Con los primeros rayos del sol, empezaron los movimientos en la casa de Tazuna. Después de haber puesto los sellos de seguridad, Aimi decidió descansar un poco, pero en cuanto sintió los rayos del sol, se levantó intentando no despertar al resto.
Poco sirvió, Haku estaba acostumbrado a levantarse con las primeras luces y al notar el movimiento cerca suyo y ver que se trataba de la jonin, también se levantó. Gaara, el cual aún no se había acostumbrado del todo a dormir, llevaba un rato despierto, y cuando escuchó a su madre levantarse, él lo hizo también.
Tsunami apareció por las escaleras un par de minutos después, ya que ella quería preparar el desayuno para todos, pero Aimi insistió en ayudarla, por lo que ambas prepararon el desayuno.
Naruto también se levantó, había aprendido hacia mucho tiempo que no podía estar todo el día en la cama, por más que la idea fuera muy tentadora. Tazuna e Inari bajaron un rato después, justo a tiempo para el desayuno.
El pelirrojo miró de reojo al falso cazador anbu y luego miró a su madre, la cual vio su gesto y asintió, a pesar de que Gaara solo llevaba un tiempo considerablemente corto en la familia, se había acomodado bien y no necesitaban hablar para entenderse, los pequeños gestos bastaban.
El desayuno se pasó como la cena, para la ligera molestia de Aimi.
-Tazuna san, anoche puse algunos sellos de seguridad alrededor de la casa, pero creo que lo mejor es que Naruto se quede aquí con su hija y nieto para mayor seguridad, mientras, Gaara y yo le acompañaremos - le dijo al constructor, luego se dirigió a Haku - tú puedes hacer lo que consideres, lo que necesites para aclarar tu mente, puedes venir con nosotros, quedarte aquí o dar una vuelta - le dijo con una sonrisa y un tono amable.
-Me gustaría ir con vosotros - dijo casi en un susurro y la jonin asintió.
-No tengo problemas con ello - le dijo suave y luego se dirigió a su cliente - ¿cuándo nos vamos? - le preguntó.
-Ahora mismo, solo necesito coger un par de cosas de mi cuarto y nos vamos - dijo Tazuna y Aimi asintió.
Una vez los cuatro se fueron, Tsunami empezó a hacer las tareas de la casa, mientras que Naruto se acercó a Inari para cumplir el pedido de su madre de hablar con él.
-Ey, ¿a qué viene esa cara tan larga? - cuestionó el rubio con una sonrisa intentando animar un poco su humor. No funcionó.
-Gato os matará, ¿es que no os dais cuenta?- le respondió molesto el niño.
-No lo creo, no por nada mi madre es la kunoichi más fuerte de la aldea, por no hablar de la defensa inexpugnable de Gaara, y bueno, yo pudo crear más de mil clones de mí mismo que pueden luchar exactamente como yo, comentó el Uzumaki con diversión, más al ver la cara de asombro del chico.
-¿Estás de broma? - preguntó incrédulo, a lo cual Naruto le indicó que lo siguiera fuera de la casa.
Caminaron por un rato hasta llegar a un claro del bosque, allí hizo su técnica favorita y creó 500 clones, iba a hacer más, pero el claro no era lo suficientemente grande para ello.
-Ahora mismo estás viendo a 500 clones de sombras, si es necesario puedo formar más, y ellos tienen mis capacidades físicas y pueden hacer todos los jutsus que yo sé - explicó el rubio ante el sorprendido Inari, el cual no dejaba de ver a todos los clones, incluso se acercó a uno para comprobar si eran reales.
-Es increíble - dijo el niño.
-Sí, y a esto debes sumarle la habilidad con la arena de mi hermano Gaara, la cual le da una defensa impenetrable y un ataque muy poderoso, y mi madre, que no hay mejor usuario de taijutsu y con un arsenal de jutsus tan grande - dijo Naruto con una sonrisa, luego disipó sus clones y se acercó al chico - puedo entender que estés asustado, tu abuelo nos contó lo que pasó con tu padre, pero eso es precisamente lo que quiere Gato, que estés asustado, que no luches, pero no debes permitirlo, se fuerte, igual que tu madre y tu abuelo, no te rindas, y llegarás lejos - le dijo y le revolvió el cabello antes de empezar a caminar de vuelta a la casa.
En el puente, la construcción iba sin contratiempos, solo algún bandido que quiso atacarlos y que fue rápidamente eliminado por Gaara o por Aimi, los cuales estaban siempre atentos por ese motivo, no dejarían que hicieran daño a los trabajadores, era hora de que el reinado de Gato terminara.
-Disculpa, Aimi san, ¿puedo hablar con usted? - le preguntó Haku.
-No es necesario que me hables de usted, puedes llamarme Aimi sin más - el chico asintió un poco avergonzado - ¿de qué quieres hablar? - le preguntó la joven intentando ser lo más suave posible.
-Me gustaría hacerle un par de preguntas, si no le molesta - respondió.
-Claro, lo que necesites - dijo con una sonrisa.
-¿Por qué permites que tus hijos sean shinobis?, no lo llego a entender, ser ninja es algo duro, muchas veces significa matar o morir - cuestionó Haku.
-Bueno, eso es verdad, pero una madre debe apoyar a sus hijos en sus elecciones, ellos eligieron este camino, y mi deber como madre es que tengan las herramientas necesarias para seguir adelante, que sea su sensei solo es un plus, me permite ayudarlos más, asegurarme de que tienen un entrenamiento correcto y están preparados para las misiones en las que se embarcan - respondió Aimi con una ligera sonrisa mirando a Gaara.
-¿No temes que les pase algo? - volvió a preguntar el pelinegro.
-Mentiría si dijera que no, incluso Gaara, con su defensa de arena, aunque se la denomina impenetrable, creo que puede salir herido, tal vez no físicamente, pero sí mentalmente, y no me agrada para nada, ya bastante ha sufrido - comentó la jonin.
-¿Qué le pasó? - cuestionó curioso.
-Él es originario de Suna, la aldea de la arena, y debido a ser un jinchuriki, su vida no fue nada feliz, todos huían de él aterrorizados, incluso intentaron acabar con su vida en numerosas ocasiones, su propio tío, aquel que lo había criado, lo intentó asesinar - respondió con una expresión seria ante los ojos desorbitados del usuario de hielo.
-¿De verdad hizo eso? - preguntó, recibiendo un asentimiento de la mujer.
-Él es como yo - pensó Haku, su tío había intentado matarlo como su padre a él.
-¿Cómo es que terminó con ustedes? - siguió preguntando.
-Fue en una misión, Naruto y yo fuimos encomendados a una misión conjunta con un equipo de Suna, entre ellos estaba Gaara, el cual se hizo amigo de Naruto rápidamente, a tal punto que mi hijo le dijo que estaba seguro de que a mí no me importaría adoptarlo y así serían hermanos, ciertamente no me importaba, como se los dije y ahora puedes ver, el problema era que él era el jinchuriki de su aldea, y ellos no iban a dejarlo ir, así que él abandonó su aldea y vino a Konoha - contó Aimi.
-Jinchuriki es una persona con una bestia dentro, ¿no? - interrogó Haku.
-El termino es bijuu, no bestia, pero sí - dijo la joven intentando no mostrar molestia, los bijuu, aunque también se les denominaba bestias con colas, para Aimi no eran para nada bestias, más bestias eran las personas que usaban su poder para la guerra.
-¿Tu otro hijo lo sabe? - preguntó curioso.
-Sí, él también es un jinchuriki, de ahí que se lleven tan bien - respondió con una ligera sonrisa, adoraba a sus dos hijos e intentaba no mostrar favoritismos, pero no podía evitar sentirse más orgullosa con su rubio, tal vez porque lo había criado desde niño.
El usuario de hielo estaba impresionado, esa mujer había adoptado a dos personas como el mizukage, y ninguno de los dos se había salido de control ni mostraba algún comportamiento como Yagura, no podía creerlo.
-Te cuento todo esto porque confío en ti - le dijo mirándolo dulcemente - no es de conocimiento público la condición de Naruto como jinchuriki, bueno, gran parte de la aldea lo sabe, pero está prohibido divulgarlo - afirmó la joven.
-Entonces, ¿por qué me lo cuentas? - preguntó Haku incrédulo.
-Porque, como ya te he dicho, confío en ti, además, si aceptas ser parte de esta familia, quiero que sepas exactamente en lo que te estás metiendo, sé con certeza que muchos saldrían huyendo o sencillamente no volverían a acercarse a nosotros por esa información - avisó Aimi.
La jonin se movió para ir hacia su hijo pelirrojo a preguntarle qué tal lo llevaba todo, sabía muy bien que la arena y el agua no se llevaban muy bien, y aunque el puente estaba seco, el ambiente era húmedo y podría hacer la arena más pesada.
El antiguo aprendiz y sirviente de Zabuza ni siquiera se percató de ese hecho, estaba demasiado sumergido en sus pensamientos, cada vez más confundido y sorprendido. Un lado de él quería aceptar sin dudar su proposición de formar parte de esa familia, por otro lado, no sabía cómo sería convivir con dos jinchurikis.
Pudo salir un instante de sus pensamientos y ver a la joven hablar con su hijo, ambos se veían felices. Sabía que entre ellos no habría prejuicios, no sería tratado diferente por su línea de sangre, entonces, ¿por qué el miedo y las inseguridades?, no estaba seguro.
En momentos como ese echaba de menos a su madre más que nada, ella podría haberle dado un consejo como siempre hacía cuando estaba en un dilema. Volvió a dirigir la mirada hacia Aimi, se podía notar que ella era una madre que se preocupaba por sus hijos.
Había tomado una decisión, aunque no la diría hasta más adelante, debía hablar con los dos chicos y confirmar todo, pero en su corazón, poco a poco estaba desapareciendo el hielo que se había formado todos esos años.
