Los corredores de Hogwarts tomaban cierto aire tenebroso de noche que me recordaba terriblemente al castillo de papá. Extrañaba mi casa, el chalet ese en el que pasé las vacaciones estuvo genial, pero yo echaba de menos mi verdadera vida, no la que estaba dentro de una prisión con aire paradisiaco.
El fresco de la noche británico con rastros del verano era un chiste en comparación con el frío usual de mi hogar, no me afectó en lo más mínimo. Me atreví a salir al exterior del terreno, interesado en el baño de luz de luna que disfrutaba el Lago Negro. Yo no era tan idiota, ni estaba tan aburrido, como para colarme al Bosque Prohibido a explorar. Permanecería en los límites de lo seguro y jugaría en el pasto, aunque, pensándolo bien, el agua del lago sacudida por la brisa me hacía ojitos para que me introdujera en ella.
Papá nunca me habló del calamar gigante que habitaba en el Lago Negro, pero yo había escuchado que era «majo»; lo vi en persona las ocasiones en que lo alimenté, no parecía una creatura agresiva. Además, una escuela no... bueno, la escuela albergaba mortífagos, corruptos y pedófilos, una bestia come hombres no se salía de las probabilidades.
—Lo que sea —murmuré.
Total, con un hechizo de fuego debía bastar para alejar al Calamar si este se acercaba a mí, ¿no?
Retirándome mis sandalias de baño, me adentré en las oscuras aguas caminando hasta sentir que el agua me llegaba a la cintura. Con dos salticos me propulsé y me giré, quedando bocarriba, perfectamente acostado en el agua; ahí, balanceándome, me dediqué a mirar el cielo estrellado.
¿Tomé la mejor decisión? Tal vez no. De lo único que estaba seguro, era que mi decisión era la más peligrosa. Papá mencionó varias veces que la señora Potter podría querer raptarme, me tendría que asegurar de no recibirle nada de beber ni comer, así como examinar mis alimentos en el Gran Comedor. Pero fuera de lo tocante a mi madre, ¿qué más había para mí en Hogwarts?
¿Amigos? Realmente yo no sentía que Alec o Neville me hubiesen extrañado, ellos ni siquiera me escribieron en verano. ¿Estudio? Quizá el estudio, pero había más escuelas y tutores privados; mis alcances mágicos no requerían de teoría, pero papá seguía diciendo que la teoría era importante. Mmm, ¿qué más me ofrecía Hogwarts?
Su biblioteca era alucinante, debería pedirle una así a papá como regalo de cumpleaños.
0oOo0
No debí tomar tanta ginebra en la cena. Je, me carcajeé entre dientes. Esos elfos domésticos son muy amables, mirar que atenderme hasta estas horas.
Sí, eran geniales, pero ellos debían descansar y yo también. Me tambaleé saliendo del castillo, mi casa y Fang me esperaban. Me prepararía un té caliente antes de... ¡Caramba! ¡Alguien se ahogó!
—Ya voy —grité inútilmente al presumible cadáver.
0oOo0
Calmado y mecido por las aguas, me empecé a atontar. Lo mejor sería no dormir allí, pero el cuerpo me pesaba. Yo me dormí antes en la piscina y en cada ocasión despertaba como si nada y bajo la atenta mirada de Barty, ¿sería más peligroso hacerlo en el Lago Negro y a solas?
Fui bruscamente sacado de mis cavilaciones al ser sujetado por mi pie.
—¿Qué...?
Quien fuese, me intentaba ahogar, porque mi cabeza se sumergió al agua. ¡¿Dónde estaba mi varita?! Grandioso, la dejé, papá iba a... oh, no me estaban ahogado, me sacaban cargado.
—Respira niño, ¡respira!
—Estoy respirando —me quejé tratando de incorporarme. ¿Quién era ese sujeto? —. Suélteme.
—Oh, gracias al Cielo, ¡estás vivo!
¿Creía que me ahogué en el lago? Eso sí era loco. El sujeto este me mantuvo entre sus brazos al estilo princesa en apuros, una proeza de fuerza que papá no lograba hacer desde hace varios años.
—¿Quién es usted? —pedí dándome cuenta que ese hombre velludo y de olor rancio no era un peligro.
—Soy Hagrid, el nuevo profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Ahh, ¡Hagrid!
—Ah, tú eres el guardabosque de la escuela —sujeté el abrigo de Hagrid, pero era inútil, él me tenía muy seguro entre sus brazos —. Lo siento, olvido las caras de las personas con las que llevo tiempo sin comunicarme.
Mi memoria era pésima, alguien con las dimensiones de Hagrid era simple de recordar.
—Así es, y ahora profesor —recalcó con orgullo. Su sonrisa se borró —. Pero ¿qué haces aquí? ¿Quisiste darte un chapuzón nocturno? —con algo de brusquedad, el señor medio gigante me depositó en el suelo.
—Básicamente.
—Pues es algo muy peligroso, niño... er...
—Harry S. Riddle.
—Señor Riddle, sí. Es algo muy... ¡¿dijiste Riddle?!
Ja, ja, se dio cuenta de mi apellido tarde. Este sujeto era gracioso.
—Sí, profesor Hagrid.
Pero él no se asustó, al contrario, negó con la cabeza y colocó sus manos en su cadera, luciendo como papá cuando yo no recogía mis juguetes.
—¿Es que quieres que te maten, Harry? Burn juró vengarse de la muerte de su hermano, el lugar más seguro es dentro de Hogwarts.
—Estoy dentro de Hogwarts, no crucé la cerca de entrada.
—Me refiero al castillo —miró a sus alrededores —. Este sitio sigue siendo peligroso, está muy cerca del Bosque Prohibido y hay todo tipo de criaturas dentro del Lago Negro, contando al Calamar Gigante.
—Yo le caigo bien al Calamar, siempre se come los trozos de pan y tocino que le doy.
El señor Hagrid bufó.
—El Calamar solo quiere a quienes le dan comida. Si no trajiste comida, no le interesas.
—Igual que la gente —murmuré, pero él me oyó.
—Exacto, niño. Igual que la gente —suspiró. Lució algo melancólico, pero sacudió su cabeza, como quitándose de encima sus pensamientos —. Siendo profesor de Hogwarts, es mi deber comunicarte que has faltado a las normas de esta institución al salir de tu sala común en horas indebidas. 15 puntos de Slytherin y una semana de detención con...
—Con Barty —pedí al verlo dudar.
—Ja —sostuvo su ancho cinturón —. Sí, claro, con un mortífago —dijo con sarcasmo —. Él te pondrá a beber té y comer galletas. No, la detención será conmigo. Ya que estás tan animado a nadar y escaparte de noche, me ayudarás a limpiar el Lago Negro antes del desayuno. De seguro, con despertarte tan de madrugada, se te quitará la falta de sueño.
Que... inteligente.
—E-está bien.
Vaya, su castigo fue muy apropiado.
—Empezaremos en dos días. Ahora, ven conmigo a mi cabaña antes de que te resfríes. Te daré té caliente y con el fuego tus pijamas se secarán.
Quise decirle que no era necesario, que yo me podía secar solo, sin embargo, él no me dio tiempo y me condujo a su hogar. ¿Irme con él sería sabio? El último profesor que se mostró tan amable resultó ser un monstruo, uno peor que papá, aun así, el señor Hagrid no me daba mala espina, nunca me la dio y tampoco me trataba mal por causa de papi.
El interior de la casa del señor Hagrid era como yo me lo imaginaba: campestre. Su perro, Fang, me encantó y el señor Hagrid cumplió su palabra al dejarme sentar cerca de su chimenea encendida, con un té y una gruesa manta.
—Ay chico —musitó él bebiendo de su té. Las tazas del señor Hagrid eran inmensas, muy acorde con el tamaño de su boca —. ¿De verdad solo saliste a nadar?
—Sí. ¿Qué más podría estar haciendo?
—Bueno, por un instante creí que... olvídalo.
—¿Qué?
—Pensé que eras un alumno que se había suicidado.
Parpadeé.
—Suicidar... eso es cuando una persona se quita la vida, ¿cierto?
—Exacto. ¿No sueles oír esa palabra?
—Realmente no —miré el fuego —. ¿Por qué yo me quitaría la vida?
—No pensé que eras tú, creí que eras alguien más.
—¿Quién?
—Nadie con exactitud, un alumno cualquiera que cometió un error.
—¿Suicidarse es un error?
—Pues... —el señor Hagrid parpadeó —. ¿Tu pijama continúa húmeda?
—No realmente.
Sí lo estaba, pero el agua ya no chorreaba de la tela, el fuego ayudó.
—Perfecto. A tu sala común, no salgas hasta que no veas el sol y sea una hora decente.
—¿Cuál de las dos? —me burlé.
—La que ocurra primero.
Y así, me echó. Divertido de lo inusual que se tornó mi noche, me fui a mi habitación y antes de meterme a la cama me sequé el pijama con magia. Debí haberlo hecho al revés y no caminar con la ropa húmeda en la madrugada, pues lo que me despertó fue la fiebre.
—Mmm... Draco ¡Draco!
—¿Joven señor?
Con los ojos cerrados, me envolví más fuerte en mis mantas, sintiéndome terrible.
—Llama a Severus, no me siento bien.
Draco, siendo el bocón que era, armó un pánico terrible, cualquiera hubiera pensado que Jacob Burn estaba en mi habitación considerando que Severus entró corriendo y con la varita afuera, seguido de Barty y... oh, oh. ¿Qué hizo Draco? ¿Qué hacía ella aquí?
—¡Dijiste que estaba en problemas, mocoso!
A Barty poco le importaba su título de profesor, él iba a insultar a los alumnos si le daban la oportunidad.
—Pero se ve terrible.
—No es lo mismo que estar en problemas, Draco —suspiró el profe Snape guardando su varita. Barty no lo imitó, él observó a mi mamá acercarse a mí. Alguien más entró, empujó la puerta, pero no lo alcancé a ver; era el profesor Flitwick, lo supe porque él gritó a los alumnos curiosos para que se alejaran —. Sal.
—Pero tío Seve...
—Obedece mocoso —le gruñó Barty y el rubio cumplió la orden, o eso supuse, estaba más ocupado sintiendo la mano fría de mi madre sobre mi frente.
—Tiene fiebre. ¿Estuviste enfermo en casa, Harry?
Apreté más fuerte los dedos de los pies y esquivé sus ojos verdes idénticos a los míos, enfocándome en el patrón de su camisa.
—No.
—¿Comiste algo en mal estado?
—No.
—¿Te mojaste anoche?
—Claro que sí.
Carajo, papá. Me traté de incorporar luchando contra un mareo. Papi estaba realmente ahí, con todos, no era una alucinación producto de la fiebre.
—¿Mi señor?
—Me temo que la escuela notifica ahora por cada detención y pérdida de puntos a los padres. Harry Salazar Riddle te paras ya de esa cama y me explicas que hacías vagando a más de medianoche por los terrenos de Hogwarts, yendo a nadar al Lago Negro y, para finalizar, como si ya no tuvieras bastante, entrando a la casa de un miembro de la Orden del Fénix.
Yo estaba más que muerto.
0oOo0
De una forma extraña y algo asquerosa, entendí el descontento de Voldemort, pero no tenía por qué hablarle así a Harry.
—Se encuentra convaleciente.
—Tiene fiebre, no se está desangrando —se burló de mí —. Y no intervengas muchacha, que, si no, me siento como si fuéramos padres divorciados peleando por la maldita custodia.
—No digas malas palabras —murmuró Harry viendo a su papá.
—¡Arriba!
Con una mueca de dolor, una verdadera y no un simple puchero, mi hijo obedeció al innecesario grito.
—Salí a dar un paseo.
—Y mientras tanto decidiste flotar como un tronco en el Lago Negro, haciendo creer a un docente que te habías suicidado.
Si Harry se sonrojó por vergüenza, como solía ocurrirle, no se le notó: a sus mejillas las enrojecía la fiebre.
—Es que no tenía sueño y el agua se veía rica.
—Harry, diré esto una vez porque no creo que necesite repetición: hay un asesino detrás de tu cabeza. Dime, ¿de verdad necesitas oírlo de nuevo?
—No, papito.
¿Papito?
—Entonces haz que sea realidad, ¡no salgas solo y a medianoche! ¿Claro?
—Como el petróleo.
Dios, era Voldemort con quien él hablaba, ¿quería ser torturado?
—No me provoques, mocoso —le dijo el hombre a nuestro hijo elevándole la quijada con su dedo. Harry sonrió y su padre le sonrió, compartiendo la broma —. A la ducha.
—¡¿Qué?! —su rostro se transformó con horror.
—La fiebre se quita con agua fría.
—¡Pero da escalofríos!
—Así sabes que funciona —se mofó.
—Hay pociones... —intenté.
—No intervengas, sangre sucia —él me frunció el ceño —. Si se enfermó por su estupidez, no recibirá pociones. Bueno, ¿y qué hacen todos aquí? Hay más niños que vigilar.
—Por supuesto, mi señor. Disculpe.
Barty Jr. retrocedió muy tranquilo, Severus me dedicó una mirada de resignación, igual Flitwick, pero yo mantuve mis pies estáticos.
—No.
Voldemort lució divertido con mi coraje.
—¿Para qué te vas a quedar? Él ya está muy grandecito para que lo bañe su mami.
—Lily, mejor no —me advirtió Severus con la mano en el pomo de la puerta. Los otros también se detuvieron, pendientes de la situación.
0oOo0
Si mi madre se quedaba ahí, mi padre no desaprovecharía la ocasión.
—Váyase —dije cortante —. Usted sabe lo que le pasa cuando se queda a solas con mi padre.
—¡Harry!
—El mocoso te está defendiendo —papá se cruzó de brazos —. No pierdas tu oportunidad. Ya tendrás tiempo de verlo en clases, muchacha, oh, disculpe, profesora Potter.
Ella masculló algo inentendible. No supe si me miró o no, yo puse mis ojos en las sábanas sudadas y en nada más. Al final, todos se retiraron, dejándome a solas con papá.
—Lo siento —murmuré.
—¿Cómo se te fue a ocurrir ponerte así en peligro?
Sonreí con suavidad.
—¿Te preocupaste por mí?
Papá puso su mano en mi cabello, pero no fue amable, dolió.
—Vuelve a ponerte así en riesgo y me vas a conocer, niño. No solo de Burn debes cuidarte, hay dementores cerca a la escuela.
—¿Cómo que dementores? —me entró el pánico, esos bichos eran aterradores y peligrosos. Papi me soltó y metió mano en el interior de su capa.
—Por ley debo soltarlos para que busquen al prófugo. Necesitarás defenderte en todas partes. Por cierto, ten, la dejaste en casa otra vez —me regañó entregándome mi varita.
—Gracias.
—Ahora, a la ducha.
Ay, ¿eso era enserio?
Alec y Neville me aguardaban en la mesa de Slytherin, papá me acompañó hasta las puertas del gran salón, me dijo «pórtate bien» y se fue a paso largo. Ocupado, como siempre.
—Hola —saludé dejándome caer con ellos. El mareo no mejoró, yo tenía la garganta seca y no quería comer; la fiebre, pequeño consuelo, me bajó un poco.
—Hola... joven señor, ¿sucedió algo esta mañana? Cuando me di cuenta, ya su padre estaba en su alcoba.
Alec no creció tanto durante el verano, pero lucía genial.
—Se enojó conmigo porque me salí del castillo a pasear.
—Enserio quieres que te maten —comentó Neville revolviendo sus huevos. Él sí creció, pero hacia los lados; Neville tenía un verdadero problema de peso —. Hay un asesino...
—Estoy cansado de ese tema, busquen otro. Y, de preferencia —añadí rápidamente sirviendo en mi plato huevos. Comería eso con algo de té —, que no involucre a la nueva profe de Defensa.
—Eso no deja muchos temas, joven señor.
—Hay uno —los dos miramos a Neville, aguardando a que soltara el chisme. Él lo hizo en voz baja —. Este año vendría a Hogwarts James, tu segundo hermanastro.
—No oí que lo nombraran en el listado de nuevos.
—No lo hicieron. Los Potter decidieron que James y las gemelas serían educados en Beauxbatons, quisieron hacer lo mismo con Nathaniel, pero el niñito montó una rabieta digna de un mico, así que le permitieron quedarse.
¿Era mi impresión o Neville estaba sonando cruel?
—¿Solo tendré que lidiar con Nathaniel?
—Y con tu mamá —Neville me sonrió.
No, no era mi impresión, él estaba siendo cruel.
—¿Quieres cucarachas en tus pantalones, Nev? —lo amenacé.
Los tres nos reímos, dejando caer las asperezas. Bueno, ellos, porque de mi parte, ¿qué carajos traía Neville contra mí? ¿Amaneció de malas? No que en eso me superase a mí.
—Debería descansar, joven señor.
—Yo encantado, pero papá no comparte la opinión de que los días de enfermedad son de descanso. Él me hizo tomar mis lecciones educativas a través de alergias, huesos rotos, quemaduras, varicela...
—Viejo, ¿tu padre no tiene compasión? Ah, perdón, lo olvidaba.
—¿Desde cuándo eres sarcástico? —cuestioné a Neville, divertido con su actitud.
Por respuesta, mi obeso amigo señaló a Alec.
—Me dejaste a solas con él. Lo grosero se pega, Harry.
—Igual lo tonto, sin embargo, yo estoy vacunado para eso, no como tú, marmota.
Sonriendo, traté de comer. La garganta me escocía tras cada bocado.
—No, de verdad Harry. ¿A tu papá no le importa que te sientas enfermo?
—Realmente no, es estricto... pues —fruncí el ceño, recordando la excepción a la regla —. Hubo una vez, a los seis años yo me caí de las escaleras y me rompí el brazo izquierdo, dos costillas y la muñeca derecha. Esa vez papá omitió todas mis clases por tres meses.
—Normal, ¿no? Con la mano derecha rota...
—Soy ambidiestro, él se encargó de eso —continué pensativo. Yo no recordaba mucho de ese accidente —. Sane en dos meses... quizá quiso asegurarse que yo estaba bien, es todo.
—Tiene sentido para mí
—Sí, tuvo que haber sido una fuerte caída. Los niños no suelen romperse costillas.
Miré a Alec.
—¿Por qué?
—Al nacer, todos tenemos una flexibilidad en los huesos que desaparece con la edad. A los diez años me rompí una pierna y las doctoras del hospital creían que mis padres me habían golpeado; yo dije que era mentira y al final me creyeron, pero en el proceso me explicaron que una sencilla caída de unos escalones no era razón para romperme el hueso, no obstante, parece ser que hay varios casos de heridas graves en niños.
—¿Cuál es tu punto? —pidió Neville queriendo el resumen de la historia.
—Que a un niño no se le rompen fácilmente los huesos, menos las costillas. O eso dijeron las médicas del hospital San Mungo.
—Yo me caí de unas escaleras y me rompí cuatro huesos —agregué.
—¿Qué tan alto se cayó?
—... no lo recuerdo.
—¿No?
—No —y por más que me esforzaba en rememorar el suceso, más me dolía la cabeza —. ¿Se demorarán en dar los horarios?
—A mí ya me lo dieron, pero Snape aún no ha llegado con los de ustedes. ¿Qué optativas elegiste, Harry?
—Cuidados de Creaturas Mágicas y Runas Antiguas.
—Yo tengo Cuidados de Criaturas Mágicas y Adivinación —me informó Neville —. Hagrid dicta la clase de Cuidados.
—¿Hagrid es el señor con sangre de gigante?
Neville lució tímido.
—Nunca le hemos preguntado por su sangre, pero sí, es el grandote.
0oOo0
Durante el año escolar, los médicos y psiquíatras de San Mungo trataron de abrir la mente de todos los alumnos que Lockhart violó, incluyéndome, pero no tuvieron éxito. Mucho de los delitos que le adjudicaron al hombre eran a causa de las declaraciones de Harry y la poca evidencia que encontraron en nosotros. Sin embargo, a lo largo del verano, mi abuela me sacó del país, llevándome a los Países Bajos. Un amigo de ella vivía entre muggles, mas era un notorio mago de las artes mentales. Él sí logró abrir mi dañada psique.
—Harry... Harry...
Sé que mi abuela lo hizo por mi bien, para que yo estuviese enterado de lo sucedido y asumiera los hechos, pero ella me hizo un daño terrible, más que el propio Lockhart: me hizo odiar a Harry.
Yo jamás fui el objetivo de Lockhart, el profesor no se habría fijado en mí de no ser porque en esas primeras noches en el castillo él fue incapaz de hacerse con Harry, primero por miedo, lo que derivó a esa noche de perros en mi primer día de escuela, la segunda vez, y las futuras ocasiones, por fallar obtener a Harry. Mi amigo era a los ojos del profesor un niño precioso, o eso decía continuamente entre gemidos, e intentó en numerosas ocasiones lograr alcanzarlo con sus hechizos sin triunfar.
—Oh, Neville. Tan gordito y de cabello castaño, de espaldas te pareces mucho al encantador Harry —palabras similares me decía él en cada encuentro.
Era obvio que Harry no era fácil de derrotar, ni en combate ni cobardemente por la espalda, como intentó el profesor: su padre le daba todo tipo de amuletos raros de seguridad, lo entrenaba y le enseñaba a matar. Enfrentarse en duelo a Harry era ir seguro al panteón, Lockhart lo sabía y me usó como premio de consolación.
Si tan solo Harry y su padre no fuesen despiadados, enemigos formidables de cualquiera, mi segundo año en Hogwarts habría sido normal.
Alargué mi mano y tomé otro pastelillo, levantándome y excusándome con Harry y su sirviente, alegando que saludaría a Luna. Ya no soportaba verlos más.
