La habitación en la que estaba era fría y muy luminosa. Se encontraba acostado sobre una camilla y una bata de hospital le cubría el cuerpo. Podía sentir su respiración agitada y su corazón latía desenfrenado. Tenía miedo. El miedo le estaba carcomiendo el alma y no hacia más que apoderarse de todo a su paso.
De pronto, una luz cegadora abrió paso a un doctor con mascarilla y a una enfermera quien lo miraba con prejuicio. Entonces, el doctor dijo:
—No se asuste. Le aplicaremos la anestesia general—sintió como el hombre de dedos fríos le tomaba su delgada muñeca y le metía la aguja con el líquido que lo haría dormir—Solo será un pinchazo.
La enfermera se asomó y le dijo:
— No tienes de que preocuparte. Cuando despiertes no habrá feto.
"Feto", fue lo que pensó apenas la enfermera le dijo aquellas palabras de manera frívola. Sus dedos comenzaron a retorcerse bajo las finas sabanas de la camilla. Y sus ojos grises miraban hacia todos los ángulos de la habitación.
—Debe relajarse.
Levi inhaló hondo y cerrando los ojos deseó no estar en esa horrible habitación, rogando por todo lo sagrado de que la tierra se lo comiera en ese mismo instante. Dentro de su vulnerabilidad, un fuerte impulso por llorar hizo que las lágrimas se desbordaran sutilmente por sus ojos. En momentos como estos la soledad era su más fiel compañera. Una compañera a la que estaba acostumbrado lidiar y que en su más profundo ser quería que se fuera.
Y entonces, despertó.
Se removió en las sábanas de su habitación encontrándose en las penumbras de la noche. Su respiración estaba errática y su cabello húmedo producto del miedo que sintió a flor de piel. Se levantó mareándose en el camino y se miró al espejo observando lo demacrado que lo había dejado aquella ilusión.
Erwin se lavó la cara y mojó su cabello peinándolo hacia atrás. Aún sentía su corazón desconsolado. Ese sueño se había sentido tan vivo, como si lo estuviera viviendo en carne propia. Apoyó su espalda desnuda en la fría pared de cerámica y cerró los ojos evocando el angustiado rostro de Levi, imaginando el temor que este debía estar experimentando.
. . .
La hora agendada había llegado a su correo electrónico, en donde Levi se percató de que quedaba dos horas para que se concretara. Dos horas para la cita con el doctor que le había recomendado el obstetra. Se sentía intranquilo y más aún cuando la noche pasada lo llamó Farlan contándole lo que Isabel había estado ocultando. Se oía tan entristecido y necesitaba desahogo. Le comentó que fue comprensivo con la beta y le aseguró que el amor que sentía por ella no se vería afectado por este inconveniente. Aun así, eso no le quitaba las ganas de ser padre.
"Recurriremos a la adopción en caso de que no funcione la fertilización in vitro"—esas fueron las palabras del beta.
Trató de quitarse esa conversación de su mente y miró la dirección de la consulta. Sin embargo, había estado tan inquieto estos últimos días, que salió con más tiempo del requerido. Se maldijo mentalmente y decidió distraerse en una librería que se encontraba en una esquina cercana a él.
Nunca había sido un amante de la lectura, de hecho, si tuviera que contar los libros que ha leído en su vida le sobrarían dedos de las manos y pies. Aun así, había algo que le atraía de ellos. Tal vez el silencio y calma que proporcionaban las bibliotecas le traía paz, o incluso el aroma de los libros antiguos. De hecho, más de una vez se había sorprendido de encontrarse hundiendo su nariz en alguna de esas hojas amarillentas, deleitándose del aroma a libro antiguo y gastado.
La librería resultó ser amplia y tenía pasillos tan largos que uno podría perderse en ellos. Se adentró para echar una mirada y le llamó la atención la sección de comics y mangas. Tomó uno entre sus manos y comenzó a hojearlos para mirar los dibujos de los monos chinos que tanto le fascinaban a su prima.
Y de pronto, cerró el libro.
Sintiéndose alerta, dirigió la mirada hacia todos lados con precaución. Nuevamente sintió el aroma a la misma tierra mojada que había estado en el supermercado. Paranoico, dirigió su mirada gris hacia todos lados para encontrarse con la silueta del doctor Smith en dos pasillos más adelante suyo. Como si el alma si su vida dependiera de ello, Levi se agachó para no ser encontrado.
"¿Qué demonios está haciendo aquí? ¿Acaso me está siguiendo?" —pensó Levi mientras observaba disimuladamente al doctor.
Se quedó en esa posición durante algunos segundos y se percató de que el doctor no tenía idea alguna de que ambos coincidían en el mismo lugar. Ni siquiera tenía la intención de buscarlo, su completa atención estaba puesta en un libro que llevaba en sus manos. Por la forma en que vestía, Levi intuyó que era su horario de almuerzo, ya que portaba su cotona junto a su maletín.
Se sintió tan psicópata al percatarse de que lo estaba siguiendo hacia la caja para pagar. Se recriminó a si mismo por su involuntaria estupidez y decidió que lo mejor era salir de una vez por todas antes de que se toparan realmente. Estaba a punto de hacer su disimulada salida cuando una voz detrás de él lo alertó nuevamente.
—¿Levi?
"Mierda"—pensó Levi molestó. La suave voz del esposo de su tío se hizo presente y no tuvo más remedio que girarse a saludar. Uri quien había visto al omega a lo lejos decidió saludar a su sobrino.
—Hola ¿Cómo esta? —preguntó Levi sin querer pasar mucho tiempo con el omega mayor. Sin embargo, pese a ello, se mantuvo siempre estoico—¿Cómo esta Kenny? ¿Viene con usted?
—Tu tío y yo nos encontramos a la perfección, Levi. Y no, vine a devolver un libro, así que lo deje en casa haciendo el aseo—comentó el hombre con un poco de gracia.
—Ya veo.
—¿Te gustaría tomarte un té conmigo? —preguntó el omega de cabellos canos—Me gustaría saber de ti y de cómo has estado.
Levi miró su muñeca verificando que tendría tiempo antes de la consulta. Aceptó de mala gana la invitación que le estaba proponiendo y se puso la capucha de su sudadera. Observó de reojo al alfa que aún estaba pagando en la caja y sin más salió como si nada con Uri.
Una vez que el omega desapareció, Erwin se deleitó del repentino aroma a menta que se había impregnado en la biblioteca.
Cuando se alejaron lo suficiente de la librería, los dos omegas se dirigieron a la cafetería que siempre frecuentaban durante la infancia del pelinegro. El mesero que ya los conocía de rostro, les tomó la orden anotando el mismo té que el omega solía tomar y el pie de limón que siempre había sido el preferido de Uri. Cuando este se retiró con la orden, el omega habló:
—Hace semanas que no vienes a entrenar con Kenny. ¿Has estado muy ocupado?
—He tenido mucho trabajo—mintió.
—Ya veo, tu tío ha preguntado por ti.
—¿De verdad? No hay necesidad de mentir.
—Es verdad. No seas cruel, podrá ser duro contigo, pero en el fondo te quiere mucho.
Cuando el mesero trajo su pedido, Levi se distrajo mirando el vapor desprenderse de la taza. La compañía de Uri lo ponía nervioso e intuía que no lo había invitado por mera cortesía. Solo esperaba de todo corazón que su paranoia estuviera demás.
—¿Estas inquieto? Tu aroma te delata.
—¿Tú lo dices? —preguntó con indiferencia.
—También hay otro aroma nuevo. Me recuerda a los pasteles —dijo el omega divagando—¿Vainilla con leche?
Entonces Levi contuvo la respiración, manteniéndose sereno ante los ojos del omega mayor. Maldijo internamente y no contestó aquella pregunta. Era innecesario hacerlo. No sacaba nada con negarle la verdad a Uri.
—¿Cuántos meses tienes?
El omega dejó el té sobre la mesa. De pronto su apetito se había esfumado por completo y el té que tanto le encantaba le parecía insípido. Miró directamente los ojos lilas de Uri, no atreviéndose a mentirle. Pese a que el hombre se veía todo menos intimidante, tenía un sexto sentido que llegaba a ser perturbador.
—Dos meses y medio. ¿Fui muy obvio?
—Me di cuenta apenas te vi en la librería— dijo con una sonrisa en los labios—puede que me encuentres exagerado, pero tienes un extraño fulgor que nunca había notado en ti antes. Además, este nuevo aroma era algo que no podía pasar desapercibido.
Levi se mordió la lengua no sabiendo como contestar aquello. No se había percatado de que su situación era tan obvia a los ojos ajenos del mundo. Tal vez Furlan e Isabel no se dieron por aludidos dado su condición de betas. Sin embargo, otros conocidos hayan notado el evidente aroma a embarazo que desprendía de sus poros. Un escalofrió recorrió en su piel pensando en los problemas que conllevaría que la lista de personas indeseables se enterara de su nueva condición.
—¿Qué es lo que piensas hacer?
Levi respiró hondo y contestó:
—No puedo y ni quiero hacerme cargo de él.
—¿Lo abortaras? —preguntó Uri sorprendiéndose por la forma frívola e indiferente en la que Levi respondió.
—Así es.
Se quedaron en silencio por unos minutos y el sonido de las voces de las demás personas era lo único que se cruzaban en sus oídos. Levi sabía cuál era la postura de Uri. Sin embargo, no tenía ni las ganas de escucharlo.
—Tú sabes que no estás solo en esto. Puedes contar con nosotros, como lo hemos hecho toda la vida. Podemos ayudarte a criarlo. Tu tío y yo siempre quisimos tener hijos.
Esas últimas palabras fueron como un puñal para el estómago de Levi. Le dolía tener que ser él quien le destrozara esos lindos y esperanzadores sueños al esposo de su tío.
—De verdad gracias, Uri. En serio lo aprecio—dijo Levi manteniéndose firme— sin embargo, no puedo. Este bebé es algo que no tengo en cuenta en mi vida, y créame que con los problemas que ya tengo, me es imposible criarlo. Solo traería complicaciones y es lo que menos quiero.
Uri entristeció su semblante y prosiguió a comerse el pie de limón. Entonces dijo:
—Entiendo. Respeto por completo tu decisión. Por cierto, ¿El padre lo sabe?
—No, de hecho, es un hombre casado—dijo el omega francamente. Por alguna razón con Uri sentía una confianza que no sentía con Kenny— Lo nuestro fue una aventura nada más. Es otro motivo por el cual necesito deshacerme de él. El hombre no estaría interesado y además no quiero saber nada más de él.
Levi lo veía así. Conservarlo sería crear un vínculo eterno con el alfa. Un vínculo que a toda costa quería romper y exterminar de la faz de la tierra.
—Ahora lo veo más claro— dijo Uri mientras terminaba de comer su postre— es curioso, tu madre estuvo en la misma situación que tú hace muchos años.
Uri levantó la mano para pedir la cuenta y una vez que pagó, observó al omega con una mirada cariñosa. Tan cariñosa que Levi consideró maternal. Entonces dijo:
—No creas que te juzgaré por tus decisiones. Te conozco, Levi. Eres bueno y gentil, y sé qué harás lo que estimes correcto. Si quieres hablar, siempre puedes contar conmigo independientemente de lo que vayas a hacer.
El omega se marchó dejando a Levi solo con su té. Maldijo internamente. No tenía contemplado que Uri supiera de esto. Aunque pensándolo de mejor forma, pese que el omega le era completamente fiel a Kenny, no se atrevería a contarle algo tan personal como esto. Uri se caracterizaba por ser una persona muy recatada y por nada del mundo estaría ventilando lo sucedido a los cuatro vientos. Es por ello que podía estar tranquilo.
Miró nuevamente el reloj precipitándose por el transcurrir veloz del tiempo. Solo quedaban 20 minutos antes de que comenzara la cita. Antes de aplicarse el aborto para deshacerse del pequeño desliz que nunca debió haber sucedido. De pronto sintió un nudo formándose en el estómago imposibilitado beber el rico té que Uri le había pagado. Pidió el té para llevar y se fue en dirección hacia la consulta.
Caminó y caminó hasta que sus pies estuvieron frente al pequeño edificio. Inhaló profundamente e ingresó para ser atendido por la recepcionista, quien amablemente le pidió tomar asiento. Mientras esperaba intentó enfocarse en sus dedos para distraerse, lo cual fue un completo desastre, dado que la fuerza de su ansiedad era más fuerte. Entonces, vio como una chica salió de la consulta con el rostro cansado, y se sentó al lado de él para poder descansar un poco. La chica era notablemente más joven que él. Con solo mirarla podía intuir que no pasaba de los 25 años. Sus ojos cafés tenían rastros de algunas lágrimas, y su piel se veía tan pálida que le daba una apariencia enferma.
Levi, quien estaba inquieto por el miedo y por el aspecto de la chica, preguntó:
—¿Duele mucho?
La omega lo miró con unas ojeras bajó los ojos y le sonrió tímidamente.
—¿Es tu primera vez?
—Si.
—No tienes por qué temer, el doctor Berner es excelente. Además, no duele, no sentirás nada durante el proceso. Es un poco incomodo porque te quedas dormido de pronto, pero no es tan malo.
Levi asintió reteniendo la información de la desconocida. Entonces preguntó nuevamente:
—¿Cuánto tiempo demoraré en volver a la normalidad? ¿Volveré a sentirme bien de nuevo?
La chica intuyó que su pregunta no se refería a su salud física, más bien a su salud mental. Muchas personas quedaban traumadas con el proceso y al final terminaban quedando con un vacío en el alma. Un vacío que podía perdurar hasta el final de sus días en los peores casos.
—La verdad es que depende de cada persona—dijo la chica pacientemente—Hay personas que lo superan rápidamente y otras que se demoran un poco más.
La chica miró los asientos vacíos que rodeaban a Levi y luego preguntó:
—¿Vienes solo? —Levi asintió con la cabeza y la omega sintió pena por el pelinegro. Notó como este hacia el esfuerzo para que sus manos no se vieran tiritonas— puedo acompañarte mientras te llaman. No tengo problema.
Levi agradeció mentalmente sintiéndose un poco miserable. En poco tiempo lo llamarían. Trató de serenarse y guardar la poca tranquilidad que quedaba. Sin embargo, nada le podía quitar el miedo y la culpa que estaba sintiendo en el pecho. Miedo porque lo que estaba a punto de hacer. Culpa por Isabel y Uri, quienes, pese a que tuvieron unos fuertes deseos de tener hijos, el destino les puso un duro camino por delante. Y ahí estaba él, con la posibilidad hecha realidad que ellos tanto desearon en sus vidas. Por otro lado, estaba su dulce madre quien luchó por él toda su vida siendo madre soltera. Quien no tuvo ningún apoyo del hombre que ni el mismo conocía, pero aun así lo tuvo con la frente en alto y salió adelante.
Su madre, su difunta y amada madre, ¿Qué diría ella de lo que estaba a punto de hacer?
—Estoy haciendo lo correcto, sabes—dijo Levi vacilante— Yo no puedo tener a este niño. No puedo. Tengo 30 años y mi vida está hecha un lio. ¿Cómo podría un bebé encajar en ella?
—Tranquilo—dijo la chica dándose cuenta del miedo en los ojos vidriosos del omega—no tienes que darme explicaciones.
—Esto no debió pasar. Yo no debería estar en esta situación.
—¿Quieres irte?
El omega negó con la cabeza y la chica frotó su hombro para darle un poco del confort que tanto le hacía falta. Mientras que este ni siquiera se esforzó en alejarse del tacto. De verdad lo necesitaba dado que sentía que en cualquier momento se quebraría.
—Todo va a estar bien—dijo la chica con una pequeña sonrisa—Me llamo Petra.
Levi la miró con la mandíbula apretada. Estaba a punto de presentarse cuando la recepcionista lo llamó para que ingresara a la consulta de Moblit Berner. Se mordió los labios y levantándose del incomodo asiento de plástico maldijo en voz alta.
. . .
Cuando terminó de comprar el libro, Erwin volvió a su consulta para encontrarse con unas cuantas llamadas perdidas en el celular que había olvidado en su escritorio. Todas eran de Hange, así que devolvió el llamado.
—¿Qué sucede? —preguntó Erwin regresándole el llamado.
—Le pregunté a Moblit por tu recado—dijo la castaña desde el otro lado del teléfono—La cita es para hoy.
El alfa sintió como sus músculos se tensaron, entonces preguntó:
—¿Sabes a qué hora es?
—No me lo comentó. Estaba algo ocupado y no quise molestarlo.
—Ya veo— dijo Erwin con impotencia— muchas gracias por el favor.
—¿Qué harás?
Erwin meditó la pregunta y suspiró cansadamente. Entonces respondió:
—No hay mucho que yo pueda hacer.
Hange asintió, y colgó la llamada para dejar al alfa pensativo.
Durante todas las citas que tuvo a lo largo de día, Erwin atendió de la misma forma profesional que tanto lo caracterizaba. Sus pacientes no notaron nada distinto en él. Sin embargo, Levi no podía salir de los pensamientos del rubio. Sentimientos tan impropios de él como la inquietud y miedo fue lo que se apoderó de su persona en el transcurso de la tarde.
No paraba de ver el reloj, pensando con cada hora que pasaba si ya había concluido el aborto programado. Dándose cuenta de que aún quedaba un poco de tarde, Erwin se quitó su cotona y tomando las llaves de su auto junto a su maletín salió hacia la consulta de Moblit. Una vez estacionado en el pequeño edificio, Erwin se dedicó a mirar hacia la entrada de este. Poniendo ojo por si la persona que salió resultaba ser el omega. Sin embargo, después de un buen rato sintiéndose como un mirón, Levi no salió.
"De seguro fue muy temprano"—pensó perdiendo la esperanza.
Armándose de un valor descomunal, el alfa salió de su auto. Para su desgracia se encontró de lleno con el rostro de Moblit, quien lo saludó con una sutil sonrisa.
—Erwin, que bueno verte aquí.
—Lo mismo digo—comentó Erwin con cortesía—¿ya terminó tu turno?
—Así es, la verdad es que recibí a mucha gente. Fue un día de locos.
—Ya veo—dijo el alfa cabizbajo.
—¿Esperas a alguien? Hange y yo nos reuniremos en un bar a tomar unos tragos. ¿Te quieres unir?
—Creo que paso, estoy muy cansado. También tuve una jornada agotadora.
—Oh, ya veo. Será en otra oportunidad, nos vemos.
Moblit se despidió dándole un apretón de manos y un amistoso abrazo. Para cuando se fue, Erwin se dirigió a su auto y se apoyó derrotado en el asiento del copiloto. El atardecer estaba terminando y el alfa deseó puramente que el omega estuviera bien.
. . .
Los días transcurrieron y de a poco Erwin fue volviendo a su cotidianidad. Sin embargo, no había un solo minuto en el día que no se lo dedicara a Levi Ackerman.
Luego de una larga tarde de atención al público, Erwin estaba arreglando sus cosas para marcharse hacia su hogar. Su secretaria y el personal diurno se habían marchado y era momento de que él también hiciera lo mismo. Tomó su maletín, y se dispuso a salir del edificio. Ese día no llevó su auto, dado que las tardes se estaban volviendo un poco más frescas, pensó que una tranquila caminata hacia su hogar no le caería mal.
Pasó por una panadería deseando comprar una baguete para la cena cuando escuchó la voz de un alfa.
—Eres una lindura, ¿te gustaría pasarla bien conmigo?
Erwin no era de escuchar conversaciones ajenas. Sin embargo, el tono en que habló ese alfa no le agrado en lo más mínimo.
—¿Te las traes de don Juan? Ni siquiera me llegas a los talones. Mejor ve a molestar a otro idiota—reprendió el omega que estaba siendo acosado.
Erwin se quedó paralizado reconociendo aquella voz. Se giró para ver al dueño de sus pensamientos discutiendo con un alfa que lo sobrepasaba con creces en altura y musculatura.
—Vamos, sé que quieres—insistió el petulante alfa. Tomó al pelinegro de la cintura y lo acercó a su cuerpo.
Erwin al presenciar la escena, quiso intervenir ante de acoso. Sin embargo, cuando estuvo a punto de hacerlo Levi le propinó un severo puñetazo en la cara y un golpe en el estómago, robándole por completo el aliento a aquel molestoso alfa.
—¡Mierda! —susurró el hombre en el suelo—¡hijo de puta! ¿Cómo te atreves a golpear a un alfa? ¡Me debes el puto respeto!
—¿Acaso quieres insistir? Pues créeme que hay más por donde vino eso—expresó Levi dispuesto a dar más.
—Llamaré a la policía— dijo el dueño del local apretando el botón de emergencia.
Levi se alarmó y volteo hacia el cajero encontrándose con la mirada de Erwin, quien se encontraba estupefacto por la habilidad y fuerza que poseía el omega. Inmediatamente se puso nervioso ante su presencia, y no notó que el otro alfa se levantó velozmente dispuesto a atacar al pelinegro. Erwin ante esto, intervino haciendo a un lado a Levi recibiendo el golpe en medio del estómago. Definitivamente no estuvo del todo preparado para recibir la magnitud de ese golpe y por ello este le quitó el aire de su cuerpo.
—¡Doctor Smith! —dijo Levi tocando su espalda con preocupación—¿Esta bien?
—Si—dijo el rubio a duras penas mientras tosía copiosamente.
Levi buscando al cajero con una mirada furiosa, le dijo:
—¿Qué esperas que no llamas a la policía? ¿No ves que este alfa está atacándonos?
—Yo…
—Ese alfa acaba de cometer una ilegalidad. Atacar a un omega en espera es un delito gravísimo.
El agresor se dio por aludido, y Erwin quedó estupefacto. Entonces observaron como el dueño atinó tomar el teléfono mientras el alfa se fue lo más rápido que pudo de recinto. Impactado por el golpe y la repentina noticia, Erwin trató de tomar todo el aire que pudo y se irguió para encontrarse con los atentos ojos grises del omega. Apenas lo vio, el rubio sintió un peso fuera de encima. Verlo después de tanta angustia hizo sentir a su corazón tranquilo.
—¿Se encuentra bien? —preguntó Erwin.
—¿Me lo pregunta a mí? Yo no fui quien recibió el golpe—dijo Levi
La policía llegó unos minutos después y para ese entonces, Levi y Erwin se encontraban afuera de la tienda. Observaban de lejos como el dueño describía los sucesos ocurridos mientras el agente tomaba nota. Erwin quien aún no asimilaba del todo lo que había ocurrido, se dirigió a Levi queriendo preguntar la veracidad de lo que había dicho el omega hace unos minutos atrás. Sin embargo, no hallaba la forma de hacerlo sin sonar como un entrometido.
Entonces preguntó:
—¿Vive por aquí cerca? Es de noche y podría ser peligroso. Y más aun con ese alfa por ahí.
Lo que dijo no era del todo mentira. Erwin estaba preocupado por el bienestar del omega, especialmente si este aun conservaba al bebé que ya hacia perdido. Levi al notar aquella preocupación que no le parecía del todo falsa, respondió:
—Voy a tomar un taxi regreso a casa. De hecho, ahí está la parada—dijo Levi apuntando hacia el sector.
—Lo acompaño mientras lo espera.
—No es necesario…
—Por favor, insisto—dijo firmemente el rubio.
Levi se encogió de hombros y aceptó la compañía del rubio. Estuvieron en silencio por varios minutos en lo que esperaban al dichoso colectivo. Durante ese transcurso de tiempo, Erwin se dedicó a apreciar a Levi, quien tenía la mirada cansada y unas notorias ojeras que se marcaban bajo sus ojos grises. Se veía un poco más delgado y pálido desde la última vez que lo vio en su consulta.
—¿Qué tal su día? —preguntó Levi incomodo por el silencio entre ellos.
—Nada interesante a diferencia de otros días. Muchos pacientes, mucho trabajo—dijo Erwin sonriendo tímidamente—¿Y el suyo?
—No hay mucho que contar— dijo el omega sin dar mucho detalle.
Nuevamente se quedaron entremedio del desagradable silencio. Ese silencio que puede llegar a ser tan perturbador y molesto hasta la medula. El típico sonido de la ajetreada ciudad era lo único que se escucha entre ellos dos.
Entonces Levi dijo:
—Gracias.
Erwin, quien no se esperó el agradecimiento, apuntó su mirada para ver que los ojos de Levi se dirigían hacia sus pequeños pies. Entonces los elevó encontrándose con los azules del alfa.
—Por recibir el golpe—Enfatizó el omega al percatarse de la mirada sorprendida del rubio— Mis reflejos no están siendo rápidos últimamente y ese golpe me habría dejado en el piso.
Erwin sonrió levemente. Ese agradecimiento no hacía más que hincharle el pecho de regocijo. Entonces con gentileza dijo:
—No hay de que.
—También quiero aprovechar de disculparme.
Las cejas del alfa se elevaron pensando en que el día se estaba llenando de sorpresas. Nuevamente enfocó su atención viendo como Levi desviaba su mirada con una sutil y poco perceptible vergüenza.
—¿Por qué?
—Durante su consulta lo traté como un patán—dijo el omega con un poco de timidez— y créame que no fue mi intención.
—No tiene por qué disculparse, entiendo que estaba en una dura situación. Así que es razonable.
No lo admitiría públicamente, pero su corazón latió de alegría con la disculpa del omega. El hecho de que haya pedido perdón significaba que estuvo pensando en él después de la cita. Eso de alguna manera le resultaba gratificante.
—Tenía miedo y sigo teniéndolo—dijo el omega —esto es muy extraño para mí y pese a que estaba muy seguro de mi decisión, no pude hacerlo.
Y entonces el corazón de Erwin se detuvo por un instante y su mente hizo todo lo posible para procesar las palabras que había dicho el omega. ¿Había escuchado bien o su mente estaba reproduciendo lo que él tanto ansiaba escuchar? ¿No era una fantasía?
—Así que considero que lo mejor es estar en buenos términos con mi obstetra hasta lo que dure este embarazo ¿no?
El alfa se quedó como piedra. Sus supuestos eran correctos, Levi no había abortado y una alegría comenzó a brotar en su pecho. Al ver que el rubio no respondía con ningún estimulo, Levi se inquietó.
—¿Se encuentra bien? Yo esperaba que usted pudiera seguir atendiéndome, y encuentro que es razonable que no quiera hacerlo después de como lo traté.
—No, no es eso— dijo Erwin tratando de buscar las preguntas correctas—¿Acaso usted lo conservó?
—Como le digo, no pude hacerlo. Esto es muy nuevo para mí ¿Sabe? y no sé qué haré—dijo Levi mirándolo tímidamente— Aun así, decidí que tendré a este bebé, pero no implica que vaya a conservarlo. Lo más seguro que lo de en adopción.
Así como vino se fue la alegría del alfa, quien no esperó la posibilidad de que el omega diese el bebé en adopción. Aun así, no podrá negar que sentía medianamente aliviado por la decisión que había tomado. Su pecho que había estado pesado durante las últimas dos semanas se sintió tan liviano luego de aquella noticia.
Entremedio de su estupefacción, no notó que Levi le hizo señas a un taxi y este se detuvo en frente de ellos dos. Al percatarse, Erwin vio como el pelinegro abrió la puerta trasera pero antes de subirse miro al alfa a los ojos y le dijo:
—Así que necesitaré que usted pueda atenderme durante este embarazo. Claro si usted me lo permite.
Erwin ignoró por completo la futura decisión que tomaría Levi respecto al bebé, y se concentró en el ahora. Asintió con una sonrisa, dispuesto guiar y acompañar al omega en todo el proceso del embarazo.
Una vez que el pelinegro se marchó en el taxi hasta desaparecer, el alfa pudo respirar tranquilo. El presente le estaba dando la oportunidad de poder acercarse lentamente al omega y si bien, su relación seria estrictamente profesional, Erwin no podía estar más satisfecho y encantado de poder ser el obstetra de su supuesto destinado.
. . .
Escuchaba atenta el relato de la persona detrás de la llamada telefónica. Si tuviera la posibilidad de hacerlo, lo hubiera hecho acompañada por unas palomitas a su lado. Puede que la gente lo negara por mera vergüenza, pero el deseo por saber los chismes que había entre personas era algo que el ser humano tenia arraigado a su organismo. Es más, las personas no podían vivir sin el cotilleo ajeno. Y por sobre todo ella.
—¿Entonces me estás diciendo que no entró?
La castaña se encontraba pendiente de lo que decía su remisor desde el otro lado de la línea. Entonces, este el hombre prosiguió con su versión de la historia.
—O sea si lo hizo, pero apenas pasó a mi consulta el pobre salió corriendo de allí—dijo el beta por su celular—Se veía bastante asustado. De hecho, no estuvo ni siquiera cinco minutos.
Hange quien escuchaba atenta el relato de su novio, sonrió picaronamente. Al parecer el tal Levi no había abortado, y decidió conservar al bebé en su lugar. Eso definitivamente era algo digno de saber.
—¿Me puedes explicar porque estas tan ensimismada con este sujeto? El otro día también me preguntaste por él.
—Ay cariño, te explicaré todo con lujo y detalle cuando nos veamos ¿Sí?
—Está bien—dijo el hombre dudosamente— oh, por cierto, ese mismo día me encontré con Erwin.
—¿Con Erwin? —preguntó prediciendo que la historia se tornaría aún mejor— ¿Y qué hacía ahí?
—No lo sé, no me dijo mucho.
—¡Pero debiste preguntar!
—¡Oye! no soy como tú—dijo el beta excusándose—pero si tenia la mirada preocupada. Era como si estuviera buscando a alguien.
"Owww, pobrecito" pensó Hange imaginándose a Erwin en dicha situación.
—¿Me vas a explicar lo que esta maquinando tu loca mente?
—Por supuesto, en un rato de cuento todo. ¡Chau!
La mujer cortó y se recostó en su silla intrigada por el futuro que se avecinaba, imaginándose como sería la cara del alfa cuando se enterara de la decisión que había tomado el omega. Y por, sobre todo, sentía curiosidad por lo que pasaría después. ¿Acaso ese bebé sería un impedimento para ambos? ¿Erwin lo aceptaría pese a cargar con el hijo de otro alfa?
Los ojos avellana de la beta brillaron de convicción y ansias. Solo quedaría esperar y ver que le depararía el futuro a esta pareja de destinados.
¡Hola a todos! ¿qué tal están? Espero que se encuentren super.
Les traigo la nueva actualización, la cual ya tenia escrita hace un buen tiempo, pero no había tenido el tiempo para hacerle una revisada.
Ahora centrándome en el capítulo, ya saben que Levi conservara al bebé, ¿Qué opinan al respecto? Le quise dar vueltas al asunto, dado que no es fácil llegar y decidir sobre otra vida. De hecho, intenté que Levi sintiera mucha inseguridad respecto a esto, pese a que demostrara lo contrario. Por otro lado, esta Erwin, quien a toda costa prefirió mantener al bebé con vida pese a que no es suyo.
Intentaré subir el próximo capitulo luego, ya esta escrito, pero siempre me gusta tener el capitulo siguiente ya listo antes de subir uno nuevo, así que roguemos para que me brote la inspiración.
Si quieren dejar algún comentario, ya sea bueno o malo, lo recibiré gustosa.
¡Nos leemos!
