Uro Tash apagó el holograma, se sentó en su sillón mostrando un aspecto abatido y tenso, en el despacho estaban los tres militares como Lawra, Poe y Shabis mientras Murlima estaba al lado del Jefe de Estado.
—Quiero una explicación de esto, comandante Shabis—exclamó Frokko centellando de rabia—¡Nos has perjudicado!
Shabis no tenía idea de que Julissa había puesto en marcha una misión encubierta pero no le molestaba, porque el Punto Central era la mejor arma.
—No podía permitir que los corellianos tengan este tipo de arma, es demasiado peligrosa.
—Y por eso nos ha declarado la guerra—exclamó Poe mirando con desaprobación al zabrak.
—Lo iban hacer cuando se anunció el bloqueo—exclamó Shabis mirando a Poe.
—Pensé que les iba a declarar la independencia.
—Lo pensé mejor—exclamó Tash mirando a la zeltron, quien estaba un poco nerviosa e incómoda, Poe se le veía cansado pero Shabis mostrada un aspecto difícil de descifrar.
—Bueno, es tarde para lamentos—exclamó Murlima—Los corellianos se están movilizando ahora ¿Qué hará Tash?
—No quiero una guerra abierta—exclamó Tash mirando a la bith, luego a los tres militares—¡Esto no estaba contemplado!
—¿Qué haremos, señor Tash?—preguntó Poe—¿Asegurar las fronteras? ¿Enviar equipos defensivos? ¿Asegurar nuestros puntos sensibles?
—Debemos movernos ¿Qué haremos, señor Tash?—preguntó Lawra, entonces el togruta se puso de pie, apoyando sus manos sobre su escritorio—Aseguren los puntos sensibles. Carik, contacta con Ackbar en Dac, infórmale que debe asegurar su zona asignada. Dameron, contacta con Tre'syan, e infórmale lo mismo, que asegure en Bothawui. Luego de eso, Carik y Dameron, ustedes estarán asignados en Kessell, las minas deben ser protegidas.
—Sí, señor—exclamaron al mismo tiempo, luego se retiraron de la oficina, quedando solo Shabis con las manos a la espalda.
—Debería relegarlo pero no lo haré. Necesitamos a más gente, por ello te asigno a vigilar el Punto Central. Vete de aquí.
Shabis no dijo una palabra, dio media vuelta y se retiró de la oficina, Uro respiró pesadamente mientras caía en su sillón.
No dijo una palabra más, Murlima lo observó por unos segundos luego se retiró, dejando solo al Jefe de Estado, quien estaba a punto de librar una guerra que no buscó.
Una nave dragón salió del hiperespacio, los otros dos que protegían al planeta, no hicieron contacto con el recién llegado, asumiendo que llegaban de alguna exploración. Aquella nave soltó tres lanzaderas, quienes se dirigieron rápidamente hacia Miktraland.
Aterrizaron dos de ellas en el hangar, sorprendiendo a los pilotos. Las rampas bajaron, y descendieron de ellas, soldados vestidos de azules, con las armas en alto. El capitán se acercó a un teniente que estaba con los recién llegados.
—¿Esto es un tipo de entrenamiento?
Los soldados dispararon contra ellos, matando al capitán, entonces los pilotos corrieron a guarecerse, informando que estaban bajo ataque.
Tara, quien meditaba en la habitación de su hija, abrió los ojos bruscamente mientras sentía como su hija la abrazaba. Sintió como el palacio se remecía, confundida se acercó a la puerta pero esta se abrió de golpe.
—¡Estamos bajo ataque!
Trista Chal agarró del brazo de Tara mientras Brandt vigilaba el pasillo, Merrin se aferró a la pierna de su madre mientras BD 1 corría hacia ellas.
—Mami—exclamó Merrin angustiada, entonces Tara la cargó, usó la Fuerza para enviarle ondas de calma a pesar de que estaba tensionada.
Siguió a Trista por los pasillos mientras escuchaba disparos a lo lejos, doblaron esquinas, luego bajaron por las escaleras rápidamente hacia el primer piso, con Trista adelante y Brandt cubriéndolas a la espalda. Al doblar la esquina de un largo pasillo, se encontraron dos agentes de la Seguridad, quienes escoltaban al conde Nahod, quien corrió hacia su hija.
—¿Estás bien?—preguntó nervioso, luego acarició la cabeza de su nieta.
—Sí.
—Vamos, no tenemos tiempo—apremió Trista, quien avanzó rápidamente por el pasillo poco iluminado, llegando al fondo, retiró una alfombra, luego bajaron por una trampilla.
—¿Qué es lo que está pasando?—preguntó Tara.
—Hemos recibido reportes de ataques de una facción del ejército de Miktraland. De acuerdo con mis informantes, por los uniformes parecen de que son del cuartel en Carlania.
—¿Qué están haciendo para contrarrestar?—preguntó Nahod
—Las naves dragones abrieron fuego contra la nave que transportó a los rebeldes.
—Bien, esto parece obra de Saleste. Ella vive en Carlania.
Trista sacó su comunicador, la voz que provenía de allí le confirmó que las tropas leales estaban conteniendo en el hangar. Brandt se quedó cerca de la trampilla, asegurándola.
—Bien, envíe a los agentes de la Seguridad a proteger el palacio. Quiero prisioneros para interrogarlos.
—¡Destruyeron nuestros cazas!
—¡Que Ut nos apoye con sus cazas!
Cortó la transmisión y miró a Tara, quien abrazaba a su hija, quien aún seguía asustada, silenciosas lagrimas corrían por sus mejillas. Nahod estaba nervioso, de pie y sin poder moverse. Los dos agentes se quedaron cerca de las escaleras.
—No, tú te quedas—exclamó Trista al ver la mirada decidida de su prima, quien no dejaba de acariciar la cabeza de su hija, escondiendo su rostro en los brazos de su madre. Tara estaba dispuesta a salir y defender su soberanía.
—No me esconderé cuando atacan a mi hogar. Ni muchos menos, cuando intentan hacer daño a mi bebé.
—¡No puedes salir, Tara!—exclamó Nahod mirando a su hija alarmado.
—Tara, deja esto a mí.
—Por favor, condesa; debemos protegerla—exclamó el agente Brandt.
—Papá, te dejo al cuidado de Merrin. Soy una Jedi después de todo ¿verdad? A parte, mi abuela me enseño algunos trucos de las Hermanas de la Noche—exclamó Tara mirando a su padre, quien se acercó y miró a Merrin, quien aún estaba aferrada a las piernas de su madre.
—No me dejes mami—exclamó Merrin haciendo pucheros, restregándose el ojo izquierdo, el lugar nuevamente se remeció, y a lo lejos se escuchaba explosiones. BD 1 emitió pitidos que buscaban ser calmas, Tara cerró los ojos y se abrió a la Fuerza. Y entonces, sintió a las fuerzas agresoras cerca del palacio, siendo retenidas por la Seguridad de Miktraland.
—Cuídala, papá. Regresaré.
—Lo mismo para ti—exclamó Nahod, entonces Trista respiró resignada.
—¡Mami!
—Merrin, regresaré. Estarás con la tía Trista y con el abuelo—exclamó Tara acariciando su cabello ondulado, luego le besó la frente. Trista respiró hondamente mirando poco convencida a su prima.
—No me haces el trabajo fácil, Tara—exclamó Trista endureciendo su mirada, luego miró a Brandt, quien estaba estupefacto—Ve con la condesa, Brandt.
—Si, teniente.
—Lo siento, soy una Jedi después de todo, como te dije. Que la Fuerza las acompañe.
Entonces Brandt abrió la trampilla, saliendo al piso superior, luego lo hizo Tara. Se escuchó como esta se cerraba con fuerza, asegurándola bien. BD —1 pitó en apoyo a Merrin, quien se arrodilló junto con el droide. Entonces Trista resopló y activó su comunicador.
—Teniente, la nave dragón de los traidores fue destruida.
—Genial. Aseguren el perímetro y activen los escudos planetarios.
—A la orden, teniente.
Trista vea como Merrin jugaba con BD 1 con el conde Nahod sentado cerca de ellos. Le apenó que la niña no pudiese tener una infancia tranquila sin esos intentos de asesinato. Su pensamiento fue hacia el padre de ella, preguntándose si Tara al menos intentaría contactarse con él.
Salió de la trampilla, se agazapó, caminando lentamente por los pasillos, siguiendo al agente Brandt. El hombre miró las esquinas, pero Tara sentía que no había nadie en el palacio, entonces nuevamente lo siguió hasta llegar al salón principal.
Aún podía escuchar los sonidos lejanos de disparos, luego escuchó el sonido agudo de los cazas pasando por encima del edificio.
—Creo que son los nuestros—susurró Brandt.
—Debemos salir.
Tara se puso de pie y corrió hacia la ventana, apoyándose en el costado derecho, se inclinó un poco y observó que las fuerzas de la Seguridad habían armado una barricada cerca de la puerta, luego observó cómo Alguien se acercaba un blindado. Supo entonces que eran las fuerzas enemigas.
—Kriff…un blindado—exclamó Brandt—Reventará la entrada y matará a nuestros hombres. Si me disculpa por la palabra.
Tara sentía que no había tiempo para disculpas, veía como se acercaba el blindado y la tensión en medio de los soldados. Miró al agente, luego cerró los ojos, susurró algunas palabras y el hombre vio como bajo los pies de la condesa, saltaban llamas verdes hasta envolverla por completo y desaparecer.
Confuso, avanzó hacia la puerta, abriéndola de golpe, uno de ellos se giró bruscamente apuntándolo.
—Soy yo.
—¿Agente Brandt?—preguntó un hombre de bigote blanco, acercándose rápidamente—¿Cómo está la condesa y la Chume'da?
—La Chume'da está en custodia con su abuelo—explicó mientras miraba la campo, donde el blindado se detuvo.
—¡Debemos movernos!
—¡Muévanse! ¡A los flancos! —gritó el hombre de bigote blanco, quien luego miró a Brandt mientras corrían al lado derecho de la entrada—¿Está en el Nido?
—Sí pero debemos detener a ese blindado.
Tara reapareció detrás del blindado, movió sus manos en llamas esmeraldas y el transporte se elevó por los aires, luego se giró, lanzándolo hacia el otro extremo donde sintió a los enemigos ocultos detrás de los setos.
Pudo ver como ellos corrían mientras el transporte estallaba en llamas, luego un grupo de ellos la apuntó y Tara encendió su sable de luz.
El color esmeralda centelló al aire y repelió los disparos, tratando que las devoluciones fueran a otra parte menos a ellos. Murmuró otro hechizo mientras sus ojos brillaban de un tono esmeralda, del suelo brotaron ramas que envolvieron a los soldados enemigos.
Escuchó los cazas cruzar el cielo celeste de Miktraland, entonces sintió a sus hombres, lo cual Tara se giró y avanzó hacia ellos.
—¿Alguien tiene comunicación con el hangar?—preguntó Tara, apagando su sable de luz. Detrás de ellos, los agentes se acercaban rápidamente, rodeando a los enemigos atados en las ramas.
—Han recuperado el control del hangar—contestó el agente de bigote.
—Bien. Que los amordacen y busquen al líder para interrogarlo.
—A la orden.
Tara observó cómo los agentes rompían las ramas, los golpistas caían al suelo, arrodillados y con las manos en la cabeza. La condesa dio la media vuelta en dirección al palacio, notándolo sucio y con algunos puntos negros, productos de los disparos.
Cuando llegó a la trampilla, vio que su prima, su hija y su padre habían salido de ahí. Merrin corrió hacia Tara, quien la cargó cuando llegó a sus brazos.
—Te dije que regresaría, nena.
—¡Mami!
Tara besó a su hija mientras Trista se acercaba a ella, seguida de Nahod, quien estaba un poco más aliviado. La condesa pensó en Han, sintiendo la urgencia de hablar con él, contarle.
—¿Cuál es la situación, Trista?
—El escudo planetario nos protege de otro intento de invasión. Recuperamos el hangar y nuestros exploradores están persiguiendo a los prófugos que huyeron hacia las montañas. En resumen, la situación está controlada.
—Bien, pero estoy segura de que esto no será la última.
—No ¿Tienes alguien en mente?
—Sospecho de alguien.
—Tara ¿Qué harás con Merrin? —exclamó Nahod acercándose a su hija, quien ponía en el suelo a la pequeña niña.
—Se quedará conmigo.
Aunque en el fondo sentía que ya el mismo palacio era un lugar no seguro para ella pero no quería alejarse de Merrin. Pensó en contactar con Rey y enviarla a Yavin pero no estaba muy convencida, tenía que explicarle muchas cosas, empezando que ella es su nieta.
Se mantuvo firme, Merrin estará a su lado y si querían llegar a ella, tendrían que pasar por ella misma primero.
—Mami—exclamó Merrin tirando de la tela de su pantalón—¿Quién nos ataca?
—No lo sé, cariño. Por ahora, no pienses en ello, ya lo solucionaré y buscaré a papá para que me ayude en este lío ¿si, dulzura?
—Bien.
—Papá, quédate con Merrin. Debo interrogar a los sospechosos.
—De acuerdo—exclamó Nahod tomando la mano de Merrin, BD 1 pitó mientras se subía al hombro de la niña.
Tara y Trista se alejaron del pasillo, quedando solo Brandt con el conde y la heredera del trono.
El teniente Haks se sentía nervioso en el pequeño cuarto, donde la luz solo se filtraba en una pequeña ventana en lo alto, con barrotes de duracero. Sus manos estaban enmarrocadas. Pensaba quedarse callado y no decir absolutamente nada ante su interrogador. No la iba a traicionar, cuando la puerta se abrió, dando un pequeño sobresalto.
Eran dos mujeres, reconociendo a una, la condesa Tara Chal. Ambas se acercaron a la mesa pero no se sentaron.
—Soy la agente Trista Chal de la Seguridad de Miktraland.
—¿Qué te trae por aquí?—preguntó Tara.
El hombre se mantuvo en silencio, pero ella era una Jedi, tenía paciencia.
—Eres el teniente Ruver Haks, asignado en Carlania. Seguiste ordenes de alguien, que provocaste un atentado en el hangar y en el palacio. ¿Sabes que eso se castiga con perpetua?
—Lo sé.
—Has cometido traición contra el Consorcio de Miktraland.
—Reduciré tu pena a cincuenta años si confiesas—exclamó Tara—¿Quién fue?
—No diré nada.
—De acuerdo—exclamó Trista enderezándose y miró a su prima.
—¿Fue nuestra prima?—se aventuró Tara. Observó las señales, su rostro se mantuvo serio pero la Fuerza le decía que estaba nervioso.
—No hay más sospechosos—exclamó Trista—Fue Saleste Chal ¿verdad?
—Tu silencio es suficiente—exclamó Tara, quien luego miró a su prima—Llévatelo y que no vea la luz del sol.
—Lo haré.
Tara sintió la palmada en su espalda, luego salió del cuarto, donde caminó en dirección al centro de comando para abrir un enlace con Han.
El lugar estaba en otro ambiente, había muchos paneles luminosos, droides de protocolos que iban de un lado a otro, trabajadores usando las radios. Tara ingresó a una habitación donde había un proyector holográfico. Ingresó los números y vio la pequeña figura parpadeante en azul de Han.
—¿Tara? ¿Qué pasa? —preguntó Han, era evidente que estaba volando hacia alguna parte. Tara se humedeció los labios—Puedo sentir tu ansiedad ¿Está bien Merrin?
—Sí, ella está bien. Solo quiero informarte, que me han atacado, Han. Posiblemente fue mi prima Saleste…
—¿Qué?—exclamó furioso pero parecía que estaba dudando en dar la media vuelta o seguir su trayecto.
—No me paso nada grave, mis agentes lograron contrarrestar la amenaza pero sé que fue Saleste, su agente traidor prácticamente lo confesó.
—Bien ¿Quieres que vaya?
—No, haz lo que estás haciendo. Solo quería informarte, Merrin estuvo a salvo con papá y yo usé mi magia para contrarrestarlos.
—Bien, Tara—exclamó Han fríamente—Cuando termine con esto, te buscaré. A ustedes.
Tara asintió, entonces Han le sonrió para confortarla.
—Miktraland está protegida por un escudo planetario y resguardada por naves dragones. Tendrás que identificarte antes de acercarte.
—Lo tendré en cuenta. Te veré.
—Nos vemos.
El holo se cortó, Tara se quedó mirando sin prestar atención el generador de holos, sumida en sus pensamientos. Quería verlo nuevamente pero sabía que tenía que solucionar el problema que estaba teniendo: traidores en su planeta. Tenía que capturar y llevarla a un calabozo a Saleste.
Desde las altas montañas de Carlania, Saleste salió de su oficina rumbo a la sala de reuniones, donde la esperaban algunos oficiales suyos como también un representante del Imperio Renacido.
Iluminado por los rayos solares, la mujer se sentó en el extremo de la gran mesa rectangular, algunos droides se acercaron con bebidas.
—Bien ¿Qué me pueden informar?
—Hemos enviado un dragón con tres lanzaderas, dos de ellos aterrizaron en el hangar y el tercero a las afueras del palacio.
—Fueron neutralizados.
Saleste no parecía estar contrariada, asentía cada comentario, sabía que la primera incursión tendría bajas. No le importaba perder vidas humanas si le revelaba algún punto débil de Miktraland.
—Realmente era algo que esperaba—exclamó Saleste juntando los dedos, el resto de los presentes se miraron entre sí, sin dar comentarios—Sé que hemos perdido vidas, pero esto es algo que se veía venir. Ahora ¿Sabemos los puntos flacos?
—Sí. Tiene un segundo hangar secreto, donde sus cazas destruyeron nuestras lanzaderas, además, nuestros escáneres no captaron a la condesa saliendo del palacio. Asi que especulamos que ella se escondió allí mismo.
—Bueno eso es interesante
—Es probable que haya contactado con el Jedi—exclamó el otro hombre más viejo.
—El Jedi será neutralizado por el Imperio ¿No es así, embajador? Ya tienen experiencia con ello ¿verdad? —sonrió al embajador, quien solo se encogió de hombros.
—Madell pregunta cuando enviará a sus naves. Solo le quiere hacer recordar el trato que hicieron.
—Lo tendrá por supuesto—exclamó Saleste humedeciéndose los labios.
—Me aventuro a decir que ¿el planeta tiene un escudo?
—Lo tiene—exclamó Saleste—Y sabemos cómo contrarrestarlo.
—De acuerdo, tracemos un plan para atacar a Miktraland—exclamó el embajador. Entonces Saleste asintió, encendió el holo, donde les mostró el mapa del Consorcio de Miktraland, los planetas y lunas que orbitaban, todo estaba detallado. Sabía que su prima Tara ya debería saber que ella era la responsable y tenía que moverse rápido, antes que ella se moviera.
