Hola, paso por aquí para agradecer a los dos comentarios del capítulo anterior y para hacer una pregunta: ¿ustedes están bien de la cabeza? Lo digo muy respetuosamente. Todos hablaron del asunto de Neville y sí, es trágico y todo, pero... ¡VOY A MATAR A RABASTAN LESTRANGE! ¿Cómo nadie lo mencionó? ¿Tan poquito quieren a ´bastan?

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Se acabó el viernes. Aún faltaba la cena, pero las clases ya habían finalizado, lo que significaba que la red flu recién instalada en el hall de Hogwarts se inauguraría.

—¡A casa! —exclamé contento. Alec, Neville y Luna estaban conmigo, nosotros no nos uníamos a las filas de alumnos, que estaban sobre todo compuestas con alumnos de procedencia muggle que aprovechaban los últimos vestigios del día para tomar fotos de la escuela y mostrárselas a sus padres. La directora Mcgonagall repetía incansablemente el recordatorio de que esas fotos debían ser muy bien ocultadas en las casas y que nadie salvo el círculo íntimo de la familia debía verlas.

—Yo me iré mañana —nos dijo Neville —. ¿Y tú, Luna?

—Hoy hará una bonita noche, papá y yo saldremos de camping.

—Suena divertido —comentó Alec —. Yo tengo que estudiar, me fue muy mal en el examen diagnóstico de Snape.

Hablando de asignaturas, hoy tuve mi primera clase de runas antiguas... me fue como el asco.

—Yo necesito estudiar runas —dije con mala cara.

No me sentó nada bien que Granger se luciese en las dos horas de clase y yo me sentara ahí perdido y confuso en el tema. Debí haber leído esos libros en vacaciones.

—Joven señor —me susurró Alec instándome a ver la entrada del hall. Papá estaba allí.

—¡Papi! —sonreí ampliamente.

Papá apenas se inmutó al verme, pero me asintió con la cabeza. Me le acerqué corriendo, sujetando su capa.

—Hola niño.

No era que él sonase frío, sino algo desinteresado. Ah, tal vez iba a estar ocupado el resto de la tarde o justo ahora continuaba pensando en la oficina.

—Papito, ¿nos vamos al castillo? —pedí sin soltarlo.

Gracias a la normativa de papá, yo lo podría ver cada fin de semana y eso me tenía muy feliz.

—Claro, pero primero debo ir a un lugar y me da la impresión de que me demoraré mucho.

—Ah —me desinflé —. ¿Mucho?

—Sí, pero no creo que quieras ir. Es un lugar en el Callejón Louf.

O sea que no era un asunto de la oficina.

—¿Qué lugar es?

Tal vez una reunión en uno de los restaurantes finos del lugar.

—La nueva juguetería que abrieron.

—¡Yo quiero ir! —chillé.

Papá rio entre dientes y aligeró ese desinterés falso.

—Vamos, nené —me acarició la cabeza.

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Qué fácil es hacerle bromas a este niño.

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Cada vez que veía a Tom ser humano con su hijo, me entraban ganas de retroceder en el tiempo. Lastimosamente, yo no fui maestra de Voldemort, sino una de sus compañeras, sin embargo, algo podría yo haber hecho por ese niño para evitar que se convirtiera en este monstruo.

—Adiós Minerva. Si no te importa, saldré por la entrada en lugar del flu.

—Las puertas deberán darles salida. Adiós, Lord Slytherin. Adiós, señor Riddle.

—Chao profe.

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¿Cómo no se me ocurrió antes? El punto débil de Harry era su papá. Yo no comprendía correctamente cómo funcionaba la unión padre-hijo, no tuve esa unión, pero el mundo de Harry giraba entorno de su «papito». Si yo destruía esa unión, habría destruido el mundo de Harry, completando mi venganza.

—Tienes pensamientos malos —señaló Luna en voz baja.

La miré a ella y a Alec, pero el joven futuro mortífago ya se había puesto a la cola del flu para irse.

—No son malos.

¿Era una mentira? Yo no estaba buscando el daño de nadie, solo el de Harry. Yo tuve que aguantar un infierno por culpa de él, era justo que yo le devolviera el favor; quizá Harry lo ocasionó sin intención, pero a él no le haría daño experimentar el sentirse vulnerable, igual que como yo me sentí.

Porque si yo no le hacía daño a Harry, ¿quién me pagaría el mal que a mí me hicieron? Lockhart estaba muerto y yo ni siquiera lo maté con una «habilidad especial». No, yo lo maté de la peor forma para mí: permitiéndolo violarme.

Tras tomar el antídoto de la Hiedra Azul del Nilo, unté mis dedos del ungüento que cree con la Hiedra y los introduje dentro de mi ano para que al violarme Lockhart se envenenara. Tuve que ser violado. A mí me violaron mientras que Harry pasaba su año tan campante. Yo tuve miedo de que el violador fuese el mismo asesino de alumnos y que una noche yo fuese el siguiente en morir, Harry paseaba con su esclava y se peleaba con su hermanastro.

—Sí son malos —me debatió Luna. Ella besó mi mejilla y se puso en la fila para marcharse a casa. Alec ya casi se iba.

Bueno, eran malos, ¿y qué? ¿Acaso yo no merecía que la víctima fuese alguien más? Siempre era yo el que terminaba golpeado por la vida: fui el niño huérfano, el niño que casi fue squib, el niño rechazado por su casa, el niño violado. Harry era un príncipe consentido, la luz de los ojos de su padre.

¿Qué tan malo era que, por una vez, la vida me sonriese a mí y no a él?

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—Debo considerar seriamente demandar por alimentos a tu madre —murmuré revisando por quinta vez la lista de compras.

En sí, él dinero para mí no era problema, pero las cantidades que a veces gastaba en Harry eran para meter miedo.

—¿Hum?

Claro, el idiota ni se inmuta, señalé con cariño viéndolo morder su chocolate.

—Nada. Veo que tienes muy claras tus prioridades —me burlé apuntando a Ismael, el cual tenía un lugar especial sobre el regazo de Harry, rodeado de los otros juguetes y de esa suave manta que enamoró a Harry en la juguetería.

A decir verdad, pediría una para mí también: que tela tan espectacular.

—Claro —se encogió de hombros como si traer un peluche en lugar de una muda de ropa fuese algo obvio.

De repente, Harry rompió un trozo de su chocolate y lo acercó a mi boca. Recibí el bocado, aquello era algo que Harry no hacía desde hace unos años.

—¿Qué tal la escuela?

—Bien —no sonó convencido —. ¿Puedo ser cazador en el equipo de Quidditch?

¿Jugar de nuevo? Jamás atrapamos a quien intentó matar a Harry; sin embargo, con las nuevas protecciones, mi hijo debiera de estar seguro.

—Sí.

¿Qué era lo peor que podía pasar?

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Olvidé por completo estudiar runas. No debí haberme puesto a armar ese castillo de piezas, pero era divertidísimo ver cómo cada ficha quedaba en su lugar y daba la forma mostrada en el empaque. El castillo de bloques era muy grande, no me lo podía traer para la escuela, pero no importaba, le servía de decoración a mi alcoba. Lo bueno fue que papá me compró también los modelos de barcos, con eso me entretendría en la escuela.

El lunes, Barty me llevó a Hogwarts, llegando directamente a la primera clase, la cual era de encantamientos.

—¿Qué están haciendo? —apunté a un montón de alumnos de tercer año, los cuales rodeaban al conserje de la escuela. ¿Cómo era que se llamaba él?

—Entregando los permisos para ir a Hosmegade.

—¿Podremos salir a Hosmegade? —sonreí.

—No usted, joven señor.

—¿Por qué no? —exigí saber.

¡Yo quería ir a Hosmegade!

—Su padre dijo que no, que era un riesgo. Todos sabemos que Burn rodea la escuela en espera de que usted salga.

Otra vez Burn. Papá debería matarlo y acabar con mi suplicio.

—Todo el tiempo es por culpa de ese tipo —gruñí. Barty alzó las cejas ante mi tono —. Estoy harto de estar encerrado.

—Pronto acabará —mintió el mortífago —. Vaya a su clase.

Lo obedecí, pero ni buen ánimo no surgió. Sin Burn, yo no tendrá que estar en el mismo edificio que mi madre, habría tenido unas vacaciones mejores y podría salir a pasear a Hosmegade con los demás. Yo siempre era el niño diferente y ya estaba hasta la coronilla de eso.

Completé la clase de encantamientos sin alteraciones, puesto que la asignatura fue teórica, pero en pociones, por mí mismo mal humor, no logré concentrarme y arruiné mi poción. Más frustrado aún, me quedé viendo la masa gris que debería ser violeta claro, casi con la textura del agua.

—Perfecta como en cada clase —oí que felicitaban a Granger. Obvio no era Severus, él apenas ponía notas decentes por los inmaculados trabajos de la sangre sucia —. Tienes que ayudarme a estudiar, tú sí lo entiendes.

Granger me ganó. ¡Quería coger algo a golpes!

—Señor Riddle —miré hacia arriba, Severus analizaba mi trabajo con una ceja alzada —. ¿Quiso experimentar?

El sarcasmo de Sev era divertido cuando no me lo dirigía a mí.

—No me molestes, Sev.

—Cinco puntos menos por dirigirse de forma inadecuada a un docente —suspiró.

Resoplé malgeniado; él ya me lo había advertido: sin nombres propios en el salón de clases. Severus se retiró recordándonos empaquetar una muestra y ponerla en su escritorio para él asignar la calificación. Entendí la vergüenza de Neville al ir al frente con un trabajo malo, yo quería hacer cualquier cosa, incluso tomarme esa masa gris, menos ponerle una pegatina con mi nombre.

—No se ve tan mal —me animó Neville colocando su frasco en la mesa.

Agh, ¡hasta la poción de Neville lucía mejor que la mía!

—Parece vómito.

—Te luce —dijo maliciosamente Ron —. Muy con tu personalidad.

Le tiré el frasco de la poción.

—¡No! —los reflejos rápidos de Severus lograron alcanzar el frasco cerrado —. ¡¿Se volvió loco?! No sabemos qué efectos tenga esta cosa en contacto con la piel —me encogí de hombros —. Lo siento, detención una...

—Ya tengo dos semanas de detención con dos profesores distintos, toma un ficho y espera —me burlé.

—Harry —susurró impresionado de mi comportamiento.

—¡¿Eso es todo?! —exclamó Ron —. ¡Usted a mí me habría freído vivo!

—Diez puntos menos por alzarle la voz a un docente, Weasley.

—¡Pero...!

—Otros diez puntos menos. Y usted —se volteó a verme —. Tres detenciones en tres días, irá con la directora Mcgonagall por mal comportamiento.

Solté un gruñido y me giré para irme, alcanzando mi mochila dejada en mi asiento.

Tonta escuela. Y justo ahora tenía la condenada clase de Defensa con la señora Potter.

Enojado, pensar era más fácil: no fui a la clase. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¿Qué me podían hacer? ¿Obligarme a limpiar el Lago Negro todo el curso? Aparecería en los exámenes y ya, aprobando todo no importaba si faltaba o no a clases. ¿No me aprobaron ellos medio año escolar? ¿Qué importaba faltar a Defensa?

Así que no fui. Tomé mi escoba de mi baúl y me deslicé por los pasillos en dirección a la parte trasera de la escuela.

—¡¿Esa es la Saeta de Fuego?!

Volteé a ver al causante del jadeo: era Marcus.

—Sí —se la enseñé. Los corredores estaban solos, quizá él también estaba haciendo novillos —. Un prototipo. Oye, ¿crees que yo pueda volver a ser cazador?

—¿Cazador? Harry con esta escopa puedes ser buscador. Es la más rápida del mercado y nadie la tiene, será muy fácil ganar.

—Yo jamás he sido buscador.

—Solo es práctica —me aseguró mirando embobado a la escoba —. Empezamos el sábado a las nueve, los partidos inician en noviembre.

—Perfecto.

Vaya, seguir el consejo de Luna resultó más fácil de lo que yo pensaba. Debería faltar a clases más seguido.

Seguí caminando y hallé una salida del castillo. Por ahí estaban las inmensas piedras en las que Neville, Alec y yo pasábamos las tardes en mi primer año. Era un buen sitio para volar porque no me verían. O para no hacer nada y tirarme a perecear en el pasto, eso también. Me acosté a ver las nubes pasar, considerando los pro y contras de decirle a papá que me quería devolver para el castillo.

El problema era que no importaban mis argumentos, papá ya había dicho que no, que debía ser responsable y que la otra opción era irme con un elfo a un sitio cerrado. Sería cambiar una prisión por otra, no tenía sentido molestarme en irme de la escuela si iba a terminar en un sitio igual.

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—¿Qué haces aquí? —dije a Barty sin dejar de almorzar. Los raviolis estaban ricos, pero debía apurarme, tenía una reunión.

—El joven señor —fue lo único que dijo.

—¿Qué hizo ahora el mocoso?

—Casi no participó en Encantamientos, hizo una pésima poción que, por un ataque de rabia en una de sus usuales peleas verbales con Ron Weasley, le tiró al muchacho. Severus lo regañó, pero el joven señor le dijo que se pusiera a la cola en la fila de profesores que le tenían listas las detenciones.

—¿Qué no era solo una?

Está bien, no leí la carta que llegó de Hogwarts el viernes, pero yo tenía otras cosas que hacer. Imaginé que Barty podría solucionarlo, además Harry ni lo mencionó en el fin de semana. Bueno, tampoco es que yo hubiera pasado mucho tiempo con él.

—Con la de Severus son tres; y dos de ellas son por peleas, pero ahora tiene una cuarta detención y debe ir a hablar con la directora.

—¿De qué es la cuarta?

—Faltó a la clase de Defensa.

Suspiré.

—Ve y dile a ese niño que yo no tengo tiempo para ir todos los malditos días a la escuela.

—Sí, mi señor... mi señor, ¿él no va a ir a Hosmegade? ¿No es algo cruel?

—Cruel sería exponer a todos esos mocosos a un ataque de Burn. Harry permanece adentro así haga pataleta. También dile eso.

—Sí, mi señor.

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—Estúpido prefecto —murmuré.

—Lo escuché perfectamente, señor Riddle —me riñó la directora Mcgonagall.

El hermano de Ron me encontró y me llevó en medio de un sermón asqueroso a la oficina de la directora.

—Ya sé —desairé el problema con la mano —. Otra semana de castigo. ¿Cuántas van?

—Debería importarle más, todas esas detenciones son notificadas a su padre.

—Como si él tuviera el suficiente tiempo para que le importara —dije cruzándome de brazos —. ¿Por qué no puedo ir a Hosmegade?

—Debe comprender que...

—Que hay un asesino siguiéndome. Ya lo sé —exclamé —. ¿No puedo ir al Callejón Diagon?

—Mejor concentrémonos en su inasistencia a la clase de la profesora Potter, señor Riddle.

—Ya le dije, me aburrí y me fui al jardín. ¿Cuál es el problema? Yo debo saberme más maldiciones que la señora Potter.

—No es el hecho, señor Riddle —observé a la profesora. Lucía tensa y molesta —. Usted tiene la responsabilidad de asistir a clases, es su deber como estudiante.

—Yo solo estoy aquí porque no hay un sitio más seguro —le recordé —. Esta es la única prisión que encontró papá para encerrarme, así que realmente creo que no afecta en nada si soy o no un buen alumno, no es como que puedan correrme.

—No tiente mi paciencia, señor Riddle. Mientras esté en esta instalación, debe acatar las normativas.

—¿O qué? ¿Más detención?

—Suspensión, expulsión —enumeró con sus dedos —. Burn no permanecerá oculto toda la vida, darán con él pronto y usted se verá expulsado.

—¿Y qué pasa si me expulsan? Nada, me iré a casa —me encogí de hombros por enésima vez. Me levanté de mi silla dispuesto a irme.

—¿A dónde cree que va?

—Afuera. Esta conversación no tiene sentido. Da igual si me porto bien o no, tengo que estar aquí encerrado.

—Si así lo desea, señor Riddle, márchese.

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Creí que sería una buena idea, ella misma se ofreció, pero debí haber imaginado que mi hijo y Hermione no eran precisamente los mejores amigos.

—¿Sus apuntes?

—Sí, para que te adelantes y sepas lo que vimos en clase.

—Copié todo —le anunció Hermione —. Incluyendo la tarea.

Harry apenas miró los pergaminos.

—No, gracias.

—¿Cómo que «no, gracias»? —preguntó la niña con un tono de reproche —. No conseguirás mejores apuntes que los míos.

—No me voy a adelantar —nos explicó sin siquiera vernos.

—Tienes que adelantarte —dije con obviedad —. Si sientes que no entiendes algo, Hermione puede explicarte, ella es muy inteligente.

Pero Harry no se molestó en escucharme, siguió caminando desinteresadamente. Hermione lucía morada de la rabia y yo misma me enojé, ¿en qué estaba pensado Harry?

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Ja, por una larga semana, Harry se dedicó a no hacer nada. No entregó trabajos, no anotó los dictados, a veces no ejecutaba los hechizos y simplemente terminó haciendo pociones completamente diferentes en la clase de Snape. Los profesores para el viernes ya estaban a punto de matarlo, así que llamaron a su padre, quien seguro lo degollaba vivo.

Con un placer sádico que no me conocía, me relajé en la sala conjunta al salón de clases donde Harry debía quedarse a esperar a su padre. Una vez que Harry gritase a su «papito» y este lo golpeara con su cinturón, yo me daría por bien servido y me distanciaría de Harry y de Alec. Solo necesitaba un poco más de agresión entre esos dos para asegurarme que Harry no le volvería a dirigir la palabra a su papá.

—Hola nené.

Oh, empezó el espectáculo.

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—Hola papá.

Mi gallardía y bravuconería desapareció ante la vista de mi padre.

—Así que te estás amotinando —se burló sentándose junto a mí en la mesa. La directora Mcgonagall, mi madre y Severus ocupaban unas sillas junto a la mesa del docente.

—¿Ha leído el informe que le entregamos?

—Sí. Comportamiento pasivo-agresivo.

—Exacto. El señor Riddle está buscando una expulsión —la profesora Mcgonagall procedió a intentar narrar los sucesos de esta semana, pero papá levantó la mano para acallarla.

—Barty me ha mantenido al tanto de todo —dijo papi girando su silla para encararme. Él no lucía ni enojado ni furioso —. Mírame Harry.

Obedecí lamiéndome los labios. ¿Qué me haría papá? Por otra parte, era papá, lo que sea que él considerase correcto, estaba bien, él nunca abusaba.

—Lo siento.

—No me interesa tu disculpa —dijo tajante. Cerré la boca —. ¿Por qué hiciste todo esto? ¿Cuál era tu meta?

—¿Mi meta?

—¿Qué quisiste conseguir haciendo un boicot?

—Es que... ¡quiero ir a Hosmegade!

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Quise rodar los ojos. ¡Claro que se trataba de ese maldito viaje escolar!

—Dejarte salir expondría a toda la escuela, eso sería irresponsable y no se puede.

—¡Ya no quiero estar encerrado aquí!

Agh, otra vez los gritos. No obstante, por fuera mi expresión no cedió, mantuve el rostro sereno. Harry estaba siendo un caos, yo debía ser la calma.

—Puedes salir cada fin de semana. Incluso, si quieres, puedes ir a dormir por las noches a casa.

—No se trata de eso.

—Dime de qué se trata —no quise meterme en su mente, necesitaba que él lo dijera, aunque parecía que yo no lo iba a conseguir tan fácil —. Habla, Harry.

No habló, explotó.

—¡Estoy harto de estar aquí! ¡Todos los malditos días tengo que escuchar los susurros de todo el mundo! ¡No dejan de hablar de mí y de esa mujer! —apuntó con su dedo a la señora Potter —. ¡Nathaniel me vive jodiendo en las comidas y nadie hace nada! ¡Odio a Hermione y su puta prepotencia! ¡Nunca veo a Barty, está demasiado ocupado! ¡Lo único que quiero es golpear las paredes! ¡Y no entiendo una mierda de Runas Antiguas! —lo último lo gritó a pleno pulmón. Con un tono de bebé regañado, Harry agregó —. Dijiste que esa materia era fácil.

¡¿Cuántas groserías dijo?! ¿Ese era mi Harry?

Abrazo. Él necesitaba un abrazo.

—Ven acá — abrí mis brazos y él corrió hacia mí, recibiendo el afecto que tal vez sentía que yo le trasmitía.

Ok. Compañeros molestos, una materia difícil: estrés escolar; era algo con lo que Harry tenía que lidiar, si no, de mayor, carecería de manejo de la frustración. Sin embargo, había una tercera fuente de estrés con la que Harry no tenía por qué lidiar.

—Vamos por partes —le dije —. Haremos un trato tú y yo.

—¿Un trato?

—Sí. Entrenarás cada fin de semana con los Lestrange y los Carrow. Si para diciembre veo que eres competente en duelo, la señora Potter se va.

—¡¿Qué?!

Miré a la muchacha.

—Eres una fuente de estrés. Mi hijo no va a tener una úlcera a los 13 años por tu culpa.

—Si va a tener una úlcera es por su incapacidad de manejar el estrés debido a tu alcahuetería —argumentó —. Todo el mundo tiene problemas, él se está ahogando en un vaso de agua.

Harry levantó la cabeza. Maldita sea, la escuchó.

—No es un vaso de agua —tartamudeó Harry viéndola.

—No importa si es un vaso de agua o una piscina —dije —. Lo importante es que Harry se está ahogando — el niño me miró con sus ojitos muy abiertos, siendo la imagen misma de la confianza. Ok, ¿validar emociones? Listo. ¿Calmarlo en su casi ataque de pánico? Listo. Ahora, soluciones —. Déjenme a solas con él, este problema de comportamiento lo acabaremos hoy.

—No hemos ni hablado —me recordó Minnie.

—Tranquila, directora. Confíe en mí, esto se acaba hoy.

Harry hizo una mueca presintiendo un regaño y se acomodó de nuevo en mi pecho. Los profesores salieron lentamente. Al cerrarse la puerta, continué meciéndolo.

—¿Me vas a regañar?

—¿Servirá de algo o también me harás un boicot?

—Lo siento.

—Escucha Harry, yo no puedo venir a hacer esto todos los días y tú no te puedes quedar sin una educación —le expliqué separándolo de mí para que nos viéramos a la cara —. Así que solucionemos esto.

—¿Tú crees que me estoy ahogando en un vaso de agua?

—Creo que olvidaste nadar y te dejaste hundir. El año pasado lidiaste a la perfección con Granger.

—Ella se está burlando de mí, es la mejor de la escuela y yo no hago nada.

—¿De quién es la culpa? —lo increpé con una ceja alzada. Harry hizo un mohín —. Lo de Granger es muy sencillo: sé el mejor. No dejes que te supere, haz que ella muerda tu polvo —si creció tanto, sus hormonas tenían que andar por ahí revueltas; Harry era varón, la testosterona lo hacía competitivo.

—¿Así se callará?

—Así aullará de la rabia.

Harry rio entre dientes.

—Pero ¿y Runas? Es que enserio no lo entiendo. ¿Puedo cambiar la materia?

—No señor, sin rendirse. Por Runas Antiguas no te preocupes. ¿Diste lo máximo de ti al estudiar?

—Sí, pero igual no entendí.

—Tranquilo. Este fin de semana vamos a estudiar.

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Maldita sea, maldita sea.

¡Creí que lo iba a matar! ¡Que lo insultaría! ¡¿Por qué le tenía paciencia?! ¡¿Por qué lo trataba bien?! ¡Él era un monstruo! ¡¿Por qué no podía ser un monstruo cuando yo lo necesitaba?!

En medio de mi rabia, localicé una segunda emoción: envidia. Yo quería un padre así, pero no, lo que tenía era una fotografía y una historia trágica.

—Papito, ¿puedo unirme al equipo de Quidditch?

—Solo si veo que esas notas mejoran.