Los ojos azules de Erwin lo miraron de forma seria y entonces preguntó:
—¿Qué lo hace sospechar de uno?
Levi suspiró y desviando la mirada contestó:
—Me hice un test hace unos días y dio positivo. Sin embargo, he escuchado que estos tienen un margen de error y es por lo que vengo a verificarlo.
—¿Y por qué se realizó el test? ¿Presentó algún síntoma? —prosiguió Erwin.
El doctor vio como el omega asintió de mala gana. De hecho, no había que ser un genio para darse cuenta de que este era un embarazo no deseado. Levi no mostraba mayor emoción y tenía un humor de perros, además su aroma había cambiado a tal punto de ser comparado al pasto quemado.
—¿Es necesario tantas preguntas? —preguntó Levi impacientemente— Solo necesito hacerme lo que sea necesario para descartar un posible bebé.
"Que directo", pensó Erwin para sus adentros. Sin embargo, lejos de enojarse trató de empatizar con el pelinegro. Después de todo, había pasado por tantos pacientes con situaciones similares y no le sorprendió para nada esta reacción en el omega. Incluso algunos habían sido bastante peores.
—Yo…lo siento— dijo el omega frotándose las manos—no quise elevar la voz de esta manera. Es solo que esta situación es difícil para mí. Y de verdad necesito saber a ciencia cierta lo que tengo.
—Un bebé no es para menos, señor Ackerman— defendió Erwin con tranquilidad—aun así, debe entender que las preguntas que le estoy haciendo forman parte del protocolo para dar un diagnóstico.
—Lo sé— Respondió Levi asintiendo.
—Mire haremos lo siguiente, podemos hacerle un examen para detectar un embarazo o bien hacer un ultrasonido.
—¿Es posible hacer ambas?
Erwin asintió y tomando su lapicera de color azul escribió.
—Mientras hago la orden, ¿Me podría decir cuáles fueron los principales síntomas?
Palabras como mareos, vómitos y cansancio fue lo que anotó Erwin en su libreta. Lo bueno de este interrogatorio es que pudo descubrir muchas cosas del pelinegro. Efectivamente era un omega, tenía 30 años, había nacido un 25 de diciembre, y era sangre O negativo. Hasta ahora todo había sido normal, pero algo que le llamó la atención fue que era soltero. De hecho, cuando lo pesó y midió pudo notar que no tenía marca alguna en su nuca.
"¿Acaso no está enlazado?", pensó Erwin mientras tomaba nota. Apretó el lápiz con inquietud y comenzó con la siguiente ronda del interrogatorio.
—¿Su estado civil?
—Soltero— respondió Levi secamente.
Erwin frunció los labios. Pese a que conocía al sujeto hace tan solo cinco minutos, la aclaración le alegró, aun así, sentía cierta incertidumbre. Entonces decidió proseguir con la segunda pregunta:
—¿Tiene una vida sexual activa?
—Ehhh….
Levi dudo de su respuesta. Su vida sexual era incierta. Antes de que Zeke llegara a hacer un revoltijo en su vida, no había estado con nadie desde la universidad. Tal vez una que otra cita ocasional para tener un poco de sexo casual, pero nada fue duradero.
—La verdad es que es algo complicado— dijo Levi rascándose la cabeza—pero podría decir que no es activo. O al menos no por ahora.
—Entiendo— dijo el alfa meditando la respuesta— Bien, el examen tomará algunas horas, se le enviará al correo electrónico una vez que tengamos los resultados. Si le parece, podríamos proseguir con la ecografía. Debe recostarse y elevar la camisa por favor.
Levi asintió y comenzó a desabotonarse la prenda de color blanco. Se sentó en la camilla e intentó relajarse. Observó como el doctor se puso los guantes quirúrgicos y se acercó a él.
—El gel es algo frio, podría resultarle incomodo.
Al omega no le importó en lo más mínimo, solo quería salir de ahí de una buena vez. Además, rogaba porque todo fuera una falsa alarma, que ese test de embarazo se había equivocado y que todo se tratase de un chiste de mal gusto. Sin embargo, no podía ser tan optimista. La mayoría de las veces que tuvo sexo con Zeke tenía que obligarlo a que usara condón. El rubio siempre alegaba de que lo apretaba, pero pese a sus quejas Levi siempre mantuvo la mano firme.
—¿Cuándo fue la última vez que tuvo relaciones? —preguntó Erwin mientras miraba la pantalla.
Levi chasqueó los labios e intentó recordar. De pronto su mente evocó un fugaz recuerdo. Fue tan claro como el agua a su parecer. De hecho, aun podía sentir el calor de ese celo que se desencadenó en su oficina. Había comenzado cerca de los nueve de la noche, tras terminar un trabajo para el día siguiente. Zeke también se había quedado hasta tarde esa vez y lo había tomado con la guardia baja. Para cuando fue consciente de lo que había pasado, se encontró tres días después en la soledad de su departamento y completamente desnudo. Lo único que había dejado rastro del alfa fue una nota sobre el velador diciéndole que más tarde se contactaría con él.
De eso había pasado un par de meses, pero estaba seguro de que en caso de que un bebé estuviera alojándose en su interior, esa sería la instancia de su concepción. Lo más seguro es que el tipo ni siquiera tuvo la decencia de usar preservativo durante su calor. Lo peor es que solo tenía vagos recuerdos de lo que había pasado.
"Maldito bastardo", pensó Levi mientras sentía el frio gel en su piel.
Pese a que el omega se había relajado, el doctor nuevamente sintió el olor a pasto quemado y por el rostro del pelinegro podía notar que estaba molesto. Suspiró no sabiendo como lidiar con el cambiante humor del omega.
"¿Seria que le incomoda la situación que está viviendo o mi presencia?", preguntó Erwin para sí mismo. Inmediatamente negó con la cabeza ante el pensamiento ególatra, el omega acaba de conocerlo, definitivamente no era él mismo el problema.
—Hace dos semanas— dijo Levi —Sin embargo, tuve mi calor hace dos meses.
—Ya veo— dijo el Erwin sin despegar sus ojos de la pantalla.
"Solo espero que sea una falsa alarma", pensó Erwin. El hecho de que el omega tuviera un bebé no le afectaría en nada, o al menos no indirectamente. Aun así, sentía un alto grado de empatía con Levi y en el fondo de su corazón esperaba que todo se tratara de un malentendido.
Sin embargo, no fue así. La característica mancha que acostumbraba a ver se hallaba ahora mismo en la pantalla. Se mordió los labios y paseó el transductor para ver con mayor nitidez el feto.
—Bueno—dijo Erwin sin saber cómo continuar—por el tamaño que presenta podría tener aproximadament semanas.
—Mierda—dijo Levi llevándose las manos a la cabeza—¿De verdad eso es un bebé?
—Así es, de hecho, podemos escuchar el corazón si lo prefiere.
—No quiero —dijo Levi enfocando sus ojos nerviosos al techo— no puedo creer que esto me esté pasando.
Erwin retiró el transductor del vientre plano del omega y limpió. Levi aún no lograba de salir del pequeño colapso que estaba viviendo. El alfa sintió lástima por el omega y su instinto protector quiso consolarlo. Sin embargo, su lado racional lo abstuvo y lo limitó a actuar de forma profesional.
O al menos de una forma profesional bastante blanda.
Erwin tomó asiento al lado de la camilla y frotando su hombro dijo:
—Trate de serenarse. Sé que la noticia es bastante abrumadora.
—No lo quiero— dijo Levi irguiéndose y mirando a los ojos al doctor—esto no estaba en mis planes.
En ese instante, Erwin vio al omega tan pequeño y joven. A pesar de que este ya estaba dentro de los treinta y tantos, su rostro no demostraba lo mismo. Ante él se veía un joven complicado y desorientado. Tal vez sus facciones no lo delataban, de hecho, su ceño fruncido aún se encontraba marcado en su rostro y sus labios seguían igual de tensos. Sin embargo, la forma en como sus ojos brillaban del miedo denotaba que no estaba bien. Y también su aroma.
En el fondo de su corazón quería decirle que todo iba a estar bien.
—¿Hay una forma de quitarlo? —preguntó Levi fríamente.
Algo dentro de Erwin pareció desmoronarse en cuanto escuchó esa sugerencia, sabiendo de antemano cual sería el rumbo de la conversación.
—¿Quiere hacerse un aborto?
—Así es— dijo Levi —¿Cuánto es el tiempo máximo para hacerlo? ¿Estoy dentro de los limites?
Erwin desvió la mirada. Él no se consideraba una persona en contra del aborto, de hecho, su forma de pensar radicaba en que todas las personas podían hacer lo que se les diera la gana. Después de todo, los omegas y las betas son dueños de sus cuerpos y ellos tienen la última palabra. Sin embargo, algo pasaba con Levi que le hacía difícil seguir su propia directriz. Tal vez el hecho de que Levi fuera su supuesto destinado, le causaba cierta amargura pensar que se deshiciera del bebé de esa forma.
—Si, de hecho, el aborto es seguro hasta las 12 semanas.
—Entonces, ¿usted podría?
—Tal vez deba pensarlo detenidamente antes de tomar una decisión señor Ackerman—dijo Erwin tratando de asesorarlo sin imponer su postura— un aborto es un procedimiento muy invasivo para su cuerpo, lo cual podría conllevar secuelas en el futuro sino se realiza de manera adecuada.
—No necesito que me usted me dé consejos— dijo Levi cruzándose de brazos. Inmediatamente se tomó el comentario como personal y se puso a la defensiva—lo que yo haga o no con este feto me incumbe exclusivamente a mí y por lo que tengo entendido no estoy haciendo nada incorrecto. De hecho, es legal el aborto en este país.
—No estoy diciendo eso, solo digo que lo piense con más calma. Un aborto no es un proceso trivial como sacarse una muela, su vida está de por medio.
Levi cerró los ojos frotándose el entrecejo como señal de enfado e impaciencia. El alfa lo notó y contuvo la respiración.
—Sabe tengo demasiados problemas en este momento y un bebé no puede ser otro más de ellos. No quiero hacerlo, pero tengo que hacerlo y créame que lo que menos necesito en este momento es que me digan que debo hacer, ni mucho menos un alfa. Así que solo quiero que responda mi pregunta ¿Puede o no puede?
Ante la demandante pregunta del omega, Erwin respiró hondo y respondió:
—Lo lamento, pero no hago este tipo de procedimientos.
Erwin no hacia abortos quirúrgicos. Estaba capacitado pero no los hacía. Ni mucho menos con Levi. Tal vez con cualquier persona sí, pero pensar que el mismo arrancaría a ese bebé del omega, se le revolvía el estómago. Lo cual era bastante chocante dado que llevaba solo unos minutos conociendo a escaza cercanía que tenía con su nuevo paciente.
—¡Genial! —expresó Levi levantándose de la silla—Lo que me faltaba, ahora necesito ir donde otro especialista y conseguir una maldita hora otra vez.
El alfa observó como el pelinegro tomaba su chaqueta y se la ponía con brusquedad. Cerró sus ojos. No quería que el omega se fuera así, no de la forma colérica en la que estaba, así que antes de que este abriera la puerta para irse indignado de la consulta lo sujetó suavemente de la muñeca.
—¿Y ahora qué? —preguntó Levi exasperado—¿Va a seguir dándome clases de ética y moral?
—Nada de eso— dijo Erwin sacando una tarjeta—tengo información que puede servirle. Conozco a alguien que se especializa en abortos quirúrgicos, es excelente y tiene toda mi confianza.
Levi observó los ojos resignados y agobiados del doctor para luego recibir la tarjeta que se le estaba ofreciendo. La leyó de manera fugaz para después mirar nuevamente al alfa. De pronto una vergüenza embargó su pecho, se había dejado llevar por sus locos impulsos y no se dio cuenta de que el alfa solo quería ayudar a que tomara su decisión con precaución.
Se mordió el labio sabiendo que debía disculparse. Sin embargo, ninguna palabra logró salir de sus labios.
—Solo le pido—dijo el alfa de manera suplicante, cosa que enterneció al omega—que piense detenidamente antes de tomar una decisión. Aún tiene tiempo para hacerlo. Solo tómelo con calma y piénselo, créame que no es para nada grato vivir con arrepentimiento.
Dicho lo anterior, la calidez de la mano de Erwin se esfumó al momento de que este cortó el tacto de la muñeca del omega. Extrañado por la repentina cercanía con su doctor, Levi no dejó de mirar los azules ojos de este. Percatándose de que lo miraba embelesado, Levi usó la poca compostura que le quedaba para cerrar la puerta de la oficina del doctor y marcharse de una buena vez. Cuando ya no quedó rastro alguno del omega, Erwin dejó caer su cuerpo en la silla y exhaló pesadamente.
. . .
Sus dedos jugueteaban con la tarjeta que le había dado su obstetra. Había pasado un par de días luego de esa nefasta consulta y Levi aún no había tomado una decisión. Además, el resultado del examen de sangre le había llegado a su correo durante esta mañana, recordándole la situación la molesta y compleja en la que estaba. No quería ser padre, ni mucho menos criar a un hijo de ese bastardo que lo había engañado. Además, no estaba preparado para aquella labor.
Su cabeza estaba hecha un manojo de pensamientos, cuando de pronto la puerta de su apartamento fue brutalmente azotada por los golpes. Asustado escondió la tarjeta en su bolsillo trasero y fue rápidamente a abrir la puerta. En cuanto lo hizo, Isabel se adentró a su hogar sin siquiera pedir permiso.
—Adelante, con confianza— dijo irónicamente Levi al ver como la pelirroja abría paso.
La beta no dio ninguna palabra e ingresó al baño para luego cerrar con pestillo. Levi quien, al presenciar la precipitada forma de actuar de su amiga, tocó gentilmente la puerta y preguntó:
—¿Isabel? ¿Te encuentras bien?
—Solo necesito usar tu baño cinco minutos.
—¿Te sientes mal?
—¿Es tan difícil que me des un poco de privacidad? —preguntó la chica— Solo déjame sola.
Levi se alejó de la puerta y prefirió ir a la cocina para hervir el agua. Mientras lo hacía, observaba de reojo la puerta del baño, esperando que se cumplieran los cinco minutos que la beta había mencionado. Se sirvió un poco de té matcha y nuevamente tomó asiento en la mesa del comedor. Luego de unos minutos la pelirroja salió con los ojos llorosos.
—¿Qué ocurre? —preguntó Levi intrigado ante el aspecto de la beta— ¿Te sientes bien?
—Soy una tonta. Otra vez me ilusioné— dijo la beta arrojando el test de embarazo sobre la mesa— Negativo, de nuevo.
Los ojos grisáceos de Levi se posaron en la prueba evidenciando la ausencia de la segunda línea rosada. Por otro lado, Isabel se encontraba al borde del llanto.
—Asumo que la lavaste —dijo Levi despegando los ojos el artefacto— ¿Hace cuanto que llevan intentándolo?
—Casi un año y no pasa nada.
Las lágrimas comenzaron a salir desde los ojos verdes de Isabel, quien no hacia ningún esfuerzo por detenerlas. Levi suspiró y desapareció de la cocina para aparecer nuevamente con una porción de helado de chocolate. Lo colocó frente a la beta pero esta no pareció reaccionar ante el dulce frio.
—Vamos, es tu favorito— dijo Levi intentado reconfortarla—Lo dulce siempre te ha hecho sentir mejor.
—Un helado no me ayudará a tener un bebé—dijo la mujer decepcionada—Esto es frustrante. No sabes lo triste que es intentar incansablemente y que el bebé no llegue.
—Tal vez estén pasando por una mala racha. Puede que no sea el momento para que ambos tengan un hijo.
—Ambos queremos un hijo. Furlan no lo menciona, pero desde que estamos casados lo único que queremos es ser padres. No sabes lo babosos que nos ponemos cada vez que vemos a un bebé en el parque.
—Están muy ansiosos, tal vez necesitan ser un poco más espontáneos. El bebé llegará cuando deba llegar.
—¿Y si no llega? —preguntó desconsolada
—Por supuesto que llegará. No seas pesimista
—No llegará y no estoy siendo pesimista— dijo la pelirroja levantándose de la mesa. Levi la observó pasearse por la sala buscando la manera de poder expresarse con claridad—Tengo que contarte algo, algo que ni siquiera he tenido el valor de contarle a Furlan.
—Por favor no me asustes— dijo Levi poniéndose nervioso.
—Hace unos días he tenido la pequeña sospecha de algo—dijo la mujer sacando un papel de su cartera—Creo que soy estéril.
—Isabel, no eres estéril— dijo Levi tratando de restarle importancia.
—Lo mismo pensé yo, así que fui a mi ginecóloga y me hizo un examen de fertilidad. Y hoy me dieron los resultados.
La beta le hizo entrega del resultado del examen y pese a que Levi no entendía mucho respecto a los diagnósticos de ellos, pudo entender con claridad lo que el examen decía.
—Mierda.
—¿Ves? Tengo un miserable 10% de quedar embarazada. ¡Un 10%!
—Al menos no es un cero—dijo tratando se sonar optimista.
—Pero hay que ser realista. Tengo 30 años, Levi. Y mi cuerpo no está rejuveneciéndose con cada día que pasa. La probabilidad se hace menor cada vez que pasa el tiempo. Tengo miedo de no ser madre.
Isabel no aguanto más y comenzó a sollozar. La mujer lucia demacrada y el tema de formar una familia con su esposo era algo que siempre había anhelado. Levi lo sabía. Siempre había sabido que su amiga quería ser madre, así que sintiendo lastima por ella la obligó a sentarla en el sillón para luego abrazarla.
—Esto es injusto. Mis compañeras tienen bebés, mis amigas, todo el puto mundo tiene bebés—Levi trataba de entender lo que la chica decía bajo todos esos sollozos inentendibles— ¿Por qué yo no puedo tener uno? Es que no lo entiendo, hay omegas que con la primera acostada tienen un bebé. Personas que ni siquiera lo desean logran tenerlos.
Levi apretó los labios y trató de mirar a otro lado mientras acariciaba la temblorosa espalda de Isabel. De pronto la conversación ya no le estaba gustando, de hecho, nuevamente estaba sintiendo nauseas. Ahora más que nunca sabía que no debía contarle a Isabel, decírselo la destrozaría y más aún cuando le comentara la idea de un aborto, eso la terminaría matando. Sin embargo, pese a que estaba atravesando una difícil situación, sentía que tenía el deber de estar para apoyarla. Su amiga de infancia estaba mal y necesitaba consolarla.
—¿Qué le diré a Furlan? Estará muy decepcionado de mi —dijo mientras se limpiaba desvergonzadamente la nariz con la mano—¿Crees que me deje por no poder darle un hijo?
—No seas tonta— dijo Levi limpiándole la nariz con pañuelo desechable—Furlan ha hecho hasta lo imposible para estar contigo ¿Recuerdas? No te dejará de amar por eso. Además, puede que este percance solo haga fortalecer su relación ¿No lo crees?
La pelirroja asintió y apoyó su cabeza en el hombro del omega.
—Por otro lado, la ciencia ha hecho grandes progresos. La inseminación artificial puede ser una buena opción.
Levi le ofreció nuevamente el helado de chocolate y la mujer apenas lo vio comenzó a comerlo. Luego de unos segundos mejoró levemente su estado anímico.
—Tienes razón—dijo la beta secándose las lágrimas de sus mejillas—Hablaré con Furlan y juntos veremos qué hacer. Gracias por estar para apoyarme, Levi.
—Tranquila, es mi deber consolar a una llorona como tú. De lo contrario estarías llorando en todos los rincones de este departamento.
—Eres pesado, ¿Lo sabes cierto?
Levi dio una pequeña sonrisa y siguió abrazando a su amiga, reconfortándose de ese esbelto y cálido cuerpo. Aunque él tampoco quisiera admitirlo, también quería un poco de consuelo.
. . .
Yacía durmiendo plácidamente en el escritorio de su consulta. El día había amanecido frio y prendió el aire acondicionado creyendo que sería una buena idea. Quien diría que se había quedado dormitando entre los brazos de Morfeo. O al menos eso estaba haciendo hasta que alguien dio unos golpes en su escritorio que la despojaron de su quinto sueño.
—Por el amor de Dios, ¿quién molesta a esta hora? —preguntó indignada. Levantó una ceja al percatarse de que era su amigo quien no se paseaba mucho por su lugar de trabajo—¿Erwin? ¿Qué haces aquí? ¿Y por qué vienes a importunar mi sueño?
—Son las dos de la tarde.
—¿Y? Esa es mi hora de la siesta—la mujer se arregló los lentes y observó como el alfa se encontraba de brazos cruzados y con el entrecejo fruncido— ¿Y a ti que te pasó? ¿Qué te trae de mal humor?
—Necesito un favor.
—¿Tú? ¿pidiéndome favores? Por lo general soy yo quien te los pide. Pero siéntate hombre— dijo la mujer levantándose para ofrecerle el asiento que se encontraba frente de ella—¿Qué es lo que necesitas?
Erwin no quería contarle a Hange esto. Aun así, su ansiedad era mucho más grande y le impedía quedarse tranquilo. Así que sin titubeos lo soltó.
—Necesito que le preguntes a Moblit si tiene a algún Levi Ackerman en su agenda.
—¿A Moblit? ¿Por qué quieres saber la agenda de Moblit? ¿Y quién es Levi Ackerman?
—¿Por qué no paras de hacer preguntas? —cuestionó Erwin exasperado— Llevo tratando de hablarte desde que llegué y lo único que has hecho es preguntar.
—Okay—dijo la castaña lentamente— no tienes por qué alterarte, pero eso es lo que ganas con pedirme favores.
Erwin suspiró cansado y tomó asiento. Entonces dijo:
—Lo siento—dijo frotándose las manos—pero de verdad necesito ese favor.
—Está bien, pero cuéntame ¿Quién es el tal Levi?
Erwin pacientemente le contó todo respecto al primer encuentro con su supuesto destinado. Desde el momento en que cruzó la puerta hasta que le entregó la tarjeta del novio de la beta, la cual escuchaba todo con suma atención.
—Déjame ver si entendí, llegó un paciente que resultó ser tu destinado. El mismo al que sentiste en el supermercado ¿no?
—Así es.
—Y que además está esperando el hijo de otro.
—Si—comentó el alfa con amargura.
—Pero que mala suerte la tuya—dijo la mujer prendiendo un cigarrillo—y le diste el contacto de Moblit. ¿Es por ello qué quieres su agenda? ¿Para ver si tomó en cuenta tu sugerencia?
—Si.
—Puedo preguntarle si pidió una hora—dijo la beta tomando su celular—¿Pero y que harás con eso? ¿No me digas que intervendrás de manera telenovelesca y lo sacaras de ahí?
—Por supuesto que no—dijo echándose en el asiento—me mantendré al margen.
—¡¿Qué?!-preguntó Hange consternada—¿me pides que le pregunte a Moblit por ese tal omega para que tú no hagas absolutamente nada?
—Solo es mi paciente. Sus asuntos no deben ser de mi incumbencia.
—Pero estas notablemente preocupado por él.
—Me preocupo como lo haría con cualquier otro.
—¡Mientes! —exclamó la castaña exageradamente— Es EL paciente. Además, no es cualquier paciente, sino no estarías pregúntame por él en este momento.
Erwin apoyó los codos en sus rodillas y sosteniendo su rostro con ambas manos dijo:
—Por favor, no me hagas digas cosas que no puedo responder. No sé porque estoy haciendo esto. Simplemente debería dejarlo pasar, pero no puedo. Me siento extraño. Pienso en la idea de que aborte y se me hielan los huesos.
Hange lo miró sabiendo de antemano la respuesta. Sin embargo, el terco doctor se negaba a creer su hipótesis de las parejas destinadas.
—¿Quieres que tenga el bebé? No pensaba que eres de las personas en contra del aborto.
—No es eso. Tú sabes cual es mi opinión respecto a ello. Es solo que —dijo Erin tratando de encontrar las palabras para expresarse— no quiero que termine sufriendo, un aborto implica una desestabilidad emocional tremenda. Además, pienso que debe estar pasando por mucho como para recurrir a uno.
—Es cierto. A lo mejor está solo —dijo la beta mirando la ventana—¿No te dijo nada respecto al padre?
—Nada, pero intuyo que no tiene apoyo de él.
—Tal vez esa es la razón por la que quiere abortarlo. De todas formas, no es mucho lo que podamos hacer. Es su decisión después de todo. ¿Cierto?
"En efecto", pensó el alfa. La castaña lo miró con gracia y Erwin no entendió porque lo hacía, entonces ella siguió hablando.
—Quiero ponerte a prueba.
Erwin elevó la vista e inmediatamente negó con la cabeza.
—No es momento para tus juegos.
—Por favor, hazlo en honor a la ciencia. Me intriga las relaciones que tienen los alfas y omegas. Si pudiera dar mi testimonio créeme que lo haría.
—Creo que mejor me voy.
—Vamos no seas aburrido. Solo déjame hacerte unas preguntas. ¿Quieres que mantenga a esa bebé? ¿sientes ganas de protegerlo? Vamos no te vayas. ¿Ya puedes sentir sus emociones?
Erwin salió de la oficina escuchando una avalancha de preguntas de la doctora. No quería responder ninguna de ellas dado la confusión que le estaba ocasionando ese omega. Incluso el mismo desconocía esa faceta tan impropia de él. Lo que estaba sintiendo era tan nuevo que no tenía palabras ni siquiera para expresarlo y siempre surgían las mismas dudas.
¿Qué haría una vez que Hange le diera la información que le pidió? ¿Lo detendría? ¿Intentaría convencerlo para conservar el bebé? ¿Le daría su apoyo incondicional?
El alfa negó con la cabeza sintiéndose ridículo. Ridículo en pensar que una persona que apenas acaba de conocer le generara tanta preocupación y una sed de protección.
Hola a todos! Cómo les va?
Les traigo un nuevo capítulo de esta idea que poco a poco está tomando forma. Ojalá les guste y espero con ansias sus comentarios y opiniones. Acepto cualquier sugerencia para este fic y cualquier duda también la puedo responder.
¡Nos leemos en el próximo capítulo!
