En momentos como estos, el inodoro era su mejor amigo.
Luego de haber decidido conservar el bebé, los vómitos se intensificaron a tal grado de que le era común despertarse con ganas de abrazar el trono de tronos. Ahora mismo, Levi se encontraba vomitando como si su vida dependiera de ello y nada podía detenerlo. Le resultaba bastante frustrante dado que no había comido alimento alguno y aun así su estómago hacia el laborioso esfuerzo por intentar sacar algo.
—"¿Qué estaba pensando cuando decidí seguir adelante con esto?"— pensó Levi cuando sacó su cara del asiento del baño.
Se levantó como pudo y se enjuagó la cara para quitarse los restos de vómito que habían quedado en sus labios. Entonces, se miró al espejo sintiéndose aún peor con su reflejo. Su aspecto era denigrante, su piel estaba pálida y sin rastro de color a excepción de esas notorias ojeras. Rozó su dedo índice notando lo áspera y seca que estaba se encontraba. Por otro lado, tampoco podía ignorar como algunos granos se alojaban en distintos lugares de su rostro. No eran tan perceptibles de lejos, pero si ponía mucha atención podían notar que se encontraban ahí estropeando su lechosa piel.
No le gustaba para nada lo que veía y no hacía nada más que empeorar. Sin embargo, su amiga Isabel siempre le había ayudado a ver las cosas de forma positiva pese a que todo fuera una mierda. Esto algún día pasaría. Solo era un descontrol de sus hormonas, pero luego de unos meses se regularizarían. Se levantó la camiseta de pijama y apreció que su estómago aún lucía plano. De hecho, podía notar como sus abdominales aun seguían en su lugar, pero con menos pronunciación. Lo más seguro es que la falta de ejercicio lo haya puesto un poco más blando de ese sector, pero aparte de eso, todo se encontraba igual y en orden.
Frustrado de admirar su desastre decidió tomar una ducha para comenzar el día de buena manera. Tenía planes para hoy y él más urgente era encontrar en cuanto antes un empleo. Ya llevaba casi un mes y medio cesante y de a poco eso le estaba generando una ansiedad. Y eso sumándole a que no le había dicho a nadie sobre su condición.
Giró la llave de la ducha y esperó a que se calentara para ingresar. En eso, le llegó un mensaje de Whatsapp y se distrajo por unos breves segundos.
—"Holaaaaa, ¿Qué tal amaneciste?"
El mensaje proveniente correspondía a Petra Rall, la misma chiquilla quien lo calmó luego de haber escapado de la cita con el doctor Moblit. Levi no se caracterizaba por ser muy sociable y amistoso, de hecho, era una de las cualidades que carecían en su personalidad. Sin embargo, la chica tenía un algo que rápidamente hizo que se ganara parte de su confianza. Tal vez el hecho de que ambos estuvieron lidiando con la misma situación solo que al final tomaron caminos distintos. Esa vez, la chica insistió en que la acompañara a una cafetería con tal de que se le pasaran un poco los nervios. Hablaron por un buen rato, pero era ella quien lo hacia la mayoría del tiempo. Fue ahí donde aprovechó la oportunidad y le pidió su número telefónico. Desde ese momento la castaña preguntaba al menos una vez a la semana como se encontraba.
A su parecer, le recordaba a Isabel, solo que con una personalidad más calmada.
Tomó su celular y le contestó:
—"Mareado."
—"Ya veo. ¿Tomaste el agua de hiervas que te recomendé?"
—"Lo intente y sabe asqueroso"
—"Te hará sentir mejor. Por cierto, ¿Hoy tienes la cita con el obstetra? ¿Quieres que te acompañe?"
Levi miró detenidamente el mensaje y dejó el celular en la encimera para ducharse de una buena vez. No necesitaba que nadie lo acompañara, dado que sentía que lo mejor era no involucrar a más personas en este embrollo. Sin embargo, no pasaría mucho antes de que el polisón se hiciera notar, así que tenía que contárselo a sus más cercanos prontamente.
Cerró la llave de la ducha y se quedó meditando como Dios lo trajo al mundo. Mientras esperaba que gran parte de las gotas de agua rodaran por su cuerpo, pensó cual sería el momento conveniente para manifestar la gran noticia, pero a su juicio, el dicho momento no existía. Su circulo de amistades era bien reducido y consistía únicamente por la familia de su tío Kenny y Farlan e Isabel. Para ambos casos la historia era la misma, dos familias con ansias de querer tener un bebé. Eso no era para nada alentador y temía por la reacción de ambos núcleos.
Solo en la consulta, Levi no paraba de mover el pie. Era la segunda vez que sería atendido por el alfa, y pese a que había decidido no abortarlo, aún no podía creer que traería una vida al mundo. Para él, era como si estuviera en un sueño del cual aún no podía despertar.
Mientras esperaba a que el doctor Erwin lo atendiera, se dedicó a mirar a los omegas y betas que se encontraban esperando. Una beta tenía el vientre del porte de una pelota de futbol, mientras que un omega lucía uno del tamaño de una sandia. Ambos estaban concentrados mirando las revistas maternales, cosa que a Levi le parecía tan ajeno a él.
—"Dios"—susurró para sí mismo.
En lo que Levi se hundía en su temor por el proceso, Erwin estaba mirando el horario de citas del día. En medio de los bloques observó el nombre de Levi a las 12 am. Estaba ansioso de verlo. Se preparó para llamarlo por el citófono, pero antes abrió la ventana para refrescar un poco su acalorado rostro.
Minutos más tarde lo tenía sobre la balanza de su consulta, en lo que Erwin observó seriamente los dígitos de dicho aparato.
"Esta muy delgado"—pensó Erwin anotando dicho número.
El omega bajó de la balanza y siguiendo las instrucciones del médico se recostó en la camilla cercana al ultrasonido.
—Descubra su vientre, por favor.
Una vez con el estómago al aire, el alfa tomó una cinta métrica y midió el largo de este. Levi quien desconocía los procedimientos médicos preguntó:
—¿Para qué hace esto?
—Es para evaluar el crecimiento del bebé a lo largo del embarazo. Sin embargo, se realiza posterior a las 20 semanas. Lo hice para ver cuanto medía inicialmente.
—Ya veo— dijo Levi.
—Por cierto, ¿Siempre fue de esta contextura?
—¿A qué se refiere?
—Me refiero a su físico—dijo Erwin enfatizando—¿Siempre fue de contextura delgada?
—Si.
—¿Es por genética?
—¿Por qué tantas preguntas? ¿Es necesario para esto?
Sintiéndose atrapado, Erwin bajó la mirada y soltó la cinta métrica. Por otro lado, Levi se recriminó a si mismo por su actitud arisca.
—Perdón— dijo el alfa—Solo le preguntaba porque deberá ganar más peso por el bebé. Y dado que él se encargará de absorber todos los nutrientes para su crecimiento, su cuerpo puede descalcificarse.
Levi no dijo nada mientras Erwin aplicaba el típico gel frio sobre la pálida piel del omega. Mientras estaban en ello, el alfa no entendía como pudo ser tan poco discreto con sus cuestionamientos. De hecho, podía notar el olor a incomodidad que emanaba el omega.
—No es su culpa—dijo Levi luego de que el ambiente se llenó de silencio—Es solo que el tema del peso siempre ha sido un tema algo delicado para mí. Cuando niño sufrí de desnutrición por la forma precaria en la que vivía y me costó mucho lograr alcanzar el peso ideal.
Erwin escuchó como Levi se abría hacia él, lo que fue completamente sorpresivo. Así que, por respeto, solo atinó a quedarse callado.
—Y pese a que mi situación financiera mejoró, hasta el día de hoy no siento mucho apetito. De hecho, puedo pasar mucho tiempo sin comer. Y créame que me esfuerzo en intentar alimentarme bien.
—Mi intención no fue juzgarlo…
—Lo sé, el problema es que me lo tomo muy apecho. De hecho, odio que me digan que es lo que debo hacer o como debo cuidarme. Pero supongo que, si un profesional me lo dice, asumo que está en lo correcto y obedeceré. Después de todo este cuerpo ya no es solo mío.
Erwin asintió y se concentró nuevamente al ultrasonido. Registró el tamaño aproximado del bebé y le explicó detenidamente a Levi que parte correspondía a su cabeza y a otras partes del cuerpo. Cuando terminó de realizarle el procedimiento le dio una copia del ultrasonido, la cual no valoró del todo.
Entonces Levi preguntó:
—Hay algo que me ha estado inquietando.
—Bueno, este es el momento perfecto para que usted pregunte.
—¿Es normal que mis tetillas estén tan oscuras?
—"Que directo", pensó Erwin. Por lo general estaba muy acostumbrado a tratar con pacientes un poco más vergonzosos y tímidos. Incluso muchas veces tuvo que presionarlos o intentar adivinar que era a lo que se referían.
—Por supuesto. Aunque si le preocupa, puedo hacer una pequeña revisión.
El omega asintió y descubrió su pecho sin vergüenza. Sintió las manos grandes de Erwin pasearse por su pecho, inspeccionando con sus dedos el contorno de su pezón. Desvió la mirada hacia un lado sintiéndose cohibido con el tacto. La forma en como lo tocaba era agradable y el calor que desprendía lo reconfortó. Solo esperaba que el doctor terminara pronto porque no quería tener un problema con sus pantalones. Mientras tanto, Erwin no podía pasar desapercibido el agradable aroma de Levi, si bien, este era caracterizado por el olor a menta, el aroma a leche y vainilla cada vez ganaban más terreno. Algo completamente característico para alguien en gestación. Por otro lado, no podía quitarse la idea de que esta era la primera vez que lo tocaba de manera tan intima y tenerlo tan cerca lo tentaba a morder ese blanco y pulcro cuello.
Resistiéndose a sus instintos, Erwin se alejó y dijo:
—Se encuentra en perfecto estado, el oscurecimiento se debe a la melamina, la cual aumenta su secreción durante el embarazo. Esta genera que aumente la pigmentación en algunos sectores del cuerpo, y uno de ellos es en la areola mamaria. Además, esto facilitara mucho para cuando el bebé quiera encontrar el pezón durante la lactancia.
Levi frunció el ceño y desviando la mirada expresó:
—De todas formas, no será necesario dado que lo voy a dar en adopción. No me gustaría que genere ese apego conmigo.
Erwin sudó frio ante el recordatorio. Sin embargo, no dijo nada y prefirió mantenerse al margen. Esperó a que Levi lo bombardeara con preguntas, dado que eso era lo más común en las embarazadas primerizas. Sin embargo, el pelinegro lo miraba como si estuviera esperando algo.
—¿Ya puedo irme? —preguntó Levi mirando con unos ojos que para el rubio fueron inexpresivos.
—Por supuesto, pero antes de que se vaya. ¿No tiene alguna duda? ¿Inquietud? ¿Pregunta?
Levi negó con la cabeza y entonces agregó:
—No se sorprenda si no tengo preguntas. Miré yo no estoy feliz con todo esto así que de verdad no tengo el mayor interés. Me cuidaré como corresponde y seguiré sus instrucciones, pero es todo lo que voy a hacer.
Ante la fría respuesta, Erwin sabía que no debía entrometerse más pese a que su corazón se lo pedía a gritos. Le recetó una lista de alimentos que estarían prohibidos durante el embarazo. Además de otros que debían ser poco frecuente su consumo.
—¿No puedo tomar té? —preguntó Levi indignado mientras miraba indignado la lista— Amo tomar té.
—Puede moderar su consumo, pero es netamente por la teína que contiene el té, la cual puede pasar por la placenta y ser absorbida por el bebé. Recuerde la forma en la que usted se alimente será como el bebé se nutra.
—Que problemático—dijo Levi chasqueando los labios—Supongo que me tendré que aguantar.
—Podría reemplazarlo con hierbas. De hecho, el jengibre es excelente para lidiar con los mareos.
Levi tomó nota y asintió con la cabeza. Se levantó para irse de la consulta, de hecho, estuvo a punto de despedirse del doctor, pero este le dio unos cuantos folletos. Si bien no se entrometería mucho en el embarazo del omega, simplemente se encargaría de darle toda la información necesaria como buen profesional que era.
—Aquí hay algo de información respecto al embarazo. Hablan sobre principales síntomas que ya le hablé y unos cuantos tips que podrían servirle de ayuda. De todas formas, si tiene algún tipo de malestar o alguna emergencia, puede venir directamente sin necesidad de pedir una cita. También puede llamarme si usted lo desea.
El omega miró los folletos para luego enfocarse en los brillantes ojos del doctor. Levi no era bueno para percibir los sentimientos de los demás. Sin embargo, pudo notar una pequeña preocupación por parte del profesional. Eso lo enterneció y extrañó, dado que no estaba acostumbrado a recibir mucha atención. Especialmente de un alfa que más encima era guapo.
Ante el repentino pensamiento, Levi se mordió la lengua para agradecer una vez más por los folletos e irse. Una vez teniendo la puerta de la consulta detrás de su espalda, dio un largo suspiro. Y entonces sintió su celular vibrar sobre su trasero para fijarse que era una llamada de Isabel.
No la hizo esperar y atendió la llamada.
—¿Hoy es noche de películas? Yo sugiero comer palomitas—preguntó Isabel desde la otra línea.
—Asumo que será en nuestra casa, ¿cierto? La de Levi es muy pequeña—escuchó a lo lejos la voz de Farlan.
Escuchar a ambos esposos le sacó una diminuta sonrisa de los labios. Entonces Levi respondió:
—No me gustaría que ensuciaran mi piso. Así que con todo gusto voy a su casa.
—¡Excelente! ¿Qué película veremos? ¿Tienes alguna en mente?
—Elijan ustedes.
Y cortó la llamada para quedarse mirando por unos segundos la pantalla del celular. Luego se giró para observar la placa que se encontraba sobre la puerta de la consulta del doctor. Permaneciendo así durante unos cuantos segundos, Levi se retiró del edificio con el nombre de Erwin Smith en su cabeza.
Del otro lado de la puerta, el alfa soltó una ahogada exhalación. Había hecho el esfuerzo sobrehumano por aparentar normalidad ante la presencia de Levi. Sin embargo, no se encontraba bien. Sentía la cabeza afiebrada y los músculos calientes. Llamó a su secretaria para cancelar todas las citas del día. Luego tomó temblorosamente su celular y con los ojos dilatados marcó el contacto en la pantalla.
. . .
Horas más tarde, Levi estaba en la cocina de Isabel preparando palomitas en el sartén, mientras que esta sacaba unas cuentas cervezas del refrigerador.
—¿Sabes de que tengo ganas de comer? —preguntó Isabel ofreciéndole una.
Levi negó con la cabeza y alzó la ceja esperando la respuesta. Entonces la pelirroja dijo:
—Chorrillanas.
—Es muy de noche para comer chorrillanas—dijo Levi colocando las palomitas en un bowl.
—Si—dijo Farlan llevándose una a la boca—Además, literalmente son una bomba. No tendríamos que comer en una semana para compensar esas calorías.
—¿Y desde cuando nos preocupamos de las calorías? La vida es joven para preocuparse por tonterías. Solo imagínense esas papas fritas con cebolla caramelizada.
Por un microsegundo, Levi imaginó el platillo grasoso que comentaba su compañera. Las papas fritas con los bordes crujientes, justo en el punto exacto que tanto le gustaba. Esa cebolla que brillaba gracias al aceite. En su mente, la bomba calórica no se veía tan mal.
—Y ni hablar de ese maravilloso huevo frito con tocino. También esas rodajitas de longaniza. ¡Ay pero que delicia!
Y fue en ese instante en que el platillo dejó de parecerle delicioso. El olor inconfundible a tocino y a huevo se le vino a la mente y de pronto sintió que toda la cocina apestaba a ese nauseabundo aroma. Lo que alguna vez fue apetitoso para él como unas simples papas fritas, ahora era grotesco y sumamente grasoso.
Levi apretó los labios y con toda urgencia buscó una ventana con la mirada. Necesitaba inhalar la frescura que le ofrecía la noche a las 8 de la tarde. Sin embargo, Farlan lo interrumpió de pronto.
—¡Hey Levi! ya voy a poner la película.
Respiró hondo y tratando de contener las náuseas dijo:
—Enseguida voy. Solo quiero salir al patio.
Levi salió de la cocina encontrándose con el frio viento nocturno. El sonido de los grillos lo distrajo de su malestar al igual que escasas estrellas que se dispersaban por el cielo. Cuando pensó que estuvo del todo preparado para poder ingresar a comer palomitas mientras veía películas con sus amigos, entró.
—Bien— dijo Levi sentándose al rincón del sillón de cuero— ¿Qué eligieron para ver?
—Chernóbil.
El omega no imaginó que esa inofensiva serie de cinco capítulos lo haría pasar gran parte de la noche vomitando frente al baño.
. . .
Sus ojos leían intrigado el libro que sostenía con sus manos. Sin embargo, pese a que la trama fuera muy hipnotizante, no pudo continuar con su lectura. Cerrando el libro, sus ojos se centraron en el hombre que se desvestía frente a él.
—Llevas bastante tiempo callado ¿Te ocurre algo?
Dejó el libro en su mesita de noche y el omega preguntó:
—¿Has hablado con tu sobrino últimamente?
Kenny, quien estaba poniéndose el pijama, se le quedó mirando con el ceño fruncido.
—No soy de llamar mucho a Levi ¿Por qué preguntas?
—Me gustaría saber un poco de él—comentó intrigado.
—Hace semanas que el bastardo no viene a entrenar.
—No hables así de tu sobrino—dijo recriminándolo—Podrías echarle una llamada e invitarlo a almorzar.
—No vendrá.
—Pues insiste, ¿Qué tan difícil puede ser?
El hombre de cabello cenizo se cruzó de brazos indignado. Desde la muerte de Kuchel, Levi era la única familia directa que le quedaba. ¿Cómo era posible que Kenny no pueda mostrar un ápice de interés por su único sobrino?
—A veces no te entiendo. ¿Cómo puedes ser tan indiferente con tu propia familia?
—En nuestra familia somos así— dijo el alfa sentándose a los pies de Uri— además el enano tampoco se molesta en llamar.
—Si tan solo dieras el ejemplo.
El tono con el que había empleado aquellas palabras definitivamente causó remordimiento en Kenny. Su esposo, la mayoría del tiempo, lograba que cediera ante sus peticiones y esta vez no era la excepción. El hombre podría tener una baja altura, pero aun así siempre lograba salirse con la suya.
—Está bien, está bien— dijo el hombre cruzándose de brazos rindiéndose ante el omega— mañana lo llamaré ¿Estas contento?
—Por supuesto— contesto volviendo a su lectura con una sonrisa.
—Maldito manipulador, lo que consigo con amarte.
—Yo también te amo.
—Si, si—dijo el alfa acostándose.
Uri sonrió y decidió adentrarse al mundo de su libro cuando este se le fue arrebatado de sus manos para ser lanzando por al borde de la cama. Sintió como los brazos largos de su esposo se enredaron en su frágil cuerpo para luego sentir el clásico calor de su marido al cual ya se había acostumbrado por más de veinte años. Suspiró contento y apagó la luz de la mesita de noche.
. . .
El delicado roce de los finos dedos fue recorriendo su trabajada espalda. Apretó los músculos una vez que sintió como las largas uñas se enterraron como si se tratara de una gata. El alfa miró desde abajo como la omega de cabellos pelirrojos lucia sedienta de placer. Y en busca de querer satisfacer sus anhelos y caprichos.
Erwin era soltero y no tenía compromiso alguno con nadie. Sin embargo, había veces que como todo hombre debía saciar sus necesidades, especialmente los celos que lo atacaban cada ciertas épocas del año. Ahora era una de ellas y recurrió a Marie como siempre acostumbraba a apagar su fuego. Su relación era netamente carnal, ambos tenían sexo y una vez que todo terminaba cada uno seguía con sus respectivas vidas. Al hombre le gustaba así, y prefería que se mantuviera de esa manera.
—¡Métemela de una vez, Erwin! —dijo la mujer enloquecida por el placer.
El susodicho asintió y apoyó a la omega sobre las sábanas para luego meterse entre sus piernas. Acarició sus labios logrando que la pelirroja se retorciera del placer. Sus uñas rojas, se enredaron en los cabellos húmedos del alfa y lo tironearon suavemente.
—¡Erwin!
El rubio cerró los ojos besando los rellenos muslos femeninos, entreteniéndose con la chillona voz excitada de Marie. Enterró su nariz sobre la bronceada piel sintiendo el potente aroma a rosas, el cual para su sorpresa comenzó a cambiar a mentolado con el pasar de los segundos. Abrió los ojos confundidos y se alarmó al encontrarse con los grises ojos de Levi.
Pese a que Erwin era un alfa como todos los demás, tenía mayor poder sobre sí mismo durante los celos que el resto de su raza. Incluso cuando su libido estaba tan por sobre las nubes, lo cual era útil para no romper la compostura. Sin embargo, esta vez era diferente. La lujuria del momento se apoderó de la poca razón que había en su mente logrando imaginar a Levi sobre la cama.
—¿Pasa algo doctor Smith?
Si Erwin no se había prendido antes, con esa simple pregunta su cuerpo ardió en llamas. De modo que se dejó llevar por la obscenidad del momento. Los labios se posaron en el pecho plano del omega y repartió su camino con pequeños y dulces besos. Se tomó todo el tiempo del mundo para atesorarlo como no lo había hecho nunca.
Por otro lado, Marie sentía la cálida boca del rubio sobre su cuerpo, extrañada de que el hombre se volviera tan cariñoso repentinamente. Por lo general, acostumbraba el sexo duro cada vez que lo hacía con Erwin. De hecho, una de las primeras condiciones que habían pactado era que no habría besos en la boca durante el acto. Ella se lo impuso. Sin embargo, a medida que fue conociendo al alfa fue arrepintiéndose de ese pacto. Con los hombres con lo que había estado a lo largo de su vida, se dio cuenta de que el rubio era distinto. Si bien, lo suyo solamente era sexo sin compromiso, Erwin realmente era un sujeto agradable y carismático. Un excelente amante. Absolutamente no la llamaba con frecuencia, pero las veces que habían estado en contacto físico, el alfa resultaba ser un hombre atento y caballeroso. De hecho, le era extraño encontrar a alguien tan ardiente y gentil a la vez. Eso hizo que, con el tiempo, Marie comenzara a mirarlo con otros ojos.
Había veces en que ella tenía la mínima esperanza que el alfa le propusiera algo más. Extender su relación a algo más allá de lo que habían establecido. A algo más serio. Que el alfa la mirara con algo más que solo deseo, sino más bien con un poco más de cariño y amor. Tal como lo estaba haciendo ahora.
Se dejó querer por este Erwin tan amoroso, mientras que este comenzó a deleitarse del hombre que solo podía tocar en su imaginación.
Saboreo aquellas tetillas oscuras y enredó sus largos dedos en el cabello negro como la noche. Besó esa nariz tan perfilada y se embriago de esos ojos tan grises como la luna. Las manos pequeñas de Levi se sujetaron por sus anchos hombros para luego rodearlo y convertirlo en un apretado abrazo. Teniéndolo tan cerca, Erwin lamió el limpio cuello del omega. Esa piel tan dispuesta y virgen como lo había visto esta mañana se encontraba frente a él rogando por ser mordida. Olfateó la nuca sintiendo tan potente el aroma mentolado. Tentado por marcarlo, Erwin descargó todas sus ganas penetrándolo, observando como la espalda del omega se retorcía ante sus estocadas. El delgado torso subía y bajaba a su ritmo y Erwin no hacía nada más que mirarlo y apretarle el redondo y pequeño trasero dejándole las marcas de sus dedos.
Para cuando terminaron la omega estaba tratando de recobrar el aliento. Respiraba queriendo que su respiración volviera a la normalidad. Miró de reojo al alfa quien tenía los ojos perdidos en el techo. Sus largas pestañas contrastaban con la luz de la luna haciéndolo lucir más guapo de lo que ya era. Ella se acercó a él y apoyó su mejilla en su amplio pecho. Se encontraba saciada, satisfecha, no había palabra suficiente que pudiera describir que tan completa se sentía luego de aquel acto candente.
—Eso fue fantástico —dijo rozando su dedo índice contra la perlada piel del alfa— lo digo en serio. Hace tiempo que no tenía sexo de esta manera.
Dentro de lo erótico que había sido, lo otro que había destacado el acto fue lo pasional. No hubo ningún cruce de palabras. De hecho, ni siquiera fue necesario dado que cada una de las acciones de Erwin bastaron para llevarla al paraíso y hacerla sentir querida. La forma en que la había tocado y poseído no era igualada a ninguna otra ocasión.
Sin embargo, todo eso terminó cuando sintió como Erwin se alejaba de ella de forma delicada.
—¡Hey! ¿A dónde crees que vas? —preguntó cubriéndose con la sabana—Son las cuatro de la mañana.
—Necesito ir a mi casa.
—No puedes salir así. Tu celo aún no ha terminado—replicó ella.
—Me tengo que ir.
Observó como Erwin se puso su camisa para luego salir de la habitación de la omega. Las luces del auto del alfa se reflejaron en las paredes de la habitación dando indicio a la marcha del hombre. Marie, quien ya se encontraba sola en su habitación, desplomó su espalda desnuda sobre las mullidas almohadas color beige. Tomó la de Erwin, e inhaló el potente aroma a cedro y libros viejos que tanto lo caracterizaba.
Por otro lado, Erwin no se sentía satisfecho y la compañía de Marie no era lo que buscaba en ese momento. Su instinto lo hacia culpable de hacerlo con alguien que no fuera su destinado y pese a que necesitaba desquitar su deseo, no estaba contento de elegir a otro que no fuera Levi.
. . .
—Te agradezco que me hayas acompañado a hacerme los exámenes—dijo Isabel.
Era las diez de la mañana y Levi había acompañado a la beta a hacerse unos exámenes de sangre. La chica no se iba a rendir por nada del mundo. Levi la conocía, y sabía que, si había un ápice de esperanza para poder tener un bebé, la pelirroja haría lo imposible hasta lograrlo. Era una mujer bastante empedernida.
—¿La doctora te comentó cuando saldrían los resultados?
—Dijo que en dos días tengo que acercarme a recepción.
—¿Crees que está bien hacer esto? —preguntó Levi temeroso de meter la pata con sus palabras.
—¿Acaso crees que hago mal? —preguntó la chica levemente afectada.
—No—dijo Levi pasándose las manos por su cabello negro—lo que quiero decir es que no quiero que esto te haga ilusiones, Isabel. Farlan y yo tememos que esto pueda hacerte sufrir.
—Levi—dijo la beta con una sonrisa gentil—de verdad valoro mucho tu preocupación. Es por ello que te quiero mucho, pero no te preocupes. Puede que me veas como alguien débil y sensible, pero soy fuerte. Y créeme que estoy preparada para escuchar lo peor.
—Pero…
—Solo quiero agotar todos los recursos que tengo antes de darme por vencida. ¿Sí? Te prometo que estaré bien.
Levi la miró con preocupación. Sin embargo, no pudo seguir insistiendo debido a la sonrisa que la beta le estaba obsequiando. No quería por nada del mundo ser él quien destrozara aquella sonrisa. Así que lo único que podía hacer era apoyarla con todo esto.
Por otro lado, no sabía cuándo sería el momento preciso para contarle que él estaba esperando un bebé. Sentía que este era la instancia menos indicada para hacerlo. No quería que la noticia llegara a afectar a su amiga. Especialmente si no lo iba a conservar.
Su corazón comenzó a sentirse acelerado ante las ideas que generaba su mente. Pesé a que Levi siempre había tenido una gran estabilidad para controlar sus emociones, ahora sentía que estaba flaqueando. Todo esto era un gran peso que sentía en su pecho.
. . .
Una de las tradiciones que tenía con Hange era desayunar los primeros sábados del mes. Ella siempre acostumbraba a pedir un pastel de nueces mientras que Erwin se inclinaba por café y huevos con tocino. La camarera ya los conocía de rostro y anotó con una sonrisa el pedido de ambos.
—Desde que te conozco he pensado que comes como un niño en desarrollo—dijo la castaña luego de que la camarera trajo sus ordenes respectivas.
Erwin la miró sin saber si tomar eso como cumplido o defecto. Entonces preguntó:
—¿Quieres un poco?
La beta se sintió tentada por el brillante huevo con la yema naranja, de hecho, sabía que el alimento estaba en el punto exacto tal y como a ella le gustaba.
—Está bien—aceptó sin hacerse de rogar. Untó un pedazo de pan en la yema del huevo y se la llevó a la boca —Dios esto sabe maravilloso, mi colesterol me lo tendrá que perdonar.
—Exageras— dijo Erwin con una sonrisa.
—Por cierto—comentó la castaña cubriéndose la boca con una servilleta— ¿Hay alguna novedad?
—¿Novedad con qué?
—Vamos, tú sabes a lo que me refiero. Cuando nos juntamos a desayunar es para ponernos al día con nuestras vidas.
Erwin levantó una ceja y dio un sorbo del amargo café. Entonces habló:
—¿Por qué te interesa tanto mi vida personal? ¿Por qué no hablamos de la tuya?
—Porque es interesante. Necesito saber los detalles de tu relación con tu destinado. Además, ambos sabemos que mi vida es aburrida, la tuya es mil veces mejor.
Erwin estuvo a punto de rehuir la conversación cuando de pronto escuchó un alboroto a sus espaldas. Se giró para ver a una de las camareras alarmadas a la entrada del establecimiento.
—Hay que llamar a un médico, la chica de ahí se desmayó.
Al escuchar aquel grito de auxilio, Hange se levantó de la mesa y se fue para auxiliar.
—Yo soy médico—dijo la beta mostrando su credencial—La vamos a ayudar.
Erwin quien no había terminado de desayunar, se levantó al igual que la beta y se dirigió hacia la mesera que les indicó donde estaba la chica desmayada. En efecto, la joven pelirroja estaba inconsciente en la entrada del lugar, pero para su asombró Levi era quien la tenía tomada al estilo princesa. Cuando ambos cruzaron sus miradas, se quedaron estupefactos.
Entonces el más pequeño dijo:
—Aunque no lo crean, pesa mucho.
Erwin entendió la indirecta y tomó rápidamente a la desmayada. El personal de la cafetería le prestaron una silla para recostar a Isabel, quien no parecía despertar de su inconciencia.
—¿Qué le sucedió? —preguntó Hange.
—No lo sé. Estábamos muy bien caminando—dijo Levi tratando de dar toda la información— Habíamos terminado de salir del hospital, se había hecho unos exámenes de sangre.
—¿Vino en ayunas? —preguntó Erwin tomando el pulso de la beta, el cual se encontraba normal.
—Si.
—De seguro la falta de azúcar la descompensó— diagnostico el rubio.
La camarera quien había estado escuchando dijo:
—Le traeré una dona. Enseguida vuelvo.
—Gracias—dijo Levi asintiendo con la cabeza.
—No es nada de qué preocuparse—dijo Hange dándole unas palmaditas al omega—Despertará dentro de poco ¿Tienes cómo llevártela para cuando recobre el conocimiento?
—No realmente. Y justo su esposo le tocó trabajar hoy.
—Yo los puedo llevar—dijo Erwin.
—No es necesario. Podemos tomar un taxi.
—Insisto.
Levi desistió y los tres esperaron a que la pelirroja despertara. Cuando lo hizo, lo primero que encontró fueron unos bellos ojos azules mirándola. Encantada por aquella vista, miró a todas partes desorientada y el omega le explicó su repentino desmayo mientras comía una dona y una taza de café. Una vez bien alimentada, el alfa llevó a los tres en su auto. Tanto el alfa como el omega se encontraban incomodos por la situación, mientras que las betas no hacían más que hablar de trivialidades. De reojo, Erwin miraba a Levi por el espejo retrovisor. Podía percibir cuan avergonzado se sentía, era cuestión de olerlo y uno se daba cuenta.
El auto se estacionó en la humilde casa, tanto Hange como Isabel salieron del auto. Debido a la naturaleza curiosa de la castaña, esta le preguntó cuáles eran los exámenes que se había hecho y para qué. En lo que la castaña ni avergonzada ni desinhibida le comentó lo que sucedía como si se tratara de una amiga de toda la vida.
En lo que ellas conversaban, Levi se quedó por unos minutos dentro del auto y su mirada se encontró con la de Erwin.
—Muchas gracias por traernos, doctor Smith.
—No se preocupe—dijo Erwin dándole una sonrisa diminuta—lo bueno es que su amiga ya está con mejor ánimo.
—¿Quién no lo estaría con una dona y café gratis?
Erwin rio torpemente para después soltar una sonora carcajada. Al escucharlo reír, Levi se quedó prendado de ese sonido. Es más, en lo poco que llevaba conociendo al doctor, no se había percatado de lo profunda que podía ser su voz.
—¿Cómo se ha sentido? —preguntó el rubio sacando al pelinegro de sus pensamientos.
—Las náuseas aún persisten, pero ya me acostumbré a ellas.
—Ya veo— dijo Erwin suavizando la mirada—¿Acompañó a tu amiga a hacerse los exámenes?
Levi asintió con la cabeza y entonces observó a Erwin sacar del maletero del copiloto un bulto envuelto en una servilleta. Luego se lo ofreció al omega quien lo miraba sin entender. Aun así, lo tomó y lo despojó de la servilleta para ver que era un muffin.
—¿Y esto?
—Es un muffin de zanahoria, aproveché de comprar uno porque pensé que no había comido.
El omega se lo quedó mirando y las comisuras de sus labios se curvaron levemente. Dentro de todo el ajetreo de la mañana, olvidó que tampoco había desayunado. Miró a Erwin y le agradeció con la mirada.
—Sera mejor que me vaya. Nuevamente, gracias por su hospitalidad.
—No hay de que.
Erwin observó como la silueta de Levi se adentraba por el pasillo de margaritas para desaparecer por la entrada de la puerta principal. Minutos más tarde, Hange regresaba a su auto.
—Te demoraste.
—Es que esa chica resulto muy simpática. Su nombre es Isabel.
—Siempre admire tu rapidez para congeniar con las personas.
—Que puedo decir, estas cosas se me dan— dijo la chica con brillo en los ojos— Oye, ¿te importaría dejarme a mi casa?
—¿Ahora me las doy de Uber?
—Vamos, por favor. Así aprovechamos de ponernos al día con tu vida.
—Mejor vámonos en silencio—dijo el alfa poniendo las llaves en el auto.
—Pero que amargado.
Mientras el auto se ponía en marcha, Levi hablaba con la pelirroja en la cocina. Había pasado un susto con ella y ahora quería corroborar que todo en ella se encontraba bien. Así que la obligó a desayunar de nuevo.
—No quiero comer. Ya comí una dona y un café.
—Vas a comer y punto.
—Solo fue una pequeña baja de azúcar, Hange me lo dijo. Con la comida que me dieron ya estoy más que bien. Además, ese doctor. ¿Te fijaste en lo guapo que era?
Levi rodó los ojos e ignoró por completo la pregunta para concentrarse en la taza de té que estaba por servirse. Miró el muffin de zanahoria que se encontraba frente a él y suspiró agotado. De pronto su celular vibró para luego fijarse en el nombre del remitente. Ignoró la llamada por unos segundos mientras observaba a Isabel quien estaba guardando los platos en los estantes. Entonces se mantuvo pensativo. Definitivamente le diría lo del bebé, pero no sería pronto. Aún no se sentía listo. Sin embargo, si quería sentirse apoyado por sus más cercanos, debía involucrarlos de una vez por todas en esto. Y partiendo por la persona que lo estaba llamando en ese instante.
Hola a todos! ¿Cómo están? Esperó que se encuentren super.
Es triste pero el verano en Chile ya llegó a su fin y para bien y para mal hay que volver a la querida rutina. Les traigo la continuación y espero que haya sido de su agrado.
Tal y como pudieron notar, Marie hizo su aparición. Su ingreso al fic fue de último momento y pensé que un tercero podría hacer las cosas mas interesantes. Por otro lado, esta Levi quien está de a poco aceptando el hecho de que tendrá un bebé y que le queda poco tiempo para decir la verdad. Esperemos que lo haga pronto.
Ustedes saben que me encantan sus comentarios y que todos los leeré con mucho cariño.
Lo otro que me gustaría comentarles, es que últimamente me ha gustado una pareja de Kimetsu no yaiba y es la de RengokuxTanjiro. Esta ship de verdad que me da ternura y tal vez en el futuro escriba un oneshot de ellos. Ojalá existan seguidoras de esta historia que también les guste la ship.
¡Nos leemos en la próxima!
