El camino fue silencioso y sin ningún otro problema, Tazuna estaba sorprendido de lo eficientes que eran, estaban muy bien organizados y parecían siempre atentos, se sentía un poco avergonzado por haber dudado de ellos en un principio.

La noche casi se cernía sobre ellos cuando llegaron a la casa del constructor, donde fueron recibidos por la hija del mismo, Tsunami, la cual estaba muy contenta de ver a su padre vivo y bien.

También conocieron al hijo de Tsunami, Inari, el cual era muy sombrío y pesimista, siempre diciéndoles que Gato los mataría y que lo mejor para ellos era retirarse, obviamente no le hicieron caso, pero Aimi le dijo a Naruto que al día siguiente intentara hablar con él y hacerle entrar en razón, a lo cual el rubio asintió.

La cena pasó mayormente en silencio, solo algunos comentarios molestos de Inari y regaños de Tsunami a su hijo. Una ver terminaron, todos se fueron a sus respectivos cuartos, en el caso de los ninjas de Konoha y el cazador en la misma sala, debido a que la casa no era lo suficientemente grande.

Gracias a las modificaciones que la joven le hizo al sello de Gaara, el pelirrojo pudo dormir sin miedo a que Shukaku tomara el control, por lo que la jonin se quedó despierta para vigilar al chico inconsciente y proteger al resto en caso de ser necesario.

Ya eran más de las 12 de la noche cuando el chico, el cual parecía en gran medida una chica, despertó. Aimi se entristeció al ver el vacío en los ojos del falso cazador, era como si le hubieran quitado toda la vida y solo quedara un cascarón vacío.

-Veo que ya estás despierto, me empezaba a preocupar que no despertaras, has tardado mucho - dijo Aimi en un tono suave.

El pelinegro la miró sin emoción.

-¿Por qué sigo vivo? - preguntó carente de emoción.

La joven frunció el ceño, entendía que posiblemente Zabuza fuera alguien importante para él, pero no tanto como para no querer vivir solo porque él no estaba. La jonin se acercó a él despacio, no quería asustarlo y que se alejara, aunque algo le decía que no lo haría.

Una vez estuvo frente al chico, se arrodilló para estar a una altura similar.

-¿Puedo saber por qué exactamente no lo estarías? - le preguntó lo más suave que pudo, su instinto maternal se había activado y en verdad estaba preocupada por él.

-Ya no tengo utilidad, sin nadie a quien servir, un arma no tiene valor, es inútil, y por tanto es innecesario que exista - respondió con el mismo tono que antes.

Los labios de la joven se fruncieron, no le había gustado para nada esas palabras, se estaba reduciendo a un simple objeto, y dado que sus hijos habían sido catalogados como armas muchas veces, con más asco y molestia llevaba el asunto de comparar a la gente con armas.

-Escúchame bien - dijo con un tono duro que hizo que el chico la mirara - tú no eres un arma, no eres un objeto, y tienes tanto valor como cualquier otra persona, siempre me ha molestado que consideren a las personas armas, somos shinobis, somos guerreros, no armas, un arma es un kunai o shuriken, no una persona - dijo Aimi con seriedad.

El chico se quedó callado, procesando las palabras que le había dicho la mujer, había mantenido esa filosofía durante años, desde que Zabuza le sacó de las calles y le dio una utilidad, si ya no le servía a él, ¿qué haría?

-Entonces, ¿qué debería hacer? - preguntó, no estaba seguro si esa pregunta iba para ella o para sí mismo.

-Cualquier cosa, siempre y cuando no implique quitarte la vida o desmoronarte - le respondió otra vez con su tono suave y maternal.

-¿Tú por qué vives? - preguntó el chico tras un minuto de silencio, pillando por sorpresa a la joven.

-¿Yo?, bueno, hasta hace poco por mi hijo Naruto, pero recientemente Gaara se ha unido a nuestras vidas, así que ahora lo hago por los dos, por mi familia - dijo ella con sinceridad.

-Yo no tengo familia - dijo el chico en un tono gélido que no pasó desapercibido para la jonin.

-Bueno, la familia es algo complicado, realmente no son los lazos de sangre que compartes con otros, en ocasiones sí, pero no siempre, que me lo digan a mí, mis dos hijos son adoptados - comentó Aimi con una sonrisa y liberando una pequeña risita.

El chico se sorprendió por ello, no había pensado en ello, una familia que no fuera de sangre, ¿se podría decir que ese era su caso con Zabuza?, posiblemente no, el espadachín siempre dejó en claro que él era su arma, nada más.

-Me gustaría tener eso - confesó en voz muy baja.

-Bueno, si quieres, puedes formar parte de la mía, ya he adoptado a dos niños, no me importa adoptar a uno más - dijo alegremente la joven.

El chico la miró sin creérselo, buscando en sus palabras alguna mentira o engaño, pero no había, solo una sincera proposición.

-No tienes por qué responderme ahora, mis hijos y yo tenemos la misión de proteger a Tazuna hasta que termine el puente, y para eso aún falta un mes, tienes tiempo hasta entonces para decidir - aseguró Aimi con una ligera sonrisa y un tono tranquilo - por ahora, será mejor que descanses, ya es tarde - finalizó.

Indicó al chico que se tumbara, ya que ella lo había dejado en un saco de dormir que empacó de más para la misión, él lo hizo bastante confundido y sorprendido, luego ella lo arropó y le dio un ligero beso en la frente.

-Buenas noches, y por cierto, me llamo Aimi - le dijo antes de retirarse, pero se vio interrumpida cuando lo oyó decir:

-Yo, mi nombre es Haku.

La joven asintió, le dio otra cálida sonrisa y salió de la sala para posteriormente salir de la casa a hacer un análisis del perímetro y poner algún sello de seguridad para proteger la casa incluso estando fuera.

Haku miró el lugar por donde se había ido la joven sin una emoción en específico, se sentía mareado y confundido, nunca esperó que su vida diera un cambio tan radical, hasta ese mismo día por la mañana, él era la herramienta de Zabuza, viviendo según ese propósito, solo pensando en cómo servir mejor a su señor, nunca imaginó lo que había pasado.

Esa mujer lo había matado antes de que él pudiera salvarlo, le había fallado, y se sentía triste y culpable por eso, pero por otro lado, la conversación con la jonin de Konoha le había hecho plantearse toda su vida, la posibilidad de ser algo más que un arma, ser una persona más al servicio o no de otro, formar parte de una familia.

Una familia, algo que él tuvo hasta que su padre mató a su madre y casi lo mata a él también solo por poseer una línea de sangre, algo que no eligió, que despertó un día sin más y él creía que era hermoso, pero su padre y sus amigos no lo vieron así, sino como algo que no debía existir, que debían destruir.

Miró a su alrededor y pudo apreciar a dos figuras durmiendo, los chicos que habían acompañado a la mujer, sus hijos a pesar de no compartir sangre. Sentía un poco de envidia por ellos, tenían personas a las que llamar familia, gente con la que contar en caso de necesitad, que se preocupan por ellos y los cuidan.

Él podía tener eso, le dijo una voz en su cabeza, él podía aceptar la propuesta de Aimi y formar parte de esa familia, volver a tener a alguien a quien llamar madre, y en esa ocasión, además, tendría a dos personas a las que llamar hermanos.

Él sería el mayor, y ellos sus hermanos pequeños, a los cuales cuidar, proteger y preocuparse, y ellos a cambio harían lo mismo junto a su madre, una familia verdadera y feliz, un lugar al que llamar hogar junto a las personas que él quiere y comparten ese sentimiento.

Por primera vez en muchos años, su cuerpo no se sentía tan frío, su corazón albergaba esperanza, y su espíritu se sentía tranquilo y en paz, ¿podría ser todo eso real?, no estaba seguro, pero tenía un mes para averiguarlo.

Con una gran calma en su interior, y una sonrisa en los labios, Haku volvió a acostarse y se quedó dormido, queriendo que llegara la mañana para experimentar más de ese sentimiento que ya casi había olvidado.