Caminando por el centro del pueblo, entre los coloridos mercados, se apreciaba un desfile de vestidos voluminosos algo sencillos y caballeros elegantes. Entre todos ellos, una peculiar mujer joven delgada y bien vestida.
La pequeña mujer caminaba a toda prisa entre el mar de gente, siendo seguida por su chaperona. El vestido amarillo pastel, pomposo, llena de vuelos y detalles con el sombrerito a juego, hacía destacar su cabello rizado castaño oscuro y el pequeño fleco que adornada su frente. Su piel algo más bronceada que algunas otras damas, no desentonada para nada con el peculiar conjunto o con los guantes blancos de encaje hasta el antebrazo que ocultaban unas delicadas manos.
Caminó más a prisa buscando un lugar en especial. Ese día especialmente había una ola de calor azotando la ciudad, y ese sombrero que llevaba puesto no realizaba precisamente la acción correcta para proteger su piel del calor del medio día.
Conforme avanzaba se sentía mas agobiada, hasta que pudo divisar un modesto negocio pintado por fuera de blanco con una amplia puerta color caoba. Al llegar ni siquiera de molesto en tocar, simplemente entró. Seguramente su chaperona estaría viéndola de manera aprensiva por lo que acababa de hacer, pero podía fingir demencia sobre el asunto.
Recorrió brevemente con la mirada el lugar. Era pequeño y había algunas personas, hombres, mujeres y especialmente niños recostados en camillas improvisadas. Todos parecían estar lo suficientemente inconscientes para no comentar nada sobre su abrupta entrada. Realmente todos presentaban la misma tez colorada y el gesto de soportar una migraña terrible.
Conforme observaba, estaba buscando a una sola persona. Pudo ver al dueño del establecimiento preparando agua con algún tipo de sal al otro lado de la habitación así que se apresuró a acercarse a él.
Doctor Himura. Es un gusto verlo – comentó conforme se acercaba – Parece bastante ocupado por aquí
También es un gusto verte, hija – comentó el hombre mayor, de cabello negro con algunas canas, vestido pulcramente justo debajo de la bata blanca que delataba su profesión - ¿Qué te trae por aquí esta ves?
Lo mismo de siempre, doctor – dijo la muchacha - ¿Dónde se encuentra esta vez?
Bueno, estas de suerte – dijo el galeno con complicidad – está en el depósito buscando algunos retazos de tela. Si quieres puedes esperarla aquí o pasar al depósito
Bueno, no me gustaría pasar al depósito – dijo con algo de pesar – pero estoy segura de que no hay otra manera de hacerla salir rápidamente
Jajaja, así es – mencionó el hombre mientras se acercaba con el agua a dar de beber a un niño – siéntete libre de pasar. Segunda puerta a la derecha
Agradeció al hombre y se quitó el sombrero y los guantes. Temía entrar al depósito y encontrar un mundo de polvo y animales pequeños que se pegaran a los únicos artículos de su atuendo que podía salvar, pero lamentablemente el vestido, tenía que ir con ella a todos lados.
Al entrar se sorprendió gratamente. El lugar no estaba ni cerca de ser lo que había imaginado, al contrario, estaba bastante limpio y por las pequeñas ventanas entraba la luz suficiente para poder localizar a quien buscaba.
Justo frente a ella, arrodillada en una de las tantas cajas del almacén se encontraba una muchacha de cabello negro envuelto en un recogido sencillo, con unos pantalones azul oscuro que simulaban una falda y una camisa de mangas largas abullonadas sin ningún tipo de detalle.
Por fin te encuentro, Kag – dijo la recién llegada – debes escuchar la noticia que tengo para ti
Espera un momento, San – contestó la joven desde el suelo mientras revisaba el contenido de la caja – tengo que encontrar algo importante ahora
Lo sé, la tela – mencionó - ¿Para qué la necesitas?
Es temporada de verano, San – dijo la otra levantándose del suelo con un bulto blanco en las manos – tenemos muchas personas que están ardiendo como el sol y necesitamos disminuir su fiebre
Lo entiendo – dijo saliendo detrás de su compañera – ha sido una temporada terrible
Y que lo digas – contestó la mujer – así como estas personas pueden llegar más, necesitamos más espacio y como puedes ver ya no tenemos suficiente espacio o insumos para todos
Me aseguraré de comentárselo a mi padre y a todas las demás mujeres en el té de la tarde – dijo feliz –
Estoy segura de que agregarás el dramatismo necesario para que nuestras demandas sean atendidas lo más pronto posible – contestó la mujer tomando un cubo con agua y remojando los retazos – ¿Y qué es eso tan importante que te trae por aquí, Sango?
Sango estaba tan concentrada viendo a todas esas personas que había olvidado el motivo de su visita. Verdaderamente el lugar era estrecho y aún con el esfuerzo de su amiga y el galeno, parecía solo llenarse más en cuestión de minutos.
Me imagino que estás aquí, por algunas de esas fiestas de las que siempre hablas – mencionó la pelinegra – esas que te he dicho mil veces que no asistiré
¡Oh, no! Esta vez no dejaré que me abandones, Kagome – dijo molesta la castaña – Esta vez es completamente diferente y debes asistir
¿Qué tiene de diferente? – agregó distraída – bailes, vestidos, chismes, hombres buscando esposa, mujeres buscando esposo, comida fina que nadie prueba, ¿qué es diferente ahora?
Que es nuestro turno de ser parte – agregó impaciente – seremos uno de esos personajes de los que tanto te quejas
Siempre he pensado que debería buscarme una esposa, Sango – dijo la mujer – pero creo que yo encajo mejor en la parte de los chismes – agregó molesta – claro, que dentro de la historia en lugar de inventarlos
Te he dicho muchas veces que la gente no habla de ti – mencionó tranquila – tampoco deberían tener nada malo que decir
Y aún así lo dicen – dijo molesta – se preocupan tanto por la vida de los demás y sus finísimas reglas de etiqueta, que se olvidan de que para acusarte de algo deben tener pruebas
Vamos, Kag – mencionó la castaña acercándose a su amiga – es la única oportunidad que tienes de encontrar un buen esposo
¿Y para qué necesito uno? – dijo tranquila – hace tiempo que no dependo de nadie, ¿para qué buscar algo así?
¡Ush! Eres imposible – gritó molesta recibiendo quejidos de todos aquellos recostados en las camillas – Lo siento – agregó acompañado de una reverencia apenada - ¿Puede convencerla, señor Himura? Es algo muy importante. Estoy segura de que Kagome no debe perderse esta oportunidad
Kag, yo creo que debería asistir – agregó el hombre –
¡Oh, no! ¿Usted también? – dijo con fastidio – tengo suficiente con Sango, abuelo
Es algo que todas las mujeres de tu edad quieren hacer – dijo el hombre mayor tranquilamente – ir a eventos, tener un cortejo, casarse, tener una familia y un esposo. No debes desperdiciar esta oportunidad de salir como las demás jovencitas de tu edad
¡Exacto! Piénsalo, Kag – dijo la castaña con felicidad – si por ahora no quieres casarte, por lo menos puedes divertirte durante esta temporada, habrá muchos eventos y no estaremos solas, hay muchas otras jóvenes casaderas esta temporada
Lo pensaré, Sango – dijo la pelinegra – pero por ahora solo quiero hacer mi trabajo
De acuerdo, te dejaré en lo que estás haciendo – tomó sus guantes y sombrero para colocárselos – es dentro de una semana, no lo olvides y tampoco olvides que cuento contigo – agregó para después salir del lugar junto a su compañía.
BREAK
Dentro de una habitación de madera decorada con cientos de objetos antiguos y con apariencias de provenir de diferentes lugares, se podía escuchar el sonido del licor mientras era servido un vaso de cristal. El repicar de los hielos dando vueltas en el espacio mientras se llenaba del líquido ámbar era lo suficientemente alto, como para que cualquiera pudiera escucharlo.
Frente a un escritorio se encontraba un hombre de cabello castaño rojizo y ojos verdes, cuya expresión angustiada se reflejaba en la madera bien pulida del mueble frente a él. Tomaba aire con tranquilidad intentando pasar desapercibido por el hombre del otro lado del escritorio, esperando que por un momento pudiera retrasar el momento de conversar y así ordenar sus ideas.
Cerró los ojos y empezó a pensar cual sería la mejor manera de comenzar aquella conversación. No era ningún secreto que el hombre frente a él le causaba un pánico inexplicable; ni siquiera lo conocía, pero su presencia y porte lo hacían parecer un gigante amenazador.
Y bien, señor Kitsune. ¿Qué lo trae a mi casa? – preguntó el hombre frente al él
En cuanto escuchó la voz tan siniestra frente a él, sintió que la garganta se le cerraba y perdía toda capacidad de hablar. Ni siquiera podía levantar la mirada y ver al imponente hombre frente a él.
Espero que no estemos perdiendo el tiempo, señor – volvió a hablar - ¿Qué lo ha hecho venir a mi casa?
Yo… - atinó a contestar – Nos… Nos-sotros, bueno, nosotros queremos – estaba sudando y sosteniendo con fuerza sus manos – Nos percatamos de u-una irregularidad, señor Taisho
Al levantar la vista se encontró con la mirada del hombre frente a él. Un rostro sombrío, con ojos inyectados en sangre, pupilas pequeñas y un iris azul que le helaba la sangre. Las marcas en sus mejillas y los colmillos grandes sobresaliente lo hacían lucir aun más aterrador, como salido de una pesadilla, el cabello plateado recogido en una coleta larga lo hacía, además, lucir demasiado estricto. Vestía una camisa blanca perfectamente planchada, unos pantalones negros lisos y alrededor de su cintura una correa de cuero negro sostenía la funda de una espada.
¿A qué tipo de irregularidad de refiere, señor? – agregó siniestro poniéndose firme en el asiento mientras tomaba un sorbo del liquido en el vaso –
Bu-bueno, en los sembradíos del Este hemos encontrado algunos cultivos irregulares – dijo el hombre con más tranquilidad – cosas que no deberían estar ahí y otras que se han ido
Hable con claridad, señora Kitsune – mencionó el hombre enojado – no quiero rodeos, quiero saber que pasa en mis tierras – agregó mientras mostraba sus colmillos de manera amenazante y fijaba toda su atención en el hombre que tenía frente a él.
El hombre, mientras tanto, no estaba aterrado por su estado demoniaco. Al final de cuentas, él también era un demonio, sin embargo, la figura que tenía enfrente parecía calcular todos sus movimientos esperando el momento para lanzársele encima y destrozarlo como si no fuera la gran cosa.
Encontramos algunas plantas de Jikura – contestó – y se han perdido por lo menos dos cabezas de ganado – agregó preocupado – no sabemos quién puede ser, pero debe ser alguien que trabaje ahí o tenga acceso a su propiedad
Robando en mis propias narices, ¿no? – el hombre se levantó – Muchas gracias, señor. Regrese al trabajo, buscaré cómo ocuparme de este asunto – agregó mientras veía por la ventana – Retírese por el momento y manténgame informado –
Al salir, se topó con la sirvienta personal de dueño de la casa, quién lo observó por unos segundos y entró a la habitación de donde él acabada de salir. Su mirada le incomodó, hasta se sintió por un momento estudiado, pero decidió continuar por el momento y superar la mirada de aquel hombre endemoniado.
En cuanto escuchó la puerta cerrarse anunciando la salida del señor Kitsune, cerró los ojos. Nuevamente se encontraba la oscuridad y al abrirlos nuevamente, ya tenía a su asistente al lado suyo, esperando sus indicaciones.
Al voltear al escritorio, frunció el ceño y se acercó lentamente, estudiando la estructura y posición de todo lo que ahí había.
Tsubaki, llévate esta botella fuera de aquí – señaló el licor sobre el escritorio – Detesto el olor que tiene
En un gesto silencioso, la mujer hizo una reverencia corta, tomó la botella y salió de la habitación, dejando el hombre solo observando el escritorio.
