Pasaron los dos meses acordados para determinar el rango de Aimi, Hiruzen Sarutobi decidió llevar a Iruka y un par más de profesores de la escuela para evaluar si la joven tenía el nivel necesario para ser una genin.

Todos estaban al tanto de la situación extraordinaria de la joven, que una civil en su etapa adulta decidiera convertirse en kunoichi no era algo habitual, por lo que, en cierta forma, estaban más dispuestos a ser indulgentes con ella respecto a su nivel de poder y habilidad.

Cabe decir que todos se quedaron con la boca abierta al ver de lo que era capaz, su nivel era igual o superior a chunnin, si era capaz de llegar a ese nivel entrenando entre dos y tres meses por su cuenta, no querían imaginar su poderío en un par de meses más si era entrenada por un jounin de la aldea.

-¿Y bien?, ¿qué tal lo he hecho? - preguntó Aimi inocentemente, se había contenido en gran parte para no mostrar su auténtico poder, pero aún así sintió que tal vez se había pasado, era eso o sus espectadores se sorprendían por nada .

La joven esperó por varios minutos que alguno de los cuatro dijera algo, pero ninguno de los hombres frente a ella había salido de su shock ante lo que habían visto sus ojos. Fue el hokage el primero en reaccionar, aunque seguía algo aturdido.

-Lo has hecho muy bien, mucho mejor de lo que nunca hubiera imaginado - dijo con total sinceridad.

-¿Y bien?, ¿puedo ser genin entonces? - preguntó Aimi con una sonrisa.

-Si te nombrara genin, estaría insultándote y subestimando enormemente tus habilidades, eres una chunnin por lo menos, y en poco tiempo no dudo que te convertirás en una jounin poderosa, ¿segura que eres una civil sin relación a algún clan? - preguntó Hiruzen.

-Hasta donde yo sé, no desciendo de ningún clan, aunque no descarto que algún antepasado mío fuera un miembro de algún clan - dijo siendo lo más creíble posible en sus palabras, conocía muy bien la fuente de su poder, y nada tenía que ver con provenir de un clan.

-Bueno, de todos modos, me enorgullece anunciarte que a partir de ahora eres una kunoichi de Konoha - anunció el hokage y le dio un pequeño codazo a Iruka para que saliera de su estupor.

-Ah, sí, aquí tienes - dijo Iruka tendiéndole una banda ninja con el símbolo de la hoja.

-El chaleco de chunnin te lo daré mañana en mi oficina junto a tu primera misión - dijo Sarutobi antes de darse la vuelta e irse.

Iruka fue detrás de él, seguido unos momentos después de los otros dos hombres que recién acababan de salir de su shock. Aimi no pudo evitar reírse mientras veía a los dos shinobis salir a trompicones de la sala.

Una vez estuvo sola en la sala, la joven miró la banda en su mano. No pudo evitar pensar lo emocionados y deseosos que estaban muchos niños de conseguir una banda como esa, incluyendo a su querido hijo Naruto, y sin embargo, ella no sintió esa emoción, realmente no podría importarle menos tenerla, para ella, la banda solo era un símbolo de que era una ninja de la aldea, y ella solo lo había aceptado como un medio para poder ayudar a su hijo y protegerlo, además de que necesitaba un trabajo, no era el mejor, pero le serviría por el momento.

Suspirando, se puso la banda en la cabeza a modo de diadema. Su intención era ser kunoichi el tiempo suficiente para ganarse un nombre y una fama que haría que los aldeanos se lo pensaran dos veces antes de intentar cualquier cosa contra su hijo, después, tenía pensado pedir un puesto en el hospital como ninja médico, eso le permitiría estar más cerca de Naruto, además de que no le hacía mucha ilusión la idea de matar.

Volvió al departamento lo más rápido posible, y antes de entrar, se aseguró de tener una sonrisa en la cara, su pequeño rubio le había estado animando enormemente para lograr su objetivo de ser kunoichi, al pequeño le hacía mucha ilusión y quería fardar cuando entrara a la academia de que él tenía la madre más fuerte. Un deseo que esperaba cumplir.

-Ya estoy en casa - avisó abriendo la puerta, y como ya era costumbre, en un destello de velocidad ya tenía a Naruto abrazando su cuerpo, no dudaba de que su hijo sería el ninja más veloz en un futuro no muy lejano.

-Bienvenida, ¿qué tal te ha ido? - le preguntó sin despegarse.

-Muy bien, mejor de lo esperado, en lugar de empezar como genin, seré nombrada chunnin, mañana empiezo - le dijo a Naruto mientras le despegaba un poco y lo cogía en brazos.

-¡Lo sabía! - exclamó feliz el pequeño - ahora eres chunnin, en poco tiempo serás jounin, y luego me podrás entrenar para ser el mejor de la academia - dijo con gran alegría el pequeño rubio - ¿puedo usar tu banda por un rato?

Cualquier otro shinobi le habría dicho que no, la banda ninja era algo que debían ganarse, por esa misma razón, los padres nunca dejaban a sus hijos jugar o ponerse sus bandas ninja. Pero Aimi no era como ellos, no le daba tanto crédito a la banda, y si a su hijo le hacía tanta ilusión ponérsela por un rato, ella no le quitaría su deseo.

Sin decir una palabra, le dejó en el suelo, se desató el nudo de su banda, y se la puso a Naruto igual a como ella lo tenía.

-¡Iiiiih! - exclamó Naruto emocionado - gracias, gracias, gracias - gritaba mientras corría por los pasillos del pequeño departamento.

Aimi suspiró, una vez tuviera suficiente dinero, alquilaría o compraría una casa, preferiblemente cerca de la montaña, tenía pensado empezar a entrenarlo en cuanto tuviera un año o dos más, y el bosque que cubría la montaña permitiría que ella pudiera hacerlo lejos de los ojos indiscretos.

Mientras el rubio seguía yendo de un lado a otro sin rumbo fijo, Aimi se sentó en la mesa de la cocina, sabía que tenía que tener cuidado a la hora de mostrar sus habilidades, no podía enseñarlas todas de golpe, además de que tenía que ocultar que poseía ciertos Kekkei Genkai, lo cual sería aún más sospechoso si supuestamente no tenía relación alguna con esos clanes.

Lo que le recordaba que poseía el sharingan, el poder visual que había sido capaz de controlar en dos ocasiones al Kiubi, ¿o debería llamarlo Kurama?, se preguntaba la joven sin estar segura. Sacudió la cabeza, se estaba desviando de lo importante, y eso era que el zorro de nueve colas no recibiría de buen agrado a un usuario de sharingan, por más que no poseyera sangre Uchiha y no quisiera hacerle daño, pero era la única forma de meterse en la cabeza de Naruto y hablar con él. Definitivamente lo tenía difícil.

Dejó sus lúgubres pensamientos a un lado y se centró en su niño hermoso, aquel que podía hacerla sonreír solo con una de sus típicas sonrisas, lo protegería con su vida si hiciera falta, y no solo porque lo había prometido, sino porque realmente lo sentía así, quería cuidar de él y asegurarse de que estaba bien.

Estaba tan metida en sus pensamientos, principalmente en lo lindo y adorable que era Naruto, que cuando sintió que le dolía el brazo, se sintió completamente perdida.

-¿Por qué me duele el brazo?, se siente como un golpe - pensó la joven.

-Ay - la queja de su hijo la hizo girarse, al parecer, Naruto no estaba prestando atención y se golpeó el brazo con un mueblo.

La joven frunció el ceño, la zona donde el rubio se había hecho daño era la misma en la que ella sintió dolor.

-¿Estás bien? - le preguntó Aimi a su hijo dejando de lado su duda y su propio dolor.

-No, la mesa se ha movido y me he chocado con ella.

La joven frunció el ceño, era la excusa más estúpida que había oído, pero saliendo de la boca de Naruto junto al puchero que estaba haciendo, no pudo evitar pensar que era la cosa más adorable del planeta.

-Ven, vamos a ver lo que ese mueble malo te ha hecho - dijo Aimi con un tono suave mezclado con burla.

Naruto asintió y dejó que su madre adoptiva lo examinara, no se había dado cuenta del timbre burlón en las palabras de la joven.

-No parece gran cosa, solo es dolor y una ligera rojez, esto no debería ser nada para el futuro shinobi más fuerte del mundo - dijo Aimi aún con una chispa de diversión y burla.

-Y no es nada, ya no me duele - aseguró el rubio, levantándose y moviendo su brazo en el aire - ¿ves?

Aimi dejó escapar una pequeña risa mientras intentaba disimularla con la mano, su hijo era un caso único, y así lo quería. Naruto siguió recorriendo el departamento con la misma alegría y energía que había estado mostrando antes, lo cual alegró a la joven, pero no pudo evitar pensar en lo raro que había sido el episodio con su brazo, debería averiguar sobre ello.