Hoy es miercoles de Star Wars...aunque mi intención no es reemplazar al Libro de Boba Fett :P


La lanzadera aterrizó cerca de la mansión en Foundry, Han se cubrió ambas manos en el rostro, luego se puso de pie, pero al salir de la cabina, sintió el familiar pinchazo en la sien. Tal como ocurrió hace cinco años, viendo a un hombre de armadura de coral y casco con púas, sentado en un trono, rodeado de otros guerreros de espadas rojas. Su hija, no estaba por ningún lado.
Una vez que esa visión se disipó, se dio cuenta que estaba arrodillado y con temblores leves. Respiró hondamente y se puso de pie, luego de ello, salió de la lanzadera.
Caminando hacia la entrada de la mansión, no podía dejar de pensar en Tara y en su hija, sentía que estar ahí pero sabía de su responsabilidad de seguir con su entrenamiento como Sith.
Apenas se dio cuenta cuando llegó a la mansión, tocó y el muun le hizo ingresar. Caminando por el recibidor, fue informado que Moonstone estaba en los grandes jardines, lo cual fue hacia allá.

Moonstone, quien estaba haciendo algo de jardinería, se puso de pie cuando sintió a Han llegar. Se giró y sonrió mientras se acercaba lentamente.
—Tardaste.
—Lo siento, también tengo otras obligaciones—exclamó. Moonstone forzó una sonrisa, deteniéndose cerca de él.
—¿Qué me puedes contar, tyro Dameron?
—Usé la Corriente para viajar a los tiempos de la Antigua República, vi a Anakin Skywalker, antes de su caída y su ascenso como Darth Vader.
—¿Qué conclusiones has sacado de ello?
—Él quería salvara su amada pero falló en ello, Sidius jugó con su mente, poniéndolo en contra de la Orden Jedi, traicionándolos después.
—Bien, sentémonos en el césped.
Ambos se sentaron, en posición de loto, mientras Han juntaba las manos, Moonstone leía su lenguaje corporal y su mente.
—Algo te molesta, lo puedo sentir—exclamó Moonstone, indagando pero el muro mental, le impedía ingresar más allá de la superficie. Esperaba que él le sea sincero de una vez.
—No es nada.
—Puedo ayudarte ¿no es eso la razón que estas aquí? Déjame, cuéntame tu problema.

Han se mostró reacio, meditó unos segundos y llegó a la conclusión, que podía disfrazar su preocupación.
—Tengo visiones recurrentes—exclamó Han—La primera vez, vi una mujer muerta en el suelo mientras un señor oscuro estaba sentado en el trono. Luego, cuando nos conocimos, usé la Corriente donde vi esta misma mujer, sentada en un trono rodeada de Jedi. Y hoy, no vi esta mujer pero si al hombre oscuro sentado en el trono.
—Ya veo ¿Conoces a esta mujer?
—No—mintió Han desviando la mirada de Moonstone, concentrando su visión en el rosal que estaba a la espalda de ella—Pero de alguna manera, siento que es un evento que sucederá dentro de mucho tiempo.
—Una mujer extraña…ya veo—exclamó Moonstone, aun intentado ingresar a la mente del hombre. Sentía que era una mentira pero decidió no comentar—¿Un trono dices? ¿Cómo era ese trono?
—Bastante grande, ornamentado, brillaba con luces doradas y forrado con terciopelo rojo—explicó Han, entonces Moonstone asintió.
—¿Has escuchado hablar del Trono del Balance?
—No ¿Qué es eso? —exclamó Han mirando a Moonstone confundido, entonces la maestra Sith asintió.
—Es un lugar del reino de la Fuerza, también conocido como Mas allá de las sombras. La mujer que viste posiblemente representa el balance de la Fuerza: justicia, orden y paz. De acuerdo con tu visión, viste a la mujer ser abatida y un señor oscuro tomaba su lugar. Viste el futuro, Han.

Han quedó sorprendido ¿su hija representaba la paz en la galaxia? Entonces, si ella moría ¿Los Sith gobernarían en su lugar? Aunque no estaba seguro de que rol tomaría ella, su maestra Sith.
—Entonces ¿quieres impedir ese futuro? —preguntó Moonstone—¿Quieres evitar la muerte de esta mujer?

Han se quedó en silencio pero sabía que debía decir algo antes que ella asumiera que se trataba de su hija.
—Siempre quiero lo mejor para la galaxia—exclamó Han endureciendo su mirada—No la conozco a la mujer pero quiero evitar que muera.
—¿Aprender de mí, lo evitará? ¿Una Sith enseñándote como impedir la manera que llegaremos a la galaxia?

Han sintió la garganta seca, Moonstone solo lo observó, sin mostrar ningún tipo de emoción. A decir verdad, si no era ella la que gobernaba la galaxia, entonces lo ayudaría a impedirlo.
—Haré lo que sea para impedir ese futuro, maestra.
—La Reina Jedi, la llamaré a partir de ahora. Sientes un gran afán de salvar a alguien que no conoces…
—Es lo que un Jedi hace…
—Pero no eres un Jedi—exclamó Moonstone—Aceptaste ser mi aprendiz, aceptaste ser un Sable Sith ¿Estás seguro de que nadie de mi Tribu está ahí sentado?
—Si, lo estoy—exclamó muy seguro de sí mismo, a pesar de que solo Julissa y Moonstone era los Sith que había interactuado. Pero no descartaba la opción de eliminarlas llegado el momento.
—Solo quiero salvar a la Reina Jedi, cueste lo que cueste. Cuando usé la corriente siendo entrenado por usted, la vi a salvo pero sola.

Moonstone observó a Han por unos segundos, no quería perderlo, él le podía serle útil como gobernante Sith mientras ella dirigía desde las sombras. Podía usarlo a su antojo.
—De acuerdo…te mostraré el camino que seguirás y evitarás la muerte de la Reina Jedi, a la que tanto te preocupa.
—Solo es el Balance de la Fuerza lo que me preocupa—se excusó Han pero Moonstone no le creyó, pero no le dijo, solamente asintió, comprendiéndolo.
—Para ello, te informo que el camino no será fácil. Una de las grandes pruebas que toma un aprendiz Sith para convertirse en Sable, es el sacrificio.
—¿Sacrificio? ¿Qué tendría que sacrificar?
—A alguien que más estimas—exclamó Moonstone sonriendo—En mi cultura, nos dan un uvak para criarlo y formar un lazo con ella. Una vez que ha crecido, la sacrificamos. Si dudas, entonces, no eres digno.
—Entonces ¿Para salvar a esta mujer…debo sacrificar a alguien que ame?
—Sí—sentenció Moonstone, Han se mantuvo en silencio. Reconocía que en un primer momento, su plan solo era dañar a Rey, convirtiendo a su hijo en un señor Sith pero sentía que podía sacar mejor provecho, un títere en el gobierno Sith. Pero sentía dudas en él.
—Han Dameron, para mostrarte la manera de salvar a esta mujer y evitar el dominio Sith en la galaxia, debes entrenarte por completo. Una vez que ejecutes el sacrificio, te mostraré la manera de hacerlo.
—Debo…pensarlo—exclamó Han dubitativo e incómodo—¿Está bien si lo hago en mi cuartel?

Moonstone percibió que él quería irse del lugar pero ella, estaba inquieta en saber cuándo recordó que él estaba ansioso en ir a Miktraland.
—Lo harás aquí, tyro—exclamó Moonstone—Tengo un ambiente aplicable para meditaciones. Bueno, ahora que recuerdo ¿Tienes el apoyo de la condesa de Miktraland?

Tal como le pasó esa vez, un muro impenetrable le impedía hurgar en ello, pero notó cierta frustración en su mirada cuando le negó el viaje, además sintió cierta tensión cuando mencionó el planeta.
—Sí, nos ayudará.
—De acuerdo. Debes estar cansado de un viaje largo. Ve a la sala de meditación, donde elegirás al sacrificio y luego, me buscas para avanzar en tu entrenamiento. Debemos salvar a la Reina Jedi.
Han asintió con pesadez, luego se puso de pie, dejándola sola en los jardines. Moonstone se abrió a la Fuerza, vigilando que él no se desvié de su ruta. Una vez que se alejó y sintió al muun acompañarlo a la habitación, entonces la Sith se relajó. Cerró los ojos, usó el Lado Oscuro para no agotarse en su proyección de la Fuerza, llevando su esencia a Miktraland, su instinto le decía que debía ir allí.
Nunca había estado en ese planeta pero le era fácil escabullirse y esconderse, mientras avanzaba por los pasillos, sin que nadie la percibiese. Sintió dos grandes presencias en la Fuerza y se hizo pequeña e imperceptible para no ser detectada.

Oculta en la sombra, percibió que la gran presencia en la Fuerza estaba en una oficina junto con otras presencias pero menores, entonces la otra presencia que captó su atención estaba en el piso superior. Manteniéndose oculta, subió las escaleras, avanzó por el pasillo del palacio hasta detenerse en una habitación, y rápidamente se pegó en la pared.
Había dos personas, una mujer de cabello castaño, muy concentrada en su holo y una niña pequeña, que jugaba distraídamente con sus peluches. Se inclinó, observando a la pequeña, quien se detuvo, como si ella también pudiera percibir.
Estaba al tanto de las cuestiones políticas de los gobiernos, sabía que la condesa era una Jedi pero ignoraba que tuviera una hija. La niña se puso de pie, algo que captó la atención de la mujer adulta.
—¿Qué pasa Merrin?

Entonces Moonstone, la observó por unos minutos antes de regresarse a Foundry, donde el golpe fue notorio y agotador. Respiró hondamente, aun con preguntas.
¿Será ella la mujer que se refería Han? Sentía que había muchas cosas que le ocultaba, sentía que él estaba un poco distraído, preocupado por algo.

Apretó los dientes del disgusto, no estaba conforme que su aprendiz le ocultase cosas, era evidente que él no la iba a escoger como sacrificio, entonces ella misma asignaría a otro la tarea de eliminarla y lograr así que la mente de Dameron estuviera enfocada en su objetivo.
Se descubrió la manga donde tenía una pulsera, presionó un par de botones. Minutos después, apareció la pequeña holografía de Julissa.
—¿Qué le puedo ayudar, maestra?
—Tengo una tarea para ti—exclamó Moonstone de manera fría—Quiero que vayas a Miktraland y asesines a la hija de la condesa.
Tal tarea sorprendió a Julissa.
—¿Ella tiene una hija?
—Sospecho que Dameron es el padre—sonrió con desprecio—Pero no importa, él esta distraído al pensar en esta niña. Acaba con ella y él sucumbirá al Lado Oscuro de manera rápida. No importa si termina odiándome, es algo que espero.
—No la conozco.

—Enviaré una imagen mental sobre ella. No te preocupes por el hombre, lo estoy reteniendo aquí.
—Sí, maestra.

Cortó la transmisión, dejando a Moonstone mirando al horizonte. Aunque no podía dejar de pensar en el Trono del Balance, recordó haberlo escuchado entre su tribu pero ahora no era el momento de pensar en su tribu.
Sus relaciones con ellos estaban rotas desde que decidió salir de Kesh.


Una vez que el muun dejó a Han en la habitación, el aprendiz Sith se sintió solo, su vista se paseó en el lugar, de paredes claras pero con varios cojines en el suelo, las cortinas estaban cerradas, pero la luz solar que se filtraba iluminaba levemente la estancia. Se sentó en el suelo, se llevó ambas manos a la cabeza. A pesar de que había dicho a Tara que iría a buscarla, le había informado que tenía bajo control las cosas, entonces tenía que confiar en sus palabras.

Sacrificio, Han se vio a sí mismo en una encrucijada, sabía que no sería fácil y ahora tenía una decisión delante de él, una gran prueba. Pero ya no podía darse la vuelta, sentía que ya era demasiado tarde, tenía que salvar a su hija y tenía que escoger a quien debía asesinar para salvarla.

No se le ocurría nadie, entonces empezó a descartar a personas que estimaba mucho: Tara era demasiado importante para él, tanto románticamente como política. Merrin era la Reina Jedi que tanto anhelaba salvarla, luego pensó en su melliza, Shara. Ella era su mitad, la amaba mucho pero odiaba la idea de perder otro hermano, aun la herida por la muerte de Kai no cicatrizaba. ¿Su padre? "Tal vez" pensó con amargura pero siguió buscando más candidatos ¿Su madre? Rey es una de las mejores Jedi que había visto, hábil y fuerte en la Fuerza, Han sentía que la única manera de asesinar a su propia madre, era tomarla desprevenida, algo que ella lo vería venir y sería totalmente derrotado.
"No" pensó "Mamá es demasiado fuerte para mí", luego pensó en el tío Finn y su familia, en especial Jannah. Rori y Finn eran cercanos, pero Jannah, sentía que ella era ajena a la familia.
Se frustró al pensar así, pero sentía que ya no había retorno. Entre su padre y Jannah, su camino al Lado Oscuro estaría al fin completo. Sacrificará al primero que se le cruce en su camino, no los buscaría.


Bastion, la ciudad capital del Imperio Renacido era acogido por la vida nocturna. Sunspot, comandante de las fuerzas corellianas, se hallaba en el planeta junto con otros comandantes: Erison Cay de Onderon, la hembra gran Moxia Ilkos de Malastare y el iktokchi macho Alrol Vifu de Iktotch, cuyos mundos habían abandonado la Alianza Galáctica, formando su propia alianza, la Liga Secesionista. Además, también los acompañaba Cira Raneca, la autoproclamada Jefa de Estado de Corellia.

Los tres caminaban por el pasillo alfombrado e iluminado del edificio gubernamental, siguiendo a un droide protocolar negro hacia las oficinas del Gran Moff Markus Deknan.
—Gran Moff, sus invitados han llegado—exclamó el droide.

El grupo ingresó a la gran oficina del Gran Moff, Markus se acercó con una gran sonrisa y los brazos extendidos.
—Una sorpresa verlos aquí—exclamó Markus saludando a cada uno de ellos con la mano y un abrazo para Cira. Luego mostró los sillones, donde el grupo se sentaron, en la mesilla había algunos entremeses y copas, lo cual, los presentes agarraron la suya.
—Gracias por acogernos, Gran Moff Deknan—exclamó Sunspot.
—¿Qué puedo hacer por ustedes?
—Necesitamos su apoyo—exclamó Cira dejando su copa y juntando las piernas, entonces Markus entornó los ojos hacia ella.
—He escuchado que les acaba de declarar la guerra a la AG.
—Como también habrá escuchado que no le importó nuestro pedido de independencia—acotó Cira—Tenemos nuestras fuerzas pero ellos tienen el doble. Ni sumando al de Onderon e Iktotch podemos hacerles frente.
—Recuerdo que hace cinco años firmamos un pacto—exclamó Sunspot dejando la copa en la mesa—Bueno, en realidad, su antecesor y yo nos reunimos en esta misma sala. Estuvimos de acuerdo que la Alianza Galáctica es un gobierno obsoleto y débil, nos sentimos inseguros bajo su bandera. ¿Por qué deberíamos estar atados a ellos cuando podemos hacer las cosas por sí mismos? Él estuvo de acuerdo, aunque claro, no estoy sugiriendo que el Imperio tome las cosas nuevamente.
—Entiendo—exclamó el Gran Moff asintiendo—Estamos cómodos en nuestros territorios, no tenemos la menor intención de ocupar la galaxia. ¿Qué clase de ayuda quiere tener?
—Acorazados generalmente, no tenemos ni uno, la mayoría los tiene la AG.
—¿Qué me puede ofrecer?
—No entiendo ¿Quieren destruir a la AG?
—Solo queremos defendernos, nos han bloqueado comercialmente. Además, nos prometieron que seriamos independientes cuando se fundó la AG. No cumplieron con su palabra.

El Gran Moff dejó la copa en la mesa, se inclinó como reflexionando su decisión, ellos se mantenían impasibles.
—¿Qué me pueden ofrecer?
—Tu antecesor se mostró interesado por un lote de nuestros droides CG ¿Ha escuchado hablar de ellos?
—Sí, perfectos soldados de duracero. Ágiles y certeros.
—Podemos…abrir una fábrica en uno de sus mundos, los droides que se produzcan ahí, serán suyos—exclamó Sunspot, Markus asintió. Nunca había pensado usar droides en su ejército, pero ellos no eran cualquier droides. Había escuchado el rumor que resistían a los sables de luz.
—Bien, acepto el trato.

Cira sonrió al igual que Sunspot, entonces el grupo se puso de pie, y Markus le extendió la mano al comandante Sunspot.
—Gracias por unirte a mi cruzada, Deknan. Armas Flax Corp se acercará para hablar de negocios.

Markus solo asintió y acompañó al grupo a la puerta, donde el droide los acompañó a la salida. El Gran Moff se acercó a su escritorio, encendió su holo y cerciorándose que estaba solo, encendió su generador de holos, mostrando dos figuras pequeñas: Mylie Talcyon y Ken Madell.
—Gran Moff—exclamó Talcyon con respeto—¿A qué debo este placer?
—¿Qué es lo que desea informarnos?
—Acabo de reunirme con Raneca y sus subordinados a pedirme una alianza.
—¿Entonces Corellia ha pedido ser un aliado?
—Sí, no tienen acorazados. Me ofreció una fábrica de droides CG si aceptaba, lo cual lo hice por supuesto.
—El plan va muy bien—exclamó Talcyon.
—Por el momento, sí. ¿Seguirás con los extremistas, Talcyon?
—Ya no, ahora que Corellia ha declarado la guerra a la AG, una antigua amiga me contactado para ayudarla a apaciguar a los corellianos y a la AG. Una senadora llamada Mein Silen.
—Muy bien, reúnete con ella—luego miró a Ken—¿Cómo va con Miktraland?
—Saleste está retrasando el ataque pero está listo para sacar a la condesa de su trono.
—Bien, sigan con el buen trabajo. Recuerden nuestro objetivo: la Alianza debe ser destruida.
—¿Y qué pasa con Irard? Me refiero al "niño".
—Un maldito idealista, lo le mandé como misión a buscar a esa Jedi oscura que atacó la fábrica en la luna Ekibo. Sé que morirá y habrá sido una piedra sacada de nuestro camino.
—Muy bien. Hasta que nos reunamos de nuevo.
Cortó el enlace, luego alzó la vista donde su droide protocolar avanzó con pasos torpes, pero él simplemente lo ignoró sentándose en su asiento, y abrió su datapad.


El Sirio Prime orbitaba sobre un planeta enano, rodeado de otros cuerpos celestes, en total calma en la inmensidad de la galaxia. Habían decidido detenerse para tomar un respiro y revisar algunos códigos cifrados que enviaban la espía Iella Harik.

Jats calentaba la comida en un hornillo mientras Shara revisaba su datapad mientras apuntaba algunos datos en su libreta, descifrando los códigos que les fueron enviados. Jats se sentó en la pequeña mesa que compartía con Shara, colocando los dos tazones de un guiso humeante.
—Huele delicioso—exclamó Shara dejando un lado el datapad, agarró el tazón y el cubierto, y probó un poco—Esta rico.
—Gracias—exclamó Jats.
—No imaginé que tuvieras talento en la cocina.
—No diría que soy un gran cocinero, solo me defiendo—exclamó el piloto dando otro bocado—Este guiso es una receta de mi abuela materna.
—Genial.
—Y ¿tú? ¿Tienes alguna habilidad?
—En realidad, soy buena con los pasteles, al menos eso dice mi mamá. No estoy segura si está siendo amable—bromeó.
—Entonces, cuando puedas, puedes hacer un pastelillo que compartir—exclamó Jats, luego le guiñó el ojo, sacando una risa entre dientes de Shara.
—Sí, tal vez. Si esto termina.
—Bueno ¿Qué has descubierto? —preguntó Jats mientras daba otro bocado al guiso, Shara dejó el tazón en la mesa y daba un vistazo a la libreta.
—Iella revisó las cámaras de Onderon y me envió las imágenes. A pesar de estar en baja resolución, reconocí a Alema. Luego ella ha descubierto una conversación entre Deknan y Sunspot, hablan de reunirse en Bastion.
—Interesante—exclamó Jats dejando el tazón—¿Dice algo más?
—Dos agentes de la AG se robaron el Punto Central y los corellianos están furiosos. Creo que esto se relaciona con la reunión de Sunspot con Deknan.
—¿Por qué la AG haría algo así?—se preguntó Jatson frunciendo el ceño—Es suicida ¿Ha descubierto quienes fueron los agentes?
—Está trabajando en ello. A primera vista, parecen que fueron dos agentes de la IG pero ella dice que no los conoce.
—Kriff, hay algo extraño ahí—exclamó Jats juntando las manos—¿Algo más?
—No, nada más. Estará al tanto de la reunión, además, ya no vio más pista de donde podía estar Alema—exclamó Shara torciendo el gesto y se reclinó en el asiento—Tal vez…deba usar la Fuerza para buscar esa esfera.

Jats iba a comentar algo cuando vio que Shara se llevó una mano en el costado izquierdo, cerca del pecho. Su gesto de dolor pasó como una sombra por su rostro. Se acercó rápidamente hacia ella.
—¿Qué pasa? ¿Estas bien?
—Sí, creo—exclamó Shara, tocándose la zona—Es extraño…sentí una punzada, no solo física, también en la Fuerza. Como si algo me hubiera apuñalado o cortado, no lo sé.
—¿Qué te puedo ayudar?—exclamó Jats tocando su mano pero ella forzó una sonrisa.
—Estoy bien, creo que debemos movernos. Iella ya nos informará de más detalles cuando termine su investigación.
—Sí, ahora pondré en movimiento al Sirio—exclamó Jats recogiendo los tazones mientras Shara se ponía de pie. Agarró los tazones.
—Yo los lavo.

Jats asintió, levantó su mano hacia la mejilla de Shara, acariciándola luego se fue la cabina. Sentía tantas emociones pero las tuvo que dejar a un lado en relación lo que sentía por el piloto imperial. Lo que había sentido la había dejado confusa, metida en sus pensamientos fue al lavatorio donde dejó los tazones y los llenó de agua. Pensó en ello ¿Alguien estaba en peligro? Su madre ya la hubiera contactado ¿Tal vez su padre? ¿Su mellizo? No parecía que estuvieran en peligro de muerte pero fue una sensación desagradable.

Meneó la cabeza, ahora la misión crítica era hallar a Alema, lo que sintió, esa punzada, ya lo hablaría con Rey una vez que llegasen a Yavin.
Lavó con rapidez, luego se secó las manos y fue a sentarse en el pasillo que conectaba el comedor con la cabina. Cerró los ojos y buscó a la esfera.
Sirio Prime empezó a moverse lentamente y desapareció de un salto.