Saliendo de la bruma blanca que lo envolvía, Han se encontró en lo que parecía ser el Consejo Jedi de antaño, maestros Jedi sentados, formando una herradura mientras en el centro, estaba un Jedi joven, un niño y un maestro Jedi de barba y larga cabellera. Han notó que entre los maestros había uno de la misma especie de Grogu, pero muy mayor.
—No, no será entrenado—exclamó el Jedi calvo de túnica café.
—¿No?
—Es demasiado viejo—replicó maestro Jedi que se parecía a Grogu.
—Él es el elegido.
Han comprendió entonces que aquel niño era Anakin Skywalker, rescatado de Tatooine y que aquel maestro había captado un gran nivel de la Fuerza.
—Nublado el futuro de este chico es.
El Jedi de cabello largo no parecía estar conforme, se acercó al niño y colocó sus manos en sus hombros.
—Yo lo entrenaré—dijo mientras su aprendiz lo miró un poco estupefacto—Tomó a Anakin como mi padawan.
Han intuyó que la palabra "padawan" se refería a un aprendiz, una palabra que por obvias razones, quedó en desuso y desconocido entre la generación Jedi de Rey.
—Un padawan ya tienes, imposible tomar un segundo.
—El código lo prohíbe—exclamó el Jedi de túnicas café.
—Obi Wan está listo para listo para las pruebas.
—Estoy listo para enfrentar las pruebas—exclamó el joven llamado Obi Wan. Han recordó cuando su madre le contó que una vez el espíritu de la Fuerza de Obi Wan le habló en el viejo Templo Jedi, donde está ahora. Han sentía que había visto lo suficiente, conoció al niño y usó la Fuerza para adentrarse más en la corriente.
Cuando nuevamente salió de las brumas blancas, notó que estaba en un pasillo de una suite en algún lugar de Coruscant. Vio a un gungan vestido de túnicas elegantes, lo cual supuso que debía ser algún tipo de político, él se acercó al turboascensor cuyas puertas se abrieron. Han reconoció al joven Obi Wan pero este era un poco mayor de la última vez que lo vio, y lo acompañaba un joven.
—¡Obi!—exclamó emocionado el gungan mientras saludaba a Obi Wan, luego a Anakin. El gungan los llevó a otro espacio, donde alzó los brazos—Senadora, amigos están aquí.
—Los Jedi han llegado.
Han vio a una mujer hermosa acercarse a los Jedi acompañada de un hombre adusto, su guardaespaldas, además de otra mujer que estaba cerca de la senadora. El caballero Jedi supuso que debía ser importante para Anakin para que la Fuerza le mostrase esto. Anakin se veía nervioso, podía sentir su ansiedad por medio de la Fuerza.
Obi Wan se inclinó respetuosamente a diferencia de Anakin, quien solo miraba a joven senadora.
—Es un placer verla de nuevo, miladi.
—El placer es mío, maestro Obi Wan—exclamó la senadora, quien luego miró a Anakin, sonrió—¿Ani? Mira como has crecido.
—También tú, tu luz es más hermosa…quiero decir, no hay muchas senadoras hermosas—exclamó nerviosamente, Obi Wan miró a otro lado incómodo mientras Han rodaba los ojos, pero ella se sonrió.
—Siempre serás el pequeño Ani que conocí en Tatooine.
Han adelantó un poco las cosas, supo que ella se llamaba Padmé, lo cual Anakin estaba enamorado de ella, y que estaba en peligro después de un atentado en su contra. Han especuló si ella era la razón porque Anakin, se convirtió en Darth Vader.
Ambos se confesaron su amor poco antes de entrar en un coliseo de Geonosis, donde tres bestias intentaron destrozar los cuerpos de los dos enamorados y de Obi Wan, la aparición de los Jedi en las tribunas, lograron sacarlos de un aprieto pero luego se vieron rodeados de droides de combate pero la oportuna aparición de una nave que solo vio en holos, con el maestro Yoda (supo su nombre en esos viajes), lograron sacarlos del coliseo, siendo apoyados por los soldados clon.
Han supo que así se daba inicio la famosa guerra de los clones, un tema que su maestro Karr Nuq Sin habló en clase de historia cuando era un Iniciado Jedi.
Decidió salir de ahí, envolviéndose en la bruma blanca mientras avanzaba más adelante en su viaje de la corriente.
Se detuvo cuando vio a Anakin acercarse a una figura escondida entre las columnas del Senado, Han lo siguió y vio que era Padmé, su vientre le dio a entender que estaba embarazada. Y lo confirmó cuando reveló la noticia a Anakin, quien estaba feliz por oírlo sentía que estaba un poco preocupado.
Se movió más adelante, en una sala oscura, iluminada por la luna, Anakin estaba sentado en el reposabrazos de un sillón. Han captó intranquilidad en él, estaba abrumado cuando vio a Padmé acercarse a él.
—Tuve un sueño.
—¿Malo?
—Como los que tenía con mi madre antes que muriera.
Entonces Han entendió que Anakin tuvo una premonición de la muerte de Padmé, comprendiendo la razón porque necesitaba ese conocimiento para salvarla. Tal como lo intentaba él mismo, salvar a su hija.
Además, Han percibía que Anakin se sentía solo y que la Orden Jedi le daba la espalda, además del acercamiento con el canciller Palpatine, a quien reconoció como su bisabuelo antes de terminar deformado.
Han seguía a Anakin por todos lados, e incluso cuando fue a la biblioteca Jedi, obsesionado en encontrar la manera de salvar a su amada, cuando dejó los libros vio cómo se acercaba a una sección cuyas puertas estaban cerradas. Han se acercó lentamente y leyó la advertencia, solo un maestro Jedi tenía la autorización para ingresar a esa área.
Y supo por que se sentía frustrado cuando se le negó el rango de Maestro.
Han solo lo vio sentarse en su sitio, avergonzado por su exabrupto pero no lo podía culparlo, también se sentía inútil para evitar esa visión de su hija, ya adulta, siendo asesinada.
Usando la bruma para adelantarse, deteniéndose cuando Anakin se da cuenta que el canciller Palpatine, al que confiaba cuando llegó a Coruscant, era el señor Sith que buscaban.
Él le daría el conocimiento para salvar a Padmé si se unía y aprendía los secretos del Lado Oscuro.
Él contó la revelación al Jedi calvo llamado Mace Windu, quien acompañado por maestros Jedi fue a detener a Darth Sidius.
Han fue mudo testigo de la muerte de los Jedi, Mace logró hacer retroceder a Sidius, entonces se giró y vio Anakin que se acercaba a él.
Palpatine estaba desfigurado, se quejaba y jadeaba pero Han sabía que tenía una carta bajo la manga, aprovechando la duda de Anakin y cuando Mace levantó su sable para darle la estocada final, Anakin le cortó la mano y el viejo Sith, con sus poderosos rayos de la Fuerza, lanzó al maestro Jedi por la ventana.
—¿Qué hice?—se lamentó Anakin, cayendo de rodillas mientras Sidius se ponía de pie, se acercó a Anakin, quien aceptaba su destino, donde el maestro Sith lo bautizó como Darth Vader. Y que ahora su misión era exterminar a sus enemigos, incluyendo a su antiguo mentor, luego debía ir a Mustafar para asesinar a los lideres separatistas.
Han siguió al recién nombrado Darth Vader, quien lideraba a su batallón de clones e ingresaba al Templo Jedi. Él fue testigo de la llamada Orden 66 o Purga Jedi, un tema que fue tomado en su clases de historia por medio del maestro Karr Nuq Sin.
Podía sentir como la muerte, la rabia y el miedo se arremolinaban en el lugar, los Jedi fueron tomados por sorpresa y caían bajos los disparos de los clones y de los golpes del sable de luz.
Y él estaba tan seguro de sí mismo, sentía el Lado Oscuro en él, Han decidió alejarse del templo. Conmocionado, no se veía a si mismo exterminando a sus compañeros, a pesar de haber asesinado a una compañera suya.
Pero sentía que Moonstone le pediría algo así, ir a Yavin IV y levantar su sable de luz contra Lowie, Katie, Luke, su melliza Shara e incluso contra su madre Rey o su tío Finn.
No estaba feliz por ello, pero si ellos se ponían en su camino, entonces no tendría más remedio que eliminarlos. Les convenía dejarle libre su paso.
Envolviendo en bruma blanca, se vio en el ardiente planeta de Mustafar, donde Padmé fue a buscar a Anakin pero en la nave estaba Obi Wan, quien furioso, levantó su mano contra su amada.
—¡Dije que la sueltes!
Padmé cayó al suelo inconsciente, Darth Vader, dándose cuenta de lo que había hecho miró a Obi Wan, lleno de furia.
—¡Mira lo que me hiciste hacer!
—Eso lo hiciste tú.
Entonces Darth Vader culpó a Obi Wan de ponerla en su contra, de oponerse a su nuevo Imperio y que si no estaba con él, entonces era su enemigo.
—Solo un Sith piensa en absolutos. Haré lo que deba hacer.
—Lo intentarás.
"Entonces, aquí es donde pierdes y terminas en ese traje de soporte" pensó Han mientras observaba como Darth Vader y Obi Wan se alejaba de la escena, de la nave, descendió dos droides a los que reconoció: C3PO y R2D2.
Usó la bruma para alejarse del lugar, reapareciendo en el asteroide llamado Polis Massa, donde Han fue testigo del nacimiento de las dos personas más importantes para Rey: Luke y Leia y donde Padmé, falleció de corazón roto. Entonces Han entendió que Darth Vader no pudo salvarla pero él no fallaría, sentía que no lo iba hacer.
Vio a Darth Vader en su nuevo traje, sentía rabia y frustración, además una gran tristeza lo embargaba y una gran culpa. Se sentía responsable de la muerte de Padmé pero ignoraba el nacimiento de los mellizos.
Han sentía que no necesitaba ver su redención, ya lo sabía, su hijo Luke lo salvó en la segunda Estrella de la Muerte, entonces, usando la bruma blanca volvió al presente.
Hallándose sentado, Han reflexionó de lo que acaba de ver, tomó nota de los errores de Darth Vader, se preguntó si Moonstone realmente tenía el conocimiento de salvar a su hija pero sentía que lo sabría.
Entonces vio que su comunicador empezó a pitar, lo sacó y vio que su maestra intentaba contactarlo.
"Hablando de señores Sith" pensó Han mientras se ponía de pie, debía ir a Foundry para continuar con su entrenamiento. Había tomado un camino y no valía retroceder, era una decisión y esperaba que una futura purga, sea lo último que tenga que hacer.
Tocaron la puerta, donde lo sacó de su ensimismamiento, se acercó rápidamente donde un guardia de tez bronceada lo saludó marcialmente.
—Coronel, hemos recibido noticias de un atentado al gobernador de Onderon.
—¿Han atacado? ¿Quiénes?
—Las holo cámaras y un testigo afirma haber visto a una twi'lek con el uniforme de la IG.
—Entonces ¿Un agente de la Inteligencia ha provocado esto? ¿A que juega Tash?—preguntó Han apretando los dientes pero el joven guardia negó con la cabeza.
—No lo sé señor pero están totalmente furiosos. Hemos recibido noticias que enviarán a un destructor aquí.
Han apretó los puños, sentía que debía estar con la GAG pero su maestra lo llamaba, entonces le dio prioridad a lo último. La vida de su hija importaba más.
—De acuerdo, active las defensas y movilice algunas naves de vigilancia. Contáctese con Shabis y dile que se encargue de esto. Tengo algo privado que resolver.
—Sí, coronel.
Entonces vio al guardia dar la vuelta y correr por el pasillo, entonces Han se colocó la capa y salió de su oficina, rumbo hacia Foundry.
Mientras caminaba por el largo pasillo, pasó por el comedor donde le pareció escuchar la voz de Tash en la pantalla holográfica. Se detuvo e ingresó al comedor, donde había algunos guardias que estaban prestando atención a lo que decía el Jefe de Estado.
—¿De qué está hablando?—preguntó Han a un guardia que estaba cerca de él. El zabrak miró con respeto a Han.
—Parece que está a punto de darle un bloqueo a Corellia.
Han escuchaba las razones de Tash, leyó el titular del noticiario, donde le confirmó lo que le decía, Uro Tash anunció mediante sesión en el Senado, que Corellia tendría un bloqueo inmediato y que estaría bajo vigilancia.
Se fue en medio de abucheos, Han notó que cinco de ellos abandonaban el Senado y los vítores entre los guardias impidió escuchar al narrador. Sonrió pero no significaba que sería perdonado, aún estaba en pie sacarlo del gobierno.
—Parece que cinco han renunciado—escuchó decir a un guardia a otro.
—Mejor, que se vayan.
Entonces Han recordó que debía irse, se dio la media vuelta y se retiró del comedor. La popularidad de Tash caía en picado y eso favorecía el golpe. Nadie se quejaría.
Han se sentía bien con ello.
Drost Artom, Sable Sith, se subía el cierre de la chaqueta, donde cerca del corazón estaba el logo de la CORSEC. Miró a su compañero quien se terminaba de atarse las botas negras, bajo los pies de ellos, yacían dos cuerpos inertes.
—¿Estás listo?—preguntó a Nil, quien asintió.
La misión era robar la estación Punto Central y para ello, debían hacerse pasar como dos agentes de la seguridad corelliana. Salieron de la habitación, Nil la trancó para que nadie más ingresara, entonces caminaron por los pasillos del hangar hasta llegar al espacio abierto, donde las naves y cazas estaban apostados, usaron la Fuerza para que nadie les prestara atención hasta llegar a una lanzadera, donde los llevaría a la estación central.
Sin ningún contratiempo, ambos llegaron a la estación central, en medio de los oficiales que caminaban por el hangar, los dos Sables se alejaron de la muchedumbre.
—Bien, activa la alarma de evacuación mientras iré a la cabina de pilotos.
—De acuerdo—afirmó Drost con un asentimiento, entonces Nil avanzó calmadamente pero ocultándose para evitar cualquier encuentro con un trabajador de la estación. El plan era robarlo y llevarlo a Coruscant, donde Moonstone controlaría el poder galáctico; esta seria su arma para mantenerlos controlados, todo gracias por el golpe de estado que iban a perpetrar su tyro.
Drost se detuvo ante una puerta donde prohibía la entrada a cualquier personal que no fuese parte de la seguridad de la estación. Cerca, había un panel donde debían colocar una clave.
Entonces se encontró en un dilema, pero tenía paciencia, sabía que su compañero le informaría si habría llegado y limpiado la zona de los pilotos antes de poner la estación en marcha. Se apoyó en la pared, esperando que alguien pasase y le obligase a decirle la clave.
Después de varios minutos, Drost pensó en usar su sable de luz y hacerle un agujero cuando vio que alguien se acercaba. Un corelliano alzó la ceja cuando lo vio repostado en el muro.
—¿Es usted agente de la CORSEC?—exclamó mientras colocaba su mano en el panel.
—Tengo una auditoria.
—¿Por qué simplemente no tocó el timbre?
Drost se sintió idiota, pero para ser justos, no vio por ningún lado un botón que le informara que era un timbre para tocar la puerta de duracero. Apretó los dientes cuando éste presionó la clave e ingresó. Lo siguió, la puerta cerró detrás de él con un sonido sordo.
La luz roja de su sable de luz emergió, atravesando la espalda del hombre, el zumbido del arma era lo único que se escuchaba en el ambiente poco iluminado, avanzando en medio de largas tuberías y paneles por doquier, llegó a una especie de cuarto iluminado de luz blanca, donde había tres personas jugando al sabaac.
Se congelaron cuando vieron a un hombre con un sable de luz, pero a pesar de que querían moverse, no podían hacerlo. Entonces Drost blandió su arma y los cuerpos calcinados y humeantes, cayeron al suelo.
Sonrió cuando llegó al panel principal, y activó la alarma de evacuación.
Ahora todo dependía de Nil.
Nil se detuvo ante la puerta de la cabina, el sonido de emergencia resonó en toda la estación, abriéndose a la Fuerza, sentía la confusión entre los trabajadores y artilleros, entonces la puerta se abrió, encontrándose cara a cara con un oficial.
Lo empujó con la Fuerza al interior, cerró la puerta mientras los seis ocupantes lo miraban confusos.
—¿Qué está pasando?
Uno cayó al suelo, agarrándose al cuello mientras jadeaba asustado, entonces Nil encendió su sable de luz, y con un rápido movimiento, apuñaló al más cercano mientras los otros restantes alzaban sus armas y abrieron fuego. Los repelió y los disparos láseres fueron contra ellos, el oficial se arrastraba hacia la radio, luego ya no podía moverse.
Nil lo alzó con la Fuerza, atrayéndolo hacia él, luego lo estranguló hasta la muerte, dejándolo caer al suelo.
Se sentó, activó los controles mientras revisaba las Holo cámaras, donde los trabajadores abordaban las lanzaderas
—¿Salieron todos?—preguntó Drost cuando se acercó a él, pero no dijo nada. El Sable miró la Holo cámara, donde la última lanzadera partió.
—Trazaré una ruta a Coruscant.
Drost se sentó, manipuló los controles al igual que Nil, la sirena seguía sonando sin parar. La estación se movió de su sitio, avanzó lentamente mientras se giraba a estribor y en cuestión de minutos, saltó al hiper espacio.
La estación Punto Central salió del hiperespacio, voló lentamente, dos cruceros estelares sobrevolaban sobre Coruscant. Nil reconoció al Rogue One, que le cortaba el paso, la luz roja de su panel le informaba que intentaba contactarse mientras Drost logró desactivar la sirena. El sonido aún resonaba en sus tímpanos.
—Deténgase, no avance—exclamó la autoritaria voz de la comandante Lawra Carik—Identifíquese.
—Calma, soy el capitán Tyler Jule—mintió Nil—de la Guardia de la Alianza Galáctica. Esta fue una misión encubierta, ordenada por nuestro superior, el coronel Han Dameron y la teniente Julissa Lang. Puede comunicarse con uno de ellos y le confirmará.
Silencio en la radio, supuso que la comandante debería estar buscando alguna confirmación, miró a Nil, quien se veía calmado.
—¡Maldición con estos dos idiotas!—exclamó Lawra furiosa—No he podido contactarme con el coronel pero diablos ¿Acaso saben que acaban de bloquear Corellia? Esto nos perjudica demasiado.
—Solo seguimos ordenes—exclamó Nil mirando nuevamente a su compañero, ya que no tenía idea de que la AG había bloqueado Corellia. Eso aceleraría las cosas.
—De acuerdo. No avancen más, enviaremos una lanzadera para recogerlos y dar sus declaraciones. Informaremos a la teniente Lang.
Ambos se miraron, luego se pusieron de pie y salieron de la cabina, rumbo al hangar.
Sunspot ingresó a la oficina de la Jefa de Estado de Corellia, donde el lugar estaba abarrotado de políticos y militares, la mujer se acercó a él furibunda.
—¿Es cierto, comandante Sunspot? ¿Se han robado nuestra insignia?
—Sí. Activaron la alarma de emergencia y se lo llevaron—exclamó Sunspot. El capitán fue depuesto de su cargo y las investigaciones están abiertas.
—Han sido algunos de sus espías ¿la IG? O ¿sus matones de la GAG? En cualquier caso, esto no quedará así.
—Claro, señora—exclamó Sunspot apretando los dientes—Ingresaron disfrazados de agentes de la CORSEC porque encontramos a dos oficiales muertos en uno de los vestidores del hangar.
—¿Qué haremos?—preguntó un político gordo—¡Nos ha bloqueado comercialmente!
—Nos bloquea y nos roban nuestra estación—exclamó Cira mirando a su joven asistente—Convoque una rueda de prensa—luego miró a Sunspot—¿Cuál será nuestro siguiente paso?
—Declararles la guerra y convocar a nuestros aliados.
—Bien, reúna a nuestros aliados—exclamó la mujer con los ojos ardiendo, quien luego miró a su asistente—Bien, hágalo.
—Si, señora.
El asistente salió raudamente del lugar, mientras se elevaban más las voces, Cira caminó hacia el balcón, quien luego miró hacia las estrellas. Sintió a Sunspot detrás de ella, lo cual se giró hacia él.
—Estuve pensando en otro gobierno, a la que la AG odia tanto—sonrió con malicia—Markus Deknan será un gran aliado.
Cira asintió.
—Entonces, debemos ir al Imperio de la Mano para conversar con el Gran Moff. Estoy segura de que estarán encantados de ayudarnos.
Sunspot asintió, se inclinó respetuosamente y se retiró del lugar, Cira volvió a la sala donde los presentes se iban lentamente.
El único culpable de todo esto, según Cira, era la AG y ellos serían los responsables de su destrucción. Sentía que lo hacía por su gente y por su gente, lucharía hasta el final.
