El taller estaba repleto de cosas mecánicas y objetos que emitían zumbidos, Rey estaba sentada en posición de loto, con lentes protectores puestos mientras tenía un lápiz soldador en la mano. BB 8 emitió varios pitidos, moviendo la cabeza.
El lápiz sacó chispas cuando tocó la superficie del duracero de una empuñadura que trabajaba la Gran Maestra Jedi, luego lo alzó mientras se retiraba los lentes. BB 8 emitió una pregunta en un zumbido.
—Está quedando…solo un poco más.
Se bajó los lentes oscuros, luego trabajó en ello por unos minutos, cuando otra vez se retiró los lentes y lo dejó a un costado. Sonrió de satisfacción cuando vio la empuñadura.
BB 8 movió su cabeza a un costado, nuevamente emitiendo varios pitidos
—Sí, está listo—exclamó luego miró al pequeño droide—¿Lo tienes?
BB 8 emitió un pitido que se podría interpretar como una afirmación contenta, del centro de su cuerpo, se abrió una pequeña compuerta donde salió un pequeño brazo metálico, donde tenía sujeto un cristal kyber.
—Gracias.
Rey agarró el cristal, desarmó la empuñadura con la Fuerza, luego, colocó el cristal en el medio y la armó manualmente.
La activó, observando la luz azul que centelló, luego la movió a un lado. Cuando la apagó, vio que la antena del droide estaba doblada. Sonriendo se acercó y la enderezó.
—Tu antena, amigo. Como nuevo ¿verdad?
Sintió a Finn acercarse al taller, apareciéndose en el umbral.
—Estabas aquí—exclamó Finn, quien notó un arma en su mano—¿Te construiste otro sable de luz?
—En realidad es un shoto de luz—exclamó Rey mostrándole el arma, encendiéndolo. La diferencia de esta arma con el sable era que la empuñadura era más corta, un sable más pequeño que el tradicional.
—Ya veo.
—Esta es la manera para contrarrestar el látigo de luz de Moonstone—exclamó Rey apagando el arma y colgándolo en el cinto.
—Entiendo, el látigo es un verdadero problema ahora que lo recuerdo—exclamó Finn asintiendo mientras se acercaba a su vieja amiga. Ambos ya estaban al tanto del robo del Punto Central además, del bloqueo de la AG al planeta corelliano.
—Rori acaba de llegar y nos está esperando en el Concejo.
—De acuerdo, vayamos.
—Bueno, debo recalcar que llegó un poco molesta—exclamó Finn mientras ambos salían del taller, Rey lo miró.
—¿Sí?—exclamó confusa luego recordó—Ya recuerdo, la otra noche hablé con Poe y me contó que estaba bastante incómodo tener que llamar a los pilotos de servicio activo, incluyendo a los que estaban de vacaciones o de descanso.
—Entonces Tallie fue llamada de vuelta al cuartel estando ella de vacaciones. Pero no la he llamado.
—Lo hizo Jannah—exclamó Rey llegando a la sala—Quiero contar con ella y con Luke para una misión importante.
La gran sala tenía ventanas sin vidrio, donde la luz solar se filtraba, sillones mullidos que formaban una herradura, donde estaban sentados cuatro maestros Jedi y cuatro maestros en holografía, ya que se encontraban en Ossus, el primer enclave Jedi. Rey se sentó en el medio. Aun lado, estaba Rori y Luke, quienes se pusieron de pie rápidamente y se colocaron en el medio de la sala, Finn se sentó al lado de Rey.
—Saben todos que la AG ha capturado el Punto Central ¿verdad?
—Sí—exclamó Jacen—Además, han declarado la guerra a la AG.
—¿Qué podemos hacer?—preguntó Reil.
—El Punto Central es una estación de batalla, como la Estrella de la Muerte. Es peligrosa y nunca debió haberse construido—exclamó Rey—Nunca me gustó y ambos bandos no pueden tenerla.
—Buen punto—exclamó Finn—He hablado con Rose. Dice que somos libres de hacer lo que creamos correcto con esta estación.
—Es por ello que he convocado esta reunión—exclamó Rey mirando a Rori y a Luke, ambos serios y sin mostrar alguna emoción—Rori Carlissian y Luke Syndulla, su misión es infiltrarse al Punto Central y dejarla inutilizada. Mucho mejor si la destruyen pero asegúrense que esté vacía. ¿Está claro?
—Sí, gran maestra—confirmaron al unísono.
—Bien, que la Fuerza los acompañe.
Rori y Luke se inclinaron respetuosamente, luego se retiraron del salón, Rey sintió las miradas de los pocos maestros que estaban ahí.
—¿Crees que sea una buena idea?—preguntó Reil.
—Confío en la Fuerza—exclamó Rey—Debo ir a Coruscant, esto no fue lo que acordó con Tash,
—Iré contigo—exclamó Finn.
—Yo también—exclamó Jannah.
Rey asintió, entonces las cuatro imágenes holográficas se apagaron rápidamente, luego los maestros empezaron a dejar la sala de a pocos.
Rori se detuvo cerca del hangar, Luke se detuvo a su costado, ambos observaron las naves y el hombre miró a su compañera.
—Entonces ¿Cuál es el plan?
—No lo he pensado ¿En qué nave?
—¿En los InvisibleX? Nos podemos colar en la estación.
—Es posible. Deberíamos engañarlos de alguna manera—exclamó Rori cruzándose de brazos.
—Esa es la manera. No podemos llevarnos un yate, tendríamos que regresar por ella.
—Buen punto—exclamó Rori, quien luego sonrió de lado—Y pensaba hacerlo estallar.
—¿Estallarlo?
—Sí, por culpa de ellos, Tallie tuvo que cancelar la cena en un resort de Hiisi.
—Lo siento por ello, Rori—exclamó Luke—Sé muy bien que planearon esto.
—Bueno—respiró hondamente—Debemos movernos.
Rori le dio una palmada en el brazo, luego ambos ingresaron al hangar, en dirección a sus InvisibleX que estaban estacionados.
Han se echó agua en la cara, luego se miró en el reflejo del espejo, con las manos apoyadas en el lavatorio. Notó las ojeras y el aspecto cansado, realmente el entrenamiento de Moonstone eran cada vez más duras pero no tenía tiempo para quejarse.
Sentía que la oscuridad ya estaba en él, pero al abrirse, siempre veía un punto de luz, una pequeña flama que estaba a lo lejos. Por alguna razón, no sentía que debía apagar esa llama, porque esa llama, cada vez que lo miraba y lo rozaba, era muy parecida a la llama de la Fuerza de Merrin. Y entendió que su propia hija era el ancla que aún lo ataba al Lado Luminoso.
El Lado Oscuro le permitiría para salvarla pero nunca dañaría a ella, a esa luz de su vida. Por ella, volvería a ser él mismo, aunque lo dudaba, sentía que su yo había muerto junto con Kai en aquel maldito planeta.
Agarró la toalla y se secó el rostro, luego se colocó la camiseta negra y el peto, pero antes de salir, notó que su comunicador emitía una luz roja. La activó mientras se lo llevaba al oído.
—Coronel Dameron…todo está listo. Tash está en su oficina, nuestros agentes están rodeando los hangares y el cuartel de la SIG.
—Muy bien, Shabis. Convoque a las agentes Brek y Lang para que los ayude en esto, estoy demasiado lejos para ayudarlos.
—¿Lang? Ella no está aquí.
—¿No está con ustedes?—se preguntó Han frunciendo las cejas de la extrañeza, se preguntó dónde estaría ella pero no había tiempo—Bueno, cuenten con Brek, ella es Jedi también. Me uniré cuando se consuma el golpe.
—Sí, coronel.
Han cortó la comunicación, recordaba que Lang siempre le notificaba sus salidas de misiones y esto realmente lo dejó intrigado pero luego recordó que ella también ejecutaba misiones de Moonstone.
Salió del baño y fue directamente hacia los jardines donde estaba Moonstone inclinada en sus rosales, ella se giró cuando lo sintió llegar.
—Maestra, debo irme a Coruscant. Ejecutaremos el golpe a Tash.
—Muy bien—exclamó Moonstone evaluándolo con la Fuerza y no notó ningún tipo de muro sobre ella, la verdad asomaba mirándola fijamente.
—Me percaté que mi subalterna Julissa no está en el grupo y quise contar con ella en esta misión importante ¿la envió a algún lado?
Moonstone asintió con una sonrisa amable, ocultando con un velo la verdad.
—La envié a un recado a mi Tribu. Espero que esto no te moleste, joven Dameron; pero regresará a los cuarteles cuando termine con lo suyo.
—No me molesta, solo estaba siendo curioso—exclamó Han, quien luego se dio la media vuelta, retirándose de los jardines y desapareciendo de su línea de visión.
Moonstone calculó que Lang ya debería estar en Miktraland, dispuesta a eliminar esa luz que aún lo tiene atado.
Un caza salió del viaje hiperespacial, el planeta estaba rodeado por un escudo apenas visible, custodiado por naves dragones. Julissa activó la radio.
—No dé un paso más, nave desconocida. Identifíquese.
—Soy la agente Julissa Lang de la Guardia de la Alianza Galáctica, vengo por orden de Han Dameron para dar apoyo.
Hubo un silencio en el enlace, luego escuchó estática pero se mantuvo en su sitio, aguardando pacientemente cuando nuevamente escuchó la voz del miktralano.
—Hemos corroborado su historia. Sobrevuele en línea recta, cuando esté cerca del cuadrante, activaremos un espacio para que ingrese.
Julissa sonrió mientras maniobraba el caza, y tal como le informó el miktralano, ingresó al planeta y aterrizó en el hangar.
El lugar estaba atestado de gente, abriéndose a la Fuerza, empezó a buscar a la niña pero vio a la condesa acercarse a ella.
—¿Han te envió?—preguntó cuando llegó a su altura.
—Sí, él está ocupado ahora con asuntos sobre…—bajó la voz mientras avanzaban por el hangar—el golpe de estado.
—Asi que ya lo va a hacer.
—Sí.
Dejaron atrás el hangar, ahora pasaban por un pasillo que conectaba al palacio, un lugar iluminado pero vacío. Se abrió a la Fuerza, buscando a la niña y la encontró, un poco lejos pero llegaría pero debía deshacerse de Tara.
—Bueno—exclamó Tara deteniéndose y mirando a Julissa sin ningún tipo de emoción—Te llevaré al centro de comando donde te presentaré al equipo.
Tara le parecía extraño que Han no le haya mencionado que mandaría a una de sus agentes. Sentía que debía hablar con él cuanto antes pero Julissa solo sonrió.
—Pero antes…quiero conocer a la niña—dijo Julissa, sorprendiendo a Tara. La existencia de Merrin solo lo sabía Han y su familia cercana, no entendía porque él hablaría de la pequeña con una de sus subordinadas.
—No lo haré—exclamó entrecerrando los ojos.
—Oh vamos—exclamó Julissa avanzando a la espalda de ella—Han me contó sobre ella, lo contento que se pone cuando habla de la pequeña.
Tara se giró cuando ella se colocó a la espalda.
—¿Han te confía estas cosas?—frunció el ceño, lo cual divirtió a Julissa. Podía sentir un poco de ira dentro de ella.
—Él siempre está contándome cosas. Somos cercanos ¿sabes? —exclamó, se colocó a la misma altura de ella, sonriendo con malicia—Muy, muy cercanos ¿Me entiendes?
—No sé qué estás insinuando pero cierra el puto hocico mientras te llevo al centro de comando.
—Que aburrida eres, Tara—exclamó Julissa en un tono empalagoso, pero ella se giró rápidamente, encarándola.
—Te he visto en Yavin un par de veces pero eso no significa que seamos amigas. Además, estás mintiendo.
—¿En qué estoy mintiendo? No conoces a ese hombre ¿Por qué crees que está más tiempo en Coruscant y tú aquí? El me susurraba sobre como crías a tu niña aquí mientras yo estaba sentada sobre su regazo, acariciando su cab…
Julissa recibió un empujó de la Fuerza de parte de Tara, sonrió al sentir como la ira se arremolinaba alrededor de ella. Estaba furiosa y dispuesta no escuchar una palabra más. Supo que fue suficiente mentira para envenenar su mente y provocar un conflicto entre ellos.
—¡Mientes!
—No lo hago—exclamó, mientras se pasaba la lengua por los labios. Tara se percató que no podía moverse, luego sintió como Julissa la empujaba con la Fuerza hacia el techo, golpeándose la espalda y todo se volvió negro cuando cayó al suelo bruscamente.
Julissa la miró con desprecio antes de ponerse a correr, con la velocidad aumentada por la Fuerza.
Su objetivo estaba en el segundo piso, se colocó en el umbral y vio a una mujer adulta sentada en el suelo y a la pequeña Merrin, jugando con ella. Trista se puso de pie rápidamente, colocándose delante de la niña.
—¿Quién eres?
—Una amiga de la condesa—exclamó Julissa sonriendo con jovialidad—Ella está ocupada en el centro de mando, y vengo por la pequeña.
—Extraño…no me notificó que tenía visitas.
—Evidentemente, se le pasó.
—A mi prima nada se le pasa. Diga su nombre.
—¿Le harás perder tiempo a la condesa?
Merrin se asomó detrás de las piernas de su tía.
—¿Qué pasa, tía? ¿Quién es ella?
—Merrin, atrás.
—Apártate—exclamó Julissa, cuyos ojos marrones pasaron al amarillo intenso, entonces Trista sacó su blaster y disparó.
La Sith repelió los disparos con su arma encendida, luego extendió la mano, lanzando a la mujer hacia la pared. Cayó con estropicio, Merrin gritó de miedo.
—¡Vete!—gritó Trista poniéndose de pie con dificultad pero Merrin estaba congelada de miedo, sin poder apartar los ojos amarillos de la Sith. Alzó su sable de luz, lista para cortarle el cuello.
Trista se lanzó a la cintura, derribándola. Gritó a Merrin que buscase a Tara.
Forcejearon, Julissa extendió la mano para romperle el cuello con la Fuerza pero Trista le dio un codazo a la nariz.
Logró zafarse, Trista rodó con dificultad y activó la alerta en su comunicador a los demás agentes. Entonces vio como el sable de luz iba directamente hacia la cara y se tiró al piso.
Luego gritó de dolor agónico cuando sintió la corriente eléctrica recorriendo su cuerpo.
—Te mataré.
—¡Alto!
Julissa vio que había dos agentes en el umbral, entonces alzó su mano y les rompió el cuello como palitos. Giró sobre sus talones para repeler los disparos de Trista, luego giró su arma, cortando el cañón del blaster, luego le propinó una patada en el abdomen.
Salió presurosa de la habitación, donde vio a Merrin agazapada en las escaleras, temblando de miedo pero otro guardia se puso detrás de ella, el agente Brandt.
—¡Deja el arma en el suelo!
—¡Ella mala!
—Busca a tu abuelo.
Merrin tembló, dudó pero luego empezó a moverse entonces Julissa levantó la mano donde rayos luminosos fueron hacia el agente Brandt quien chilló de dolor.
Merrin bajaba rápidamente, entonces Julissa extendió la mano para electrocutarla hasta la muerte pero Brandt, haciendo acopio de fuerza, se puso de pie y se lanzó hacia atrás, recibiendo otra descarga eléctrica.
Dio un gran salto hacia el último escalón, donde Merrin se detuvo temerosa.
—¡Muere!
Levantó su arma, Merrin se puso en cuclillas cubriendo su cabeza con ambas manos. Un sonido resonó en el recibidor y Julissa gritó de dolor. Trista, cansada y herida, desde lo alto, había disparado contra la mano de la Sith, pero no destruyó su sable de luz.
Totalmente fuera de sí, extendió ambas manos y los rayos de la Fuerza fueron directamente a la agente de Seguridad.
Merrin sollozó en el suelo, sin atreverse a mirar a Julissa pero sintió la energía confortante de su madre. Delante de Julissa apareció una especie de portal verde donde los rayos cruzaron, dejándola confundida y sintió como un empujón de la Fuerza la lanzó de costado.
Tara se arrodilló ante Merrin, quien alzó la cabeza y se lanzó al cuello.
—¡Mami!
Tara limpió con el pulgar las lágrimas de su hija, y miró a Julissa furiosa y con gran sed de sangre.
—¡Tengo miedo mami!
Julissa se puso de pie con dificultad, respiró hondamente sin dejar de mirar a Tara.
—Busca al abuelo. Quédate con él, no salgas.
—Mami…
—Merrin, hazlo. Deja a mamá arreglar esto.
—¿Llamas a papi?
—Lo haré pero vete.
—¡Tu padre será un Sable Sith si te mato, mocosa!
Tara buscó la Fuerza para serenarse, envió ondas de paz y valentía a su hija, quien se sintió reconfortada. Le besó la frente y ella corrió hacia atrás de su madre. Julissa extendió la mano hacia Tara, pero la Jedi encendió su sable de luz justo a tiempo para repelerlos.
—Tendrás que pasar primero por mí, maldita. Tendrás que pasar por todo el kriffado planeta para llegar a ella.
Julissa encendió su sable de luz y saltó con gran velocidad. La hoja carmesí centelló al chocar con la hoja esmeralda de Tara. Ambas bloqueaban con gran rapidez, pero Tara, usando su ira controlada, logró hacer retroceder a Julissa.
Un gran pelotón de guardias de la seguridad apareció a la espalda de Tara pero no hicieron nada más que quedarse viendo la pelea.
Julissa usó las lámparas para lanzar contra ella pero Tara los repelía. Luego se deslizó a la espalda, para propinarle una patada a la espalda baja pero Tara usó la Fuerza para golpearla con una maceta.
—¡Apunten!—gritó Tara bloqueando un golpe a su derecha, entonces los guardias levantaron sus armas. Entonces Tara giró sobre sus talones para bloquear otro golpe frontal. Cansada de que su hija sea objeto de varios intentos de asesinato, se preguntó la razón por que una Sith estaría detrás de Merrin, además ¿Qué quiso decir que Han será un Sable Sith? Pero luego recordó que los Sith solían mentir mucho para hacerla dudar y no podía darse ese lujo.
—No pensé que estarías en la senda oscura, Lang. Recuerdo que eras de la misma clase de Kai.
Julissa se no habló, fuera de sí, usó la Fuerza para moverse más rápido y terminar con la pelea.
Las armas se estrellaron, Tara intentó contener, se humedeció los labios y susurró un hechizo, donde un portal se abrió bajo sus pies.
—¡Fuego!
Se hundió en el suelo, los guardias abrieron fuego contra Julissa quien tuvo que repeler los disparos pero ellos no dejaban de disparar. Tara se apareció a la espalda de sus guardias y vio como ella, agotada, recibió disparos en los hombros, dejando caer el sable de luz.
Herida, usó la explosión de la Fuerza para lanzar de espaldas a los guardias pero Tara se mantuvo en su sitio. Cayó de rodillas, entonces Tara voló hacia ella con rapidez y la hoja se asomó bajo la barbilla.
—Perdiste.
—Estoy desarmada, Jedi. Eso va en contra de tus ideales ¿verdad?
—Una Sith no recibe perdón—masculló con desprecio, luego hundió el sable de luz en el pecho de Julissa, quien abrió los ojos y cayó muerta.
Respirando hondamente, fue directamente hacia las escaleras donde vio a su prima y a Brandt siendo atendidos.
—Sobrevivirán pero están muy débiles—exclamó un agente.
—Que sean tratados en los tanques de bacta—exclamó Tara, luego se inclinó hacia su prima—Te recuperarás, Trista; gracias por proteger a Merrin.
Tara observó de pie, como eran llevados los dos hacia la enfermería, luego empezó a avanzar rápido del lugar.
Tara llegó al centro de comando, vio a los droides y a los agentes trabajar arduamente ahí, entonces ella se acercó rápidamente hacia el generador holográfico. Cuando ingresó el número de Han, el comandante se acercó a ella, captando su atención.
—Condesa, hemos captado naves dragones acercándose al planeta. Debemos actuar ya antes de ser rodeados.
Tara apretó los dientes, miró de reojo el generador. Sentía que esto era más urgente que hablar con él, pero se sentía indispuesta de tan solo pensar en Han.
"De todos modos, él vendrá después del golpe. Y cuando venga, hablaré seriamente"
—¿Condesa?
—Saca a nuestros cazas, que rodeen nuestras lunas. Y aliste mi nave.
—A la orden, condesa.
Entonces Tara salió de la sala de comando, pisando fuerte pero su humor se disipó cuando vio a su padre cargando a su hija. Se acercó rápidamente a ella, besándola en la mejilla.
—Estoy, aquí, mi bebé ¿No te dije que me desharía de la mujer mala?
—Sí—exclamó restregándose los ojos.
—Merrin, escúchame. Lo que hayas oído de ella, es falso; es una mujer mala y como tal, es una mentirosa ¿entiendes?
—Sí—exclamó lacónicamente, luego Tara miró a su padre.
—Papá, quédate con ella. Iré arriba a contener algunos indeseables que vienen aquí.
—Entiendo.
—Mami…
—Regresaré amor, lo sabes.
Nahod cargó nuevamente a la niña, entonces ambos empezaron a moverse en distintas direcciones. Tara se contuvo las lágrimas.
Estaba cansada, muy cansada.
Buen inicio de semana!
