Aimi se despertó confundida, no entendía muy bien lo que había pasado. Miró hacia la cama y pudo ver a Naruto dormir, aún seguía a su lado. Una sonrisa sincera apareció en su rostro, aunque esta estaba manchada ligeramente de tristeza, seguía sin entender cómo la gente podía pensar que el pequeño en la cama era un demonio.
Un dolor de cabeza le vino de repente, y junto a él los recuerdos de lo vivido en el templo, además de otros que no sabía, esa era la información que le prometió el dios para después de la ceremonia.
Se levantó de golpe, debía hablar con el hokage, debía pedirle ingresar en el cuerpo shinobi, ser una kunoichi. El reloj de la mesita de Naruto le indicó que eran las dos de la madrugada, demasiado pronto para cualquier persona normal, su visita a la torre hokage tendría que esperar varias horas.
Le dio a Naruto un ligero beso en la frente y se fue a su habitación. Se puso su ropa de dormir y se tumbó en la cama, intentó dormir, pero todo lo vivido esa noche y sus nuevos conocimientos no la dejaron. ¿Qué debía hacer?, aunque era consciente de que sería difícil, no por Naruto, estaba segura de que él lo perdonaría por la muerte de sus padres una vez supiera su historia, el problema sería Kurama, odiaba a los humanos, y con toda la razón del mundo a su parecer.
Al final, después de estar dando vueltas al asunto por un rato, consiguió quedarse dormida, solo para ser despertada unas horas más tarde por Naruto dando saltos en su cama.
-Arriba, arriba, ya son las seis - gritó el pequeño con una sonrisa y sin dejar de saltar.
Aimi lo miró, por lo que pudo saber del hokage, Naruto no era un niño madrugador, todo lo contrario, salvo para sus bromas, él era bastante vago y dormía mucho, sin embargo, en ese mes que había estado con ella, Naruto se había estado levantando a una hora bastante razonable, y de una semana hasta ese día, el pequeño rubio había estado madrugando todos los días, tal parecía que le gustaba más estar con ella que dormir.
-Buenos días - dijo la joven mientras se estiraba en la cama - deja de saltar en la cama - le regañó al ver que no dejaba de saltar.
-Jo - dijo e hizo un puchero, pero obedeció de inmediato - ¿qué vamos a hacer hoy? - cuestionó mientras se bajaba de la cama.
-Bueno - empezó Aimi - tengo pensado ir a ver al hokage para convertirme en kunoichi, si quieres acompañarme.
-Sí, sí, sí - gritó el niño feliz, siempre le gustaba visitar al hokage, para el pequeño, él era como su abuelo, igual que Aimi era su futura mamá, y Teuchi era algo así como su tío.
-Pues está decidido - dijo la joven levantándose de la cama y yendo a la cocina a preparar el desayuno.
Después de desayunar y alistarse, ambos salieron del departamento y fueron rumbo a la torre del hokage. En el camino no había mucha gente, era temprano, pero eso no evitó que más de uno le lanzara alguna mirada nada agradable a Naruto. Aimi tuvo que apretar sus puños y cerrar los ojos por un momento, una de las habilidades que le había concedido Takaminusubi era el sharingan, concretamente el mangekyou sharingan eterno, y sabía por la información recibida que, si se enfadaba demasiado, su sharingan saldría a relucir y podría estar en serios problemas, no quería que la confundieran con una Uchiha.
-Mimi - la llamó Naruto, a lo cual Aimi abrió los ojos y lo miró con una sonrisa.
-¿Sí mi niño? - intentó contener su ira y que él no se diera cuenta de lo que le pasaba.
-¿Te ocurre algo? - le preguntó Naruto preocupado.
-No es nada - le dijo la joven con una sonrisa que más parecía una mueca - solo estaba pensando en un par de cosas, será mejor que vayamos rápido, estoy segura que a esta hora el hokage está libre, pero no estoy tan segura si lo estará si nos tardamos.
Naruto asintió sin saber muy bien lo que pasaba, él era consciente de las miradas que los aldeanos le dirigían, pero era muy inocente y despistado para darse cuenta que eso enfurecía a la joven enormemente.
En unos minutos llegaron a la torre hokage. Allí la recepcionista les informó que el hokage estaba libre y podía verlo, ellos le agradecieron y se dirigieron al despacho. Una vez allí, Sarutobi los recibió con una sonrisa, y no pasaron ni cinco segundos antes de que Naruto gritara jiji y se sentara en su regazo.
-Hola Naruto, ¿qué tal estás? - le preguntó Sarutobi dulcemente a Naruto.
-Bien, Aimi es muy divertida, además de que cocina muy bien, aunque nada supera el ramen de Ichiraku. El hokage se rió y negó con la cabeza, Naruto nunca cambiaría.
-¿Y bien?, ¿qué les trae aquí tan temprano? - preguntó el hokage dirigiendo su mirada a la joven.
-Hokage sama, me gustaría formar parte de la fuerza shinobi de Konoha - le dijo seriamente mirándolo a los ojos.
-Oh - fue todo lo que salió de la boca del hokage ante esa declaración.
-Sí, jiji, Mimi quiere ser kunoichi, así cuando yo entrene para ser un shinobi, ella me podrá ayudar para ser el mejor, incluso podría ser mi sensei - dijo alegremente el pequeño rubio.
-Hokage sama, sé que esta petición es muy repentina, pero lo he estado pensado todo el tiempo que he estado cuidando de Naruto, y después de lo de ayer, lo he decidido - dijo Aimi sin dejar su expresión seria.
-Ya veo - respondió Sarutobi - realmente nunca he visto un caso similar, es muy raro que alguien decida ser shinobi cuando ya es mayor, la mayoría empieza a entrenar cuando son niños y se gradúan de la academia cuando tienen 12 años, no sé que procedimiento hay que seguir para estos casos.
-Si me lo permite, le tengo una sugerencia - dijo Aimi y al ver la mirada del hokage continuó - he comenzado a estudiar y practicar un poco en la manipulación de chacra, taijutsu y fuinjutsu, además, aunque no poseo ninguna espada, se me da bastante bien el kenjutsu, si me lo permite, podría seguir un poco más por mi cuenta, y tal vez dentro de un par de meses, presentarme a un examen para que usted y los que considere me evalúen y determinen si tengo el nivel suficiente para convertirme en genin.
Sarutobi lo pensó, ciertamente la academia para ella no sería la mejor opción, ponerle un sensei instructor tal vez tampoco era lo mejor si su nivel no llegaba al de un genin, su idea era bastante buena, aunque no estaba seguro de cuánto podría avanzar ella sin ayuda de nadie, pero nada se perdía por intentar.
-Muy bien - dijo finalmente - tu idea es buena, dentro de dos meses harás la prueba.
-Sí - gritó Naruto - mi mamá será shinobi.
Las mejillas de Aimi se encendieron sin poder evitarlo, otra vez Naruto la había llamado mamá, aunque sabía que debería estar acostumbrarse dado lo que iba a hacer.
-Hokage sama, ya que estamos aquí, me gustaría hablar sobre el periodo de prueba para poder ser la tutora legal de Naruto, considero que por adelantar la fecha un día no pasará nada.
-Ciertamente - argumentó Sarutobi, Naruto lo miró expectante - considero que el periodo de prueba ha sido muy bueno - los ojos de Naruto se iluminaron - por lo que no veo ningún inconveniente para que seas su tutora legalmente.
-Sí - gritó Naruto estallando de felicidad.
-En cuanto a eso - dijo Aimi - no quiero ser su tutora legal - ambos se le quedaron mirando, Sarutobi con cara de sorpresa, y Naruto con cara triste, pero antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo, Aimi continuó - sé que dije que era muy joven para ser madre, pero creo que sería mejor que fuera la madre adoptiva de Naruto en lugar de su tutora legal, aunque si es posible, también me gustaría que conserve su apellido, al fin y al cabo, Uzumaki es apellido de clan, vale más que el mío que es de civil.
Los ojos de Naruto se volvieron a iluminar y en menos de dos segundos ya estaba en el regazo de la joven abrazándola con fuerza.
-Mamá, mamá, mamá - decía Naruto con felicidad sin dejar de abrazar a la joven, la cual tras un segundo de confusión, devolvió el abrazo que le estaba dando el pequeño rubio.
Sarutobi lo veía todo con una sonrisa, se alegraba mucho por Naruto, por un momento no pudo evitar pensar en Minato y Kushina, estaba seguro de que ellos estarían felices por Naruto, pero también tristes y decepcionados por la gente del pueblo, al igual que él, solo esperaba que todo fuera mejor a partir de ese momento.
