.

Chasqueé la lengua. Una foto, eso daba mil posibilidades. Retorcí mi argumento.

—¿Por qué no me lo quieres contar?

—Es una foto de la señora Potter —reventó —. Me vas a pegar.

Oh, yo lo estrangularía.

—¿Por qué tienes una foto de ella y cómo llegó a tus manos? —traté de sonar calmado, aunque yo no lo estaba para nada. Harry estaba a minutos de encontrarse con su madre, de vivir en el mismo castillo que ella; si el niño presentaba un nuevo brote de interés por su progenitora, ¿quién me decía que él no se detendría si ella le lavaba el cerebro y lo secuestraba, llevándoselo con la Orden del Fénix?

Y si eso ocurría, ¿quién los detendría de encerrarlo y drogarlo con Veritaserum? Pero más importante aún, ¿quién consolaría su corazoncito de niño bueno al darse cuenta que la madre en la que volcó su cariño lo usó como herramienta para la guerra?

—Pues... cuando me mandaste a buscar la caja...

Y me echó la historia sobre su búsqueda del regalo, los periódicos y la foto.

—Hemos hablado de tu madre varias veces.

—¡Yo no me voy a ir con ella! —me aseguró.

—Nené, la curiosidad es así. Un día quieres saber respecto a la inmortalidad y otro día estás matando una chica.

Harry frunció el ceño.

—¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Sonreí.

—Por increíble que parezca, todo. Bizarro como suena, leer de una ambición y matar a una muchacha de 14 años están íntimamente conectados por una serie de decisiones mal tomadas en medio de la estupidez de la adolescencia. Mi punto, Harry, es que...

Mi hijo me calló incinerando con magia su overol. El niño tiró lejos la tela, salvando sus dedos del fuego.

—Ya está, no hay foto —dijo con un tonito rebelde que me fastidió. Lo abofeteé —. ¡¿Pero quién te entiende?!

Ay no, más gritos, entramos en esa etapa de la pubertad.

—No me alces la voz —dije pausadamente —. ¿Quieres una foto de tu mamá? Te conseguiré un maldito álbum con fotografías de esa mujer, la foto no es el problema.

—¿Entonces? —pidió sujetando su mejilla.

—¿Por qué no me lo contaste? ¿Por qué no confiaste en mí?

—Tú me pegaste...

—Deja de chillar como un niño por lo mismo. Te pegué porque desobedeciste, no porque te interesaste en ella. Son cosas diferentes.

—¡Solo la miré!

—Mirarla estaba entre las prohibiciones —le recordé —. ¿Qué te dije de alzarme la voz?

Harry no me respondió, él prefirió desquitar su enojo, que yo llamaría rabia, pateando la ropa chamuscada. El suelo de la alcoba de Harry no permitía que el fuego viviese, así que la llamarada se apagó y sus pies descalzos se salvaron de quemaduras mientras aniquilaban ese pedazo de tela.

Wow.

—Muy bien, para —dije llamándolo con la mano.

0oOo0

—¡No quiero ir a esa maldita escuela!

Esta vez sí fui consciente de mi mala palabra. Solo... yo no quería enfrentarme a ella. Con cada día que pasaba, la seguridad que me infundió papá se desaparecía de mi cuerpo y el miedo me llenaba.

—Dijiste que sí.

—Pero ahora digo que no.

Papá se lamió los labios.

—No puedes decir un día que sí y otro que no.

—Tú dices que en este país yo puedo hacer lo que quiera.

—No, así no funciona y tú lo sabes. Te he enseñado a ser responsable, eso significa enfrentarte al mundo como viene. Ya hablamos al respecto, nos sentamos y nos escuchamos...

—¡No quiero ir!

Yo no quería alzar la voz, pero papá no me estaba escuchando. Yo no quería someterme a nada de lo que me pasaría en Hogwarts este año y no me daría vergüenza meterme bajo la cama si fuera necesario para no ir a la escuela.

—Harry, estás tentado la suerte aquí.

Me agarré a su camisa, ya alcanzaba su cintura.

—Papá, no quiero ir —supliqué al borde del llanto. Papá parpadeó.

—Muy bien, no quieres ir, no irás, pero conoces la alternativa. Por tu seguridad, aquí no te vas a quedar.

Fruncí el ceño.

—No es justo. Estoy aburrido en esa isla.

—Hay un asesino suelto que va tras tu cuello, hasta yo tengo mis limites Harry. No puedo dejarte aquí, Hogwarts es la mejor opción.

—Aquí también hay mortífagos, ellos me defenderán.

—Nené, aún hay muchos inconformes con tu presencia que no moverían un dedo por salvarte.

¿Qué? Vaya, eso dolía.

—Pero me llevo bien con ellos.

—La gente es falsa, Harry, no lo olvides. Tú decides, la escuela o la isla. Podrías ir a otro sitio, pero sería lo mismo, estarías encerrado y esta vez con un elfo, Barty va a estar dictando clases en Hogwarts.

—¿No hay una tercera opción?

—No, esta baraja solo tiene dos cartas —hice silencio soltando su camisa —. Decide tú o decidiré yo.

Me encogí de hombros.

—Ambas opciones son horrendas.

Así terminé en las puertas de Hogwarts, con Snape y los otros alumnos. Papá ya no me dejaba usar el tren de la escuela, no pude viajar con Neville y Alec, aunque tampoco quería ver a ese par. Severus me recibió con buena cara, pero yo le pasé por delante arrastrando mi baúl, el cual desapareció al entrar yo en los terrenos de la escuela.

Alcancé a oír la conversación de papá y el profesor.

—Está en los años rebeldes, Sev; y está furioso de estar aquí.

—Soy un educador con muchos años de experiencia, mi señor.

—Espero que eso sea suficiente.

Me abrí paso en la multitud con un ceño tan fruncido que hasta yo notaba que era anormal. Al entrar al gran comedor, mis ojos corrieron veloces a lo largo de la mesa de profesores, al notar el cabello pelirrojo, bajé los ojos y me senté en el primer espacio vacío que encontré en una de las bancas de la mesa de Slytherin. A mis lados no había alumnos, pero frente a mí estaban unas chicas; ellas me sonrieron, me saludaron con las manos y me vieron raro, continuando con su conversación sobre... algo.

—Joven señor —la voz jovial de Alec me hizo girar el cuello a la derecha. Por ahí quedaba la mesa de profesores, mandé mis ojos al plato dorado y vacío frente a mí.

—Hola Alec —el chico, un tantico curioso por mi extraño comportamiento, se sentó a mi derecha —. Hazme un favor, siéntate a mi izquierda.

—Ah, claro —y ocupando el nuevo puesto, dijo: —. ¿Puedo preguntar por qué el cambio?

—No quiero mirar a mi derecha —respondí usando mi brazo diestro para recostarme en la mesa, de modo que mi cuerpo quedaba lo suficientemente girado para que mi vista de frente fuese mi izquierda y toda mi espalda, o gran parte de ella, apuntase a esa señora.

—Oh, sí, también la noté. Mamá mencionó algo al respecto.

—Jum.

—Am...

—No quiero hablar de eso.

—Disculpe —mirando al vacío, él buscó tema de conversación —. Hay un auror que quiere matarlo.

—Sí, el señor Burn.

Un asesino era mejor tema de conversación que la comidilla de la escuela. Mi vida era... ¿qué otro sinónimo existía para raro? Ya me cansé de buscarlos.

—Es su mamá —susurró alguno

—Viejo, ni siquiera la está mirando.

—Es un grosero —esa fue una chica.

¿Qué querían todos ellos que yo viera? ¿A la mujer a la que le arruiné la vida? No, gracias.

—Bienvenidos a Hogwarts —el discurso de la profesora Mcgonagall estuvo bueno, dio paso a los nuevos alumnos y habló del director Dumbledore, del profesor Lockhart y de Burn con mucho tacto, sus palabras suaves casi envolvían la realidad y la pintaban con una fachada en colores pastel. Luego vino la presentación de los profesores e, irremediablemente, la de la mi mamá —. El profesor Barty Crouch Jr. y la profesora Lily Potter son expertos magos en defensa, ambos desde dos perspectivas muy diferentes —está bien, en esa parte sí me reí. Mi carcajada empezó muy suave hasta convertirse en una risa completa, interrumpiendo el discurso de la profesora, er, directora Mcgonagall —. ¿Algo que agregar, señor Riddle?

—Lo siento —dije quitando mi codo de la mesa, pero aún sin ver a la mesa de profesores —. Es que solo a mi papá se le ocurre contratar a una aurora y a un mortífago para el mismo puesto de trabajo.

Más de uno se unió a mis risas.

—Sí, es una situación muy jocosa, pero es al mismo tiempo un símbolo de que nuestro país vive en paz.

—Ja, paz —me burlé en voz baja.

Lo que yo estaba viviendo era muchas cosas, menos paz.

Tras explicar la situación política a los hijos de muggles nuevos, empezó el banquete. Yo volví a apoyar mi codo derecho en la mesa, colocando sobre mi puño mi pómulo. Los codos iban fuera de la mesa al comer, pero en este momento la etiqueta era la última de mis preocupaciones.

—Joven señor, ¿no va a comer?

—No tengo hambre.

—¿Hizo dieta en verano? Adelgazó.

—Solo nadé.

El puré se veía rico; terminé sirviéndome puré, carne y ensalada blanca. Esa debía ser mi primera vez, en público, comiendo sin cuchillo. Usé mi mano izquierda para todo, hasta para beber. Si a papá le iban con el cuento le diría que lo único que hice fue obedecer y no ver a mi mamá.

Seguro que me ganaba otro de sus golpes por dármelas de gracioso.

En el postre, empujé mi plato, una absoluta descortesía, y me recosté en la mesa sobre mis brazos cruzados. Alec me vio con los ojos abiertos, mas no hizo comentarios al respecto. Esperé impacientemente a que culminara la cena y el tonto himno escolar para irme y perderme entre la multitud. A Alec se le dificultó mantenerse a mi paso, pero me alcanzó una vez yo me alejé de las cuatro multitudes que se dividían por los pasillos.

Planeaba saludar a Hogwarts y pedirle un pasadizo hasta mi habitación, de modo que no me topase con más personas en el trayecto.

0oOo0

—Feliz no está —comentó la profesora Sprout cuando el último alumno desapareció. La mayoría de profesores nos quedamos ahí en la mesa. Luego de la cena, me informó Snape, los docentes tenían un momento privado.

Miré de reojo a la señora Potter.

—Yo estuve ahí cuando mi señor le informó a tu hijo de su nombramiento, colega —me burlé del asunto al dirigirme a la señora Potter. Ella rodó los ojos ante mi mofa, posteriormente puso un rostro serio.

—¿Se enojó?

—Como nunca antes lo he visto —capté la atención de los adultos —. Hizo un berrinche, tiró su leche, le gritó a su padre: fue un desastre.

—Él no le alza la voz a mi señor —Snape dudó de lo que yo contaba.

—Una vez lo hizo, cuando tenía 3 años. Mi señor le metió una cachetada y el asunto no se repitió, no que a mí me constase, pero esta vez sí que gritó.

La mujer pelirroja suspiró.

—Yo no entiendo él por qué me ofreció ese trabajo.

—Porque usted es una persona calificada, veterana en lucha, que conoce perfectamente a Burn y que defenderá al joven señor con la vida. Mi señor la está usando a usted, lo que yo no sé es por qué usted se deja usar, ¿qué gana con esto? ¿Estar cerca de su hijo? Si es así, no se lo recomiendo. Él tiene prohibido hablar con usted —enumeré con los dedos —, saludarla, mirarla, tocarla, escribirle... la lista es inmensa —bajé mis dedos.

—Ya lo sé —admitió —. Además, Harry le tiene un profundo miedo a su padre, no lo desobedecerá.

—¿Miedo? —arrugué el rostro —. Claro que no. Mi joven señor no le teme a su padre; digo, no le gustan sus castigos, a nadie le gustan, y él tiene que pegar durísimo, pero el joven señor confía al extremo en su padre, ellos sostienen una buena relación.

—Cállate o dirás algo importante y te torturarán —dijo Snape.

—Lo sé, voy a decir algo privado, pero creo que es necesario —me incliné en la mesa —. Oh, no me miré como cordero a punto de degollar, señora Potter. Su hijo hizo una vida sin usted y no la necesita, lo siento si duele, pero es la verdad. Usted representa para el joven señor un personaje de su pasado que él no quiere en su vida, un recordatorio de que su nacimiento fue un error, un golpe de suerte y que lo que lo trajo a este mundo fue una violación.

0oOo0

Sin Elena en la escuela, Draco y yo volvíamos a compartir habitación. Mi cama era de nuevo la que estaba cerca de la ventana, allí estaban mis cosas; Draco, como hace dos años, me aguardaba sentado sobre su baúl.

—Joven señor.

Creí que él no me hablaría.

—¿Sí? —pedí encaminándome a mi cama. Sacaría un pijama y me iría a dormir.

—Mis hermanas, ¿dónde están ellas?

¿Hermanas?

—¿Tu madre ya dio a luz? —abrí mi baúl sin fondo. Encima de todo estaba mi nuevo pijama favorita, azul claro con jirafas y elefantes pastando, a su lado reposaba Ismael.

—Sí, fue una niña. Nos la quitaron el día de su nacimiento. Queremos... quiero saber qué fue de ella y de Margaux.

—Las dos están bien, en el harem. Mi padre no las tocará hasta que ellas no sean adultas.

—¿Y usted?

—No me interesan las esclavas. Iré al baño.

No supe si Draco se quedó más tranquilo y tampoco me importaba. Me quería acostar a dormir para que este horrible día terminara. Siguiendo mi patrón ya establecido para mi primera noche en Hogwarts, me retiré mi uniforme, lo puse en la canasta de ropa sucia para que los elfos lo lavaran y me dispuse a colocarme el pijama, deteniéndome en este paso.

Alec tenía razón, me adelgacé. Viéndome al espejo, no me reconocía. Mi verano fue muy divertido sacando el lado de mi madre, nadaba, cabalgaba y trabajaba con la arcilla; y aunque comí toneladas, toda la grasa desapareció de mi cuerpo. Mi abdomen antes redondo y bonito, en el que yo pinchaba con mi dedo, se aplanó, ni un poquito cerca de los cuadritos perfectos que tenía papá en su estómago, pero ya no era una masita suave y tibia. Por otra parte, crecí. Yo ya lo había notado, cada vez era más fácil montarme al caballo y alcanzar las cosas sin ponerme de puntitas o usar magia. Hoy en la tarde al discutir con papá, pude verlo a los ojos con más facilidad.

Hasta mi piel cambió, volvió a mí el saludable bronceado que obtuve en mi primer año y que fui perdiendo en el segundo año, el cual conseguí con mis viajes esporádicos al Caribe, pero que se estaba esfumando de nuevo. Incluso parecía que mis ojos lucían más vivos.

Definitivamente me gustó lo que vi, pero ya era hora de dormir. Me metí en mi pijama y salí al cuarto; Draco entró de inmediato, ahorrándonos el incómodo intento de charla que él en ocasiones formaba a mi alrededor. Todo lo que sucedería con sus hermanas y con las hermanas de los otros hijos de mortífagos era enteramente culpa del grupo de Draco y de sus padres, ellos quisieron forzarme a mí a hacer cosas aún conociendo la respuesta agresiva que podían esperar de papá.

Cerré las cortinas de mi cama, las luces del techo se apagaron y quedé en la oscuridad absoluta. Pude oír la ducha, los pasos de Draco el fru-fru de la ropa, a mi compañero metiéndose en su cama y, posteriormente, sus ronquidos, todo esto sin lograr conciliar el sueño.

—Tempus —susurré tres veces. La primera, el reloj marcó las 9:16 p.m., la segunda las 10:52 p.m., a la tercera eran pasadas las doce de la noche y yo continuaba sin sueño. Aburrido, salí de mi cama, me calcé y salí de la seguridad de la guarida de las serpientes, dispuesto a dar un paseo.