Pasaron los años, y Naruto creció sano y fuerte, gracias a tener a Aimi como madre, pudo comer sano y variado, lo cual le hizo crecer y tener una complexión buena, además de que ella misma le entrenaba y lo hacía estudiar para ser un gran shinobi.
A pesar de que la mayoría de la gente de la aldea lo seguía viendo mal, ya nadie le insultaba ni le pegaba, todo debido a que nadie quería vérselas con Aimi, la cual pudo ser jounin en menos de seis meses sin ayuda de nadie, y todos en la aldea la conocían por su inmenso poder y su mal carácter hacia las personas que dañaban a su pequeño rubio.
A más de uno lo mandó al hospital, tanto civiles como shinobis, y a estos últimos, la mayoría no podrían volver a ser ninjas nunca más debido a las lesiones ocasionadas. Era por eso que ya nadie se metía con Naruto, nadie quería enfrentársela y pagar las consecuencias. Por eso, y por el hecho de tener una madre que lo quisiera y lo entrenase, el rubio estaba muy feliz.
Además tenía un amigo que solo su madre conocía, Kurama, el kiubi. A pesar de la ley del tercero para no contar la condición de jinchuriki de Naruto, Aimi consideró que lo mejor era que lo supiera y se hiciera amigo de Kurama, por eso se lo contó a los 8 años y lo ayudó en la difícil tarea de llevarse bien con el bijuu.
Para poder entrar en la mente de Naruto al lugar donde estaba Kurama, Aimi usó su sharingan, lo cual fue tanto bueno como malo, ya que así ambos pudieron estar enfrente de la celda del kiubi, pero hizo que el mismo no quisiera ver a Aimi debido a su dojutsu.
Fue un proceso lento y frustrante, pero en un año pudo lograr que su hijo y Kurama fueron amigos, y entre ellos había una relación de respeto, se reconocían como aliados y criaturas de gran poder, pero su lazo no llegaba ni de lejos a amistad .
Gracias a esta relación, Naruto podía llegar a usar el poder de Kurama hasta cierto punto, no más porque no tenían la llave del sello, el cual la tenía el sanin Jiraia, el padrino del rubio. Esta información se la dio Takaminusubi, el cual la visitaba de vez en cuando en sueños, y aunque reticente al principio, después de un tiempo le comenzó a llamar solo Taka, tal y como el dios lo pedía.
La identidad de los padres de Naruto y de su padrino no era un secreto para el rubio, Aimi le contó quienes eran sus padres cuando le contó que era un jinchuriki, y le habló de que Jiraia era su padrino cuando Taka se lo contó a ella, ya que la joven no quería guardarle ningún secreto a su hijo, sabía que en un futuro podría traerle problemas si lo hacía.
A diferencia de lo que otros podrían pensar, Naruto no se molestó con el hecho de ser un jinchuriki, ni de que fuera su propio padre quien lo convirtiera en uno, ya que Aimi antes de decirle lo que era, le contó toda la historia sobre Kaguya y Hagoromo Otsusuki, además de los bijuus, así el rubio sintió empatía por ellos y no odio. Gracias a ello lo llevó todo muy bien.
Le dolió cuando supo que Kurama había matado a sus padres cuando estos le protegieron a él, ya que el kiubi a quien quería matar era a él, no a sus padres, pero no estuvo enfadado con el bijuu por mucho tiempo, pronto entendió sus razones, no volver a estar encerrado, y eso era comprensible.
Por pedido de Naruto, Aimi buscó una manera de que Kurama pudiera estar libre sin matarlo en el proceso, la solución vino por parte de Taka, el cual le enseñó a la joven una forma en que el rubio podría invocarlo, así él estaba libre pero sin matar a su jinchuriki.
Este jutsu de invocación solo servía para jinchurikis, ya que estaba especialmente diseñado para que ellos pudieran invocar a la bestia de cola que vivía en su interior, cualquier otro que intentara hacer el jutsu no le serviría, la técnica no haría nada.
Naruto estuvo muy emocionado cuando su madre le enseñó el jutsu, y no pasó ni un minuto antes de que lo intentara, logrando hacer un Kurama del tamaño de un ratón. Esto provocó que Aimi se riera sin control por el tamaño del kiubi, mientras que Kurama no hacía otra cosa que quejarse y regañar al rubio por haberle hecho tan pequeño.
Después de varios intentos, Naruto pudo invocar a Kurama del tamaño de un perro mediano, y aunque el kiubi se seguía quejando de su tamaño, Aimi le dijo a su hijo que no lo hiciera más grande a menos que fuera necesario, ya que eso podría atraer a la gente y causar problemas.
Aunque Naruto no era el mejor estudiante de la academia, el rubio había logrado graduarse con buenas notas, y usando el jutsu de multiclones de sombras en lugar del jutsu de clones normal, ya que las reservas masivas de chacras del chico no le permitían poder hacer ese jutsu, mientras que el de clones de sombra lo hacía con suma facilidad y podía hacer cientos de copias de sí mismo.
En ese momento, los chicos estaban esperando a que Iruka apareciera y les dijera quiénes serían sus compañeros de equipo y su jounin sensei. Estaban emocionados y deseosos de saber a qué equipo pertenecerían, pero el más emocionado era Naruto, él había logrado pillar a su madre y al hokage en una conversación en la cual Aimi le pedía ser el jounin sensei del rubio, y esperaba que al final su jiji se lo hubiera concedido.
-Muy bien, atención por favor, solo diré esto una vez, así que atentos - dijo Iruka poniéndose al frente de la clase con una lista de los equipos.
Naruto estaba a punto de estallar, pero eso no evitó que escuchara a Iruka decir todos los equipos, tanto para saber dónde iría él, como dónde irían sus amigos.
-Equipo 7, Sakura Haruno, Sasuke Uchiha y Kiba Inuzuka; equipo 8, Shino Aburame, Hinata Hyuga y Teori Suba - dijo Iruka, a lo cual Naruto se desconectó un momento pensando esos equipos.
Se llevaba bien con Kiba y lo que sintió por él al estar con el idiota Uchiha y su fangirl Sakura; por otra parte, creía que Shino y Hinata hacían buen equipo, aunque no sabía nada de Teori, era un chico muy reservado en clase.
-Equipo 10, Shikamaru Nara, Ino Yamanaka y Choji Akimichi - anunció Iruka.
Otra vez Naruto se puso a pensar, conocía a Shikamaru y Choji, junto con Kiba, los cuatro a veces pasaban el rato juntos, sabía que ellos dos hacían un gran equipo, pero no sabía qué pensar de Ino, era una chica muy superficial y otra de las adoradoras de Sasuke, aunque la formación de sus padres era muy famosa, solo el tiempo le daría la respuesta.
-Y eso es todo - anunció el chunnin, levantó la cabeza y vio que Naruto tenía la mano levantada - ¿sí? - preguntó.
-¿Qué pasa conmigo?, a mí no me has dicho - dijo Naruto.
Antes de que Iruka pudiera responder, la puerta se abrió y por ella entró Aimi. Muchos empezaron a murmurar, no solo los adultos conocían la fama de la joven, ella era muy aclamada entre los jóvenes que deseaban ser shinobis, además de un modelo a seguir para las chicas que realmente deseaban ser kunoichis.
-Eso es porque no tienes equipo - le dijo Aimi a su hijo, el cual se mostró sorprendido y confundido, y no fue el único - he hablado con el hokage, y yo misma me encargaré de tu entrenamiento, a diferencia del resto de genins que se unen en equipos de tres y se les asigna un jounin sensei, esto será un tutelado, es decir, que yo seré tu sensei y tú serás mi único alumno - dijo la joven.
Más murmullos hubo en la clase, principalmente de la suerte que tenía Naruto y la duda del por qué de este hecho.
-¿Por qué él tiene un sensei para él solo y el resto vamos a estar en equipos? - preguntó Sasuke molesto, no entendía por qué Naruto tenía un trato especial y él, que en su mente era mejor y más importante, no lo iba a tener.
La sonrisa de Aimi se amplió un poco más.
-Esto es debido a circunstancias de las cuales no puedo hablar que involucran a mi hijo y a ciertos miembros del consejo, y por lo cual el hokage y yo hemos acordado esta solución para evitar posibles incidentes en un futuro - dijo la joven con formalidad.
Sasuke estaba con los ojos entrecerrados mirando a la mujer frente a él y al rubio de la clase, no sabía de lo que estaba hablando, pero se enteraría. Además, él quería ser entrenado por el mejor, y hasta donde sabía, ella era la mejor, por lo que conseguiría que ella lo entrenara a él también.
-¿Pero eso no es algo así como trampa? - cuestionó Sakura ganándose la atención de todos - digo, eres su madre, ¿no se lo pondrás más fácil? - expuso su opinión.
-No - dijo Aimi con seguridad - llevo entrenando a Naruto desde los 8 años, ciertamente no he sido muy dura con él, pero eso era debido a las misiones que tenía, ahora que pasaré más tiempo con él entrenando ya que es mi alumno, puedo entrenarle adecuadamente y sé perfectamente cuáles son sus fortalezas y sus debilidades, por lo que realmente soy la persona más indicada para entrenarle.
Un silencio se formó tras las palabras de Aimi, su razonamiento era muy válido, ella ya sabía todo de su alumno de antemano, por lo que podría crear el plan de entrenamiento perfecto para él.
-Vámonos Naruto, tu entrenamiento empieza ahora, más te vale estar preparado - dijo la joven mientras se dirigía a la salida.
El rubio no lo dudó, se levantó de su asiento y siguió a su madre con una sonrisa plasmada en la cara y con la mirada de todos sus antiguos compañeros de clase encima, en especial la de Sasuke, el cual sintió una gran envidia por Naruto, pero no iba a dejar las cosas así.
