A la mañana siguiente, el grupo recogió todo y fue a uno de los lugares que habían atacado los bandidos a buscar pistas. Por el camino y mientras hacían el reconocimiento, Naruto no dejaba en paz a Gaara, ya fuera haciéndole preguntas o contándole historias, pero el hecho es que el jinchuriki pelirrojo no tenía ni un minuto de calma.
Gaara no estaba seguro si agradecía la compañía y el sentimiento de familiaridad, o si echaba de menos su paz y tranquilidad, aún no se había decidido, y tampoco tenía el valor de pedirle que se callara, aunque no lo reconocería en voz alta, tenía miedo de perder a la única persona que podría ser un amigo potencial.
Gracias a que Naruto no callaba y contaba de todo, el pelirrojo supo que él había sido tratado mal en su niñez por ser un jinchuriki, pero que todo cambió cuando conoció a Aimi, de la cual se encariñó en un momento por ser la primera persona que lo había tratado bien, y que después de adoptarlo se convirtió en kunoichi para ser lo suficientemente fuerte para que nadie lo tratara mal, al menos no sin castigo.
También le contó que ella era su jonin sensei y que él no estaba en un equipo genin, sino que era un tutelado, ya que ella no se fiaba del consejo y estaba segura de que harían cualquier cosa para entorpecer su camino para ser un gran ninja, de ahí que ella hiciera ese arreglo y se convirtiera en ninja médico del hospital para estar en la aldea y mandar clones de sombra para su entrenamiento y misiones.
Al saber eso, le preguntó si la que estaba aquí era un clon, a lo cual Naruto le dijo que no, que ella había pedido unos días libres en el hospital, ya que quería estar con él en todas las misiones que no fueran un rango D o una misión conjunta con otro equipo de la aldea, ya que en ese entonces habría un jonin sensei con él.
Gaara estaba fascinado con esa mujer, estaba claro que ella sí lo quería a pesar de tener una bestia dentro, y sentía envidia de eso, ya que nadie de su familia se preocupaba por él, es más, su padre había mandado muchos shinobis a matarlo, incluido su tío, el cual pensaba que lo quería, ya que fue su tío quien lo crio en sus primeros años de vida.
-Oye, si quieres, le puedo pedir a mi madre que te adopte también, estoy seguro de que ella no tendría problemas con ello, y así no solo seríamos amigos, también seríamos hermanos, y supongo que compañeros de equipo, ya que mamá querría entrenarte a ti también - dijo Naruto con una sonrisa y un tanto pensativo lo último.
Gaara estaba que no cabía del asombro, todo lo que le decía el rubio era sorpresa tras sorpresa, primero con lo de ser iguales, luego con lo de ser amigos, su historia, su madre, y ahora eso, la invitación a ser parte de su familia, con una madre amorosa y protectora.
-Mamá, digo Aimi sensei, ¿podrías venir? - dijo Naruto.
Kento y Ryu se sorprendieron un poco al oír al rubio llamando a la joven mamá, no se parecían en nada y la edad no les encajaba, pero Aimi no había mostrado ninguna emoción que desmintiera cómo le había llamado.
-¿Qué pasa Naruto? - le preguntó poniéndose a su lado y sin prestar atención a las miradas de sorpresa de los otros dos.
-¿Verdad que si te pidiera que adoptaras a Gaara, lo harías? - le preguntó Naruto con una sonrisa.
Aimi evitó sonreír ampliamente ante la mirada de completo shock de los shinobis de Suna.
-Si fuera de Konoha, no tendría ningún problema, es más, me alegraría de que tuvieras un hermano con el cual te llevas bien y pueden ser mejores amigos, pero Gaara es de Suna, por lo que me temo que es imposible, al menos que pida un cambio de aldea, pero dudo que se lo concedan al ser el jinchuriki de la aldea, lo siento - dijo la joven con sinceridad y un poco triste, en verdad no tendría ningún problema en adoptarlo.
Naruto no ocultó su inmensa decepción ante las palabras de su madre, y aunque Gaara mostraba un rostro sin emociones, internamente también estaba triste, el hecho de ser un jinchuriki había hecho que todos se alejaran de él por miedo, y justo las dos personas que no lo hacían y estaban dispuestos a aceptarlo y que formase parte de su familia, no podía estar con ellos porque eran de otra aldea y su padre no lo dejaría irse.
La misión transcurrió sin ningún incidente, aunque Aimi tuvo que espabilar a los dos shinobis de Suna, ya que parecían que no saldrían nunca de su shock, pero más allá de eso no hubo problemas, encontraron la base de los bandidos y acabaron con todos ellos.
Aimi y Naruto se quedaron sorprendidos de la habilidad de Gaara, prácticamente había hecho todo el trabajo él solo, y a diferencia de lo que pensó el pelirrojo, Naruto estuvo emocionado de ver el poder de su arena y le dijo que era inmensamente fuerte y que quería tener un combate amistoso con él en un futuro.
La joven también se tomó a bien su poder y le dijo que era muy práctico, pero como sensei le dijo que no dependiera de ello, que su ninjutsu no se limitara a su control de la arena y que no descuidara su taijutsu, pues algo le decía que él no tenía entrenamiento físico, y ciertamente así era.
Gaara estuvo sorprendido por sus reacciones, pero a la vez muy feliz, realmente había dos personas que no le temían y apreciaban su existencia por él mismo y no por su poder y habilidad al matar, se sentía mareado y su corazón latía con celeridad.
Llegado el momento, se tuvieron que despedir, ya que sus aldeas estaban en direcciones opuestas, y para Gaara fue la experiencia más dolorosa de su vida, solo comparable a cuando supo que su tío lo odiaba, y aunque Aimi le aseguró que buscaría la forma de ir a Suna con Naruto para visitarlo, el dolor no se fue en lo más mínimo.
El pelirrojo volvió a su aldea desanimado, aunque sus compañeros temporales no se dieron cuenta, ellos solo se alegraban de haber vuelto vivos y bien, además de que la misión fue un completo éxito y Gaara no se salió de control, lo que nunca creyeron que ocurriría.
Esa noche fue la más larga para el joven jinchuriki, sin poder dormir y estando lejos de su nuevo y único amigo, además de la mujer que podría haber sido su madre si no estuviera anclado a ese lugar.
Miró al cielo con dolor, se sentía solo y perdido, ni siquiera escuchaba la voz de la bestia que vivía en él, la cual realmente estaba callada pensando en lo suyo. Gaara era consciente que la voz que oía y le incitaba a matar no era su madre, sino su maldición, pero lo hacía para autoconvencerse de que sí lo era y así no estaba solo.
Su tristeza y su dolor pasó rápidamente a rabia, no era culpa suya ser así, ni siquiera era culpa de la criatura que estaba sellada dentro de él, todo era culpa de su padre, el ser que se había empeñado en hacer su vida un infierno, pero ya no más, se había hartado, ahora tenía algo por lo que luchar e irse de ese maldito lugar.
A la mañana siguiente, pocos minutos después de que el Kazekage se acomodara en su escritorio y empezara con el papeleo, su hijo menor entró con una mirada entre seria y molesta, y el hombre pronto asumió que su hijo quería hacer otra misión donde pudiera matar a alguien.
-Gaara, por ahora no hay misiones para ti, te avisaré si recibimos alguna - le dijo sin siquiera mirarlo, centrándose más en la hoja frente a él.
Su mirada se movió cuando oyó el ruido del metal al chocar con la madera, y al retirar la hoja de su vista, pudo ver la banda de Gaara en su escritorio.
-¿Qué significa esto? - preguntó el Kazekage airado.
-Significa que me voy de la aldea, ya no soy un ninja de la arena - le dijo a su padre directamente.
-No puedes hacer eso, eres el arma de esta aldea - le dijo levantándose de la silla y con los puños apretados.
-Me da igual, ya he sido tu arma por bastante tiempo, no me quedaré en un lugar donde no me aprecian y me ven como un monstruo, me voy, y ya te aviso, cada shinobi que pongas en mi camino, probará mi existencia - dijo Gaara y se fue de la oficina.
El Kazekage estaba que echaba humo por las orejas y ordenó a varios anbu que lo detuvieran e impidieran que saliera de la aldea, pero fue inútil, Gaara los mató a todos y se fue de la aldea sin mirar atrás, allí no tenía nada, sin embargo, en la aldea de la hoja, tendría la familia y el amigo que tanto había deseado toda su vida.
