Shara abrió los ojos bruscamente, luego se puso de pie y avanzó rápidamente hacia la cabina de pilotaje, donde aún podía ver las líneas plateadas del viaje hiperespacial. Jats se giró.
—¿Qué pasa? ¿La sentiste?
—No solo la esfera…Alema, Alema me estaba buscando por la Fuerza y la capté. Me envió una imagen de un planeta—entrecerró los ojos como si intentara recordar—Corulag. Debemos ir a Corulag.
Jats asintió pero estaba muy cauteloso.
—¿Ella nos está mostrando el lugar donde estará?
—¿Qué otra opción tenemos? Ella sabe que estoy contigo—exclamó mientras su mirada se endurecía—Vi sus intenciones, Jats. Quiere vengarse, acabar el trabajo que no terminó.
—De acuerdo—exclamó el piloto apartando la mirada de Shara y volviendo hacia el espacio, luego colocó las coordenadas hacia el planeta mencionado. La Dama Jedi se sentó en el asiento del copiloto, sin decir una palabra más.


Dos InvisibleX salieron del viaje hiperespacial, sobrevolaron lentamente mientras ambos pilotos observaban a la estación Punto Central, estacionada cerca de Chandrila. Conectado por el enlace mental, Rori sintió la voz de Luke en su mente.
Comprobé los escáneres de calor, y hay poca gente en la estación. Entonces ¿Estas segura, Rori?
Rori y Luke habían planeado que solo uno de ellos ingresaría a la estación mientras el otro, estaría vigilando los escáneres de calor de los cazas.
Es extraño…que ninguna nave esté vigilando la estación.
Sí, es como si estuvieran ocupadas en otro lado.
—Bueno, debo irme Luke. Estate vigilante que ningún tipo de nave se acerque—exclamó Rori avanzando lentamente hacia Punto Central, escuchó la voz de su cuñado deseándola que la Fuerza la acompañase.

Maniobró el InvisibleX, aumentó la velocidad, siendo muy cautelosa mientras bajaba la mirada hacia los controles, esperando ver la luz roja, señal que el control intentaba comunicarse con ella pero nada sucedía. Escuchó la voz de Luke en su mente.
He intervenido su sistema. No hay civiles pero si agentes de la GAG, Rori. Ten cuidado, siento algo extraño también.
¿Qué te hace pensar eso?
No estoy seguro…siento que algo o alguien, intenta esconderse.
Lo tendré en cuenta, Luke.

Acercándose al hangar, cuya entrada estaba protegida por una fina lámina de escudo de plasma, sin ningún problema para atravesarlo y aterrizar. Tal como lo esperaba, su llegada atrajo algunas miradas entre los agentes que estaban ahí, además notó que había muy pocos cazas.
Bajó de su caza por una escalerilla con una pequeña mochila al a espalda, luego se retiró el casco y vio que se acercaba un hombre joven. Podía sentir su confusión mediante la Fuerza.
—¿Quién es usted?
—Me llamo Rori—exclamó lo más seria que podía—Agente de la SIG. Tengo órdenes de inspeccionar esta estación.
—¿La Inteligencia? Esos no son bienvenidos aquí—exclamó casi con desprecio, Rori rodó los ojos y se encogió de hombros.
—El coronel Dameron ha dado su visto bueno que esté aquí. Si tiene algún problema, hable con él o se lo puedo informar yo misma ¿De acuerdo?
El hombre se humedeció los labios, dos de ellos se acercaron a la espalda de él, mientras podía sentir como se tensaba.
—Bueno, si lo dice el coronel. Adelante.

Se puso a un costado, avanzó hacia la gran puerta de duracero, abriéndose rápidamente cuando llegó al umbral. Entonces caminó por los pasillos vacíos hasta detenerse, lejos del ingreso. Extendió su mano derecha donde activó el holomapa de la estación, el punto parpadeante era el lugar donde debía ir.
¿Rori?
Estoy dentro.
Bien, solo te informo que la estación no tiene capsulas de escape. No los han puesto.
Rori se mordió el labio inferior, por más que detestaba a la GAG, sentía que eso no era razón para matarlos en una explosión. Eso cambiaba todo.
Bien, cambio de planes. Solo sabotear.

Reanudó su camino hacia un turboascensor, ingresó y presionó un botón.
Dio más vueltas de que podía recordar, la sala de máquinas quedaba en lo más bajo y alejado de su única vía de escape. Sentía que debía ser rápida, porque la sola idea de que ese hombre hablase con Han sobre su incursión, se caería todo.

La sala de máquinas era muy ruidosa, solo veía tubos y pasillos, largas columnas, vigas de duracero pero ella vio una gran rueda o uno que parecía cuando avanzó rápidamente por el pasillo, estando a gran altura.
Era como estar dentro de un huevo, el techo no se podía ver y el suelo, solo veía cables enormes, que brillaban de luces azules y verdes. Rori se acercó a la gran rueda, y supo que era la cañonera, donde el haz de luz destructor podía destruir flotas enteras e incluso, quemar un planeta entero.

Abrió una especie de escotilla donde colocó las bombas de protones, luego dejó caer al suelo granadas de plasma. La sola acción de presionar el botó de lanzamiento del rayo, la energía quemará las bombas y provocará una gran explosión en el cañón, dañándola.
El tiempo de reparación les costaría años y dinero ¿la AG estaría dispuesta a ello?

Observó el contador, sabía que no podía arriesgarse que ellos descubran que había bombas en la sala, además, no estaba segura cuando lo usarían. Cronometró a una hora y media, luego dejó caer al suelo. Se llevó la mochila al hombro, a pesar de que estaba vacía, regresarse sin ella suscitaría muchas preguntas.
Una vez que se alejó de la sala y ascendió a los pisos superiores, empezó a andar rápidamente por los pasillos cuando notó una puerta entreabierta y unas voces. Su instinto le decía que debía detenerse, consultó con su crono, aún tenía tiempo.

Acercándose lentamente, se inclinó parcialmente donde vio que era una sala de reuniones, donde estaba un hombre de rodillas mientras en la mesa, había un objeto holográfico donde podía ver una figura parpadeante de una mujer.
—…nos hemos movilizado aquí, maestra. ¿Cuál es nuestro siguiente movimiento?
—Bien. Ahora en adelante, seguirán las órdenes de Han Dameron. Por el momento, tú te encargarás que los corellianos no recuperen esta estación. Han está a punto de eliminar nuestro obstáculo y cuando suceda…has que Corellia sea un páramo inhabitable.
—Así se hará.

Rori estaba conmocionada, se giró, pegando su espalda a la puerta, miles de preguntas se arremolinaron en su mente.
—¿Quién está ahí? Puedo sentirte.
Rori dio un sobresalto, luego notó que tenía medio cuerpo casi a la vista del hombre extraño, entonces se humedeció los labios y sacó su sable de luz, con ambas manos, lo sostuvo a su espalda. Se mostró ante el hombre, quien vestía el uniforme de un espía de la IG.
—Disculpa…solo quería informar que…teníamos un incidente en la cocina pero ya lo solucionamos pero lo vi ocupado hablando…
—¡Quién eres!
—Quien yo sea no es importante. La cuestión es ¿Quién era ella? ¿Tu novia?
—Por tu uniforme ¿eres piloto de la AG?]
—Soy de la IG—exclamó Rori, luego sintió como su garganta se cerraba. Antes de caer en el pánico, empujó al hombre, quien estuvo sorprendido. Rori, abandonó toda cautela, al mostrar su sable de luz.
—¿Eres una Jedi?
—No "amigo", me lo gané en una rifa—exclamó sarcásticamente mientras adoptaba una posición defensiva—Siento el Lado Oscuro sobre ti ¿Quién eres en realidad?

Drost gruñó, encendió su sable de luz y se lanzó contra Rori, quien lo bloqueó a su costado derecho. Sentía que el tiempo corría.
¿Rori? ¿Estas bien? Puedo sentirte que estás tensionada…

Esquivó con gran agilidad otro golpe frontal pero se mantenía cerca de la puerta.
Luke…estoy en medio de algo. Ya lo solucionaré.

Rori sospechaba que él era un Sith, entonces ¿él se robó el Punto Central? ¿Los Sith estaban en el poder? Giró la muñeca, ambas armas chocaron frontalmente, entonces Rori le propinó un rodillazo en el vientre de Drost, quien se dobló de dolor, luego le golpeó la nuca con la empuñadura de su sable de luz.
Apagó el arma, consultó con su crono, notando que ya estaba casi al límite; entonces salió de la sala, cerró la puerta y la bloqueó.

Cuando las puertas del hangar se abrieron, aminoró su velocidad mientras caminaba rápidamente hacia su InvisibleX.
—¿Revisó el lugar?
—Si, todo está bien—exclamó sin mirarlo. Subió por la escalerilla y luego se sentó.

Encendió su caza y luego, salió de la estación, aun con preguntas arremolinándose sobre su cabeza. Sentía que tenía que mandar un mensaje a su tía o a su padre.
¿Listo?
Sí, le coloqué las bombas. Hay tantas cosas que debo decirte, Luke pero debemos salir de aquí ahora.
De acuerdo.

Llegando a su misma altura, Luke giró su nave mientras ambos colocaban las coordenadas a Yavin IV. La explosión que remeció la estación sucedió cuando ellos desaparecieron de la escena.


Los cazas sobrevolaron sobre los cielos de Coruscant, varios blindados se acercaron al Palacio Imperial, los portatropas se detuvieron cerca de la puerta ante la atónita mirada de los guardias. Las cañoneras de los blindados apuntaron hacia el Palacio mientras los portatropas desplegaron a sus guardias de la GAG. Ava se acercó a Shabis.
—Las tropas están listas.
—Bien. Estoy recibiendo confirmaciones que nuestros guardias están rodeando los puntos importantes como el Senado, el cuartel de la SIG y el hangar militar.

Ava asintió, solo lamentaba que la SIG haya decidido reconstruir sus instalaciones en Taris y que solo hayan enviado un cuartel en Coruscant.
—Debemos ser rápidos antes que la IG envíe una nota a su sede de Taris.
—Exacto—exclamó Shabis—Vamos.
Entonces Shabis y Ava empezaron a caminar marcialmente mientras las tropas de la GAG lo hacían a la espalda de ellos, acercándose a la entrada del Palacio Imperial.
—¿Qué significa esto? ¿Qué está pasando?
Shabis sacó su blaster y disparó a la cabeza del hombre, quien cayó de espaldas dejando pasmado a su compañero pero él también corrió con la misma suerte. Ava respiró hondamente, se aferró al blaster.
Y una de las cañoneras disparó contra una torreta del Palacio Imperial, remeciéndola.

Tallie solo escuchaba hablar a sus compañeros de escuadrón en el comedor del cuartel de pilotos de la AG. Bebió su caf, juntó sus manos en el vaso de cartón para calentarse mientras miraba a su compañera contar una anécdota. El lugar estaba ocupado por otros pilotos pero había mesas vacías, los pilotos que estaban solos veían la gran pantalla holográfica, donde transmitían un drama. Una hembra duro se acercó
—¡Hola!—saludó mientras se sentaba con una bandeja, el resto la saludaron y sus ojos rojos fueron hacia Tallie—Pensé que estabas en Hiisi.
—Me contactó la coronel Grace—exclamó Tallie forzando una sonrisa—Asi que…adiós vacaciones.
—Sí, realmente me enfadó—exclamó un givin macho—Estaba con mi familia y recibo este mensaje. Parece que todos los han llamado, sin importar sin estar activos.
De un momento a otro, la única pantalla holográfica empezó a transmitir una noticia de último momento, donde se veía el Palacio Imperial en llamas. Tallie y los demás se pusieron de pie.
—¿Qué está pasando?
—¿Están atacando el Palacio? ¿Son corellianos?
La alarma de emergencia resonó en el lugar, entonces todos dejaron de ver la pantalla para movilizarse al hangar. Pero al llegar, los pilotos notaron a otros guardias, cuyos uniformes eran reconocibles, la GAG estaba en el lugar.
—Muy bien, solo tienen dos opciones—exclamó un guardia de la GAG con el blaster en alto, apuntando al techo, los pilotos se vieron bloqueados de llegar a sus cazas.
—Los corellianos nos atacan.
—En realidad, nadie está atacando a nadie—exclamó el guardia—Solo estamos cambiando de liderazgo. Asi que ¿Qué elijen?
—No traicionaré a la AG—exclamó el givin entonces los guardias apuntaron a los pilotos.
—Entonces serán encerrados.

Tallie se llevó la mano hacia su blaster, pero sabía que no podía quitarse de encima de ellos, eran demasiados.
—Sabía que la GAG son unos traidores—escupió Tallie. A pesar de no ser una Jedi entrenada siendo sensible a la Fuerza, si podía sentir el clima tenso y la posibilidad que se desate una balacera en el mismo lugar, no le vio sentido atacarlos.
—Cállate. Pongan las manos sobre la cabeza y caminen.

Cuando la mitad de los pilotos se daban la vuelta, se escuchó una gran explosión, los guardias de la GAG se giraron rápidamente ante los confusos pilotos. Vio agentes de uniforme negro abriendo fuego contra la GAG, quienes corrieron a cubrirse.
—¡Es la IG!—gritó un piloto mientras sacaba su blaster.
—¡A sus cazas!—gritó Zay Versio corriendo por la pista sin dejar de disparar. Entonces Tallie sacó su blaster y disparó contra el guardia que tenía delante de ella.
Los agentes de la IG lograron alejar a los guardias de la GAG de los cazas estelares, permitiendo que los pilotos corrieran hacia ellos.

Zay Versio y Tallie se cruzaron mientras corrían a sus cazas.
—¿Qué está pasando?—preguntó Tallie.
—La GAG está haciendo un golpe de estado pero debemos irnos ya. Te informaré cuando estemos arriba.
Subió a su Ala X lo más rápido posible, Tallie se sentó en su nave mientras los cazas escapaban con rapidez. Se preguntó si la IG también escaparían pero luego notó que ya no quedaban y prácticamente, ellos no escaparían, sintiéndose mal por ello.

Maniobró su Ala X, escapando del hangar y sobrevolando por los cielos de Coruscant.
Una vez que salió al espacio, notó cruceros estelares que se acercaban como también lanzaderas.
—Salten a Dac, antes que esos cruceros nos atrapen con sus rayos tractores.
Entonces cada Ala X saltaban al hiperespacio, uno detrás de otros.

.

Ava repelió los disparos de los guardias que protegían a Tash, pero ahora estaban en una situación que no podían avanzar. Sabía que debía llegar o si no, Tash se escaparía. Los empujó con la Fuerza, luego se impulsó rápidamente con su sable extendido, apuñalando a uno que se ponía de pie.
Los dos se asustaron, mientras Ava giró su arma, matándolos. Luego corrió a gran velocidad mientras sentía a la GAG avanzar detrás de ella.
—Tash está rodeado, Ava. Llega a él—le informó Shabis por medio de comunicador que estaba en su oído.
Desde que asesinó al mandaloriano, sentía que ya nada importaba; solo seguir avanzando y ver cómo Han trae justicia a la galaxia. Eso era lo único que podía creer.
Los guardias caían muertos tras los golpes certeros de Ava, llegando a la sección este, donde estaba el Jefe de Estado, la Fuerza le decía que estaba ahí, agazapado detrás de una puerta ocupada por guardias que le disparaban sin detenerse.

Repelió los disparos con su sable de luz, y cada haz de luz fue directamente a los pechos de los defensores. Reventó la puerta con un golpe de la Fuerza, avanzó por la oficina mientras dos guardias la apuntaban, temblorosos. Detrás de ellos, estaba Tash, podía sentir su miedo.
Demasiados temerosos para disparar contra Ava, Tash se puso de pie y alzó la mano derecha, donde tenía una granada térmica. Con solo presionar el botón, todo volaría.
—A lo Fey'lya ¿verdad? —exclamó Ava—¿Quieres morir como él?
—¡Presione, señor!

Pero Tash no se podía mover, entonces Ava observó que los guardias alzaban sus armas y la Jedi se deslizó como el viento, y su arma les hizo un corte brillante en los abdómenes de ellos.
Apuñaló a Tash, entonces él pudo moverse pero estaba muy débil para activar la granada. Ava se lo quitó suavemente y lo dejó caer al suelo bruscamente. Detrás de él, sintió a Shabis y al resto de los soldados de la GAG.

Se giró mientras se guardaba la granada térmica.
—Está muerto—exclamó Ava—Lo maté.
—Bueno, solo debemos esperar al coronel Dameron. Está por llegar y aterrizará en el espacio puerto personal de Tash.
—Y ¿luego qué?
—Iremos al Senado donde él dará su discurso. Han Dameron será nuestro nuevo líder.


Cuando la lanzadera aterrizó en el espaciopuerto personal del Jefe de Estado, algunos agentes de la GAG esperaban a Han de pie, escoltando a Shabis y a Ava. Han bajó de ella y avanzó lo más rápido posible, con la capa negra ondeando al viento.

Muy cerca de los pies de Shabis, estaba una bolsa negra con forma de un togruta muerto, entonces Han supo de quien se trataba.
—Entonces ¿Está hecho?
—Sí, coronel—exclamó el zabrak Shabis, mirando de reojo a Ava—Ella terminó con su vida.
—Buen trabajo, Ava—exclamó Han apoyando su mano en el hombro de la mujer. Shabis empezó a moverse hacia los jardines principales. Han lo siguió.
—El Senado ha sido ocupada por nuestras fuerzas y la prensa está ahí. Están listos para escuchar su mensaje.

Ava no se había movido de su lugar, bajó su vista hacia la bolsa negra, donde algunos guardias rociaban con gasolina. Luego apartó la mirada cuando el fuego empezó a consumir a Tash. Decidió alejarse de la zona, Shabis la llamó y entonces ella avanzó rápidamente.

Han escuchó el relato de Shabis de lo acontecido, el cuartel de la IG fue totalmente ocupado y los agentes arrestados pero no pudieron evitar las fugas de los pilotos y algunos senadores pero él no le dio mucha importancia.
—¿Qué pasa con la comandante Carik?
—Ella huyó con la senadora kuati, Mein Silen. Algunos de los comandantes han respondido mi llamado a reagruparse en Coruscant menos el almirante Dameron. Se ha quedado en su puesto.
—Hablaré con él—exclamó Han impasible.

El deslizador se detuvo ante el edificio del Senado, totalmente rodeado de blindados y guardias de la GAG. Han fue escoltado por ellos hasta la oficina donde solía trabajar el Jefe de Estado y el lugar donde lo llevaría a la gran sala donde sesionaban todos los senadores de la galaxia.
Subiéndose al gran pod junto con Ava y Shabis con dos guardias, este se elevó mientras el techo se abría.

Han notó lo grande que era el senado galáctico, varios pods estaban anclados en las abovedas paredes, podía ver los droides voladores que se acercaban a él.
—Nuestros guardias están acompañando a nuestro senadores—susurró Shabis al oído de Han.
—Este será un gobierno de nosotros dos—susurró Han, quien luego se acercó al amplificador, sentía las miradas sobre él, sentía el miedo y la incertidumbre en la sala pero no le importó. Vio las Holo cámaras sobrevolando en el lugar.
—Como sabrán, Uro Tash ha muerto. Este es un nuevo capítulo para la Alianza Galáctica, una alianza que no tolerará lideres débiles y cobardes. Ahora la galaxia verá un nuevo liderazgo: yo, Han Dameron y mi colega, Frokko Shabis—exclamó mientras señalaba al zabrak que estaba a su espalda—Juntos traeremos a una nueva era de paz y justicia a la Alianza Galáctica. Conmigo, todos estaremos a salvos y castigaremos con mano dura a los traidores y secesionistas. Si Corellia quiere guerra…la tendrá. Cualquiera que se interponga en nuestro camino, será nuestro enemigo. Si no estás conmigo, entonces estás en mi contra.

Entonces los senadores, con el cañón pegado a sus espaldas, aplaudieron y el sonido de los aplausos resonaron en la sala. Entonces Han levantó ambas manos, escuchando el sonido mientras su mente fue hacia su hija; sentía que al fin ella crecería en una galaxia segura para ella. Ahora no tendría problemas para ir a Miktraland, no más escapes a hurtadillas ni excusas.

Si la Orden Jedi se interponía, entonces no tendría más remedio que sacarlos de encima.