Sakura7893: Harry es un buen niño, pero es egoísta. La prioridad de él es él mismo, él no maneja bien la frustración.
Giulianacontesso: Por ahí va la idea.
JessyRiddleFriki-Black: Agh, ni tan buen padre. De hecho, Voldemort ya empieza a presentar falencias en la educación de Harry. Ese cuentico de validar emociones en los niños no es del todo cierto; Voldemort cometió el error de no haber prestado atención a la carta de la escuela, falló él ahí, él creyó que Harry le notificaría de un nuevo castigo, lo que no ocurrió. Si Voldemort hubiese estado pendiente, le habría metido un regaño a Harry y nada de lo que pasó hubiese ocurrido; por otra parte, él no debió haberlo abrazado, o tal vez sí, después, pero primero tenía que hacer que dejara de gritar, dejarle en claro que lo que hizo fue inaceptable y ya después sí consentirlo un poco.
¿Por qué Voldemort hace esto? Voldemort no tuvo quien cuidase de sus propios sentimientos, que sea un psicópata no significa que no pueda sentir miedo, que no se abrume o que no al ser tratado mal no resulte herido, especialmente de niño. Voldemort ha hecho lo que muchos padres que tuvieron una mala infancia: compensar en su hijo. Ellos no desean que sus hijos sientan lo que ellos sintieron, así que los sobreprotegen.
Tast Cullen: Créame, van a amar a Rabastan antes de que se muera. Lo de Neville se enredó y a muchos no les gustó, pero es lo que hay, el mundo tiene ese tipo de giros retorcidos. Sobre lo de Harry, no, Harry no está saliendo de su niñez. Si lo analizamos, Harry manejó mejor su frustración en el libro anterior, donde tenía a Elena, quien lo obligaba a ser el líder, a ver por alguien más y a enterarse de la crueldad del mundo; en el momento en el que Harry prescindió de sus responsabilidades respecto a las esclavas, él retornó a su comportamiento infantil, dejando de pensar en los demás y solo pensando en él. Todo lo que ocurrió fue porque Harry está malcriado y no sabe controlarse, como ocurre con un niño.
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Llegó noviembre. Papá tenía razón, como siempre. Con la promesa de que la señora Potter se iría tras las vacaciones si yo entrenaba con los Carrow y los Lestrange, me fue más fácil concentrarme en los deberes de la escuela; mi agonía acabaría pronto. Empecé a poner cuidado en clase, a copiar cada palabra de los profesores, a ejecutar los hechizos de mis libros adelantándome a las clases, y mis notas subieron como la espuma, dejando muy atrás a Granger, lo que resultó tan satisfactorio como me anunció papá.
El estudio con papi, más unas pociones que según él eran para el cerebro y la concentración (hagan de cuenta el ginkgo biloba), me ayudaron a entender las runas. ¡Papá era un gran profesor! Me bastó una tarde con él para comprender todo; papi dijo que no era una cosa suya, sino que la maestra no era buena explicando. Eso significaba que todos mis compañeros de la clase de Runas Antiguas tenían dificultades, incluyendo a Granger, mientras que yo cada fin de semana recibía asesorías de papá. La diferencia fue más que notoria.
—Oye, ojos verdes.
Parpadeé en dirección de Seamus. No esperaba su saludo informal en la biblioteca.
—Hola, Seamus.
¿Cuánto tiempo llevaba yo sin hablar con él? ¿Desde el primer año?
—Decidí matricular Runas Antiguas y ahora me estoy arrepintiendo. ¿Crees que me puedas explicar?
—Claro, siéntate.
—¡¿Qué haces?!
—¡Señor Weasley! —la bibliotecaria silenció a Ron con su usual agresividad —. ¡Haga silencio o sálgase!
—Lo siento, madame Prince —se disculpó antes de acercarse a nosotros con un rostro malgeniado. Era gracioso ver enojado a Ron porque su rostro se emparejaba al tono de su cabello —. ¿Qué crees que estás haciendo hablando con Riddle?
Seamus se encogió de hombros.
—No entiendo una mierda de runas y él sí. ¿Por qué no habría de hablarle?
—Porque es el enemigo.
—Viejo, bájale a tu histeria y a eso de las enemistades. Hace un año éramos amigos todos.
—Hasta que él me atacó —dijo tan alto como pudo, lo que no era mucho.
—Porque intentaste meter un ejército a su casa —me defendió Seamus.
—Y robar mi pluma —agregué alegremente, como si robar una estilográfica fuese equiparable a una batalla campal.
—Ah sí —asintió Seamus.
—De todas formas, allá está Hermione —nos la señaló. Granger era más puntual en la biblioteca que la propia madame Prince. La presión de estar en el segundo lugar estaba acabando con ella de forma literal: su cabello estaba horrible, Neville dijo que ella ya no se lo lavaba sino una vez por semana para dedicar tiempo al estudio, Luna mencionó que Granger intentó cursar todas las electivas disponibles, cosa que no se le permitió porque el ministerio no quiso entregarle un giratiempo, así que ella veía cuatro electivas, lo que ya era mucho y no le estaba permitiendo dormir, además, mi presencia en las clases le destrozaba los nervios —. Puedes preguntarle.
—¿Y qué me insulte? —protestó Seamus —. La última vez que le pedí ayuda me gritó por cinco minutos y me llamó sanguijuela. Olvídalo.
—¿Sanguijuela? —me interesé.
—Sí. Son criaturas que...
—Sé lo que son, pero ¿por qué te dijo así? No eres tan viscoso —bromeé.
—Oye —me palmeó el brazo con diversión —. ¿Me ayudas o qué?
—Claro.
—¡¿Cómo se te...?!
—¡Ron Weasley! ¡Fuera de la biblioteca!
—¡Pero...!
Golpeándolo con un periódico, madame Prince persiguió a Ron todo el camino fuera de la biblioteca. Resoplé.
—¿En qué necesitas ayuda?
—En todo.
Todo era todo, Seamus enserio estaba confundido. Ayudarlo resultó interesante, era como ver mis propias dudas en él y al finalizar la tarde, yo sentí que también había estudiado.
—Genial, sí, tiene sentido, pero ¿cómo se supone que voy a memorizar este alfabeto para mañana?
—¿Mañana?
—¿No lo recuerdas? Hay examen.
Ups.
—Lo olvidé, tengo problemas con encantamientos —señalé mi libro de texto abierto, y olvidado, en la mesa.
—Pero eres el mejor de la clase.
—Hacer el hechizo es fácil, pero se me olvidan los nombres y eso es lo que me examina el profesor.
—Ah. Bueno, gracias. Iré a verte volar el sábado.
Mi primer partido como buscador. Esperaba que me fuese bien.
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—Quiero terminar contigo.
Tres palabras que me tumbaron el mundo.
—¿Por qué? ¿Qué hice?
—Nada —recalcó —. Neville, no has hecho nada: no me hablas, no pasas tiempo conmigo, te la pasas comiendo y maquinando. ¿Crees que no me doy cuenta de cómo miras a Harry? Lo detestas y finges ser su amigo. Alec ya lo notó y le va a decir a Harry el lunes.
—Yo... ¿es porque estoy gordito?
Luna me sonrió.
—Eso no me importa, aunque deberías cuidarte, no querrás sufrir de problemas en la salud.
—La comida me hace sentir mejor.
—Deberías ir a un psicólogo. Lo siento Neville, pero hasta aquí llegó nuestra relación.
Viéndola marcharse, unas palabras se repitieron en mi mente:
«Alec ya lo notó y le va a decir a Harry el lunes.»
Yo tenía hasta el lunes para destruirle la vida a Harry. ¿Qué iba a hacer?
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—¿Sangre pura o mestiza?
La notificación del declive de salud de Rabastan fue un shock para mí, pues él lucía perfectamente, salvo esa extraña tos que no se le iba.
—¿Discúlpeme?
—Dijiste que querías engendrar hijos, ¿quieres que la mujer sea sangre pura o mestiza?
—Tengo entendido que las mestizas son más fértiles.
—Así es. Chicas jóvenes y mestizas siempre dan a luz.
—Una así, mi señor.
—Tres. Deja tres hijos; entre Rodolphus y yo nos haremos cargo de todas sus necesidades.
—Muchas gracias, mi señor. ¿Quiénes serán ellas?
Acaricié mi escritorio pensando.
—Hay una salida a Hosmegade programada para los de séptimo año mañana por la tarde. Te traeré las más bonitas.
—Gracias, mi señor.
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—Tenemos un problema, señor Riddle.
Parpadeé, la profesora de Runa me miraba sonriente, así que no debía de ser un gran problema. Tras nuestro examen, ella nos dio pidió leer las páginas 24 y 25 de nuestros libros, pues dejaría una tarea al respecto; en ese tiempo ella calificó los exámenes y ya los estaba entregando.
—¿Cuál?
—Sacó más nota de la posible, ¿qué hago con esos puntos extra, eh?
Sonreí recibiendo mi examen con una gran O+.
—¿Me los regala? —se burló Seamus sacándonos a todos una risa.
Bueno, no a Granger, ella...
—No tires tu libro, niña —la regañó la maestra después de que Granger estampara su libro contra su pupitre en lo que yo esperaba que fuese un ataque de rabia. La profesora siguió entregando los exámenes y, al finalizar la clase, dijo —: Traigan realizados los ejercicios de la página 26.
Seamus me interceptó en las escaleras.
—¿Tú entendiste algo de la lectura?
Negué con la cabeza.
—Papá me explica los sábados en la tarde. Deja que yo entienda y te lo explico el lunes.
—¿A qué horas? Es la primera clase de la semana.
—Oh, cierto... esta noche le pregunto si te permite ir mi casa y que nos explique a los dos.
Seamus separó los labios ligeramente.
—¿A tu casa? ¿Yo puedo ir?
—Pues si él dice que sí...
En ese momento escuchamos un portazo, Granger había salido llorando del salón de clases y pasó por las escaleras empujando gente, con el cabello enmarañado tapándole el rostro.
—Esa chica está muy mal —comentó el irlandés.
—Creo que no le gustó no ser la mejor alumna —me burlé.
—Ojos verdes, ¿tú haces esto a propósito? —se sorprendió.
—Am, ¿un poquito? —resoplé, pero él no le vio la gracia.
—Harry, no es justo.
—¿Por qué no? Ella me hace la vida cuadritos cada vez que puede.
—Sí, pero es porque es una perdedora —argumentó. Vaya, yo nunca había escuchado a otra persona referirse así de alguien —. Tú tienes una vida, amigos, practicas deporte, te la pasas jugando: eres una persona feliz. Hermione no vive por fuera de las calificaciones, ella... ella tiene un serio problema de autoestima.
—¿Qué es autoestima?
—Amor propio —wow, que feo debía de ser Granger —. En fin, solo te lo digo por si te interesa que a la pobre no le vuele la cabeza —y acercándose en confidencia, agregó —. Aunque tienes razón, es un poco divertido verla tener una probada de su propia medicina.
Nos reímos juntos y seguimos bajando la escalera. Seamus era divertido, lo había olvidado; con Alec tan ocupado con sus pruebas de TIMOS, solo estaba pasando mi tiempo con Neville, pero él estaba algo raro. Papá dijo que no le pusiera cuidado, así que no vi problema en invitar a Seamus a pasar la tarde conmigo, ya que mientras él estudiaba yo continuaba con la cerámica.
—¿Tú hiciste todo esto?
Ventajas de tener un papá rico: papi, literalmente, me compró un salón de la escuela. Ahora yo era poseedor de un salón de clases que permanecía cerrado con llave, la cual solo tenía yo, para poder practicar la cerámica y dejar secando mis «obras de arte».
A lo que Seamus se refería era a la cantidad de vasijas y platos que ya había hecho yo.
—Sí, aquí me entretengo cuando me canso de estudiar.
—Cool. ¿Qué es esto?
Hice una mueca al ver lo que él señalaba.
—Se supone que es una lagartija.
Seamus hizo un mal intento en cubrir su risa ante mi patética escultura. Animándolo a reírse, ocupé mi silla frente al torno. Él se puso a estudiar en una de las pocas mesas que yo dejé dentro del salón y yo tomé un puñado de arcilla blanca. Hora de hacer la lagartija #02.
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Las miré como un depredador a su presa, reconociendo a las más indicadas. Rabastan era un leal servidor, me aseguraría que disfrutara los últimos instantes de su vida. Aunque yo mismo no encontraba atractivo sexual en niñas de 17 años, yo conocía muy bien a mi siervo, él babeaba por una chica así.
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Lavarse las manos después de usar la arcilla era un tormento, pero esta vez las patas de la lagartija quedaron bonitas y muy parecidas a la de la imagen que tuve que pegar en la pared del salón para guiarme.
—Enserio te sale muy bien —me felicitó Seamus —. Yo no sabría ni por dónde empezar.
Me ruboricé incómodo por su halago.
—Todo es gracias a Barty, él es quien me explica.
—Se ve amable, dicen que es un buen profesor... ¿qué es ese revuelo?
En resumen, nos encerraron a todos y cancelaron los viajes a Hosmegade, no que a mí me importase, por la desaparición de tres estudiantes de séptimo año. A lo largo de la cena se habló de Burn, de pedófilos, incluso de mortífagos, pero los siervos de papá no habían hecho ni un solo ataque tras el nombramiento de mi padre, no a la población mágica al menos, así que la culpabilidad de papá se descartó.
Yo cené con normalidad, Seamus y Alec terminaron hablando del partido de mañana y Neville... oh el pobre estaba hecho polvo tras su rompimiento con Luna, del cual me informó la propia chica.
—Mira como apuñala sus papas —le susurré a Alec robándole miradas a mi amigo —. Pobrecito.
—Mm, sí. Joven señor, tengo que hablar de algo con usted.
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—¿Qué sería?
Me detallé el rostro abierto e inocente de mi joven señor. Él era una muy buena persona que no se merecía el odio que extrañamente le profesaba Neville.
—Yo... después de su partido. No quiero distraerlo.
Y aunque con otras personas un silencio era una mayor fuente de distracción, el joven señor se encogió de hombros y continuó con su cena. Él era así de tranquilo y confiado.
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Llegó el momento del partido. Entrené para esto cada semana, Marcus me hizo desayunar, almorzar y cenar movimientos de Quidditch estos últimos días, yo estaba listo para salir y coger la snitch a la primera oportunidad.
Todo fue como la última vez: salimos y fuimos aplaudidos, tras una breve introducción montamos las escobas y nos elevamos en el aire. Soltaron la snitch y a las bludger, al lanzar la quaffle al aire el juego comenzó. Yo de inmediato me elevé por sobre los demás muy confiado, el partido era contra los Gryffindors y como la buscadora de ellos era la hermanita de Ron, de 12 años, ambos equipos llegaron al mutuo acuerdo de que los golpeadores no atacarían a los buscadores por ser nosotros tan pequeños en comparación con ellos, quienes todos eran de quinto años para arriba.
Anotamos varias docenas de puntos; yo jugué con la hermana de Ron, fingiendo que había visto la snitch y haciéndola perseguirme en vano. La idea era que me pasara lo del pastorcito mentiroso y que cuando fuese verdad, ella no me pusiese atención.
Hablando de la verdad...
Allá estaba el brillo dorado. Me tiré en picado sin dudar, pero la snitch giró a la derecha, cosa que yo hice de forma brusca, luego se elevó y se perdió entre las nubes, mas yo continué detrás de ella, dispuesto a tomarla.
—¡Riddle la encontró! ¡Esta vez es enserio! —gritó el comentarista —. Weasley va tras él, pero no creo que alcance la velocidad de la Saeta de Fuego.
Eso era verdad, yo tenía una buena ventaja. En fin, ¿dónde estaba...? Que frío.
¿Por qué podía ver mi aliento? Bueno, ya se acercaba el invierno, los días eran grises, pero aún no nevaba. ¿O sería que justo hoy iba a nevar? O quizá...
¡La snitch!
—¡Desciendan! ¡Salgan de la cancha de Quidditch!
Ah, sí iba a nevar. A veces cuando la nieve aparecía se cancelaban los partidos, pero yo no me iba de allí sin esa bolita dorada. Practiqué mucho para darme por vencido por una miserable nevada.
—¡Riddle baja!
—Ahorita —grité riéndome, aunque no era escuchado.
—¡Harry! ¡Baja!
La voz amplificada de papá sí detuvo mi escoba. Me senté allí, muy cerca de la barrera protectora de la escuela. Todos habían bajado y papá, Sev y Barty volaban en mi dirección. ¿Qué ocurría? Solo era nieve.
De golpe, algo obstaculizó mi visión: era una creatura negra. De inmediato me empecé a sentir mal, triste y molesto. ¿Qué ocurría? La creatura se me acercó más; detecté muy tarde que esa cosa era un dementor que se acercaba para besarme.
Los besos de los dementores no eran como los de las chicas, no, eran horribles y sin opción de regreso. Una vez ocurrido, estabas acabado. Y yo no tenía fuerzas para moverme porque no dejaba de escuchar la voz de alguien que gritaba y lloraba.
Supe de quién se trataba cuando el bicho estuvo frente a mí, tan cerca que pude ver la horripilante creatura que se ocultaba bajo la capucha.
El que gritaba era yo.
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Sujeté a Harry apenas cayó, el dementor que trató de succionarle el alma a mi hijo estaba siendo prendido en fuego por Barty y Severus. El pobre Harry estaba muy pálido.
Necesitaría llevarlo a la enfermería de inmediato, pero mi hijo se había salvado.
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¿Qué es esto?, pensé. ¿O dije? Bueno, yo estaba en mi mente, así que era lo mismo.
Fue todo un ejercicio de oclumancia suprimir el miedo que el dementor me estaba provocando para poder centrarme en lo que ocurría dentro de mi mente. Era como una foto en movimiento que no se repetía, sino que seguía y seguía. Por algún motivo, esta imagen era del mundo muggle.
¿Acaso el dementor succionó mi alma?
No, me dije. Papá estaba ahí.
Era cierto, papá no dejaría que esa cosa me tocara. Eso significaba dos cosas: uno, yo estaba a salvo, dos, el miedo no era por el dementor. ¿Por qué el miedo no se detenía? ¿Por qué estaba atrapado en mi mente?
Frunciendo el ceño, dejé que el miedo viniese a mí con suavidad; al hacerlo, volvieron los gritos, mis gritos. ¿Cuándo grité así? ¿Era un recuerdo suprimido? Si lo era, ¿por qué aparecía una ciudad muggle? Todo esto era muy confuso, tenía que hallar el origen del miedo. Caminé por la ciudad tratando de seguir las emociones sin sofocarme por las mismas, creyendo que me toparía con personas o un accidente, lo que fuese que ocasionase el miedo, pero lo que encontré fue un árbol con luces y mucha decoración.
¿Qué era ese extraño árbol? ¿Por qué tenía regalos bajo él y cartas dentro de su follaje?
¿Y si leía una de las cartas?
Me estiré para alcanzarla, el árbol era inmenso, pero al tocar el papel, retrocedí. Esto no era un recuerdo mío, era uno falso; papá me hizo desarmar muchos recuerdos falsos en las clases de oclumancia. Impulsé mi magia al árbol, el inicio del recuerdo ficticio, esperando suprimirlo y caer en mi verdadero subconsciente. Se suponía que al eliminarlo se iría el miedo, pero no fue así, el miedo continuó y esta vez sin filtros. No aparecí en la negrura habitual de mi mente, sino en el castillo de papá. Esto me dio mala espina.
El recuerdo falso estaba ocultando un recuerdo suprimido. En este recuerdo papá estaba borracho y yo tenía 6 años.
—Papito —me vi correr hasta él. Papá terminaba una botella de whisky sin delicadeza alguna; era de día, pero por ahí no había nadie —. Papá, mira este libro —le enseñé un ejemplar colorido y rojo —. Yo quiero el árbol de navidad, y los regalos, ¡muchos regalos! Y conocer a Santa Claus.
¿Quién era Santa Claus? ¿Qué era un árbol de navidad?
Era obvio lo que iba a pasar, papá tenía su rostro asesino. Igualmente, me quedé ahí quieto, incapaz de apartar los ojos.
Papá me pegó. No con su cinturón, no por disciplinarme. No, me golpeó con claras intenciones de matarme. Los gritos eran míos, el llanto era mío. Uno a uno oí como se rompían mis huesos, presa del pánico. Alec tenía razón, una caída por escaleras era una rara forma de romperse tantos huesos.
La negrura acudió a mí, el recuerdo se terminaba porque yo perdía la consciencia. Antes de que finalizara, logré ver a papá detenerse, espantado de lo que había hecho.
—¡Harry!
Desperté muy bruscamente, horrorizado como nunca antes.
—¿Harry?
Era papá, quien me sonreía.
Grité.
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—Harry, tranquilo —traté de sujetar a mi hijo, pero él no se dejó.
¿Un lapso de psicosis tras el ataque? Eso era algo más que entendible.
—¡Suéltame!
Desesperación, miedo. Harry jamás me hablaba así, salvo el día que...
—Espera, ¡Harry! —traté de agarrarlo, pero su magia me repelió y me impulsó hacia atrás.
Harry no me atacaba jamás. Algo estaba ocurriendo.
—¡Señor Riddle! —exclamó la enfermera, quien llegó corriendo.
Harry, sin lograr ser alcanzado, huyó de la enfermería.
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Tengo que irme, tengo que escapar.
Mi padre quiso matarme, mi papito casi me mata.
Llorando, me perdí entre los pasillos baldíos. Era de noche. Salí al jardín, dispuesto a usar la puerta de entrada para escaparme.
—¿Harry?
—¡Neville! —grité. Mi amigo estaba bajo la sombra de uno de los árboles que rodeaban al Lago Negro.
—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
Neville, podía confiar en Neville.
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—Papá, él... papá intentó matarme cuando yo tenía 6 años. ¿Recuerdas el accidente de las escaleras? Era mentira. Él suprimió el recuerdo en mi mente y lo sustituyó con un recuerdo falso para que yo no me enterara de la verdad.
Mi oportunidad se presentaba ante mí en bandeja de plata.
—Tienes que irte.
—Eso quiero hacer, pero... papá es papá. ¿Y si hablo con él?
—No, Harry. Tu padre es... es un monstruo, tú lo sabes. Si ya te hizo daño una vez, ¿quién nos dice que no lo hará de nuevo? Lo mejor es que te vayas.
—¿Tú crees?
—Sí —me detallé en su ropa. Harry no cargaba su uniforme de Quidditch sino su clásico overol de mezclilla y una camisa manga larga azul oscuro, ropa que sin duda le trajo su padre para hacer su estadía en la enfermería más confortable —. Tienes que ir por tu varita y el mapa de la escuela. Yo sé que ahí se muestran salidas de la escuela.
—... sí, sí, tienes razón. Gracias Neville.
Harry me sorprendió abrazándome antes de devolverse para el castillo.
Obvio Harry no huiría a tiempo, su padre lo alcanzaría. Como fuese, no me importaba. Por pura casualidad, logré mi venganza.
Le sonreí al Lago Negro y me fui de ahí, no debía dejar que me vieran.
